Jueves , 29 Junio 2017
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Príncipe y almirante. La disparatada vida de von Nassau

Príncipe Nassau-Siegen
Retrato de Karl von Nassau-Siegen. Pintura de Elizabeth Louise Vigee-LeBrun.

Desde el primer instante de su vida ya estuvo marcado por la polémica, pero lejos de afectarle solo consiguió rodearle de una aureola de aventurero y a la vez de hombre loco. Estuvo al servicio de Francia, España, Polonia, Rusia y Prusia junto a reyes, emperadores, soldados y exploradores; mientras cosechaba éxitos y desastres igual de impresionantes. Así fue el príncipe von Nassau-Siegen.

Primeras andanzas de von Nassau

Nuestro protagonista vino al mundo un 5 de enero del año 1743 en París, bajo el nombre de Karl Heirich von Nassau-Siegen; su padre era perteneciente a una rama católica de la familia Nassau, dinastía que todavía reina en los Países Bajos. No obstante, su padre había nacido de un matrimonio morganático, es decir hijo de aristócratas pero de rango distinto; lo que significaba que la casa Nassau no reconocía su título por ser considerada una unión desigual. Y tras exponer su caso en el Richskammergeicht (Cámara de la corte imperial) el Sacro Imperio tampoco obtuvo un resultado positivo; únicamente Francia les reconoció dado a la enemistad entre los Borbones y los Habsburgo.

El joven príncipe, que para pena de sus primos holandeses siempre usaba su apellido Nassau, pasó su infancia en las fincas de sus padres en Arras. A la edad de 15 años ingresó en un cuerpo de dragones del ejército francés y combatió en la guerra de los siete años ganándose los galones de teniente y capitán en un conflicto donde la nación gala fue derrotada.

Viaje con Bougainville

Entonces en 1766 el rey Luis XV convocó a Louis Antonie de Bougainville con la intención de que organizase una expedición científica que devolviese el prestigio a la nación tras los desastres sufridos en la guerra. Si tenían éxito, significaría la primera circunnavegación francesa del mundo.

Rápidamente Nassau presentó su renuncia del ejército y se ofreció a acompañar a Bougainville durante su travesía. Muchos historiadores consideran tal decisión como una estratagema para escapar de sus deudas contraídas por su peculiar estilo de vida; una teoría con bastantes posibilidades de ser cierta.

El 15 de diciembre de 1766 la expedición compuesta por la fragata Boudeuse y el filibote Etoile partió de Brest; aunque hizo escala en Rochefort, partiendo 1 de febrero de 1767.

El 13 de junio en Río de Janeiro, el botánico Philibert Commerçon uno de los científicos de la expedición, descubrió una planta que decidió nombrar en honor a capitán; se trataba de la buganvilla. También les acompañaba Jeanne Baret, botánica y amante Philibert, quien se disfrazó de hombre para poder participar en la travesía. Jeanne contribuyó enormemente en los trabajos científicos, más se convirtió en la primera mujer en dar la vuelta al mundo y su ardid no fue descubierto hasta 1768.

Seria en la actual Argentina donde Nassau salvó la vida de uno de los tripulantes del ataque de un jaguar, al abatirlo de un tiro cuando la fiera se abalanzó sobre su incauta víctima durante una exploración por la desembocadura del Río de la Plata.

Mapa de la expedición francesa de Bougainville
Mapa del recorrido de la expedición en el libro “Voyage autour du monde par la frégate du roi Bordeuse at la flute l’Étoile”, 1766 obra del mismo Bougainville. Biblioteca Nacional de Francia.

En abril la expedición llegó a Tahití, territorio que fue reclamado para Francia bajo el nombre de Nueva Citera. Respecto a nuestro príncipe, se labró una importante fama como diplomático cuando consiguió (obviamente sin conocer el idioma) cesar las hostilidades entre un jefe tribal a causa de un altercado con unos marineros. Aunque el hecho de seducir la esposa del jefe resultó decisivo para solucionar el conflicto y recuperar la amistad entre ambos pueblos.

Tras llegar a Batavia (actual Yakarta) la expedición descubrió que el marino británico Samuel Wallis había conseguido llegar a Tahití antes que Bougainville.

A su regreso, Nassau se reincorporó al ejército con el rango de coronel al mando del regimiento de caballería alemana. En 1775 los rebeldes americanos empezaron una lucha por su independencia; si bien Francia se quiso mantener neutral, no impidió que se enviaran armas. Aunque finalmente en 1778 estalló la guerra anglo-francesa como consecuencia.

Primera batalla naval

Durante este periodo, corsarios ingleses azotaban al comercio galo desde la Isla de Jersey, un emplazamiento estratégico situado en el Canal de la Mancha y solo a 22 km de la Normandía francesa. Nassau presentó un proyecto al rey de un desembarco anfibio contra la guarnición británica, financiado por su amigo el dramaturgo Pierre Beaumarchais.

El príncipe esperaba realizar lo que en francés se denomina un “coup de main” un golpe de mano, es decir lanzar un rápido golpe por sorpresa que dejaría atónito al enemigo y poco podría hacer contra su denominado “cuerpo de voluntarios de Nassau”, lo que en el periodo se conocía como un regimiento privado. Para pena del protagonista los británicos se habían percatado de los planes galos y habían mandado refuerzos.

El 1 de mayo de 1779 cinco buques de gran porte escoltaron a un grupo de buques menores listos para el desembarco. Los británicos habían movilizado al 78th regimiento de Highlanders de los cuales se sumaron la milicia de Jersey junto algunas piezas de artillería dispuestas en la playa.

El ataque francés fue totalmente  rechazado, uno de los factores clave fue el retroceso de la marea, ya que impidió a los buques apoyar el desembarco con su artillería. Sin el apoyo adecuado ningún capitán quiso arriesgar ni su buque ni sus hombres; el único que lo intentó (ya fuera por una bala o una roca) terminó hundido. El balance se cobró unos pocos heridos en el bando británico a causa de la metralla de una salva y entre 15-18 ahogados más 20 prisioneros en el bando galo, pronto apareció una flota inglesa y los franceses tuvieron que retirarse. Por tal acción Nassau fue relevado de su puesto (aunque no perdió la titularidad de su unidad) y en la actualidad Jersey todavía es un territorio británico.

Al servicio de España   

Estuvo un breve tiempo al servicio de Polonia, donde conoció a su futura esposa; pero en seguida decidió viajar a España para sumarse en el sitio de Gibraltar. España había entrado en la guerra de independencia como consecuencia del inicio abiertamente de las hostilidades entre Gran Bretaña y Francia.

En dicho combate comandó la batería flotante Talla Piedra, equipada con 28 cañones y 700 hombres. Durante la refriega se provocó un incendio a causa del impacto de una bala roja que al poco tiempo alcanzó el pañol de munición y reventó. Nassau como en más de una ocasión sobrevivió milagrosamente.

Baterías flotantes Gibraltar
Estas baterías flotantes fueron ideadas por el ingeniero francés Arçon y construídas en la misma Algeciras. Como se puede apreciar, no eran más que unas plataformas poco maniobrables y de apariencia más bien endeble.

Si bien no se pudo tomar Gibraltar, sirvió para desviar grandes recursos que no pudieron ser empleados en el nuevo continente; propiciando la victoria de los rebeldes americanos. Acerca del maltrecho príncipe, recibió del rey Carlos III una suma de 3.000.000 de reales y el título de Grande de España de primer rango.

Pese a lo exitoso y premiado que había sido, sus deudas volvieron a aumentar. Su amigo Beaumarchais sugirió que consiguiese dos buques franceses y le pidiese a Carlos III permiso para atracar libre de impuestos en todos los puertos del imperio colonial español; por increíble que parezca el monarca accedió. Pese a que el mismo Luís XVI también era favorable, el plan cayó en saco roto por la administración gala; con el temor de ser arrestado por sus deudas decidió volver a Polonia.

Embajador del Rey

Fue entonces cuando conoció y entabló amistad con Estanislao II Poniatowski, último soberano polaco; quien en señal de admiración le concedió el gran cordón de la orden de San Estanislao y la orden del Águila blanca, las máximas distinciones del momento.

Nassau expuso a Estanislao II de la necesidad de reanudar el comercio con el Imperio Otomano. Pero consciente de que cualquier éxito con Turquía requería tener una presencia en el Mar Negro, decidió visitar la región de Nueva Rusia (Actual Ucrania) recientemente adquirida por el Imperio Ruso.

Se presentó en un viaje diplomático ante el príncipe Grigori Potemkin, brillante mariscal del ejército, conquistador de dicha región y quizás lo más importante era el amante y consejero de la zarina Catalina II. Si bien entre ambos nació una buena amistad, la soberana bien le recriminó al mariscal por la reputación de aquel “príncipe-aventurero” al quien en una ocasión dijo de él: “tiene toda la reputación de un hombre loco”.

Regresó brevemente a Paris, donde cedió la titularidad de su regimiento, recibiendo una pensión vitalicia de 12.000 libras. A su regreso intentó en vano que el tribunal imperial le reconociera su título. Viendo que la justicia se eternizaba y ante una oferta de Potemkin de acompañar a la zarina en un viaje triunfal por las tierras recientemente adquiridas, decidió marchar a Rusia.

Ayudó a preparar el enorme séquito, aunque surgieron críticas que decían que Potemkin había hecho construir grandes casa para esconder la pobreza y hacer creer que las tierras eran más ricas, cosa que creó el término “Pueblo Potemkin”. Aunque un embajador (el príncipe de Ligne) dijo que tales acusaciones eran falsas y de propina le puso a Nassau el apodo del “invulnerable” por nunca haber sido herido durante sus campañas militares.

Almirante pastel de seta

Finalmente Nassau fue comisionado como contralmirante de la armada imperial rusa al mando de la flotilla del Dniéper. En su nuevo puesto era conocido como sus marinos como “pastel de seta” dado a que el príncipe sólo sabía dos palabras en ruso “adelante” y “fila” pero mal pronunciadas se podía entender como “pastel” y “seta”.

Hacia 1788 estalló otra guerra contra el Imperio Otomano, uno de los ancestrales enemigos de Rusia. La chispa que inició has hostilidades vino del temor a que tras haber conseguido un acceso en el mar Negro, Catalina ambicionase atacar Estambul o peor intentar adueñarse de Grecia. Por este motivo el sultán Abdul Hamid I exigió que se retirasen de Crimea; por su parte la corte de San Petersburgo respondió con una declaración de guerra.

Un año más tarde los ejércitos imperiales sitiaban la ciudad de Ochakov. El general Suborov se encargaba de las tropas de tierra y el mariscal Potemkin actuaba como comandante en jefe de todas las fuerzas terrestres y navales. El mariscal ordenó movilizar la flotilla del Dniéper y la de Azov para ejercer un bloqueo naval y repeler la flota turca; de la unión de estas flotillas nacería más adelante la flota rusa del mar Negro.

Tan pronto el príncipe conoció al comandante de la flotilla de Azov que saltaron chispas entre ellos. Dicho comandante se trataba del célebre lobo de mar de origen escocés John Paul Jones, famoso por su papel durante la guerra de independencia americana. También ostentaba el rango de contralmirante, pero al estar subordinado a Potemkin no tenía toda la libertad acción que querría. Además Nassau estaba celoso porque sus buques eran mejores que los suyos y la opinión de Jones acerca del príncipe no era mejor: “Nassau-Siegen falló en todo lo que emprendió”.

batalla naval de Vyborg
La batalla naval de la bahía de Vyborg, obra del pintor ruso Ivan Aivazovsky.

El primer combate ocurrió el 7 de junio de 1788, los tucos quisieron atacar a las flotillas rusas, pero los buques con mayor poder de artillería consiguieron rechazarles. Jones esperaba que Nassau con sus buques más ligeros les persiguiera para terminar el trabajo, pero no hizo nada, excusándose ante el mariscal diciendo: “por desgracia, el viento contrario, por lo que nuestros barcos no podían atacar y tuve que retirarme…”. Jones estaba furioso, pero el mariscal creyó al príncipe y el escocés fue despedido.

La siguiente acción naval ocurrió entre el 16 y el 17 de junio. Nassau estaba muy preocupado por reclamar las recompensas por los éxitos ganados por Jones, tanto que por poco no pierde su flota. Los turcos se preparaban para barrer de una vez a los rusos y antes del combate habían conseguido rodear a un buque imperial bajo el mando del capitán de segundo grado Cristian Ibanovich Otsen que realizaba una misión de patrulla.

El capitán y sus hombres lucharon con valor, pero los turcos les superaban enormemente. Viendo su fin cerca y sin querer rendirse su capitán prendió fuego a la santabárbara, de este modo con su sacrificio no solo dañó a sus enemigos, sino que con el ruido de la explosión pudo advertir a Nassau que los turcos se acercaban y él los pudo rechazar.

Finalmente la ciudad cayó, convirtiéndose en otro laurel más para el imperio; quien pudo consolidar su posición en la actual Ucrania. La zarina premió con una finca en Mitau (hoy en día pertenece a Letonia) a la familia del fallecido capitán. Por su parte el príncipe no paró de cosechar premios: siendo promovido al rango de vicealmirante, recibiendo la orden de san Alexander Nevsky, y la orden de san Jorge II grado.

Como dice el dicho, la paz es efímera y pronto apareció otro adversario, el antiguo archienemigo de Pedro I, Suecia. El rey Gustavo III ambicionaba extender su poder hacia Noruega; pero para lograr dicho objetivo era de menester derrotar a Rusia pues el imperio sería el primero a oponerse a su expansión.

La confianza en una victoria rápida por parte del soberano y el alto mando era total. Esta forma de pensar se sustentaba en la poca experiencia de los almirantes rusos, el descuido de los deberes hacia la armada por parte de los herederos de Pedro I y  la superioridad de los navíos de línea sobre las galeras rusas en mar abierto.

Dicho planteamiento era correcto si la guerra se hubiera realizado antes de 1762, pues así era la situación de la armada; no obstante con la llegada al trono de Catalina II la situación era muy distinta: contaba con oficiales con experiencia en combate y potentes buques de línea. Lo que debería haber sido una campaña rápida y fácil se convirtió en una larga y cara guerra de desgaste.

La flota sueca fue derrotada por los almirantes Samuel Greig en Hongland y en Öland por Chichagov. Von Nassau se distinguió en combate, pero recriminó a su superior, el almirante Vasili Chichagov, por su actitud defensiva ya que de lo contrario hubiese sido posible capturar el buque insignia donde está el mismísimo rey sueco y el príncipe heredero; lo cual hubiese representado un golpe fatal al enemigo.

Más tarde el “rey de los aventureros” con su flota derrotó a los suecos en la batalla de Svensksund el 15 de agosto de 1789. Por su victoria contra los suecos Nassau recibió el sable de oro al valor con diamantes y la orden de san Andrés. Sin duda su momento álgido y ello le motivó a intentar destruir lo que quedaba de la maltrecha flota sueca; que dado a su estado no sería un gran problema; además con la presencia de Gustavo III, Nassau creía que no se involucraría directamente, cosa que restaría efectivos para el combate.

Segunda batalla de Svensksund
Segunda batalla de Svensksund. Pintura de Johan Tietrich Schoultz. Esta batalla puso punto y final a la guerra de Rusia y Suecia.

Pero el príncipe “invulnerable”  erró con sus cálculos, pues el soberano sueco era tan osado como él mismo. Lo que se iba a convertir en el broche dorado de su carrera, se convirtió en su mayor fracaso y de propina la peor derrota naval rusa hasta 1905.

Nos referimos a la segunda batalla de Svensksund, del 9 de julio de 1790, en la que el propio rey sueco Gustavo III llevó a su flota a la victoria, dando así finalizada la guerra ruso-sueca.

Tras el combate fue forzado a dimitir, siendo ascendido al rango de almirante; digamos que se trataba de un “regalito de despedida” para hacer un poco más dulce su destitución y paso a la reserva.

Viendo truncada su carrera como almirante, presentó un ambicioso proyecto para trasladar tropas rusas y atacar la India, quien por entonces era una de las colonias británicas más importantes. El plan consistiría en entrar al país como libertadores no conquistadores y restaurar el poder autóctono. Si bien Catalina estuvo seriamente interesada en la operación, las mejoras entre las relaciones anglo-rusas, la falta de resistencia de las tropas respecto al hipotético recorrido y la desaparición de parte de los fondos para la campaña propiciaron que la idea nunca se materializase.

Al servicio de Prusia  

Pero lejos de retirarse de los campos de batalla, ofreció sus servicios a las fuerzas combinadas que luchaban para restaurar la monarquía en la Francia revolucionaria. Uno de los motivos que propiciaron tal decisión vino por la invasión francesa de Siegen, las tierras de sus ancestros. Por ello solicitó un permiso, que evidentemente fue concedido, ya que así le permitiría poder viajar a Prusia, otro antiguo enemigo de la tierra de los zares.

Al llegar a Koblenz se gastó una gran fortuna para poder pagar alimentos y todo tipo de suministros a las tropas realistas y refugiados que se habían congregado, incluso vendió muchos de los regalos que había obtenido durante su servicio en la marina imperial, incluido su preciado sable de oro con diamantes; en palabras de un embajador ruso: “él decidió perder todo lo que había hecho en Rusia”.

Tal hecho le valió el reconocimiento del rey prusiano Federico Guillermo II, quien lo incorporó en su séquito; cosa que le permitió cumplir con las ordenes de Catalina de: “vigilar al ejército prusiano” durante la Tercera partición de Polonia como agente secreto. Pero sus informes no eran muy fiables a causa de la eficiencia del estado mayor germano y al poco tiempo se le acusó de enviar información a los rusos, por lo que fue echado.

Tras haber ignorado diversos avisos de regresar al país, Nassau también fue despedido de la armada rusa. Entonces se retiró a Venecia, residiendo en el Palazzo Loredan; aunque aquel estilo vida resultó demasiado aburrido para su incansable espíritu  aventurero, por este motivo solicitó un puesto en la armada española, pero se le negó.

Habiendo incumplido su contrato de alquiler en el Palazzo, decidió mudarse a Viena donde intentó ofrecer sus servicios en la corte; pero como no fue recibido de la forma que esperaba y regresó a Rusia donde se encontró con una fría e insatisfecha Catalina. No obstante Nassau aún se presentaría en el funeral de la zarina para “admirar a aquella gran mujer”.

En 1802 con la firma de la paz de Amiens, el príncipe creyendo que se le habría una gran oportunidad viajó a París por primera vez en muchos años e intentó entrevistarse con uno de los mariscales del gran corso con la esperanza que Napoleón le concediera un puesto en su inmensa Grande Armée. Pero el futuro emperador francés estaba más preocupado en preparar sus planes de invasión de las islas británica y no tenía interés alguno en Nassau.

Desanimado, regresó a sus fincas de Crimea donde el a veces calificado “rey de los aventureros”  falleció el 10 de abril de 1808.

Medallas y premios de von Nassau
Los premios del “rey de los aventureros”. Primera fila de izquierda a derecha: Gran cordón de las órdenes de San Andrés, Alexander Nevsky y San Estanislao. Segunda fila: La orden de san Jorge II grado, el Gran cordón de la Águila blanca y el sable de oro al valor con diamantes.

Por Joan Comas

Joan Comas es colaborador de Todo a babor.

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