Biografía de don Pedro González Castejón y Salazar.

Teniente general de la Real Armada Española.

Nació en 1719. Sentó plaza de guardiamarina en la compañía del departamento de Cádiz el nueve de noviembre de 1737. Practicados los estudios elementales, embarcó, navegando por el Mediterráneo y el Atlántico.

Las necesidades de la guerra con la Gran Bretaña, declarada en 1739, hicieron se le habilitase en seguida como oficial, el diecinueve de noviembre de 1740, prestando servicio en el navío “América” de la escuadra que mandaba el conde de Clavijo. El diecinueve de diciembre del mismo año fue ascendido a alférez de fragata.

Desembarco del buque mencionado el dieciséis de febrero de 1741, embarcando en el de igual clase “Hércules” de la misma escuadra, el catorce de junio. Con éste buque se incorporó después a la escuadra del mando de don Juan José Navarro y con ella efectuó diferentes comisiones.

En 1744, Pedro de Castejón tuvo la ocasión de distinguirse en el combate de cabo Sicié.

Una vez que la escuadra regresó a Cartagena, transbordó sucesivamente a los navíos “Santa Isabel”,  “Hércules”.  “Brillante”  y  “León”, de la misma escuadra, en los que siguió sus navegaciones por el Mediterráneo hasta finales de 1747, en que pasó destinado al departamento de Ferrol. Desde allí salió para La Habana, Puerto Rico y Costa Firme, visitando los puertos de Cartagena de Indias, La Guaira y Puerto Cabello, regresando después a Cádiz y ascendiendo a teniente de navío el veinte de noviembre de 1749. El veinticuatro de enero del año siguiente fue nombrado ayudante del mayor general de la armada.

Embarcado en la fragata  “Sorpresa”  salió para el Pacífico, navegando por las aguas de Chile y Perú, para regresar a Cádiz a fines de 1753.

Fue ascendido a capitán de navío el trece de julio de 1760 y tomó el mando del navío  “Asia”, uno de los primeros construidos en El Ferrol, en el Esteiro. Con éste navío, formando parte de la escuadra del marqués del Real Transporte, salió para América Septentrional. En el puerto de La Habana se encontraba dicha escuadra cuando fue atacado por los británicos en 1762.

Por orden del general de la escuadra y por acuerdo de la junta de guerra, González Castejón echó a pique su buque a la boca del puerto, junto con el “Neptuno ”  y el  “Europa”, para impedir la entrada del enemigo.

El diecisiete de diciembre de 1762 pasó destinado a Cartagena, tomando poco después el mando del navío  “Velasco”  llamado así para perpetuar el heroísmo del defensor del Morro, y con él hizo el corso por el Mediterráneo.

Vuelto a Cartagena, el seis de julio de 1767 fue nombrado, interinamente, subinspector de batallones  y en propiedad luego.

Por orden del catorce de agosto de dicho año de 1767, fue nombrado para el mando del astillero de Guarnizo, en el que estuvo poco tiempo.

Fue promovido a jefe de escuadra, el veintinueve de junio de 1769, cuando llevaba treinta y dos años de servicio.

El dieciocho de julio de 1772 se le nombró inspector general de marina, y por ello consejero en el supremo de la Junta de Guerra.

En 1774 ascendió a teniente general.

Con el propósito de terminar con las continua amenaza que ejercía sobre las costas levantinas la piratería berberisca, en 1775, se dio al general Castejón el mando de una escuadra que había de atacar la plaza de Argel. Después de dejar algunos buques frente a Argel, regreso Castejón a Alicante, con el resto de la expedición, fondeando en dicho puerto el diez de julio. Desde él se trasladó a la corte, y con motivo del fallecimiento del bailío Juan de Arriaga, el rey nombró el treinta y uno de enero de 1776 a Castejón para sustituirle en la secretaria de estado y despacho universal de marina, que Arriaga había desempeñado durante más de veinte años, señalando él mismo Castejón como el más idóneo para sucederle.

Fue el primero que llegó a tan elevado cargo, procedente de la Academia de Caballeros de Guardias Marinas.

Sus primeras disposiciones en el ministerio se dirigieron a perfeccionar la enseñanza y preparación de los oficiales de la Armada, estableciéndose otras dos compañías o academias de guardias marinas, en El Ferrol y en Cartagena, además de la que ya funcionaba en Cádiz. Se enriquecieron los arsenales con cuantiosos repuestos y pertrechos, y se aumentó el personal de maestranza. Se publicaron las ordenanzas de arsenales, dándosele el mando de ellos al Cuerpo General en 1776. Se estableció un nuevo sistema de ascensos y de informes anuales, así como que, mensualmente, diesen las novedades los departamentos. Aumentó también el prestigio del cuerpo de pilotos, concediendo a sus individuos el tratamiento de don, desde la clase de pilotines. Creó la clase de artilleros de mar y preferencia para que sirvieran de timoneles, gavieros y cabos de guardia, a bordo de los buques; aumentó los premios a la clase de tropa y dispuso la creación de la matricula de mar en diversos puntos del continente americano, para proveer la necesidad siempre creciente de marinería. Se aumentaron las fuerzas de batallones: cuatro de estas unidades, de los regimientos de Valladolid y Príncipe, pasaron a servir en la Armada causando baja definitivamente en el ejército, tanto la tropa como los oficiales. Reformó nuevamente y publicó las ordenanzas de arsenales, reglamentó la manera de pasar las revistas de  comisario mensuales y la de dar los comandantes de los buques los estados de entrada y salida. Fomentó grandemente la construcción naval y obras civiles de arsenales, dejando terminadas las del de Cartagena.

Pronto aumentó la armada con diez navíos, otras tantas fragatas, cuatro corbetas, cuatro urcas, tres jabeques, dos bergantines y otros muchos buques menores.

Organizó una activa guerra contra la piratería argelina, que pronto dio sus frutos con la presa de gran número de sus embarcaciones, llevando la tranquilidad a las amenazadas costas españolas del Levante.

Con motivo de los incidentes y hostilidades con los portugueses en América, Castejón dio, una vez más, pruebas de su gran actividad y capacidad de organización, pues en pocos días preparó una escuadra capaz de transportar nueve mil hombres contra las posesiones lusitanas, que rindieron la isla de Santa Catalina y la colonia de Sacramento. En éste último puerto se apresaron veintiséis buques británicos ricamente cargados y con numeroso material de guerra, todo ello evaluado en cuatro millones de libras esterlinas.

En junio de 1779 se declaró la guerra a la Gran Bretaña y se formó una escuadra compuesta de treinta y seis navíos y de numerosas fragatas, que salieron de Cádiz.

Se le dio el mando de ella a don Luis de Córdova, la flota reunía en total 2.636 cañones y 21.734 hombres y junto a la francesa del conde C’Orvilliers, dominó la embocadura del canal de la Mancha, haciendo retirar a las fuerzas enemigas del almirante Hardy.

Terminó la campaña sin grandes resultados positivos, sólo con la pequeña ventaja de haber apresado al navío británico “Ardent”, de 64 cañones, cuatro fragatas, seis bergantines y dos convoyes.

Se sacó la conclusión de la necesidad de aumentar el armamento de los buques españoles, montándoles artillería en el alcázar y castillo, así como también de perfeccionar los aparejos. Se vio la inferioridad marinera de los buques españoles con respecto a los del enemigo, se reconoció la ventaja de los forros de cobre y se vio la conveniencia de hacer un estudio serio, comparativo, entre la construcción española—que era la inglesa—y la francesa o de Gautier.

No se consiguió sin embargo la verdadera finalidad perseguida que era proteger la expedición contra Gran Bretaña. La guerra con el Reino Unido duró casi cinco años. En este período González de Castejón imprimió a los arsenales una gran actividad, que fue posible gracias a sus disposiciones anteriores de organización. Así fueron capaces de los aprestos de las expediciones contra Mahón y Gibraltar, y la proyectada contra Jamaica.

Si hubo golpes adversos, se vieron, en cambio, compensados con los éxitos de Mahón, Pensacola e islas Bahamas.

Falleció en Madrid el diecinueve de marzo de 1783, cuando apenas si había terminado la guerra contra la Gran Bretaña, que pudo ser mantenida gracias a su esfuerzo. Su eficaz gestión ministerial había durado siete años; le sucedió en el cargo el bailío Antonio Valdés.

A su muerte la marina de guerra española, poseía 62 navíos, 40 fragatas, 14 jabeques, 25 bergantines, 12 urcas, 13 balandras y gran número de buques menores.