Biografía de don Javier de Ulloa y Ramírez de Laredo.

Vigésimo segundo Capitán general de la Real Armada.

Nació en la Isla de León, Cádiz, el día diecisiete de agosto del año de 1777. hijo de don Antonio de Ulloa de la Torre Guiral.

Sentó plaza de guardiamarina a los diez años de edad, en el año de 1787 y recibió casi al mismo tiempo el nombramiento de, caballero de Justicia en la Orden de San Juan de Jerusalén.

Cuando terminó sus estudios en enero del año de 1790, embarcó en el navío San Julián, realizando varios viajes por América del norte, recalando en La Habana y dándole la noticia en el mes de noviembre de su ascenso a alférez de fragata.

Con el grado de alférez de fragata, estuvo embarcado en el navío Soberano y en la fragata Rosa, realizando cruceros entre las isla Azores y los cabos de San Vicente, Cantín y Espartel para evitar el apresamiento de nuestro tráfico con las Indias.

Embarcado en el navío Reina Luisa, participo en la defensa de Tolón contra los convencionales franceses, en el año de 1793; cuando las tripulaciones hicieron pie a tierra en la defensa, se distinguió por su valor, estando a las órdenes de don Federico Gravina.

Realizó después en el mismo navío a las órdenes del general Lángara, donde éste enarbolaba su insignia, el viaje para traer desde Liorna a Cartagena al príncipe de Parma.

Fue ascendido en el mes de febrero del año de 1794 a alférez de navío.

Poco después tomó parte en la defensa de Rosas, yendo embarcado en el navío Mejicano, en la escuadra del general don Federico Gravina, con la cual estuvo en la defensa del cabo de Rosas.

Terminada la guerra, llevó a cabo varias comisiones, primero a bordo de la fragata Esmeralda y poco después en el navío San Justo.

Estuvo en el desdichado combate del cabo de San Vicente, del catorce de febrero de 1797, combatiendo a bordo del navío insignia de don José de Córdova, el Santísima Trinidad contra la escuadra británica del almirante Jerwis.

Sólo catorce días después, estando el buque tan mal tratado e intentando llegar a la bahía de Cádiz, tuvo que repeler el ataque de una fragata británica, la Terpsícore, causándole graves daños.

Tomando parte, a las órdenes de Mazarredo, en la defensa de Cádiz, embarcado en el navío San Telmo, esto sucedía en el año de 1797.

Con este mismo navío, salió en el año de 1799, para Brest.

En el año de 1802 fue ascendido a teniente de fragata.

En el año de 1804, por el apresamiento de cuatro fragatas españolas, al mando de Bustamante y en viaje de Montevideo a Cádiz, siendo tiempos de paz, España declaró la guerra al Reino Unido.

Recibió orden de embarcar en el navío Santa Ana, ya en el año de 1805, pasó a embarcar en el navío Castilla, y de nuevo recibió orden de transbordar al navío San Leandro, con todos ellos formaba parte de las fuerzas navales, que defendían el saco de la bahía de Cádiz, contra el bloqueo al que los británicos la tenían sometida, apoyando con los navíos las escaramuzas y combates de las lanchas cañoneras, que lograban que los enemigos no se acercaran en demasía.

Estuvo a bordo del navío Príncipe de Asturias, en el combate del veintiuno de octubre de 1805, llamado de Trafalgar, en este navío enarbolaba su insignia el teniente general don Federico Gravina, siendo él el primero en acudir al lugar, recogiendo en sus brazos a éste general al caer herido.

Por su comportamiento, dando muestras de gran valor en éste combate, fue ascendido a teniente de navío.

Estando en Cádiz, entre los días nueve y catorce de junio del año de 1808, fue uno de los muchos que participaron en los combates y posterior rendición de la escuadra francesa del almirante Rosily, cuya acción estaba al mando del general Ruiz de Apodaca.

Fue transbordado como comandante de una de las lanchas cañoneras, siendo destinado a la línea avanzada de combate, que la formaba una división de estos pequeños buques, acometiendo con terrible voluntad, estando al mando de las operaciones el brigadier Quevedo.

En el año de 1809, estaba embarcado en la fragata Atocha, siéndole ordenado el cañonear las baterías de la ciudadela y de la Linterna de Barcelona, realizando y cumpliendo la orden, al mando de cinco faluchos, siendo éste una ataque para confundir y esconder las verdaderas intenciones del mando, que no era otra que el facilitar el avance del ejército.

Se le dio posteriormente el mando de la corbeta Sebastiana, con la que realizó cruceros por el Mediterráneo, siéndole encomendado por el mando, la realización de un viaje a Tierra Firme, para transportar al Comisionado de las Cortes don Feliciano Montenegro, quien nada mas llegar desertó en la Guayra, y se unió a los disidentes.

Regreso a Cádiz en junio de 1810, continuando en el mando de la corbeta.

En el mes de septiembre del año de 1811 fue ascendido a capitán de fragata y se le dio el mando de la fragata Prueba, con la que volvió a América, realizando cruceros contra los insurgentes, visitando los puertos de Montevideo, Antillas y Méjico.

Regresando a la península, e incorporado a la división de don José Rodríguez de Arias, compuesta de cuatro buques, haciéndose a la mar en el mes de febrero 1816, realizando varios cruceros y comisiones por las aguas del Mediterráneo y el cabo de San Vicente, al regresar quedó desembarcado.

En el año de 1818, el gobierno proyecto una fuerte expedición de castigo contra las provincias del virreinato de Buenos Aires.

Como la escasez de buques era alarmante, tal proyecto no se podía realizar, interviniendo el valido del rey Fernando VII, don Antonio Ugarte, quién concertó con Rusia la compra de una escuadra, que resultó tan inoperante y maltrecha, que fue desechada por los mandos de la Armada, se habían invertido en la compra de dicha flota medio millón de libras esterlinas, por el resultado de tan nefasta compra y el escándalo que produjo, que provocó la dimisión del ministro de marina Vázquez de Figueroa y para terminar de arreglar las cosas, los mandos de la armada fueron cesados, así como el Almirantazgo, que tanto le molestaba al Rey, pues ponía en duda o rectificaba algunas de sus decisiones y don Fernando VII, no era precisamente una persona de normal carácter, en cuanto a autoridad se trataba.

A Ulloa se le encomendó el mando de uno de estos buques, la fragata Viva, tal fue su desagrado y desacuerdo, que se manifestó con firmeza y responsabilidad a tomar el mando de tan nefasto buque, lo que produjo en el Rey y su camarilla un ataque de cólera irresistible.

Aún así, en el año de 1822, se le dio el mando de la fragata Perla, lo retuvo poco tiempo al ser ascendido a capitán de navío, otorgándosele el mando del navío San Pablo, realizando un viaje a las islas Canarias, pero viendo en la situación en que se encontraba el buque, falto de carena y haciendo agua, que resolvió volver al arsenal de Cádiz, cesando en su mando en el mes de octubre del año de 1823.

Estando en esta ciudad le cogió la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército francés llamado por nuestro Rey, por lo que permaneció en ella mientras duró el sitio.

Fue posteriormente nombrado comisario general del cuerpo de artillería de marina, por el plazo de dos años que estuvo en este mando, redactó dos memorias muy interesantes sobre el artillado de los buques.

Fue ascendido a brigadier en el año de 1825, continuando en el puesto hasta el año de 1827, que se extinguió la plaza.

En el año de 1830 fue nombrado vocal de la Real Junta Superior de Gobierno de la Armada. [por nombre no será], por lo que tuvo que viajar hasta laCorte.

En el año de 1832 fue nombrado ministro de Marina, así mismo el de Guerra interinamente, desempeñando con gran talento y energía, sin por ello descuidar la de su ramo.

Estando en este cargo, tuvo que tomar enérgicas decisiones, para que la princesa Isabel, fuera aceptada como la reina Isabel II, todo esto sucedía cuando Fernando VII, cayó gravemente enfermo, fue ascendido a jefe de escuadra, conservando los honores del Consejo de Estado y nombrado caballero Gran cruz de la orden de San Hermenegildo.

Al fallecimiento del rey Fernando VII, fue reemplazado el gabinete y a Ulloa se le confió la comandancia general del cuerpo de artillería de marina y vocal de la Junta del departamento de Cádiz; siendo elegido por esta provincia como representante de los Procuradores del Reino, estando presente en las legislaturas de los años de 1834 y 1835.

La reina Gobernadora, doña María Cristina de Borbón sentía un aprecio especial por Ulloa, por la firmeza con que había defendido los derechos de sucesión de su hija, haciendo posible su subida al trono, y en reconocimiento a su lealtad le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica.

En los años de 1835 y 1836, rehusó la cartera de marina, por no estar de acuerdo con los programas navales de los presidentes de la nación Mendizábal y Calatrava.

En el año de 1837. volvió a cambiar de presidente, lo era esta vez Bardají, en esta ocasión si acepto la cartera de ministro de marina y la de Gobernación interinamente, salió del Ministerio en diciembre del año de 1837 y Su Majestad le concedió la llave de gentilhombre de cámara.

Poco después fue nombrado vocal de la Junta suprema de Sanidad.

Fue ascendido a teniente general en el mes de abril del año de 1839.

En el año de 1840, fue nombrado vicepresidente de la Junta Superior de la Armada, cesó poco después, quedando disponible en la capital, Madrid.

En el mes de enero del año de 1842, se le otorgó el mando del la escuadra y arsenal de La Habana, como siempre desarrolló una incansable labor, tanto en el arsenal como en los buques, impulsando la construcción de los nuevos y adquiriendo otros.

Desempeño desde septiembre del año de 1843 interinamente la capitanía general de la isla, a la llegada de su propietario al año siguiente, el Gobierno lo premió por sus desvelos y buen hacer concediéndole la Cruz de Carlos III.

Regresó a España en el año de 1846, siendo designado para ejercer de senador y de consejero de Estado, por serlo de derecho propio, tomando parte activa en las deliberaciones.

En el año de 1847, fue nombrado vicepresidente de la Junta Consultiva de la Armada y al establecer, al año siguiente la dirección general, se le nombró presidente y ascendido a la suprema dignidad de capitán general de la Real Armada.

En el año de 1855, fue suprimida la dirección general, creándose de nuevo el Almirantazgo; ya no formó parte de este organismo.

Durante el tiempo que estuvo al frente de la dirección general, se comenzó la construcción de dos navíos, cinco fragatas con máquinas de vapor, una corbeta, cinco bergantines, dos goletas, diecisiete vapores de ruedas, cinco urcas y otros buques de menor porte

Cuando cesó en el cargo de la dirección de la Armada, siguió establecido en la capital.

Falleció en Madrid en el año de 1855, con setenta y ocho años de edad.

Bibliografía: Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez. Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa Calpe. 1929. Tomo 65, páginas 922 y 923.