La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Navío Bahama. Parte del segundo Comandante don Tomás de Ramery.

Hallándome situado a las nueve de la mañana en la línea mandada formar por el Coronel por la popa del navío francés Algeciras y en nuestra popa el Aguila, también francés, ciñendo el viento por babor como todos los demás se hallaban, los enemigos en varias columnas arribados en popa sobre nosotros, como a dos millas de distancia, viendo continuaba sin formar línea de batalla se procedió al combate, era el ánimo de todos por un ataque parcial introducir el desorden, y cortando la línea por cualquiera punto poner entre dos fuegos la parte que pudieran cortar, por lo que dispuso estrechar mucho la, distancia con el Algeciras; el primer navío inglés que llegó al tiro de nuestra línea con dirección al centro fué uno de tres puentes, contra el que rompieron el fuego los navíos que teniamos por nuestro proa; el segundo inglés que seguía al de tres puentes, luego que estuvo a tiro lo rompió contra nosotros, al que contestamos inmediatamente. Serían las doce del día; el tercer navío inglés se nos situó al costado de babor, y contra éste rompimos todos nuestros fuegos; en este tiempo el navío cabeza de otra columna, según su dirección parecía querer cortar nuestra línea por la popa del Algeciras y proa nuestra, pero viendo que teniamos tan estrechada la distancia que lo era imposible el verificarlo, procuró hacerlo por nuestra popa, el navío Aguila, que también estaba unido a nosotros, no quiso arribar, por cuyo motivo se abordó con el inglés, y abordados continuaron batiéndose; pero con este abordaje resultó quedarse el Aguila atrasado y nuestra popa descubierta, situándose otro navío inglés por nuestra aleta de estribor a tiro de fusil; viendo el Comandante era mucho el destrozo que nos ocasionaba la ventajosa situación de este navío, mandó arribar, con el objeto de presentarle nuestros fuegos, arribando él al mismo tiempo, con lo que quedamos prolongados; el navío inglés que teníamos al costado de babor, con nuestra arribada nos quedó por la aleta, y se nos atracó entonces, también a tiro de fusil; estos dos navíos, con sus muchos fuegos de metralla y palargueta, nos inutilizaron toda maniobra y a la media hora nos mataron al Comandante. Hecho yo cargo del navío, seguí en esta misma situación batiéndome, e imposibilitado ya de dar movimiento al buque, por estar toda su maniobra picada, sin apercibirlo a causa del mucho humo nos colocamos a las dos y cuarto al costado de un navío de tres puentes, y entre estos tres, a las tres y media, desarbolados ya del palo mayor y mesana, esperando por momento ver caer el de trinquete pues estaba todo acribillado, el timón partido por dos palanquetados a flor de agua, mucha agua en bodega, inutilizada toda la artillería de sobrecubierta, desmontada mucha parte de la de combés, las baterías llenas de cadáveres y heridos, llena la enfermería de éstos y pérdida de esperanza de ser socorrido, pues en nuestras inmediaciones no había buque alguno que no estuviera herido o imposibilitado de podernos auxiliar, dispuse llamar a Junta a todos los Oficiales, los que fueron de sentir no era posible hacer ya mayor resistencia, por lo que mandé suspender el fuego que aún haciamos y arriar nuestra bandera, los enemigos cesaron el fuego, y luego que advirtieron nuestra rendición, y a las cuatro y cuarto vino un bote inglés y me condujo a bordo del navío Colossus, uno de los que constantemente estuvieron batiendo.

Cádiz, 19 de diciembre de 1805.

Tomás de Ramery.