La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Navío Montañés. Parte del Teniente de navío don Alejo Gutiérrez.

Día 21 de octubre de 1805.

Amanecimos a la vista de la escuadra enemiga, a unas dos leguas de distancia de ella, sin una rigurosa formación; la escuadra de observación a vanguardia. El viento estaba variable y flojo del SO. al ONO., y nos ceñimos amurados por estribor con las gavias, mesana y contrafoke. Así que aclaró contamos el número de buques de ella, ascendiendo en total a treinta y dos, de los cuales veintiocho parecían navíos y muchos de tres puentes. A las seis y media hizo el General la señal de formar el orden de batalla mura de estribor. A las seis y tres cuartos la de estrechar las distancias a un cable; poco después de las siete se observó que los enemigos venían arribados en dos columnas, con fuerza de vela, al parecer a cortarnos por el centro y retaguardia. Nuestra escuadra maniobraba para formar la línea y ocupar cada uno su lugar en ella. A las ocho señal de que toda la escuadra vire por redondo a un tiempo, lo que ejecutamos con el mismo aparejo y viento flojo; a las nueve y media hizo el General francés la señal de ceñir el viento. A las diez la de que la escuadra de reserva rectifique el orden actual; a las diez y media hizo el General la señal de que los navíos de su cabeza conserven la distancia de un cable, y en este tiempo nos hallábamos algo apelotonados los navíos de vanguardia de la escuadra de observación, entre ellos el Santa Ana. El navío Bahama estaba por nuestro través de estribor, y se le habló diciéndole que nosotros íbamos a ocupar nuestro lugar, por lo que él puso la gavia en facha, y viendo entonces una gran distancia entre el Algeciras y el nuestro, procurando ponernos por la popa de este navío, advirtiéndoselo a la voz al navío Aguila, pues era la suya la que nos correspondía, pero no podiamos tomar por la posición del Bahama. A las once señal de que la línea de batalla se prolongara mucho a retaguardia. Poco después hizo el Santa Ana la de que el navío de la cabeza ciña por babor, y que todos sigan sus movimientos; consecutivamente hizo una fragata la de que la escuadra de reserva rectifique el orden mandado, lo que procurábamos y nos lo hacía dificultoso el poco viento; mientras tanto continuaba la escuadra enemiga en la misma formación de dos columnas, con fuerza de vela se iba aproximando a la escuadra. A las once y media hizo el General la señal de romper el fuego cuando se estuviese a tiro, la que ejecutamos nosotros a las doce, dirigiéndolo con bastante viveza a un navío de tres puentes que era el cabeza de una de las líneas; casi toda nuestra escuadra lo rompió al mismo tiempo. A la media hora lo haciamos por intervalos, pues se nos habían interpuesto algunos navíos de nuestra línea y no podíamos tomar otra posición, porque nos lo impedía un navío que estaba a sotavento nuestro e igualmente el denso humo con que nos hallábamos cubiertos por todas partes, de suerte que con él y la calma costaba trabajo el distinguir las banderas. A la una llegó a ponérsenos a tiro de pistola un navío de tres puentes, haciéndonos un fuego terrible por aleta de babor, lo que nos causó grande estrago en la gente, casco y aparejo; hallándonos en este momento sobre una arribada, izamos los juanetes y vela de estay de gavia, con ánimo de tomar alguna más salida, orzando al mismo tiempo para presentarle el costado, pero él pasó por nuestra popa, y nosotros tuvimos que arribar, porque nos íbamos a abordar con dos navíos de los nuestros; en esta arribada nos encontramos algo a sotavento, no pudimos continuar el fuego por hacerlo a los nuestros. En este momento, que eran las dos y media de la tarde, bajó el Teniente de Fragata D. Melitón Pérez a decirme que acababa de morir el Comandante y bajar a la enfermería gravemente herido el Segundo; por lo que subí inmediatamente a tomar el mando del navío, mandando orzar al instante, con el objeto de ocupar el primer claro que hallase y entrar de nuevo en la acción. Había muerto también el Teniente de Fragata D. Rafael Bobadilla y se hallaban en la enfermería otros Oficiales heridos; por lo que me fué preciso alterar los destinos de los que quedaban, encargando a los Comandantes de las baterías que inmediatamente completasen de gente todos los cañones que se pudiese volver a hacer fuego, lo que se ejecutó muy pronto. Teníamos tres cañones desmontados y uno sin cascabel; el palo de mesana estaba atravesado de un balazo por debajo de la cubierta de la toldilla, enteramente rendido y con algunos obenques cortados; en el costado de babor había una porción de balazos, cinco a flor de agua; uno de ellos puesto a una hembra del timón, por el cual se introducía alguna agua en el pañol del Condestable, en donde se paró la bala; la caña del timón estaba rendida por dos balas. Las jarcias de todos los palos y caballería de babor estaban muy mal tratadas, habiéndose remediado en el momento la falta del estay mayor y otras precisas. A las tres hizo una fragata la señal de que los que no batían se aproximasen a entrar en acción, dirigiéndose sin duda a seis o siete navíos de vanguardia que no se hallaban en el fuego; éstos viraron inmediatamente por redondo, y nosotros, que nos hallábamos a retaguardia de ellos y a sotavento, amuramos el trinquete con el objeto de prolongar la bordada y virar por su popa cuando estuviésemos en línea. Al venir de esta vuelta entraron sucesivamente en combate estos navíos; nosotros estábamos a tiro largo de cañón, nos pasaban las balas por encima. No duró mucho tiempo el fuego, porque los enemigos ceñían de vuelta encontrada, y ellos venían algo arribados, como era indispensable por hallarse a barlovento y por el rumbo a donde demoraban el cuerpo fuerte de la escuadra. A las cuatro y media estaba el combate por varios puntos; se hallaban muchos navíos desmantelados de todos sus palos, otros de algunos y uno ardiendo. A las cuatro y media vimos al navío Príncipe con su aparejo muy destrozado, que con otros navíos seguían la vuelta del N., y nos demoraban al rumbo a que gobernaban los navíos de vanguardia, cuyo fuego había ya cesado. A las cinco viramos por redondo para reunirnos con estos navíos que se dirigían a incorporarse con el Príncipe. A esta hora hizo éste la señal de que la fragata Cornella le diese remolque. A las cinco y media cesó el fuego por todas partes, y nosotros nos reunimos con el navío Príncipe que gobernaba al NE., con viento al O. flojo. A las seis hizo éste la señal de visión; los enemigos también se reunían siguiendo la vuelta del S.; en estos términos anocheció. A las seis y media nos dijo la fragata que traía a remolque al navío Príncipe que gobernásemos al N. A las nueve y media nos habló un bergantín francés diciéndonos de parte del General que si no teniamos Práctico para entrar en Cádiz, siguiésemos por la aguas de su navío; y a las once nos dijo éste que las balisas estaban puestas. A las tres dimos fondo sobre el placer de Rota en doce brazas de agua, a imitación del General.

Día 22.

Amaneció achubascado, viento al S. fresquito, y nos hallábamos fondeados seis navíos españoles, cuatro franceses, tres fragatas y dos bergant ines. A las diez y media llamó el General por señales algunos de los Comandantes, y siendo uno el de este navío, mandé echar un bote al agua. Y fui a su bordo al mismo tiempo que daba el navío preparándose para dar la vela para dentro a las dos. Estando el viento muy fresco y con bastante mar, volví a bordo y mandé dar fondo a la segunda ancla; al mismo tiempo dispuse que se diese rueca al palo de mesana y remediasen las demás averías. El viento estuvo toda la noche duro, con repetidos chubascos.

Día 23.

Amaneció todo muy ofuscado y el viento por el OSO., habiendo abonanzado mucho. Un navío francés había varado durante la noche en la Punta de San Sebastián y otro sobre Rota; al Príncipe se le habían venido abajo el palo mayor y mesana, y con alguna vela en el de trinquete se iba para dentro; el San Leandre se hallaba en los mismos términos ; el Algeciras entraba en bandolas ; nosotros empezamos la faena de levarnos y nos faltó el ancla de estribor por su azganco, seguimos virando por la de babor para dar con prontitud la vela, pues el tiempo iba presentándose con mal cariz. A las ocho y media hizo el navío Rayo señal de dar vela. A las tres y media la de que todas las fragatas y corbetas pasen por su popa. A las cuatro y media dimos la vela, haciendo el Rayo a esta hora la señal de que imitásemos en un todo sus movimientos, y seguidamente la de zafarrancho de combate. A las doce estábamos a la vela los navíos Rayo, Asís, Montañés, tres franceses y algunas fragatas, seguíamos con la vuelta de afuera, ciñendo el viento con las gavias, trinquete, mesana y contrafok. A la una llegó a la voz con un falucho D. Miguel de Alava, y me dijo de orden del Comandante General que siguiese a los demás navíos, con el objeto de ver si podíamos represar algunos de los desmantelados que se llevaban los enemigos; efectivamente, conseguimos que el navío Neptuno, que con el trinquete y contrafok seguía la vuelta de afuera, tomase la del puerto; que un navío que llevaba a remolque al Santa Ana lo largase. A las tres viramos por redondo a imitación de los navíos de vanguardia, y a las cuatro hizo el Comandante General la señal de que la Armada se dirija al puerto. A las cuatro y media la de que cada Comandante maniobre para asegurar su buque; nosotros, no pudiendo llevar en el palo de mesana más vela que la de mesana, amuramos la mayor a pesar de estar enteramente rifada, para no caer a sotavento y tomar el puerto. A las seis, estando el navío Santa Ana a la parte de adentro del castillo de San Sebastián remolcado por una fragata, y fondeados el Neptuno y los otros tres navíos franceses, dimos fondo al ancla de babor en tres brazas lama a la parte de las Puercas, no permitiéndonos el viento el ir más adentro por estar al SSO., fresco y cerrado con agua. El navío Asís venía de la vuelta de adentro y el Rayo continuaba aún la de afuera. A las nueve, habiendo refrescado el viento con chubascos, dimos fondo a la esperanza, arriamos las vergas mayores, echamos abajo las de juanete y calamos los masteleritos; el viento permaneció muy duro y por la misma parte toda la noche.

Día 24.

Amaneció nublado, el viento al SSO., frescachón; los navíos Neptuno y Asís perdidos sobre la playa del puerto, el Rayo no se veía ; a las siete empezó el viento a velar algo para el Oeste, por lo que pensé en dar la vela, con parecer del Práctico, para meter el navío más adentro en caso que abonanzase. A las tres de la tarde llegó a estar por el SO., fresquito, pero ya no había lugar para levarse y dar la vela. Anocheció con celajería parda, viento al SO. fresco, y en la noche estuvo duro del SSO. al S.

Día 25.

A las cuatro de la madrugada, habiendo dado el viento un recalmón con buen cariz, empezamos a suspender la esperanza; a las seis volvió a estar el viento en toda su fuerza y se escaseó hasta el SSE. con mal cariz; al medio día mandé echar la lancha al agua con objeto de sacar de la bodega la quinta ancla, la cual quedó en el combés, enzepándose al anochecer. A esta hora estaba el viento al S. muy duro, con repetidos chubascos. A las doce quedó empezada la quinta ancla, y la mandé estalingar; hasta las cuatro y media estuvo el viento frescachón del SSO. a ráfagas con aguaceros; a esta hora cedió llamándose al SO., y empezamos a levarnos.

Día 26.

Amaneció con los horizontes calimosos, viento al SSO. fresquito, con mar gruesa del SO. El navío San Justo, que anocheció fondeado junto a nosotros, estaba cerca del castillo de Santa Catalina con el palo mayor y mesana de menos. El Indontable, que también anocheció junto a nosotros, no se veía. A las seis y cuarto hizo el San Justo señal de no poderse aguantar, que se veía precisado a dar la vela; al mismo tiempo pidió auxilio con varios cañonazos. A las siete y media nos hizo señal pidiéndonos la lancha con anclote y calabrote; le contestamos con la de que no se podía ejecutar la orden, y esto fué en virtud de que estábamos en la faena de dar la vela, y la lancha no podía trabajar en faena de ancla por tener la quilla partida de un balazo. A las diez y media, teniendo ya elevada un ancla y hallándonos casi a pique de la otra, determinamos picar el cable de babor para dar la vela, por no malograr la ocasión, pues el viento iba refrescando por el SO., teniendo dispuesto el aparejo para caer sobre babor, pero la marea nos lo impidió, y caímos sobre estribor, llevando las tres gavias arriadas a medio mastelero, mesana y contrafok, nos vimos precisados a virar por redondo por no empeñarnos con el Diamante, y seguimos la bordada de dentro, teniendo que volver a fondear en seis brazas de agua porque el viento estaba demasiado fresco para virar, no pudiéndolo hacer por redondo; así es que aferramos todo el velamen, se embarcó en la lancha un anclote con dos calabrotes y tendiéndonos una espía en dirección del Canal, en el ínterin calamos los masteleros. Anocheció con los horizontes muy tomados, viento fresco del SO., el que se mantuvo toda la noche con algunas ráfagas.

Día 27.

Amaneció achubascado por el tercer cuadrante, viento del SO. al OSO. fresquito; a las siete y cuarto, estando el viento más bonancible, levamos el ancla y nos íbamos espiando. A las nueve horas de la bajamar tocamos de popa y a los pocos golpes se desmanteló el timón; advertimos al mismo tiempo que el anclote había garrado, por lo que volvimos a dar fondo e hicimos la señal de la situación en que nos hallábamos, pidiendo auxilio con algunos cañonazos. Inmediatamente tendimos otra espía de tres calabrotes al SSO., pero el viento era fresco y la mar gruesa, por lo que no nos determinamos a levar el ancla, y continuando dando golpes en las fuertes cabezadas, determinados de picar el palo de mesana, después de haberlo desaparejado de sus vergas, pues de todos modos ya estaba rendido y amenazando de venirse abajo. A las doce se picó el palo, y mandé a esta hora un Oficial al navío Príncipe pidiéndole socorro. A las cuatro llegó un lanchón con un ancla y un cable, e inmediatamente mandamos que le diese fondo a distancia proporcionada, trayéndonos el chicote del cable a bordo. Anocheció el cielo claro, el horizonte cargado, el viento bonancible por el Oeste. A las nueve suspendimos nuestra ancla y viramos por la del lanchón. A las doce, hora de la bajamar, viendo que no tocábamos cesamos esta faena.

Día 28.

Al amanecer tendimos dos espías para alarnos por ellas, y mandamos los heridos a tierra, lo que no se pudo ejecutar hasta este día por haber estado siempre la mar muy gruesa y ser muy difícil el embarcarlos; sólo quedó a bordo el Segundo Comandante, que se hallaba agonizando; a las once, después de haber ido bastante abante con las espías, volvimos a dar fondo al ancla de babor, por refrescar el viento, y tendimos otra espía. A las dos murió el Segundo Comandante, y se mandó a tierra en un bote; anocheció con celaja parda, viento SO. bonancible, continuando en la faena de espiar. A las nueve dimos fondo a un ancla para dejar descansar la gente, pues ya nos hallábamos en el Canal.

Día 29.

A las cinco de la mañana, estando el viento al NO. bonancible, levamos el ancla y continuamos espiándonos, hallándonos ya en fondeadero. A las ocho se entregó el mando de este navío al Sr. D. Ramón de Errera.

A bordo del navío Montañés espiándose en la bahía de Cádiz, 29 de octubre de 1805.

Alejo Gutiérrez de Rubalcava.