El cañón recamarado. La artillería del Soberano.

Los cañones recamarados eran piezas de artillería que como indica su nombre poseían una recámara anterior al ánima y de menos grosor que esta para alojar el cartucho de pólvora. Esta clase de cañones solían ser algo menos pesados que sus homólogos sin recámara y poseían algunos refinados detalles de construcción que les daba una ligera ventaja a la hora de su utilización, respecto al cañón naval existente hasta entonces. El Comisario General de Artillería don Francisco Javier Rovira, intentando modernizar el armamento naval, ideó a partir de 1790 una serie de piezas para su posible utilización en la Real Armada, entre ellas carronadas, obuses y cañones recamarados. De todas ellas se fundieron modelos para pruebas (1) , lo que dieron lugar a establecer a partir de 1798 una ordenanza para utilizar los obuses marinos como complemento a la artillería de todos los buques de la Armada.

Los cañones recamarados también fueron probados a principios del XIX y finalmente establecidos años después como artillería principal de los buques. En un principio Rovira pensó montar estos cañones recamarados en cureñas puestas sobre corredera, pero visto en las pruebas que embarazaban demasiado los entrepuentes y que los costados sufrían más en los retrocesos, finalmente se optó por montarlos en cureñas navales clásicas. (2)

Cañón recamarado de a 12 libras

  • Cañón recamarado de a 12 libras. Procedente del Fuerte de Santoña y cedido al Museo de las Reales Fábricas de Artillería de La Cavada. Su fecha de fundición data de 1819. En esta fotografía destacamos el resalte para la llave en la culata de la pieza. Parecidos a este, pero de calibres de a 24 y de a 8 libras, eran los cañones que portaba el Soberano.
La artillería del Soberano.

Según la instrucción de combate el navío Soberano estaba armado con cañones recamarados de a 24 y de 8 libras. Varias veces el comandante menciona los calibres e incluso elabora una tablilla de punterías en las que figuran de manera exclusiva estos calibres.

A falta de datos más concretos sobre el número de los cañones, ya que en ningún momento se menciona, se puede sacar sin excesivos problemas este dato con la información de que disponemos. Según el documento el navío llevaba cañones de a 24 libras recamarados de ánima seguida Cavada moderna. Cuya longitud era de 9 pies y 6 pulgadas. Aproximádamente 2,8 metros. También diponemos de los datos de la otra clase de cañones de a 24 libras, en este caso de procedencia rusa, seguramente de la escuadra de saldo que se compró en 1819 y de la que sólo se pudo aprovechar su artillería, que era especialmente buena. Estos cañones eran con recama de 18 y tenían una longitud de 8 pies y 6 pulgadas, unos 2,5 metros. Ligeramente más pequeños que los anteriores y por lo tanto algo más livianos.

Por tanto en la primera batería, o batería baja, tenemos a los cañones más pesados, los recamarados de La Cavada. En la segunda batería los recamarados rusos de a 24 y en el alcázar y castillo lógicamente los cañones más ligeros, los de a 8 libras de ánima seguida, que también eran de procedencia rusa y que tenían 7 pies y 11 pulgadas de longitud, algo más de 2 metros.

Ya tenemos en cada batería la clase de cañón, pero su número exácto nos lo da el número de tripulantes del navío. El comandante tenía previsto dotar a cada cañón —se entiende que sólo contaba los de un costado— con 11 hombres en los de la primera batería, 9 para los de la segunda y 5 para los del alcázar y castillo. Ajustando todos estos hombres coincide perfectamente en el plan general de combate, no sobrando ninguno que pudiera hacernos pensar que había más artillería que la siguiente: 28 cañones de a 24 libras en la primera batería, 30 cañones de a 24 libras en la segunda y 16 cañones de a 8 libras en alcázar y castillo. Es decir, la configuración básica de un navío de línea de 74 cañones.

Cañón recamarado de a 12 libras con cureña

  • Cañón recamarado de a 12 libras puesto sobre una cureña construída para su exposición en el Museo de las Reales Fábricas de Artillería de La Cavada. Esta y otras muchas más piezas de artillería se pueden contemplar en este Museo cántabro, que aconsejamos visitar por la importancia que tuvo en la historia de la artillería naval de España.

Por entonces se utilizaban también obuses y carronadas en los buques de la Real Armada, que al igual que en tiempos de Trafalgar complementaban al número total de artillería embarcada con estas piezas para su utilización a tocapenoles. ¿Porqué el Soberano no llevaba ningún obús o carronada?. No se sabe, pero me inclino a pensar a que fue debido a la antigüedad del navío, evitando así sobrecargarlo de pesos y hombres más de lo necesario. Con sólo esos 74 cañones disponía de armamento más que suficiente para enfrentarse a cualquier amenaza de esos años, en este caso la guerra contra México, que sólo disponía del vetusto Congreso Mexicanoex-español Asia— y que no era rival ni siquiera para nuestro Soberano.

El comandante don José María Chacón tenía previsto la adiestración de la tripulación de forma regular:

  • "Todos los días por la mañana y tarde habrá ejercicios de cañón, fusil, pistola y abordaje; hasta que instruída perfectamente la tropa y marinería, se reduzcan a uno o dos por semana .../... Como ejercicio y enseñanza ha de entenderse no sólo el manejo material de las piezas, sino el conocimiento de punterías, clases de municiones que deben emplearse según las distancias a que se bata, o circunstancias en que se encuentre el buque enemigo, averías que puedan sobrevenir en un combate, modo de remediarlas, etc..".

Cañón recamarado

  • Cañón recamarado. Este tipo de cañón era en su exterior prácticamente idéntico a los cañones convencionales de ánima seguida. En este en concreto vemos que lleva su apodo en la cureña, realizado seguramente por alguno de sus sirvientes habituales, tal y como era costumbre entre los artilleros.

 

Corte transversal de un cañón recamarado

  • Corte transversal de un cañón recamarado.

Según la imagen anterior tenemos:

A.- Cartucho alojado en la recámara del cañón. Esta recámara, que daba nombre a esta clase de cañones, era un hueco más estrecho que el propio ánima del cañón y que tenía la finalidad de servir de alojamiento al cartucho de pólvora y que encajaba a la perfección con este.
B.- Bala. En este caso una bala rasa típica. Pero los recamarados podían disparar la misma clase de munición que un cañón de ánima seguida. El comandante del Soberano, en su instrucción de combate, aconsejaba disparar doble proyectil sólo en las distancias muy cortas. Pero nunca bala rasa y palanqueta a la vez, sino bala rasa y metralla o palanqueta y metralla. Explicando que dicha carga debía situarse cerca de la boca del cañón para así poder cambiarla de manera más rápida si las circustancias así lo aconsejaban.
C.- Taco. El taco se ponía para frenar la carga del cañón y que esta no se desplazase. A veces también se podía poner otro taco entre el cartucho y el proyectil.
D.- Oído. Este estrecho orificio lleno de pólvora fina atravesaba la culata del cañón, comunicando el fuego que se le aplicaba desde fuera mediante la llave de artillería, hasta la recámara donde se alojaba el cartucho de pólvora, provocando la ignición del mismo y propulsando violentamente la carga al exterior.

Llave de artillería instalda en un cañón recamarado

  • Llave de artillería instalada en el resalte de un cañón recamarado. Todos los cañones del Soberano las llevaban instaladas, siendo el cabo de cañón de la pieza el encargado de su cuidado y mantenimiento.

Antes de la llave de artillería se utilizaba el botafuego para producir el disparo del cañón. Con el tiempo se utilizaron llaves de artillería instaladas en tacos de madera y más adelante salieron los cañones de fábrica con el resalte ya hecho. Acoplando la llave de artillería al mismo mediante unos pernos. En este artículo ya explicamos el funcionamiento de esta clase de mecanismos.

Prevenciones del comandante del Soberano respecto a el uso de la artillería en combate.

La calidad de municiones que se empleen en los cañones, ha de ser dispuesta por el Comandante de la batería según yo le ordene antes de la acción , o en el curso de ella, así como la dirección de las punterías.

Por regla general interin yo no prevenga nada en contra, todos los cañones nones de las baterías de a 24 han de apuntar a desarbolar al enemigo en esta forma: 1, 3, 5 y 7 al palo mayor; 9, 11, 13 y 15 al de proa; los demás cañones pares desde el 2 al 8 inclusives a alturas de bordas sobre la rueda del timón o a este mismo y desde el 10 al 14 al castillo, tajamar y trincas del bauprés.

Los cañones del alcázar dirigirán sus fuegos a las alturas de bordas en dirección del palo de mesana y rueda del timón; los cañones de proa harán fuego al castillo sobre el palo de trinquete o bauprés, a la altura de bordas para cortar maniobra o matar gente.

Ningún fuego ha de dirigirse al centro del buque enemigo por paraje en donde no haya palo o jarcia a quien ofender al mismo tiempo que a sus costados, a menos que ya esté desarbolado.

Las punterías de echar a pique no han de usarse sino en distancias muy cortas.

No se usará de más municiones que la bala rasa interin que la distancia del enemigo no baje de 3 cables y medio para los cañones de 24 y dos para los de 8.

La palanqueta sólo se usará para los cañones de a 24, dentro de la distancia de tres cables y medio, y la metralla tres.

Cañón recamarado de a 12 libras con cureña

Los cañones destinados a desarbolar emplearán estas municiones desde que se encuentre en distancia de tres cables, y en la de dos la de alcázar y castillo, y los señalados para batir bordas podrán emplear metralla alternando con la bala rasa en estando a las dichas distancias o algo más próximo.

La puntería a desarbolar se dirigirá a las arraigadas del enemigo para descabezarle los palos, partirle sus vergas mayores, etc, o cortarle sus jarcias con la metralla.

La metralla en las punterías al casco debe usarse sólo para cortar maniobra o matar gente, pero no cuando el objeto de los tiros es destrozar el costado, timón o tajamar del enemigo en cuyo caso se cargarán con bala o palanqueta.

No se hará uso de dos municiones sino dentro de un cable de distancia, esta será bala y metralla, palanqueta y metralla, pero nunca bala y palanqueta.

Con dos municiones no ha de apuntarse a echar a pique, sino a alturas de bordas y aparejos.

La metralla que en estos casos se aumenta a la carga de bala o palanqueta no es necesario introducirla hasta el fondo del cañón sino hay extraordinarios balances, basta dejarla a la boca, de manera que pueda extraerse con la mano si variasen las circunstancias y no quisiere usarse.

La oportunidad de ofender con más ventaja a una embarcación es cuando se le coge su popa o la proa, de manera que se enfilen sus palos y baterías, en ambos casos conviene asegurar los tiros, de cuyo acierto puede depender el éxito del combate, y es uno de los casos en que han de vigilar los comandantes y oficiales de las baterías para que se dispare oportunamente, recomendando a los cabos la serenidad necesaria para no perder el momento por precipitación o torpeza.

Las municiones que deben usarse en estos casos son bala rasa y metralla o ambas municiones si las distancia es corta.

También puede ser conveniente usarse en estos casos palanqueta o esta y metralla, en distancia de un cable o menos para tirar a las bordas y muy particularmente al timón y tajamar, pues esta munición coge más espacio y destroza mucho más que la bala.

  • Notas:
    (1).- Los datos de las pruebas comparativas de los diferentes cañones y obuses recamarados se pueden leer en el "Corpus de Trafalgar" de José Ignacio González-Aller.

    (2).- La corredera si se adaptó mucho mejor a los obuses marinos, ya que eran menos pesados y más cortos que los cañones recamarados. Son muy interesantes las detalladas láminas que realizó a finales del XVIII el comisario general de artillería Rovira sobre carronadas, obuses, cañones recamarados, cureñas... y que se pueden contemplar en el libro de Juan Carlos Mejías Tavero "Los navíos españoles de la Batalla de Trafalgar. Del astillero a la mar".