miércoles , 12 diciembre 2018
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Hampton Roads, la batalla naval que lo cambió todo

Hampton Roads, la batalla naval que lo cambió todo
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Batalla de Hampton Roads
Cromolitografía de la batalla de Hampton Roads. Louis Prang & Co., Boston.

1861 fue una fecha que marcó para siempre los Estados Unidos, pues estalló una brutal guerra civil cuyas heridas todavía son patentes en su sociedad. Por otro lado, brindó a los ingenieros navales la oportunidad de exprimir su ingenio y crear algunas de las naves más raras que jamás han surcado los mares, junto al primer combate moderno entre naves acorazadas: Hampton roads.

Esta fue en efecto, la batalla naval que cambió para siempre la concepción de la guerra en el mar.

Una guerra

La situación social, económica y política de la nación, eran muy delicadas. Las diferencias entre los estados del norte y el sur cada vez eran más evidentes en distintos temas; sobre todo con la esclavitud.

Para el sur era vital para mantener su economía agraria y el trato que recibían los esclavos era denigrante e infrahumano. Para el norte, el pensamiento de esclavitud era repugnante; aunque para otros, su liberación suponía una gran mano de obra que iría muy bien a su cada vez más importante industria.

Independientemente, la tensión aumentó con la elección de Abraham Lincoln como presidente. Siendo un gran detractor de la esclavitud, el sur lo consideró inaceptable y viendo afectado su medio de vida con la interferencia federal contra las leyes esclavistas, el estado de Carolina del Sur votó a favor de separarse de la Unión. Les seguirían Florida, Misisipi, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas.

Para detener este proceso, se decretó un llamamiento a las armas para detener la rebelión. Esto resultó un gran error, porque Virginia, Arkansas, Carolina del norte y Tennessee también votaron a favor de la ruptura.

Posteriormente, estos estados se unieron en un nuevo tipo de federación: los Estados Confederados y con el ataque al fuerte Sumter empezaba lo que sería una brutal guerra civil.

Un marino sin fortuna

Uno de los mayores protagonistas de esta fascínate historia, fue el capitán Franklin Buchanan; en mi opinión uno de los marinos con más mala suerte pese a su impecable carrera.

Descendiente de escoceses; su abuelo paterno dirigió como general una milicia durante la guerra de independencia y su abuelo materno fue uno de los firmantes de la Declaración de Independencia.

Como marino sirvió con honores hasta alcanzar el grado de capitán de navío, también fue el primer superintendente de la academia naval de los Estados Unidos y comandante del Washington Navy Yard, el más antiguo e importante astillero de la armada de su tiempo.

Sin embargo, su estrella empezó a declinar con el inicio de la rebelión. Creyendo que su estado natal (Maryland) también se separaría, el 22 de abril de 1861 renunció a su puesto esperando poder obtener una buena promoción en la futura flota confederada.

Pero para su más profundo horror, esta situación nunca se produjo. Rápidamente, quiso que el secretario de marina anularse su renuncia, pero este lo acusó de traidor y se negó a reinstaurarlo. Ahora, su carrera como oficial naval quedaba ligada al mismo destino de la causa sudista.

Un plan

El anciano teniente general Winfield Scott propuso el denominado “Plan anaconda”, el cual consistía en bloquear todos los puertos sudistas y de este modo impedir que los confederados recibieran soporte exterior; a la vez que como la serpiente homónima, estrangulaba su economía al no poder exportar sus productos al viejo continente.

Debilitados y controlando los ríos Tennessee y Mississippi, sería fácil atacar las ciudades rebeldes y asestar el golpe final capturando Richmond, su capital.

Eso en la teoría, porque a la práctica los sureños fueron más resistentes de lo que creía el alto mando de la Unión. Además, mientras el norte tenía a generales incompetentes como Burnside o Hooker, el sur disponía de Lee y Jackson.

No obstante, estaba claro que el sur necesitaría romper el bloqueo yanqui, pero los rebeldes no disponían de una armada lo suficientemente grande como para competir en mar abierto. En su lugar crearon todo tipo de artefactos semi-sumergibles para lograr tal fin.

El renacer del CSS Virginia: la era de los blindados

Cuando el estado de Virginia votó por separarse de la Unión, se temió que los buques de la armada anclados en el astillero de Gosport (actualmente denominado Norfolk) cayesen en manos rebeldes. En cumplimiento de la orden de destrucción de la base, la fragata USS Merrimack fue incendiada y hundida.

No obstante, los marinos sudistas consiguieron reflotar el casco y tras unas reparaciones, decidieron crear un buque blindado capaz de romper el bloqueo.

La idea no era nueva, en el pasado ya se habían hecho experimentos con naves acorazadas (por ejemplo véase el barco tortuga del almirante Yi) en aquel periodo, el ingeniero francés Henri Dupuy de Lome había botado el Glorie, un buque con todo el casco reforzado con planchas de hierro.

En su respuesta Gran Bretaña construyó el HMS Warrior; aunque este solo llevaba cubierta la parte de las baterías. Por su parte España innovaría con la fragata blindada Numancia, pues en lugar de poseer un casco de madera reforzado con hierro, el suyo era completamente de metal.

El buque CSS Virginia
Fotografía del CSS Virginia.

Si bien estas líneas demuestra que en su momento las otras naciones estaban investigando este tema, todavía no se habían puesto a la práctica en un combate real y había quien todavía cuestionaba su uso.

Pero el diseño del nuevo buque sudista no se parecería a nada que el mundo hubiera conocido hasta el momento. A diferencia de los diseños europeos, carecería de cualquier tipo de aparejo, confiando totalmente en un motor a vapor para su propulsión.

La tripulación de 320 marinos, estaba protegida por una estructura formada por maderas, con dos capas de hierro que formaban una casamata de 102 mm. Su armamento principal consistía en dos cañones de ánima estriada de 178 mm, 2 piezas de 151 mm, 6 de ánima lisa de 229 mm y dos obúses de 12 libras.

Pese a poseer tecnología punta, sus constructores resucitaron una antigua arma de guerra: el espolón. Una vez terminado, se convirtió en el buque insignia del recientemente ascendido comodoro Franklin Buchanan.

Pese a estar bien forrado y armado, poseía dos desventajas significativas: la primera era la velocidad, cuando era una fragata a vapor llegaba a los 12 nudos, mientras que con su nuevo aspecto no sobrepasaba los 6. El otro inconveniente, eran los 6,7 m de calado que poseía y hacían muy peligrosa la navegación fluvial.

Se bota el Monitor: Ericsson entra en acción

Solo dejo a la imaginación del lector la cara de estupefacción y terror, que se le quedó a los nordistas al ver como su antiguo buque regresaba del fondo del mar, convertido en una horrible bestia del averno sedienta de hundir sus naves.

Necesitaban algo nuevo y eficaz contra el CSS Virginia; pero no había ningún barco capaz de hacerle frente, al menos por el momento.

El ingeniero sueco John Ericsson ideó una solución revolucionaria. Su proyecto consistía en una nave hecha totalmente de hierro reforzado, cuya cubierta apenas sobresaliera de la línea de flotación para evitar ser un objetivo fácil en caso de combate cerrado; solo había un pequeño punto de observación para el timonel y el capitán. Dispondría de un motor y una chimenea plegable para evitar ser dañada en batalla.

Buque USS Monitor
Plano del buque USS Monitor. Fotografía de la U.S. Navy.

Su armamento consistía en una gran torreta equipada con dos únicos cañones de 279 mm. Al no haber nada más en cubierta, podía disparar en cualquier punto a los 360 grados. Su tripulación constaba de 49 personas.

Tras el incidente del Pacemaker y el raro diseño (que algunos lo calificarían como un queso sobre una balsa) Ericsson tuvo que decir que en caso de fallo él mismo pagaría todos los gastos del proyecto. Sin muchas alternativas, la armada cedió; así fue como nació el USS Monitor.

A diferencia de su némesis, poseía una velocidad de 8 nudos y sus escasos 3,2 m de calado lo hacían ideal para la navegación fluvial. No obstante, su retroceso y el sistema de troneras para proteger las piezas mientras se cargaban mostró poseer diversos fallos. A fin de cuentas, era la primera vez que alguien pensaba un diseño de este tipo y ya se sabe lo que cuesta innovar en un campo desconocido.

La batalla de Hampton Roads: el primer día

El 8 de marzo de 1862, el CSS Virginia levó anchas con el objetivo de romper el bloqueo unionista en la bahía de Chesapeake; Acompañado por los buques-tender CSS Raleigh y CSS Beaufort; más los cañoneros CSS Patrick Henry, CSS Jameston y CSS Teaser.

La flota unionista se componía de las fragatas de 50 cañones USS Minnesota y USS Roanoke, las fragatas de 44 cañones USS St. Lawrence y USS Congress, la fragata de 24 piezas USS Cumberland y 6 buques auxiliares de escaso valor bélico.

Buchanan dirigió su nuevo buque contra el Cumberland y le asestó un golpe con el espolón por debajo de la línea de flotación; entonces disparó a quemarropa. Los daños fueron tales, que el buque federal se fue a pique irremediablemente.

Hundimiento del USS Cumberland
USS Cumberland hundido por el CSS Virginia. Curier and Ives Print.

Con la primera víctima liquidada, el comodoro dirigió su vista al Congress, cuyo capitán al ver la suerte de su camarada, decidió encallar la fragata en una zona poco profunda. Ambos buques intercambiaron disparos durante una hora y después de graves daños y de ver como los proyectiles no le hacían nada al blindaje, los federales rindieron la nave.

Entonces, una batería de soldados en tierra, que estaban viendo el macabro duelo; abrieron fuego. En venganza por el bombardeo, los confederados dispararon proyectiles incendiarios sobre el Congress; este terminó estallando al alcanzar el fuego la santabárbara.

Ahora era el turno del Minnesota, cuyo comandante también decidió encallarlo en un lugar donde el Virginia no pudo seguirle a causa de su calado.

Estaba anocheciendo y los confederados, pese a salir victoriosos, también habían recibido daños significativos. La chimenea del Virginia recibió varios impactos que redujeron su todavía escasa velocidad; dos cañones habían sido inutilizados y algunas piezas del blindaje habían cedido. Además, un pedazo de metralla le había fracturado el fémur al propio comodoro.

Con tal panorama y ante la oscuridad cada vez mayor, Buchanan decidió retirarse y rematar el trabajo la mañana siguiente.

Para los marineros de la Unión, les esperaba una noche de miedo, en que no sabían si el enemigo atacaría o no. La única certeza que tenían era que no podían retirarse y que pronto llegaría una nueva arma a salvarles. Pero la pregunta era clara… ¿Llegarían a tiempo?

La batalla de Hampton Roads: el segundo día

Amaneció el día 9 y ambos bandos se prepararon para reanudar la batalla. Dado a sus heridas, Buchanan fue desembarcado y de este modo el destino le vomitó literalmente en la cara al no poder participar en el legendario combate. Fue sustituido por su segundo al mando, el teniente Catesby Jones.

Jones, fue directo a por el maltrecho Minnesota, confiaban en poder hundirle gracias a la subida de la marea. Pero, de repente apareció un invitado inesperado en el baile. Era algo que jamás habían visto, se trataba del USS Monitor al mando del teniente John Wordern. Pronto la tecnología de torreta y la de casamata se verían las caras.

Ambas naves estuvieron disparándose durante horas. El Monitor destacó por su mayor agilidad, aunque el blindaje del Virginia aguantó el fuego yanqui. Los rebeldes intentaron espolonearlos en varias ocasiones, pero el Monitor consiguió esquivarles y cuando al fin hicieron blanco, su casco consiguió resistir el impacto.

Buchanan no había esperado luchar contra un blindado, por lo que su armamento era estándar en vez de proyectiles perforantes. Por otro lado, la pólvora del Monitor no daba suficiente impulso para que las balas fueran más efectivas.

El duelo terminó cuando un proyectil explotó cerca del punto de observación del Monitor y los fragmentos entraron por las rejillas, dando de lleno en la cara del teniente Wordern y cegándolo momentáneamente.

Los unionistas se retiraron para evaluar el estado de su comandante, quien ordenó que no se preocuparan por él, volvieran a la batalla y protegieran al Minnesota a toda costa. El teniente Samuel Greene tomó el mando y volvió al combate.

Por otro lado, los sureños creyeron que el enemigo se había retirado definitivamente. Pero dado a que la marea todavía no era favorable para acercarse al Minnesota, optaron por retirarse también.

Desde el puente, el teniente Greene vio como el Virginia regresaba a su base y creyó que los habían repelido.

Batalla del USS Monitor contra el CSS Virginia
Batalla del USS Monitor contra el CSS Virginia. Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Balance de la batalla

Desde el punto de vista confederado, Hampton Roads fue una gran victoria. Habían hundido dos buques enemigos y dejado uno dañado; mientras que ellos no habían perdido ninguna embarcación. Además sus bajas eran 78 muertos y 17 heridos, frente a los 261 fallecidos y 108 heridos de los federales.

Desde el punto de vista unionista, pese a las terribles bajas, también se consideró una victoria; pues habían impedido que los rebeldes lograran su objetivo de romper el bloqueo, además de salvar al Minnesota y su dotación de un trágico fin; por no decir que se quedaron con “el campo de batalla”.

Tras el combate, ambos buque nunca más volvieron a verse: El CSS Virginia terminó encallando a causa de su calado y fue destruido por su dotación para evitar su captura. Irónicamente, la falta de calado fue la causa del fin del Monitor; ideal para zonas fluviales y costeras, su diseño resultaba muy inestable en alta mar, cosa que provocó su naufragio.

En 1973 sus restos fueron descubiertos, su ancla fue recatada en 1998 y en 2001 se recuperó el pecio; pero no sería hasta 2003 cuando se sacó su torreta a superficie. En el interior del buque todavía quedaban los huesos de tres de los 16 marineros que perecieron en el naufragio. Pese a ser imposibles de identificar, fueron enterrados en 2013 con los más altos honores por parte del personal de la armada.

¿Qué fue de los protagonistas?

El comodoro Franklin Buchanan sobrevivió a sus heridas y pese a que la historia le negó participar en la parte culminante del combate, por sus méritos se convirtió en el único marino confederado en alcanzar el rango de almirante. Supervisó la construcción de otros buques y luchó con valor contra el almirante unionista Farragut.

Al terminar la guerra, fue indultado y regresó a Maryland, donde trabajó como hombre de negocios y director de la Universidad de Maryland. Falleció el 11 de mayo de 1874. Tres destructores de la armada estadounidense han llevado su nombre.

El teniente Catesby Jones, por otra acción de combate fue ascendido a capitán de fragata por su conducta galante y meritoria. Durante el resto del conflicto estuvo asignado como supervisor de la fabricación de armas pesadas. Terminada la guerra se dedicó a los negocios y halló la muerte abruptamente el 20 de junio de 1877 cuando un hombre le disparó a causa de una disputa entre su hijo y el vástago de este.

Tras la batalla el teniente John Wordern fue trasladado en tierra para curar sus heridas, en agradecimiento el Congreso lo ascendió a capitán de fragata, recibió los elogios de todo el país y la joyería Tiffany & Co le obsequió con una espada con incrustaciones de oro y plata. Ya recuperado, regresó al servicio activo hasta el fin del conflicto con el grado de capitán de navío.

Con la paz, siguió ascendiendo en la jerarquía, siendo nombrado comodoro en 1869 y contralmirante en 1872. Desempeñó cargos como superintendente de la academia naval de estados unidos y fue el primer presidente del instituto naval de estados unidos entre otros honores. Falleció el 19 de octubre de 1897.

Por su lado, el teniente Greene continuó comandando el Monitor hasta que fue relevado. Continuó luchando en el conflicto y distinguiéndose, cosa que le valió el ascenso a capitán de corbeta.

Con el fin de las hostilidades, comandó distintos buques, fue instructor de matemáticas y ayudante del superintendente en la academia naval. Murió el 11 de diciembre de 1884 y en su honor un destructor llevó su nombre.

Legado

Las tecnologías empleadas en la batalla revolucionaron la ciencia naval, tanto la unión como la confederación se lanzaron a la fabricación de buques blindados. Algunos con diseños todavía más estrafalarios como dos torretas en vez de una.

Inmediatamente después del combate, su Suecia natal pidió una patente para poder construir uno parecido. Desde entonces, toda embarcación que poseyera una unas características similares al diseño de Ericsson se denominó “Monitor”; algunos como el Huáscar o el Manco Cápac (ex. USS Oneota) alcanzaron la fama por sus peripecias frente a la escuadra chilena.

España solo poseyó un buque de estas características: el Puigcerdá, llamado así en honor a los hechos vividos en esta villa catalana durante la tercera guerra carlista.

En 1905 el presidente Theodore Roosevelt en conmemoración del 40 aniversario del conflicto, creó la “medalla de la campaña de la guerra civil” para los veteranos. La cinta era azul y gris por los uniformes de los dos bandos, para el personal de tierra la condecoración tenía el retrato del presidente Lincoln; pero para quienes habían combatido en el mar lucia el combate de Hampton Roads.

En la actualidad, quedan unos ocho monitores en todo el mundo, generalmente como buques-museo; excepto el brasilero Parnaíba, que todavía está en activo.

Por Joan Comas

Joan Comas es colaborador de Todo a babor.

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