Blas de Lezo, su biografía sin mitos ni fantasías

Retrato del almirante Blas de Lezo.
La vida de Blas de Lezo está rodeada de un halo de misticismo que no casa con la historia. Esta es su biografía sin añadidos inventados. No le hacía falta. Retrato del teniente general de la Real Armada don Blas de Lezo. Pintura del Museo Naval de Madrid.

Introducción

Esta biografía de Blas de Lezo que traemos a Todo a babor es un texto actualizado que pretende separar al hombre del mito; alejarnos de esa figura que en los últimos años parece haber cobrado, por parte de algunos interesados, una dimensión casi mitológica en la historia de España, como otro Cid Campeador que ganaba batallas después de muerto.

Queremos acercarnos una vez más a este bravo marino vasco, al que no le hace falta adornar una carrera jalonada de éxitos con exabruptos o falsas leyendas sobre su figura.

Y lo hacemos, como siempre, desde el respeto y de forma crítica. Para ello me he servido de fuentes actuales (1), donde investigadores españoles han querido profundizar más en la vida de don Blas de Lezo tratando de encontrar al verdadero marino sin seguir la estela de lo escrito por otros y no perpetuar errores que se arrastran desde hace mucho tiempo.

No quiero que piensen que trato de desprestigiar a nuestro bravo marino, ni mucho menos, pero hacemos un flaco favor a su memoria, y a nuestra historia, si nos quedamos con la versión edulcorada y fantasiosa de un personaje histórico al que, como hemos dicho, no hace falta inventarle nada.

Puede que esta biografía no agrade a algunos, pero si les gusta la historia no podrán anteponer las falacias a esta.

Biografía de Blas de Lezo

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689 y murió en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741. Fue sin duda uno de los marinos españoles más recordados en la actualidad, sobre todo por su destacada actuación durante el asedio británico a Cartagena de Indias. Pero su vida fue una sucesión de hechos en una época de constantes conflictos bélicos.

Su bisabuelo, abuelo y padre fueron marinos. Este último, Pedro Francisco de Lezo y Lizárraga, era también regidor en Pasajes, donde se casó con Agustina de Olavarrieta. Tuvieron diez hijos, siendo Blas el cuarto.

No hay mucha información sobre los primeros años de nuestro protagonista. Sí sabemos que se educó en el Colegio de Francia de su zona (École Royale), terminando sus estudios en 1701, tras lo cual embarcaría con la escuadra francesa, como guardiamarina. Tenía apenas 12 años.

Recordemos que la Armada española todavía no tenía escuela de Guardiamarinas. Esta no sería puesta en marcha hasta 1717. Por lo tanto, Blas de Lezo sería uno de los primeros marinos formados en esta clase de escuelas, aunque en este caso francesa.

Guerra de Sucesión Española

El 9 de julio de 1701 comienza la llamada Guerra de Sucesión Española, debido a la muerte del rey español Carlos II que lo hizo sin dejar descendencia. Las diferentes potencias europeas tomaron bando y se inició el conflicto que duraría hasta 1713.

Luis XIV había ordenado que hubiese el mayor intercambio posible, de oficiales, entre los ejércitos y las escuadras de España y Francia, así como que también fueran comunes las recompensas. Por aquel entonces el paupérrimo estado de la Armada española obligaba a depender de su homóloga francesa para sus operaciones.

La batalla de Vélez-Málaga

Así, con apenas 15 años, Blas de Lezo embarcaría de guardiamarina en la escuadra del Conde de Toulouse, gran almirante de Francia, con ocasión en que cruzaba frente a Vélez-Málaga y reñía un combate contra otra escuadra anglo-holandesa.

En concreto, lo hizo a bordo del Foudroyant, un navío de línea de tres puentes de artillería construido en 1693 en Brest. En la batalla a la que nos referimos fue el buque insignia de Louis-Alexandre de Bourbon, conde de Toulouse. Combatió contra el insignia del almirante George Rooke, el HMS Royal Katherine.

La escuadra francesa había salido de Tolón y en Málaga se habían unido algunas galeras españolas mandadas por el conde de Fuencalada, única fuerza disponible. La escuadra franco-española se componía de 51 navíos de línea, 6 fragatas, 8 brulotes y 12 galeras, sumando un total de 3.577 cañones y 24.277 hombres.

Batalla de Vélez Málaga
Batalla de Vélez Málaga. Por Isaac Sailmaker. National Maritime Museum. Londres.

La escuadra anglo-holandesa al mando del almirante Rooke estaba compuesta por 53 navíos de línea, 6 fragatas, pataches y brulotes, con un total de 3.614 cañones y 22.543 hombres.

Fue tan empeñada la lucha que los de uno y otro bando quedaron muy maltratados, atribuyéndose ambos la victoria. No hubo navíos rendidos ni echados a pique, pero sí muchos daños en cascos y aparejos.

Tuvo la escuadra franco-española 3.048 bajas, entre ellos dos almirantes muertos y tres heridos, uno de éstos el general en jefe conde de Toulouse. Las de los anglo-holandeses fueron de 2.719 bajas, de ellos dos altos jefes muertos y cinco heridos.

Blas de Lezo tuvo la mala fortuna de ser una de aquellas bajas; una bala de cañón le dio de lleno en la pierna izquierda, siendo amputada por debajo de la rodilla debido a las terribles heridas ocasionadas. Nuestro guardiamarina tuvo suerte de estar embarcado en el buque insignia, donde iban a bordo profesionales de reconocido prestigio entre los que destacaban los cirujanos, que eran especialmente buenos.

De un tiro de cañón perdió del todo una pierna que se la hubieron de cortar, recuperándose de herida tan considerable a costa de crecidos gastos.

«El almirante Blas de Lezo, el vasco que salvó al Imperio español». José Manuel Rodríguez. Cita del propio Lezo.

Aquello, quizás, fue lo que le salvó la vida, pues una herida como la suya solía costar algo más que el miembro afectado, dadas las insalubres condiciones a bordo de los buques de guerra.

Sea como fuere, Blas de Lezo logró sobrevivir a su primera gran batalla naval.

Nombrado oficial

Afortunadamente para los anglo-holandeses, no volvió a trabarse la batalla, pues estaban muy escasos de municiones. El mismo conde de Toulouse elogió a Lezo en una carta que mandó a Felipe V.

Gracias a su distinguida actuación en la acción Lezo, por su intrepidez y serenidad, fue ascendido a «alférez de bajel de alto bordo», aunque no se sabe si fue por la autoridad del monarca francés Luis XIV, ya que estaba embarcado en un buque francés, o por la del monarca español.

Como nota curiosa, en aquella misma batalla y también en calidad de guardiamarina, pero en el bando británico, se encontraba embarcado en el Sherewsbury un tal Edward Vernon, con quien se enfrentaría nuestro joven vasco en Cartagena de Indias unos años después.

Estandarte de Blas de Lezo
Estandarte del Teniente General de la Armada don Blas de Lezo, 1738. Museo Naval de Madrid.

A partir de este hecho de armas, la vida de Blas de Lezo se torna un tanto confusa, debido en mayor medida a la falta de fuentes primarias.

Se suele decir que Blas de Lezo por entonces estaba al mando de buques con los que realizó escolta de convoyes, algo difícil de creer por cuanto todavía era demasiado joven (tenía 16 años) y sin demasiada experiencia como para ostentar mando alguno y menos de un buque francés siendo un alférez de navío en su equivalente español.

Sitio de Barcelona

El 14 de octubre de 1705 capitula Barcelona, tras el desembarco de las tropas inglesas, neerlandesas y austriacas, entrando el Archiduque Carlos en la ciudad y haciéndola su capital, al tiempo que se nombraba así mismo Carlos III de España.

Felipe V intentará recuperar Barcelona en la primavera siguiente sometiéndola de nuevo a un asedio, esta vez por las tropas hispano francesas al mando del duque de Noailles y el mariscal de Tessé.

En dicho episodio se suele incluir a Blas de Lezo mandando convoyes o «varias flotillas» con éxito. En una de aquellas ocasiones se dice que burló la vigilancia de la escuadra anglo neerlandesa, que bloqueaba la ciudad, para entrar con un convoy para abastecer a las tropas sitiadoras, quemando uno de sus buques para que con el humo producido y la protección visual que daba se forzase el bloqueo para entrar en el puerto con los buques supervivientes.

Una gran muestra de arrojo que, sin embargo, es difícil de creer por cuanto las aguas de Barcelona estaban atestadas de embarcaciones aliadas, ya que la escuadra del conde de Toulouse había huido al llegar la escuadra anglo neerlandesa.

Por otra parte, el empleo de cortinas de humo representaría toda una revolución al recurrir a una táctica naval que no alcanzó su pleno desarrollo hasta la I Guerra Mundial, tras su puesta a prueba por la Marina alemana en unas maniobras desarrolladas en 1908.

Manuel Gracia Rivas

Algún historiador, como José Antonio Calderón, afirma que al propio Vernon se le pasó por la cabeza utilizar esta treta en Cartagena de Indias en 1741, ya que unos prisioneros británicos así lo hicieron saber a los españoles. No obstante, los británicos no llegaron a recurrir a esta estrategia, por lo que no sabemos si fue una invención o no.

Lo lógico es que, dada la edad de Blas de Lezo por entonces, no tuviera mando alguno en un buque sino que se encontraría como oficial a bordo de algún buque francés como tantos otros oficiales haciendo los cometidos propios de su cargo.

Destrucción del HMS Resolution

Siguió su servicio a bordo de diferentes buques, tomando parte en las operaciones que tuvieron lugar para socorrer las plazas de Peñíscola y Palermo, en el ataque al navío inglés Resolution de 70 cañones, que terminó con la quema de éste.

Este navío británico había salido de Barcelona el 13 de marzo de 1707 al mando de Henry Mondaunt en conserva de las fragatas Enterprise y Milford con destino a Génova.

El 19 de marzo se encontraron con una escuadra francesa compuesta por los navíos Rubis de 56 cañones y Toulouse de 64 cañones, quienes se atribuyeron la destrucción del buque, pese a que con toda probabilidad fue producto de la propia dotación del navío británico. Según Manuel Gracia, piensa que Lezo iba embarcado como alférez de navío a bordo del Toulouse.

Así que participó en dicho ataque, pero no se le puede atribuir a él solo el mérito ya que no era más que uno de los muchos oficiales subordinados a sus comandantes de aquellos navíos.

Tras aquello, fue destinado a Tolón y allí combatió en el ataque que a dicha plaza y puerto dio el duque de Saboya, en 1707. Lezo, que contaba con 18 años por entonces, se batió con su acostumbrado denuedo en la defensa del castillo de Sainte-Catherine perdiendo en esta ocasión el ojo izquierdo.

Probablemente fue ascendido a teniente de navío por aquellos hechos siendo posteriormente destinado al puerto de Rochefort.

El apresamiento del navío Stanhope. ¿Real o leyenda?

Como todo héroe que se precie, también don Blas de Lezo tiene su leyenda. En este caso el presunto hecho de la captura del navío Stanhope, por parte de una fragata comandada por nuestro bravo marino.

He leído siempre los mismos datos, tanto online como en papel sobre este supuesto hecho de armas, pero jamás he encontrado una prueba fehaciente de que sucediera en realidad. No hay pruebas documentales sobre ello y hasta que no salga alguna hay que tomarse este hecho de armas con mucha cautela.

Fragata de Blas de Lezo apresando al navío británico Stanhope
Combate de una fragata española contra el navío inglés Stanhope. Por Ángel Cortellini Sánchez. Museo Naval de Madrid. Una fragata española navegando de empopada con fuerza de vela y haciendo fuego con su batería de estribor, corta la popa de un navío inglés que, al parecer, inicia la virada por avante al mismo tiempo que abre fuego con la pieza de guardatimón de estribor. Mar muy gruesa y cielo cubierto. Es una magnífica pintura, sin embargo el autor representa buques de bien entrado el siglo XVIII y no de principios como ocurrió el suceso. Las banderas española e inglesa (red ensign) son correctas, pero no así esta última si el Stanhope hubiese sido buque corsario y por lo tanto no perteneciente a la Royal Navy.

Nuestro mejor historiador naval, Cesáreo Fernández Duro, quizás el primero en hablar sobre este episodio dice así en su obra monumental sobre la Armada:

Hay que decir que con tanta frecuencia como los cortes iban los ascensos; á los seis años de servicio y veintisiete de edad, en 1710, era capitán de fragata y mandaba una de las de la Armada real, con tanta justificación, que en poco tiempo hizo 11 presas, la menor de 20 cañones, y entre ellas el navío inglés Stanhope, en cuyo combate desigual recibió varias heridas.

Lamentablemente, en esta ocasión Duro no añade ningún pie de página donde nos aclare de dónde proviene esa información, por lo que ese exiguo párrafo es todo lo más que comentó nuestro más insigne historiador naval.

Carlos Martínez-Valverde asegura que la fragata era española perteneciente a la escuadra de Andrés del Pez, con la que llegó a hacer once presas, la menor de 20 cañones y una de estas era el navío Stanhope. Esto ocurriría en 1710 (en otros sitios he visto 1712).

Otros historiadores actuales dudan de la veracidad de este combate:

El episodio siempre ha resultado sospechoso para quienes se han ocupado del mismo, ya que no existió un navío con este nombre en la Royal Navy. Por este motivo se ha supuesto que se trataba de un mercante de la East India Company mandado por John Combs. Entre los buques de esta compañía sí existió un Stanhope. Tenía un desplazamiento de 420 toneladas y llegó a realizar 4 viajes desde su entrada en servicio en 1714, hasta su baja en 1725 (nota). Pero, en cualquier caso, fue un buque posterior a la época del supuesto apresamiento y en su historial no existe ninguna referencia a este hecho. Intentando justificarlo, algunos autores han aventurado la posibilidad de que se tratara de un buque corsario, de la que no existen pruebas y, por otra parte, es impensable que un barco de estas características montara 70 cañones.

Manuel Gracia Rivas. (Nota) SUTTON, Jean: Lords of the East. The East India Company and Its Ships, Conway Maritime Press, Londres, 1981, pp. 162-168.

En otras fuentes se asegura que fue a bordo de una fragata francesa llamada Valeur (2), siendo teniente de navío cuando estaba destinado en Rochefort, y que el navío enemigo tenía 70 cañones, algo difícil de creer en un buque comercial por muy bien armado que este fuera.

En las fuentes británicas este episodio no figura en ninguna parte.

La fragata de Blas de Lezo remolcando el navío Stanhope
La fragata de Blas de Lezo remolcando al navío Stanhope. Autor desconocido. Pintado cerca de 1820. Museo Naval de Madrid. Esta es otra de las pinturas que se hicieron de este controvertido episodio. Sin embargo, el tipo de buques sí correspondería más a los de la época que la anterior pintura de Cortellini.

Sinceramente, yo pienso que este episodio nunca ocurrió. No olvidemos que la propaganda la hacían todos los bandos y difundir esta clase de hechos, o exagerar otros, era una manera de elevar la moral de la opinión pública.

No seremos nosotros quienes demos más pábulo a esta leyenda hasta que algún día salga algún investigador y lo afirme o desmienta con rotundidad en base a pruebas documentales.

Últimas operaciones con la escuadra en la Guerra de Sucesión

Ascendió a capitán de navío en 1712 y pasa por fin a la Real Armada española. Al año siguiente tomó parte en las operaciones del segundo ataque a Barcelona, cercada por tierra por el duque de Berwick y por mar por parte de la escuadra del almirante Manuel Pérez Pintado. Una de aquellas unidades era el navío Campanella de 54 cañones, de origen genovés adquirido por la Real Armada y nombrado como Nuestra Señora de Begoña.

Dicho buque fue puesto bajo el mando de Blas de Lezo, quien había llegado al servicio de la Armada gracias a una Real Cédula de Felipe V solicitando al monarca francés oficiales para surtir a su escuadra que andaba falta de aquellos.

Durante este servicio en el sitio de Barcelona, Lezo sufrió una herida en el antebrazo derecho que le quedó inutilizado. ¿Cómo se hizo aquella herida? Por aquel entonces, Fernández Duro afirma que el Nuestra Señora de Begoña apresó dos buques de 22 y 18 cañones que procedían de Génova.

Sobre la minusvalía en un brazo, solo conocemos las referencias dadas por sus hijos. Blas nunca hizo alusión directa a ella, más allá de reconocer que había sido herido en diversas ocasiones a lo largo de su vida. La falta de interés por hablar de esta posible lesión hace suponer que no debía resultar especialmente incómoda en su vida diaria. Don Blas Fernando, que también reconoce la pérdida de la pierna, afirma que su padre tenia estropeado un brazo».

«La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán y Carolina Aguado.

También participó en el enfrentamiento con un convoy de 22 buques que iba a Barcelona y que estaba escoltado por una fragata de 30 cañones y dos tartanas armadas. Su herida debió producirse en alguno de aquellos episodios.

Con 25 años, el bravo capitán español estaba ya cojo, tuerto y manco, pero sin abandonar el servicio. Muchos otros lo habrían dejado con sólo una de aquellas heridas. En esto sí que no hay ninguna duda: Blas de Lezo tenía una voluntad y una entereza de hierro.

En 1714, también en la escuadra de Andrés del Pez, pasó a Génova para traer a España a la reina doña Isabel de Farnesio; pero, al resolver venir por tierra la reina, regresó la escuadra y se preparó para la expedición de recobro de Mallorca, que tuvo lugar al siguiente año de 1715, tomando parte en ella el buque de Lezo y seis navíos más, con diez fragatas, dos saetías, seis galeras y dos galeotas; todas estas fuerzas al mando del gobernador general de la Armada Pedro Gutiérrez de los Ríos, conde de Fernán Núñez.

Apenas desembarcaron los diez mil hombres, que llevaba la escuadra en los transportes, los mallorquines se sometieron a Felipe V.

Para entonces, Blas de Lezo era un oficial español atípico. Se había formado y desarrollado el principio de su carrera en la Marina francesa. De allí había sacado lo mejor de las academias, siendo instruido en formación teórica y práctica, aglutinando conocimientos sólidos de navegación, instrucción militar e incluso formación legislativa.

Todo ello había hecho de él un marino mejor preparado que sus homólogos españoles, que vivían todavía en una Armada en proceso de organización tras la llegada de los Borbones al trono.

Es por ello que siempre se le consideró uno de los mejores marinos de España. Su pasado en Francia también le reportaría grandes amistades y contactos con personalidades francesas, que en los momentos oscuros que vendrían en el futuro, le darían su apoyo.

Está certificada su buena consideración por parte de los altos mandos franceses que le tuvieron bajo su mando y que elevaron elogiosos informes sobre su persona.

En el Caribe y el Océano Pacífico

Tras la guerra, Blas de Lezo toma el mando del navío Lanfranco, que es destinado a la escuadra del teniente general D. Fernando Chacón en 1716, realizando un viaje a Indias con la misión de auxiliar a los galeones de Ubilla y Echevers, perdidos el año anterior en el Canal de Bahama, mejor dicho, recoger los caudales recuperados para traerlos a Cádiz.

Poco después, se agregó a dicho navío una escuadra destinada a los mares del Sur, a cargo de los generales Bartolomé de Urbizu y Juan Nicolás Martínez. Con el Lanfranco iban el Conquistador, Triunfante y la fragata Peregrina. Tenían como objetivo la limpieza de corsarios, piratas y de buques extranjeros que, haciendo un comercio ilícito, perjudicaba grandemente a la hacienda española.

El general Urbizo acabó agotado y Blas de Lezo tomará el relevo, sustituyéndolo el 16 de febrero de 1723 como general de la Armada y jefe de la Escuadra del Mar del Sur.

Lezo se encontró con una armada muy precaria, disponiendo sólo de los buques Sacramento y Concepción, construidos en el siglo anterior gracias a los fondos aportados por los comerciantes de Lima. Se les unió la Peregrina, que no pudo volver al Atlántico tal era su estado.

Durante este periodo realiza numerosas salidas con aquellos buques a su cargo, pero apenas hará alguna presa debido al mal estado de los mismos, consiguiendo apresar solamente en abril de 1721 a un buque francés de 32 cañones. De hecho, no pudo enfrentarse con una escuadra francesa de cinco buques que se presentó en El Callao, quedando su exigua división bajo la cobertura de los cañones de costa.

Pero don Blas de Lezo no se rindió ante la evidencia de que sus buques eran un desastre y en 1724 decide poner remedio, en la medida de sus posibilidades.

Se redujo su arqueo y se les quitó una batería. Las obras, dirigidas por Lezo, representaron una inversión de más de 300.000 pesos, casi tanto como había costado su construcción, sin que los resultados obtenidos fueran demasiado espectaculares, a pesar de lo cual continuaron en servicio hasta 1744 y 1745, cuando ya eran las unidades más longevas de la Armada.

Manuel Gracia Rivas

En este tiempo se casaría con una limeña de la alta sociedad criolla, doña Josefa Pacheco de Bustos y Solís, que era huérfana de ambos padres desde los 6 años y que quedó al cuidado de su tía y que, al morir esta también posteriormente, quedaría bajo el cargo del marido de esta, Tomás de Salazar, un catedrático de la Prima de la Universidad de San Marcos.

Blas de Lezo la conoció siendo Josefa apenas una adolescente, aunque rica heredera. Se casaron el 5 de mayo de 1725 en una hacienda de su tío y tutor que tenía cerca de Lima. Lezo tenía en ese momento 36 años y la novia cumplió al día siguiente de su boda los 16. Con ella tendría siete hijos; dos nacidos en Lima y el resto cuando regresaron a la península.

Josefa respetaba a su marido, pero las largas ausencias de este se cobraron su vida conyugal. Lezo, no obstante, sí que le guardaba cariño a su mujer, aunque su carácter explosivo y sus ausencias como decimos, hizo que esta le profesase una total falta de afecto. Josefa, además, dejaba mucho que desear como administradora de su casa y Lezo tuvo que recurrir a préstamos de amigos para que esta sostuviera el nivel de vida que llevaba.

Esto le marcó tanto, que dejó estipulado en su testamento que sus hijos varones debían de casarse, en la medida de lo posible, con mujeres españolas, ya que según él estaba demostrado que eran mujeres que sabían administrar una casa correctamente.

En aquel año, visto que sus buques no servían de mucho, volvió a recurrir al empleo de corsarios para enfrentarse al crecido número de contrabandistas de la zona.

Uno de estos corsarios, una fragata de 24 cañones alistada por los comerciantes de Lima, la Nuestra Señora del Carmen, bajo el mando del vasco Santiago Salavarría, apresó un navío holandés de 40 cañones con rica carga que fue vendida por 600.000 pesos, una parte de cuyo botín correspondería a Lezo por ser el responsable de las fuerzas navales.

El caracter de Lezo hizo que se enemistase con el virrey, José de Armendáriz y Perurena, marqués de Castelfuerte, ya que este quería reducir la escuadra para ahorrar en gastos y Lezo todo lo contrario, sabedor de que sólo con una buena escuadra se podría hacer frente a los corsarios y enemigos. Había fracasado en su intento de organizar aquella maltrecha armada por la falta de fondos, dotaciones y medios.

En septiembre de 1727, obligado por el acoso administrativo del virrey, Lezo se vio forzado a dimitir. En la carta enviada a Patiño para explicar su decisión, que recogen Pérez-Mallaina y Torres, afirmaba que:

Era inútil la ocupación de comandante, pues ni su aplicación, ni su experiencia en lo náutico, pueden aprovechar, y cuanto más celosamente deseare cumplir su ministerio, se conciliará con la mayor indignación del virrey, y sólo siendo hechura de su mano, y viviendo más atento a su semblante que a la propia obligación, será atendido y bien tratado.

Manuel Gracia Rivas. Carta de Blas de Lezo a José Patiño. Archivo General de Simancas. Secretaría de Marina. 392.

Lezo solicitó a Patiño, Intendente General de Marina por entonces, su retiro, a lo que este no accedió.

Sí dejó que abandonara América y regresara a España. No estaban por la labor de perder a un hombre como aquel.

Hasta agosto de 1730 no pudo regresar, ya que cayó enfermo, pero consiguió ser recibido por el Rey a finales de septiembre, quien le mostró su gratitud y le felicitó por sus servicios, algo que debió reconfortarle tras el fracaso de su aventura en América. Su nuevo destino le llevaría al Mediterráneo.

Operaciones en el Mediterráneo

Conquista de Orán

Permaneció en el departamento de Cádiz hasta el 3 de noviembre de 1731, en que embarcó en una escuadra de 18 navíos, cinco fragatas y dos avisos, al mando del marqués de Mari, destinada al Mediterráneo, para asistir al infante don Carlos en las dificultades que pudieran surgirle en su toma de posesión de los estados de Italia, a la muerte del duque de Parma, Antonio Farnesio sucedida el 20 de enero de 1731.

Existen cartas firmadas por el conde de Santi-Esteban, en que por orden de S. A. Real, se expresa satisfacción que causaron los buenos servicios del general Lezo.

Habiendo surgido ciertas diferencias con la República de Génova, España estaba resentida por la conducta observada por aquel estado y no de acuerdo con sus procedimientos, el general Lezo, por orden superior, se personó en aquel puerto con seis navíos y exigió como satisfacción, que se hiciesen honores extraordinarios a la bandera real de España y que se restituyeses inmediatamente la plata que se retenía.

Mostrando el reloj a los comisionados de la ciudad, que buscaban el modo de eludir la cuestión, fijó un plazo, transcurrido el cual la escuadra rompería el fuego contra la ciudad.

Estaba la Corte, dice, resentida de la conducta observada por la república de Génova y quiso tomar alguna satisfacción de sus procedimientos; por ello entró su jefe de escuadra, don Blas de Lezo, en el puerto con seis navíos, y exigió un saludo extraordinario a la bandera, y que inmediatamente se llevasen a bordo los dos millones de pesos pertenecientes a España, que estaban depositados en el Banco de San Jorge. Sorprendido el Senado con la demanda, procuró buscar efugios para eludirla; pero Lezo contestó resueltamente a sus argumentos, y manifestando a los diputados que fueron a verle el estado de sus bajeles, les dijo, mostrándoles su reloj, que si en el término de tantas horas no era saludado cual correspondía, y no se le enviaban los dos millones, batiría la ciudad reduciéndola a cenizas. A tan resuelta intimación cedió la República, y cumplió todo a satisfacción del general español, quien dio la vela inmediatamente que recibió la expresada cantidad.

Ante esta decidida actitud se hizo el saludo pedido y se transportaron a bordo los dos millones de pesos fuertes, pertenecientes a España, que tenía guardados el banco de San Jorge. De tal cantidad se envió, por orden del Rey, medio millón para el infante don Carlos y el resto fue remitido a Alicante, para sufragar los gastos de la expedición que se alistaba para la conquista de Orán.

Ataque y conquista de Orán en 1732
Ataque y conquista de Orán en 1732.

En esta jornada arbolaba su insignia, el general Lezo, en el navío Santiago, ejerciendo las funciones de segundo jefe de la escuadra, mandada por teniente general Francisco Cornejo. Estaba compuesta de doce navíos, dos bombardas, siete galeras de España, dos galeotas de Ibiza y cuatro bergantines guardacostas de Valencia.

El 15 de junio salió la expedición de Alicante para Orán, llegando el 28 ante la plaza; la escuadra escoltaba a una expedición de tropas mandadas por el conde de Montemar, eran veintiséis mil hombres, llevados en 535 buques de transporte, se verificó el desembarco en la cala de Mazalquivir, protegido por el fuego de los buques; José Navarro, entonces capitán de navío, comandante del Castilla, mandaba las embarcaciones menores (como más antiguo capitán); se atacó a Mazalquivir y cuando lo vieron tomado los defensores de Orán, abandonaron la plaza rodeada de murallas y guardada por cinco castillos; una vez ocupada Orán y convenientemente guarnecida, Lezo regresó a Alicante escoltando 120 embarcaciones de transporte.

Terminadas las operaciones sobre la costa africana, se dirigió la escuadra a Cádiz, donde entró el 2 de septiembre de 1732.

Auxilio a la plaza de Orán

Las potencias berberiscas alarmadas con la toma de la plaza de Orán, se coaligaron para reconquistarla, atacándola por tierra y bloqueándola por mar; con este motivo salió Lezo, con los dos navíos que en Cádiz estaban preparados, el Princesa y el Real Familia, a los que se reunieron otros cinco; levantó el bloqueo y metió en la plaza los necesarios socorros, dedicándose después a dispersar a las fuerzas navales enemigas.

Determinó aniquilar a la capitana de Argel, un buque de 60 cañones; lo encontró y empezó a batirlo, pero los argelinos huyeron con fuerza de vela, perseguidos por Lezo, refugiándose en la bahía de Mostaganem, al Este de Orán, defendida por dos castillos a la entrada y por una fuerza de cuatro mil hombres, que acudió de las montañas vecinas al darse la alarma.

Lezo, sin arriesgar sus buques, ordenó penetrar en la bahía a unas lanchas que consiguieron abordarla cuando se encontraba prácticamente varada y fuertemente escorada. A bordo iban embarcados soldados turcos y pertrechos con destino a Orán que fueron capturados.

Manuel Gracia Rivas

Esta acción de la mayor intrepidez, que no podían esperar los argelinos, les alarmó de tal modo que les hizo pedir socorro a la Sublime Puerta (Constantinopla).

El general Lezo al saberlo, tras reparar ligeramente sus buques, en Alicante, pasó a cruzar desde Galita hasta el cabo Negro y Túnez, a la espera del socorro solicitado, para batirlo.

Enfermedad de don Blas de Lezo

Permaneció en el mar cincuenta días, hasta que una epidemia infecciosa, ocasionada por la corrupción de los alimentos, le obligó a regresar a España, tocando antes en Cerdeña para hacer nuevos víveres, en la cantidad necesaria para poder llegar a Cádiz.

Tuvo no obstante, que entrar en Málaga donde dejó gran número de enfermos, entre ellos el guardiamarina Jorge Juan, quien tuvo a Lezo como maestro hacía sus primeras armas.

También llegó Lezo enfermo de gravedad a Cádiz.

El Rey le manifestó su aprecio y como recompensa a los distinguidos servicios prestados le promovió a teniente general el día 6 de junio de 1734.

Desempeñó la comandancia general del departamento de Cádiz; al año siguiente (1735) fue llamado a la corte y, en ella permaneció muy poco tiempo pues él mismo decía:

Que tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y que su lugar era la cubierta de un buque de guerra; pidió el consiguiente permiso al Rey y éste se lo concedió.

Ya de regreso en el Puerto de Santa María, el 23 de julio de 1736, fue nombrado comandante general de una flota de ocho galeones y dos registros, que escoltados por los navíos Conquistador y Fuerte habían de despacharse para Tierra Firme.

La Guerra del Asiento (Guerra de la Oreja de Jenkins)

Lezo obtuvo el mando de la flota de galeones de Indias. Pero no se le dio aquel destino más que para para quitárselo de en medio.

Era conocida en la Corte sus constantes reclamaciones a cuenta de hacer valer su antigüedad respecto al teniente general Rodrigo de Torres, quien había sido nombrado jefe del Departamento marítimo de Cádiz. Lezo se negaba siempre a ceder sin presentar batalla, aunque esta fuera burocrática.

Aquello generó un gran malestar en las altas esferas de la Real Armada y se decidió por poner agua de por medio.

Por aquel entonces tenía seis hijos, ya que Pedro Antonio había muerto en 1732. Su mujer Josefa tenía por entonces 27 años y debía cuidar a tan prolija prole ella sola, con niños que iban desde los diez años del mayor a la pequeña Ignacia que no llegaba al año. Por lo que no viajaron con Blas de Lezo a América. En algunos relatos se ha señalado a la abnegada mujer de nuestro protagonista a su lado incluso en su fallecimiento.

Tras alistar su flota, salió el 3 de febrero de 1737, llegando a Cartagena de Indias el 11 de marzo, quedando de comandante general de aquel apostadero, tan importante para la defensa del mar de las Antillas.

Entre los que viajaban de transporte hacia su nuevo destino figuraba Pedro José Fidalgo, nuevo Gobernador y Capitán General de la plaza y provincia de Cartagena de Indias. Este era un militar brillante que, junto con Lezo, y con el propósito de hacer frente al contrabando británico, crearían la Compañía de armadores en corso al poco de llegar a la plaza, lo que provocaría un nuevo conflicto con Gran Bretaña, ya que la eficacia de estos guardacostas hizo mucho daño a los negocios de los ingleses.

En noviembre de 1739, ya declarada la guerra con el Reino Unido, tuvo noticias (otra vez los servicios de información) que en Jamaica se estaba alistando una importante expedición con fuerzas de desembarco que llegaban de Europa.

Jamaica fue el punto de partida en diferentes ocasiones, de ataques a los puertos españoles: La Habana, Portobelo y el castillo del río Chagres, entonces éste navegable, y constituyendo parte de la vía de comunicación del Atlántico con la ciudad de Panamá y el mar del Sur (3).

Primer ataque a Cartagena de Indias por parte del almirante Vernon

La empresa en que pusieron mayor empeño los británicos fue en la de Cartagena de Indias; en febrero de 1740 tuvo el general noticias, por diferentes conductos, de las formidables fuerzas que preparaban los británicos para atacar a Cartagena; estas noticias y las de varias presas que hicieron de algunos buques españoles ricamente cargados, le forzaron a tomar precauciones extraordinarias.

Situó dos navíos en Bocachica, paso obligado para entrar en la rada, cerró la entrada con dos cadenas tendidas por fuera de los buques, para impedir la llegada hasta ellos de los brulotes con que pudieran atacarlos, y puso en estado de defensa los castillos que guardaban aquélla.

Ataque británico a Bocachica
Ataque británico a Bocachica. Pintura del Museo Naval de Madrid.

El Gobernador de la plaza había muerto el 23 de febrero. Por lo que el general Lezo tomó todas las disposiciones conducentes a la defensa.

Blas de Lezo, que no pensaba quedarse en Cartagena de Indias, ya que sus órdenes eran de pasar a España tras la fallida feria, se vio inmerso de lleno en aquellos combates:

… la seguridad de esta plaza ha dependido desgraciada, y dilatada demora en este puerto: pero no de las fuerzas y disposiciones juzgan podía haber en ella para el resguardo de estos intereses.

Correspondencia de Blas de Lezo

Esta plaza, como todas las de América, estaba muy abandonada; dos condestables de la escuadra reconocieron la artillería de la plaza y hallaron los cañones incapaces de disparar diez tiros, sin repuesto de balas y tan sólo con 3.300 libras de pólvora.

El 13 de marzo de 1740 se presentaron ante Cartagena de Indias ocho navíos enemigos con dos brulotes, dos bombardas y un paquebote; fondearon a unas dos leguas al oeste noroeste de la ciudad; después de reconocer la costa y tomar las sondas convenientes y establecer el bloqueo, se acercaron las bombardas, situándose este-oeste del convento de la Merced, empezando la ejecución de un tiro con materias incendiarias, con lo que quemaron varias casas y edificios; los cañones de la defensa no llegaban a las bombardas con sus tiros y así continuaron éstos haciendo fuego durante los días 18 y 19; Lezo mandó desembarcar doce cañones de a 18 libras del navío Conquistador que puso en tierra, que fueron manejados por artilleros de los buques, además de utilizar la pólvora de los mismos, de mejor calidad. Esto ahuyentó a las bombardas, con sus certeros disparos.

En dicho ataque se comprobó el uso, por parte de los británicos, de bombas incendiarias, algo reprobable en aquella época por considerarse bárbaro e inhumano. Al parecer, los británicos no querían quemar la ciudad, pero querían servirse de la confusión de los incendios para desembarcar.

Toda la escuadra británica levó anclas el 21 y se retiró a Jamaica, quedando dos navíos bloqueando a Cartagena; hicieron los británicos una segunda tentativa, avistándose desde Cartagena trece navíos y una bombarda, que reconocieron la ensenada de Barú; Lezo formó con otros dos navíos, otra segunda línea de defensa de Bocachica; viendo los británicos esta vigilancia y preparativos, regresaron a Jamaica sin atacar.

Es en esta época cuando Blas de Lezo demuestra todo su potencial, sin ningún tipo de atadura o límite, organizando la defensa, proveyendo de suministros y artillería allí donde se necesitaba, sin dudar en ningún momento en meterse e inspeccionar trincheras y parapetos. Implicándose de lleno en definitiva.

Será en el siguiente ataque de Vernon, cuando Eslava tome el relevo y todas las operaciones tendrán que pasar bajo su filtro y disposición absoluta. Lezo se quejará muchas veces del virrey, pero tendrá que acatar sus órdenes incluso en las peores horas.

¿Sin Eslava, Lezo lo hubiera hecho mejor? Nunca lo sabremos, pero hay que decir que si bien el virrey era un hombre que no admitía réplica de sus subordinados no era ni cobarde ni un inútil como se ha querido ver muchas veces. De hecho, Eslava tenía un brillante historial militar. Pero su carácter y el de Lezo eran incompatibles y eso tendría sus consecuencias.

… la cabeza será el virrey Eslava, quien actuará en toda su grandeza sin dejar libertad de movimiento, aplicará la disciplina y la jerarquía militar hasta casi exigir un voto de obediencia ciega. Todos los defensores estarán encorsetados bajo su mando, no se atreverán a actuar sin una orden directa previa y tan solo Lezo expresará su propio criterio, pero sin dar un paso sin su consentimiento, cumpliendo sus órdenes, impulsado por un gran espíritu militar y la certeza de que Eslava era su superior.

«La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán y Carolina Aguado.

El gran ataque a Cartagena de Indias

El 31 de octubre había llegado de España una escuadra de diez navíos, mandada por el general Rodrigo de Torres, que facilitó algunos auxilios y permaneció en Cartagena de Indias hasta el 8 de febrero de 1741, que salió con destino a La Habana, también amenazada por los británicos.

Se personó en Cartagena el 21 abril de 1740, el virrey del Nuevo Reino de Granada, Sebastián de Eslava, como hemos dicho, era un general con brillante hoja de servicios. En seguida dejó bien claro que él era la única cabeza visible de la ciudad y que todos los demás eran sus subordinados que tendrían que cumplir sus órdenes al punto. Esto, como se verá, chocará con el carácter de Lezo, poco paciente con aquella clase de personas.

La flota de Vernon se dejaría ver el 13 de marzo; la componía una impresionante escuadra de 180 buques, de guerra de diferentes tipos y mercantes fletados de transporte. A bordo, entre 24.000 y 30.600 hombres según las fuentes.

Los españoles oponen apenas doce buques, de ellos seis navíos de guerra y un mercante bien artillado; y unos 2.700 soldados de distintos regimientos traídos de la España peninsular.

El baile de cifras entre las distintas fuentes no ocultan un hecho incontestable: la absoluta superioridad británica.

Entre él y Lezo tomaron las medidas, de mar y tierra, conducentes a la defensa, si bien Eslava se encontraba reacio a ello, como acreditan las quejas de que Lezo expuso posteriormente para que, por el marqués de Villadarias fuesen elevadas al Rey.

Acusa a Eslava entre otras cosas de poca previsión en el acopio de víveres, así como de que despreciaba los avisos del ataque, que se proyectaba, que a Lezo daban sus espías y que después la experiencia demostró tan oportunos.

En Bocachica, con todas las fuerzas al mando de Lezo, y a pesar de las injustas inculpaciones de Eslava, aquel hizo todo lo posible por asegurar la defensa del castillo de San Luis; ya fuera proveyendo de cañones, pertrechos y hombres de sus navíos, como coordinando a los hombres del Ejército con los de la Armada.

plano de Cartagena de Indias en 1735
Grabado del plano de Cartagena de Indias en 1735. De Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Relación histórica del viaje a la América meridional. A la derecha está Bocachica y a la izquierda la ciudad en sí.

Si los meses previos no se hubiera preocupado Lezo de hacer acopio de provisiones, en aquellos momento no tendrían nada que llevarse a la boca. Eslava, por contra, no había dispuesto nada en ese sentido, ya que según él suponía que la escuadra de Vernon atacaría La Habana y no su plaza.

Tras la retirada de los españoles de Bocachica, donde Lezo tuvo que hundir algunas de sus naves, el marino vasco no se tomó muy bien las disposiciones de Eslava que habían llevado, según él, al descalabro consiguiente.

Vernon, arrogante como siempre, ya que era tenido como tal por sus propios hombres, envió el 11 de abril una carta al duque de Newcastle con contando que la caída de Cartagena de Indias era cuestión de días.

No podría estar más equivocado.

A pesar de la derrota en Bocachica, los propios británicos reconocieron el buen hacer de sus enemigos.

El propio Vernon le escribiría a Wentworth, el general de las tropas de tierra, que era sorprendente que los españoles pudieran mantenerse tanto tiempo defendiendo el castillo de San Luis, tras la brecha que se le había abierto, cuando sólo contaban con dos cañones en condiciones.

No hay que olvidar que el servicio de la artillería lo ocupaban los marineros y artilleros de la Real Armada, por lo que los elogios reconocían indirectamente el buen trabajo de los hombres de de Lezo.

Los defensores de Bocachica eran, en gran medida, la gente de marina, y las diversas fuentes que narran la batalla ponen de manifiesto la concepción del mando que tenía Blas de Lezo y el modo en que lo ejercía sobre sus subordinados. Aplicaba con firmeza su autoridad y mostraba su liderazgo, pero sin caer en desconfianza, el exceso de control y la incapacidad para delegar que había demostrado Eslava. Lezo confía en las cualidades y el buen hacer de sus hombres, distribuye la responsabilidad de actuación en cada uno de los oficiales que sitúa al frente de los diferentes puntos defensivos y evalúa de forma continuada la situación para modificar las medidas defensivas en función de las necesidades que le transmiten en los informes. Logró así reducir la supervisión e inspección directa de las defensas, articulando y distribuyendo sus fuerzas con inteligencia y ejerciendo el mando a través de sus oficiales de marina, hombres de su confianza.

«La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán y Carolina Aguado.

Como veremos un poco más adelante, la buena labor de los marinos fue también reconocida por las autoridades españoles, aunque de forma reservada.

No obstante, la retirada que en un principio fue ordenada, se tornó en caótica. El 5 de abril los británicos abren una brecha en San Luis y estos avanzan en tres columnas. El mando del castillo, el coronel Desnaux había asegurado a Eslava que la defensa aguantaría, todo lo contrario de lo que opinaba Blas de Lezo, quien ordenará el hundimiento de sus navíos para intentar que los buques británicos no pasaran Bocachica.

Este había formado un plan de retirada ordenada, pero la precipitación de los acontecimientos hará que quede en nada.

Los británicos ocuparon la zona y se dispusieron a atacar Cartagena de Indias ya desde dentro de la bahía.

Tras quedarse sin escuadra, Lezo será encargado de hacerse con el mando de seiscientos hombres que estaban destacados en el castillo de Manzanillo. Aquí hubo testimonios, que recogió Eslava posteriormente para encausar a Lezo, de que el almirante no quiso hacerse cargo de dichos hombres por ser poca gente para mandar un teniente general, lo que algunos vieron como un claro gesto de cobardía.

Sin embargo, Lezo relató que tras reunirse con Eslava para que le dijera cual era su nuevo cometido tras haberse quedado sin mando de escuadra, este no le hizo caso durante un tiempo hasta que le encargó el mando de la tropa de Manzanillo que Lezo asumió sin rechistar. Todo este asunto pintaba a montaje para desacreditar al marino vasco.

Pero fue una inspección de Lezo de las defensas de la zona asignada, cuando escribe a Eslava de la necesidad imperiosa de hacer unas trincheras que dificulten los movimientos británicos y el envío de cañones para defender la costa próxima.

Como en otras ocasiones, la contestación del virrey a estas demandas no llega. Hasta en nueve ocasiones se verá obligado Lezo a solicitarlo. Es de imaginar que el marino no podría contener más su malestar cuando envió el siguiente mensaje al virrey a través de Pedro de Elizagarate, capitán de fragata en el Galicia y ayudante de órdenes:

Vaya Vuesa merced a ver a Don Sebastián de Eslava y dígale de mi parte que teniendo las ningunas providencias que me dio en Bocachica para impedir el desembarco de los enemigos y formación de sus baterías desconfío me de las que ayer le pedí por un pace y las que le he pedido hoy verbalmente en este sitio, y así me diga lo que quiere que haga, porque para retirarme con ignominia envíe a quien quisiese y supiese su ultima determinación porque lo demás era vivir engañados debajo de aparentes disposiciones nada convenientes al servicio del Rey y honra de los hombres de mi carácter y que nunca seria yo responsable de sus descuidos..

«La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán y Carolina Aguado.

Es decir, Blas de Lezo no quería más retiradas caóticas como la del castillo de San Luis. Fue tanto el enfado de Lezo por el mal hacer del virrey en Bocachica, que había mandado aquel mensaje a través de su ayudante, en unos términos que Eslava consideró inaceptables. Como Lezo le había pedido que le relevase si encontraba a quien pudiera y quisiera hacer su trabajo, el virrey lo tuvo fácil para hacer justamente eso.

Dejó a Lezo fuera de primera línea, llevándolo fuera del decisivo episodio del asalto británico al castillo de San Felipe. Si bien él no tomó parte, sí lo hizo, y de forma destacada, su gente de la Real Armada, que fueron junto con los regimientos traídos desde la Península, las fuerzas principales españolas en la defensa.

Soldado británico de 1740
Soldado británico de 1740 del «15th Regiment of Foot»

Tras unas semanas de combate, los británicos, agotados y con muchas bajas por enfermedad, deciden el reembarque.

El día 30 de abril se procedió al canje de prisioneros. Mientras que los españoles entregaron a todos los prisioneros británicos, estos mantuvieron retenidos a dos oficiales de la Real Armada, apresados en el navío Galicia: Juan de Ordán y Lorenzo Alderete, enviados a Londres.

Uno de los oficiales liberados, Juan Domingo de Ordozgoiti dirigió a los británicos una frase que, posteriormente, le fue atribuida al propio Blas de Lezo. Cuando le dijeron a Ordozgoiti que se iban a retirar a Jamaica para reforzarse y regresar al ataque, el marino español les respondió:

Para volver a esta plaza es no que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha queda capaz para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo que mejor les hubiera estado en emprender conquistas que no pueden conseguir.

Una frase tan concluyente que alguien decidió que merecía pasar a la posteridad en boca de nuestro protagonista.

¿Y por qué se ganó una batalla que tenía toda las trazas de convertirse en un desastre?

En correspondencia reservada a Ensenada, varios oficiales españoles expusieron en 1747 que fueron varias causas:

La esforzada defensa de la escuadra de Blas de Lezo cuya tripulaciones y municiones se emplearon contra el enemigo desde el primer ataque contra el castillo de San Luis de Bocachica, y retirandose a la plaza cuando la necesidad obligó a ello… en su defensa, hasta que desesperanzados los enemigos la dejaron libre.

Además de los soldados venidos de España y la actuación del virrey Eslava y del almirante Lezo.

Sin embargo, como veremos, lo que se reconoció en privado no lo fue bajo dominio público.

La lucha contra su descrédito

Tras la batalla, empieza la carrera por hacerse con los créditos de la victoria y si es posible, denostar a quien se atreva a erigirse como artífice de la misma.

Aquí quien lleva las de perder será Blas de Lezo, quien tras su relevo tras Bocachica será el chivo expiatorio del virrey, el sujeto a quien echar todas las culpas de los fallos que hubiera habido en la defensa.

Para ello no perderá el tiempo y acusará a aquel de desobediencia e insubordinación, producto del apasionamiento con que el marino vasco se comunicaba con Eslava.

Mandará a la Corte los diarios de la defensa, haciendo todo lo posible porque los informes de Lezo no lleguen. Aquí hay una presunta apropiación de deberes del virrey, quien prohíbe a todos mandar ningún despacho a España sin su conocimiento. Sin embargo, desde el Almirantazgo se esperaban los preceptivos informes del responsable de la Armada en Cartagena de Indias, esto es del propio Blas de Lezo.

Este, incapaz de mandar nada sin el conocimiento de Eslava, logra pasar sus diarios e informes en una balandra francesa, pero no hay constancia alguna de que sus papeles fueran tenidos en cuenta en España, aunque sí fueron leídos.

Eslava era un virrey con muchos contactos en las altas esferas, mientras que Blas de Lezo era un alto oficial de la Real Armada que tenía buenas amistades en Francia y algo menos en España, pero poco más podía hacer frente a un cargo tan importante como el de Eslava.

Retrato de Sebastián de Eslava
Retrato de Sebastián de Eslava. Pintura de Joaquín Gutiérrez. Museo de Arte Colonial de Bogotá (Colombia)

Además, su tenacidad todavía se recordaba en la Corte tras aquellas continuas quejas sobre su antigüedad con Torres.

A pesar de que los hombres de Lezo le mostraron su apoyo y escribieron certificaciones relatando sus actuaciones en la defensa, el virrey contaba con los informes del ingeniero jefe el coronel Desnaux quien estaba a cargo del castillo de San Luis en Bocachica y que hablaría mal de su jefe en aquellos momentos, que era Lezo. Este hombre, no dudó en recurrir a falsos testimonios que hicieron mucho daño a la causa del teniente general de la Real Armada.

Si bien los oficiales de la Real Armada, subordinados de Lezo en sus buques, no dudaron en escribir aquellos informes (que estaban por otra parte obligados) y ninguno de ellos se quejó de su superior, tampoco salieron a dar la cara por él más allá de lo comentado.

Blas de Lezo fue un marino exigente, de trato más bien difícil, pero no era muy distinto a lo que había por entonces en la Real Armada. De hecho, no hay constancia alguna de que alguien se hubiera quejado alguna vez de Lezo. Ni siquiera cuando el mismo Eslava intentó hacer creer que los oficiales de Lezo habían escrito aquellas certificaciones bajo presión de Lezo. Ninguno de ellos afirmaría tal acusación.

Otra cosa fue su trato con otros generales o autoridades políticas, con los que siempre tuvo roces, ya que el marino vasco no tenía por costumbre callarse o dejar pasar asuntos que otros habrían dejado de lado por no meterse en líos.

Lezo estaba tan frustrado y enojado por todas aquellas maniobras del virrey contra él, que cometería más imprudencias. Eslava, más comedido y consciente de que su alto cargo ya era una garantía de salir airoso, sabrá jugar bien sus cartas, además de que su buen entendimiento con Ensenada desde siempre le hará tener a su lado a un más que poderoso aliado.

Cuando empezaron a llegar los ascensos, se hizo patente que la estrategia de Eslava había funcionado. A pesar del esencial trabajo de sus hombres, la Real Armada quedaría ignorada en el reparto de ascensos y premios en favor del Ejército y su principal cabeza: el virrey.

Este sería ascendido a Capitán general de los ejércitos. El coronel Desnaux también fue ascendido a brigadier por su eficaz desempeño en la defensa de San Luis de Bocachica, gracias entre otros, a los cañones y hombres de la escuadra de Lezo, de los que nadie se acordó.

Según la versión oficial de lo sucedido, todo en la defensa había salido a la perfección y Eslava y Lezo, cuando se le nombraba que no era mucho, habían tenido una excelente compenetración en el mando.

En informes reservados, no obstante, que se enviaban contando la verdad y a la que muy poca gente tenía acceso, se le indica al virrey Eslava que no había gustado en la Corte los fallos en la defensa del castillo de San Luis, y menos aquella huida precipitada que había alentado a los británicos a atacar San Felipe. Y, sobre todo, se critica a Eslava que tras la retirada de los británicos estos hubieran tenido todo el tiempo del mundo para destruir las defensas españolas que habían ocupado estos y su embarco sin hostigamiento alguno.

También se le achaca que si el general Lezo había dado tantas muestras de insubordinación como indicaban sus mensajes, ¿por qué no lo encerró en un castillo si tan grave era la situación?

Así que, por un lado se elogiaba la actuación de todos los defensores, en especial de Eslava, y por lo privado se dejaba bien claro que algunos aspectos de esta no habían gustado al rey. Procedimientos que, por lo general, eran bastante frecuentes en todas las naciones y en todas las épocas.

Su muerte

El teniente general don Blas de Lezo moriría a las ocho de la mañana del 7 de septiembre de 1741 en su casa de Cartagena de Indias con 52 años. Murió solo, sin su familia, con la sola presencia de su mayordomo o secretario.

Al contrario de lo que se suele decir, su esposa no se hallaba con él, ya que estaba en España con sus hijos. El motivo de su muerte fue seguramente el tifus, algo bastante normal en una zona donde había habido una batalla

Tras su muerte, hay una gran controversia con su enterramiento. En algunas fuentes se dice que fue enterrado en una fosa común.

Pero en el libro de Mariela Beltrán y Carolina Aguado dan la primicia, tras una laboriosa investigación, sobre el destino definitivo del cuerpo de Lezo.

Por una carta del hijo de este, Blas Fernando, fechada en 1774, enviada a Francisco de Winthuysen, quien por entonces era director de la Academia de Caballeros Guardiamarinas de Cádiz, para enviar un retrato de su padre para poner en la galería de efigies de oficiales que por sus méritos pudiera de ejemplo y estimulo para los jóvenes.

Este retrato lo sacaría de la tumba de su padre.

(…) Positivamente se que el retrato de mi padre e donde fue enterrado su cadaver en el Convento de Dominicos de Cartager Yndias (…)

Así que será en aquel convento donde reposarían finalmente los restos de nuestro ilustre marino.

A pesar de esta buena noticia no hay que olvidar que al poco de la muerte de Blas de Lezo, Sebastián de Eslava quien había buscado con perseverancia su descrédito ante todo el aparato administrativo español, ordenó a sus hombres de confianza a la casa del marino para recoger de su secretario todas las cartas e instrucciones para realizar un inventario.

El capitán de fragata Francisco José de Ovando, comandante del Dragón, denunciará este saqueo. Pero Eslava sólo devolvería la documentación tras verificar los contenidos de los mismos. ¿Qué se quedaría? El virrey no mostró el más mínimo respeto por una persona fallecida.

Blas de Lezo fue un militar de prestigio, el teniente general más antiguo, tal y como certifican todos los documentos de época que de él se conservan, pero sus indudables méritos no obtuvieron recompensa ni permitieron el ascenso social que tanto ansiaba. Fue de los pocos generales que no logró ningún reconocimiento del rey por sus servicios. La muerte borró su existencia y casi desapareció de la memoria colectiva. Un vago recuerdo quedo vivo en sus hijos, pero incluso en ellos, que apenas le conocieron, dejó una huella en la que se confunden mito y realidad.

«La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán y Carolina Aguado.

En 1760, un año después de la muerte de Sebastián de Eslava, el rey Carlos III le concedió al hijo de este, Gaspar Eslava y Monzón, el Marquesado de la Real Defensa por la defensa que hizo su padre de Cartagena de indias en 1741.

Hasta 1762 no sería recompensado el hijo de Blas de Lezo, Blas Fernando de Lezo y Pacheco con el título del Marquesado de Ovieco.

Para recompensar los distinguidos servicios que hizo a la Corona, por espacio de cuarenta años, el Teniente General de Marina don Blas de Lezo, y con especialidad de haber contribuido su valor y admirable conducta a salvarla la Plaza de Cartagena de Indias, en el famoso sitio, que la pusieron los ingleses en el año de mil setecientos y cuarenta, de que fueron rechazados, si con mucha gloria de las armas de tierra, nada menos de las de mar, que estuvieron a su mando; y para asegurar en su ilustre Familia la buena memoria de sus méritos; he tenido a bien hacer merced de titulo de Castilla a su hijo don Blas de Lezo y Pacheco […].

Mitos sobre el ataque a Cartagena de Indias de 1741

Estas son algunas de las leyendas que han circulado sobre Blas de Lezo a lo largo del tiempo, sobre todo en los últimos tiempos. No vamos a comentar frases supuestamente atribuidas al insigne marino, algunas de ellas realmente vulgares que no reproduciremos aquí.

Ni que decir tiene que fueron inventadas por alguien con muy mal gusto.

El foso que arruinó el asalto británico

Durante la defensa del castillo de San Felipe se dijo, en numerosas fuentes, que había un foso excavado a su alrededor y que, en consecuencia, los británicos en su ataque llegaron y comprobaron que las escalas que llevaban eran más cortas de lo que pensaban para poder llegar.

Es más, en otras fuentes se dice que Lezo ordenó cavar un poco más el foso para que las previsiones de los británicos con la altura fallaran estrepitósamente.

Lo primero es que Blas de Lezo no estaba al mando del castillo de San Felipe. Recordemos que el virrey Eslava lo había mandado a la defensa de la propia ciudad, en retaguardia.

Y lo más importante es que no había foso alguno en el castillo de San Felipe. Lo que sí había eran trincheras o cortaduras, pero sus medidas no eran para proteger al castillo como si de un foso se tratara, sino para que los soldados defensores se desplazaran por dentro.

Lo que pasó es que los británicos no calcularon bien la altura de sus escalas.

Las medallas británicas de una victoria que nunca fue

Debido al arrogante gesto de Vernon, de mandar aviso de la victoria antes de obtenerla, en Londres hubo un gran revuelo, con salvas de cañón, repique de campanas y demás celebraciones que rápidamente de extendieron por el país.

En aquel momento es cuando se acuñan las famosas medallas que, en contra de lo que se suele decir, no eran oficiales, sino realizadas por los comerciantes que se dedicaban a realizar ese tipo de recuerdos, unos souvenirs muy usados en Gran Bretaña desde hacía un siglo, como manera de conmemorar grandes hechos militares. Por lo tanto, la Casa de la moneda británica no tuvo nada que ver con aquello.

Medalla conmemorativa sobre la "victoria" de Vernon sobre Blas de Lezo
Se acuñó en Londres, por parte de los comerciantes, una serie de medallas de bronce con que, a la vez que se exaltaba el heroísmo de los marinos británicos, humillando de paso a los de España. En el anverso de algunas aparecía D. Blas de Lezo de rodillas presentando su espada al almirante Vernon, que en pie la recibía, esgrimiendo la suya en actitud amenazadora, leyéndose entre ambas figuras: Don Blass.—El orgullo español abatido por el almirante Vernon. En el reverso, repetido el nombre de Don Blass, la ciudad y puerto de Cartagena de Indias, cuya boca cierra una cadena, y navios ingleses disponiéndose á romperla; en la orla, leyenda: Verdaderos héroes ingleses tomaron á Cartagena. Abril, 1741. Aún hoy en el Museo Marítimo de Greenwich en Londres hay unas cuantas en los fondos de dicho museo.

Cuando se supo lo que de verdad ocurrió, aquellas medallas fueron guardadas por muchos de sus propietarios, pero no porque pensaran que se las iban a quitar para hacerlas desaparecer por orden del Rey, como también se ha dicho, sino porque estos eran conscientes de que una rareza así, la de un fallo tan garrafal, era bien considerada entre los coleccionistas, ávidos siempre por encontrar esta clase de rarezas. Y es por ello que han llegado tantas a nuestros días.

La mayor flota de desembarco más grande de la historia hasta Normandía

Esta es una afirmación que cualquier historiador militar podría desmontar inmediatamente citando unos cuantos casos en los que el número de buques fue mayor que el puesto por los británicos para el ataque.

No hace falta incurrir a estas exageraciones, ya que si bien no fue la mayor flota de desembarco, sí fue digna de consideración. Y desde luego, de las mayores de su época. Pero de ahí a afirmar que hasta la Segunda Guerra Mundial no se superó su número, es descabellado.

De hecho, como ya hemos visto, el mismo Blas de Lezo participaría en 1732 en la consquista española de Orán, integrado en una enorme flota de buques de guerra y civiles fletados para la ocasión que algunas fuentes dan entre quinientas y seiscientas embarcaciones (5), lo que la haría una fuerza mayor que la de Vernon en 1741.

Prohibido difundir la derrota

Esta es una afirmación que reconozco que hasta yo pensé que era verdadera hasta no hace mucho.

Pero lo cierto es que hay muchísima bibliografía de autores británicos relatando los hechos. Y estas publicaciones empezaron ya desde bien temprano.

Algunos oficiales de la Royal Navy y del Ejército publicaron sus propias notas sobre lo ocurrido, normalmente echándose unos las culpas del descalabro a los otros.

A diferencia de las publicaciones en español sobre Blas de Lezo y la batalla de Cartagena, que se presentan como historias de aventuras donde se confunden ficción y realidad, la bibliografia en inglés contiene estudios solventes sobre la campaña del Caribe que arrancan en el mismo siglo XVIII. Las fuentes indirectas son abundantes y prueban la inexistencia de prohibiciones destinadas a silenciar la derrota.

«La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán y Carolina Aguado.
Modelo de la fragata Blas de Lezo de la Armada española, que rinde así homenaje a uno de sus ilustres marinos.
Modelo de la moderna fragata Blas de Lezo (F103) de la Armada española, que rinde así homenaje a uno de sus más ilustres marinos. Museo Naval de Madrid.

Notas

  1. Uno de ellos es el historiador Manuel Gracia Rivas, cuyo trabajo sobre la biografía de Blas de Lezo sustentan este artículo gracias a su rigurosidad y conocimientos.
  2. Otra obra de referencia ha sido «La última batalla de Blas de Lezo» de Mariela Beltrán García-Echaniz y Carolina Aguado Serrano. Un excelente trabajo sobre la batalla de Cartagena de Indias en 1741 que le costó la vida a nuestro bravo marino, que desmiente muchas de las informaciones comúnmente aceptadas sobre dicha batalla y que recomendamos su lectura desde aquí.
  3. Manuel Gracia Rivas dice al respecto: Sin base documental fiable se ha atribuido, recientemente, la captura a la fragata francesa Valeur, probablemente por el hecho de que existió una unidad con este nombre que tenía su base en Rochefort, puerto en el que estuvo destinado Lezo. Construida en Bayona, había sido botada en noviembre de 1707. Con 37 metros de eslora y 10 de manga, tenía un desplazamiento de 478 toneladas y estaba armada con 34 cañones. Fue dada de baja en 1719. También, por esas mismas fechas existió otra fragata francesa del mismo nombre. Botada en Brest el 2 de mayo de 1704, desplazaba 370 toneladas y estaba armada con 26 cañones. Fue capturada por el HMS Worcester el 15 de mayo de 1705. Entró en servicio en la Royal Navy, siendo enviada a América. Encontrándose en Terranova fue tomada por unas chalupas francesas el 6 de septiembre de 1710, aunque pudo ser recuperada por el HMS Essex el 13 de diciembre de ese mismo año, siendo desguazada en 1718.
  4. El 22 de marzo, navegando de regreso a Jamaica, se aproximó a la desembocadura del río Chagres, donde consiguió tomar el fuerte que la protegía. Estaba defendido por una reducida guarnición al mando del capitán Juan Carlos Gutiérrez Ceballos que, con once cañones, aguantó durante dos días antes de capitular. También en esta ocasión, supo aprovechar el resultado presentándolo como una nueva victoria que contribuyó a acrecentar su fama en Londres. (Manuel Gracia Rivas)
  5. Presencia de España en Orán, 1509-1792. Gregorio Sánchez Doncel, (1991)

Fuentes

  • «En torno a la biografía de Blas de Lezo». Manuel Gracia Rivas. Centro de Estudios Borjanos.
  • «La última batalla de Blas de Lezo». Mariela Beltrán García-Echaniz y Carolina Aguado Serrano.
  • «La Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón». Cesáreo Fernández Duro.
  • Enciclopedia del Mar». Ediciones Garriga.

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