El Galeón de Manila en el siglo XVIII. Navíos de la Carrera de Filipinas.

Un poco de historia

         Desde comienzos del siglo XVIII los españoles comenzaron las exploraciones en el océano Pacífico. Estas páginas se quedarían cortas para hablar de ilustres personajes de nuestra historia como Vasco Núñez de Balboa o Fernando de Magallanes y Juan Sebastián de Elcano. Se hicieron varias expediciones hacia las Indias Orientales, como la de Jofre de Loaysa en 1525, Álvaro de Saavedra en 1527 con dos naos y un bergantín y Ruy López de Villalobos en 1542 con seis naves, pero fracasaron en descubrir una ruta adecuada de vuelta a América. No me extenderé en estas importantes expediciones y que darían para muchas páginas.

Réplica de la nao Victoria. Primer buque que circunnavegó la tierra

  • Réplica de la nao Victoria, fotografiada en Nagoya, Japón, el 6 de junio de 2005. Página web Wikipedia.org.

         El más importante viaje fue el realizado por D. Miguel López de Legazpi. Con cinco naves y 350 hombres zarpó de Nueva España, del puerto de la Navidad, el 20 de noviembre de 1564 y llegó a las Filipinas, las exploró y las conquistó. La capitana de la expedición era la nombrada San Pedro, la almiranta San Pablo, los pataches San Juan y San Lucas y una fragatatilla. Hay que recordar que estas islas pertenecían a Portugal, pero no mostraron ninguna oposición (1). El gran hito de esta expedición fue establecer una ruta de tornaviaje a Nueva España, hecho que se realizó a finales de 1565 cuando la nao capitana San Pedro (2) fondeó en la bahía de Acapulco el 8 de octubre, después de haber zarpado de Cebú el 1 de junio de 1565. Aprovechando la corriente del Japón y los vientos del oeste llegó hasta el cabo Mendocino, puso rumbo al sur y entró en Acapulco el 3 de octubre de 1565. El fraile agustino D. Andrés de Urdaneta hizo cartas de navegación por las que se hacía posible la navegación por el Pacífico. Con ello se haría posible la evangelización y la presencia española, haciendo que el océano Pacífico fuera español durante dos siglos.

Primeras rutas hasta el regreso de Urdaneta

  • Primeras rutas hasta el regreso de Urdaneta, según Morales Padrón.

         Esta presencia sólo pudo ser factible con un sistema regular de comunicaciones, servicio que fue realizado por naves que pertenecían a la corona española. A finales del siglo XVI se establece ese comercio regular entre las islas Filipinas y Nueva España.

 

El Comercio

         Al principio el comercio no era la motivación española para su presencia en el Pacífico. Las prioridades estaban en el continente americano. Aunque existía un comercio habitual entre las islas Filipinas y diversos países asiáticos, el comercio entre Filipinas y Nueva España no comenzó de forma habitual hasta 1571, siendo además de forma accidental. Los españoles habían rescatado en aguas filipinas a unos marinos chinos que habían naufragado. Cuando todo parecía olvidado un buque chino llegó a Manila al año siguiente cargado de regalos en agradecimiento por ese rescate. Los españoles enviaron esos obsequios a Nueva España en 1573, principalmente sedas.

         Al principio este comercio funcionó de manera libre y sin limitaciones. A partir de 1593, la corona española impuso su monopolio para evitar el contrabando, proteger la industria textil andaluza, quedando reservado este comercio a los españoles tanto los residentes en Filipinas como los de Nueva España. Las naves zarpaban en parejas, aunque el costo excesivo de mantener operativos hasta cinco embarcaciones obligó a utilizar un solo galeón, aunque de mayores dimensiones.

 

La travesía y sus peligros

         Una larga travesía de unos 16.000 kilómetros no estaba exenta de graves peligros. Los hombres permanecían embarcados unos cinco meses de su viaje de ida y unos cuatro meses al regreso, enfrentándose a enfermedades como el escorbuto. No menos graves eran las condiciones climáticas con los tifones asiáticos o las tormentas del Pacífico Norte donde se perdieron muchas naves de la carrera de Filipinas.

         El derrotero habitual desde Manila era por los mares interiores de las islas Filipinas, tocando en el último puerto, el de San Jacinto, antes de aventurarse en el océano y después de abastecerse de leña, agua y víveres. Pasando el estrecho de San Bernardino ponían rumbo a las islas Marianas hasta alcanzar los 40º N de latitud. Desde este punto navegaban al Este aprovechando las corrientes favorables hasta llegar a la costa americana. Era el momento de entonar un Te Deum y celebrarlo con una fiesta profana llamada “el tribunal de las señas”, que consistía en que los oficiales y pasajeros eran juzgados por la marinería, se imponían multas a los culpables, siendo las penas saldadas con el pago de dulces y vino. En este punto se completaba todo el aparejo y se giraba a estribor para bajar por la costa de California hasta fondear en Acapulco.

         Lo solitario del viaje les hacía ser presas fáciles para los piratas holandeses e ingleses, siendo los más famosos Francis Drake, Thomas Cavendish, William Dampier, Woodes Rogers, George Anson o los holandeses Simón de Cordes, Olivier Van Noort, Joris van Spilbergen.

         En diciembre de 1577 partió de Plymouth el pirata Drake con cinco naves, siendo su insignia el Pelican, que luego lo llamaría Golden Hind, con órdenes secretas de la reina Isabel de capturar galeones españoles y saquear las poblaciones costeras del Pacífico, además de comerciar con las islas Molucas y encontrar un paso en el norte entre los océanos Pacífico y Atlántico.
   
         En 1587 se encontraba el pirata inglés Thomas Cavendish apostado cerca del cabo San Lucas, en California, con las naves Desire y Content. El 14 de noviembre atacó al galeón Santa Ana, al mando de Sebastián Rodríguez Cermeño y que carecía de artillería montada por lo que tuvo que combatir con armas ligeras, haciéndose el pirata inglés con un rico botín de 122.000 pesos en oro. Conseguido su objetivo regresa a Inglaterra en septiembre de 1588.

         La expedición del pirata Van Noort tuvo algunos éxitos en 1600 en la costa chilena. Llegó hasta Manila con sólo dos naves y les salieron al encuentro otras dos naves españolas el 14 de diciembre de 1600. El San Bartolomé consigue capturar a la urca holandesa Concordia (Eendracht). El galeón San Diego, al mando de Antonio de Morga, abordó al poderoso galeón Mauritius, capitana del pirata holandés, pero el español se incendia y el holandés consigue desembarazarse. Cuando los náufragos españoles pidieron socorro al holandés fueron asesinados. Abordó y saqueó juncos chinos y japoneses hasta su regreso a Rotterdam en 1601.

         El 22 de diciembre de 1709 el pirata Woodes Rogers capturó en cabo San Lucas al galeón Nuestra Señora de la Encarnación que había zarpado de Cavite el 12 de julio de 1709 al mando de M. Juan Presbert junto al galeón Nuestra Señora de Begoña, separándose de éste a primeros de diciembre. El 4 de enero las dos fragatas de Rogers, Duke y Duches, atacan al galeón Begoña, armado con sólo 24 cañones. En un primer ataque son rechazados. Al día siguiente atacan al galeón durante toda la mañana, pero la defensa española obliga al inglés a desistir, entrando el Begoña en Acapulco con sólo ocho muertos y un número similar de heridos.

         A pesar de esta rapiña no tuvo comparación con lo ocurrido en el Caribe y en el Atlántico, debido a que el océano Pacífico era todavía de difícil acceso para las embarcaciones, por lo que las guerras desarrolladas en Europa y el Caribe no tenían una continuación en el Pacífico.

 

Las Naves

         Las primeras embarcaciones eran naos, siendo de este tipo las utilizadas para los primeros viajes de exploración y descubrimiento y los primeros viajes establecidos en el llamado “Galeón de Manila”, siendo pronto desplazados por los más adecuados galeones por su mayor capacidad de carga y mejores condiciones marineras, sin olvidar su mayor capacidad defensiva y ofensiva. Los galeones eran la evolución de las naos, por las mejoras introducidas en la navegación. Se caracterizaban por poseer dos grandes castillos a proa y popa para facilitar el abordaje, podían tener hasta cuatro palos y estar armados con cuarenta o cincuenta cañones.

         Como ya es sabido los galeones fueron utilizados hasta bien entrado el siglo XVIII, hasta finales de la década de los treinta, siendo el último de los construidos en Filipinas el Sacra Familia, realizando su primer viaje en 1718.

         La construcción de los buques de la Carrera de Filipinas comenzó a hacerse en astilleros de Nueva España, pero el mejor emplazamiento de los astilleros filipinos y la mayor calidad de las maderas existentes, desplazaron a los anteriores astilleros. En los astilleros de Cavite, Bagatao o Sual se empleaban maderas como el “molave”, la “banaba”, “lauan” y el “guijo”, “apitong” para las cubiertas y “mangachapuy” para la arboladura.

Galeón español

  • Galeón. Pintura de Rafael Monleón. Museo Naval. Madrid.

         En su último viaje el galeón Nuestra Señora de Begoña trajo a Filipinas un decreto fechado en 1721 por el rey Felipe V sobre las nuevas proporciones en la construcción de bajeles dictadas por D. Antonio de Gaztañeta y recogidas en 1720 en su obra “Proporciones más esenciales para la fábrica de navíos y fragatas”. A las embarcaciones que realizaban este servicio siguió llamándose “Galeón de Manila”, dando lugar al error de creer que se trataba de verdaderos galeones, puesto que en este caso la palabra galeón se usa en sentido genérico.

         Aunque no les podemos considerar verdaderos buques de guerra puesto que este no era su cometido primordial, por su aspecto externo eran ya verdaderos navíos. Habían desaparecido los altos castillos a proa y popa, los navíos disponen de una mayor eslora y menor manga y se modifica la arboladura. Gaztañeta consigue unos buques estables y maniobrables aunque tenían tendencia a quebrarse como único defecto, no pudiendo ser armados con cañones de gran calibre.

         A partir de la desaparición de último navío de la Carrera de Filipinas o Galeón de Manila, la travesía comenzó a realizarse con fragatas hasta la desaparición de este monopolio a principios del siglo XIX. Ya en 1765 se empezaron a realizar viajes directos desde la península a cargo de navíos y fragatas de la Armada, aunque siempre con la oposición de los comerciantes de Manila. En 1785 se crea la Real Compañía de Filipinas. Eran años en los que Carlos III impulsó el libre comercio que a la larga acabó con el Galeón de Manila en el Pacífico y con el sistema de Flotas en el Atlántico.

         Sólo seis fueron los navíos utilizados en el siglo XVIII en la Carrera de Filipinas,  los llamados Nuestra Señora de la Guía, Nuestra Señora de Covadonga, Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, Nuestra Señora del Rosario y los Santos Reyes, Nuestra Señora del Rosario y San Juan Bautista y el Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin.

 

Navío Nuestra Señora de la Guía, Santo Cristo de la Misericordia y San Francisco de las Lágrimas

         Fue el primer navío construido en Filipinas en el año 1727 según las nuevas proporciones de D. Antonio Gaztañeta. Más conocido por el nombre de La Guía. Para su primera travesía zarpó de Manila el 10 de julio de 1728 al mando del general D. Antonio Fernández de Rojas, llegando a su destino el 26 de enero de 1729. Para su tornaviaje zarpó el 31 de marzo y llegó a Manila a primeros de agosto de 1729.

         En 1730 realiza su segundo viaje al mando del general D. Francisco de Abarca, siendo su maestre el sargento mayor D. José Bermúdez de Sotomayor. Llevaba embarcado al gobernador saliente marqués de Torrecampo. Para el mes de julio de 1731 se encontraba ya de vuelta en la bahía de Manila. El 11 de julio de 1732 zarpa de Cavite y llega a Acapulco el 19 de febrero del año siguiente, dando comienzo la descarga de las mercancías el 22 de febrero. El 6 de abril zarpa de nuevo y llega a Manila el 10 de julio con la noticia de no haberse celebrado la feria de Acapulco.

         Al mando del general D. Juan Domingo Mebra zarpa de la bahía de Manila el 30 de julio de 1735, siendo su maestre el capitán D. Luis Santiesteban. Llega a Acapulco el 24 de febrero de 1736 después de sufrir recios temporales los meses de noviembre, diciembre y enero. Vuelve a zarpar el 17 de abril y llega el 1 de septiembre a la isla de Cebú totalmente desarbolado por los fuertes temporales que le dejaron sin velas y jarcias y tan faltos de agua que hubieran perecido de sed de no haber recogido la de los mismos aguaceros.

         El 25 de julio de 1737 se hace a la vela al mando del general D. Pedro Gómez Rivero y llega a Nueva España el 9 de febrero del año siguiente. El 28 de julio regresó a las Filipinas. En su siguiente viaje se perdió a finales de diciembre de 1740 en los bajos de Zapao, golfo de Albay, cuando regresaba de Acapulco. Había hecho invernada en Palapag esperando vientos favorables para embocar el estrecho de San Bernardino. Pudo recuperarse su artillería y equipo de fondeo.

 

Navío Nuestra Señora de Covadonga

         Se ordenó su construcción en Cavite junto a su gemelo Nuestra Señora del Pilar, siendo botado en 1730. Desplazaba 1.000 toneladas y medía 36 metros de eslora, 9 metros de manga y 5 metros de puntal. Armada con 50 cañones y tripulado por hasta 460 hombres.

         En su primera travesía zarpa de Cavite el 8 de julio de 1731 al mando de D. Antonio González de Quijano y su maestre el capitán D. Manuel Recuero y Rivera, haciendo de nave almiranta el patache San Cristóbal, al mando de D. Juan Manuel de Barreda y su maestre D. Pablo Antonio de Aroza. Llegan a Acapulco a finales de enero de 1732. El 21 de marzo zarpan de Acapulco las dos embarcaciones y llegan a Manila cargados con 1.322.700 pesos.

         Haciendo de nave capitana zarpa de Cavite el 26 de julio de 1733 al mando del general D. José Bermúdez de Sotomayor, siendo la almiranta de la flota el navío Nuestra Señora del Pilar. Cerca de las islas Marianas se separaron por una tormenta y el Covadonga llegó a Acapulco el 16 de febrero de 1734. El 9 de abril zarpan juntos y llegan a Manila en el mes de agosto de 1734.

         En su siguiente viaje volvió a ser la nave capitana al mando del general D. Juan Francisco de Irizarri y Vizua y su maestre el capitán D. Nicolás de Argüelles, siendo la almiranta el navío Pilar. Zarparon el 31 de julio de 1736 y llegaron a su destino a finales de enero del año siguiente. Regresaron a Filipinas a mediados de 1737.

         El siguiente viaje lo realizó en solitario al mando del general D. Jerónimo Montero. Zarpó el 17 de julio de 1740 y entró en Acapulco el 12 de enero de 1741, regresando a las islas Filipinas sin novedad. No ocurriría lo mismo en su siguiente viaje.

         El 22 de julio de 1742 zarpa de Cavite al mando del general D. Luis Manso de Velasco  y llega a Acapulco el 18 de febrero. Al mando del general D. Jerónimo Montero zarpa de Acapulco el 15 de abril de 1743 cargado con 1.313.843 pesos y 35.682 onzas de plata.

         La mañana del 16 de junio, cuando se encontraba cerca del cabo de Espíritu Santo, el navío Covadonga es interceptado por el navío británico de 60 cañones Centurion, al mando de George Anson, que llevaba alrededor de un mes apostados en esas aguas a la espera del “Galeón de Manila”. El navío Covadonga no intentó huir y se dispuso a combatir, a pesar de ir armado con sólo 5 cañones de a 12 libras y 8 de a 6 libras. Al mediodía, el Centurion se cruzó en el rumbo del navío español para poder acercarse por detrás en la banda de babor y así evitar que huyera hacia la costa que se encontraba próxima, a unas treinta millas de distancia. A una media milla de distancia comenzó a disparar con sus cañones de proa, siendo respondido por los de popa del español, que se había puesto al pairo en espera del combate.

El Centurion y el Covadonga

  • Grabado basado en un dibujo de Peircy Brett. Aparece en el libro Anson’s Voyage Round the World, de Richard Walter.  La mayoría de las pinturas que se hicieron posteriormente se basaron en este grabado.

         A la una del mediodía se situó en el costado de babor del Covadonga y comenzó a disparar con sus pesados cañones de la batería baja a una distancia de tiro de pistola, destrozando el casco, mientras treinta tiradores apostados en las cofas barrían la cubierta del navío español. Con más de sesenta muertos y sesenta heridos y su comandante llevado herido a la enfermería, el navío Covadonga se rinde tras noventa minutos de resistencia (3). En el navío británico sólo hubo tres muertos y quince heridos. Se puede observar en el grabado de Brett que el Covadonga es mucho mayor que el navío de Anson, algo que es totalmente incierto. Las crónicas británicas daban una tripulación española de 644 hombres, cuando la realidad es que iban a bordo 530 hombres, de los cuales sólo 266 eran tripulantes entre los que hay que incluir a sólo 43 soldados y unos excesivos 177 criados.

         Varios prisioneros españoles pasaron al Centurion, mientras se hacían varias reparaciones de emergencia en el Covadonga, tardando una semana en pasar todo el tesoro al navío británico. Los prisioneros fueron hacinados en la bodega siendo apuntados por cuatro cañones giratorios apostados en las cuatro esquinas de la bodega, mientras la tripulación británica iba armada en todo momento. A pesar del calvario que soportaron ninguno de ellos murió.

         Después de un mes de navegación llegaron a Macao con el Covadonga, teniendo que ser remolcado en buena parte de la travesía por el mal estado en que se encontraba. Tres días después entraron en Cantón, donde vendieron el casco del navío español a los portugueses por sólo 6.000 pesos. En el mes de diciembre de 1743 zarparon los británicos rumbo a Europa, llegando a Spithead en junio de 1744.

El Centurion y el Covadonga en combate

  • The Capture of the Covadonga by HMS Centurion, 20 June 1743. Samuel Scott (1701-72). National Maritime Museum.
Navío Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza

         Se colocó su quilla en Cavite en 1731 y fue entregado en 1733. Con 1.000 toneladas de desplazamiento, tenía 36 metros de eslora (60 codos), 9 metros de manga y 5 metros de puntal. Estaba armado con 50 cañones, 22 de a 18 libras, 22 de a 14 libras y 6 de a 10 libras.

         Para su primera travesía zarpa de la bahía de Manila el 26 de julio de 1733 al mando del general D. Jerónimo Montero y su maestre el capitán D. Juan Agustín Lazcano. Iba acompañado del navío Nuestra Señora de Covadonga, gemelo del Pilar y que hacía de nave capitana. A pesar de estar a punto de naufragar en las islas Marianas por un fuerte temporal, llegó a Acapulco el 21 de marzo de 1734. Los dos navíos zarpan de Acapulco el 9 de abril y llegan a Manila en agosto de 1734.

         Al mando del general D. Baltasar de Araneta y su maestre el capitán D. José Antonio de la Madrid zarpa de Cavite el 31 de julio de 1736, de nuevo acompañado por el navío Covadonga, que hacía de capitana. A mediados del mes de agosto de 1737 entraron en Manila sin novedad. El 3 de agosto de 1738 se hace a la vela al mando de D. Francisco Antonio Sendín y llega a Acapulco el 23 de febrero del año siguiente. Cargado de caudales y con el nuevo gobernador de Filipinas a bordo, D. Gaspar Antonio de la Torre, zarpa de Acapulco el 14 de abril y llega a Manila el 20 de agosto de 1739.

         La guerra había estallado entre España y Gran Bretaña en 1739. Una junta de guerra se reunió en abril de 1741 para decidir el armamento que debía embarcar el Pilar en su próximo viaje a Nueva España. Se decide que llevaría 10 cañones de a 14 libras y 24 cañones de a 10 libras en sus dos puentes y otros 8 cañones de a 6 libras en el alcázar y castillo, además de 8 pedreros de a 3 libras. Su tripulación fue aumentada en 40 plazas, 12 artilleros, 10 marineros y 12 grumetes españoles haciendo un total de 387 hombres (un general, un maestre, un sargento mayor, 3 pilotos, un contramaestre y su ayudante, un guardián, un condestable de artillería, escribano, capellán, despensero, alguacil del agua, cirujano, carpintero, calafate, buzo, patrón de la lancha, 42 artilleros, 70 marineros, 217 grumetes y 37 soldados de infantería entre los que había un capitán de mar y guerra, un alférez, un sargento, tres cabo, un tambor y treinta soldados. El 13 de julio de 1741 zarpa de Cavite al mando de D. Manuel Gómez de Bustamante y su maestre el capitán de la guardia del gobernador D. Gregorio Rafael García del Valle Izquierdo, llegando a Acapulco el 19 de enero de 1742. El navío Pilar debía de haber zarpado en el mes de marzo pero es descubierta una escuadra británica, la de George Anson, que le estaba esperando para capturarlo por lo que no se hace a la vela hasta el 7 de diciembre de 1742 con 1.374.717 pesos a bordo y entra en Manila el 19 de marzo de 1743.

Navío Nuestra Señora del Pilar. Foto y modelo de Javier Escudero Cuervas-Mons.

         Se sospechaba que la escuadra de Anson podría haber puesto rumbo a las Filipinas para hacerse con el tesoro del navío Covadonga que estaba, y podría estar merodeando por las cercanías del cabo de Espíritu Santo. Nada más llegar a Manila se descargan con urgencias las mercancías del Pilar y con una nueva tripulación se hace a la mar al mando de D. Juan Domingo Nebra con otras dos embarcaciones. A causa de los vientos contrarios el Pilar varó el 7 de julio de 1743 en el puerto de San Jacinto con varias vías de agua.

         El 21 de marzo de 1744 zarpa de Cavite con el navío Nuestra Señora del Rosario y los Santos Reyes además de otros dos bajeles para buscar en las costas de China al navío Centurion, que al mando de Anson había capturado al Covadonga. Iban al mando de D. Antonio González de Quijano y no pudieron encontrar al enemigo, que por esas fechas se encontraba ya camino de Europa con el rico botín conseguido. Las naves españolas invernaron en macao y regresaron a Manila a finales de julio de 1744. Al año siguiente fue de nuevo aprestado para la defensa de Manila, quedando fondeado en su bahía y armado con sólo 40 cañones.

         Como nave almiranta zarpa de Cavite el 24 de julio de 1746 al mando del almirante D. Juan Bautista Pañales y Carranza y su maestre el capitán D. Gabriel de Salamanca. La capitana era el navío Nuestra Señora del Rosario y los Santos Reyes al mando de D. Francisco González de Quijano y su maestre el capitán D. Tomás de Iturralde. Llegaron a Acapulco el 10 de enero de 1747. Cargados con 1.500.000 pesos zarpan los dos navíos de Acapulco el 8 de abril acompañados por el patache Santo Domingo, al mando del capitán D. Antonio Gutiérrez de Cossio, y llegan a Filipinas el 7 de julio de 1747.

         Para su última travesía zarpó de Manila el 31 de julio de 1750 con la galeota San José. El 26 de agosto hicieron escala en el puerto de San Jacinto para reponer agua y víveres, además de cargar mercancías de contrabando. A pesar de ir sobrecargado y en contra de los pilotos y su maestre el capitán D. Mateo Antonio Iñiguez, su comandante, el general D. Ignacio Martínez de Faura, decide zarpar el 1 de septiembre. Pasó el estrechote San Bernardino en demanda de las islas Marianas y no se volvió a saber nada más de él. Llevaba como armamento dos cañones de a 18 libras en la primera batería, 22 de a 10 libras en la segunda batería, 6 de 6 libras en el alcázar y 10 pedreros en la toldilla y castillo.

 

Navío Nuestra Señora del Rosario y los Santos Reyes

         Se le puso la quilla en Cavite en junio de 1741 para sustituir al navío naufragado La Guía. Con una arqueo de 1.095 toneladas, medía 65 codos de quilla y estaba armado con 60 cañones. Entra en servicio en 1743.

         Zarpa para su primer viaje a Acapulco en julio de 1743 al mando del general D. Mateo de Sumadle y su maestre el capitán D. Tomás de Iturralde. Durante más de cuatro meses estuvo luchando contra los vientos contrarios sin poder remontar las islas Marianas, regresando a Cavite el 29 de diciembre.

         El 21 de marzo de 1744 zarpa con el navío Pilar y otros dos bajeles formando escuadra al mando del general D. Antonio González de Quijano. La misión consistía en capturar en las costas de China al navío británico Centurion. Por la fecha de salida estaba claro que el navío de Anson se encontraría ya muy lejos. Al regreso a Manila en julio de 1744 se hizo una investigación para averiguar las razones del retraso en la salida de la escuadra.

         A mediados de 1745 se estaba cargando el navío Rosario con todo tipo de mercancías para ser enviadas a Acapulco cuando el 20 de junio llega a Manila un bergantín de Batavia con la noticia de encontrarse en aquel puerto una escuadra británica compuesta por seis navíos y dos corsarios. Se suspendió la carga del navío y se aprestó para vigilar las costas con el navío Pilar. El 13 de julio de 1745 llegó a Manila un patache correo con noticias y la orden del Rey de prohibir la salida de mercancías de Filipinas rumbo a Nueva España mientras dure la guerra. Los dos navíos, Rosario y Pilar, fueron alistados de nuevo y fondearon en la bahía de Manila para prevenir un posible ataque a la plaza de la escuadra británica. El navío Rosario había sido armado con 56 cañones.

         El 24 de julio de 1746 zarpa rumbo a Acapulco como nave capitana y al mando del general D. Francisco González de Quijano y su maestre el capitán D. Tomás de Iturralde, siendo el navío Pilar la nave almiranta. Regresaron a Filipinas el 7 de julio de 1747, siendo ésta la primera travesía del Rosario en el “Galeón de Manila” desde su entrada en servicio.

         A finales de julio de 1748 vuelve a zarpar al mando del general D. Francisco de Ustáriz y el maestre D. José Gregorio del Escorial. Los temporales y vientos contrarios le impiden finalizar el viaje a Nueva España, entrando maltrecho en el puerto de Bagatao en el mes de noviembre, regresando a Cavite en febrero de 1749. Parcialmente reparado vuelve a zarpar con los mismos mandos en mayo de 1749 consiguiendo esta vez llegar a Acapulco. Regresa a Filipinas en el mes de julio de 1750 llevando a bordo al nuevo gobernador y capitán general de Filipinas, el teniente general de la Armada D. Francisco José de Ovando y Solís. Este nuevo gobernador decide en octubre de 1750 que el navío Rosario sea desguazado.

 

Navío Nuestra Señora del Rosario y San Juan Bautista

         Su construcción se realizó en el puerto de Sual, provincia de Pangasinán. Armado con 50 cañones entró en servicio en 1747, durante la guerra contra Gran Bretaña. Sería conocido como el Filipino.

         Por orden del gobernador Ovando y Solís se decide en octubre de 1750 repararlo y ponerlo en buen estado. En 1752 realiza su primera travesía a Acapulco al mando del general D. Tomás de Iturralde, siendo su maestre el capitán D. Alejo de Quesada.

         Entre 1753 y 1761 se alterna en los viajes a Nueva España con el navío Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, excepto el año 1757 que el viaje es realizado por el patache de la carrera de Filipinas Nuestra Señora de la Portería.

         En 1762 había entrado España en la guerra de los siete años al lado de Francia. Regresaba a Filipinas desde Acapulco cuando el 11 de septiembre llega a las costas de la isla de Samar. Su comandante envía una embarcación a Manila para solicitar un piloto experto en la navegación por los estrechos, conociendo así de mano del gobernador de la presencia en aguas filipinas de la escuadra británica de Cornish. El gobernador le ordena refugiarse en el puertote Palapag, donde su comandante lo hace encallar, después de poner  a salvo los caudales, unos dos millones de pesos de plata, y la artillería.

 

Navío Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin

         Más conocido como el Poderoso. El gobernador Ovando y Solís ordena su construcción en los astilleros de Bagatao (isla de Luzón) para sustituir al navío Covadonga, capturado por Anson.

         Construido en 1751 fue uno de los mayores navíos que se vieron en aquellas islas, con 1.375 toneladas de arqueo, 51,5 metros de eslora, 15,2 metros de manga y 10,1 metros de puntal. Costó 229.852 pesos y estaba armado con 60 cañones. Su gran volumen, defectos de construcción y reformas efectuadas en 1757 para reducir su desplazamiento, hicieron que el navío resultara poco maniobrable. Para su primer viaje se armó con sólo 50 cañones y zarpó a mediados de 1751 al mando del general D. Francisco Ustáriz, siendo su maestre el capitán D. Juan de Araneta. Sin ningún contratiempo, regresó a las islas Filipinas en la primavera de 1752.

         Entre 1753 y 1761 se alterna con el navío Filipino en los viajes de la carrera. Una de las travesías más duras fue la realizada en 1755 al mando del general D. Felipe María Rodríguez de la Madrid, marqués de Villamediana, siendo su maestre el capitán D. Pedro Antonio Cossio. Zarpó de Cavite el 23 de julio de 1755 y duró la travesía cinco meses y cinco dias, durante la cual murieron 82 personas y otras 155 llegaron enfermas, de un total de 32 oficiales, 315 tripulantes y 17 pasajeros.

         Entre los fallecidos se encontraba el anterior gobernador de Filipinas, Francisco José de Ovando y Solís, marqués de Ovando, que regresaba a la península y un hijo suyo que nació durante la travesía. Ocurrió el 9 de agosto a la altura del golfo de California, siendo arrojado al mar con una bala de cañón. El navío Poderoso regresó a las Filipinas sin contratiempos.

         El 1 de agosto de 1762, sin conocimiento de la guerra con la Gran Bretaña, zarpa de Cavite rumbo a Nueva España. Por lo tardío de la fecha, los fuertes vientos lo retienen en la bahía de Manila. Ya en mar abierto se enfrenta a varios temporales y el 24 de septiembre pierde el palo mayor, decidiendo regresar a Cavite al tener varias vías de agua y con la tripulación cansada y enferma. El 28 de septiembre avistan el cabo de Espíritu Santo y el comandante decide entrar en el puerto de Palapag, pero el piloto se niega a efectuar la maniobra en la oscuridad de la noche, por lo que ponen rumbo al puerto de Bagatado, en Luzón. La noche del 29 de octubre el Poderoso es descubierto por el navío Panther, de 60 cañones y al mando del capitán Hyde Parker, y la fragata Argo, de 28 cañones y al mando del capitán Richard King, ambas embarcaciones de la escuadra del vicealmirante británico Cornish. En un primer ataque la fragata Argo es rechazada y decide esperar la llegada del navío británico. Al amanecer del 30 de septiembre reanudan el combate y le lanzan más de mil cañonazos de a 24 y 18 libras. Después de cuatro horas de combate el navío Poderoso se rinde. Llevaba sólo 5 cañones de a 8 libras y 4 de a 4 libras, aunque el propio Cornisa dice que llevaba sólo 13 cañones y de éstos sólo 5 estaban montados. Fue llevado al puerto de Plymouth en 1763.

  • (1).- Por el Tratado de Zaragoza de abril de 1529 España había cedido a Portugal todos los derechos sobre estas regiones a cambio de una indemnización de 350.000 ducados.
    (2).- Realmente fue Alonso de Arellano, que capitaneaba al patache San Lucas el primero en regresar a América, antes que el fraile Urdaneta en el San Pedro. A pesar de llegar primero, Arellano fue relegado a un segundo plano, y la razón no es otra de la poca documentación dada sobre la travesía de regreso, mientras que Andrés de Urdaneta nos da constantes y minuciosas observaciones que haría posible el viaje de regreso, que a la postre era lo que interesaba.
    (3).- Cesáreo Fernández Duro nos da una cifra aún mayor de sesenta y siete muertos y ochenta y cuatro heridos.
  • Fuentes y Bibliografía
    - A.G.I., Filipinas, 1771.
    - Revista General de Marina.
    - Revista de Historia Naval.
    - Revista Española del Pacífico, año 1992, nº 2.
    - Cesáreo Fernández Duro, “Armada española”, tomos V, VI y VII.
    - Jesús García del Valle y Gómez, “Retrato de un navío. Nuestra Señora del pilar de Zaragoza”. Editorial Naval, Madrid.
    - José Ignacio González-Aller Hierro, artículo “La presencia de Drake y Cavendish en la costa americana del Pacífico Sur”.
    - Glyn Williams, “El mejor botín de todos los océanos”.
    - Miguel Luque Talavan. Artículo “El progreso de las Filipinas en el pensamiento económico del siglo ilustrado”.
    - Página web Wikipedia.org