Notas sobre la actuación del navío Hércules en la batalla de Tolón

Resumen del diario del propio capitán del Hércules, Cosme Álvarez. El original de dicho diario pertenece a la colección González-Aller.

El 19 de febrero de 1744 a las dos de la tarde salieron las dos escuadras, española y francesa, de la gran rada de Tolón. La escuadra española navegaba en vanguardia. Tras varios días de navegación el 22 se divisa la flota británica, formada por 43 velas, siendo 29 de línea. Debido al estado de la mar ambas flotas no logran formar una línea de batalla sólida y quedan formados grupos. La escuadra española queda en retaguardia. El Hércules queda con otros cuatro navíos separados, delante del navío de Álvarez se encuantra el Real Felipe. Los británicos con los mismos problemas para formar una línea quedan divididos en tres grupos, siendo la escuadra azul del Almirante Matheus, la del medio y la que atacó al grupo del Hércules. Estos se componían de cinco navíos, tres de ellos de tres puentes y los otros de 70 cañones.

Los cinco navíos británicos se echan encima del Real y del Hércules y tras media hora de combate quedan todos desmantelados. Al Hércules le batía un tres puentes y los dos de 70 cañones. A pesar de recibir un fuego pesado por triples fuerzas el Hércules aún tiene el arrojo de seguir apoyando al insignea haciendo fuego sobre uno de los tres puentes que le acosaba y logra desarbolarle del mayor y mesana.

Viendo la intención del navío de Matheus de poner entre dos fuegos al Real el Hércules se dispone a abordarlo, pero tras preguntar el capitán a su segundo, don Thomas Nunget, del estado de la tripulación para llevar a cabo tal cometido se da cuenta de que no se puede, al estar muy disminuidos y el aparejo muy dañado.

El Real manda al Hércules que arribase, y el Real arriba por la popa haciendo que Matheus ciña el viento y encajando una andanada severa del Hércules, mientras el navío británico sólo podía contestar con los guardatimones. Mientras los dos navíos de 70 cañones siguen castigando por la aleta, al tiempo que respondía con los guardatimones. Un brulote británico se acercó al Real para hacerle fuego, pero el Hércules se percata y con unos acertados cañonazos lo echa a pique, que queda ardiendo por más de una hora, salvando al Real. Por fortuna llega la retaguardia española, el Brillante, San Fernando, Santa Isabel, Soberbio y Halcón, que con vigor se enfrentan a siete navíos, dos de tres puentes, que sólo dispararon de lejos ya acobardados. Mientras la vanguardia española se batía con la escuadra roja británica, siendo el navío español Poder el más dañado.

El Hércules, todavía batiéndose con dos navíos y muy maltrecho, se separa un poco para recobrar el aliento de la tripulación y arreglar algo los desperfectos, ya que eran las cuatro y media de la tarde (empezaron a las doce) y seguía la "función".

La escuadra francesa, por fín, vira y gana el barlovento. En todo ese tiempo habían seguido su derrota. Los británicos, muy dañados, cesan el combate y se retiran.

El Hércules intenta incorporarse a la escuadra francesa pero a las nueve de la noche, incapaz de seguirlos, los pierde de vista.

El día 23 a las tres de la mañana avista una escuadra a sotavento, pero al ver que navegaban con los faroles apagados sospechan y se aprestan por si son enemigos. Efectivamente eran británicos y un tres puentes intenta cortarle por sotavento, pero el Hércules le pasa por la proa y empieza un combate de tres cuartos de hora. El fuego fue tan vivo y acertado que el navío británico ciñe el viento y huye, el resto de la escuadra británica vira y se dirije al Hércules, para acabar con tan valiente y molesta resistencia ante la desesperada mirada de la tripulación del buque español.

Afortunadamente a dos leguas a sotavento se acerca otra escuadra francesa que pone en fuga a los británicos. Y mandan al Hércules quedarse a sotavento de la escuadra con el Real y el América, muy dañados. Al mediodía, en vista de las pretensiones británicas de reanudar el combate, el capitán del Hércules intenta componerse para entrar en la línea lo mejor que pudiera, mientras se tapan algunas vías de agua. Pero el viento es favorable y se dirijen al Oeste. En el Hércules, a pesar de las bombas, sigue entrando mucha agua. El fuerte viento se lleva el velacho y la mayor y temiendo perder el trinquete y quedar hecho una boya se determina hacer la señal de grave incomodidad y necesidad de un navío para acompañarlo. A las cuatro de la tarde se improvisan unos palos y masteleros, además de tapabalazos que cortan las vías. Pero se vuelve a perder de vista a la escuadra. Tras consultar con los oficiales y pilotos y para evitar confundirse, como en el día anterior, con una escuadra británica se opta por dirigirse a Cartagena, llegando con viento favorable el 27 de febrero de 1744 a las 11 de la noche.