Biografía de don Ignacio María de Álava y Sáenz de Navarrete.

Decimocuarto Capitán General de la Real Armada Española

Ignacio María de Álava y Sáenz de Navarrete, nació en Vitoria el veinticuatro de octubre de 1750.

Cursó sus primeros estudios en el seminario de Nobles de Vergara. Entró en la Armada, sentando plaza de guardiamarina el veintitrés de julio de 1766. En el mismo año embarco en el navío “Terrible” y sucesivamente en el “San Pedro Alcántara”, “Peruano”, “Astuto” y en la fragata “Venus”, realizando en ellos varios cruceros y comisiones en diferentes mares y un viaje a Filipinas.

Forjó su espíritu y adquirió sus conocimientos profesionales en la mejor escuela para un oficial de la Armada: en la mar y en la guerra, en este caso numerosos combates contra buques berberiscos.

Ascendió a teniente de navío en 1778 y se le confirió el mando del jabeque “San Luis”, destinado al corso contra los moros y berberiscos.

En 1779 embarcó en el navío “Santísima Trinidad”, luego en el “Santa Isabel” y “Rayo”, después en la fragata “Gertrudis”.

En enero de 1781 tomó el mando de la fragata “Rosa”, con la que hizo la campaña del Canal de la Mancha, a las órdenes de los generales don Luis de Córdova y conde de D’Orvillers, que tuvo por consecuencia la retirada de las fuerzas británicas a sus puertos y el apresar al navío “Ardent” de 74 cañones.

Tomó parte asimismo en la captura del gran convoy británico de 55 velas, (por cierto, la mayor victoria española sobre la británica y la mayor derrota sufrida nunca por ellos y muy olvidada por los españoles) sobre cabo Santa María y en el bloqueo y ataque de Gibraltar.

Ya de capitán de fragata y mandando la “Santa Bárbara”, apoyó con él el bombardeo que hicieron las malogradas baterías flotantes. Participó también en el combate que con la escuadra británica del almirante Howe, sostuvo la española al mando de don Luis de Córdova el veinte de octubre de 1782, en el que fue herido, ascendiendo por su brillante comportamiento a capitán de navío y tomando seguidamente el mando de la fragata “Sabina”.

En el verano de 1787 fue nombrado mayor general de la escuadra de evoluciones, al mando de don Juan de Lángara. Después desempeñó el mismo cargo en el departamento de Cartagena y en junio de 1790 el mismo también en la escuadra del Marqués del Socorro.

Con ella fue a Liorna a buscar al Príncipe de Parma que desembarcó en Cartagena y lo acompaño a Madrid.

El ocho de febrero de 1791 fue nombrado comandante del navío “San Francisco de Paula”, con el que operó en socorro de la plaza de Orán, atacada por los moros.

Ascendió a brigadier el uno de marzo de 1792 y con este grado fue destinado, como mayor general a la escuadra de Lángara, asistiendo a toda la campaña que en las costas francesas, hicieron contra los convencionales las escuadras combinadas de España y Reino Unido, a principios de 1793. En 1794 fue ascendido a jefe de escuadra y al año siguiente se le dio el mando de una escuadra destinada a dar la vuelta al mundo, compuesta por los navíos “Europa” y “Montañés”, las fragatas “Fama”, “Lucía” y “Pilar” más la urca “Aurora”.

Salió de Cádiz el treinta de noviembre de 1794 contorneando América y visitando el puerto de El Callao y la ciudad de Lima, haciendo escala en las Marianas y Manila, donde estableció el Apostadero de Marina.

Rectificó muchos accidentes hidrográficos en las cartas marinas de tan remotos parajes, permaneciendo estacionado en aquellas posesiones españolas.

En Arroceros (extramuros de Manila), con fecha quince de noviembre de 1802, publicó el “Reglamento adicional a la Ordenanza de Marina, para los navíos de las islas de Filipinas que con efectos de su comercio viajan a Nueva España”, regulando con él la salida de la vulgarmente llamada Nao de Acapulco, sus carenas y recorridas, nombramiento de comandante, oficiales, dotación de marinería y tropa, arqueo, locales para el cargamento, víveres y aguada.

El siete de enero de 1803 salió de Manila con su escuadra. De este viaje de regreso hasta el seis de febrero de 1803, escribió una memoria detallada.

Hizo el viaje de vuelta por el cabo de Buena Esperanza, regresando a Cádiz el quince de mayo de 1803, desembarcando del navío “Montañés” en el que tenía arbolada su insignia.

Ya se había firmado la paz con los británicos. Durante la navegación había sido ascendido, con fecha cinco de noviembre de 1802 a teniente general.

Declarada de nuevo la guerra con los británicos, solicitó un destino de la máxima actividad. Se le dio el mando de la escuadra de apostadero en Cádiz y cuando, en dicho puerto entró la combinada franco-española quedó como segundo jefe de los buques españoles.

En el combate de Trafalgar arbolaba su insignia en el navío “Santa Ana”, cuyo comandante era el capitán de navío Gardoqui. Mandaba la vanguardia pero al trocarse la línea, por la famosa orden de Villeneuve, se convirtió en retaguardia, quedando por su popa la escuadra de Observación, al mando de Gravina. Fue herido grave por tres veces.

El rescate del Santa Ana dio lugar a una reclamación por parte del almirante Collingwood, argumentando que era su prisionero por haberse rendido. Álava contesto, “Que cuando el oficial de mando, Francisco Riquelme, rindió el buque, él estaba sin conocimiento y que por tanto no se había rendido y que su sable y espada, símbolos de sus servicios, estaban todos en su poder”.

El británico siguió manteniendo una cortés correspondencia con él, demostrando con ello que quedaron satisfechos sus escrúpulos. <<Álava había corrido la suerte de los prisioneros de guerra heridos de una plaza, que el enemigo tiene que evacuar por fuerza).
Como recompensa a su actuación en tan infausto día para las armas españolas, se le concedió la Gran Cruz de Carlos III.

Repuesto de sus heridas se le confió el mando de lo que quedaba de la escuadra española, como más digno sucesor de don Federico Gravina.

Arboló también su insignia en el “Príncipe de Asturias”, testigo y teatro de la gloria de su predecesor.

Consiguió alistar, venciendo muchas dificultades, ocho navíos, varias fragatas y buques menores, que en un momento dado pudieran hacer frente a los británicos, que aún cruzaban frente a nuestras costas.

En 1807 fue nombrado vocal del Almirantazgo. Al sobrevenir los acontecimientos de 1808, se unió al levantamiento del dos de mayo. Se trasladó a Cádiz y tomó el mando de los buques que se pudieron reunir y armar.

En 1810 fue nombrado comandante general del apostadero de La Habana, con el título de capitán general del departamento.

En 1812 es nombrado capitán general del departamento de Cádiz, dejando en La Habana fama y memoria de su excelente administración y mando.

En agosto de 1814 es nombrado de nuevo miembro del Consejo Supremo del Almirantazgo bajo la presidencia del infante don Antonio y elevado al grado de Capitán General de la Real Armada.

En febrero de 1817, se le nombró decano de aquel Consejo, cargo que desempeño breve tiempo, pues quebrantada su salud pidió licencia para trasladarse al benigno clima de Andalucía, cosa que no bastó para curarle, falleciendo en Chiclana el año de 1817 siendo allí sepultado.

En 1870 se trasladaron sus restos al Panteón de Marinos Ilustres.

Ignacio Maria de Alava y Saenz de Navarrete

Pintura del Museo Naval de Madrid.