Domingo , 11 diciembre 2016
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Buques apresados por los corsarios españoles en la guerra de la “Oreja de Jenkins”

Privateers ingleses en las islas BermudasDurante la larga Guerra de la Oreja de Jenkins (1739-1748), o Guerra del Asiento, los corsarios españoles vivieron una de sus mejores épocas. En esta entrada veremos cuántos buques fueron apresados por los corsarios españoles y cómo fue su evolución a lo largo del conflicto. Para ello me baso en el trabajo del que creo que es el mayor experto en la historia del corso de nuestro país: Enrique Otero Lana.

Como el trabajo de aquel autor sobre los corsarios en esta guerra es tan extenso, pasaré a detallar la parte de los buques apresados al enemigo.

Los buenos primeros años de la guerra

Se conocen documentalmente 961 capturas a lo largo de esta contienda (843 inglesas y 118 neutrales, aunque algunas de estas últimas no fueron válidas). Por contra, los ingleses realizaron 144 presas españolas, entre su marina real y los privateers (corsarios ingleses). La diferencia es abrumadora. Todas estas cifras son las contrastadas por Otero Lana de forma documental y se alejan de las cifras abultadas que uno y otro bando se adjudicaron o los adjudicaron en su momento. No obstante, no dejan de ser espectaculares, sobre todo teniendo en cuenta que seguramente hubo más realizadas por los corsarios españoles. Otero Lana comenta al respecto:

… la relación de presas es sólo completa hasta mayo de 1741 (y no de todo el mes). Hasta entonces se habían hecho 204 capturas (185 mercantes ingleses y 19 neutrales) y los 757 apresamientos que nos quedan para el resto de la guerra (658 de ingleses y 91 de otras potencias, más 8 realizados por los corsarios de Santo Domingo de los que no conocemos la nacionalidad) son las cifras mínimas y tan sólo una parte de las capturas hechas realmente.

Durante los primeros años de la contienda, sobre todo hasta 1743, el comercio mercante británico se las vio y las deseo para hacer frente a la sangría que estaba sufriendo su flota mercante por parte del corso español. Así, en 1739 se da el caso de que varios mercantes británicos no cargaban en Venecia porque su bandera no era tenida como segura. Esto hacía que navegaran en convoy o, cuando se acercaban a Finisterre, se separasen de su rumbos unos grados para acercarse más por las Azores.

Y no es de extrañar estas precauciones cuando sólo en los tres meses de 1739 desde que España empezó la guerra, se capturaron nada menos que 46 mercantes, en 1740 ya subieron a 105 y en 1741 se hicieron 141 presas. En el año de 1742 las cosas seguían bien con 130 mercantes capturados, siendo en 1743 prácticamente la misma cifra (129). Se nota también un incremento de capturas de buques neutrales, ya que los británicos habían recurrido a navegar bajo bandera de países que no estaban en guerra. Pero muchas de estas presas fueron declaradas ilegitimas, al no haber podido demostrarse que la carga era inglesa.

Durante esta buena época las zonas de mayores capturas correspondieron a la del Atlántico, con 267 presas, de ellas 7 neutrales. Le sigue la costa portuguesa con 132 capturas y el Estrecho de Gibraltar con 97 presas, 13 de ellas neutrales. En las Canarias y América fueron 56 capturas, de las cuales 27 fueron neutrales. En el Mediterráneo de dieron 60 apresamientos, de ellos 13 neutrales.

Corsarios y buque ardiendo

El trabajo de los corsarios españoles se complica

La zona del Mediterráneo se volvió muy tranquila mediada la guerra cuando hubo una tregua tácita entre las autoridades de las Baleares y los británicos asentados en Menorca. Para ello se trató de persuadir a los corsarios de las Baleares para que actuaran en las costas de España, África o Italia y dejaran el archipiélago tranquilo, para evitar que los británicos la tomasen con ellos.

Lo mismo pasó en el Estrecho de Gibraltar, cuando a finales de 1743 las autoridades españolas de Ceuta pidieron que no continuaran las capturas de los corsarios españoles por el temor a que los privateers, con barcos más potentes, cortaran los suministros con la plaza africana como represalia. El Intendente de Cádiz dio la orden de que los corsarios abandonaran el apostadero de Tarifa, ideal para apresar a los británicos, y que se fueran a otro lado.

En Canarias tres cuartos de lo mismo. El comandante general de las islas, Andrés Benito, incluso vejaba a los corsarios españoles y les ponía todas las trabas posibles, con la finalidad, en teoría, de no provocar la reacción británica y que cortasen el lazo con la Península. Pero los corsaristas españoles decían que todo ello era por el afán de facilitar el comercio ilícito que en las islas tenían varias casas comerciales de irlandeses. Entre pillos andaba el juego.

Hasta desde la Administración Central se vio a los corsarios como demasiado imparables y que convenía restringir su actividad. Pero no todos estaban en contra del corso. Desde Cuba se alentaba sus armamentos ya que la zona estaba infestada de británicos que obstaculizaban el comercio. Gracias a que se concedió el quinto real y el octavo del Almirantazgo hubo éxito en los armamentos cubanos, proveyendo de víveres a la plaza cuando más se necesitaba.

El año de crisis del corso español: 1744

Aunque un poco tarde, la Royal Navy reaccionó, aumentando el número de pequeñas unidades navales para poder hacer frente a los corsarios españoles que se habían cebado con su marina mercante. Esto se notó sobre todo en la zona de las islas británicas, al reducirse bastante la actividad de los corsarios cantábricos, especialmente los vascos. Esto también podía ser debido a la entrada en la guerra de Francia, que armó sus corsarios y estos solicitaron tripulantes ya fogueados y experimentados como los españoles. Pagaron más y el resultado fue el previsible.

Otros armadores españoles quisieron vivir ya de lo acumulado en los anteriores años y no quisieron arriesgarse a perderlo todo con nuevos armamentos que ahora corrían más riesgo que antes. De los 22 buques corsarios en activo que tuvieron los guipuzcoanos en 1741 pasaron a 3 en 1746 y ninguno en 1748.

Después de aquel bache, la situación pareció recuperarse. Aunque no en la zona cantábrica ni en la mediterránea, zonas muy vigiladas y con ya pocos corsarios españoles. El Estrecho de Gibraltar, la costa portuguesa y América fueron los “caladeros” donde el corso español seguía haciendo de las suyas.

Corsarios

Comparando la efectividad del corso español con otros periodos históricos

Todo esto nos lleva a pensar cual fue el periodo histórico más brillante para el corso español. Teniendo en cuenta las cifras comentadas en la guerra del Asiento o de la Oreja de Jenkins, podemos compararlo con otros periodos. En 1555 los guipuzcoanos presumían de haber capturado a los franceses más de mil buques en tres años de guerra, saqueando varias veces la costa francesa donde desembarcaron e incluso en Terranova. Estas cifras eran un poco exageradas ya que seguramente fueron unas 350 – 400 presas, lo que tampoco está mal.

Los corsarios de Dunkerque, al servicio de España, capturaron entre 1627 y 1634, 1.230 presas (153 por año). Mientras que los buques de la Armada sitos en aquel lugar habían realizado 269 presas en el mismo periodo. Entre todos habían apresado casi 1.500 embarcaciones y hundido 336. Este quizás fue el periodo más fructífero, sin olvidarnos que hacían el corso en una de las zonas más concurridas por los mercantes.

Entre 1633 y 1640 la escuadra del Norte, creada por don Alonso de Idiáquez durante el reinado de Felipe IV, apresaron 353 buques (44 por año), a las que habría que añadir las 28 presas francesas realizadas por el irlandés Richard Pronovil que tenía su base de operaciones en Ribadesella (más siete hundidas por él mismo). Siendo las pérdidas de holandeses y franceses de unas cuatrocientas.

Teniendo todas estas cifras en cuenta se puede decir que los primeros años del corso español de la guerra de Jenkins estuvieron a la altura de las de 1555, siendo sólo inferiores a las efectuadas por los buques corsarios y de la Armada de Dunkerque.

Para terminar, recurro de nuevo a Enrique Otero Lana donde nos da las claves finales:

Sin que fuese decisivo en esta guerra, el corso español tuvo gran importancia como forma de intentar equilibrar la diferencia entre la potencia naval y económica más poderosa, Gran Bretaña, y la más débil, España. Obligó a la Marina británica a centrarse en la construcción de unidades menores (fragatas, bergantines, cuters,…) a fin de proteger su comercio y acabar con los corsistas españoles. En esta reacción no hay que olvidar el papel jugado por los privateers, por los corsarios ingleses. Sus barcos fueron justificadamente temidos, al ser más poderosos, por los corsistas gallegos y en las islas Baleares las autoridades de Palma de Mallorca buscaron una tregua no oficial que restringiese la actividad de los corsarios de Menorca, entonces inglesa, a cambio de «sujetar» a los armadores mallorquines. No parece, a pesar de las cifras dadas por Campbell, que sus efectos sobre el comercio español fuesen numéricamente importantes. Por una parte, las cifras que tenemos de las capturas hechas por los barcos de guerra ingleses (sean de privateers o de su Armada) no son ciertamente espectaculares y de ellas cerca de 20 son represas de los mercantes británicos poco antes capturados por los corsarios españoles. Se puede alegar que las cifras obtenidas a partir de la documentación hispana son muy incompletas y es cierto que deberán contrastarse con la documentación británica; pero un indicio de que no eran tan numerosas fue la necesidad que tuvieron los ingleses de penetrar en puertos españoles, operación siempre arriesgada, o portugueses para hacer presas. La acción de los privateers ingleses puede haber sido importante para dislocar el comercio naval español, pero no tanto por sus capturas como por la casi interrupción de un comercio más pobre. Posiblemente la entrada de Francia en la guerra (1744) ofreció a los ingleses presas más interesantes.

El documento dado por el historiador británico Campbell, al que alude Otero Lana es una relación de mercantes capturados por los ingleses en el primer año de la guerra, unas cifras realmente abultadas a propósito con un fin propagandístico.

Seguimos con las conclusiones:

A lo largo de la guerra de la Oreja los corsarios hispanos capturaron un mínimo de 843 mercantes ingleses. A estas presas se les puede aplicar un valor medio que oscila entre 7.455 y 10.603 pesos, como ya vimos en el capítulo anterior. En tal caso, la cifra de las pérdidas económicas inglesas estaría entre los 6.300.000 y los 8.900.000 pesos, curiosamente cercana al total de un millón trescientas mil libras (equivalentes a 6.500.000 pesos) del que se quejaban los parlamentarios ingleses como quebranto económico causado por el corsarismo español. La acción de nuestros corsistas, a la que habría que añadir la de los corsaires galos, sería lo suficiente importante para dislocar el comercio inglés.

Por todo ello, y a pesar de su éxito en su ataque contra el comercio británico, el corso español no fue decisivo en la guerra de la Oreja de Jenkins, o del Asiento. Aunque las pérdidas inglesas fueron muchas y provocaron un cierto desánimo entre los comerciantes enemigo, globalmente podemos considerar que las capturas, por muchas que fuesen, podían ser fácilmente toleradas por el poderoso comercio inglés. El corsarismo español no pasó de ser una guerra paralela y complementaria, como ya hemos dicho en la introducción, y al faltarle el respaldo de una Armada poderosa que explotase sus resultados no llegó a ser decisivo.

Y como conclusión final:

Pero, en todo caso, se demostró que tras nueve años de guerra la potencia más poderosa, el Reino Unido, no había sido capaz de vencer a la potencia más débil, el Imperio español. Y a ello contribuyó la acción de los corsarios españoles.

  • Fuente: La guerra de la Oreja de Jenkins y el corso español (1739-1748). Instituto de Historia y Cultura Naval, 2004. Enrique Otero Lana.
  • Imagenes: Norman Mills Price (1877 – 1951). American Gallery.

Por Todo a babor

Me llamo Juan y soy el administrador de Todo a babor. Llevo desde 2003 dando a conocer la historia naval, de una forma divulgativa, sin pretensiones de ningún tipo y tratando de hacerlo de la manera más amena posible.

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