Martes , 6 diciembre 2016
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Almirante Yi Sun Sin

Monumento al almirante Yi Sun Sin

En 1592, mientras España e Inglaterra se estaban enseñando los dientes en plena guerra anglo-española (1585-1604) y Felipe II le concedía el título de ciudad a la villa de la Habana; en Asia ardía también por una guerra totalmente diferente, en que una nación, Corea luchaba por su propia existencia como país. En este brutal conflicto y pese al “pequeño” tamaño de este país un héroe naval consiguió salvar a su patria.

Sé que esta página web se concentra en general en la época napoleónica. Pero al ser de historia naval creo que era una lástima no dedicar al menos unas palabras al que quizás sea, según algunos historiadores y almirantes, el comandante naval más grande de todos los tiempos y a su vez el más desconocido de todos, el almirante y general coreano Yi Sun Sin, también supuesto inventor del acorazado.

Antecedentes

El origen esta guerra lo hayamos en Japón, donde a causa de una guerra civil por el trono, desde 1185 el emperador fue desprovisto de cualquier poder efectivo en beneficio del Shogun o generalísimo que era el gobernante de facto de la nación. Pese a ser un cargo hereditario los demás señores feudales ambicionaban dicho cargo y finalmente el sistema se colapsó provocando una guerra civil interminable donde los clanes, alianza y traiciones se hacían y deshacían con la misma facilidad con la que se dispara un mosquete.

En este ambiente un brillante general consiguió unificar una parte del país, pero fue traicionado y el poder pasó a su hombre de confianza, quien demostrando ser mejor comandante y político que su maestro pacificó todo el país. Habiendo alcanzado el poder ambicionaba fundar su dinastía, pero no pudo obtener el preciado título de Shogun porque él no era noble, sino el hijo de un campesino que había ido ascendiendo por sus habilidades en el campo de batalla y como administrador de sus feudos que recibió como premio. Finalmente se le concedió el cargo de Regente (cargo menor a Shogun) pese a que dominaba toda la nación, no le bastaba, quería asegurar su legado a su joven hijo.

Para el ambicioso regente Toyotomi Hideyoshi el plan era simple tenía que lograr una gran hazaña que le permitiese consolidad su poder para que cuando el faltase (tenía 55 años) y que nadie cuestionara la autoridad de su joven hijo (aún menor de edad). Su megalomanía lo empujo a ni más ni menos conquistar China, bajo una dinastía Ming hundida en una profunda decadencia; pero carecía de información detallada y rutas seguras por lo que pidió al Rey de Corea permiso pasa pasar por su país. El Rey, vasallo y aliado de China declinó cualquier ayuda, por lo que el regente simplemente cambió sus planes: primero invadir Corea y después China. Pero no tuvo en cuenta un almirante que sería su piedra en los zapatos durante toda la contienda.            

Yi Sun Sin

El futuro almirante nació en 1545 en Hanseong (en la actual Seúl) hijo de un aristócrata que recibió una educación acorde con su clase. Durante este periodo entabló amistad con un erudito del cual sería fundamental para su futuro.

Decidió hacer carrera militar y en 1576 se presentó a los exámenes de acceso, aprobando  la parte teórica y llegando a impresionar a los profesores con sus habilidades con el arco. Pero cayó del caballo en las pruebas de equitación y tuvo que volver a presentarse de nuevo, esta vez aprobando. Fue comisionado oficial de caballería del Ejército Fronterizo del Norte.

Pese que actualmente Manchuria es un provincia china, por entonces no lo era, estaba habitada por tribus nómadas que atacaban en la frontera coreana. Yi destacó como oficial por sus virtudes estratégicas y su habilidad en combate, llegando incluso a capturar a un caudillo manchú tras vencerle en batalla.

Se sabe que pidió un permiso para guardar luto por la muerte de su padre (según la tradición de la época) y que a su regreso continuó cosechando éxitos. Finalmente algunos de sus superiores, celosos le denunciaron por deserción durante la batalla; estas prácticas tan poco éticas eran muy comunes en aquella época para deshacerse de los posibles rivales. Pese a que el castigo por deserción era la muerte, con su gran historial de servicios se le conmutó a prisión con tortura y ser degradado a soldado raso.

Tiempo después desde su liberación fue nombrado comandante del centro militar de formación de la capital y más tarde consejero militar de un funcionario menor. Luego se le transfirió a la armada estacionada en la provincia de Jelloa izquierda (una de las cuatro flotas del país) done en muy poco tiempo recibió cuatro ascensos seguidos y finalmente fue nombrado Comandante del distrito naval de Jelloa izquierda, lo que equivalía a Almirante.

Preparando la guerra

Con su nuevo cargo no era alieno a los problemas con Japón, bien sabía que tras el ultimátum la guerra era inminente y los samuráis atacarían; a diferencia de algunos ministros que aun veían al país del sol naciente como un puñado de barbaros débiles y envueltos en guerras civiles e incapaces de representar una amenaza real.

Mientras preparaba a sus dotaciones para el combate y navegación, decidió innovar. Escogió y remodeló un navío ya existente para crear el primer acorazado del mundo. Tenía un mástil retráctil que se arriaba en combate para que no se incendiases las velas; remos en forma de S que requerían menos espacio y esfuerzo para su uso. Y finalmente toda la parte superior estaba recubierta por un caparazón de hierro, capaz de soportar las balas de cañón y con púas para evitar el abordaje. Por lo que no es de extrañar que los nombrasen “barcos tortuga” (Kobukson).

Interior de una nave tortuga
Interior de una nave tortuga

Estaba artillado con 11 cañones por banda, 2 en proa y 1 en popa. También su proa estaba decorado con la cabeza de un dragón que exhalaba humo (de forma artificial) cubriendo el campo de batalla con “niebla” cosa que aterraba a los japoneses, pues parecía que salían/desaparecían de la nada o que eran algo diabólico.

Hay que destacar que Yi nunca buscó un choque directo, es decir, la armada coreana prefería usar cañones de calibre superior a sus enemigos y dispara desde una distancia que fuese inalcanzable para el rival; el barco tortuga solo servía en caso de necesitar romper la formación enemiga, por lo que nunca fueron tan frecuentes como se cree.

Empieza la guerra

El 13 de abril comenzó la invasión, tomando totalmente por sorpresa a las guarniciones coreanas, un almirante prefirió quemar toda su flota antes de que cayese en manos de enemigo; la situación se repitió con la segunda flota, solo salvándose dos buques.

La flota de Yi, se movilizó para el combate, pese a que jamás había combatido en el mar, conocía su deber. Se reunió con los buques supervivientes y con la flota intacta de la provincia de Jelloa derecha; aumentado la escuadra a 91 buques. La campaña que finalizó 8 de mayo, culminó en tres batallas victoriosas, ninguna derrota, 42 buques enemigos hundidos y ningún buque coreano inutilizado. Tras su finalización volvió a su base y se dedicó a restaurar la tercera flota, quedado 3 de la 4 originales en perfecto estado operativo.

Por dicha acción se creó el cargo de “Almirante de las tres flotas” lo que lo convertía en el comandante en jefe de toda la armada. A finales de mayo preparó otra campaña, su objetivo era destruir tantos navíos enemigos como fuese posible, de esta manera cortaría las líneas de abastecimiento. Así los alimentos, armas y munición escasearían en el ejército samurái; que por entonces ya prácticamente se había apoderado de toda la península, ante un incapaz ejército coreano de frenarlo.

El 15 de julio finalizó la segunda campaña, no había perdido un buque (aunque si recibieron daños estructurales) y pese a los heridos (incluidos el mismo Yi) consiguió destruir a 67 buques en 4 batallas y también dañó al yate personal del regente, aunque él no se hallaba en su interior.

 La diferencia de flotas

El motivo por dicho éxito era la escasa tradición naval de Japón, sus comandantes eran verdaderos genios en tierra, pero no sabían cómo luchar en el mar; además desconocían la geografía coreana, sus corrientes, rocas submarinas etc.

Sus buques eran menos maniobrables, ya que tenían un casco en forma de V. También sus cascos estaban unidos con clavos de metal, que con una larga exposición a la sal, se oxidaban y el buque quedaba inutilizado. Y por si fuera poco no tenían pensado en combatir en el mar y sus barcos estaban escasamente artillados (los que lo estaban) otros solo llevaban arqueros y su táctica por antonomasia era acercarse a quemarropa y abordar el navío, ya que en a cuerpo a cuerpo los samuráis tenía una gran ventaja por su destreza y experiencia.

Mientas Yi antes de cada batalla se documentaba a fondo, preparaba con antelación las maniobras, consultaba a pescadores locales, entrenaba diariamente a sus tripulaciones etc. Sus buques tenían un fondo como una U, cosa que los hacia muy maniobrables y además las planchas estaban unidas por clavijas de madera en lugar de clavos; que con el contacto con el mar la madera se expandía y reforzaba las uniones. Para terminar, aparte de llevar arqueros y soldados con mosquetes, sus buques disponían de 6 calibres distintos, siendo el “cañón celestial” el más poderoso con un alcance de 500 a 620 metros.

Continúan las campañas

Entre tanto las cosas no iban bien para los nipones, los ataques de Yi habían hecho su efecto y por si fuera poco China envió un ejército de apoyo a Corea. Pese a tantos contratiempos el Regente Toyotomi Hideyoshi intentó (sin éxito) adquirid galeones portugueses. Al no poder hacerlo, reunió una gran flota e intentó artillarla con cañones, al final lo consiguió; aunque eran de menor calibre que sus enemigos, a causa de la forma de los buque japoneses que impedían un mayor armamento.

Yi se enteró por un campesino que una flota de 133 navíos japoneses estaba lista para entrar en combate. Rápidamente zarpó mientras pensaba en como afrontaría la contienda con los 56 barcos que disponía. Hasta la fecha había combatido formando en líneas (como en Europa) pues podía disparar todas sus piezas mientras los nipones solo podían responder con los escasos cañones de proa.

Esta vez preparó una trampa, envió una flotilla de siete buques como carnada, que inmediatamente fueron perseguidos por los japoneses. La flotilla se adentró en un estrecho cerca de la isla de Hansado, donde la flota coreana había adoptado una forma de media luna, como una U, dicha táctica se llama “alas de grulla”.

Si bien era conocida por los samuráis ya que era una estrategia de tierra que permitía envolver a un ejército enemigo; no creían que sería mucho problema romper la formación, por lo que cargaron. Cuando estuvieron en el centro de la formación Yi dio la orden de disparar; los samuráis quedaron atrapados en un potente fuego cruzado donde solo podían responder los buque que se hallaban al margen de la formación, mientras que los del centro (aparte de no poder disparar) tampoco podían moverse a causa del poco espacio y pese a los intentos por responder al fugo coreano, no consiguieron hundir ningún buque. Al terminar el combate Yi tenía la escuadra intacta salvo por algunos daños, 19 muertos y 400 heridos; los nipones perdieron 66 buques y en ningún informe habla de bajas ni daños (el orgullo del vencido).

El 16 de agosto Yi atacó otra vez aniquilando a 42 buques y culminado así otra brillante campaña. Tras esta tercera campaña el regente ordenó suspender todas las acciones navales. Además tenía otras preocupaciones, ya que con los contrataques Chino-Coreanos parte de la península había ya sido liberada, los japoneses se retiraron mientras los coreano se preparaban para evitar futuras invasiones.

Réplica de una nave tortuga
Réplica de una nave tortuga de un museo coreano

Ofertas de paz y segunda invasión

Entonces el regente envió un embajador a Pekín con sus cláusulas para la paz:

  • La división de Corea: el norte bajo control chino y el sur bajo control japonés.
  • Una princesa china de la casa imperial tenía que ser librada como su concubina.
  • Un príncipe coreano de la casa real y dos de los ministros del gobierno, tenían que ser entregados como rehenes.

El emperador chino envió a la corte del regente a su embajador. También como regalo le entregó los ropajes y corona típicos de los monarcas chinos y le ofreció el título y reconocimiento como “Rey de Japón” a cambio de abandonar Corea· Pero cuando preguntó por las cláusulas el embajador contestó que sus exigencias eran inaceptables, por lo que el regente enfurecido arrojo los regalos e invadió Corea de nuevo.

Esta vez el regente se quiso asegurar el éxito de sus escuadras, envió un espía a la corte coreana y se la ingenió para hacer caer al mirante Yi en desgracia. Al parecer se le ordenó dirigirse a cierto lugar de la costa donde “supuestamente” estaba el enemigo, Yi sabía que era imposible pues había demasiadas rocas submarinas que impedían el paso de una flota y podría poner en gran peligro su escuadra y sus hombres, por lo que se negó. Fue acusado de cobardía y arrestado.

Otra vez gracias a su amigo erudito (ahora consejero real) y su historial se libró de la pena capital; pero no de la cárcel ni de la tortura. Al final fue degradado a marinero raso. Mientras su sucesor llevó a la flota a la única derrota naval que sufrió Corea. Fue tal que solo sobrevivieron 13 buques e inmediatamente después Yi fue restaurado en el rango de Almirante.

El Rey escribió una carta donde decía que era imposible acabar con la escuadra japonesa y sugería desarmar los buques y luchar en tierra. A lo que Yi contestó: “Majestad aún tengo 13 navíos, mientras yo viva el enemigo jamás vencerá en el mar occidental” y se preparó para el combate. Para este enfrentamiento eligió el estrecho de Myeongnyang, un estrecho delgado, de 293m de anchura, con una corriente muy fuerte que cambiaba de sentido cada tres horas. Era el lugar idóneo para su trampa.

La batalla milagrosa

La flota nipona se componía de 133 buques de guerra y 200 de apoyo, un total de 333; mientras los coreanos solo tenía 13. Yi esperó a la salida del estrecho en línea de batalla, presentado sus costados (y así aprovechar mejor su artillería). Los japoneses no lo creían ¿de verdad quería combatir? Rápidamente cargaron, tras el éxito anterior y su aplastante superioridad numérica su moral era alta y se creían invencibles.

Pero de repente se detuvieron. ¿Qué ocurría? Pues que Yi había pedido ayuda al ejército para que pusiesen una cadena (cuerda en otras versiones) que bloqueara el estrecho; los buques nipones empujados por la corriente empezaron a chocar entre sí en una gran melé de madera, donde se agrietaron cascos y rompieron remos; entonces el almirante abrió fuego. Los samuráis apenas podían contestar y sus proyectiles, ni mucho menos maniobrar para presentar los costados o retirarse.

Pasado el término la corriente cambió y la escuadra japonesa volvió a chocar entre sí, entonces Yi ordenó retirar la cadena, levó anclas y cargó con la ayuda de la corriente contra la flota enemiga. Los coreanos no perdieron ningún buque, los japoneses 31 y 99 quedaron tan dañados que fueron desguazados más tarde ante la imposibilidad de repararlos. Hoy en día se conoce la “batalla milagrosa”. El regente ordenó evitar cualquier contacto con la armada coreana.

Epílogo          

Tras la batalla, Yi continuó luchando, esta vez con otra intervención de una flota china. En la última batalla de la guerra Yi se hallaba en cubierta tocando un gran tambor de guerra y animando a sus hombres; era tal la reverencia que le tenía que su presencia les inspiraba todo el valor necesario para vencer.

Cuando la escuadra chino-coreana empezó a hacer flaquear a la nipona Yi recibió un tiro y cayó abatido. Su hijo y sobrino (que servían como oficiales) lo taparon con un escudo para que no desmoralizase a los marineros y lo trasladaron a su camarote. Tras examinar la herida se la comunicó que no había esperanza, la bala había penetrado por la axila izquierda, cerca del corazón. Ante su inminente muerte Yi pronunció sus últimas palabras: “el combate está en su momento álgido, tomad mi armadura, tocad mis tambores de guerra y no anuncies mi muerte”.

Su sobrino le quitó su armadura, se la puso y continuó con el tambor mientas gritaba con todas sus fuerzas: “¡Soy el almirante Yi Sun Shin, destruid al enemigo, a la victoria!”.

Cuando la batalla terminó, el almirante chino Chen Lin fue al buque insignia de Yi para agradecerle personalmente que durante el combate él evitase en más de una ocasión su buque insignia fuera abordado por los samuráis. Al enterarse de la triste noticia Chen Lin perdió el equilibrio, cayó y no pudo contener las lágrimas; tampoco fue el único, en ambas flotas se lloró amargamente la muerte de Yi. Con esta victoria y la muerte también del anciano Regente japonés en Osaka los samuráis se retiraron de Corea.

El cuerpo de Yi fue llevado, según la tradición a su ciudad natal para ser enterrado. Los gobiernos coreano y chino le colmaron de títulos y monumentos oficiales y no oficiales en su honor.

En la actualidad sigue siendo reverenciado en las dos coreas como uno de sus héroes nacionales más importantes, su rostro y sus buques aparecen en las monedas coreanas; aun le dedican monumentos y sus victorias son anualmente celebradas. Mucha gente lee los diarios personales del almirante, sobretodos militares de Asia y empresarios que buscan el secreto de sus éxitos.

Un almirante del siglo XX dijo:

Me podréis comparar con lord Nelson; pero nunca con Yi Sun-Sin de Corea, ya que no tiene igual. Él fue el comandante naval más grande de toda la historia

Era el Almirante Heihachiro Togo, celebre marino japonés por destruir a la flota rusa en la batalla de Tsushima (guerra ruso-japonesa) al enterarse que la prensa le había apodado el “Nelson de oriente”. Al parecer Togo había leído los cuadernos de Yi y lo usaba como inspiración.

Imagen interior buque tortuga: Yi Sun Sin

Por Joan Comas

Joan Comas es colaborador de Todo a babor.

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