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A la caza de la escuadra del capitán renegado

A la caza de la escuadra del capitán renegado
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Batalla de Lepanto. Galeras turcas parecidas a las de la escuadra del renegado Arzan
Galeras turcas parecidas a las de la escuadra del renegado Arzan. Batalla de Lepanto, pintura de Johannes Lingelbach.

El periodo en el cual el Gran Duque de Osuna estuvo como virrey, primero de Sicilia y luego de Nápoles, fue muy fructífero en lo referente a combates contra el poder turco en el Mediterráneo. Hubo muchos combates navales, alguna batalla naval digna de mención como el del Cabo Celidonia, o múltiples episodios donde los soldados españoles y sus mandos destacaron por su calidad y arrojo.

Ya hemos contado muchos detalles sobre esa mal llamada escuadra corsaria del Duque de Osuna. Y digo mal llamada porque de corsaria sólo tenía la bandera y el nombre, ya que todo lo demás lo proveía la Armada del rey.

Hoy les traigo otro episodio más en la lucha contra el poder Otomano en el Mediterráneo, donde las fuerzas españolas se destacaron una vez más con su arrojo y temeridad características de esta época.

Tras la escuadra del capitán renegado turco

Todo empezó cuando los informantes (espías, cómo no) del Duque de Osuna en Constantinopla (Estambul) hicieron llegar a este la noticia de la salida de una escuadra de galeras turcas con la intención de correr las costas del Levante Mediterráneo, apresando cuanto pudieran y haciendo todo el destrozo que tuvieran oportunidad. Eran doce galeras mandadas por un capitán renegado de origen calabrés, llamado Arzan.

Don Pedro Téllez-Girón y Velasco, el Duque de Osuna, mandó aprestar ocho galeras, más otras dos de Malta que se les unieron, para ir al encuentro de la docena del turco. El historiador naval Fernández Duro dice que envió al encuentro menos galeras que el enemigo para que aquellos vieran el desprecio que por ellos tenía el duque.

Sin embargo, no fue fácil dar con la escuadra del renegado Arzan. A pesar de que las galeras de Osuna hicieron todo lo posible por encontrarlas, pasaron catorce días hasta que pudieron dar con ellos. En aquel periodo de tiempo los turcos habían hecho algún daño en pequeños lugares desprotegidos de la costa italiana, donde sacaron algunos cautivos y apresaron varias embarcaciones genovesas mercantes que iban cargadas de género valioso.

Al fin, el 2 de septiembre de 1616 dieron con las galeras turcas.

La batalla contra las galeras turcas de Arzan

Primer combate

Los turcos no se asustaron, ya que tenían fuerzas superiores y al día siguiente se produjo la embestida de ambas formaciones.

Fue un bravo y sangriento combate naval, tal y como eran las escaramuzas entre galeras, donde primaba el combate cuerpo a cuerpo y se producían por tanto muchas bajas, la mayoría mortales. Las tácticas navales con galeras eran muy parecidas a las del siglo precedente, cuando ocurrió Lepanto, así que pueden hacerse una idea de lo duro que debió ser aquella acción.

Duró la batalla desde las diez de la mañana del día 3 hasta que la noche impuso una tregua. Hasta ese momento no se vio ninguna ventaja en alguna de las dos escuadras. Todo estaba por decidir. Aunque los turcos habían perdido ya una galera, estos se pasaron toda la noche curando a los heridos y preparándose para el combate del día siguiente, arreglando como pudieron los destrozos causados por la tremenda embestida anterior.

Los españoles y malteses hicieron lo mismo, aunque no habían recibido tanto daño como los turcos. Los heridos no pasaban de 60, mientras que eran más de 200 en las filas turcas, así como 75 muertos de estos por 17 de los cristianos.

Galera turca
Galera berberisca. Imagen de “Histoire Van Barbaryen“.

Segundo combate

Nada más amanecer las dos escuadras se embistieron de nuevo, con tanta fuerza que parecía que no se habían enfrentado antes. Aunque esta batalla duró menos que la anterior fue más reñida, ya que los españoles fueron con su galera Capitana a por la homóloga turca causando una consiguiente sangrienta batalla.

Como ambas galeras eran las más fuertes de sus respectivas escuadras y llevaban las mejores tripulaciones y chusma, todos hicieron lo posible por no desmerecer su poder defendiéndose de la otra.

El encuentro entre estas dos embarcaciones insignia ocurrieron hechos notables de valor entre los que destaca la actuación del soldado español Francisco Roel, quien con sólo una espada y una rodela, fue el primero que saltó a la galera enemiga tras la embestida. Y allí se quedó el hombre, luchando en solitario al retroceder momentáneamente su galera debido al impacto.

Fue herido varias veces antes de que le socorrieran los soldados de la galera española que, asombrados de lo que hacía su compañero se desvivieron por llegar a él. Y esta vez sí, la galera española quedó enganchada a la Capitana turca y se echaron dentro los soldados españoles que rescatataron con vida al bravo Roel.

Tomaron la Capitana como una marea, llegando hasta el castillo de popa, donde el renegado Arzan se había hecho fuerte con dos hijos suyos y unos cuantos soldados. Peleó este como un león, pero acabó muerto sin que se supiera quién le había dado muerte, ya que la confusión del combate lo impidió. Si se vio que había muerto de dos estocadas penetrantes.

Al ver aquello, los suyos se vinieron abajo y se rindieron, estando ya tan cansados que apenas se podían mover. De este combate murió mucha gente en ambas partes, aunque en la parte española no murió ningún principal, el capitán, que se llamaba don Íñigo Zapata, salió malherido en un brazo, aunque sin riesgo por su vida.

Tras ser apresada la Capitana turca, las demás fueron aflojando y así pelearon ya como hombres vencidos. Los españoles se vinieron arriba al ver la cobardía de sus oponentes.

…y así les dieron ruciadas tan recias, que les echaron una galera al fondo, y en las demás hubo infinitos muertos y heridos, por lo cual, las que estaban en la retaguardia se empezaron a preparar para huir, y al final lo hicieron, dejando a las de la vanguardia, que eran cuatro, las cuales se rindieron luego, y siendo entradas por los españoles, quitaron del remo a los cristianos, dejándolos en libertad, y fueron los que en este día la alcanzaron 325.

Tras la batalla

De los turcos heridos murieron muchos, tal y como era normal en aquella época. Se hicieron 250 prisioneros, entre ellos a los dos hijos del renegado Arzan, uno con catorce años y el otro de dieciseis, que habían sido muy valientes en el combate. El mayor incluso perdió un ojo en la refriega. De ambos se esperaba obtener un buen rescate.

Del botín obtenido se hallaron las ropas que se habían quitado a los mercaderes genoveses y que se les fue devuelta. De lo demás todo era de poca importancia, hallándose armas y municiones, pero en la cámara de popa de la Capitana se descubrió la vajilla del renegado, con un valor de más de 10.000 ducados y un alfanje de mucha calidad, con diamantes engastados en oro en su pomo.

Los turcos habían perdido casi toda su escuadra. De doce galeras sólo se escaparon tres. Del resto, cinco fueron apresadas y dos destruidas, además de recobrar los dos bajeles genoveses que aquellos habían capturado anteriormente.

Galeras turcas parecidas a las de la escuadra del capitán renegado Arzan
Galeras turcas parecidas a las de la escuadra del capitán renegado Arzan. Imagen de la British Library, Londres.

La escuadra española, que no había perdido ningún buque, regresó a su base en Sicilia, donde fueron recibidos con mucha alegría, con disparos de toda la artillería y con festejos por toda la ciudad.

Se tuvo bien cuidado con los heridos y se premió a los participantes conforme a la calidad de su persona.

Es una pena que no sepamos quien fue el mando de la escuadra española, ya que el informe que escribió el duque de lo ocurrido no lo especifica, pero fuera quien fuese no se le puede negar que realizó una brillante actuación bajo su mando.

  • Fuente: El Gran Duque de Osuna y su marina, por Cesáreo Fernández Duro.

Por Todo a babor

Me llamo Juan y soy el administrador de Todo a babor. Llevo desde 2003 dando a conocer la historia naval, de una forma divulgativa, sin pretensiones de ningún tipo y tratando de hacerlo de la manera más amena posible.

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