La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Navío Argonauta. Parte de su Comandante don Antonio de Pareja.

Al amanecer del referido día 21 se avistó en este navío la escuadra inglesa, que según sus maniobras no dejaba duda solicitaba aproximarse a la combinada, habiendo sido desde este momento el principal enemigo de este navío la puntual ejecución de las señales del General Comandante de la escuadra combinada. Verificándose esto con la mayor exactitud en todas las que se hicieron; habiendo roto su fuego este navío a las doce contra uno enemigo que se presentó, siendo ya desde muy poco después combatido este navío con la superioridad de dos o tres constantemente, entre ellos dos de tres puentes, hasta las tres de la tarde, que habiendo sido yo herido y obligado a retirarme, puse el mando en mi Segundo Comandante. A esta hora se hallaba mi navío con toda la artillería del alcázar y toldilla desmontada, inutilizado el uso de una gran parte de los cañones de las baterías, tanto por las piezas como por la escasez de gente resultada de los muchos muertos y heridos que había en ellas, según los partes de sus Comandantes.

La maniobra toda enteramente destruida y no quedaba en sus palos más obenques que uno en el mayor, éstos amenazando por momentos su caída, pues estaban enteramente acribillados. En esta situación se deja conocer bien claro la poca más resistencia que este navío podía hacer, siguiendo siempre batido con la misma superioridad ya dicha.

Con estos sentimientos inexplicables me retiraron a curarme, esperando yo por momentos el triste punto de verme obligado a rendirme, lo que en efecto se verificó, pues a la media hora me envió a avisar mi Segundo que sobre las averías que yo había dejado se encontraba con las nuevas de hacer el navío mucha agua y de haber perdido su timón, nuevos aumentos que añadidos a los anteriores no permitían otra cosa, hallándose el navío indefenso, que el sacrificio de unas gentes que con tanto espíritu, gallardía y sin temor a la muerte se habían prestado al mejor servicio y honor de las armas del Rey. En consecuencia, respondí a mi Segundo que supuesto la total imposibilidad de poder hacer otra cosa, obrara con arreglo a la Ordenanza, y a las tres y media de la tarde mandó arriar la bandera. Siendo tal el triste estado del navío Argonauta, que a pesar de los muchos esfuerzos que hicieron los enemigos para aprovecharse de él, no lo pudieron conseguir. = No me es posible determinar a punto fijo el número de los muertos y heridos, y sólo afirmar fué excesivo, particularmente el de los prisioneros.

Para llenar todas las obligaciones de mi constitución me es precisamente necesario hacer presente a V. E. que la Oficialidad que yo he tenido el honor de mandar este día me ha llenado de gozo, al ver en ellos el celo, la inteligencia, valor y espíritu militar con que se han manejado, manifestando todos el más vivo deseo de sacrificar sus vidas en honor de las armas del Rey, todo lo que me pone en la precisa obligación de suplicar a V. E. recomiende a la piedad de Su Majestad tan beneméritos vasallos, cuya súplica reitero a favor de los Oficiales mayores, de mar, tripulación y guarnición, que se han portado con un valor excesivo y más alto de lo que yo pudiera imaginar.

Por la relación que sigue quedará enterado V. E. de los muertos y heridos que ha habido en los Oficiales de Guerra, Mayores y de Mar de dicho buque. Teniente de Navío D. Marcos Guruzeta, herido; Teniente de Fragata D. Francisco Lasarte, contuso; ídem D. Rafael de Luna, herido; Alférez de Navío D. José Losada, herido; ídem de Fragata D. José Carranza, herido; ídem D. Eligio Croquer, contuso; ídem D. Antonio Quiroga, ídem; ídem D. Nicolás del Río, herido. — Oficiales de Mar: Primer Contramaestre Juan Ainer, herido; Primer Guardián Pedro Paredes, herido. — Condestables: Antonio Calvo, muerto. =

Cádiz, 10 de noviembre dé 1805.

Antonio de Pareja (rubricado).