Todo a Babor. Revista divulgativa de Historia Naval
» Artículos

Pequeñas historias recopiladas de la Gaceta de Madrid.

(Antonio Laborda recopila, de la publicación en la antigua Gaceta de Madrid, de mediados del siglo XVIII, varios e interesantes episodios ocurridos, principalmente, en la Guerra de la Oreja de Jenkins, 1739-1748, una guerra contra los ingleses, que se hizo muy popular entre la gente, en el que la Armada española y sus corsarios tuvieron un papel muy lúcido y destacado. Este artículo se irá actualizando regularmente con nuevas historias).

Año de 1745:
“Buena puntería”.

A la altura de las terceras (actuales Azores) la niebla hizo que parte de la flota que venía de La Habana, mandado por Francisco de Torres, se dispersase.
Una de las unidades sueltas que intentaba llegar a algún puerto de Galicia era la fragatilla “Flecha”, con 6 cañones de 6 libras y tripulación de 30 hombres, mandada por el teniente de fragata José Zapiaín.
A 4 leguas de Camariñas se tropezó con una fragata inglesa de 24 cañones que, aprovechando que tenía el barlovento, dio orden a la "Flecha" de que se detuviese y se rindiese.
Zapiaín, por toda contestación le soltó una andanada a la que los ingleses respondieron con toda su potencia de fuego.
A la cuarta descarga de los ingleses Zapiaín preparó a su gente para la maniobra y apenas disparada la quinta andanada, viró de bordo ganándole el barlovento a la confiada fragata inglesa, al mismo tiempo que con una descarga afortunada la rendía el mastelero mayor, consiguiendo de esta manera entrar en Camariñas, dejando a los ingleses pasmados.

Marzo de 1741:
“Cambiando de barco”.

El 30 de Marzo de 1741 entró en el puerto de Vigo el barco inglés "La Elena de Londres" de 120 toneladas y armado con 16 cañones, bajo el mando del corsario español Jerónimo Biguet.
Dicho corsario, al mando del bergantín "Sagrada Familia" armado en Marín, se había encontrado al citado mercante el 27 del mismo mes a 12 leguas de Bayona, entablando de inmediato combate con el resultado de que, alcanzado el bergantín por varios cañonazos a lumbre de agua, comenzó a hundirse sin remedio por lo que los corsarios abordaron al mercante inglés rindiéndole después de duro combate.
Como se descubrió después por sus papeles, el "inocente" mercante inglés alternaba su cotidiana labor de trasladar mercancías desde Londres a Oporto con la de corsario a cuenta de su Majestad Británica.
En la función murieron dos españoles y el piloto inglés, además de tener ambos bandos varios heridos.
Un corsario inglés menos y nueva unidad corsaria al servicio del Rey de España.

Junio de 1740:
“Los ingleses no siempre eran los más rápidos”.

El 6 de junio de 1740 el capitán Don Pedro Ignacio de Goycoechea, al mando de la fragata "Nuestra Señora del Rosario" armada en corso al servicio del rey de España, navegaba muy satisfecho. Cuatro días antes había sorprendido y apresado al mercante británico "Dorotea" que navegaba desde la Antigua a Londres con carga de azúcar y aguardiente. La presa se pensaba que habría de valer cerca de 20.000 pesos y había sido despachada a Pasajes.
Cerca del mediodía de dicho día 6 y en los 48º 39' de latitud, avistó otra posible presa que resultó ser el paquebote correo "Tounshend" de 12 cañones, con carga de oro y plata amonedados y con pliegos oficiales y que navegaba desde Lisboa con destino a Londres.
El capitán del paquebote inglés, John Cooper, a la vista del corsario español, ordenó largar su gallardete y, puesto que mandaba uno de los buques más veloces de la flota británica, se entretuvo en disparar una andanada sin bala en tono de burla ya que estaba seguro de no ser alcanzado.
La fragata española sin contestar a los disparos largó el trapo, ciñó el viento y se puso a la caza.
Observando los ingleses, con la consiguiente sorpresa, que la fragata les alcanzaba, largaron bolina, lo que hizo igualmente la fragata española consiguiendo ponerse a tiro de cañón.
Comenzó la función, que duró cerca de dos horas, y en la que el paquebote inglés salió con la popa destrozada.
Pero como ya se acercaba la noche, Don Pedro Ignacio decidió acabar y abordó al paquebote, cuya tripulación, a pesar de su defensa, acabó rindiéndose.
Es de observar, que en medio de la refriega un oficial inglés se acercó a la borda para arrojar los pliegos oficiales atados a una baña de cañón, lo que hizo a pesar de que los corsarios españoles le amenazaron de muerte si realizaba su intento.
Vista la valentía del oficial se le perdonó la vida y se le trató, junto al resto de la valerosa tripulación, con honores y agasajos.
De esta manera, el corsario español pudo dirigirse a Pasajes con el paquebote inglés en conserva, satisfechos de haber servido al rey y de contribuir a su propio peculio con la recompensa que les habría de tocar de los 90.000 pesos de la nueva presa.

Año de 1744:
“Otra de corsarios”

Sebastián de Morales fue un corsario al servicio del rey de España que utilizó Málaga como base de sus expediciones que abarcaban el área comprendido entre Gibraltar y Baleares. Por lo general fue muy afortunado en sus correrías que, en ocasiones, llegaron a ser muy atrevidas llegando a capturar barcos británicos a la vista misma de las baterías del Peñón. Sin embargo su temeridad le llevaba, a veces, a acometer empresas excesivamente temerarias como en este caso cuyo final, dadas las circunstancias, no fue tan trágico como era de esperar:

El 16 de Enero de 1744 el corsario Sebastián de Morales al mando de una barca longa con 89 hombres de tripulación que había salido de Málaga para hacer el corso contra los argelinos se encontró en la ensenada de Botoya con un buque inglés de guerra con 36 cañones montados y más de 100 hombres de tripulación con el que combatió al cañón una hora; pero reconociendo Morales que le era imposible tomar el buque, por la superioridad de la artillería, le abordó y logró introducirse en él con 13 hombres a los cuales rechazaron los ingleses con el auxilio de las cajas de fuego que tenían sobre la chopeta y porción de granadas que dispararon. Sin embargo mantenía la acción Morales, aunque con fuerzas tan desiguales, confiado en que le acudiría más gente de la que se hallaba en su barco; pero habiéndole disparado los ingleses dos cañonazos al tiempo que estaba atracado en su costado, que le desguazaron la popa, y reconociendo que tenía poca gente buena para esperar vencer, porque le habían muerto dos hombres y se hallaban 28 entre heridos y abrasados y que además venían sobre él el paquebot de la plaza de Gibraltar y otro navío de guerra inglés, determinó retirarse, como lo logró a toda fuerza de vela, y pudo entrar en Málaga muy maltratado el día 17 en cuyo puerto se estaba recomponiendo para volver a salir al mar.

Más sobre Sebastián de Morales
De Málaga avisan que un navío de guerra inglés de 60 cañones, con otros seis de transporte, que navegaban unidos, siguieron a un barco longo del patrón Sebastián de Morales, armado en corso que salía de Marbella y para liberarse tomo el partido de aterrar en la costa de Adra, donde le atacaron los ingleses con sus lanchas; y el patrón y marineros, con el auxilio de un corto número de soldados de la costa le defendieron con tanto tesón que obligaron a desistir del intento a los ingleses, aunque muy superiores y ayudados del fuego de su artillería, en cuyo empeño se ocuparon los días 10 y 11 de este mes [julio de 1742], y después de disparados 875 cañonazos al barco y sus defensores, sin causar otro daño que la muerte de un marinero, se hicieron a la vela dejando señales de haberle recibido [daño] considerable la gente de sus lanchas respecto de que de escarmentados cedieron de su empresa al segundo ataque por no poder resistir el fuego del barco [corsario].

Febrero de 1742:
Recuperando presas

De San Sebastián avisan que habiendo salido de él el 4 del pasado mes [febrero de 1742] la fragata corsaria Esperanza de porte de 14 cañones mandada por Don Tomás de España, apresó el 13 del mismo mes, en la altura de 47 grados y medio, despues de hora y media de fuerte combate en que perdió al condestable y tuvo seis marineros heridos, a la fragata inglesa Jupiter mandada por Thomas Grose que navegaba desde Londres guinea con 18 cañones montados y 25 hombres de equipaje del que solo murió en la función el contramaestre, y llevaba de carga cantidad de aguardiente, pólvora, fusiles, estaño, barras de hierro, lienzo listado, paños de Inglaterra y otros diferentes géneros de los que sirven de uso en aquel comercio; siendo de advertir que esta presa fue construida en Bilbao para el corso en esta presente guerra y estando empleada en él fue capturada por el navío de guerra inglés Delphin. La presa entró en el puerto de Santander el 17 de marzo de este mismo año.

Cantón 1799: Una sonrisa, por favor
Cuando Ansón atracó con el Centurion en Cantón en 1744 se sorprendió, e incluso se escandalizó, de que en ese puerto se encontrasen anclados mezclados y en buena armonía barcos de naciones que en Europa estaban en guerra.
Y es que las compañías comerciales de la época hacían la guerra un poco por su cuenta sin que en sus enfrentamientos, más o menos calientes, influyese mucho la situación de las relaciones internacionales de las naciones a quienes pertenecían.
Hay que tener en cuenta que los navíos de estas compañías podían llegar a montar 60 cañones y que, en caso de necesidad y al menos en la primera mitad del siglo, podían actuar como navíos de línea de tercera clase con tal de que se les reartillase con piezas de mayor calibre a las que montaban de ordinario.
Así pues, lo habitual era que las cancillerías europeas tuviesen siempre asuntos pendientes relacionados con la captura de alguno de los barcos de esas compañías llevado a cabo por algún navío cuyo capitán era partidario de eliminar la competencia por medios expeditivos.

Pero Cantón era otra cosa...

Allí, en el lejano Oriente, todo resultaba muy lejano. Las noticias de Europa podían tardar meses en llegar y claro, no era cuestión de enzarzarse a palos por un conflicto que, a lo mejor, había terminado cuando se tenía conocimiento de él.
Esto no impedía que los agentes comerciales de estas compañías fuesen leales servidores del Rey y no dudaban en actuar como espías sin paga haciendo llegar a las ocasionales unidades navales de guerra propias cuanto informe pudiese serles útil en sus bélicos cometidos.

El caso que aquí comentamos tuvo lugar en 1799 –en plena guerra hispano inglesa- y su origen estuvo en la peculiar gamberrada de unos marineros ingleses borrachos que, al pasar delante de la factoría de la Real Compañía de Filipinas en Cantón, bajaron la bandera española situada delante del edificio y la despedazaron.
De esta forma se inició una curiosa correspondencia de buen gusto entre los indignados comerciantes españoles y los escandalizados comerciantes ingleses que terminó, como no podía ser de otra forma, con un grupo de atribulados marineros ingleses reponiendo la bandera española (nueva por supuesto) en su lugar y pidiendo disculpas por su vergonzoso proceder a unos comerciantes españoles que les aseguraron que aquello había sido un enojoso equívoco y que allí no había pasado nada.
Y como muestra de esta colección epistolar aquí van tres cartas.
Atentos al lenguaje empleado por su mercedes:

  • >>Cantón 13 de diciembre de 1799
    Señores del Consejo de la Honorable Compañía Inglesa de China
    Acaban los marineros de uno de los buques de esa compañía arriar y despedazar el pabellón de la real Compañía de Filipinas arbolado delante de su factoría y siendo un atentado que por ningún pretexto debemos mirar con indiferencia en este País en el que todas las demás naciones de Europa se hallan admitidas bajo la protección de este Gobierno en los términos más pacíficos y de igualdad, esperamos de la justicia del ese Consejo el que se den por él las providencias de reparar este insulto que la prudencia y razón exigen
    Se despiden de vuestras mercedes sus atentos y seguros servidores
    Por la Real Compañía de Filipinas sus factores: Julián de Fuentes y Juan Martín Ballesteros

  • >>Señores Don Julián de Fuentes y demás Señores del Consejo de Factores de la Real Compañía de Filipinas en China
    Cantón 14 de diciembre de 1799
    Señores. Hemos tenido el honor de recibir la carta de vms fecha de ayer quejándose del ultraje cometido por los marineros de nuestra Compañía arriando y despedazando el pabellón nacional de vms y nos piden manifestemos nuestro celo sobre un proceder tan extraño.
    No tenemos dificultad en declarar en los términos más expresos que no tenemos antecedente ninguno de semejante ataque, lo que esperamos consideren vms. como una desaprobación la más directa de nuestra parte de todo insulto voluntario y crean vms. Que tomaremos todos los medios que estén a nuestra mano para prevenir se cometan otra vez.
    Hemos hecho presente en los términos más fuertes nuestra desaprobación de semejante exceso y desorden al capitán Jacksón e igualmente lo hubiéramos hecho al capitán Bond si no se hallara ausente, pero el primero, y un oficial de parte del último irán, ya que el ultraje se ha cometido por el equipaje de sus navíos, a verse con vms. El día que señalaren y a asegurarles personalmente de nuestra parte de que los sucedido unicamente se debe atribuir al desenfreno de los marineros que nunca se contiene facilmente y menos con la libertad que tienen en Cantón y estando tomados de vino como sucedía ayer.
    Tendremos el honor de presentar a vms. un pabellón nuevo, luego que lo podamos adquirir que, junto con el que les tenemos ofrecido, esperamos sirva a vms. de entera satisfacción y así se conserve la buena inteligencia que tanto deseamos mantener con vms.
    Tenemos el honor de quedar con respeto de vms.
    Ricardo Hall, Sant Peck y F. Furley

  • >>Cantón 14 de diciembre de 1799
    Sr. Don Ricardo Hall y demás señores del consejo de la Honorable compañía Inglesa en China
    Señores. Hemos tenido el honor de recibir la carta de vms. de fecha de hoy, contestación a la que les dirigimos con la de ayer y percibimos muy bien por la recomendables circunstancias de que se hallan caracterizados y por todo el concepto de sus terminantes y significantes producciones satisfactorias de ella, que ni podían tener cnocimiento del escandaloso insulto hecho a nuestro nacional pabellón y que les sería bien sensible y jamás de su aprobación.
    Hallándose vms. persuadidos de nuestro modo de pensar en esta parte esperamos lo sean vms. también de que satisfechos nosotros de el pabellón de quien tenemos el honor de ser representantes con la satisfacción que nos ofrecen, lo seamos igualmente para con el público, disponiendo que los marineros de su Nación en el acto de presentarle se arrien por nuestra disposición el que sirve [ahora] y enarbolen el que nos envién
    De convenir vms. con lo que dejamos expuesto admitiremos para mañana hasta las dos horas de la tarde que nos hallaremos en casa, a los señores que vms. han comisionado para asegurarnos de sus paxífixas y amistosas intenciones y desaprobación del hecho de ayer, y para igualmente poder nosotros testimoniarles de que nuestros deseos son lo más propensos y sinceros a la continuación de la amistad y buena armonía con vms. nunca interrumpida.
    Se despiden de vuestras mercedes sus atentos y seguros servidores
    Por la Real Compañía de Filipinas sus factores: Julián de Fuentes y Juan Martín Ballesteros


Un combate sangriento
Madrid, 15 de enero de 1746

Se ha sabido que: habiendo salido dos jabeques de la compañía de La Habana mandados por D. Juan de Cañasa recorrer la costa sur de aquella isla [de Cuba] y recalados sobre la de Jamaica, a tres leguas de ella apresaron una fragata de porte de 30 cañones, con 450 toneles de aguardiente, otros tantos de azúcar, porción de tablones de caoba, otros frutos y nueve esclavos negros. Que siguiendo su corso los jabeques, avistaron sobre el puerto de Savana, de la misma isla, un paquebot de guerra, guardacosta de Jamaica, de 16 cañones montados, le dieron caza y, estando a proporcionada distancia, a media legua de la costa, comenzaron a batirse con el cañón, y lo continuaron por espacio de dos horas; pero viendo el comandante de los jabeques que por el contínuo fuego del enemigo nada podía adelantar, resolvió abordarle y lo puso en práctica atracándosele los dos jabeques por popa y proa, con tanta intrepidez que lograron echarle a bordo hasta 200 hombres sable y pistola en mano, y puestos los ingleses, que eran 136, en defensa, la mantuvieron con el mayor valor y constancia sobre cubiertas otras dos horas hasta que finalmente, obligados del daño que recibían de los españoles y de los frascos que les arrojaban de los jabeques, se dejaron caer a la bodega donde, pasando a obstinación la defensa, la mantenían hasta que, afligidos por el fuego de los frascos que les echaban por las escotillas, se rindieron: y se han hallado de los 136 ingleses, muertos y heridos mortalmante 100, entre los primeros los oficiales y malherido el capitán, y de los nuestros 5 muertos y 15 heridos. Concluida la función, recelosos el comandante de ser perseguido por algunas embarcaciones, porque en la costa se hacían señales con cañonazos pidiendo socorro al puerto inmediato, y atendiendo a la curación de los heridos, muchos de ellos moribundos, decidió retirarse de aquella costa.

Año de 1746
La fragata corsaria Nuestra Señora de Aranzazu

La fragata corsaria Nuestra Señora de Aranzazu, alias el Vengativo, armada en San Sebastián, su capitán Don Juan de Zabaleta, apresó el día 18 de marzo próximo pasado, a los 49 grados y 47 minutos de latitud, dos navíos ingleses, el uno nombrado Stambolenne, su capitán Hayes, de porte 320 toneladas, 20 cañones, 2º fusiles, 12 pares de pistolas, 6 esmeriles y 52 hombres de tripulación, inclusos tres turcos, el cual venía de Esmirna para Londres con varga de pasas, higos, seda en rama, algunos tapices y otras cosas. El otro nombrado Wilmenton, su capitan Antonio Bolman, de porte de 170 toneladas, 10 cañones montados y 23 hombres de quipaje, que venía también de Esmirna, cargado con 180 barricas de pasas de a 16 quintales cada una, 150 de higos, de 2 y 3 quintales, 20 fardos de tapices, 6 sacos de algodón, y otras cosas. A estos dos navíos, que navegaban juntos, los atacó el corsario a un mismo tiempo, y después de haber juagado la artillería por algunas horas puesto en mitad de los dos, padeció la desgracia de que una palanqueta le barrenase por el centro el palo de trinquete, con otras bastantes averías que recibió en el aparejo, en cuya constitución decidió abordarlos empezando por el mayor, sin embargo de que los ingleses estaban al abrigo de la jaretas, cubiertos y fuertemente atrincherados. Juntáronse de costado y el capitán corsario que se hallaba a cuerpo descubierto en el alcázar, echó mano de la bandera de popa del inglés, que ardía, y animando con este ejemplo y con voz a sus marineros, los hizo pasar a bordo con bastante riesgo de sus vidas por el mucho fuego que hacían los ingleses de uno y otro navío, y puesto el pie en el mayor, le rindieron e inmediatamente arrió la bandera el otro. Murieron en esta función tres fusileros españoles y quedaron 22 heridos, entre ellos 4 de mucho cuidado. De los ingleses murieron sólo 2 y hubo bastante número de heridos, entre ellos dos a quienes fue preciso cortar la mano derecha. El día siguiente 19, navegando el corsario por España con sus 2 presas, se halló con un navío de guerra inglés de 70 cañones por barlovento. Dio orden a sus presas para que navegasen por distino rumbo y se puso en facha esperando el navío inglés para divertirle y entretenerle. Disparáronse de parte a parte algunos cañonazos, pero reconociendo el inglés la mayor ligereza de su contrario, le dejó y siguió a la presa mayor a la que represó, habiendo logrado la otra tomar puerto en la Coruña, donde entro el 29 pasado.
El mismo corsario apresó en las costas de Inglaterra a los 49 grados 52 minutos de latitud la balandra María, su capitán Reys Philips, de porte de 36 toneles y 4 hombres de tripulación que navegaba de Falmouth para Genova con 150 barricas de sardina; y el día 25 del mismo mes en la propia altura al navío llamado Prudente Sara, de 120 toneladas y 10 hombres de tripulación, su capitán Nathaniel Guarner, que pasaba desde Londres al de Nueva York con sólo lastre para vargar harina para Gibraltar.

1739: Notas de sociedad
Octubre
Lord Montague Bertie, hermano del Duque de Ancastre, que servía como teniente de navío a bordo del HMS Gloucester murió cuando, al mando de la lancha del navío, pretendía abordar a un mercante español cerca de Orán. La tripulación del mercante repelió el ataque con las armas de que disponía y pudo darse a la fuga. (En la noticia no se inserta el nombre de los marineros que acompañaban a tan distinguido oficial ni cuantos de ellos resultaron muertos o heridos en la refriega).

Noviembre
El buque inglés Delfín, que llevaba el equipaje del gobernador de La Barbada, fue apresado cerca de Alicante por un corsario español de 10 cañones y 70 hombres de tripulación (gran contrariedad para el muy británico gobernador que tendrá que apañárselas con los productos del mercado local hasta que le sean enviados nuevos equipajes desde la añorada patria).

Cuba. 1743. Por mar, tierra....
y aire no porque a ún no se podía.
En julio de 1743 el corsario Bartolomé López fue perseguido por un paquebot inglés con 12 cañones, 24 pedreros y 100 hombres. Refugiado el corsario en el cayo de las Damas, a 12 leguas del puerto de Cuba, hizo frente al paquebot inglés iniciandose un combate en el que, viendo los ingleses que perdían mucha gente, enviaron una partida de 50 hombres a un islote para poner entre dos fuegos al corsario español, encontrándose con que los españoles se habían adelantado con 35 hombres y dos pequeños cañones.
Los ingleses tuvieron la desgracia de que su bote naufragase al tomar tierra lo que causó que todos ellos fuesen pasados a cuchillo por los españoles con excepción de once que fueron hechos prisioneros y tres que pudieron embarcarse en un bote de socorro.
Dado el resultado de la aventura el paquebot se retiró y el corsario pudo regresar al puerto de Cuba .
Nota (imagino que con "puerto de Cuba" se refiere a Santiago de Cuba).

9 de abril de 1741
En la noche del 18 al 19 de enero de 1741, cerca de la isla de Santo Domingo, los navíos franceses Ardiente (64 cañones), Marcurio (56 cañones), Diamante (50 cañones) y Perfecta (44 cañones) fueron alcanzados por una división de seis navíos británicos (Príncipe Federico y Oxford de 70 cañones y los otros cuatro de 60 cañones) destacada de la escuadra mandada por el caballero Ogles con el fin de reconocerlos.
A las 10 de la noche, estando a la voz, los británicos pidieron a los navíos franceses que se identificaran y como no les convenciesen las respuestas recibidas rompieron el fuego iniciándose así un combate que duró toda la noche hasta que al amanecer los británicos pudieron reconocer su error e interrumpieron el fuego.
Puesto nuevamente al habla los británicos y los franceses, aquellos presentaron sus excusas por lo sucedido y explicaron que los habían confundido con navíos españoles. Luego se separaron de los franceses para unirse a su escuadra. Parece que en esta ocasión los franceses, a pesar de la inferioridad numérica en que se encontraban, propinaron un fuerte castigo a los navíos atacantes.
Naturalmente esta acción dio mucho que hablar en Inglaterra y el lord del almirantazgo hubo de comparecer ante el parlamento para explicar lo sucedido.

 

© TODO A BABOR. HISTORIA NAVAL