El Consejo de Guerra del General Antonio de Ulloa en 1780. Segunda parte.

El interrogatorio

En el consejo de guerra el Teniente General de la Real Armada don Antonio de Ulloa fue sometido a un interrogatorio de preguntas realizadas por el Mayor General de la Armada, don Buenaventura Moreno, en el Proceso que se formó para juzgar la Conducta que tuvo en el mando de la Escuadra. Estas fueron las preguntas y sus respuestas:

1ª Pregunta: Por qué no se dirigió con la Escuadra de su mando, desde que se separó de la combinada, al destino que la orden con fecha de 23 de Mayo de 79 le ordenaba, que era proteger el Comercio nacional, exterminar al Enemigo, con la advertencia de los 4 ó 5 Navíos de 60 a 50 Cañones, y algunas Fragatas, Ingleses que en aquel paraje, y entre Islas, podrían estar para auxilio de su Comercio e impedir el nuestro.

  • Respuesta. Que no se dirigió a otro paraje que al destino de la Real Orden con fecha de 23 de Mayo de 79 le ordenaba; esto es, a la recalada de las Embarcaciones españolas que vuelven de Indias a dar vista a las Islas del Cuervo y Flores en la estación de Verano, que es lo que la Real Orden le prevenía diciendo: «para que haciendo Rumbo a las Islas del Cuervo y Flores, cuyo paraje en esta Estación es la recalada de las más Embarcaciones del comercio de Indias, proteja V.E. con dicha Escuadra el nuestro e intercepte el de los Ingleses, atacando y batiendo sus embarcaciones de Guerra, y mercantes, que encuentre.» Comprobándolo el haber cruzado en dicha Recalada a la parte del O de dichas Islas desde el día 9 de Septiembre hasta el 18 al anochecer, en que la dejó, entre los paralelos de 39 grados 36 minutos y 40 grados 14 minutos, y en longitud desde 36 leguas y media a la parte del O. del Cuervo y Flores hasta tener cumplido el punto en estas Islas, que es según el de la derrota francesa del año de 1766. Con atención a la descubierta de la Isla Tercera el día 26 de Agosto corresponden a los 342 grados 24 minutos y 344 grados 48 minutos y medio, cuya diferencia es 2 grados 24 minutos y medio que hacen las longitudes dichas, por ser la Derrota que traen, y la que se les da por la Comandancia de Pilotos de la Armada para que la observen; y es lo mismo que explicó en las respuestas que dio a la Junta de Departamento con fecha 14 y 21 de Junio del próximo año pasado a el Cargo o pregunta que se le hizo sobre este particular. Que en dicho Crucero, entre los referidos paralelos y meridianos, solicitó las 4 ó 5 Navíos de 60 a 50 Cañones, y algunas Fragatas, Ingleses, y no las descubrió, ni tuvo indicio de que estuviesen por allí, como tampoco desde el Meridiano de la Isla Tercera por el Paralelo de 40 grados la distancia de 20 leguas al O. hacia las Islas del Cuervo y Flores, ni desde este segundo meridiano la distancia de otro grado más a el O. y hacia el Norte hasta la latitud de 41 grados 44 minutos, que es el ámbito por donde las Embarcaciones que vienen de Indias hacen su Derrota, habiéndolo Corrido todo con la Escuadra de su Mando sin otro fin que el de solicitarlo y el de encontrar las Embarcaciones del comercio de Indias que viniesen para España.

2ª Pregunta: Por qué no buscó a los Enemigos en el paraje en donde el Rey le ordenaba, y reconoció éste hasta no quedarle duda de haber estado en él para proteger las embarcaciones de nuestro Comercio, e interceptar, batir y apresar las Enemigas.

  • Respuesta. Que estuvo en el paraje que el Rey le ordenó con los motivos que expresa la pregunta, como tiene dicho y demostrado en la Respuesta anterior. Y que si no dio vista a las Islas del Cuervo y Flores fue porque los vientos no eran proporcionados para ello, como sucedió en varios intervalos; que hubo impedimento de mayor consideración que lo embarazaron, como hizo presente a la Junta de Departamento en la respuesta que dio sobre este particular, y queda citada: tales fueron el Accidente sobrevenido al Navío el Gallardo el día 3 de Septiembre, y repetido con mayor gravedad la noche del 10 al 11; la caza a una Embarcación enemiga los días 11 y 12, que iba en demanda de las Islas, y estaba sólo a la distancia de 17 leguas de ellas con viento favorable, para descubrirlas en el día 12 o en el siguiente de mañana, y por haber tomado aquella Embarcación la huida para el O. y después para el S., volvió a alejarse la Escuadra de ellas 20 leguas más; los vientos borrascosos, siendo esto, desde el día 26 de Agosto hasta el 28, los que impidieron que se continuase la Derrota hacia al O., siendo asimismo contrario para ello los que, con más consideración al estado peligroso del Gallardo, obligaron a dejar aquel paraje cuando estaba su punto cumplido por la Carta francesa del año de 66. El día 18 a las 6 de la tarde, y por la de 75, propasado de la Isla del Cuervo y a la parte del E. de ella 15 leguas. Que no le quedó duda en haber estado en el paraje que S.M. te señaló del Crucero, ni puede haberla, mediante haber dado vista a la Isla Tercera, desde la cual hasta la del Cuervo y Flores, por la Carta del año de 66, hay de distancia del E. al O. 38 leguas, y por la de 75, 55 leguas, de suerte que cuando por causa de corrientes hubiese habido alguna diferencia, sería de pocas leguas, fuera de que el 18 de Septiembre desde el mediodía se vieron todas las señales que indican la mucha inmediación en que se estaba de ellas, así por la abundancia de Pajarillos pequeños de tierra que se vieron en los Navíos, y son sólo de aquellas Islas y no pueden apartarse mucho de ellas, como por las Aguas que se reconocen en sus inmediaciones. Que desde el Meridiano de la Tercera, que está en 347 grados 30 minutos Meridiano de Tenerife, hasta el paraje donde los vientos permitieron hacer la recalada, 5 grados 43 minutos al O. del Cuervo el día 10, en 347 grados 46 minutos y 40 grados y minutos de latitud, se corrió un espacio de Mar del E. al O. de los dichos grados que hacen 87 leguas entre los referidos paralelos de 39 grados 36 minutos y 40 grados 14 minutos, sin quedar en este espacio de Mar más que la distancia de 18 a 20 leguas que no se reconoció, y es el que mediaba entre el Paraje en donde la Escuadra se hallaba el 31 de Agosto a la parte del E. del Cuervo, y en donde llegó el 18 de Septiembre a las 6 de la tarde a la del O. de aquella Isla, cuyas longitudes son por la Carta de 75, 348 y 20 y medio, y 346 y 27, de cuya diferencia, rebajando la distancia de 6 leguas por cada parte, que la vista alcanzaba a descubrir distintamente de los topes, quedan las 28 ó 20 leguas antedichas, procediendo esta diferencia en las longitudes de la diversa situación que dan las Cartas a estas Islas, no guardando conformidad entre unas y otras, ni sabiéndose cuál es su verdadera situación respecto de las Costas de Europa, como tampoco de las mismas Islas entre sí. Que además de lo referido, desde el día 31 de Agosto hasta el 3 de Septiembre, que la Escuadra experimentó calmas y navegó con las Ventolitas que se experimentaron del NO. y O. para el N., adelantó hacia el O. yendo en demanda del Cuervo un grado menos 6 minutos, llegando hasta 41 grados 44 minutos de latitud, de modo que estuvo en el medio freo entre los Meridianos de las Islas Graciosa y Cuervo, habiendo sido forzoso hacer aquel Rumbo, como lleva dicho, por causa de los Vientos del NO., O. y OSO. que reinaron, no conviniéndole la bordada de los que le apartaba del Paralelo por donde era lo regular encontrar las Embarcaciones Españolas que vienen de América; y así buscó a los Enemigos por los parajes donde era regular encontrarlos, y la Real Orden le prevenía en el intermedio de las Islas del Cuervo y Flores a las terceras, que son las palabras expresas de dicha Real Orden, cuyo espacio de Mar está bien reconocido en las Cartas. Que si no continuó el reconocimiento por la parte del E., desde el punto en donde lo dejó el 31 de Agosto, cuando los vientos no fueron proporcionados para ello, fue porque yendo con la bordada del S. con el viento ONO. para volver a seguirlo, sobrevino el 3 de Septiembre de mañana el accidente peligroso del Gallardo, que embarazó aquel día y los siguientes hacer navegación en Derrota, de suerte que por la parte del E. del Cuervo siguió el Paralelo de los 40 grados todo lo que le permitieron los vientos, cuando no fueron contrarios o tormentosos, y el acaecimiento peligroso del Gallardo; y por la del O., desde la distancia de 26 leguas, según la Carta del año de 75, ó 40, según la del año 66, a que hizo la recalada hasta las inmediaciones del Cuervo y Flores por la parte del O. y entre los Paralelos que lleva referidos.

3ª Pregunta: Si no se verificó el reconocimiento de las Islas, para qué se dio la instrucción a los Comandantes, según se deduce del Parte del Comandante de la Mónica, para que en caso de separación fuesen a reconocer la Isla Tercera dirigiéndose a las 24 horas de este apostadero al Paralelo de 39 grados 30 minutos, de 7 a 8 leguas al O. del Cuervo.

  • Respuesta. Que consecuente a la instrucción que dio a los Comandantes de los Buques de su Escuadra, fue a reconocer la Isla Tercera, que descubrió la Fragata Magdalena yendo por la Proa de la Escuadra el 26 de Agosto, y habiendo hecho la señal, se repitió a los restantes Buques de ella por el Navío Comandante, a la que correspondieron. Que cuando dio las órdenes no podía prever los impedimentos que después se podían ofrecer para continuar sin detenimiento al segundo paraje, y particularmente el del accidente acaecido al Navío Gallardo el día 3 de Septiembre, habiendo sido de tanta magnitud y cuidado que obligó a suspender la navegación por varios días, como deja dicho, y aun a resolver en Junta de Comandantes suspender la Comisión importante de la Escuadra para salvar el Navío, conduciéndolo inmediatamente con el cuidado y precauciones que pedía su crítica situación al primer Puerto de España que se pudiese tomar, cuyo documento, en original y en copias certificadas, pasó al Excmo. Señor Ministro de Marina, al Director General de la Armada que era cuando llegó a Puerto, y a la Junta de Departamento, inserto con la respuesta que dio a este Cargo, acompañándolo con oficio de 8 de Septiembre, contestado por su Presidente. Que sin embargo de todo, contenida en lo aparte el Agua del Gallardo, continuó la derrota según lo proporcionaron los vientos para completar la Comisión en la parte que fuese posible, atendiendo con preferencia a todo, salvar el Navío sin exponerlo al peligro de que naufragase, y que con este cuidado y atención, por puro efecto del buen Celo, pasó a el Crucero de la parte del O. del Cuervo y Flores, manteniendo su Paralelo hasta llegar casi a la vista de estas Islas, según se tiene explicado en los puntos antecedentes, no verificándola por haber empezado aquella tarde del 18 el viento SO. recio con mucha mar, lo que le obligó a dejar aquellos Mares, atendiendo preferiblemente a la seguridad del Navío como asunto principal. Y es lo mismo que tiene respondido a la Junta de Departamento en respuesta al Cargo o pregunta que se le hizo sobre este particular.

4ª Pregunta: Por qué varió la Derrota y Crucero de la Recalada de las Embarcaciones de Indias sin haberse asegurado por el reconocimiento de las Islas de la fija situación en que se hallaba con su Escuadra, resultando por esto no haber encontrado Embarcación alguna del Comercio de América.

  • Respuesta. Que no sólo no varió la Derrota y Crucero de la Recalada, como dice la Pregunta, [...] que según lleva explicado en los puntos anteriores, la siguió tan exactamente que antes de llegar al Crucero desde la Isla Tercera en adelante estuvo siempre en la que hacen las Embarcaciones que vienen de América, y desde que llegó a él, a la parte del O. del Cuervo y Flores, permaneció en el paralelo entre los Meridianos de la derrota que hacen, como tiene dicho en la respuesta a las preguntas primera y segunda, estando muy asegurado por la descubierta de la Isla Tercera y las Embarcaciones que encontró: Portuguesas, del 9 al 10 de Septiembre, y la enemiga a quien dio caza el 11 y 12, no menos que las dos avistadas este día al N., estar en la verdadera Recalada; pues así como encontró con la Portuguesa, que iba en demanda del Cuervo, y dio vista a otras dos la mañana y tarde del 12 cuando iba siguiendo la Caza de la enemiga, si hubiesen llegado en aquellos días algunas nacionales las habría igualmente encontrado, siendo buen convencimiento de que no llegaron en aquellos días, o de que si vinieron traerían distinta Derrota de la que se les da por la Comandancia de Pilotos, o pasarían de noche. El que hallándose allí en el propio tiempo, y desde el 23 de Agosto hasta el 15 de Septiembre, la Escuadra del Brigadier entonces Don Juan de Lángara Huarte tampoco las encontró, siendo así que este Comandante estuvo a la vista del Cuervo y Flores, y es lo mismo que expuso a la Junta de Departamento con fecha de 9 de Septiembre. Que sólo se apartó del Paralelo de la recalada, viajando algo para el S. el día 12 del propio mes con motivo de seguir los Navíos de la Escuadra que iban continuando la Caza a la Fragata enemiga, que se había principiado el día antecedente; que el mismo día 12 volvió a hacer diligencia de restituirse al Crucero, ganando la latitud que había perdido en el seguimiento de la caza, con viento contrario, practicándolo así con el fin de no dejarlo desamparado por más tiempo, que aquél fue indispensable para que no peligrasen las Embarcaciones españolas que llegasen. Que afianza cuanto ha dicho en este particular el encuentro de la embarcación Portuguesa que queda citada, a la cual reconoció y habló la Fragata Magdalena el referido día, y que habiendo continuado en conserva de la Escuadra hasta el 11, cuando iba en demanda del Cuervo y Flores, siguió ella después que la Escuadra empezó a su vista la caza contra la enemiga, y que a los dos días esta misma Portuguesa habló con Don Juan de Lángara y Huarte en la inmediación de dichas Islas, dándole noticia de la Escuadra del Paraje, donde se había separado de ella, de la caza que daba, y del rumbo que había tomado, por cuya noticia Don Juan de Lángara debió quedar impuesto de estar la Escuadra en el verdadero Crucero, de ser 5 los Buques que la componían entonces, y habiendo sido la comisión de este Comandante solicitar a dicha Escuadra es regular que diese parte de todo después de su llegada a Cádiz, por ser una noticia de las correspondientes a su Comisión.

5ª Pregunta: Por qué habiendo hecho la Fragata Magdalena señal de Tierra, según consta de su diario, el día 26 de Agosto, no hizo todas las diligencias posibles para asegurarse de lo que era, marcación muy útil para situarse en el verdadero crucero que el Rey le ordenaba, y hubiera verificado estar en el punto de reunión que le había sido dado a las Embarcaciones en caso de separación; deduciéndose de esto que no los frecuentó como correspondía.

  • Respuesta. Que en la hora que hizo la señal de tierra la Magdalena ya se había empezado a ofuscar el horizonte, el viento por el OSO. iba tomando cuerpo y pasando sucesivamente al NO., pues a las 6 horas no cabales era ya un temporal, como el del día 15 al 16, con mucha cerrazón y mar, y previendo esto por el Cariz, tuvo por importante aprovechar aquel corto intervalo de horas en apartarse del Archipiélago de Islas que forman entre sí la Tercera, Graciosa, San Jorge y las restantes para el N., por ser estos dichos vientos de travesía en ellas, juntándose a estas circunstancias las corrientes que se experimentaron para el S., de suerte que a no haber hecho así, hubiera peligrado mucho la Escuadra, siendo muy distinto costear aquellas Islas por la parte del N. reinando los vientos de la misma o del NO., como en esta ocasión se había experimentado, o hacerlo cuando reinan los del E. y SE., como sucede en los Veranos. Que habiendo descubierto la Isla la Fragata, y estando asegurado de ello, como lo denotó la señal que hizo, era lo mismo que si toda la Escuadra la hubiese reconocido, pues distinguió el Mogote que tiene a la parte del O., siendo la única entre aquellas Islas que tiene esta circunstancia, no pudiendo equivocarse con otra, por la latitud que había observado y por ser alta, en vez que la Graciosa es baja, rasa y no tiene tal Mogote. Que en las Escuadra es una de las ventajas de llevar Fragatas para descubrimientos, que hacen yendo adelantadas y se estima lo mismo que si toda la Escuadra los hubiese hecho; pero que si el tiempo hubiese sido más aparente para continuar la Derrota que se llevaba, en tal caso, la Escuadra hubiera continuado aproximándose a la Isla hasta descubrirla, porque entonces no había impedimento en ello, ni se seguiría peligro a la misma Escuadra.

6ª Pregunta: Por qué debiendo dirigirse al Crucero viró la Derrota a su arbitrio cuando se divisó el Mogote, como así mismo el día 30 de Agosto, receloso de los vientos calmosos y el tamaño de los Navíos (siendo así que éstos pueden sin recelo de exponerlos) aproximarse y entrar en los fondeaderos de las Islas que en ellas se encuentra, ser chica y amogotada, no lo ejecutó.

  • Respuesta. Que no varió la derrota a su arbitrio cuando se divisó el Mogote, ni el día 30 de Agosto receloso de los vientos calmosos y el tamaño de los Navíos. Que la Derrota que hizo fue la que correspondía a un viento borrascoso, como lo pedía el que empezó el día 26, según tiene dicho en la respuesta antecedente, y que el día 30 navegó en cuanto el viento lo permitió por el Paralelo de los 40 grados para el O. con demanda del Cuervo y Flores hasta el 31; que llamándose el viento al NO. después de una calma, y de allí al O. y OSO navegó para el N., porque la otra Bordada le llevaba sobre las Islas y le hacía retroceder para el E., y porque si estando muy inmediato a ellas sobrevenía tercer temporal, como los dos experimentados en el corto tiempo de 10 días, con la cerrazones que les acompañaban, juntándose a esto las corrientes violentas, que entonces se tenían experimentadas para el S., expondría la Escuadra al riesgo de perderse, pues en el día 29 habían sido de 8 minutos al S. y el día 30 de 37 y medio, que son 12 leguas y media, bastando esto sólo para deber navegar por allí con mucho cuidado y precaución pues aun sin sobrevenir las nieblas densas que allí son frecuentes, ni los temporales, la oscuridad de la Noche era suficiente para encontrarse perdidos; pero si esta razón, y lo observado en las corrientes desmedidas, aún no se juzga bastante, servirá en su comprobación el ejemplo de lo sucedido al Navío el Dragón, mandado por el Capitán de este grado Don Pedro Autrán, pocos días después de haberse retirado la Escuadra, cuando intentó pasar entre las Islas del Fayal y Flores, cuyo canal tiene de anchura 15 leguas por donde menos. Considerándose este Comandante a medio freo dél, se vio arrojado por las corrientes sobre las Playas de la Isla de Flores, sin gobierno el Navío y esperando por momentos entre las Olas que a su voluntad lo llevaban y traían, el término en que estrellaban el Navío contra los Peñascos de la Isla. De cuyo inminente peligro escapó milagrosamente, cuyo caso es bien notorio, no siendo los menos los sucedidos en el paso entre la Isla de Santa María y la de San Miguel, cuyo canal es de 16 leguas de ancho, y este espacio no ha sido bastaste para que no naufraguen sobre las Hormigas varias Embarcaciones llevadas a ellas por la fuerza de las corrientes. Que los fondeaderos de aquellas Islas no son para Navíos grandes pues aun para los pequeños son peligrosos, según las noticias que dan los mismo derroteros Portugueses, y el mucho fondo que hay en ellos es una de las principales circunstancias que aumentan su peligro, a causa de que los Navíos no pueden asegurarse, siendo preciso ponerse a fuerza para quedar en franquicia, y no teniendo abrigo contra los vientos costeños y corrientes, mucho menos contra los de Travesía, sobre lo cual pudiera explayarse mucho con motivo de lo que experimentó en el de Santa Cruz de Tenerife cuando con urgente necesidad fondeó en él con la Escuadra de Flota de su mando, debiendo advertir dos cosas: la primera, que los surgideros de las Islas Terceras son más arriesgados que el de Tenerife, según la Relaciones; la segunda, no ser lo mismo llegar a dar fondo en tales parajes con un Navío suelto que con Escuadra de Navíos de porte, que para hacerlo y tomarlo se necesitaba algún Práctico que conociese las costas, sus corrientes y modo de tomarlos sin peligros, y éste no lo había en toda la Escuadra, ni quien supiese si son limpias o no, no hallándose en la Escuadra Piloto, ni Persona alguna, que hubiese estado por allí ni que tuviese noticias de aquellos parajes, y los derroteros no traen estas noticias. Que siendo responsable de las resultas malas que hubiese en la Escuadra nunca podía deliberar tal cosa sin expresa orden que lo mandase, por ser asunto en que había peligro conocido, como lo acredita, entre otros muchos ejemplares, el de lo sucedido al Navío Buen Consejo y a las demás Embarcaciones que se hallaban en el Fayal cuando él estaba.

7ª Pregunta: Si la situación de los Navíos Gallardo y Fénix le embarazaban para acercarse a las Islas, cómo se determinó subir con ellos hasta los 41 grados 30 minutos, en que son muy fuertes las corrientes, Mares y vientos, y dio caza allí a una Embarcación, para lo que es preciso forzar de vela y, por ello, exponerse a separación, hallándose el Fénix (según expresa) con la Verga mayor rendida, y el Gallardo haciendo a veces 11 pulgadas de Agua por ahora [sic]; acontecimientos que dice le impidieron con el tercer temporal buscar las Islas, por tener podrida la Proa, y con juego en todo el maderazgo.

  • Respuesta. Que los vientos N. y NO. por la parte del N. de las Terceras son igualmente recios, y correspondientes los Mares que levantan en la inmediación de las Islas, como por los 41, 42 ó poco más grados, adquiriendo la fuerza de los Mares dilatados y fríos del N., de donde vienen, que el alejarse algo de las islas cuando se recela, por el cariz del tiempo, estar para ventar estos vientos es a fin de tener donde descaecer en caso necesario, tanto por lo que se abate con ellos y con los Mares que levantan, como por las corrientes, siendo éstas mayores, según lo manifestó la experiencia, cuando se está más inmediato a ellas que cuando se está más apartado, y muy sabido de los Náuticos que los vientos recios de Travesía son los que causan las pérdidas de las Embarcaciones cuando les falta Mar por donde descaecer, y acompañándoles en aquellos parajes la oscuridad y cerrazón no ay tampoco seguridad de tener la latitud diariamente para conocer lo que descaece para el S. Que igualmente si alguno de los Buques de la Escuadra se ve en la precisión de darle descanso por no poder aguantar los Mares, como sucedió a la Santa Mónica en el Temporal del 15 al 16, o tiene la desgracia de desarbolar en el Temporal, cogiéndole éste inmediato a las Islas, es Navío perdido, lo que no sucede estando en alguna distancia de ellas. Que los Navíos Fénix y Gallardo en esta postura, estando algo distante, no necesitaban trincar con tiempos recios, porque el uno con la falta de aparejo mayor tenía en donde abatir sin peligro, y el otro con su Proa abierta y podrida, como se le encontró en el reconocimiento formal que se hizo el 4 de Septiembre y pasó Original al Excmo. Señor Ministro de Marina, y su Copia certificada al Director General de la Armada, Don Andrés Reggio, podía mantenerse con el descanso necesario para trabajar menos que si se hubiese hallado en la precisión de hacerlo, siendo la importancia de este descanso en la noche del 18 al 19 de Septiembre la que le obligó a evitar la Capa o mantenerse trincado en bordos con el fin de descubrir al siguiente día al Cuervo y Flores. Que la Caza que se dio fue estando en el Crucero en los 40 grados para los 39 y medio a la parte del O. del Cuervo y Flores, con tiempo regular, no en los 41 y medio, como indica la Pregunta con equivocación. Que la determinación de pasar con este Navío desde el paraje en donde se reconoció su mal estado y acrecentamiento de Agua que resultaba de él, al Crucero, considerado en otro Jefe lo miraría como un celo inconsiderado que tocaba en temeridad, y aun en sí propio lo conceptuó en este modo al ver las resultas del tercer Temporal la noche del 10 al 11 de Septiembre, estando en 40 grados de latitud y en el mismo Crucero, pero que sólo es disculpable con consideración a la importancia de los tres motivos que le movieron a ello: 1º, la reunión de la Santa Mónica, yendo a buscarla al 2º paraje que le estaba señalado; 2º, el ver si en aquellos cortos días llegaban algunas Embarcaciones de América para conducirlas en su compañía; y 3º, reconocer si en aquella recalada se hallaban los 4 ó 5 Navíos, y algunas Fragatas Inglesas, que se le prevenía en la Real Orden, para atacarlas y batirlas, o si encontraba algunos Corsarios y se le proporcionaba perseguirlos y batirlos, completando en este modo el cumplimiento de las Reales Órdenes de S.M. sin embargo de los graves impedimentos que presentaba la Escuadra para hacerlo, siendo lo mismo que expuse en la Junta de Departamento en la respuesta que dio con fecha de 21 de Junio a la pregunta o cargo que se le hizo sobre no haber dado vista a las Islas del Cuervo y Flores, y que siendo esto así, y manifestando la misma pregunta el justo reparo de haberse determinado a conducir la Escuadra, en el deplorable estado que se hallaba, al Crucero en donde dio la Caza a una embarcación enemiga forzando de vela, como era regular; ¿cómo se puede dudar al mismo tiempo que hubiese ido al verdadero apostadero en la recalada de las Embarcaciones nacionales que vienen de Indias, cuando no había otro motivo que hubiese podido hacerte despreciar los peligros para ir hasta allí?, ni que hubiese dejado de buscar los 4 ó 5 Navíos, y las Fragatas, que se le tenían indicado en la Real Orden, por los parajes donde se le había prevenido y era regular que estuviesen, igualmente que la incorporación de la Santa Mónica. Porque estos tres asuntos fueron, como deja dicho, los que le llevaron desde el 30 de Septiembre [sic] hasta el 18 en la noche al paraje del Crucero, ni sería regular que expusiese aquel Navío, a no intervenir para ello unas causas de tanta importancia.

8ª Pregunta: Por qué le sirvió de impedimento lo maltratado de la verga mayor para aproximarse a las Islas, buscar los Enemigos, y no le impidió el dirigirse a Cádiz, cuando se le prevenía que a cualquier descalabro pudiese remitir el Buque que se le hallase incomodado a alguno de los fondeaderos de las Islas, y cuando este auxilio no bastase al remedio de la incomodidad de la verga, que regularmente se componen en la Mar, tenía el arbitrio de pasarse a otro Buque, con lo que podía haber buscado a los Enemigos.

  • Respuesta. Que lo maltratado de la Verga mayor del Fénix no fue lo que le impidió el aproximarse de las Islas, ni menos a buscar a los enemigos, ni lo que dijo a la Junta de Departamento en respuesta a los cargos que por ésta se le hicieron. Que lo que expuso fue que sin aparejo mayor este Navío no podía forcejear para salir de algún empeño cuando se ofreciese, y que esto mismo reproduce aquí. Que en cuanto a buscar a los Enemigos se refiere a lo que tiene dicho en el punto antecedente. Que las roturas de la Verga del Fénix no fue sola ni la principal que le obligó a venirse a Cádiz con algunos días de anticipación al término en que lo debía haber hecho, sino el peligro en que estaba el Gallardo, y que a éste, como principal, se agregaban como accesorios las Roturas de las 4 Vergas de Gavia del Diligente, el crecido número de Enfermos de este Navío con la epidemia de Escorbuto, que también había empezado en los otros, las escaseces de víveres y Aguada, con lo que se había reconocido de podrido en lo uno, y vacío en la otra; siendo lo que expresó a la Junta con fecha 14 de Junio del próximo año pasado. Que las Vergas del Fénix se compusieron a bordo del mismo Navío en el modo posible, cuya obra contribuyó a dilatar la recalada sobre la Ysla Tercera, pero que sin embargo de esta compostura, nunca pudo usarse la mayor por el peligro de que se acabase de trochar [sic] por alguna de las 4 hendiduras que se le reconocieron tanto en la Jimelga como en la Verga, y teniendo en ella 3 Ruecas no permitían ésta que se bracease lo conveniente para perfilarla al viento, motivo por que la Gavia no tomaba viento yendo a Bolina, cuyo daño, y muchos más el del Gallardo, no podían remediarse en alguno de los fondeaderos de aquellas Islas por no haber proporciones para ello en manera alguna, como se reflexionó en la Junta de Comandantes, con atención a ser unos surgideros en costas abiertas, sin seguridad para los Navíos, como queda dicho en la respuesta a la pregunta 6ª, ni providencias para tales obras, que además de esto en toda la Escuadra no se hallaba Piloto ni Persona que tuviese la menor práctica ni conocimiento de aquellas Islas, sus costas y surgideros, pues habiéndolos convocado el día 4 de Septiembre de a bordo del Fénix para ver si alguno se hallaba en disposición de conducir el Gallardo interin que con los otros tres pasaba a dar cumplimiento a la Comisión, no hubo quién se determinase, respondiendo no poderse hacer cargo de un asunto en que no tenían el menor conocimiento, porque nunca habían estado por allí. Que el caso en que se halló la Escuadra no era de los que se remediaba pasándose a otro Buque, porque, como deja dicho, el Gallardo estaba en la disposición que ha explicado, el Diligente en la que ha referido, y sólo el San Julián era el que estaba en mejor disposición porque aunque no había dejado de tener algunas Averías, no estaba en el estado de los otros, y así, de los 4 Buques grandes los 3, dado caso que los surgideros de aquellas Islas hubiesen sido adecuados para enviar a ellos los Buques que lo necesitaban, hubiera sido preciso enviarlos, quedando con sólo uno, siendo esto lo mismo que hacer una retirada con toda la Escuadra, y es lo que practicó, no con la anticipación que lo pedían sus desastres sino con sólo haberla adelantado 11 días al término en que lo hubiera hecho si no hubiese habido el grave motivo del Gallardo, pues los víveres, aun sin suponer la disminución que se reconoció en ellos, y lo mismo en la Aguada, no alcanzaban más que hasta fin del Mes, habiendo de reservar los necesarios para regresar a España, y esto en la suposición de que el viaje no fuese más largo de 23 días y de hacer el Corso durante el regreso.

9ª Pregunta: Y por qué no remitió a alguno de los fondeaderos de las Islas el Navío el Gallardo y no exponerlo a un total naufragio, bien que constaba por los últimos estados estar estanco y en disposición de emprender cualesquier navegación aún en el mismo día que se separó de la Escuadra de Don Luis de Córdoba.

  • Respuesta. Que en el punto antecedente tiene respondido sobre los motivos que tuvo para no enviar el Gallardo a alguno de los Fondeaderos de aquellas Islas. Que el Agua, según el parte de su Comandante, se empezó a reconocer desde el primer temporal de la noche del 15 al 16 de Agosto de 4 pulgadas por ora, y la Noche del 2 al 3 de Septiembre se aumentó repentinamente a 8 con tiempo bonancible, sin viento ni Mar, atribuyendo su Comandante a sólo el haberse tesado el día antes la Jarcia de Trinquete por estar floja, y el mismo día 3 tuvo el segundo aumento a las 11 pulgadas, igualmente sin causa, que se contuvo en parte por la Providencia de las Cebaderas estropeadas que se le aplicaron por la Proa con las otras providencias que se dieron, siendo esto lo que le movió a continuar el viaje de la Comisión al señalado paraje del Crucero, como antes deja explicado.

10ª Pregunta: Por qué no hizo derrota derechamente a las Islas, como se le prevenía por Real Orden, y apostado en el Crucero de la recalada de las Embarcaciones, así del Comercio de Indias como de todas las que vienen de la América, en cuya situación deba cumplimiento a la Real Orden, auxiliaba al Comercio y, según los vientos, podría reconocer si había enemigos entre ellas, exterminándolos, batiéndolos y apresándolos, con cuyo método no hubiera experimentado el Comercio los perjuicios que publica, y hubiera manifestado inteligencia de verdadero General, y la obediencia en el cumplimiento de las Reales Determinaciones, como lo acreditó Don Juan de Lángara Huarte en el reconocimiento de las mismas Islas cuando fue en busca de la Escuadra de su mando con todas las demás particularidades que son notorias.

  • Respuesta. Que en las respuestas a las preguntas 1ª, 2ª y 4ª tiene dicho y demostrado cuanto corresponde a ésta, y que arreglado a la Real Orden hizo su Derrota a las Islas de Cuervo y Flores, explicando los impedimentos que sobrevinieron y fueron causa de no haberles dado vista, sin embargo de las activas diligencias que hizo para ello, y de haber estado con la Escuadra en su inmediación, sin poder quedar duda de haber cruzado en el verdadero Apostadero y recalada de las embarcaciones, así del Comercio de Indias como de todas las que vienen de la América, por la latitud en donde cruzó, que fue, como tiene dicho, entre los 40 grados 14 minutos y los 39 y 36, y por la longitud tomada desde el Meridiano de la Isla Tercera después de su vista hacia el O. entre los 344 grados 17 minutos y 341 y 53, y reducidos a la Carta del año de 66 son, como queda dicho en el punto 1º, 342 grados 24 minutos y 344 grados 48 minutos, de modo que desde el Meridiano en donde se descubrió la Isla Tercera hasta el de la parte occidental del Cuervo, por la misma Carta, hay 42 leguas, y entre los citados arriba Meridianos, 34, deduciéndose de esto haber cumplido el punto el día 18 a las 6 de la tarde y hallarse cosa de 6 leguas de ella, por lo cual si las Embarcaciones Españolas hubiesen llegado en los días que estuvo allí con la Escuadra, y hecho la Derrota según la que se les da por la Comandancia de Pilotos para el tiempo de Verano era preciso que [se] hubieran encontrado con ella, a menos de haber pasado de Noche sin verse, como tiene dicho antes, y podía también suceder o de haberse pasado en los días 12 y13 de Septiembre que la Escuadra bajó del paralelo señalado para el S. con motivo de la Caza hasta que se volvió a recuperar. Que el haber señalado el Crucero en los 39 grados 55 minutos de latitud, con 15 minutos más N. o más S. y desde la distancia de 7 a 8 leguas del Cuervo y Flores, que viene a ser a su vista hasta la de 40, según expuso a la Junta de Departamento, fue fundado en que en la Real Orden de S.M. no se le prevenía determinadamente la Latitud y distancia en donde debía ser el Crucero, y también con atención a prevenirse en las Derrotas, que cosa de 100 leguas antes de cumplir los puntos las embarcaciones que vienen de Indias se pongan el Paralelo 40 grados escasos y procuren conservarlo hasta descubrir la Isla de Cuervo, cuya respuesta sincera y conforme a los Diarios manifiesta que los perjuicios que el Comercio publica haber experimentado son puramente nacidos de las irremediables contingencias de la Mar y de la Guerra, y no de su conducta, que fue siempre dirigida por las reglas que constituyen un verdadero General, y al puntual cumplimiento con que ha obedecido y respetado las Reales Determinaciones que se le comunicaron, teniéndolo así acreditado en el largo tiempo que sirve, mediante lo cual ha merecido que la piedad de S.M. le haya distinguido. Asentado esto, no puede formársele Cargo por el modo con que desempeño su Comisión Don Juan de Lángara y Huarte, habiendo obrado cada uno en su mando, según los tiempos que experimentaron, los parajes en que se hallaron para aprovecharlos, y los acaecimientos o accidentes que le sobrevinieron, y así, hallándose Don Juan de Lángara al O. de dichas Islas, cuando estaba con su Escuadra bastante distante de ellas a la parte del E., le fueron favorables para descubrirlas los propios vientos que eran contrarios a la Escuadra de su mando para ir a ellas, como es sabido, y sin embargo del notorio celo y talentos de este General en el desempeño de su Comisión, y de la situación en que se halló, no pudo toda su diligencia encontrar los 4 ó 5 Navíos y las Fragatas Inglesas de que se le hace cargo a este Declarante no haber solicitado, ni tampoco alguno de los del Comercio nacional que venían de América, siendo este sobrado convencimiento de que ninguna eficacia alcanza a contener los accidentes y contingencias de la Mar, que no se sujetan al imperio de los Hombres, remitiéndose en todo lo demás a lo que deja dicho antes.

11ª Pregunta: Por qué no prefirió buscar los Enemigos antes de proteger nuestro comercio, siendo precisa máxima de toda la Escuadra batir a los enemigos para protegerle en crucero, y tanto más necesario en el medio para la seguridad de las recaladas y dejar libre el paso a las embarcaciones que de noche o por otro motivo se le propasasen.

  • Respuesta. Que al tiempo mismo de hacer el viaje, yendo en demanda de las Islas del Cuervo y Flores por la parte del N. de las Terceras, iba practicando la diligencia de reconocer los parajes por donde las Embarcaciones que vienen de América hacen su Derrota, que es desde el Paralelo de los 40 grados para más latitud, y en estos mismos era donde suponía deber encontrar las Embarcaciones enemigas, y es lo mismo que expuso a la Junta con fecha de 11 de Agosto del año pasado. Que en la Real Orden se le mandó hacer el viaje a las Islas del Cuervo y Flores, por ser la recalada de las que vienen de Indias, para proteger nuestro comercio con la Escuadra e interceptar el de los Ingleses atacando y batiendo sus embarcaciones de Guerra y Mercantiles que encontrase. Esta es la primera parte de la Real Orden, y a la que como tal juzgo que debía entender en primer lugar. Luego continúa la Real Orden diciendo: Debiendo V.E. ir en la inteligencia de que sobre dichas Islas, y en el intermedio a las Terceras, para proteger su comercio con los Portugueses tienen los Ingleses, según las noticias que últimamente se han tenido, 4 ó 5 Navíos de 60 a 50 cañones, y tal cual Fragata, que igualmente atacará V.E. Que el intermedio de las Islas Cuervo y Flores a las Terceras es el que deja dicho antes en la respuesta a la 2ª pregunta de este intermedio. La Escuadra corrió desde el meridiano de la Tercera para el O. hacia la Isla del Cuervo la distancia de 12 leguas, que con lo que la vista alcanzaba son 18 a 20 leguas, y siendo las que hay desde dicho Meridiano hasta la Costa del E., por la Carta del año 66, 38 leguas, como queda dicho en el punto segundo; rebajadas de éstas las antecedentes quedan 18 a 20 leguas, y es el espacio que se dejó de reconocer en aquel intermedio de unas a otras Islas. El 3 de Septiembre, navegando hacia él con el viento ONO., y por lo tanto contrario para ir a las Islas, como lo había estado el antecedente 2 y el primero, después de una calma, acaeció la Avería del Gallardo y fue motivo de suspender toda Navegación. El 6, en que se volvió a continuar, el viento estuvo por la parte del S. y entonces fue cuando con atención a lo que se había resuelto en la Junta de Comandantes, y a lo que parecía digno de preferencia, resolvió ir al Cuervo en derechura cuando el viento permitiese, sin detenerse ya en acabar de reconocer el espacio de las 18 leguas que faltaban por la parte del E. del Cuervo y Flores, cuya diligencia de intentarla entonces hubiera detenido algunos días con el viento por la parte donde estaba, pues permaneció por la misma hasta todo el día 9, que volvió a llamarse al NO., tiempo en que la Escuadra llegó al Crucero, y le hubiera sido contrario para ir a él entonces si se hubiese hallado a el E. de dichas Islas, siéndole forzoso, o volver a repetir la bordada del N., o mantenerse allí a bordos cortos, y ambas cosas eran contrarias a lo que pedía la situación del Gallardo, no menos que a abreviar la llegada al Crucero de la recalada de las embarcaciones que con el mismo motivo que expresa la pregunta, aprovechando los vientos, que eran contrarios para ir al Cuervo, y las ventolinas. Los días 1º y 2º de Septiembre subió hasta los 41 grados y medio buscando a los Enemigos, como tiene ya dicho antes, por lo que excusa repetirlo, y así, ni dejó de buscarlos haciendo la Derrota, ni de conducirse al Crucero con la brevedad posible, por continuar allí una y otra diligencia, como lo demuestran las latitudes y longitudes por donde navegó y cruzó.

12ª Pregunta: Por qué no fue al Crucero del Cuervo y Flores y reconoció las Islas, satisfaciéndose con sólo entrar en su Paralelo, sin asegurar la realidad, ni si permanecían o no los Enemigos a donde se le noticiaba estaban. Si fue impedimento la situación del Gallardo, por qué no se aprovechó de los fondeaderos de las Islas, según se le prevenía en la Real Orden obviando exponerlo a perecer; pero según parece hizo todo esfuerzo menos acercarse a buscar los Enemigos en las Islas, que ni de los Topes se vieron.

  • Respuesta. Que en las respuestas antecedentes a las preguntas 6ª y 8ª tiene dicho lo correspondiente al motivo de no haber enviado el Gallardo a alguno de los fondeaderos de aquellas Islas Terceras, y también el de no haber avistados las del Cuervo y Flores, que no sólo aseguró por la latitud de ésta en el Crucero, sino es también por la longitud desde la descubierta de la Isla Tercera en adelante, según tiene explicado antes arreglado a los diarios y explicó a la Junta de Departamento, donde se examinaron con la escrupulosidad que es notorio. Que quedó asegurado que los Navíos Ingleses no se hallaban hacia ellas por la parte del O. en la recalada de las Embarcaciones de Indias, no siendo regular que permaneciesen tan atracados a la Tierra que no se alargasen de ella de 4 a 5 leguas, y en esta distancia era forzoso haberles visto de los Topes la tarde del 18 de Septiembre, y se corrobora esto con no haberlos descubierto la Escuadra de Don Juan de Lángara Huarte, que estuvo a la vista de aquellas islas y al S. del Paralelo por donde cruzó esta otra Escuadra. Que por la del E. de dichas Islas no es regular que estuviesen por no ser Derrota ni de aquellas embarcaciones ni tampoco de las Portuguesas, las cuales, para tomar los surgideros de las Terceras desde la Isla de este nombre, van por la parte del S. cuando no lo hacen desde la de San Miguel o Santa María por estar los surgideros de ellas hacia la misma parte del S. y no a la del N. Que además de esta circunstancia, el Bergantín Portugués que se reconoció el día diez de Agosto, nombrado el Santísimo Sacramento, viniendo de la Bahía de todos Santos, había pasado por la vista del Cuervo el 31 de Julio, donde no descubrió los tales Navíos, como tampoco en la Derrota que después hizo, y así todo conviene en que la Escuadra practicó lo que correspondía hasta quedar plenamente asegurado de no hallarse allí, y lo que dejó de practicar fue por no haberle ayudado los tiempos en la crítica circunstancia en que se hallaba el Navío Gallardo, como tiene antes dicho.

13ª Pregunta: Todo el que se aposta en su Crucero de Cabo o Isla reconoce la Tierra para punto seguro desde donde establecer su navegación, si no vio el Cuervo, si no lo reconoció, no puede asegurar de que no estaban allí los Enemigos que se le noticiaba en la orden, abandonando el verdadero Apostadero sin inquirir si estaba o no allí.

  • Respuesta. Que siguiendo el Curso de la Navegación que hizo día por día desde el 26 de Agosto, en que descubrió la Isla Tercera, hasta el 18 de Septiembre en la noche, que dejó aquellos Mares, se convencerán que no perdió alguno, y que todas sus diligencias se dirigieron a descubrir las Islas del Cuervo y Flores, siendo la causa de no haberlo conseguido lo que tiene respondido a la pregunta segunda, sobre vientos contrarios en unas ocasiones, tormentosos en otras, y acontecimientos sobrevenidos cuando fueron favorables, que lo impidieron. Que avistada la Isla Tercera estableció su Crucero muy asegurado del paraje donde la Escuadra estaba, según lo que permitieron los vientos, y los extraordinarios acontecimientos que ésta tuvo, como queda explicado en los puntos antecedentes.

14ª Pregunta: Si Don Juan de Lángara con los Buques de su mando y los Comandantes de las Fragatas que se separaron de su Escuadra tuvieron tiempo para reconocer Islas, con cuyo examen encontraron enemigos, es de persuadir que Don Antonio de Ulloa no los aprovechó para reconocerlas, perseguirlas y batirlas, y apresarlos con las fuerzas mayores que mandaba.

  • Respuesta. Que Don Juan Lángara después de haber abandonado y quemado el Navío el Poderoso, que montaba, por hallarse en la misma disposición que el Gallardo, o a corta diferencia, quedó desembarazado de este cuidado y en libertad de operar sin respecto [sic] ni sujeción a preservarlo de naufragio, cuando por el contrario acá era preciso acomodarse a conservar el Buque peligroso, como tiene ya dicho en las respuestas anteriores. Que las Fragatas quedaron tan sueltas desde que se separaron y sin otra atención que a ellas propias, juntándose en esto en ser más veleras y barloventeadoras que la Escuadra para aprovechar mejor los vientos, como lo expuso a la Junta de Departamento en fecha de 27 de Junio; y por lo tocante a la Magdalena, que se separó del San Julián el 13 de Septiembre en la noche con el viento que estaba NNE. y NE., navegó en demanda de las Islas sin atender a volver al Paralelo del Crucero en los 40 grados, como lo hizo la Escuadra y estaba prevenido a fin de no desampararlo por largo tiempo, y de que las Embarcaciones que llegasen de América pudiesen encontrarla y no peligrar, siendo éste uno de sus principales cuidados y que embarazó que la Escuadra descubriese aquellas Islas entonces, pues si desde luego sin atención a esta importante diligencia la Escuadra hubiese navegado hacia el E. por el Paralelo de 39 grados y medio con aquel viento, esto es, 10 leguas al S. de la recalada de las Embarcaciones de Indias, también hubiera visto la Isla de Flores, pero que esto no era estar en el Crucero de la recalada en proporción de auxiliarlas y en disposición de perseguir a los Enemigos que las esperasen en la misma recalada; que este cargo sería justo cuando hubiese practicado así, porque en realidad hubiera estado fuera del Crucero de la recalada. Que ignora los Enemigos que la Escuadra de Don Juan de Lángara y Huarte y las dos Fragatas persiguieron estando a la vista del Cuervo y Flores, pero que con su Escuadra persiguió la que se le presentó, y que esta diligencia fue otra de las casuales que le embarazaron dar vista a las referidas Islas cuando el tiempo era aparente para ello, como tiene explicado antes, en las respuestas a la Pregunta 2ª.

15ª Pregunta: Por qué no arribó y acompañó con la Escuadra el día 11 de Septiembre la Fragata Magdalena en la Caza que ésta dio para más breve rendir al Enemigo que perseguía, y para haber obviado por este medio su separación.

  • Respuesta.Que desde que empezó la Caza el día 11 de Septiembre hasta el 12 al mediodía fue en seguimiento de los Navíos Diligente, San Julián, y la Fragata Magdalena con fuerza de vela hasta disminuir de 39 grados 50 minutos de latitud, en que estaba a 39 y 38, entendiéndose esto gobernando por rumbo oblicuo al ONO. y después al SO., en que se anduvieron más de 20 leguas; que la mañana del 12 no se descubría de los topes la Magdalena, ni menos la que se perseguía, viéndose sólo las otras dos velas. Que la misma mañana, a las 7 y media, se había descubierto una vela al N., esto es, por el Paralelo del Crucero, la cual hacia derrota para el E., y no se hizo diligencia de ir hacia ella por no dejar de continuar la que se practicaba hacia los Buques de la Escuadra. Que al mediodía, considerando de una parte que el Crucero estaba enteramente abandonado, que la división de la Escuadra sería más completa cuanto más permaneciese para el S., y más expuesto a no volverse a incorporar en el paraje de reunión que tenía señalado a la Escuadra dentro del mismo Paralelo del Crucero si permanecía yendo para el S., determinó a aquella ora empezar a ceñir el viento para restituirse a él y esperarlos en dicho paraje, por ser esto lo más seguro como lo practicó, según les estaba prevenido en las instrucciones y órdenes que les tenía dadas para tales casos, y que por esta razón, no menos que para que las Cazas se siguiesen todo lo posible, sin peligrar en ellas la Fragata que las fuese dando, destacaba un Navío, bajo cuyas órdenes debían ir aquéllas, como en esta ocasión estaba el San Julián, siendo lo mismo que practicó el Teniente General Don Luis de Córdova en la Escuadra de su mando. Que si la Fragata llegó a alejarse tanto, por su mayor andar, del San Julián que este Buque quedase separado de ella, no le podía servir de auxilio en caso que las fuerzas o ventajas de la enemiga fuesen superiores a las suyas. Pero que sobre todo se tendría por cosa muy extraña y digna de todo reparo en las disposiciones de un General que el solo motivo de la huida de una embarcación pequeña enemiga para la parte del S. inhabilitase toda su Escuadra por varios días para el desempeño de su principal comisión, llevando la fuerza del Crucero a parte desde donde necesitase después mucho tiempo para volverlo a tomar, en cuyo intermedio podrían sobrevenir muchos desastres en él con las Embarcaciones que llegasen de Indias, atacadas por otros Corsarios, lo que en algún modo se verificó porque a las 2 y media de la tarde el mismo día 12 se descubrió 2ª embarcación hacia la parte del N., que era el mismo paralelo del Crucero, y estando el viento por la misma, aunque se hizo diligencia de ir a ella y se le hicieron señales de reconocimiento, atravesó, como la de la mañana, sin corresponderlas, ni poderla reconocer, ni menos para batirla, si fuese enemiga. Que los Navíos Diligente y San Julián se incorporaron, y que si la Fragata suspendió la Caza después de más de 20 leguas de haberla seguido, en esto mismo se reconoce que no le daba alcance a la enemiga para obligarla con el fuego a detenerse o quitarle el andar con las roturas de las velas y maniobras, proporcionando en este modo que el San Julián llegase, y a su continuación que se acercasen los demás Navíos, o a lo menos hasta ponerse en proporción de descubrir la del Fénix, que es lo mismo que expuso a la Junta de Departamento con fecha de 21 de Junio.

16ª Pregunta: Por qué después de habérsele separado la Fragata no fue con la Escuadra al Cuervo, que era el punto de reunión, y para ello tuvo tiempo oportuno, como lo ejecutó la Fragata el día 14 y no la encontró, y sí a dos Navíos, dos Fragatas, una Balandra y un Bergantín enemigo, fuerzas superiores para la Fragata y muy inferiores a la Escuadra que mandaba.

  • Respuesta. Que la Fragata Magdalena cuando quedó separada del Navío San Julián no fue al Cuervo en los 40 grados con corta diferencia de minutos, sino a la Isla de Flores, por menos de 39 y medio, donde encontró los Buques que se refieren, que a haber hecho diligencia de ir al Cuervo por su paralelo hubiera encontrado con la Escuadra, que le estuvo esperando al Pairo en el paraje de reunión la tarde del 15 hasta la mañana del 16, como tiene dicho en la respuesta anterior, pues con los vientos que reinaron del NNE. hasta el 14 no pudo llegar ésta a dicho Paralelo, bien que desde el 13 estuvo en su inmediación, en 39 grados 42 minutos, y en proporción de descubrir las Embarcaciones que pasasen por el de la recalada, que era todo el fin, como deja dicho antes, y que si no lo hubiera practicado en este modo, y hubiese permanecido a la parte del S., como lo hizo aquélla, con fundamento podría hacérsele cargo de haber abandonado el verdadero Crucero, y en él la protección de las embarcaciones nacionales que vienen de Indias y el Corso contra las Enemigas que las esperasen para tomarlas; de todo lo cual informé a la Junta de Departamento, que los dos Navíos, dos Fragatas, una Balandra y un Bergantín que la Magdalena avistó sobre dicha Isla no eran enemigas, como se supone en la pregunta, sino la Escuadra del Brigadier Don Juan de Lángara y Huarte, como lo demostró a la misma Junta de Departamento, confirmándolo esto la señal que hizo el día 16 de Septiembre a las 11 y media del día, estando dicha Escuadra en 39 grados 30 minutos y la Fragata a la parte del SO. de ella y a su barlovento en 344 grados 33 minutos de longitud, cuya señal fue una Bandera roja en el tope del Trinquete, y después, yendo de huida, largó Bandera Holandesa a Popa, la que arrió y volvió a izar en la misma hasta otra azul; todo lo cual corresponde a las señales determinadas para los Buques de la Escuadra entre sí, en el día Jueves, que fue el mismo del encuentro, lo que comprobó la Junta de Departamento. Que la llegada de esta Fragata a la vista de la Isla de Flores el día que se refiere, es la prueba más convincente de haber estado la Escuadra en su verdadero apostadero y distancias de dichas Islas que quedan referidas, porque habiéndose separado del San Julián la noche del día 13 no se hallaba muy distante cuando las pudo avistar en tan corto tiempo como el 16, habiendo estado el viento por el E., que era contrario, y calma el 14 y parte de 15, convenciéndose en ello cuanto lleva dicho en las respuestas anteriores, tocantes a la inmediación en que la Escuadra llegó de aquellas Islas, para es donde cruzó y diligencia que hizo para cumplir perfectamente las Reales Órdenes.

17ª Pregunta: Por qué habiendo cumplido el Comandante de la Mónica con la instrucción que le tenía dada para que en caso de separación fuese a las 24 horas de ella a reconocer la Isla Tercera y pasarse seguidamente al paralelo de 39 grados 30 minutos, de siete a ocho leguas al O. del Cuervo y Flores, paraje donde debía recalar respecto a ser el de su destino, no fue con su Escuadra como lo ejecutó dicho Comandante y logró avistar el 20 de Agosto la Isla Tercera a unas 10 leguas, donde se mantuvo cerca de 3 días, hasta el 24 del mismo mes, que le permitieron los vientos ir al Cuervo, avistando el 26 la Graciosa y el 28 el Fayal a distancia de 8 a 9 leguas, persiguiendo a un Corsario enemigo que daba caza a una Embarcación Española, y hubiera conseguido dar cumplimiento a su Comisión evitando la pérdida de la Fragata y, tal vez, haber logrado encontrar la Corsaria enemiga que ésta persiguió y a la Inglesa que la batió, y proporcionándole apresar ambos Buques.

  • Respuesta. Reproduciendo lo mismo que expuso a la Junta de Departamento con fecha del 27 de Junio del próximo año pasado, que el 16 de Agosto, habiéndose encontrado al amanecer separado de los demás Buques de la Escuadra, y haciendo juicio que podían haber quedado atrasados por averías que les hubiesen sobrevenido, como también las hubo en el Fénix, retrocedió por el rumbo opuesto que llevaba en su solicitud, porque el viento lo permitía, y a la primera hora de haber navegado en este modo descubrió dos de los Buques, dando vista a otros dos a la segunda hora, y reconociendo que faltaba la Santa Mónica continuó el mismo rumbo el resto de aquel día y el siguiente hasta llegar al paraje en donde estuvieron todos unidos al anochecer del día 15 antes que el temporal tomase toda la fuerza; que allí fue preciso mantenerse al pairo, interin que se hicieron 4 Ruecas a las dos Vergas mayores del Fénix, y que se solicitó madera entre los otros Buques para completarlas por no haber suficiente en el propio Navío; que concluida esta diligencia continuó en demanda de la Isla Tercera desde el 19, con ventolinas muy flojas y vientos contrarios hasta el 26, en que se dio vista a dicha Isla por la Fragata Magdalena; que a las 6 horas no cabales de esta descubierta empezó el segundo temporal por el O., ONO. y NO., llegando hasta el N, que siendo tormentosos contrarios para la Derrota y de travesía sobre las Islas, fue preciso alargarse algo de ellas hasta que el tiempo abonanzase, y volviendo entonces a seguir en demanda de las Islas del Cuervo y Flores, por lo ordinario con vientos muy endebles y calmosos, cuando eran favorables, o contrarios, cuando tenían algún tesón, sobrevino el Accidente del Gallardo el 3 de Septiembre, que causó tercera detención hasta el 6 después de mediodía, que se continuó navegando con el viento por el S. en demanda del Crucero, según tiene expuesto en las respuestas a las preguntas anteriores; que estando en el Crucero y yendo el día 11 de Septiembre en Demanda de las Islas del Cuervo y Flores para buscar a la Santa Mónica y a los enemigos, hallándose sólo a 17 leguas de ellas, y con vientos favorables, para avistarlas a lo más largo el 12 o 13, permitiéndolo el viento, se apareció la Fragata Enemiga a que se dio Caza, que por haber tomado la huida la vuelta del ONO. volvió a retroceder la Escuadra como otras 20 leguas más, descaeciendo asimismo para el S. por haber tomado este segundo rumbo en la Noche la Corsaria; que habiendo vuelto al Crucero el día 14 navegó hacia dichas Islas, practicándolo el 18 por los 39 grados 44 minutos hasta sus inmediaciones, reconociendo por el S. y por el N. los parajes señalados para reunión de la Santa Mónica y de la Magdalena, pero que no las descubrió, ni podía ser, porque la primera había tenido el combate con la Inglesa y sido apresada a la parte del E. de ellas desde el día 14, y la segunda, habiendo navegado por menos latitud que la de 39 grados y medio y encontrado con la Escuadra del Brigadier Don Juan de Lángara Huarte, que tuvo por Inglesa el 16, desde aquel mismo empezó a navegar para España, haciendo su Derrota por el S. de la Isla de Flores, entre ella y el Fayal, mediante lo cual era imposible encontrarlas en los parajes de reunión, donde las solicitaba, habiéndolo sido también que la Escuadra llegase a ellos con más anticipación por los accidentes que deja explicados haberle sobrevenidos. Que la Santa Mónica, hallándose sola después de la separación, y siendo de más vela que el todo de la Escuadra, pudo con más anticipación llegar a uno y otro paraje, lo que para ésta era más difícil, debiendo detenerla las incomodidades de todos los Buques que la componían, navegando con propósito al de menos vela, y en las Noches no podía aprovechar todos los vientos por el peligro de dividirse, como es bien sabido por los Marinos, y así el 24 de Agosto, cuando la Santa Mónica dio vista al Cuervo, la Escuadra aún no la había dado a la Isla Tercera, que el 26, cuando ésta la descubrió, aquélla se hallaba a la vista de la Graciosa, que dista sólo 14 leguas, y esta corta distancia fue bastando para que no se incorporase en aquella ocasión, comprobándose en ello las contingencias del Mar, y que no bastan las diligencias más activas para embarazarlas.

18ª Pregunta: Por qué no mantuvo en su conserva la Urca Santa Ygnes, que se le incorporó el 22 de Agosto a su regreso de Manila, o la convoyó a algún fondeadero de las Islas, con arreglo a la Real Orden, para que se valiese de ellas en cualquiera incidente que lo hallase así por conveniente, faltando a los Artículos de las Ordenanzas Generales de la Armada 17 y 18, folio 51, parte 1ª, satisfaciéndose contra toda regularidad y conducta con advertir a don Fernando Reynoso la novedad de la Guerra, para que continuase con cuidado su Navegación, como si una Urca pudiese evitar el encuentro con otras embarcaciones, asunto difícil a cualquier y que no puede remediarlo por sí sola hallando otras de mayor andar, como sucedió a los dos días, que encontró con Enemigos y resultó su pérdida.

  • Respuesta. Que reverencia con el profundo respecto [sic] que es debido a las órdenes de S.M. para no alterarlas de arbitrio propio sin facultades para hacerlo ni faltar a su más exacto cumplimiento; que en la que se le dio se le prevenía lo que debía ejecutar, y deja dicho en los puntos 1º y 2º, sin decírsele que recibiese en su conserva las embarcaciones nacionales, de Guerra o mercantiles, que encontrase, ni tratarse en modo alguno de ellas; que tampoco se le previno que las condujese a los surgideros de aquellas Islas, y sí sólo por lo tocante a los Buques de la Escuadra si por algún golpe de viento u otra casualidad o urgencia tuviese precisión de entrar en algún Puerto de aquellas Islas portuguesas, podría ejecutarlo, para remediarse con la mayor presteza y volver a la Mar a apostarse en su señalado crucero el tiempo que te permitan los víveres, y venir después haciendo el Corso hasta Cádiz; mediante lo cual este permiso habla sólo con los Buques de la Escuadra en caso de alguna urgencia en ella, sin dar a entender que se extiende a otros que se hayan de agregar a ella, ni que la voluntad de S.M. sea que lo ejecuté. Que los Artículos de la Ordenanza de la Armada citados en la pregunta no ordenan que una Escuadra que lleva Comisión determinada para hacer el Corso se ponga en términos de inhabilitarse en su cumplimiento por recibir en su Conserva las Embarcaciones que encuentre, cuando en la misma Comisión no se comprende orden expresa que los disponga, porque el 17 trata de tomar bajo de la protección los Vasallos de S.M. en cualquier paraje y ocasiones, defendiéndolos contra todo insulto, agravio o violencia, practicando cuanto de ellos dependiese para asegurar su legítimo comercio, y el 18, de recibir en la conserva todas las Embarcaciones de Vasallos o aliados que encontraren en los Puertos o navegando y quisieren seguirlos, haciéndoles buena custodia hasta ponerlos en seguridad cuando esto pueda lograrse sin conocido atraso de su Expedición, ni pudiera ser en otro modo a menos de contradecirse la Ordenanza, mediante que otros Artículos prohíben a los Comandantes de Convoy que hagan fuerza de vela, aunque sea por algún motivo de conveniencia o utilidad del servicio de S.M., de donde pueda resultar la separación de los Buques del Convoy. Así lo explica el 29, título 5, tratado 5, folio 326, y que atiendan más a solicitar las ocasiones de combatir que a la conserva de sus convoyes, y a su seguridad, artículo 30, título 4, tratado 6, folio 398. Que la Escuadra de su mando llevaba la Comisión para hacer fuerza de vela en las Cazas que se le proporcionasen y para solicitar ocasiones de combatir, pues iba determinadamente a buscarla con los 4 ó 5 Navíos, y algunas Fragatas enemigas, y con los Corsarios que descubriese, y así, o había de faltar a estas diligencias, tomando la Urca en su Conserva, y resultaría contra el Cumplimiento de la Real Orden, o había de abandonar la Urca luego que descubriese cualquiera vela, y faltaba entonces a los expresos artículos de la Ordenanza, quebrantando igualmente el 18, pues la condición que éste pone explica no hablar con los que llevan determinada Comisión que se oponga a la de tomar Convoy de otros Buques, previniendo que los Comandantes de Escuadra o de Navíos sueltos serán juzgados en Consejo de Guerra según las resultas, de suerte que las intenciones y buena disposición del Comandante no le salvaría libertándole del grave Cargo cuando las resultas no saliesen correspondientes al buen fin que en ello llevase; y este es el caso preciso en que sucedería así, porque la Urca, después de haberla agregado a la Escuadra podía separarse de ella y caer en manos de Enemigos, como sucedió a la Santa Mónica, y como se separó la Magdalena; en aquellos Mares podía experimentar descalabros al modo que los tuvo la Escuadra conducida a uno de los surgideros peligrosos de aquellas Islas, en donde siempre están los Buques con las maniobras en la mano para ponerse a la vela cuanto apunta la travesía y es la primer prevención que los Prácticos hacen a los que fondean en ellos; estaba expuesta a sucederle lo mismo que al Buen Consejo y ha sucedido a otros muchos, y no estaba tampoco libre, por ser surgideros en costas abiertas de que los Enemigos atropellándose respecto del Paraje la tomasen con violencia, que en cualquiera de estos casos se le juzgaría como previene la Ordenanza por las resultas, agravando la falta la Real Orden, por no estar prevenido en modo alguno que la retuviese a ésta ni a alguna otra embarcación de las que encontrase, ni que las condujese a aquellos surgideros, cuya deliberación es asunto de primera consideración y gravedad por las consecuencias; que la Urca, habiendo salido de los peligros de Corsarios en la travesía de los Mares contiguos al Cuervo y Flores, y hallándose ya a la parte del E. del meridiano de la Tercera en 41 grados y minutos, distante de ella 40 leguas y del Cuervo 50, parecía irregular hacerla retroceder para llevarla a donde estaban los peligros, a donde era indispensable que estuviese con uno continuo, agravándosele más los Cargos que se le formarían por el conjunto de estas circunstancias que si en la Real Orden se le hubiese prevenido lo correspondiente para conducir las Embarcaciones que encontrase a alguno de aquellos surgideros. Cesaban entonces estos reparos, e igualmente los demás que se pudiesen ofrecer sobre ello, quedando todo salvado con el soberano precepto que lo disponía mediante estar resguardado de las resultas, no sucediendo así si lo hubiese determinado por deliberación propia, pues en la Real Instrucción no sólo no se explica cosa alguna que indicase ser ésta la voluntad de S.M., pero ni aun se le confirieron facultades para arbitrar por sí en los casos no prevenidos que podrían sobrevenir, ni para proceder según lo tuviese por conveniente en los que ocurriesen de ésta u otra naturaleza; que por el contrario en la inscripción de la Cubierta que encerraba la Real Orden se le daba a entender ser la mente de S.M. que no debía detener las Embarcaciones que encontrase, diciendo que la Instrucción era reservada sólo para él, y que avisase el recibo también reservado en primera ocasión, cuya condición no podía verificarse en otras embarcaciones que en las Españolas que encontrase transitando por allí, que serían varias, denotándolo así la circunstancia de dar el aviso por la primera, debiendo suponer al mismo tiempo que esto no podía entenderse por los Correos, lo uno, porque lo hubiera explicado así para quitar equivocación con las de Comercio o de Guerra, y lo otro, porque no siempre dan vista a las Islas del Cuervo en tiempo de Verano, pasando por más latitud para abreviar sus viajes. Que siendo las instrucciones el Norte y Guía para el gobierno de los Comandantes, no es regular formales Cargos sobre asunto no comprendido en ella, contrario al cumplimiento de su Comisión y a lo prevenido en los Artículos de Ordenanza que deja citados. Que su cuidado y esmero fue durante la Campaña el cumplimiento de las Reales órdenes, que arrostrando los peligros del Gallardo y el deplorable estado en que se hallaba la Escuadra, contra lo determinado por la Junta de Comandantes, continuó en la Comisión, a vista de lo cual no hubiera dejado de conducir la Urca a el surgidero más inmediato de aquellas Islas si hubiese encontrado en la Instrucción el más ligero indicio que se lo indicase, dándole a entender ser esta la voluntad de S.M., que tenía el ejemplar reciente de la separación de la Santa Mónica y del primer temporal, en que toda la Escuadra experimentó los descalabros que le sobrevinieron, y que la Urca no estaba exenta [sic] de padecerlos, cuyos accidentes serían otros tantos Cargos por haberlo deliberado sin orden para ello, de arbitrio propio.

19ª Pregunta: Siendo el objeto de la Comisión perseguir a los Enemigos y proteger al comercio, cómo al 22 de Agosto, que avistó una Fragata de 28 cañones que dice tuvo por la Astrea no hizo la diligencia que eran de su obligación para reconocerla con certeza, y siendo así, protegerla agregándola a la Escuadra o convoyándola a alguno de los fondeaderos de las Islas para surtirla allí de víveres, o de algún otro socorro que necesitase, y era dable así fuese mediante su largo viaje, y máximo cuando para esto tenía Real Orden, y por el contrario, para batirla y apresarla, siendo contra toda pericia y conducta de corso no haberla hecho dar caza, sin que esto aluda al riesgo de separación, pues en tal caso fueran escusadas Fragatas y demás Buques menores en una Escuadra, a menos que en dicha Real Orden no expresaba fuese al Cuervo sin detenerse en Cazas, ni Combates, expresión que sólo se hace cuando importa la brevedad de una diligencia, y si por el contrario se le mandaba hiciese dicho rumbo interceptando, batiendo y apresando cuantos Buques enemigos se le presentasen, de que se deduce debió haber hecho corso dando Caza a cualesquier velas que avistase en proporción para ello, lo que no ejecutó.

  • Respuesta. Que en la conclusión de esta pregunta está su propia solución, diciendo que debió haber hecho Corso dando Caza a cuantas velas avistase en proporción para ello, porque en este modo lo practicó, y la del día 22 no lo estaba, como explicó en el Diario que remitió al Excmo. Señor Ministro de Marina luego que llegó de su viaje, y a la Junta de Departamento en la respuesta que dio sobre este Cargo o pregunta, porque la descubierta fue a las 5 y cuarto de la tarde, de modo que desde aquella hora hasta ponerse el Sol y empezar anochecer sólo había como una hora y cuarto de tiempo; la vela demoraba en 3er cuadrante y el viento era de aquella parte, su distancia todo lo que alcanza a descubrirse de los topes, debiendo conceptuar de 6 a 7 leguas, con que en el corto tiempo que restaba de día era imposible ganarle el barlovento para no perderla de vista luego que se pusiese el Sol, y lo que se conseguiría sería dividir la Escuadra o a lo menos la Embarcación o Embarcaciones que hubiesen sido destacadas en demanda de ella, perdiendo algunos días en volverla a solicitar para incorporarse, de que hubiera resultado un verdadero y legitimo Cargo por haber destacados los Buques en hora tan expuesta, sin probabilidad ni aun remota de conseguir el fin de dar alcance a la vela avistada con 6 ó 7 leguas de barlovento. Que la práctica general de todas las Escuadras que van de viaje con determinado destino, y la que mandó observar el Teniente General Don Luis de Córdova yendo con el mando de la Escuadra para el Cabo de Finisterre, fue que antes de anochecer se retirasen los Navíos y Fragatas batidoras, aunque fuesen siguiendo a alguna Embarcación extraña, para incorporarse, a fin de no separarse, por el peligro que en ello corrían y para no causar demoras a la Escuadra. Que esa misma práctica observó, mayormente conociendo, como lleva dicho, no ser posible aproximarse a ella lo suficiente para reconocerla y mucho menos para seguirla en la noche. Que no sabe como pueda asegurarse ser Fragata de 28 Cañones; que en el Parte que dio de la descubierta de Velas no dice que la tuvo por la Astrea, sino que se hizo juicio que pudiera serlo, y esto dimanó del encuentro dos horas antes con la otra Embarcación que después se supo ser la Urca, por el paraje donde estaba y por el tiempo. Que esta embarcación que desde los topes no se podía discernir si era grande o pequeña, como sucede con todas en tales distancias, que en aquel paraje y altura no era regular que fuese corsaria, y eso mismo se confirmó después que llegaron los Oficiales de la Urca Santa Ygnes a este Departamento, los cuales han dicho haberla tenido a la vista desde la mañana de aquel día, ser de 2 Palos, pequeña, y llevar su viaje seguido, sin haber hecho maniobra que indicase ser sospechosa. Que en las preguntas antecedentes se le hace Cargo sobre la separación de la Magdalena, sin consideración a haber ido en su seguimiento desde que principió la Caza el día 11 de Septiembre hasta el mediodía del 12 con el fin de evitar la separación y de auxiliarla sin embargo de estar ya fuera de la vista del Fénix, y en otra pregunta, por el contrario, se le hace de no haberla destacado con conocimiento pleno, de que se había de separar en la noche, cuya discordancia destruye uno y otro cargo, y hace patente que su conducta fue arreglada y conforme a lo que correspondía en ambos casos. Que a la hora que se avistó esta Embarcación, además de ser tan adelantada, como queda dicho, la Escuadra se hallaba atravesada, acababa de ponerse en el Agua la Falúa, que se estaba armando y esquifando para que el Mayor pasase a reconocer la Embarcación a que se había dado alcance, por cuya razón, o se había de abandonar esta diligencia para que la Escuadra entera volviendo a marear hiciese la de continuar ciñendo el viento, como lo practicaba antes, o se había de destacar uno o dos Buques permaneciendo ésta al Pairo con ciencia fija de que se separarían y tal vez no se llegarían a incorporar hasta llegar al Crucero, según los accidentes que a unos y otros les aconteciesen después de separados. Que conforme a la Real Orden, y a tenor de la pregunta, dio caza a cuantas Embarcaciones avistó en proporción de hacerlo durante el viaje, dejándolo de hacer con las que se hallaban totalmente extraviadas sin apariencia de darles alcance o de poderles salir al encuentro. Que en el punto 10 se intenta hacerle Cargo de las pérdidas sobrevenidas al Comercio, suponiéndose haberse originado, por no haber estado en el Crucero de la Recalada para libertar las Embarcaciones del Enemigo, y en éste se le forma de no haber practicado una caza impracticable por la hora del día y por el mucho barlovento en que estaba, con ciencia fija de no poder darle alcance, para seguirla con peligro de la separación de la Escuadra y de la mayor dilación en ir al Crucero, diciendo la pregunta que no instaba tanto, que no debiera haber dado caza y hecho diligencia de batir y apresar cuantos Buques enemigos se le presentasen, como si se le hubiese presentado alguno en proporción y hubiese dejado de hacer la diligencia, de suerte que en este punto, a no ser lo que explica la conclusión de la pregunta, parece que la ida al Cuervo a la recalada de las Embarcaciones que vienen de Indias no era asunto que urgía, siendo preferible a él el dar la caza a cuantas embarcaciones se avistasen hasta desengañarse de no estar en proporción de conseguirlo, sin reparo en lo que por este motivo se extraviase la Derrota, en lo que con él se retardase la llegada al Crucero, en el peligro de dividirse cuando se comprendiesen a la entrada de la noche, con las demás consecuencias que se seguirían; y en el 7 se forma el Cargo por el modo contrario, en la suposición de no haber estado en el verdadero Crucero, como asunto principal de la Comisión.

20ª Pregunta: Por qué habiéndose presentado a la Escuadra el 29 de Julio una tan oportuna ocasión como la de descubrir un Convoy que le iba acercando por la Popa no viró sobre él y lo reconoció mediante tenerle ganado el Barlovento, y que la Fragata Magdalena se hallaba atrasada a media distancia de él, proporcionándosele por medio de ésta, si le hubiera hecho para ello señal, haberle reconocido y avisado de sus fuerzas, sino muy al contrario le mandó se le incorporase, con lo que alargó la distancia, se hizo sospechoso e hizo más difícil la Caza, que debió dar con todo esfuerzo desde que la avistó, sin aguardar a que el Convoy virase de bordo para emprenderla.

  • Respuesta. Que a la Junta de Departamento en la respuesta que dio sobre este Cargo dijo y demostró que las Velas avistadas el día 29 de Julio no eran de convoy, ni pudo tenerlas por tales según las circunstancias que observó en ellas desde su descubierta, siendo éstas: 1º, su mucho andar y la igualdad de la vela, pues con el viento endeble que había, sólo de una milla en los principios y dos después, le entraban a la Escuadra del Rey visiblemente, observándose la misma ventaja cuando ésta fue en su seguimiento dándole caza, lo que no es regular con Buques de Convoy, que por su construcción, aparejo y carga son por lo regular de menos vela que los de Guerra; lo 2º, por el paraje en donde se hallaban, a 22 leguas al O. del Cabo de Tirriana [sic] en el de Finisterra, y por la Derrota que hacían siguiendo a la Escuadra al SO. primero, con el viento ONO., después al ONO. con el viento SO., pues a ser convoy hubiera hecho la Derrota correspondiente a su viaje para el N. o para el S., siendo los vientos aparentes para ello, y no se entretendrían perdiendo tiempo en hacer rumbo extraviado sin necesidad, ni se expondrían en aquel paraje propio de Corsarios a perder parte de las Embarcaciones y aun a que la misma Escuadra que perseguían los tomase todos. Lo 3º, el número de velas, siendo sólo 9, y con la del 3er cuadrante, que desde que el viento empezó a tesar se les incorporó, 10. La clase de estas velas, en cuyo número se habían reconocido ser 2 Navíos grandes, el del Tercer cuadrante de porte de 80 Cañones, el otro de 2 Puentes, dos Fragatas que estaban con éste, dos Balandras algo más atrasadas que ellos, y los cuatro restantes de tres palos; cuyas circunstancias eran propias de Escuadra y en ningún modo de convoy, no siendo regular ni el andar, ni el rumbo que hacían, ni menos que para los cuatro Buques más distantes, que eran los que no se reconocieron, y las dos Balandras, se emplearon los dos Navíos de porte y las dos Fragatas. Mediante esto, no era regular que formase juicio contra lo mismo que tenía a la vista, de que fuese convoy, no dando señales para semejante juicio la ventaja con que se le empezaron a acercar desde la primera descubierta, como queda dicho; que a la hora en que se descubrieron estas velas del Fénix, y a la que el San Julián hizo la señal, el viento no se había afirmado y no había barlovento seguro, porque habiendo empezado la ventolina muy floja, después de una Calma de casi toda la noche, a las 7 de la mañana por el ONO. permaneció de este modo hasta las 9 del día y algo más, con la cual apenas gobernaban los Navíos, y fue rodeando al SO. empezando a tesar a aquella ora algún poco sin fijeza. Que no habiendo seguridad que permaneciese por aquella parte y bastante señales de que continuase la vuelta por el S., no era regular tomar el otro bordo, porque de suceder aquello quedarían las velas contrarias con el barlovento, y estando reconocido su mayor andar, sería inevitable el empeño con ellas, siendo esto lo que tiraba a evitar antes de estar asegurado de las fuerzas del todo de la Escuadra; que la poca subsistencia del viento se confirmó dentro de pocas oras, pues no permaneció por el SO. y a las 6 de la tarde volvió a retroceder al ONO. y N., pero que esto ni se savía antes, ni aun cuando se tuviese ciencia fija de ello era suficiente para lograr con la virada y el barlovento ir a atacarlas y batirlas, pues con la ventaja de la vela que tenían era regular que viendo virar la Escuadra hacia ellos lo practicasen también, para incorporarse con los restantes que venían para su Popa, siendo esta consideración una de las que se tuvo presentes para no practicar la virada, a fin de dejarlos venir y ver si en este modo lograba reconocer los que faltaban, o si con el empeño que parecíase le proporcionaba batirlos con ventaja, como ha sucedido en algunas ocasiones. Que es cierto que a haber tenido un viento entablado sin mudanza y seguridad, de que ellos continuarían sin hacer novedad, la diligencia que correspondía era la que previene la pregunta, y que así lo hubiera ejecutado, porque entonces no había riesgo en ello, proporcionando la distancia a que llegase la Escuadra a la mayor vela de aquellos. Que por esta misma mudanza del viento y de la vuelta que iba haciendo, la Magdalena, atrasada y a sotavento, le pareció indispensable hacerle señal para que se incorporase, poniéndola a cubierto de peligro, pues como expuso a la Junta de Departamento en la respuesta que dio a este Cargo, con fecha de 26 de Julio del año pasado, no había seguridad de que repentinamente no sobreviniese otra Niebla tan densa y obscura, como la del día antecedente y los que le habían precedido, o calmas semejantes a las que había experimentado en ellos, en cuyo modo peligraba mucho estando separada. Que a la distancia en que se hallaba esta Fragata, 1 y media a 2 leguas entre la Escuadra y las velas extrañas, era muy proporcionada para reconocerlas y haber hecho las correspondientes señales, puesto que desde la Galería del Fénix se reconocía distintamente ser las 3 más inmediatas un Navío grande y dos Fragatas, el del 3er cuadrante el mismo que en el día antecedente se había seguido en cuanto lo permitió la Niebla y se juzgó del porte de 80 Cañones desde algo más arriba; que las 2 que le seguían eran Balandras, y las 4 últimas parecían Buques de tres Palos; todo lo cual indicaba, como expuso a la Junta, ser Escuadra de más fuerza que la de su mando, cuyo concepto afianzado por las particularidades antedichas obligó a proceder con precaución en aquellos principios, sin ser extraño que después de pasado el lance, y reconocido el retroceso del viento, no menos de lo que fue acaeciendo, se juzgue que hubiera sido mejor virar de bordo sobre ellos desde luego que se entabló, pero que para ello era necesario estar asegurado de que no continuase la vuelta para el S., y que las mismas velas, si en realidad no se considerasen con fuerza superiores a la de la Escuadra, al ver virar a ésta lo ejecutase también, adelantando la fuga, siendo regular que lo practicasen así.

21ª Pregunta: Si de aquellas velas estaban 4 a muy larga distancia de las otras que se acercaban, por qué no cargó desde luego sobre ellas, pues aun cuando todas fuesen de Guerra no podía presentársele ocasión más oportuna para batirla por partes, y ya que no lo ejecutó así, por qué no formó un juicio marinero para encontrarlas y batirlas por la mañana, objeto primario de su Comisión, permitiendo quedarse, por no haberlas reconocido, sin saber si eran de Escuadra o Convoy, no sirviéndole más que de aparente disculpa al juicio que formó de si sería la Escuadra de 15 Navíos de Guerra que en la Real Orden de 15 Junio se le tenía avisado a Don Luis de Córdoba, que habían salido de Torvay el 24 de Mayo con Convoy; respecto habían mediado ya 2 meses y cinco días, motivos suficientes para conocer que no podían hallarse en aquel paraje a más que las velas avistadas no eran tantas.

  • Respuesta. Que aunque cuatro velas estaban más distantes que las otras cinco, no era tan larga la distancia que si la Escuadra hubiese hecho rumbo para ponerse por el través de las más adelantadas, las otras no hubiesen podido, con la ventaja de su andar, llegar a incorporarse antes de haberlas batido y rendido, como dice la pregunta, fuera de que según queda dicho en la respuesta antecedente, buen cuidado hubieran ellas tenido de irse a incorporar luego que viesen virar la Escuadra, no siendo verosímil que un Navío y 2 Fragatas, siendo más veleras que la Escuadra del Rey, la esperasen, omitiendo la incorporación con los suyos, no pudiéndoseles ocultar el peligro a que se exponían, y aun sin este motivo lo ejecutaron cuando llegaron a distancia proporcionada de reconocerlas. Que en su respuesta a la Junta de Departamento con fecha de 26 de Julio no dijo que fuesen precisamente 15 Navíos; que en Real Orden de 19 de Julio se le anticipó noticia al Teniente General Luis de Córdoba que en 24 de Mayo habían salido con un convoy del Puerto de Torvay para conducirlo hasta dejarlo rebasado de las Islas de Flores y volverse de allí, sino que esta noticia, con la que había dado el Queche Holandés el día 26 de haber encontrado varios Navíos de Guerra Ingleses sobre el Cabo de Ortegal, apoyada de lo que había reconocido en los Buques y demás circunstancias, no podía menos que observarlos hasta reconocerlos, todo para proceder con acierto; que aunque habían mediado dos meses y 5 días desde su salida no sería extraño que tardasen este tiempo en rebasar los Azores con el Convoy y volverse de allí, dependiendo el más o menos tiempo de estos viajes de lo favorable o contrario de los vientos, habiéndose visto en ocasiones tardarse 30 ó 40 días en venir desde la Isla de Santa María y de la del Cuervo a las costas de Europa cuando reinaban los levantes, y otros tantos en ir hacia ellas reinando los vientos O. y NO., como sucedió en esta ocasión, tanto más que los convoyes no hacen los viajes con la brevedad que las Embarcaciones sueltas, por lo cual no sería extraño el juicio que formó de que pudiesen ser aquella Escuadra o parte de ella. Que no le faltó advertencia de formar el juicio máximo que expresa la Pregunta para ver si haciendo durante la Noche un rumbo medio se lograba amanecer con ellas y tener su barlovento, a cuyo fin confirió sobre el particular con los dos Comandantes del Navío y con el primer Piloto, y después de haberlo premeditado maduramente se concluyó ser muy dudoso y contingente porque o no seguirían el rumbo que se conceptuase que podían hacer, o con su mayor andar se adelantarían tanto que no se conseguiría el fin, y la Escuadra volvería a atrasarse de toda la distancia que anduviese, perdiendo lo poco que había adelantado desde el 25 en que se separó de la del Teniente General Don Luis de Córdova, con perjuicio conocido de la principal Comisión, y asimismo que de mudar el viento en el discurso de la noche se exponía la Escuadra a dividirse, no pudiendo indicar a sus Buques a correspondencia de la mudanza los rumbos que se hubiesen de hacer, ni siendo correspondiente para esta diligencia hacerles Farol ni señales por ser uno y otro contrarios a su logro, cuyos inconvenientes obligaron a ceder en ella y a continuar el viaje, como asunto que no admitía las demoras que se podían originar.

22ª Pregunta: Por qué avisó en su carta de oficio, fecha de 1º de Octubre, que no creía hubiese más enemigos en aquellos mares que un corsario a que dio caza, otro que avistó y por entrar la Noche no hizo diligencia por el inconveniente que precave todo juicio marinero, según los vientos y tiempos, navegando de modo que se amanezca con la avistada, siendo así que consta los hubo y se mantuvieron en ellos, como se deduce de la Caza que dio a algunos Don Juan de Lángara, de la Fragata Corsaria que éste apresó, de los Buques de Guerra de que se vio perseguida la Magdalena a los 3 días de su separación en el paraje de reunión que se había señalado, bien que por la Declaración del Capitán de ésta se deduce haberse equivocado en tener los Buques que mandaba Don Juan de Lángara por enemigos, como lo demuestra en su ya citada declaración, por cuyas noticias a la Corte le hace este Cargo, y Yo se lo aclaro como Fiscal de la toma de la Mónica y Urca Santa Ygnes.

  • Respuesta. Que el aviso que dio con fecha de 1º de Octubre de que no creía que hubiese más Enemigos en aquellos parajes que uno a que dio Caza y la 2ª avistada el 12 de Septiembre en la tarde, que juzgó pudiera serlo, y no pudo seguirse, como queda dicho antes, por haberse perdido de vista luego que obscureció y estar enteramente a barlovento, en cuyo modo no había arbitrio para precaver en el juicio marinero el hacer un rumbo proporcionado para ir a amanecer a su vista, pues pasando ella por el N. y siendo el viento NNE. nada más podía hacerse que ceñir el viento, y esto era lo que practicaba, como queda explicado en la pregunta 15, fue porque según la Derrota que hizo desde que avistó la Isla Tercera hasta que dejó aquellos Mares por los parajes donde hacen la recalada las Embarcaciones que regresan de Indias, y por donde continúan después sus viajes, como también deja explicado, no encontró más que éstas, siendo igualmente los dichos parajes en donde debían estar los 4 ó 5 Navíos y las Fragatas enemigas, no menos que los Corsarios, porque en ellos se les proporcionaría hacer presas en nuestras Embarcaciones de América, no siendo esto regular de aquellos paralelos para el S. por no ser Derrota, como lo explicó en la respuesta que dio sobre igual Cargo a la Junta de Departamento con fecha de 26 de Julio y 11 de Agosto del próximo año pasado, diciendo que la Urca Santa Ygnes fue apresada a la parte del E. de las Terceras, la Santa Mónica al E. del Cuervo y Flores, ésta por la casualidad de que haviendo salido del Puerto del Fayal la Fragata Inglesa la Perla, donde entró con el motivo de hacer Agua, y haciendo Derrota el 14 de Septiembre para ir a hacer su corso al paraje de la recalada, avistó en el tránsito a la Santa Mónica, que según las noticias se regresaba para España, de donde resultó el combate y su pérdida. Que la que apresó Don Juan de Lángara Huarte, según las noticias, fue en las inmediaciones de la Isla de Santa María, lo cual es de extremo a extremo de las Islas, mediando entre el Crucero de la Escuadra y aquel paraje una distancia de más de 80 leguas, y que siendo el Apostadero de la Escuadra en la recalada del Cuervo y Flores no era posible que viese lo que sucedía a la parte del E. de estas Islas en las inmediaciones de la Santa María, ni a donde la Urca Santa Ygnes fue encontrada y apresada por los Corsarios, como tampoco respecto de los tiempos en que esto sucedía, que siendo varios los Corsarios y teniendo su provecho de las presas que hacen se reparten por otras tantas partes, y la Escuadra, no pudiendo estar en todas a un tiempo, no sería extraño que en tanto que ella cruzaba en su apostadero, aquellos apresasen Embarcaciones en alguna distancia de él, lo que se confirma además del convencimiento que sobre ello hace la misma razón en que Don Juan de Lángara y Huarte, habiendo estado a la vista de la Isla de Santa María, apresado en ella un Corsario y reconocido las otras Islas cuando volvió para el Cuervo, no pudo evitar su diligencia que un Bergantín y una Fragata de 14 Cañones apresasen en aquellos mismos parajes una Embarcación cargada de Cuero que venía de Buenos Aires, según noticia que dio un Bergantín Portugués el 26 de Septiembre que había salido de la Isla de San Miguel y hacía viaje para Lisboa, porque o esto sucedería fuera de la vista de Don Juan de Lángara o cuando no estaba ya en aquellos parajes; que si otro tanto hubiera sucedido en el Apostadero de la recalada donde se hallaba con su Escuadra, siendo muy posible, ¿qué Cargo se le haría a vista de los que le forman sin tantas apariencias de regularidad? Que sobre los Buques de Guerra que persiguieron a la Magdalena a los 3 días de su separación, por la latitud de menos de 39 grados y medio, y tuvo por Enemigos, no tiene que reproducir mediante estar aclarado por el Fiscal haber sido la Escuadra de Don Juan de Lángara y Huarte, según deja dicho en la respuesta a la pregunta 16. Que mediante esto se halla calificado cuanto dijo en su carta de 1º de Octubre de 1779, de no hallarse por aquellos parajes los 4 ó 5 Navíos y tal cual Fragata Inglesa, ni haber encontrado más embarcaciones enemigas en la recalada de las nacionales que vienen de América, donde era su apostadero, ni desde el Meridiano de la tercera hacia el E. y para el N. en la derrota que hacen viniendo para España que las que refirió, sin que esto se oponga a que distante de allí, por otras latitudes o longitudes, pudiese haberlos, de lo cual nadie puede responder.

23ª Pregunta: Por qué no reconoció las Embarcaciones que avistó, careciendo por esto de las noticias que de unas y otras podía haber adquirido y con ellas navegado con acierto para perseguir los Enemigos y proteger al comercio, de cuyas ventajas careció por no haberlo ejecutado así, y apostándose [sic] en el Crucero que le tenía mandado, y siendo así, que es máxima de todo Navío de Guerra, y con mucha más razón de toda Escuadra, batir a los Enemigos donde los encuentre antes de apostarse; no tan solamente no le ejecutó así, pero ni los reconoció.

  • Respuesta. Que en la respuesta a la pregunta 19 tiene satisfecho a lo que corresponde a ésta, tocante al reconocimiento de Embarcaciones avistadas, y asimismo, que de las noticias que adquirió de alguna de ellas supo que sobre las Islas del Cuervo, y en la Derrota que de ellas se hace para Europa, no se hallaban los 4 ó 5 Navíos y las tales o cuales Fragatas inglesas, sin que esta noticia obstase para irlos a solicitar en todos los parajes en donde era regular que estuviesen hasta satisfacer por si propio, como tiene explicado antes, y que por falta de noticias, ni diligencias, no dejó de perseguir a los Enemigos ni de proteger al Comercio. Que estuvo, como tiene dicho y demostrado por la Derrota que hizo y por las latitudes y longitudes por donde la Escuadra anduvo y quedan explicadas, en la recalada de las Embarcaciones que vienen de América, volviendo a repetir ser la misma que se les señala por Derrota que se les da y se le manda observar, y que no habiéndosele prefijado por la Real Orden latitud y longitud por donde hubiese de cruzar, diciéndosele sólo que se dirigiese a las Islas del Cuervo y Flores, por ser la recalada de las Embarcaciones que vienen de Indias, como lleva referido antes, juzgó no deber hacer otra cosa para el mayor acierto que gobernase por la misma Derrota que se les da a estas Embarcaciones, como tiene dicho; que a no haberlo estimulado tanto su Celo y particular deseo de desempeñar en el modo posible cuanto abrazaba la Real Orden de S.M., libertando de desgracias las Embarcaciones del comercio Nacional y persiguiendo a los Enemigos, no hubiera expuesto el Navío el Gallardo a los riesgos a que lo expuso por efecto de este celo, como es notorio y el Cargo o punto 7ª expresa.

  • La limitación de la Caza a los Buques de su mando se entiende para que le sirviese de gobierno cuando llegasen con ella a alejarse tanto del Navío Comandante que sobreviniendo la Noche hubiese peligro de que con su mayor andar amaneciesen fuera de su vista y peligrasen encontrando fuerzas superiores aun en la misma a quien daban la Caza, porque entonces no podían ser socorridos; pero esta limitación no tenía cabimiento interin que las que diesen la Caza podían descubrir las señales que se les hiciesen del Navío Comandante, que debía ir en su seguimiento con fuerza de Vela, y lo mismo el resto de la Escuadra, porque siendo el andar de las Fragatas mayor que el de los Navíos, y en éstos habiendo desigualdad bastante sensible entre el Gallardo, que era el de más vela, y el Diligente, el de menos, no debía abandonar al menos velero, ni permitir que se alargasen las Fragatas de más vela que en el discurso de la noche siguiente a la Caza amaneciesen separados unos de otros, y para precaverlo todo, como es regular en cualquier General que se halla encargado de una Escuadra y es responsable de las separaciones.

  • En la tercera de las órdenes y prevenciones para el Crucero advertí que si las Embarcaciones hubiesen sido avistadas por la mañana se les daría Caza todo lo que alcanzase el día, y si por ser may veleras no se alcanzase a tenerlas bajo de Cañón hasta el anochecer, se dejaría la Caza contra ellas, navegando en el la noche para amanecer en el paraje de reunión; esto en consideración a lo que en el discurso del día se podía adelantar la Embarcación más velera de la de menos vela. La cuarta prevención dice que lo mismo se practicará con las que se descubriesen hasta las dos de la tarde, pero desde esta hora en adelante que se siguiesen el resto de la tarde y Noche, y si al amanecer no se hubiese conseguido estar con ellas, se navegaría en el día para restituirse al lugar de reunión, disponiéndolo en este modo con consideración a lo que en el discurso de 12 u 14 horas se alargaría de la Escuadra la Cazadora, y en el supuesto de que no amaneciese a la vista de la Escuadra y donde pudiese distinguir las señales que hiciese, pues si por ser el viento endeble no hubiese sido tanto lo que se hubiese alargado, entonces se le haría la correspondiente señal para seguir la caza arreglado a la prevención, se viese que la suspendía, o se le haría la de retirarse si conviniese para no apartarse la Escuadra del Crucero para el N. o para el S. largo tiempo y distancia, de que resultarían más graves inconvenientes contra la principal Comisión de proteger nuestro comercio de Indias, como está explicado más difusamente en la respuesta 11. Que limitó la Caza por la parte del S. del Crucero a 8 leguas, entendiéndose esa en latitud por la dificultad de volverlo a recuperar con los vientos que por lo regular reinan por la parte del N. y NO., en cuyo tiempo quedaría el Crucero abandonado y la Escuadra inutilizada en su principal comisión de limpiarlo de enemigos, y de proteger nuestras Embarcaciones de comercio, pero esta limitación no se entendía por Rumbo oblicuo, y así, en la Caza que dio la Magdalena, la Escuadra, que anduvo menos que ella por ser de menos vela, la siguió a una distancia de más de 20 leguas, ni tampoco se entendía cuando los vientos fuesen proporcionados para poder navegar al N. y S., como de las partes del E. o del O. y sus inmediaciones, no pudiendo dar regla fija sobre este particular, y que las que dio fueron las generales para el gobierno particular de cada Comandante cuando llegase a estar donde no pudiese percibir las señales, como queda dicho, con atención a no abandonar el Crucero y a que no resultase pérdida del alguno de los Buques de la propia Escuadra.

  • Al segundo punto está explicada la razón en la respuesta a la 9ª pregunta, siendo lo que la Fragata Magdalena ni la Corsaria a quien ésta perseguía no se descubrieron del Navío Comandante al amanecer del día 12, ni se volvieron a ver, que los dos Buques que avistaron parecieron a rumbo muy distinto del que habían quedado al anochecer anterior, porque habiéndosele seguido al NO. ellos se vieron al SSO., a cuyo rumbo se les siguió desde el amanecer hasta las 12 del día sin haberse reconocido que se les entrase cosa alguna, y de seguir en la misma conformidad la tarde, se caía en varios inconvenientes, todos graves: el 1º la separación en la Noche, que era inevitable por la distancia que tenían y el rumbo que pudiesen tomar; 2º, hallarse la Escuadra fuera del Crucero a la parte del S. del él, y el viento por el NNE., contrario para volverlo a recuperar; 3ª, la mayor dificultad de la incorporación aun en el paraje de reunión, porque si ellos, consecuente a las órdenes que tenían, hacían diligencia de ir a él, bien fuese en la noche o en el siguiente día, si se hallaban fuera de la vista de la Escuadra y ésta no estaba con anticipación en él para recibirlos, se daba lugar a que tomasen la determinación de ir en su solicitud, según las mismas órdenes, y era el modo de no encontrarse unos a otros. Para evitar esta confusión y sus malas resultas resolví ceñir el viento al mediodía, para que visto por los mismos Buques supiesen ser la Derrota de la Escuadra para el paraje de reunión, en donde la encontrarían, como en efecto sucedió, pues para éste y otros casos semejantes se les tenía dado en el Pliego reservado con fecha 17 de Agosto y 8 de Septiembre el paraje donde habían de acudir para incorporarse últimamente, que entre tanto que la Escuadra estaba fuera del Crucero, y cuanto más tiempo tardase en volver a él, tanto más peligraban las Embarcaciones que volviesen de Indias de ser apresadas, pues ésta tenía dos objetos principales: 1ª, proteger el Comercio, libertándolo de caer en manos de los Enemigos, para lo cual era forzoso que estuviese en la latitud de la Recalada, como está dicha en la respuesta a la pregunta 14; 2º, hacer el corso contra las embarcaciones enemigas, pero siempre comprendió que esto debía ser sin perjuicio conocido de aquello, y por esto en las órdenes que dio dice la misma tercera citada antes, que después de llegados al paraje del crucero habrá allí un lugar destinado para la reunión, y entonces podrá darse Caza a dos Embarcaciones a un tiempo o más, volviéndose a incorporar, por lo cual, para llenar los objetos y el de que los Buques no se dividiesen con motivo de las Cazas era forzoso señalar en éstas ciertos límites, y que la Escuadra o el Navío Comandante les siguiese todo lo que pudiese, pero que cuando empezaban a estar separados, como sucedió en esta ocasión, procurase restituirse al paraje de reunión a fin de que concluidas las funciones de los que daban las Cazas se incorporasen en él, y para que no peligrase la Fragata iba, como está dicho en la respuesta citada, bajo las órdenes del Comandante de un Navío, del que no debía separarse porque a donde éste no alcanzase con su vela y su fuerza, no le podía servir de auxilio en cualquier aprieto que se hallase. Que mediante haber estado la Fragata Magdalena fuera de la vista del Fénix, puesto que este Navío se hallaba destacado bajo las órdenes de aquel Comandante, éste es a quien pertenece responder sobre el Cargo de su separación, o hacérselo en toda forma, y de no haberse unido a la Escuadra, así como lo hicieron el San Julián y el Diligente, fuera de que las mismas órdenes y prevenciones tenían unos que otros, según las cuales, y la dada para el paraje de reunión, debió haber hecho diligencia de ir a él luego que se vio separada por la latitud de 39 grados 55 minutos, más N. o más S., no habiendo ido sino por 39 grados y menos de medio, que es donde encontró con la Escuadra de Don Juan de Lángara, de suerte que estando el viento por el NNE., y de aquí al NE., se fue con la bordada al E. y ENE. después que se separó del San Julián en la noche del día 13, sin cuidar de ponerse en la latitud del Crucero, cuya diligencia era la primera que debía haber hecho para ir lo más pronto al paraje de reunión.

  • La señal hecha la tarde del día 11 de Septiembre, poco antes de las 6, fue consecuente a un Cañonazo que la Magdalena había tirado antes, como queriendo dar a entender que le entrada la Embarcación perseguida, cuya Caza se empezó a la 1ª de la tarde; ésta fue la 44 que se dice para que se sigua [sic] a las Embarcaciones avistadas, proporcionando la vela durante la Noche a fin de no amanecer fuera de la vista de la Escuadra. Esta señal fue la más adaptable en la circunstancia a la distancia a que se habían alargado una y otras, de lo que indicaba su Cañonazo, y de evitar que se empeñase sola con peligro de su pérdida o que amaneciese separada del Navíos a cuyas órdenes estaba, que no podía andar tanto como ella.

Vistos los informes de los comandantes de los buques de la escuadra, la declaración del propio Ulloa y su interrogatorio el proceso quedó visto para sentencia. El 11 de Marzo de 1782, a los 2 años y poco menos de 5 meses de haberse iniciado el consejo de guerra se notificó por oficio del Director General de la Armada, el Señor Marqués González de Castejón que conformándose Su Majestad con el dictamen del Consejo Supremo de la Guerra se declaraba al general Ulloa absuelto en aquella causa, limpiando así el historial del general Ulloa, que siempre había sostenido su total profesionalidad y buen hacer en las comisiones que le habían sido encomendadas.

  • Conclusión de este asunto y Real Resolución de S.M. que se me comunicó por el Teniente General y Director General de la Armada Don Luis de Córdova.
    Excmo. Señor.
    De orden del Rey, me previene el Señor Marqués González de Castejón, con fecha 2 de este mes lo siguiente:

  • « El Rey, en vista del Proceso que consecuente a Real Orden de 19 de Diciembre de 1780 remitió V.E. en 10 de Julio del año próximo pasado en el dictamen del Consejo de Guerra de Generales celebrado en el propio día en esa Capital del Departamento, sobre la conducta del Teniente General Don Antonio de Ulloa en la Comisión de Corso que a la rotura de la Guerra en el año 1779 tuvo sobre las Islas Terceras con los Navíos Fénix, Gallardo, Diligente, San Julián, y Fragatas Santa Magdalena y Santa Mónica, y la de los Comandantes de estas dos Fragatas, Don Pedro de Leyva y Don Manuel Núñez Gaona, se sirvió S.M. mandar pasase todo, como lo ejecuté en 31 de Agosto del mismo año, al Consejo Supremo de Guerra, para su examen en el pleno, con asistencia de los Ministros Natos, consultando a S.M. lo que se le ofreciere y pareciere, y cumplido así, en consulta de fecha de 14 del próximo Febrero último, se ha conformado S.M. con el dictamen de este Tribunal, declarando en su consecuencia absueltos en toda causa el Teniente General Don Antonio de Ulloa y a los Comandantes de las citadas Fragatas, Don Pedro de Leyba y Don Manuel Núñez Gaona; lo que comunico a V.E. para su inteligencia y la de los interesados, incluyendo el Proceso, a fin de que se archive con arreglo a ordenanza.»

  • Traslado a V.E. esta Real Orden para su noticia y satisfacción en el concepto de que he dado las providencias correspondientes a que puntualice según ordenanza lo resuelto por S.M. Dios guarde a V.E. muchos años.
    Navío Purísima Concepción en la Bahía de Cádiz, a 11 de Marzo de 1782.
    Luis de Córdova. Excmo. Señor Don Antonio de Ulloa.

 

  • Contestación de Ulloa. 
    Excmo. Señor. Muy Señor mío:
    por el que recibo de V.E. con esta propia fecha quedo inteligenciado en cuanto me participa concerniente a la conclusión del examen de mi conducta en el mando de la Escuadra que S.M. se sirvió poner a mi cuidado en el año de 1779 para hacer el Corso sobre las Islas Terceras, la cual se componía de los Navíos Fénix, Gallardo, Diligente y San Julián, y Fragatas Magdalena y Santa Mónica, hallándose comprendidos en dicho examen los Comandantes de estas dos Fragatas, Don Pedro de Leyba y Don Manuel Núñez Gaona. Que S.M. se sirvió mandar el Proceso, que consecuente a Real Orden de 1º de Diciembre de 1780, remitió V.E. en 10 de Julio del año próximo pasado con el dictamen del Consejo de Guerra de Generales celebrado en el propio día en esta Capital del Departamento en 31 de Agosto del mismo año, que pasase al Supremo Consejo de Guerra para su examen en el pleno, con asistencia de los Ministros Natos, consultando a S.M. lo que se le ofreciere y pareciere, y cumplido así, en consulta de fecha de 14 del próximo Febrero último, se había conformado S.M. con el dictamen de este Tribunal, declarando en su consecuencia absueltos por esta causa a mí y a los Comandantes de las citadas Fragatas, Don Pedro de Leyba y Don Manuel Núñez Gaona, lo que el Señor Marqués González de Castejón comunicó a V.E. de orden del Rey con fecha de dos de este mes, para su inteligencia y la de los interesados, incluyendo el Proceso a fin de que se archive con arreglo a ordenanza. Esta noticia es la más agradable y importante que pudiera yo apetecer, pues por ella se confirma haber desempeñado los asuntos de mi obligación y quedar S.M. satisfecho de haberlo hecho con el mayor celo y aplicación posibles; mediante lo cual suplico a V.E. se sirva hacer presente a S.M. mi profundo, humilde reconocimiento, y que nada puede haberme sido tan sensible como el que la desgracia me pusiese en los términos de que se dudase de mi conducta, sin embargo del sumo desvelo y cuidado con que procuré dar cumplimiento al soberano encargo de S.M. en todo lo posible. Ofrézcame a la órdenes de V.E. y pido a Dios que le guarde la vida muchos años.
    Isla de León, y Marzo 11 de 1782. Excmo. Señor, Beso la Mano de V.E., su seguro servidor Antonio de Ulloa. Excmo. Señor Don Luis de Córdova.