Embarcaciones francesas en busca de esclavos por la costa española

Por Juan García (Todo a Babor)

Buque francés en combate contra galeras
Un buque francés combatiendo contra piratas berberiscos, en una escena muy parecida a la que leeremos a continuación. Francia también se las tuvo que ver contra los piratas del norte de África, lo que no evitó que algunos franceses se comportaran como aquellos. Pintura del National Maritime Museum, Greenwich, Londres, Palmer Collection.

Introducción

¿Ha escuchado alguna vez el dicho de “no hay moros en la costa“? Seguro que sí.

Hubo un tiempo en que los corsarios y piratas berberiscos recorrían las costas del levante español, en busca de cristianos a los que vender como esclavos en los mercados de la carne del norte de África.

Estas incursiones eran un continuo malestar para las gentes de las zonas costeras, que muchas veces tuvieron que cambiar sus pueblos hacia el interior para no verse acosados por aquella lacra.

La Armada española, y sus corsarios, intentaron frenar a los piratas berberiscos, y pese a los numerosos éxitos contra aquellos, seguían llegando a la costa española.

Sin embargo, los franceses, cuando estaban en guerra con España como en la época de la entrada que les traemos hoy en Todo a babor, también se animaron a sacar provecho atacando incluso a pesqueros, robando todo lo que se pudiera de los mismos.

E incluso llegaron a hacerse con prisioneros para venderlos como esclavos, algo que, como veremos más adelante, era algo inaudito y no se comprendía que pasara entre naciones cristianas.

Hay franceses en la costa

Corría el año de 1639 cuando una barca de pescadores salía de la ciudad de Almería con la intención de pescar a seis leguas de aquel puerto.

Al poco tiempo, a tres leguas, descubrieron cinco buques de alto bordo que con presteza se les acercaban dándoles caza.

Los pescadores pensaron que eran moros, lo normal en aquellas costas, e hicieron todo lo posible por regresar a Almería.

Pero les fue imposible, porque los buques los cercaron. En ese momento se dieron cuenta de que eran franceses.

Algunos pescadores lograron escapar y llegaron a la villa de Almería gritando que venían los franceses.

Se alborotó toda la ciudad y aún toda la costa mientras que los franceses, a la vista de los almerienses, se hicieron con la barca de pesca, tomaron prisioneros a los pobres pescadores, y saquearon de todo lo que les fue de interés de la humilde embarcación, para después echarla a pique. Acto seguido se marcharon hacia alta mar.

Combate contra los buques franceses en el mes de abril

Cuando se tranquilizaron las cosas se hizo necesario enviar a la plaza de Orán, en el norte de África y en manos españolas desde 1509, una polacra con bastimentos y otras cosas. Una polacra era una embarcación parecida al jabeque pero con aparejos y velamen de bergantín; con dos palos.

Galeras españolas en Orán
“Desembarco de los moriscos en el Puerto de Orán”. Pintura de Vicent Mostre. Colección Bancaja. La plaza española en Orán necesitaba el aporte de pertrechos y soldados que eran llevados desde la península.

Se ordenó que al mercante le acompañase una saetía de la Armada del rey como escolta. La saetía era un tipo de galera más pesada que una galeota, ideal para corsear o dar caza a los piratas en el Mediterráneo.

Esta embarcación estaba mandada por el capitán Salvador Rodríguez y se encontraba bien pertrechada, además de contar con una guarnición de infantes veteranos.

Ambos buques salieron en conserva el 28 de abril y a las pocas horas de camino, sobre el Cabo de Gata, descubrieron a las cinco embarcaciones francesas.

Un disparo afortunado

Los franceses no perdieron el tiempo y viendo que estaban en superioridad numérica, aprovecharon el viento de popa y fueron tras los españoles.

Nuestro capitán, viendo el peligro en que se hallaba y que no se podía excusar la pelea, se previno para ella, teniendo por mejor morir que ser preso.

Pelearon desde las diez de la mañana hasta las dos de la tarde, cuando los franceses estuvieron a punto de abordar la polacra.

Para ello, metieron a medio centenar de sus hombres en una tartana para acercarse al mercante español y, por medio de cabos y garfios, pensaban aferrar la polacra.

Pero lo que no esperaban es que desde dicha embarcación española les disparasen un cañonazo con tanta fortuna que barrió de proa a popa la tartana abarrotada de hombres, de los que apenas cuatro o cinco salieron vivos de aquella masacre.

buque tartana francesa del siglo XVII
Tartana francesa. Por Jean Jouve. Desseins de tous les Bâtiments qui Naviguent sur la la Méditerranée. 1679 (p.17).

Los franceses quedaron consternados por aquello y no se atrevieron a perder más gente, por lo que se retiraron dejando a los españoles vía libre para proseguir su viaje a Orán, donde llegaron sin más incidencias.

En aquel encuentro los franceses, a la vista de los cuerpos que fueron llegando a la orilla, tuvieron unos cincuenta y tres hombres muertos. Los españoles perdieron ocho.

Tras aquello…

Volvióse á poner en arma toda la costa, previniéronse algunos navios, salieron á buscarlos, y no se pudo dar con ellos.

Combates de mayo

Las embarcaciones francesas no se había ido. Seguían por la zona haciendo estragos. Esta vez por la costa de Málaga, donde se dio aviso el día 27 de mayo.

Afortunadamente, había en la misma ciudad malacitana dos galeras de la Armada, que se aprestaron para salir a combatir a aquellos que se comportaban como piratas.

A velo y remo salieron ambas galeras, descubriendo un buque a poco más de tres leguas del puerto.

Aquellos intentaron escapar, pero de nada les sirvió porque haciendo trabajar bien a la chusma, se hallaron sobre él en menos de dos horas.

Una de las galeras disparó uno de sus cañones de crujía, pero sin bala como aviso, mandándoles amainar “por el Rey de España, nuestro señor“.

Como respuesta, los del buque dispararon con bala todas sus piezas de artillería y mosquetería, además de algunos tiros de pedrero.

Viendo aquella desvergüenza las dos galeras se acercaron, y a pesar de que los franceses hicieron todo lo posible por defenderse y escapar, no lo consiguieron, siendo abordados por los españoles.

Tras someter a la tripulación y rendir la embarcación, los captores se encontraron bajo cubierta a una treintena de españoles, la mayoría pescadores de aquellas costas y más de setenta vestidos, también de españoles.

Llevaron el buque francés a Málaga, donde fue vaciado, encontrándose mucha cantidad de sedas, cera, estaño, plomo y muchas otras mercancías de valor que habían robado.

El buque era de 350 toneladas, con diez cañones, cuatro pedreros y ciento doce mosquetes. Estaba tripulado por sesenta franceses y trece holandeses.

Diósele tormento al capitán del navío y a otro de los más alentados que con él venían, con intento de saber si eran de los que alborotaban la costa y que hacían o querían hacer de los treinta españoles que tenían aprisionados debajo de escotilla.

Efectivamente, eran parte de aquella escuadra de cinco buques que habían salido de Marsella bien pertrechados de armas, municiones y provisiones, con guarnición de infantería francesa y holandesa.

Lamentablemente no sabemos si aquella escuadra era corsaria, es decir si tenían una patente de corso, si eran piratas (si no la tenían) o eran de guerra, porque se dice que iban embarcados soldados, aunque si fuera de estos últimos no sería lógico que se lucrasen de aquella manera. Seguramente eran corsarios.

Sea como fuere, su misión era la de ir a las costas de España y hacer todo el mal y daño que pudieran. Y si podían apresar españoles estos serían vendidos en Argel o en cualquier otro puerto de Berbería, donde tenían contratado con los moros una cierta cantidad por cada prisionero.

Pero habían sufrido un recio temporal que los habían separado de los otros buques y que, por lo tanto, no sabían dónde podían hallarse los demás.

Y éste era el trato que tenían hecho con nuestros comunes enemigos observadores de la perversa secta mahometana, indigna acción de vasallos del Rey Cristianísimo (francés). Con haber confesado maldades tan grandes, dignas de grandísimos castigos, el mayor que á estos franceses se les hizo fué raparlos y echarlos al remo. Anda esta ciudad y las demás de la costa de España con mucha vigilancia hasta pescar los otro cuatro navíos. Plegó á Dios Nuestro Señor se consiga este intento y se sirva abrir los ojos á los de esta nación para que reconozcan el error en que están, y que es mejor tener por amigos á los españoles, que son católicos cristianos, que no á los herejes, turcos y moros, enemigos de Dios Nuestro Señor y de su Iglesia santa.

Y así termina una crónica sobre piratas por la costa del sur de España, azotada normalmente por los piratas berberiscos y en esta ocasión por los franceses que quisieron hacer, algo inaudito hasta entonces, de esclavistas de otros cristianos.

Fuente:

  • “Disquisiciones naúticas”. Cesáreo Fernández Duro.
  • Relación verdadera de los grandes encuentros y refriegas que dos galeras de España, y otros bajeles han tenido con cinco navíos de franceses que andaban robando españoles por las costas de España, desde la ciudad de Almería hasta la de Málaga, los cuales llevaban a vender a los puertos de Berbería. Este presente año de 1639. Con licencia. Impresa en Sevilla por Juan Gómez de Blas“. Colección de Vargas Ponce. Legajo 1.