La escuadra corsaria de Martinet en el Pacífico, 1717-1719

Antecedentes. El contrabando francés en los mares del sur. Piratas ingleses

Uno de los principales males de la Real Hacienda y de la Corona española era el contrabando francés que desde los primeros años del siglo XVIII llenaban los puertos de mercancías. Con el cambio de dinastía en España la protección francesa era evidente en todos los ámbitos. Ante la escasez de navíos españoles los franceses recalaron en los puertos para comerciar con ventajas que no tenían los españoles. Entre 1700 y 1725, unos 150 buques franceses fondearon en puertos del Pacífico, consiguiendo lo que no habían logrado los piratas ingleses y holandeses. De forma pacífica consiguieron su pastel en el comercio con  América. Aunque en un principio la acogida de buques franceses en los puertos fue buena, no sólo por hacerles salir del aislamiento comercial sino por órdenes expresas de la corona de acogerles con cortesía, con el tiempo, el consulado de Lima pidió la supresión de este contrabando que escapaba cada vez más de su control, ingresando cada vez menos dinero en las arcas. Los buques franceses partían al Pacífico fuertemente armados para defender las costas de piratas ingleses como Dampier en 1703, pero cargaban sus bodegas de mercancías. Otros navíos entraban en los puertos con el pretexto de reparar averías causadas en la persecución de los piratas y corsarios enemigos, estableciéndose en ellos para vender todo lo que podían, pues era ésta su principal intención.

Escuadra corsaria de Martinet

Con el pretexto de proteger a las colonias españolas de los piratas ingleses, muchos de los navíos franceses llegaron a las costas del Pacífico e hicieron sus negocios. Para lo que se esperaba de ellos muy poco hicieron contra las expediciones inglesas. La primera estaba al mando de William Dampier y zarpó de Kinsale, Irlanda, el 30 de abril de 1703 con el buque corsario Saint George, 26 cañones y 126 hombres, y el Cinque Ports Galley, 16 cañones y 63 hombres, al mando de Charles Pickering. Estos buques son perseguidos sin éxito en 1704 por los buques franceses Saint Joseph, Le Baron de Breteuil y Saint Spirit.  Dampier regresó a Inglaterra a finales de 1707, pero volvió al año siguiente en la expedición pirata de Woodes Rogers, con contaba con los corsarios Duke y Duchess (al mando de Stephen Courtney), ambos con 36 cañones y un total de 333 hombres. Salieron de Bristol el 2 de agosto de 1708 y al año siguiente capturaron o saquearon a veinte buques españoles y franceses, entre ellos al galeón de Manila Nuestra Señora de la Encarnación y el Desengaño (fue renombrado Batchelor) en la bahía del Cabo San Lucas el 22 de diciembre de 1709, regresando a Inglaterra en octubre de 1711. En esta ocasión los ingleses son acosados por los buques franceses Saint Spirit y Notre Dame de l’Assomption sin ningún éxito. Incluso en 1713 el buque francés Saint Rose es alquilado por el virrey Ladrón de Guevara, logrando capturar al Saint John, pequeño corsario inglés.

Los navíos Duke y Dutchess

  • El “Duke” y el “Dutchess”. Edward Cavendish Drake. National Maritime Museum, Greenwich.

En enero de 1712 el rey francés Luis XIV prohíbe a sus súbditos navegar al Pacífico con el propósito de  facilitar las negociaciones de paz con ingleses y holandeses,  culminado al año siguiente con el tratado de Utrecht. Los buques franceses siguieron llegando. La Corona española, acabada la guerra, vio la presencia francesa como un peligro a sus intereses, no sólo comerciales, pues hay que tener en cuenta que ya en diciembre de 1713, que llega al Pacífico la noticia de la paz de Utrecht, había más de 15 buques franceses, con más de 250 cañones y casi 3.000 hombres, ante cuya fuerza nada podía hacer la Armada del mar del Sur. Posteriormente siguieron llegando más buques, como se ilustra en este listado, incompleto, pero clarificador.

Nombre Procedencia Año
Llegada
Cañones Capitán
Aurore Saint Maló 1704   M. Rogodier
Saint Charles Saint Maló 1704 40 Perré Du Coudray
Murinet Saint Maló 1704 36 Fontaine Bouquet
Jacques   1704   Harrington
Saint Louis   1706    
Saint Joseph   1704 36 Nermont Trublet
Le Baron de Breteuil   1704   Aulnais Bécard
Saint Spirit   1704   Nicol Grout
Maurepas   1706 50  
Saint Perré Saint Maló 1706   Eon de Carman
Notre Dame de la
L’Assomption
  1707   Alonso Porcel
Saint Jean Baptiste Marsella 1709   Jean Doublet
Saint Antoine Saint Maló 1709   Nicol Fraudac
Sólide Saint Maló 1709 50 M. Rageuine de Muriel
Le Clerc Saint Maló 1709   Jean Baptiste Boislovet
Saint Rose   1709   Jean de Saint Jean
Saint Francois Nantes 1709    
Vierge de Grâce Saint Maló 1709    
Príncipe de Asturias   1709   Julian Chivilla
Mariana Marsella 1713   Pisson
Concord   1713   Pradel
Saint Clement   1713 50 Jacinto Gardin
L’Assomption Saint Maló 1713   Champloret Le Brun
Phelipéaux   1714 44 Nogal du Parc
Aurore   1714   M. de la Rigaudiére
Marcial   1714 50  
Chancelier   1714    
César   1714    
Bien Aimé   1714   Bertrand Joseph Hardouin
Aimable   1714    
Oriflamme   1714    
L’Assomption   1714   Alain Porée
Margarita   1714    
Ste. Barbe   1714   Mr. Marcand
Poisson Volant   1714    
Saint Francois Saint Maló 1716   Baurais le Fer

El 5 de octubre de 1716 entra en Lima Carmine Nicolao Caracciolo, nuevo virrey que sustituye a Diego Morcillo. Había llegado Carraccioli, 5º príncipe de Santo Buono, a Cartagena de Indias en los navíos de guerra del conde de Vega Florida y en seguida pudo percibir la corrupción y el fraude en que se movía la política y el comercio del virreinato, además de tener órdenes de la Corona de acabar con el contrabando francés, mientras que sus predecesores consintieron y alentaron ese contrabando, aunque hombres como el gobernador de Chile Juan Andrés de Ustáriz lucharon contra él, nada pudo hacer al no contar con medios para hacer cumplir sus órdenes.

         Entre sus primeras medidas contra el contrabando, están las órdenes que redactó para confiscar buques, quemar la mercancía decomisada y endurecer las penas. Armó en corso al navío Poma Dorada para capturar al buque San Francisco, que comerciaba ilegalmente en Pisco. El buque pudo escapar, pero Jacinto Segurola, capitán del Poma Dorada, persiguió a los particulares que habían comerciado con el capitán del San Francisco.

         Tan mal estaba la hacienda a causa del contrabando y la picaresca comercial, que el virrey no pudo armar más navíos por falta de dinero. Tampoco podía contar con la Armada del Mar del Sur, que estaba en un estado lamentable con los barcos pudriéndose en los puertos y sin dinero para repararlos.

La escuadra de Martinet y Urdinzu

         Tras la muerte del rey francés Luis XIV en 1715, las relaciones entre España y Francia se van deteriorando, agravada por las tensiones que generó el Tratado de Utrecht, hasta que se llegó a una guerra abierta.
         Felipe V, libre ya de las atenciones que debía a la guerra de Sucesión, decide acabar de una vez por todas con los contrabandistas franceses en el Pacífico y se organiza una escuadra que será mandada por el corsario Jean Nicol Martinet con tres navíos de su propiedad y tripulaciones francesas. Otra intención de la Corona y sobre todo de Patiño era reorganizar la Armada del Mar del Sur por lo que envía en esta escuadra a un navío de la Armada Real, el Nuestra Señora del Carmen, alias Lanfranco, que pone al mando de dos prestigiosos marinos, Bartolomé de Urdinzu y Blas de Lezo.

Navío    Príncipe de Asturias  64 cañones Jefe de escuadra Jean Nicolas Martinet
     “       Triunfante 54       “ Capitán Mr. Le Jonquiere.
     “       Lanfranco 60       “ Bartolomé Urdinzu.
Capitán Blas de Lezo (2º en el mando)
Fragata La Peregrina 48       “  

Otros autores, como Dionisio Alsedo y Herrera, señalan al capitán de navío Blas de Lezo como comandante de la fragata La Peregrina. El menos conocido Bartolomé de Urdinzu ya estuvo en el Atlántico Sur cuando fue a Buenos Aires en 1700 al mando del navío Nuestra Señora del Carmen, de 800 toneladas y armado con 60 cañones, para llevar hombres y pertrechos, siendo a su regreso encallado cerca de Faro, Portugal, al ser acosado por navíos holandeses, siendo después capturado.

         Esta escuadra tenía una enorme trascendencia, al ser la primera que llegaba de la metrópoli desde el siglo XVI, pretendiendo incluir a la Armada de aquellas aguas en las reformas iniciadas en España, pero las cosas no eran tan sencillas, como pudo comprobar más adelante Blas de Lezo al hacerse cargo de la Armada del mar del Sur.

         El francés Martinet ya tenía un contrato firmado con la Corona española con fecha del 20 de marzo de 1714 para prestar sus servicios en aguas europeas. El nuevo contrato firmado en 1716 era una continuación del anterior, con instrucciones para dirigirse al Pacífico y capturar, confiscar y erradicar el contrabando, para lo cual disponía de tres buques de su propiedad, comprados para esta expedición con avales de comerciantes parisinos y aristócratas. Martinet recibiría diez mil pesos mensuales, además de quedarse con la mitad del valor de las presas, y si éstas excedían de cuatro millones de pesos, dos tercios eran para la Corona. Otra parte del contrato estipulaba que al regreso a España sus navíos pasarían a ser propiedad de la Armada Real. Para esta expedición es nombrado jefe de escuadra.

         Una dato curioso sobre los buques franceses es que pocos años antes, en 1712 siendo el virrey Diego Ladrón de Guevara, los dos navíos de Martinet estaban en las costas del Pacífico mercadeando; el Príncipe de Asturias se encontraba en aquella ocasión al mando del capitán Julián Chivilla, el Triunfante estaba al mando de Nicolás Grout y se llamaba Sancti Spirit o Gran Espíritu Santo, además de la fragata Santa Rosa al mando de Juan de San Juan, en este caso, todos con el permiso del virrey.

Travesía y operaciones en el Pacífico y Atlántico

         Zarpó la escuadra de Cádiz el 16 de diciembre de 1716, haciendo una travesía sin contratiempos hasta la llegada al cabo de Hornos en marzo de 1717. A causa de los temporales y fuertes vientos la fragata La Peregrina se separa de la escuadra el 26 de marzo teniendo que dar media vuelta y arribar en Buenos Aires. Lo mismo ocurre con el navío Lanfranco, que se separa el 19 de abril y se une a la fragata en Buenos Aires, sufriendo serios daños en la arboladura y casco. Urdinzo decide quedarse en Buenos Aires a pasar el invierno.

Paso del Cabo de Hornos

        Los navíos Príncipe de Asturias y Triunfante, con comandantes y tripulación francesas, lograron cruzar el cabo de Hornos, con las consiguientes ironías sobre las capacidades marineras de los españoles. El 19 de junio de 1717 entran en el puerto de Concepción, donde Martinet decide invernar, contando con el sigilo de las autoridades de la colonia, gobernador José de Santiago Concha, pues para tener éxito nadie debía conocer el propósito de la escuadra.

         Incorporados a su misión, los dos navíos de Martinet hacen su primera captura el 3 de septiembre de 1717 en Cobija, se trataba de la fragata La Fidela. Cinco días después se apoderan en Arica de otras cinco fragatas francesas cuando gran parte de las tripulaciones se encontraban en tierra. Las ocho embarcaciones entraron en El Callao el 27 de septiembre de 1717. Sus nombres eran Santiago, Águila, Príncipe de Asturias, San Francisco Javier y Brillante. Sin contar el valor de las embarcaciones, la cuantía de las presas ascendía casi tres millones de pesos. Las tres últimas fragatas, que se encontraban en mejor estado, son entregadas para servir en la Armada del Mar del Sur, siendo rebautizadas con los nombres de San Miguel, que estaba artillada con 34 cañones, Águila Volante, de 32 cañones, y San Antonio de Padua, con 32 cañones, aunque se las conocería por los dos nombres.

         Después de los primeros éxitos de esta escuadra, las relaciones entre los oficiales franceses y las autoridades españolas se fueron enrareciendo, sobre todo con el intendente de la escuadra Gabriel Lacunza, que acusó a Martinet de no cumplir el contrato firmado, e incluso de comerciar ilegalmente con mercancías que habían traído escondidas, siendo sorprendido el capitán La Jonquiere con 60.000 pesos en mercancías en su navío Triunfante. Estas relaciones aún empeoraron más cuando los franceses se enterar de las relaciones de enemistad entre los dos países, que comenzaron una guerra en 1718. Para evitar complicaciones se mandó a España a los prisioneros franceses, saliendo en las fragatas capturadas Fidela y San Francisco. Las dos fragatas llegaron a Pasajes en 1718 y son entregadas a la Armada Real.

Navío español de principios del XVIII

        La tensión creció tanto que los tripulantes franceses se amotinaron cuando el virrey Santo Buono pidió a Martinet perseguir a unos piratas en la costa chilena. Después del incidente, sofocado a duras penas por el propio Martinet, el virrey ordenó que la escuadra regresara a España. Primero llegó el navío Triunfante en marzo de 1719 y en septiembre de ese año llegó el propio Martinet con el Príncipe de Asturias. Se respetó el contrato, y los dos navíos son entregados a la Armada Real española, incorporándose con sus nuevos nombres, Rubí y Conquistador.

Urdinzu y Lezo. La nueva Armada del Mar del Sur

         Pero volvamos a lo ocurrido con los dos buques que quedaron en Buenos Aires. Bartolomé Urdinzu volvió a intentar el paso al Pacífico en enero de 1718, volviendo a fracasar, pero la fragata La Peregrina, cuya tripulación era francesa, llegó a El Callao en el mes de marzo de 1718, volviendo los comentarios sobre la profesionalidad de los marinos españoles, que incluso el virrey Santo Buono llegó a dudar de la competencia de Urdinzu. Los comentarios de Martinet fueron sangrantes, pues llegó a escribir a Alberoni diciendo que jamás un marino español sería capaz de cruzar el cabo de Hornos.

         Pero Bartolomé de Urdinzu y Arbelaez no había permanecido ocioso. Al llegar al Río de la Plata y reparar los daños, encuentra a la altura de Montevideo que estaba fondeada la fragata Danicant ó Le Petit Danycant, de Saint Maló. La mayor parte de la tripulación se encontraba en tierra, en donde habían edificado cuatro barracas y disponían de numerosos cueros, obtenidos de los indios a cambio de poca cosa, siendo en buque apresado. También apresó a la fragata San Francisco.

Blas de Lezo y Olavarrieta

  • Retrato de don Blas de Lezo y Olavarrieta

Durante su segunda estancia en Río de la Plata llegaron de España en el navío Celarain una real cédula fechada en San Lorenzo el 16 de agosto de 1718 para que Urdinzu organizara la Armada del Mar del Sur, al contar ahora con algunos de los buques capturados por Martinet y los que estaban al mando de Urdinzu, que es nombrado primer comandante de la Armada y Blas de Lezo su segundo. Las órdenes suponían que el navío Lanfranco seguía en servicio, pero este navío quedó abandonado en Buenos Aires y su tripulación pasó a las dos fragatas capturadas con las que pudo llegar a El Callao en 1720. La mayoría de informaciones sobre el navío Lanfranco dicen que fue mandado por Blas de Lezo en los mares del Sur, pero no he podido encontrar prueba documental de ello, sino lo ya reseñado. Incluso Fernández Duro menciona que en el Lanfranco capturó seis embarcaciones (Tomo VI, página 130), captura que fue realizada por los dos navíos de Martinet.

         El primer trabajo de los marinos españoles era reorganizar la Armada del Mar del Sur según los cánones establecidos en la metrópoli, una armada profesional y efectiva. Hasta ese momento los cargos se compraban e incluso se obtenían por herencia, ahora serían nombrados por el rey. Para este propósito habían llegado con Urdinzu y Lezo en 1717 sesenta y siete oficiales para hacerse cargo de la Armada y de la instrucción del personal criollo, además de los gobernadores de Chile y Buenos Aires, el teniente general Gabriel Cano de Aponte y el brigadier Bruno Mauricio Zavala.

         En cuanto a unidades navales sólo contaban con los viejos navíos Sacramento y Concepción, la fragata Peregrina, que se incorporó a esta Armada al no poder cruzar el cabo de Hornos para regresar a España con Martinet, y las tres fragatas capturadas en 1717. Bajo la dirección de Blas de Lezo, que acabó sustituyendo a Urdinzu en febrero de 1723, comenzaron a operar contra los contrabandistas. En abril de 1721 capturó una fragata francesa de 32 cañones. Pero pronto pudo ver Lezo que sus fuerzas eran insuficientes cuando en mayo de 1721 es bloqueado en El Callao por sólo cinco buques franceses. Comandó dos expediciones a Panamá, en 1722 y 1725. El virrey Castelfuerte volvió a recurrir al sistema de armar embarcaciones que eran financiadas por particulares. En estos cometidos se destacó Santiago Salaverría con la fragata corsaria Nuestra Señora del Carmen, de 24 cañones y 180 hombres, que en junio de 1725 captura en Coquimbo al San Luis, navío holandés de 40 cañones y 115 tripulantes. El problema de la falta de unidades y de tripulaciones, además de otros males endémicos, como la absoluta dependencia de esta Armada del virrey, que provocó duros enfrentamientos de Blas de Lezo con el virrey Castelfuerte, obligó a que el marino pidiera su relevo del mando y regresara a España.

  • Fuentes
    - Archivo General de Indias, Contaduría, 566.
    - Archivo General de Indias, Contratación, 1281.
    - Archivo General de Indias, Lima, 411.
    - Archivo General de Indias, Escribanía, 877-A.
    - Archivo General de Indias, Audiencia de Chile, 168, vol. 3.
    - “Armada española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón”, Tomo VI, Cesáreo Fernández Duro.
    - “Diccionario histórico-biográfico del Perú”, Tomo II, Manuel de Mendiburu.
    - “La actividad naval del reino de Chile”, Mario Barros Van Buren.
    - “Descripción de los tiempos de España”, Dionisio Alsedo y Herrera.
    - “La Armada del mar del sur”, Pablo Emilio Pérez-Mallaina Bueno y Bibiano Torres Ramírez.
    - “Piraterías y agresiones de los ingleses en la América española”, Justo Zaragoza.
    - “Historia de Concepción”, Guillermo Coz y Méndez.
    - “Reseña histórica del comercio de Chile durante la era colonial”, Agustín Ross.
    - “Descripción histórico geográfica del reino de Chile, Vicente Carvallo Goyeneche.