Domingo , 11 diciembre 2016
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La captura del HMS Pasley

Cañonero parecida a la que apresó al HMS Pasley

Aunque ya tenemos una entrada dedicada exclusivamente a las capturas de los buques británicos del siglo XVIII y XIX, he querido hacer una nueva entrada con nuevos datos sobre el apresamiento de este buque de guerra en concreto: el HMS Pasley, o Admiral Pasley, del que ya comentábamos algo en la citada entrada. Pueden leerlo para saber más datos acerca del artillado de esta embarcación.

El motivo, aparte de los nuevos datos que no se pueden leer en aquella entrada, es corroborar que la captura la realizó una sola embarcación y no dos, como nos cuenta el clásico historiador naval inglés William James, fuente muy utilizada por la historiografía anglosajona cuando se trata de asuntos navales. Este hombre es allí algo así como nuestro erudito Cesáreo Fernández Duro con las cosas de nuestra armada: Una eminencia. Y, como veremos, la versión española dista mucho de la ofrecida por las fuentes inglesas.

Así que ahí va una nueva desmentida de sus datos. A este hombre ya le he pillado varias veces, aunque también se pudiera achacar su mala información a esa manía tan británica de inflar datos malos para parecer que, cuando han sido derrotados, lo fue porque simplemente el número enemigo era abrumador o buscar las excusas más peregrinas con tal de no decir que les dieron una paliza por su ineptitud o, simplemente, porque el enemigo era mucho mejor. Es posible también que sus fuentes documentales estuvieran expresamente condicionadas por unos datos cambiados adrede por el propio informe del comandante británico, quien debió pensar que la mejor forma de afrontar tan vergonzosa captura era tergiversando la realidad, excusando el apresamiento con alguna que otra mentirijilla, para no tener que contar que una cañonera española derrotó a un bergantín de guerra especialmente bien armado.

Vamos con el tema.

Apresando al HMS Pasley

Se encontraba fondeado el 2 de diciembre de 1800 en el apostadero del Tolmo, el capitán Miguel Villaba, de la matrícula de Tarifa, al mando de la lancha cañonera corsaria española nombrada San Francisco Xavier, alias el Poderoso, armado con un cañón de a 24 libras y dos de a 6, con 43 tripulantes a bordo, siendo su dueño y armador Juan Barhen, que tenía otras embarcaciones haciendo el corso, entre ellos un místico llamado Gibraltar, alias el Valeroso (dos cañones de a 12 libras y seis de 6, con 62 hombres de tripulación) que el 29 de noviembre anterior había apresado dos mercantes británicos, que habían estado bajo la escolta de una fragata de guerra. Por lo que se ve, el corso le iba bien.

Sigamos, dicho capitán Villalba divisó al rayar el día un bergantín que venía del oeste, con rumbo ESE. Pensando que se trataba de otro mercante que quería arribar a Gibraltar, salieron a reconocerlo. A tiro y medio de cañón arbolaron la bandera americana y continuó dándole caza. Lo de la bandera era una estratagema usual entre corsarios y marinas de guerra para despistar al contrario. Así permanecieron toda la noche de caza, hasta que al amanecer quedó claro que el bergantín era un buque de guerra británico. En esto el capitán español consultó con los oficiales y tripulación y decidieron apresarlo. Así, con un par.

Hicieron fuerza de vela y llegaron a menos de tiro de cañón, arbolando la enseña española. Los británicos izaron su bandera y gallardete con un cañonazo con bala. A lo que correspondieron los de la cañonera con un cañonazo de a 24 libras, empezando su fuego con metralla. El enemigo viró entonces haciéndole fuego con toda su artillería, que consistía en 6 cañones; catorce de ellos eran carronadas de 18 libras y dos cañones largos de 12. Un armamento digno de tener en cuenta.

La andanada británica destrozó el velamen de la cañonera. Estos, viéndose entonces indefensos, intentaron abordar al bergantín, que no se pudo conseguir en el primer intento. El segundo intento tampoco fue bien, al no presentar el costado el enemigo, sufriendo un muerto por fusilería y tres heridos. Al tercer intento lo consiguieron. Se encontraban a tres leguas al sur de Gibraltar. El corsario y su presa fueron a Ceuta, por estar más cerca y los buques tan maltratados.

El día 4, remediaron en algo las averías y pusieron rumbo a Algeciras, llegando a la una de la tarde, dejando en Ceuta a los heridos de ambas partes. El HMS Pasley tenía una tripulación de 58 hombres y había salido de Plymouth el 22 de noviembre con pliegos de su gobierno para Gibraltar. Estos, por cierto, fueron echados al mar por su capitán, Teniente Charles Niven, durante el tercer abordaje.

El capitán Villalba alabó la intrepidez de sus oficiales y tripulantes durante las dos horas y media que duró el combate, durante el cual los corsarios españoles realizaron 35 tiros de metralla, matando a un británico y dejando heridos a siete hombres, incluido el propio comandante Niven. El capitán español alabó sobre todo a su condestable, quien herido por una bala de fusil, que le había entrado por la tetilla izquierda saliéndole por el costado, se mantuvo en el combate hasta el fin, siendo de los primeros en saltar a la cubierta enemiga durante el tercer y definitivo abordaje.

Como curiosidad, diremos que esta misma cañonera había apresado desde mediados de septiembre de 1799, en que se armó, y hasta este día, a seis buques británicos que en total hacían 49 cañones y 176 hombres. En otra entrada contaremos más avatares del Poderoso en compañía esta vez del Gibraltar que mencionábamos más arriba y que sumaron más presas a su cuenta.

Ahora, ¿a quién creemos en las dos versiones? Yo, ante la falta de datos concretos de James y la inclusión de un “buque fantasma”, me quedo con la española.

El capitán Miguel Villalba y su recompensa

El Gobierno, a propuesta del Director general de la Armada, otorgó las siguientes recompensas:

«Su Majestad aprueba la conducta del expresado patrón Villalba, igualmente que la de los demás que lo acompañaron en su buque a esta acción, y que por ella se señale al primero el uso del cuarto escudo de distinción y premio, y el del segundo a Juan de Torres, Juan del Rey, Francisco Macía, José Fernández, Ignacio Fernández y D. Juan de Lagenestierre, cuyos seis individuos manifiesta el patrón se distinguieron más.»

El premio fue insignificante para lo que el propio Miguel Villalba consideraba como una gesta. El corsario español esperaba que le admitieran como oficial en la Real Armada. Así que el propio Villalba escribió al rey en los siguientes términos:

«Miguel Villalba, capitán de la lancha cañonera española San Francisco Javier (a) El Poderoso, a V. M. expone: Que conducido del amor a la patria y deseando contribuir con su propia vida a los fines de la nación en la presente guerra contra los ingleses, admitió gustoso el mando de la referida laucha con la fuerza de un cañón de veinticuatro, dos de a seis y cuarenta y tres hombres de tripulación, en el seguro concepto de que en el crucero del Estrecho de Gibraltar, donde se proponía hacer el corso, no faltarían ocasiones de que los enemigos experimentasen los efectos del patriotismo español. Con efecto, al rayar el día 2 de diciembre próximo pasado, estando fondeados en el apostadero del Tolmo, se avistó una embarcación y a su proximidad se reconoció, con bastante satisfacción del exponente, ser un bergantín de guerra inglés; y sin embargo de su reconocida superioridad, llevando adelante, el que dice, sus deseos del servicio común, aseguró con los aparatos de ordenanza el pabellón de V. M. Y empeñó el combate con la actividad y vigor que ya constan a V. M. y al reino todo, habiendo conseguido por último esfuerzo de las disposiciones del que representa colocar honrosamente las insignias de V. M. sobre las armas británicas sostenidas con la exorbitante fuerza de catorce obuses [carronadas]de a diez y ocho de fierro con sus llaves, cuatro cañones de bronce y las correspondientes armas blancas y de fuego para cincuenta y ocho hombres que tripulaban el buque enemigo. «Esta acción ha llenado del mayor júbilo al que representa, por haber sido el director de un hecho ejecutado con la protección del pabellón de V. M., llevando su honor hasta los hogares mismos del enemigo y haciéndole comprender el valor que se apodera del pecho español cuando se interesa el honor de sus banderas y la lealtad de su rey. Estos dos agradables puntos ofrecen al que representa los más poderosos motivos de desear continuar sus servicios en aquella clase de distinción y honor militar que Y. M. ofrece por el art. 4.° de su Real Ordenanza del corso a los que exponen sus vidas en persecución del enemigo; y no pudiendo el que representa mirar con indiferencia estos gloriosos estímulos sin agraviar la bondad de quien los dispensa y el interés general de los demás nacionales que debemos recibirlos, «Suplica rendidamente a V. M. se sirva, en consideración al referido servicio en favor del reino, dar un testimonio de su Real bondad recibiendo entre sus distinguidos servidores al suplicante, concediéndole en su Real Marina el grado militar que fuese de su Real agrado, para poder más expeditamente servir en cuantas ocasiones se presenten y fueren la Soberana resolución de V. M. Así lo espera de la acostumbrada eficacia con que V. M. favorece a los vasallos que se interesan en la prosperidad y honor de la nación. Algeciras ocho de enero de mil ochocientos uno. Señor: A L. R. P . de V. M., MIGUEL, VILLALBA.»

La ordenanza a la que se refería el capitán Villalba era el artículo 4º de las Ordenanzas del corso, que decía así:

«Se reputarán los servicios que hicieren los jefes y cabos de dichas embarcaciones durante el tiempo que se dedique al corso como si los ejercitasen en mi Real Armada; y a los que sobresalieren en acciones señaladas se les concederán recompensas particulares, como son privilegios de nobleza, pensiones, empleos y grados militares, según la fuerza de los bajeles de guerra o corsarios enemigos que apresaren, y la naturaleza de los combates que sostuvieren».

A decir verdad, según este artículo Miguel Villalba debería haber sido recompensado con algo más que lo que le dieron. No todos los días se apresaba un buque de guerra e, insistimos, menos con una embarcación como una cañonera. Los británicos habían realizado gestas parecidas y sus capitanes habían sido encumbrados en algunos casos con títulos nobiliarios.

Quizás aquello hubiera sido demasiado, pero al menos un ascenso a oficial de guerra hubiera sido lo mínimo.

Sin embargo, estudiada su solicitud, el comandante de Marina de Algeciras le contestó con lo siguiente:

«És cierta la gallardía con que Miguel Villalba y los suyos se arrojaron, batieron y rindieron al bergantín de guerra inglés Pasley. Las proezas de que hace relación el corsario español San Franci&o Javier ya las premió S. M. con el escudo de distinción otorgado. La solicitud de Villalba para el grado de Oficial militar de la Marina o Ejército la hallo excesiva, porque son numerosos los patrones muy bizarros y beneméritos emprendedores de acciones expuestísimas una, dos y tres veces en las cañoneras del Rey que sentirían la desigualdad, y este premio de clase tan distinguida, si animaba a Villalba, enfriaría a los otros. Pero comprendiendo debe tener otro premio, si a V. M. le parece justo, creo que debe verificarse dándole un empleo en rentas; por ejemplo, cabo de la partida de las mismas playas de Tarifa, de donde es natural, u otro equivalente; pero precisamente allí, porque es vecino de aquel pueblo, y además Villalba es un inválido (era cojo); nada pierde el Rey en destinarle en esta clase. También pudiera ser cabo de Sanidad si esto le acomodara.»

Si se premiaba a Villalba los demás patrones de la Armada, que se jugaban el tipo en una zona peligrosísima, apenas recibiendo su paga atrasada de tanto en tanto, estarían más que escamados. Mejor no correr riesgos. En fin, nada nuevo bajo el sol. Lo de siempre.

Cierro esta entrada con lo que expresa el autor del artículo de donde he tomado esta última información (La Ilustración Española y Americana, 16 Marzo de 1896) y que es más que elocuente:

«Del expediente resulta que quedó sin resolver el premio que en definitiva obtuviera Miguel Villalba; ignoro, por tanto, si este inválido que patroneando una lancha venció en la mar, después de tres abordajes, a un buque de guerra de la nación marítima más poderosa y mejor del mundo, acabó sus días de cabo de Sanidad o de estanquero, por no creérsele útil para la guerra ni para otra cosa.»

Por Todo a babor

Me llamo Juan y soy el administrador de Todo a babor. Llevo desde 2003 dando a conocer la historia naval, de una forma divulgativa, sin pretensiones de ningún tipo y tratando de hacerlo de la manera más amena posible.

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