Todo a Babor. Revista divulgativa de Historia Naval
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Guerras entre España y Portugal en la cuenca del Río de la Plata.

Por Santiago Gómez.
Fundación de la Colonia. Primeros conflictos

         A finales de enero de 1680 los portugueses, queriendo extender sus dominios hacia el sur y aprovechando la debilidad española, se establecen en la costa norte del Río de la Plata, fundando la ciudad de Colonia del Sacramento, desde la cual podían los portugueses comerciar su contrabando, siendo la ciudad de Buenos Aires la más perjudicada, comenzando de este modo muchos años de luchas entre las dos naciones por el dominio del actual Uruguay. La expedición estaba al mando del maestre de campo D. Miguel Lobo, gobernador de Río de Janeiro desde 1678 compuesta por 400 soldados embarcados en dos navíos, dos bergantines y otros buques menores que zarparon de Río de Janeiro. Llevaban 18 cañones, aperos de labranza y elementos de construcción (1). Pocos días antes, el 20 de enero, habían ocupado la isla de San Gabriel. Ese mismo año, el gobernador de Buenos Aires D. José de Garro manda a una zumaca, la San José, a la isla de San Gabriel para tomar contacto con los portugueses. A su regreso a Buenos Aires informa al gobernador Garro que los portugueses han establecido un asentamiento. Envía una carta a Miuel Lobo para que se retiren al ser la colonia ilegal. Ante la negativa portuguesa, Garro moviliza las tropas disponibles. Pide apoyo al virrey del Perú y, después de varios meses de preparación, atacó la plaza el 7 de agosto con 3000 indios tapes y 400 soldados puestos al mando de D. Antonio de la Vera Mújica, procedentes de Buenos Aires, Paraguay y Tucumán. Poco antes, tropas portuguesas de refuerzo habían naufragado a bordo de una zumaca y un lanchón a la entrada del Río de la Plata, por lo que las tropas de Miguel Lobo se encontraban solas. El militar español intimó a que Lobo se rindiera para evitar una masacre, como así sucedió, pues en el asalto perdieron la vida 150 portugueses y 300 atacantes, la mayoría indios tapes.

         Ante las protestas de la Corona portuguesa, los españoles trataron de resolver la cuestión de forma diplomática (2). Cediendo a las pretensiones portuguesas, se desaprobó el proceder del gobernador Garro y se devolvió la plaza, la artillería, armas y pertrechos por el Tratado Provisional del 7 de mayo de 1681, haciéndose efectivo el traspaso el 12 de febrero del año siguiente por Herrera y Sotomayor, nuevo gobernador de Buenos Aires, al gobernador de Río de Janeiro.

         En 1704 la guerra de Sucesión española genera un nuevo enfrentamiento con los portugueses por la posesión de la Colonia. El gobernador de Buenos Aires, D. Alonso Juan de Valdés e Inclán, pone sus tropas al mando de Baltasar García Ros, compuestas por 800 soldados, 600 milicianos y 300 indios. El 2 de octubre de 1704 habían cruzado el río de la Plata y esperan a que se les unan 4.000 indios, comenzando el sitio el 18 de octubre. El 5 de marzo de 1705 llega una escuadra portuguesa, compuesta de dos fragatas, de 44 y 30 cañones, la fragata Estrella de 20 y el patache Santa Juana, de 8 cañones, con la misión de forzar el bloqueo y evacuar a los vecinos y las tropas. Les hace frente el capitán de mar y guerra D. José de Ibarra y Lazcano con el navío de registro Nuestra Señora del Rosario, armado con 36 cañones, el bajel Santa Teresa, alias Popa Verde, portugués apresado, armado con 16 cañones y al mando del capitán D. Francisco Valero, y un brulote. Durante cuatro horas combatieron las dos escuadras a tiro de pistola, no pudiendo evitar que los portugueses entraran en Colonia y que el  buque Santa Teresa fuese tomado al abordaje. Fracasó después un intento de quemar las embarcaciones portuguesas con el brulote. Embarcaron a la guarnición y zarparon el día 14 de marzo, abandonando los cañones y armas de la plaza a los españoles (3), que es ocupada dos días después. Por el tratado de Utrech, firmado en Holanda en 1713, la plaza es devuelta a los portugueses en 1716, que nombran nuevo gobernador a Manuel Gómez Barboza, siendo sustituido el 14 de marzo de 1722 por Antonio Pedro de Vasconcellos.

  • Notas:
  • (1).- Página web Reconquista y Defensa, de la Fundación Argentina del Mañana
  • (2).- Cesáreo Fernández Duro, “Armada española”, Tomo V, páginas 188-190.
  • (3).- Cesáreo Fernández Duro, “Armada española”, Tomo VI, páginas 91-92.
  Llegada de los primeros colonos a Montevideo

         En una carta del rey portugués al gobernador y capitán general de Río de Janeiro del 29 de junio de 1723, se le ordena enviar una expedición a Montevideo para poblar aquellos parajes. El 21 de noviembre de ese año zarpa de Río de Janeiro una fuerza naval compuesta por la fragata de 44 cañones Nossa Señora da Oliveira, los navíos Chumbado, al mando de Francisco Días, Sacopira y una zumaca, al mando del capitán de navío Manuel Enriquez de Noronha. Llevaban embarcados de 250 a 300 personas, de ellas 150 eran soldados. La expedición estaba al mando del maestre de campo don Manuel Freitas da Fonseca, siendo apoyados por el gobernador de Colonia de Sacramento, Antonio Pedro de Vasconcellos. Desembarcan y toman posesión de la bahía de Montevideo el 28 de noviembre, iniciando con ello la fortificación del lugar con la instalación de una batería. Como ya había ocurrido en 1680 con la Colonia de Sacramento, pretendían establecerse ilegalmente.

         El gobernador de Buenos Aires, D. Bruno Mauricio de Zabala, es informado de la llegada de los portugueses el 1º de diciembre por el práctico del río, el capitán D. Pedro Gronardo (1). Envió al capitán D. Alonso de la Vega con 150 dragones para hostigar a los portugueses, mientras comenzó a preparar una expedición por tierra y mar. Se encontraban en aquella zona cuatro buques de registro, los cuales, de acuerdo con sus capitanes y oficiales, fueron armados con varios cañones y aumentada su tripulación. Las tropas españolas hacían incursiones y golpes de mano, que dejaron a los hombres de Fonseca en delicada situación, empeorando con la llegada el 20 de enero de 420 hombres al mando del gobernador Zabala e instándoles a que se retirasen. Fonseca, viendo su situación tan crítica, sin alimentos y sin apoyos, reembarcó sus tropas el 22 de enero de 1724 (2). Aprovechando las instalaciones que habían dejado los portugueses, Zabala comenzó una nueva fortificación en enero de 1724, siendo así el fundador de la ciudad de Montevideo. Mandó regresar a Buenos Aires a bordo de dos navíos de los navíos a las milicias y algunas tropas regulares, comenzando a instalar una batería de cuatro cañones al este de la ensenada. La mañana del 24 de febrero aparece a la vista de la plaza la fragata portuguesa Santa Catharina, armada con 32 cañones y con 130 soldados destinados a reforzar Montevideo, ya que al zarpar de Río de Janeiro desconocía que los portugueses se habían retirado (3). A las nueve de la mañana fondeó cerca de la batería española, desde la cual se la hizo señal para que se acercara con un bote. Cuando el comandante de la fragata se percató que Montevideo estaba en manos españolas, largó velas y viró para salir de la ensenada. Zabala envió un bote para dar caza a la lancha enemiga, consiguiendo capturar a cinco de los marineros. Dos días más tarde, después de liberar a los prisioneros, la fragata zarpó rumbo a Río de Janeiro. Ese mismo día aparecieron tres velas portuguesas que venían de Colonia, retirándose dos días después sin intentar ningún ataque.  Marchó Zabala a Buenos Aires el 5 de abril, dejando como comandante encargado de la defensa de la plaza al capitán D. Francisco Antonio de Lemos con una guarnición de 110 soldados (4) y mil indios armados. El gobernador Zabala dio franquicias y privilegios a todos los que pasasen de Río de la Plata para poblar Montevideo, y así lo hicieron seis familias, mientras que la mayoría llegarían de las islas Canarias con la aprobación de la Corona española.

Montevideo. Grabado alemán de 1888. Wikipedia.org.

  • > Montevideo. Grabado alemán de 1888. Wikipedia.org.

         En ese mismo año de 1724, la Corte de Felipe V, viendo la necesidad de poblar la costa oriental firma un contrato con el comerciante D. Francisco de Alzaybar para enviar 25 familias gallegas y otras tantas canarias. Al año siguiente se encontraban listas veinte familias canarias, pero la salida se aplazó hasta 1726 y las familias gallegas son sustituidas por otras canarias. El 19 de noviembre de 1726 llegaron a Montevideo dieciséis familias canarias en el navío de registro Nuestra Señora de la Encina, alias La Bretaña, que había zarpado el 21 de agosto (5) al mando del capitán vizcaíno Bernardo Zamorategui. En este primer viaje no se enviaron tropas, siendo llevadas en un segundo viaje preparado por Alzaybar a bordo de otro navío de su propiedad, el San Bruno. Consistían en siete oficiales, 25 dragones del Regimiento “Pavia” y unos 100 infantes con guarnición en Cádiz (6). Llegaron a Montevideo el 9 de abril de 1729.  Poco antes, el 27 de marzo de ese año, llegó a Montevideo el navío de registro San Martín con treinta familias canarias más, habiendo zarpado de Tenerife el 31 de enero.

  • Notas:
  • (1).- Alejandro Magariños Cervantes, “Estudios históricos, políticos y sociales sobre el río de la plata”, París, 1854, páginas 60 y 61.
  • (2).- Centenario. Reg. “Dragones Libertadores” C. Mec. Nº 9, página 20.
  • (3).- Diario de D. Bruno Mauricio de Zabala.
  • (4).- Luis Enrique Arazola Gil, “Los orígenes de Montevideo 1607-1749”, 1976, página 86.
  • (5).- Arturo Scarone, “Efemérides uruguayas”, Instituto Histórico y Geográfico de Uruguay, 1956, página 556.
  • (6).- Centenario, ob.cit., página 21.

 

Guerra con Portugal 1735-1737

         La Colonia de Sacramento prosperó bajo el mandato de su gobernador Vasconcellos. Lentamente fue ampliando su radio de acción y sus zonas de cultivo y pastoreo se había extendido hasta 120 kilómetros. El comercio de cueros aumentaba y la aduana de Buenos Aires sufría. Era mucho más de lo que los españoles podían soportar. El gobernador portugués levantó dos baluartes, el de San Pedro de Alcántara y el de Santa Rita, que muy pronto serían puestos a prueba. El nuevo gobernador y capitán general de Buenos Aires, D. Miguel de Salcedo y Sierraalta, que había sustituido a Zabala en 1734, recibe en marzo de 1734 órdenes de Madrid para estrechar el radio de acción de la Colonia a un tiro de cañón, unos dos kilómetros. Le hace saber al gobernador portugués las órdenes recibidas, pero Vasconcellos intenta ganar tiempo dando respuestas evasivas. Pero en febrero de 1735 sucede un incidente diplomático en Madrid que está a punto de desencadenar una guerra abierta entre las dos naciones, sirviendo de pretexto para romper las hostilidades en América del Sur. Temiendo los portugueses que les interceptaran la flota procedente de Brasil, solicitaron ayuda a Gran Bretaña, que enviaron una escuadra al Lisboa al mando de John Norris (1) compuesta por treinta navíos y doce mil hombres. La Corte española dio patentes de corso a D. Francisco de Alzaybar, y capturaron algunos buques portugueses, uno el 29 de julio de 1735 por el navío de registro armado con 36 cañones San Bruno cuando zarpaba de Colonia rumbo a Bahía (2) y la corbeta Nossa Senhora del Rosario e Animas el 15 de septiembre cuando pretendía entrar en la Colonia, esta vez a cargo del navío Nuestra Señora de la Encina, también armado con 36 cañones y al mando del propio Alzaybar, siendo llevada la corbeta a Buenos Aires. Pero estas y otras capturas no bastaron para amedrentar a los portugueses.

         Rotas las relaciones entre las Cortes de Madrid y Lisboa, recibe Salcedo una Real Orden del 18 de abril de 1735 para atacar la Colonia de Sacramento sin esperar una declaración formal de guerra, en carta fechada en Aranjuez por D. José Patiño. Solicita el apoyo de los jesuitas, enemistados con los portugueses, que le envía 4000 indios desde las misiones. Con otros mil quinientos hombres de Buenos Aires, Corrientes y Montevideo, inicia el sitio de la plaza el 20 de octubre de 1735. Desde Madrid se le había advertido a Salcedo que si no contaba con elementos suficientes esperara la llegada de tropas que se le enviaban desde Cádiz a bordo de dos fragatas (3). Sin esperar estos refuerzos, el gobernador Salcedo comienza la marcha hacia la Colonia de Sacramento, entreteniéndose demasiado en saquear caseríos y atacar puntos sin interés, lo que dio tiempo al gobernador portugués D. Antonio Pedro de Vascocellos a prepararse para la defensa. A pesar del bloqueo fluvial impuesto por la flotilla naval española, una embarcación al mando del capitán Guillermo Kelly logra zarpar de Sacramento y llegar a Río de Janeiro, donde da aviso a José da Silva Pais, gobernador interino de Río.

         José da Silva Pais comienza a reclutar tropas y organiza una primera expedición, de las muchas que se enviarían, que es puesta al mando del sargento mayor de la Armada Tomás Gómes da Silva. El 15 de diciembre zarpan de Río de Janeiro seis embarcaciones con tropas que llegan a Sacramento el 6 de enero (4), siendo su llegada muy festejada por la guarnición. Esta expedición estuvo compuesta por la fragata de 50 cañones Nossa Senhora de Nazareth, al mando del capitán Francisco Santos y buque insignia, fragata de 20 cañones Bom Jesús de Vilanova, al mando del capitán Dionisio Antonio, las galeras Santa Anna y Sao José, armadas con 6 cañones, el patache de 6 cañones Bom Jesús de Boucas y la corbeta Santa Anna, de 6 cañones. Embarcaron 20 oficiales, 250 soldados de infantería, 42 dragones de caballería, 35 artilleros, 86 reclutas y 25 indios, además de 370 marineros (5). Aunque estos refuerzos no alteraron el equilibrio de fuerzas, supuso un duro golpe para la moral de los españoles, mucho más cuando llegó una segunda expedición organizada por el virrey de Bahía André de Melo e Castro, conde das Galveias, y que había zarpado de esa ciudad el 31 de diciembre en doce navíos. Eran unos 200 soldados de infantería y 60 artilleros. La superioridad naval era ya netamente portuguesa, por lo que los buques españoles se refugian en la ensenada de Barragán en enero de 1736, donde se construyen tres baterías a su entrada, con las cuales es rechazado el ataque de las fuerzas de Gómes da Silva, que pretendían quemar las naves españolas. A estas alturas era difícil que llegaran naves españolas y no se enfrentaran a los portugueses. Así le ocurrió al capitán de fragata D. Juan Antonio de la Colina que había zarpado de La Coruña el 21 de marzo de 1736 con correspondencia para el gobernador Salcedo, siendo su pequeña nave tomada al abordaje y quemada por el alférez Juan Bautista Ferreira a primeros de agosto.

         Mientras llegaba la segunda expedición, José da Silva Pais organizaba en Río otro reclutamiento. Consigue reunir 200 soldados de infantería, 50 artilleros y 150 reclutas. Cargados con estas tropas y provisiones, zarpan de Río tres navíos y cuatro zumacas el 11 de marzo de 1736. Una tempestad separa a la escuadra y uno de las naves llega a Colonia el 2 de mayo, dando aviso de la llegada de más refuerzos con el resto de la flota.

         En la corte portuguesa se enteran del alistamiento en Cádiz de varias fragatas de guerra para ser enviadas con tropas a reforzar las fuerzas de Salcedo. Ante estas alarmantes noticias, el rey Juan V ordena el apresto de varios buques de guerra con destino a la Colonia, que son puestos al mando del coronel de la Armada Real D. Luis de Abreu Prego. Embarcó este oficial a bordo del navío de 60 cañones Nossa Senhora da Vitória y zarpó de Lisboa el 25 de marzo de 1736 con otros dos buques de guerra, el navío Nossa Senhora da Conceicäo, de 60 cañones y al mando del capitán Joao Pereira dos Santos, y la fragata Nossa Senhora da Lampadoza, de 54 cañones y al mando del capitán José de Vasconcellos Maltez, además de otros cinco buques menores, de guerra y mercantes. Zarparon con el pretexto de acompañar a la flota mercante de Río de Janeiro, aunque su verdadero destino era reforzar la presencia naval portuguesa en aguas del Río de la Plata. A la altura de las islas Canarias, de la escuadra de Abreu Prego se adelanta una de las embarcaciones mercantes para dar aviso en Río de Janeiro de la próxima llegada de esta escuadra, llevando además órdenes del rey para que el gobierno de Río de Janeiro fuese asumido por Gomes Freire de Andrade y el brigadier José da Silva Paes asumiese el mando terrestre en las futuras operaciones contra los españoles, debiendo antes armar nuevos buques para reforzar los que estaban a punto de llegar de Lisboa. Con estos importantes refuerzos, el rey portugués pretendía, no sólo levantar el sitio de Colonia, sino tomar también la plaza de Montevideo (6). Poco después, la escuadra se incrementó con dos fragatas más, que zarparon de Lisboa el 21 de agosto de 1736. Llegados a Río de Janeiro, se unen a la escuadra de Abreu Prego más tropas y naves, siendo alistados el navío Nossa Senhora da Esperança, al mando de José Goncalves Lage, el navío Nossa Senhora das Ondas, al mando de Antonio de Mello Callado, el bergantín Nossa Senhora da Piedade, galera Santana, una balandra y dos zumacas. Embarcaron cuatro compañías de infantería de la guarnición de Río de Janeiro al mando del brigadier José da Silva Paes. Por parte de la Armada Real española, zarparon de Cádiz el 9 de mayo de 1736 las fragatas Hermiona y San Esteban (7), al mando de los comandantes capitanes de fragata D. Jorge Chavarría y D. José de Arratia, respectivamente, llevando a bordo a 200 dragones de caballería.

         El 25 de junio zarpa de Río de Janeiro la expedición portuguesa con la capitana Nossa Senhora da Esperança, 70 cañones, y la Nossa Senhora das Ondas, 58 cañones, como nave almiranta y el resto de buques de guerra y mercantes cargados de provisiones, que llegan el 3 de julio a la isla de Santa Catalina. Las órdenes para Abreu Prego eran aliviar el cerco de Sacramento, conquistar Montevideo e iniciar provocaciones en Río Grande contra los españoles. El 10 de agosto, a la altura de la isla de Santa Catalina sufren una tempestad que dura tres días y dispersa la escuadra. El 18 de agosto el navío Conceicao se enfrenta en duro combate a dos fragatas españolas (8) sin duda se trata de las fragatas Hermiona y San Esteban. A los dos días ésta última fragata se enfrenta a otro navío portugués, y en la tarde del día 26 de agosto, frente a Maldonado, la misma fragata española San Esteban captura a uno de los buques portugueses de convoy, que iba en conserva del navío Lampadoza, el cual inicia un combate por siete u ocho horas hasta que los vientos separan a las dos embarcaciones (9). La escuadra portuguesa llega ante Montevideo la noche del 6 de septiembre. Comenzó el asedio de la plaza española, defendida por el comandante Alonso de la Vega. Al enterarse Salcedo, envía los 200 dragones recién llegados al mando del teniente coronel D. Francisco Martínez Lobato. Con la llegada de estos refuerzos, los portugueses deciden abandonar la empresa de tomar Montevideo al asalto e inician un bloqueo naval.

         El 21 de agosto de 1736 zarpan de Lisboa otros dos buques de guerra, el navío Nossa Senhora da Arrabida y otro, dando escolta a dos navíos de provisiones. Los portugueses contaban en la zona con diez buques de guerra, muy superiores a las fuerzas españolas. El brigadier Silva Pais, con el navío Esperança y otros cuatro menores, decide atacar en la ensenada de Barragán a los buques españoles, los dos navíos de registro de Alzaybar y las fragatas Hermiona y San Esteban, puestos al mando del capitán Arratia, comandante de esta última. Abreu Prego es contrario a este ataque en contra de la opinión del brigadier Silva Pais y del gobernador Vasconcellos, que deseaban acabar con la escuadra española lo antes posible. El 17 de noviembre se acercó a las fragatas españolas, pero carecían de prácticos y corrían peligro de quedar varados, como ya había opinado Abreu Prego, no teniendo más remedio que desistir de su empeño. Al regresar al puerto de Colonia, el navío Esperança encalló entre la plaza y la isla de San Gabriel a causa de un temporal. Para colmo de desgracias y por noticias llegadas desde Buenos Aires se enteran de la próxima llegada de cuatro fragatas españolas. Comenzaban a escasear en la plaza los alimentos, por lo que se decide evacuar a los civiles y enviarlos a Río de Janeiro, de modo que en diciembre de 1736 se embarcaron 200 civiles en el navío Conceiçäo, 95 en el Vitória y 180 en el Lampadoza.

         En marzo de 1737 llegan a la zona de operaciones seis embarcaciones españolas al mando del capitán de navío D. Nicolás Geraldino, las fragatas Galga y Paloma Indiana (10), el paquebote Rosario y otros tres buques capturados durante la travesía. Llevaban embarcados 225 hombres del Regimiento de Infantería “Cantabria” al mando del teniente coronel D. Domingo Santos de Uriarte, que se sumaron a las tropas sitiadoras, aunque poco pudieron hacer para resolver los males causados por la precipitación de Salcedo (11). Ante el retraso del alistamiento de las naves, había zarpado anteriormente, el 27 de agosto de 1736 de El Ferrol, la fragata San Francisco Javier, cargada de pólvora, armas y municiones y al mando del capitán de fragata D. Francisco Lastarría (12). El capitán Geraldino es puesto al mando de la escuadrilla española, que aunque reforzada, poco pudo hacer a causa de la falta de entendimiento con el gobernador Salcedo. El 29 de agosto de 1737 perdió una de sus naves (13), el navío de registro Nuestra Señora de la Encina, que al mando de D. Agustín de Aldunsín varó y se hundió en Punta Piedras (San Borondón).

Fragata española de 52 cañones

  • > Fragata española de 52 cañones. “Diccionario demostrativo con la configuración y anatomía de toda la arquitectura naval moderna”. Juan José Navarro, Marqués de la Victoria, 1719-1756. Museo Naval.

         Las noticias de la salida de Cádiz de la escuadra de Geraldino y la falta de resultados de la escuadra portuguesa, motivan que la Corona portuguesa envíe otra escuadra que zarpa de Lisboa el 21 de agosto de 1736 y llega a Río de Janeiro el 30 de octubre. En esta ocasión se trata de cuatro buques más pequeños, propios para la navegación en aguas del Río de la Plata. Con nuevas levas de soldados, zarpa esta escuadra el 1 de diciembre y se incorpora a la escuadra de Abreu Prego el día 16. En una junta de guerra celebrada poco después, insiste Silva Pais en atacar Montevideo, pero su propuesta es rechazada por los prudentes mandos de la Marina. Manteniéndose el grueso de la escuadra frente a la plaza,  zarpan de Colonia los navíos Esperança y Lampadoza con varias unidades menores rumbo a Maldonado con tropas al mando de Silva Pais, para reforzar las operaciones en Río Grande de San Pedro.

         A primeros del mes de septiembre de 1737 llega a Colonia el navío de 60 cañones  Nossa Señora da Boaviagem con los cinco artículos del armisticio firmado en París el 16 de marzo de ese año (14). Después de dos años de infructuoso sitio y bloqueo de la plaza de Colonia de Sacramento, cesan las hostilidades entre España y Portugal con la intercesión de Francia, Gran Bretaña y Holanda. El inepto gobernador Salcedo había fracasado, siendo poco después reemplazado por el nuevo gobernador de Buenos Aires D. Domingo Ortiz de Rozas.

  • Notas:
  • (1).- Cesáreo Fernández Duro, “Armada española”, Tomo VI, página 207.
  • (2).- Luis Enrique Arázola Gil, “Contribución a la historia de Colonia de Sacramento. La epopeya de Manuel Lobo”, Montevideo, 1931, página 103.
  • (3).- Cesáreo Fernández Duro, ob.cit., página 253.
  • (4).- Paulo César Possamai, “O reclutamento militar na América portuguesa: o esforço conjunto para a defesa da Colônia do Sacramento (1735-1737)”. Revista de Historia, 2º semestre 2004, páginas 151-180.
  • (5).- Carlos Correa Luna, “Campaña del Brasil, antecedentes coloniales”, Tomo III, página 517.
  • (6).- Paulo César Possamai, ob.cit., página 169.
  • (7).- Gregorio Funes, “Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán”, Tomo II, Buenos Aires, 1816, páginas 390-391.
  • (8).- Revista General de Marina, abril 1941, páginas 547-548, artículo de Luis Montojo, “Santiago Agustín de Zuloaga”.
  • (9).- Balthazar da Silva Lisboa, “Annaes do Río de Janeiro”, Tomo III, Río de Janeiro 1835, páginas 30-53.
  • (10).- La mayoría de las fuentes consultadas mencionan a estas unidades como fragatas, aunque realmente eran pequeños navíos de dos puentes artillados con más de 50 cañones y como tales deberían ser clasificados.
  • (11).- Las Armadas Reales portuguesa y española contaban con las siguientes unidades en aguas del Río de la Plata:
  • Armada portuguesa
  • Nossa Senhora da Esperanza. 70 cañones. Construido en Lisboa y dado de alta el 18 de noviembre de 1735. Baja e en 1742. Capitán José Goncalves Lage.
    Nossa Senhora da Vitória. 60-74 cañones. Botado en Lisboa el 18 de agosto de 1735. Baja en 1742.
    Nossa Senhora da Conceiçäo. 60-74 cañones. Botado en Lisboa el 12 de junio de 1733. Baja en 1745. Capitán Joao Pereira dos Santos.
    Nossa Senhora das Ondas. 58 cañones. Capitán Antonio de Mello Callado.
    Nossa Senhora da Lampadoza. 50-54 cañones. Botado en Lisboa el 21 de junio de 1727. Capitán José de Vasconcellos Maltez. Dada de baja en Río de Janeiro el 20 de abril de 1757.
    Nossa Senhora da Nararé. 50 cañones. Capitán Francisco Santos.
    Bom Jesús de Vilanova. 20 cañones. Capitán Dionisio Antonio.
  • Armada española
  • San Esteban. 50-56 cañones. Capitán de fragata D. José de Arratia.
    La Galga. 50-56 cañones.
    Paloma Indiana. 52 cañones. Capitán de navío D. Nicolás Geraldino.
    San Francisco Javier. 52 cañones. Capitán de fragata D. Francisco Lastarría.
    Hermiona. 36 cañones. Capitán de fragata D. Jorge Chavarría
    Navío de registro San Bruno. 36 cañones.
    Navío de registro Nuestra Señora de la Encina. 36 cañones. Capitán D. Agustín de Aldunsín.
  • (12).- Gregorio Funes, ob.cit, página 391.
  • (13).- Mª Jesús Arazola Corvera, “Hombres, barcos y comercio en la ruta Cádiz-Buenos Aires (1737-1757)”, páginas 95-97. Por los servicios prestados en operaciones militares, las compañías comerciales recibían concesiones e incluso exigían indemnizaciones por apresamientos o naufragios.
  • (14).- José de Sousa Azevedo Pizarro e Araujo, “Memórias Históricas do Río de Janeiro”, Tomo IX, página 398.

 

Tratado de Madrid de 1750

         Con la subida al trono del rey Fernando VI en 1746 comienza una política de neutralidad con las potencias europeas. Con Portugal se inician contactos entre los embajadores para solucionar definitivamente el problema limítrofe en América. El 13 de enero de 1750 se firma en Madrid el Tratado de Permuta entre el embajador portugués Tomás da Silva Téllez y el ministro español José de Carvajal y Láncaster. Por este tratado se conseguía la Colonia de Sacramento, pero a cambio se cedían a los portugueses grandes extensiones de terreno, donde se encontraban los siete pueblos de las misiones regentadas por los jesuitas en el Paraguay. Para ello se enviaron a los comisionados que debían tratar de los límites entre las dos coronas, siendo el marqués de Valdelirios por parte española y el general Gómes Freire de Andrada por la portuguesa los encargados de legitimar estas nuevas usurpaciones portuguesas que de ningún modo les correspondías. El territorio a delimitar era tan extenso que se enviaron varias comisiones, embarcando en Cádiz el 16 de noviembre de 1751 en el navío mercante Jasón (1). Al poco de comenzar los trabajos se encontraron con el principal problema, los indios se resistían al abandono de su territorio.

         Los antiguos enemigos, ahora aliados, iniciaron en 1753 una larga lucha contra los indios que les costó grandes sumas de dinero a las dos naciones (2). Por parte española la campaña contra los indios guaraníes fue iniciada por el gobernador de Buenos Aires D. José de Andonaegui, apoyado por D. José Joaquín de Viana, gobernador de Montevideo, siendo los indios definitivamente vencidos en la batalla de Caybaté, el 10 de febrero de 1756. En 1761, el nuevo rey español Carlos III anuló el Tratado de Madrid de 1750, volviendo a la situación anterior con la firma de otro tratado en 1761 en el que se les devolvía la Colonia de Sacramento, o eso creían los españoles. En años de campaña, los portugueses habían construido fuertes y se habían establecido en varios puntos del territorio de las misiones. D. Pedro de Cevallos, nuevo gobernador de Buenos Aires, que había acudido a estas tierras para relevar a las tropas españolas, pidió explicaciones a los portugueses por su desleal conducta. Sus respuestas evasivas darían pie en breve tiempo a nuevos o viejos conflictos.

  • Notas
  • (1).- Carmen Martínez Martín, “El Tratado de Madrid (1750): aportaciones documentales sobre el Río de la Plata”. Revista Complutense de Historia de América, nº 27, año 2001, página 292.
  • (2).- Alejandro Magariños Cervantes, ob.cit., páginas 81-84.

 

Guerra de los “Siete Años”. Primera expedición de Cevallos. 1762

         En 1756 estalla una nueva guerra entre las principales potencias europeas. España entró en guerra al lado de Francia en enero de 1762, con graves consecuencias para la Colonia, puesto que los portugueses se aliaron con Gran Bretaña. El 30 de abril de 1762, el marqués de Soria entra en territorio portugués con 45.000 soldados, reforzados después por 12.000 franceses (1). A primeros de enero de 1762 zarpa de Cádiz la fragata armada con 26 cañones Victoria, al mando del teniente de navío D. Carlos José de Sarriá, con órdenes para el gobernador Cevallos de sitiar y tomar Colonia. Cumpliendo las órdenes recibidas, D. Pedro de Cevallos, gobernador de Buenos Aires, comienza los preparativos con gran sigilo. A primeros de septiembre zarpó la escuadra española compuesta por una fragata, un navío de registro armado, tres avisos, doce lanchas grandes armadas y quince transportes, manteniéndose entre el 4 y el 7 de septiembre dando bordadas a la vista de la plaza hasta que éste último día anclaron y comenzó el desembarco. Hasta el día 14 estuvo la tropa entretenida en el desembarco y pasaron varios días hasta que llegó la artillería de Montevideo el día 26. Al día siguiente llegaron 1.200 indios y el 1º de octubre emprendió la marcha del Ejército, comenzando el sitio a la Colonia el 5 de octubre de 1762.

         Las operaciones del Ejército se desarrollaban según lo planeado, no así las operaciones navales por los graves problemas de entendimiento entre el gobernador Cevallos y el oficial Sarriá, que a su llegada fue puesto al mando de las unidades navales españolas. El 14 de octubre se hicieron a la vela 4 bergantines portugueses y, sin oposición alguna, sacan de la plaza sitiada, familias, plata y otros efectos. Uno de ellos puso rumbo a las costas brasileñas, mientras que los otros tres regresan a la plaza el 17 de octubre con víveres y  materiales necesarios para la defensa. A las órdenes de Sarriá se había puesto su fragata Victoria, el navío de registro Santa Cruz, propiedad de la compañía comercial de Mendinueta, tres avisos, ocho lanchas y tres corsarios. Realizado el desembarco, y sin órdenes de Cevallos, se retiró a la costa cercana a Buenos Aires, a la ensenada de Barragán, desembarcó la artillería del navío Santa Cruz y parte de la fragata y se atrincheró en tierra, desobedeciendo las reiteradas órdenes para que regresara y combatiera a las embarcaciones portuguesas. La contestación del oficial de Marina fue que no había venido de España luchar contra el contrabando. Después de innumerables cartas donde se le pedía ocupara su puesto con la escuadra, decidió zarpar el 17 de octubre, aunque realmente no salió de la ensenada hasta el día 29 y llegó a Colonia dos días después, cuando los portugueses ya habían capitulado (2).

         El 31 de octubre de 1762 el gobernador de la Colonia, da Silva Fonseca, capitula y dos días después ondea de nuevo en sus murallas la bandera española. Sin detenerse, prosigue su campaña hacia el este, apoderándose el 19 de abril de 1763 del fuerte de Santa Teresa. Varios días después se apodera de Santa Tecla y San Miguel, llegando  el 24 de abril hasta Río Grande de San Pedro, donde le sorprende la llegada de la paz. La toma de la Colonia frustró un plan luso-británico de apoderarse de Buenos Aires y todos los territorios del Río de la Plata, donde, según este plan, quedaría la Banda Oriental para los portugueses y la Banda Occidental para los británicos.

         Según estos planes, la Compañía de las Indias Orientales británica pondría el dinero, unas cien mil libras esterlinas, y las naves. En julio de 1762 el capitán John MacNamara zarpa de Londres rumbo a Lisboa con el navío de 62 cañones Lord Clive (3) y la fragata Ambuscade, de 40 cañones y al mando del capitán William Roberts. Eran antiguos buques de la Royal Navy comprados para esta expedición al Almirantazgo. En Lisboa, el capitán MacNamara es nombrado jefe de escuadra y salen de la capital portuguesa el 30 de agosto con rumbo a Río de Janeiro. En este último puerto, su gobernador Gómes Freire, conde de Bobadela, les proporciona más naves, la fragata Nossa Senhora da Gloria de 38 cañones y otras ocho embarcaciones menores, donde embarcaron soldados al mando del teniente coronel Vasco Alpoin (4). El 20 de noviembre zarpan de Río de Janeiro y se cruzan sin verse, ironías del destino, con varias embarcaciones que llevaban a los prisioneros portugueses de la Colonia. En su desconocimiento de la caída de la Colonia de Sacramento, se dirigían a tomar Buenos Aires para lo cual desembarcarían en la ensenada de Barragán. Llegados a la altura de Montevideo se enteran de la toma de Colonia por los españoles y se dirigen a Buenos Aires, pero por falta de prácticos no encuentran el canal de entrada que les llevaría por el río hasta la ciudad. Regresa MacNamara a la zona de Montevideo, donde un buque portugués les trae noticias y la orden de regresar. En un consejo de guerra se decide atacar la Colonia y el 4 de enero de 1763 fondean en Riachuelo, cerca de Colonia, donde intentan varios ataques que son rechazados. Al mediodía del 6 de enero los tres buques mayores se acoderan por la banda de estribor frente a las fortalezas, el Lord Clive frente a Santa Rita, el Ambuscade frente a San Pedro Alcántara y el Gloria frente al de San Miguel, y comienza el bombardeo de la plaza, sostenido por ambas partes por unas cuatro horas. Por causas que se desconocen, comenzó un voraz incendio en el navío británico que lo consumió por completo al estallar la santabárbara al anochecer, muriendo 272 hombres, incluido su capitán (5). Sesenta y dos hombres fueron rescatados por los españoles, mientras las otras dos unidades, muy averiadas, vuelven a Río de Janeiro (6). La fragata británica llegó con 80 muertos y heridos. Sólo cuatro españoles murieron en el fuerte.

Navío ardiendo

         La toma de la Colonia y el rechazo a la escuadra enemiga fue una de las mayores victorias que se habían dado hasta entonces en aquella parte de América, pero fue empañada por la actitud indecorosa y cobarde de un oficial ya conocido, el teniente de navío Sarriá (7). Al mando de este oficial se encontraban en Colonia la fragata Victoria, el navío Santa Cruz, al mando del capitán Urcullu, y el aviso o paquebote San Zenón. Al aparecer la escuadra de MacNamara, ordenó Sarriá retirarse con la fragata Victoria lejos del fuego británico y portugués, quedando como única preocupación del enemigo los cañones de la plaza. Aunque este acto de abandonar el combate pudiera no ser tachado de cobardía ante fuerzas superiores, sí lo fueron los hechos que protagonizó posteriormente.

         El teniente de navío Sarriá, con el resto de oficiales, abandona la fragata en un bote y se dirige a la cercana isla de San Gabriel. A las ocho de la tarde, cuando la tripulación iba a abandonarla, estalla el navío británico, y al no haber ya peligro deciden quedarse a bordo. A las once de la noche envía el contramaestre un bote a la isla para recoger al comandante, pero al acercarse a la fragata se disparan tres cañonazos por una falsa alarma y ordena Sarriá que lo lleven a tierra firme. Al amanecer del 7 de enero regresa a la fragata y después salió en bote a la isla San Gabriel, quedando el resto de oficiales para recoger su equipaje. Esa tarde regresa de nuevo a la fragata, donde hubo un consejo de guerra. Manda abandonar la nave y dirigirse a la isla, sin informar a su superior, el general Cevallos, de sus decisiones. Varada como estaba en la arena ordena hundirla sin preocuparse de salvar la artillería, pólvora, municiones y demás pertrechos. La fragata no sufría daño alguno y, aunque estaba varada, hubiera salido sin dificultad con la subida de la marea. Sus órdenes, para que no queda duda, fueron las siguientes: “…luego que salga de su bordo la lancha, empiece Ud., sin pérdida de tiempo, a echar la artillería al agua, y tenerle abierto buenos rombos a la fragata para que se vaya a pique, antes que logren los enemigos hacer alguna intentona, ó con esa artillería batir a esta isla, de lo que se nos haría grave cargo, y de este sentir son todos los oficiales y yo, y así sin interpretación póngalo Ud. luego por obra. De Ud. Sarriá.” Recordaré, que los enemigos, derrotados, huyeron la tarde anterior. Si por cualquier motivo hubieran regresado e intentaran tomar la fragata con botes, serían suficientes los 180 hombres de la tripulación para rechazarlos.

         El contramaestre, desobedeciendo las órdenes de Sarriá, sólo abrió unos barrenos, por lo que la entrada de agua fue más lenta. Al enterarse Cevallos de lo que ocurría, mandó a la fragata al piloto Manuel Joaquín de Zapiola, a un práctico y varios marineros para salvarla, pero estando ya a la vela en el puerto vino una tormenta el 8 de enero que la lanzó contra las rocas, donde se perdió por no poder echar un ancla, ya que todas fueron echadas al agua por órdenes de Sarriá. Ante tales hechos, el teniente Sarriá y los oficiales fueron arrestados por el gobernador Cevallos. Celebrado un consejo de guerra en 1766 quedó, inexplicablemente, absuelto de todos los cargos. Muchos y poderosos contactos debía tener el teniente de navío D. Carlos José de Sarriá.

         Por el tratado de París firmado el 10 de febrero de 1763, la Colonia de Sacramento  y las demás posesiones ocupadas por Cevallos son restituidas a los portugueses. Portugal obtiene con la diplomacia lo que España debe conseguir con el esfuerzo y el derramamiento de su sangre.

  • Notas
  • (1).- Miguel Ángel Cárcano, “La política internacional en la historia argentina”, páginas 143-144.
  • (2).- Carlos Calvo, “Colección completa de tratados”, París, 1862, Tomo VI, páginas 177-219.
  • (3).- El Lord Clive era un viejo navío construido en 1697 con el nombre de Kingston. Había tomado parte en importantes acciones militares, Gibraltar, batalla de Vélez-Málaga en 1704, Gaspe 1711. Reacondicionado en 1719 y 1740, tomó parte en 1744 en la batalla de Tolón, Menorca en 1756 y bahía de Quiberon en 1759.
  • (4).- Isaac Schomberg, “Naval Chronolgy”, Tomo I, Londres, 1802, páginas 374-376.
  • (5).- Oscar C. Albino, “Ceballos, la Colonia de Sacramento y la primera invasión inglesa al Río de la Plata”. Artículo www.centronaval.org.ar. La idea más extendida del posible incendio es que fue causado por balas rojas (antes de cargar las balas se calentaban al rojo).
  • (6).- Andrew Graham-Yooll, “Imperial Skirmishes”, 2002, página 6.
  • (7).- Carlos Calvo, ob.cit., páginas 220-227.

 

Segunda expedición de Cevallos. 1777

         Con el tratado de París no llegó la paz definitiva con los portugueses. Altaneros por sus logros conseguidos, y siempre apoyados por los británicos, comienzan a partir de 1767 a realizar varios ataques contra intereses españoles en Río de la Plata, auspiciados por su ministro Pombal. Aprovechando la expulsión de los jesuitas, ocupó las misiones de los indios en Uruguay y Paraguay, ocupando también la población de San Pedro de Río Grande en 1775. En las tierras de las misiones, no sólo robaron ganado a los indios, sino que los portugueses llegaron a esclavizar a más de siete mil familias, ante la dejadez de los administradores españoles.

         Los principales enfrentamientos se produjeron en las tierras de Río Grande, ocupadas por las tropas de Cevallos en la anterior guerra. Los portugueses concentraron gran cantidad de tropas desde 1774 para desalojar a los españoles, mandados por el teniente general Joao Henrique Böhm. Los españoles contaban en la zona de unos 1.450 hombres, dispersos en las plazas de Santa Tecla, San Miguel, Santa Teresa y Río Grande. En esta última plaza contaban los españoles con cuatro baterías, la de Santa Bárbara, Trinidad y la del Puntal con no más de 4 cañones cada una, y la fortaleza de la Barra, con siete cañones. A las tropas portugueses hay que añadir una flotilla al mando del capitán Jorge Hardcastle, compuesta por dos corbetas, dos bergantines y dos zumacas. El 15 de enero de 1776 llegan refuerzos españoles a Río Grande a bordo de las corbetas Nuestra Señora de Atocha, Nuestra Señora de los Dolores y tres saetías. La primera embarrancó y las otras tres fondearon entre los fuertes de Santa Bárbara y Trinidad. Aun con estos refuerzos, la inferioridad española era manifiesta (1a).

         A pesar de todas las manifestaciones de fuerza por parte portuguesa, las dos naciones estaban en paz, aun así hubo momentos de tensión, como el ocurrido a primeros de 1776. A primeros de febrero de 1776 apareció en la costa de Río Grande una escuadra portuguesa al mando del almirante británico (irlandés) Robert MacDouall, compuesta por el navío de 62 cañones Sao Antonio, dos fragatas, de 30 y 24 cañones, dos paquebotes de 18, un bergantín de 18, una balandra de 14 y tres zumacas de 16 cañones, que se sumaron a las fuerzas navales del capitán Hardcastle, que en ese momento eran de dos corbetas, un bergantín y dos zumacas. El 19 de febrero de 1776, atravesando el paralelo de la Punta de San Pedro se dirigieron río arriba con claras intenciones de atacar a la flotilla española. A las ocho de la mañana, fondearon dentro de la Barra. Días antes habían desembarcado la artillería que llevaban en sus bodegas. Las baterías españolas de la Barra y Santa Bárbara comenzaron a disparar a las tres de la tarde contra la escuadra portuguesa, respondiendo con valor la balandra portuguesa, uniéndose más tarde al cañoneo una zumaca, un paquebote y las fragatas. El fuego de las baterías fue tan bien dirigido que obligó a los portugueses a alejarse, hundiendo una zumaca frente a la batería de Santa Bárbara y varando un paquebote en la Punta de San Pedro.

         La flotilla española, bajo la protección de las baterías costeras, estaba al mando del capitán de fragata D. Francisco Javier Morales y contaba con la corbeta Nuestra Señora de los Dolores, al mando del alférez de navío D. José Emparán, los bergantines Santiago, al mando de Morales, y Nuestra Señora de la Pastoriza, teniente de fragata D. Juan José de Iturriaga, y las saetías San Francisco de Asís, teniente de navío D. Felipe López Carrizosa, y la Misericordia, al mando de D. Francisco Idiaquez de Borja. La escuadra portuguesa, a pesar del duro castigo que recibían, intentaron tomar al abordaje a las naves españolas. Contra la saetía del teniente Carrizosa se pusieron a su costado la balandra y un paquebote portugués, siendo rechazados, pero pierde al alférez de navío D. Francisco Butrón, segundo en el mando, y heridos un cabo y cuatro marineros. También contribuyeron los cañones de la corbeta Dolores, que tuvo un cabo y dos marineros heridos. La saetía Misericordia fue atacada a la vez por cuatro naves enemigas, entre ellas una fragata, y maniobró de modo que no se viera rodeada, consiguiendo rechazar a los cuatro. Entonces, las dos fragatas portuguesas intentan abordar al Santiago, recibiendo apoyo de otras naves ante el vivo fuego del bergantín español, que es auxiliado por el bergantín Pastoriza, cuya tripulación protagonizó momentos de gran valor. Durante el combate, muere su comandante Iturriaga, otros ocho hombres y caen heridos dieciséis marineros. En el momento en que los portugueses tratan de abordarla, el Santiago se atraviesa entre ellos. Aumentó tanto la moral de la tripulación que intentan tomar la fragata portuguesa, matando a su comandante y al segundo. Viendo la situación tan apurada de la fragata, un oficial de otro barco portugués pasó a la fragata y tomó el mando, consiguiendo retirarse del combate, aunque con muchos daños.

         Durante las tres horas que duró el combate, las tripulaciones españolas tuvieron dieciséis muertos, entre ellos los dos oficiales, y veinticuatro heridos (1b). Las bajas portuguesas debieron ser muchas más. Mientras ocurría este combate se vieron varias lanchas portuguesas llenas de tropas que intentar tomar el islote de Landino, en la desembocadura del río. Una embarcación española, armada con dos cañones de a 16, dos de 3 y algunos pedreros se acerca al islote para detener a los portugueses, que dan media vuelta al haberse visto sorprendidos. Las provocaciones portuguesas continuaron hasta que las tropas al mando de D. Juan José Vertiz se rindieron ante los portugueses, recuperando éstos toda la zona de Río Grande y el resto de las plazas.

         Esta agresión portuguesa era mucho más de lo que Carlos III podía soportar y decide enviar una expedición de castigo y represalia contra la Colonia de Sacramento. Era el momento oportuno, los británicos estaban ocupados en la guerra con los colonos norteamericanos y no podrían auxiliar a Portugal. Carlos III crea el virreinato del Río de la Plata en 1776, y elige al capitán general D. Pedro Antonio de Cevallos Cortés y Calderón como su primer virrey, poniéndolo al frente de la expedición (1).

Navío español visto desde proa

  • > Navío español visto desde proa.

         Mucho antes de zarpar esta expedición, el 3 de agosto de 1774 zarpa de Cádiz una escuadra al mando del capitán de navío D. Martín Lastarría, que izaba su insignia en el navío de 70 cañones Santo Domingo. Iba acompañado de las fragatas Nuestra Señora de la Asunción, Santa María Magdalena y Santa Rosalía, capitán de fragata D. Diego de Cañas, urcas Santa Florentina y Anónima. Su destino era Veracruz, pero al abrir las órdenes reservadas, el nuevo destino era Montevideo, donde debían trasladar a los dos batallones del Regimiento de Infantería “Galicia”, tropas que eran muy necesarias para frenar a los portugueses. Llegan a Montevideo el 10 de noviembre (2). Esta escuadra se mantuvo entretenida en el bloqueo de la Colonia de Sacramento.

Preparativos de la expedición

         El 9 de agosto de 1776 salió de Madrid el general D. Pedro Cevallos y llegó a Cádiz una semana después para hacerse cargo de todos los preparativos de la expedición, donde le ocupó hasta el final de septiembre. Quedó todo listo por parte del Ejército, a la espera de que los oficiales de la Armada terminaran el alistamiento de los buques de guerra y las embarcaciones del convoy. Era primordial no perder la estación del verano, que en los mares del sur es entre diciembre y marzo, ya que por el otoño austral, que comienza en el mes de mayo, llegarían los vientos del sudoeste, muy violentos. No se puede perder de vista este aspecto de la campaña, pues dará lugar a varios enfrentamientos entre el Ejército y la Armada.

         Las tropas seleccionadas por Cevallos correspondían a once Regimientos, con un total de casi 9.000 hombres (3). Estos eran, de infantería, el “Saboya” (2º batallón, al mando del teniente coronel D. Antonio de Olaguer Feliz), “Zamora” (2 batallones, brigadier D. José de Avellaneda y teniente coronel D. Bernardo Salgado), “Córdoba” (2 batallones, coronel D. José de Sotomayor y teniente coronel D. Diego de la Peña), “Guadalajara” (1 batallón, teniente coronel D. Nicolás de Morales), “Sevilla” (2º batallón, teniente coronel conde de Argelejos), “Toledo” (1 batallón teniente coronel D. Sebastián de Palomar), “Hibernia” (1 batallón, brigadier D. Guillermo Waugham), “Princesa” (2º batallón, teniente coronel D. Juan Roca), “Voluntarios de Cataluña” (1 batallón, coronel D. Benito Panigo), “Murcia”, (1 batallón, teniente coronel D. Gaspar Bracho y Bustamente), un Regimiento de Dragones al mando del coronel D. Plácido Graell y varias compañías y destacamentos de granaderos, sanidad, intendencia, etc. La mayoría de las tropas llegaron a Cádiz por tierra, otras llegaron a bordo de buques de la Armada, los navíos San José y Poderoso entraron en Cádiz el 31 de julio procedentes de Cartagena con tropas y material de artillería, al igual que las fragatas Santa Clara, llegada de El Ferrol, y Santa Margarita. A primeros de agosto entró el Septentrión, también procedente de Cartagena con más pertrechos y el navío Princesa, procedente de Orán, el 5 de agosto, con tropas del regimiento de infantería ligera de Cataluña, y otras lo hicieron a bordo de buques mercantes requisados.

Composición de la escuadra

         Estaba compuesta por seis navíos, seis fragatas, un chambequín, tres paquebotes, un bergantín, una urca, dos bombardas, una saetía armada y dos brulotes (4), al mando del teniente general D. Francisco Javier Everardo Tilly y García de Paredes, marqués de Casa Tilly. El convoy eran de casi cien embarcaciones mercantes (5), algunas armadas en guerra.

  •          Navío Poderoso. 70 cañones. Buque insignia de la escuadra, llevaba la Plana Mayor del Ejército y  de la Armada. Al mando del brigadier D. Juan de Lángara y Huarte, era su segundo el capitán de fragata D. Antonio Chacón. Llevaba de transporte un oficial y 37 soldados del Regimiento de Infantería “Saboya”, además de numerosos pertrechos.

  •          Navío América (a) Santiago la América. 64 cañones. Comandante el brigadier D. Antonio Osorno y Herrera y su segundo el capitán de fragata D. Felipe López. Un oficial y 62 soldados del Regimiento de Infantería “Sevilla”.

  •          Navío San José. 70 cañones. Era su comandante el brigadier D. Francisco Bances y su segundo en el mando el capitán de fragata D. Francisco Torres. Llevaba a bordo a 3 oficiales y 72 soldados del regimiento de Infantería “Córdoba”.

  •          Navío San Dámaso. 70 cañones. Comandante el capitán de navío D. Francisco de Borja y su segundo el capitán de fragata D. Antonio Pascual. Llevaba de transporte a 3 oficiales y 63 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”, además de pertrechos.

  •          Navío Septentrión. 70 cañones. Comandante, el capitán de navío D. Antonio Osorno y Funes, y el capitán de fragata D. Francisco Velázquez era su segundo. Transportaba a 3 oficiales y 72 soldados del Regimiento de Infantería “Hibernia”.

  •          Navío Monarca. 70 cañones. Insignia del jefe de escuadra D. Adrián Caudrón de Cantein, siendo su comandante el capitán de navío D. Pedro Trujillo y su segundo en el mando el capitán de fragata D. Domingo de Navas. Embarcó a 3 oficiales y 72 soldados del Regimiento de Infantería “Toledo”.

  •          Fragata Santa Rosa. 22 cañones. Comandante, el capitán de fragata D. José Cautelar (Castejón), siendo su segundo el teniente de fragata D. Domingo Grandallana. Embarcó a un cabo y ocho soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.

  •          Fragata Santa Margarita. Comandante el capitán de fragata D. Edmundo Linch y su segundo el teniente de navío D. Marcos Fonguión. Llevaba un oficial y 37 soldados del Regimiento de Infantería “Córdoba”.

  •          Fragata Santa Teresa. 30 cañones. Comandante el capitán de fragata D. Basco Morales. Se segundo el teniente de navío D. José Aramburu. Embarcados dos oficiales y 31 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.

  •          Fragata Venus. Comandante el capitán de fragata D. Gabriel Guerra, su segundo el teniente de navío D. Francisco Collantes. Lleva dos oficiales y 32 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.

  •          Fragata Liebre. Comandante el capitán de fragata D. Miguel Maestre, su segundo el teniente de navío D. Pablo de la Cosa. Embarcados un oficial y 35 soldados del Regimiento de Infantería “Córdoba”.

  •          Fragata Santa Clara. Comandante el capitán de fragata D. Pedro de Cárdenas y su segundo el teniente de fragata D. Manuel Posadas. Lleva dos oficiales y 35 soldados del Regimiento de Infantería “Saboya”.

  •          Chambequín Andaluz. Al mando del teniente de navío D. Benito de Lira. Su segundo el teniente de navío D. Isidoro Postigo. Lleva un oficial y 22 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.

  •          Paquebote Guarnizo. 14 cañones. Al mando del teniente de navío D. Sebastián de Apodaca. Llevaba de transporte a un cabo y siete soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.

  •          Paquebote Marte. 18 cañones. Al mando del teniente de navío D. Antonio de Córdoba y su segundo el teniente de fragata D. Alfonso Alburquerque. Lleva a bordo un cabo y siete soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.

  •          Paquebote Júpiter. 20 cañones. Comandante el teniente de navío D. Nicolás Estrada, su segundo el teniente de fragata D. Vicente Emparán.

  •          Urca Santa Florentina. Capitán de fragata D. Francisco Javier García.

  •          Bergantín Hoop, comandante el alférez de navío D. Andrés de Ramos. Saetía armada en guerra Santa Ana, comandante el alférez de navío D. José Justo Salcedo. Bombardas Santa Eulalia, armada con 8 cañones y al mando del teniente de fragata D. Julián de Retamosa, y Santa Casilda, armada de 8 cañones y al mando del teniente de fragata D. José Angeler y su segundo el alférez de navío D. José Zamora.

         La tropa embarcó los dos primeros días de noviembre, pero no zarpó de Cádiz hasta el día 13 de noviembre. Siete días después de zarpar se encontraban al sur de las islas Canarias y una semana después a la altura de Cabo Verde, con la escuadra y convoy unidos y navegando sin novedad. A partir de entonces comenzaron a dispersarse, treinta y seis naves faltaban en la escuadra el 11 de diciembre, entre ellas los navíos Septentrión, San Dámaso y San José, la fragata Venus y el bergantín Hoop, por lo que se comenzó a navegar muy lentamente en espera de reunir a todas las embarcaciones. El último punto de reunión era la isla Ascensión, a la que se llegó el 17 de enero. El día 30 prosiguió la navegación por el gran retraso que se acumulaba, aunque no habían aparecido la mayoría de los buques dispersos, quedándose en aquella isla la saetía Santa Ana para recoger el resto de embarcaciones. El 6 de febrero se destaca a la fragata Santa Margarita y al chambequín Andaluz en persecución de dos velas avistadas, que se apresaron al día siguiente, apareciendo el 9 de febrero la fragata llevando a remolque un paquebote y el Andaluz una saetía portuguesa, ambos mercantes y con correspondencia para Lisboa. El 7 de febrero se avistó otra embarcación, siendo apresada por la fragata Santa Teresa, tratándose en este caso de una fragata armada con ocho cañones que había zarpado de Río de Janeiro con correspondencia para Lisboa, llamada Lucía Fortunata. Con estos correos capturados se supo todo lo necesario sobre la isla Santa Catalina, número de tropas, su distribución, armas, víveres y sobre todo, la fuerza y destino de la escuadra portuguesa, la cual no había variado con respecto al año anterior (6) y se encontraba en la ensenada de Garupas, a 7 leguas al norte de Santa Catalina, con la intención de caer sobre la escuadra española en cuanto se acercaran para realizar el desembarco, estando al mando de un británico, Robert McDouall. Con estas noticias, Cevallos ordena dirigirse a la ensenada de Garupas para destruirla. La mañana del 18 de febrero la escuadra española descubre a las naves portugueses, eran doce buques de guerra. El jefe de la escuadra portuguesa, viendo que las fuerzas enemigas eran superiores, se hace a la vela y, con viento favorable huye, aunque se mantuvieron a la vista y con el barlovento a su favor. Contaba Mac-Donall con los cuatro navíos, 4 fragatas y otros 3 navíos mercantes armados con 25 cañones. Al día siguiente, calmó el viento y la escuadra española ganó el barlovento, preparándose para el combate, pero el viento era tan flojo que nos les permitía maniobrar. Por la tarde, con algo más de viento la escuadra portuguesa viró y puso proa al norte, perdiéndose de vista al anochecer.

Plano de Santa Catalina.

  • > Plano de Santa Catalina.

         Pocos días después de iniciada la navegación comenzaron serias disputas entre el Ejército y la Armada. Su colaboración para el éxito de la expedición era fundamental y en varias ocasiones estuvo a punto de fracasar por varias disputas. La primera fue por el retraso en la navegación, se echó la culpa de la dispersión por varias órdenes desafortunadas del teniente general marqués de Casa Tilly. El comandante de la escuadra era de la opinión de arribar a Río de la Plata y no intentar un arriesgado desembarco en la isla Santa Catalina. No se puede olvidar que el objetivo de la expedición era la Colonia de Sacramento y fue durante la navegación cuando el general D. Pedro Martín Cermeño convenció a Cevallos de cambiar el objetivo, a lo cual se oponía la Armada, empeorando así las ya deterioradas relaciones.
 
         Justo un mes después de iniciada la navegación la escuadra del marqués de Casa Tilly, zarpa de Cádiz otra escuadra con pertrechos rumbo a Montevideo, compuesta por los navío San Agustín, capitán de navío D. José Teachaín, y Serio, capitán de navío D. Francisco Javier Morales de los Ríos, y la fragata Santa Gertrudis, al mando del capitán de la misma clase D. Luis Ramírez.

         Sin ser molestados por la escuadra portuguesa, la escuadra española se encontraba el 20 de febrero en el puerto de Santa Catalina, a la vista de las fortalezas de Punta-Grosa, Ratónes y Santa Cruz y a las dos de la tarde fondeó la escuadra fuera del alcance de los cañones portugueses. En ese momento, el general Cevallos y su Estado Mayor embarcaron en la fragata Santa Margarita, y con ella reconocieron la costa y el castillo de Punta-Grosa, valorando el mejor punto para el desembarco. Nuevos sondeos y reconocimientos se realizaron al día siguiente, durante el cual el chambequín Andaluz fue cañoneado desde el castillo de Santa Cruz. La noche del 22 al 23 de febrero, desembarcaron las tropas en la playa de San Francisco de Paula, sin oposición enemiga, acampando fuera del alcance de los cañones de Punta-Grosa. Viendo los preparativos del Ejército y que el navío Septentrión se acercaba con las bombardas para batir la fortaleza, los portugueses abandonaron precipitadamente sus defensas. Consternados por el abandono de Punta-Grosa, los defensores de las fortalezas de Santa Cruz y Ratónes, viendo al Ejército de Cevallos formado ante ellos, abandonaron también sus posiciones, sin detenerse a deteriorar los cañones y otro armamento, que pasaron a manos españolas sin daño alguno (7) Por si la respuesta no era favorable se habían acercado para bombardear el castillo de Ratónes el navío Septentrión, la fragata Liebre y las dos bombardas. Ese mismo día 23 son enviadas las fragatas Santa Margarita y Santa Clara, el chambequín Andaluz y los paquebotes Marte y Guarnizo para tomar el castillo de Concepción, que se encuentra al otro lado de la isla, siendo capturados, además del castillo, tres zumacas. Sin hacer un disparo, las tropas españolas eran dueñas de la isla el mismo día 23 de febrero (8), mientras la mayor parte de los cuatro mil soldados portugueses que guarnecían la isla cruzaron en pequeñas naves al continente (9). Como comandante general de la isla quedó el brigadier D. Guillermo Waugham, y como gobernador de la plaza el teniente coronel D. Juan Roca. Para dar noticias de la conquista zarpa de Santa Catalina el 29 de marzo el paquebote Nuestra Señora de los Dolores y llega a Cádiz el 6 de julio. A la vez zarpa el bergantín San Joaquín y Santa Ana con las mismas noticias y la salida de la escuadra para su próximo objetivo, Río Grande.

         El 20 de marzo embarcó el general Cevallos en el navío Poderoso y el ejército en 83 embarcaciones de la escuadra para su siguiente objetivo, San Pedro de Río Grande. Por los vientos contrarios, la escuadra no zarpó hasta el 30 de marzo, con la orden de dirigirse a Montevideo en caso de separación. Al día siguiente se encontraron con un temporal que dispersó la escuadra. El navío Poderoso hacía tanta agua que se pensó en que debía regresar a Santa Catalina, aunque finalmente llegó a Maldonado el 18 de abril. Transbordó Cevallos a la fragata Venus, con la que llegó a Montevideo dos días después. Deseaba Cevallos emprender cuanto antes la marcha hacia Río Grande, pero le faltaba muchas tropas que se encontraban en los buques desperdigados, por lo que hubo de cambiar los planes. Despachó un oficial para informar al mariscal de campo D. Juan José Vertiz que debía parar la marcha de su ejército hacia Río Grande hasta nueva orden  (10). Sin perder tiempo, decide marchar hacia Colonia de Sacramento, mientras se reunía el resto del convoy. Para ello quedaron a su mando cuatro fragatas y otras unidades menores más propias de las aguas del Río de la Plata, enviando el resto de la escuadra a las costas del Brasil para buscar y destruir a la escuadra portuguesa. Antes de eso, y para que las tropas de Vertiz estuvieran aseguradas, mandó que se retiraran a Santa Teresa y se reunieran con ellas varias compañías de infantería y 350 dragones al mando del coronel D. Plácido Graell.

         Un primer convoy de 18 velas con rumbo a Colonia zarpó el 19 de mayo de Montevideo con ocho compañías de granaderos y cuatro de cazadores, con toda la artillería. El día 20 se embarcaron los batallones de infantería en la fragata Santa Rosalía, el chambequín Andaluz, los paquebotes Júpiter, Guarnizo y Marte y otras 14 naves mercantes. Los días 22 y 23 desembarcaron a la vista de la Colonia. A finales de mes se abrieron trincheras y se apostaron las baterías listas para el asalto (11). El gobernador portugués ofreció a Cevallos una capitulación el 1º de junio, siendo rechazada por el general español, que sólo deseaba una rendición incondicional, como así se hizo el 3 de junio, entrando las tropas españolas en la Colonia el día 5. Como había sucedido en la isla Santa Catalina, todas las armas que cayeron en poder de las tropas españolas estaban intactas, 137 cañones, 3 morteros, 779 barriles de pólvora, 2.306 fusiles e innumerable material militar de todo tipo.

         Mientras tanto, la escuadra portuguesa al mando de McDouall, zarpa de Río de Janeiro el 1 de abril de 1777 para patrullar y romper, si era posible, las líneas de suministros españolas entre la isla Santa Catalina y Río de la Plata. El 9 de abril avistan al navío San Agustín, que se encontraba navegando en solitario. Este navío había zarpado de Montevideo el 26 de marzo, con el navío Serio, para escoltar a siete mercantes que llevaban víveres y pertrechos a la escuadra española en Santa Catalina, sufriendo un temporal que dispersó las naves. Cerca ya de la isla Santa Catalina, el San Agustín, creyendo que las embarcaciones eran españolas navega sin precauciones hasta que es demasiado tarde, siendo perseguido durante toda la noche, y al amanecer aperece rodeado por los nueve buques de la escuadra enemiga. Atacado por el navío Prazeres y la fragata Pilar, al mando de los capitanes José de Melo y Arthur Phillip, el navío español se rinde después de una corta lucha y es llevado a Río de Janeiro (12). Incorporado a la escuadra portuguesa como Santo Augustinho es puesto al mando del capitán Phillip. Para colmo de males, la noche del 26 de julio naufragó la fragata Santa Clara (13) en el Río de la Plata, en la zona conocida como Banco Inglés, donde murieron noventa y dos hombres de la tripulación.

         En el marco de las operaciones contra Portugal, se pusieron al mando del jefe de escuadra D. Miguel Gastón los navíos Velasco, San Francisco de Paula, San Eugenio y Oriente, con las fragatas Santa Catalina y Santa Gertrudis (14). La escuadra de Gastón zarpa de Cádiz, se dirige a la costa portuguesa y aparece ante el puerto de Lisboa, donde muestra su pabellón. El marqués de Pombal, disimulando su inquietud, agasajó a la oficialidad española (15). Parten hacia las islas Canarias, donde debían realizar misiones de vigilancia y detener a toda embarcación portuguesa.

         Tomada la Colonia de Sacramento, inicia D. Pedro de Cevallos su marcha por tierra y mar hacia la zona de Río Grande de San Pedro para apoyar al ejército de Vertiz que luchaba contra el ejército portugués de unos seis mil hombres (16) desde el inicio de la campaña.

         El 23 de febrero de 1777 muere el rey portugués José I, al que sucede su hija María I, sobrina de Carlos III. La nueva reina reanuda las relaciones diplomáticas con España, nombrando un nuevo embajador. El 1 de octubre de 1777 se firma el Tratado de San Ildefonso, donde por fin Portugal reconoce los derechos de España sobre toda la región. Al mes siguiente zarpa de Cádiz la fragata Santa Catalina, al mando de D. José Varela y Ulloa, y de El Ferrol la fragata Nuestra Señora de la Soledad, al mando de D. Ramón Topete, con nuevas instrucción para Cevallos y el marqués de Casa Tilly, llegando a Montevideo el 2 y el 15 de febrero de 1778. Por este tratado, España cede a Portugal la isla de Santa Catalina y otros territorios en Río Grande de San Pedro, pero recobra la Colonia de Sacramento, las misiones del Paraguay y los territorios portugueses del golfo de Guinea. Al contrario de los que había ocurrido en la anterior guerra en la que España participó en 1762 y 1763, se consiguió la neutralidad portuguesa en la nueva guerra que se avecinaba contra los británicos.

         Acabadas las operaciones, comenzó el regreso de las tropas. El 16 de julio de 1778 entró en Cádiz una escuadra procedente de la isla Santa Catalina al mando del jefe de escuadra D. Adrián Caudrón de Cantein, compuesta por los navíos Monarca, Santo Domingo, San Dámaso y América, cargados de tropas y pertrechos. El general Cevallos regresó a Cádiz el 10 de septiembre a bordo del navío Serio, que había zarpado de Montevideo el 30 de junio con la fragata Santa Margarita, una fragata y una goleta mercantes. La mayoría de las tropas llegaron en pequeños convoyes escoltados por algún buque de guerra, como el caso del chambequín Andaluz, que zarpó de Montevideo el 30 de mayo escoltando un convoy de tropas, o la fragata Asunción, al mando del capitán de navío D. Juan Antonio del Camino, que zarpó del mismo puerto el 16 de mayo con la fragata mercante La Galga. El 6 de agosto entraron en Cádiz las fragatas Santa Perpetua y Santa Catalina, el paquebote Guarnizo y las fragatas mercantes La Perla e Infanta Carlota, un paquebote y un bergantín. Para el otoño de 1778 se encontraban todas las tropas de regreso en la península.

  • Notas
  • (1a).- Francisco Adolfo de Varnhagen, “Historia General do Brasil”, Tomo II, páginas 222-225.
  • (1b).- Carlos Calvo, ob.cit, página 265.
  • (1).- El gobernador Cevallos dejó su mando en la Colonia y ocupó cargos en Italia y España hasta 1775. En 1776, al crear Carlos III, el virreinato de Río de la Plata, es nombrado Cevallos primer virrey el 1 de agosto de ese año. Archivo General de Simancas (AGS), Secretaría del Despacho de Guerra, Buenos Aires, legajo 6833,1. Instrucción reservada que ha de llevar a la expedición D. Pedro de Cevallos, 4 de agosto de 1776.
  • (2).- Carlos Correa Luna, ob.cit., página 317.
  • (3).- Alfonso de Ceballos, “La guerra hispano-portuguesa de 1776-1777 y la conquista de la isla de Santa Catalina, según un manuscrito anónimo coetáneo”, Revista de Historia Naval, año 1995, nº 49.
  • (4).- Baltasar da Silva Lisboa, ob.cit., páginas 91-92. (AGS), legajo 6831,2.
  • (5).- Las embarcaciones mercantes requisadas para la expedición consistían en 34 fragatas, 2 urcas, 12 paquebotes, 10 bergantines, 1 polacra, 1 goleta y 40 saetías. Se encontraban armados los llamados San Cristóbal, Temor de Dios, Jasón, Hércules, Princesa de Asturias, Astuto, Toscano, Infanta Carlota y La Limeña.
  • (6).- La escuadra portuguesa destinada entre Río de Janeiro y Colonia de Sacramento en 1775 era de cuatro navíos, 6 fragatas y numerosos buques menores. Al comenzar la guerra, el virrey marqués de Lavradio, ordena a Mac-Donall concentran su escuadra en la isla de Santa Catalina:
  • Navío Santo Antonio e Sao José, 74 cañones.
    Navío Nossa Senhora da Ajuda e Sao Pedro Alcántara, 74 cañones.
    Navío Nossa Senhora da Belém, 74 cañones.
    Navío Nossa Senhora das Prazeres, 64 cañones. Capitán José de Melo y Breyner
    Fragata Nossa Senhora da Nazareth, 44 cañones. Zarpó de Lisboa el 24 de julio de 1774 para Pernambuco.
    Fragata Nossa Senhora da Graça, 44 cañones.
    Fragata Príncipe do Brasil, 36 cañones.
    Fragata Nossa Sehnora da Assunçäo, 34 cañones
    Fragata Nossa Senhora da Gloria, 32 cañones.
    Fragata Nossa Senhora del Pilar, 26 cañones. Capitán Arthur Phillip. Destinada en Colonia.
  • (7).- Se capturó en la isla 195 cañones de bronce y hierro de varios calibres, 809 barriles de pólvora y 4.000 fusiles. Baltasar da Silva Lisboa, ob.cit., página 250. La guarnición portuguesa de la isla contaba con 3.819 hombres, acabando todos prisioneros.
  • (8).- Archivo General de Indias, Estado, 84,N.8
  • (9).- Antonio Ferrer del Río, “Historia del reinado de Carlos III en España”, Tomo II, página 253.
  • (10).- Según las órdenes recibidas había emprendido la marcha desde Montevideo y a sus tropas se incorporarían las de Cevallos.
  • (11).- Las fuerzas españolas en el sitio de Colonia consistían en 3.853 soldados de infantería y artilleros, 38 dragones, 335 milicias de caballería y 337 peones. Se formaron cuatro baterías con un total de 26 cañones y 6 morteros.
  • (12).- Al acabar la guerra y por el tratado de paz de San Ildefonso el San Agustín es devuelto a la Armada española, llegando a Cádiz en 1779.
  • (13).- J. Álvarez Cubos, “Capellanes y testamentos en la Armada del siglo XVIII”, Revista General de Marina, septiembre 1985, página 219.
  • (14).- Alfonso de Ceballos, ob.cit., página 125. Según los tratados vigentes podían entrar en el río Tajo cuatro navíos de guerra españoles y hacerles creer que estaban de arribada y su verdadero destino era una nueva expedición a las costas africadas. Dentro ya de Lisboa, podrían ser reforzados por más buques de guerra.
  • (15).- Antonio Ballesteros y Beretta, “Historia de España y su influencia en la historia universal”, Salvat, 1929, Tomo IV, página 197.
  • (16).- Antonio Ferrer del Río, ob.cit., página 254.

 

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