Segunda expedición de Cevallos. 1777

Por Santiago Gómez

Esta entrada pertenece a la sección de Guerras contra Portugal en la cuenca del Río de la Plata:

Introducción

Con el tratado de París no llegó la paz definitiva con los portugueses. Altaneros por sus logros conseguidos, y siempre apoyados por los británicos, comienzan a partir de 1767 a realizar varios ataques contra intereses españoles en Río de la Plata, auspiciados por su ministro Pombal. Aprovechando la expulsión de los jesuitas, ocupó las misiones de los indios en Uruguay y Paraguay, ocupando también la población de San Pedro de Río Grande en 1775.

En las tierras de las misiones, no sólo robaron ganado a los indios, sino que los portugueses llegaron a esclavizar a más de siete mil familias, ante la dejadez de los administradores españoles.

Los principales enfrentamientos se produjeron en las tierras de Río Grande, ocupadas por las tropas de Cevallos en la anterior guerra. Los portugueses concentraron gran cantidad de tropas desde 1774 para desalojar a los españoles, mandados por el teniente general Joao Henrique Böhm. Los españoles contaban en la zona de unos 1.450 hombres, dispersos en las plazas de Santa Tecla, San Miguel, Santa Teresa y Río Grande.

En esta última plaza contaban los españoles con cuatro baterías, la de Santa Bárbara, Trinidad y la del Puntal con no más de 4 cañones cada una, y la fortaleza de la Barra, con siete cañones. A las tropas portugueses hay que añadir una flotilla al mando del capitán Jorge Hardcastle, compuesta por dos corbetas, dos bergantines y dos zumacas.

El 15 de enero de 1776 llegan refuerzos españoles a Río Grande a bordo de las corbetas Nuestra Señora de AtochaNuestra Señora de los Dolores y tres saetías. La primera embarrancó y las otras tres fondearon entre los fuertes de Santa Bárbara y Trinidad. Aun con estos refuerzos, la inferioridad española era manifiesta (1).

A pesar de todas las manifestaciones de fuerza por parte portuguesa, las dos naciones estaban en paz, aun así hubo momentos de tensión, como el ocurrido a primeros de 1776.

A primeros de febrero de 1776 apareció en la costa de Río Grande una escuadra portuguesa al mando del almirante británico (irlandés) Robert MacDouall, compuesta por el navío de 62 cañones Sao Antonio, dos fragatas, de 30 y 24 cañones, dos paquebotes de 18, un bergantín de 18, una balandra de 14 y tres zumacas de 16 cañones, que se sumaron a las fuerzas navales del capitán Hardcastle, que en ese momento eran de dos corbetas, un bergantín y dos zumacas.

El 19 de febrero de 1776, atravesando el paralelo de la Punta de San Pedro se dirigieron río arriba con claras intenciones de atacar a la flotilla española. A las ocho de la mañana, fondearon dentro de la Barra. Días antes habían desembarcado la artillería que llevaban en sus bodegas. Las baterías españolas de la Barra y Santa Bárbara comenzaron a disparar a las tres de la tarde contra la escuadra portuguesa, respondiendo con valor la balandra portuguesa, uniéndose más tarde al cañoneo una zumaca, un paquebote y las fragatas.

El fuego de las baterías fue tan bien dirigido que obligó a los portugueses a alejarse, hundiendo una zumaca frente a la batería de Santa Bárbara y varando un paquebote en la Punta de San Pedro.

La flotilla española, bajo la protección de las baterías costeras, estaba al mando del capitán de fragata D. Francisco Javier Morales y contaba con la corbeta Nuestra Señora de los Dolores, al mando del alférez de navío D. José Emparán, los bergantines Santiago, al mando de Morales, y Nuestra Señora de la Pastoriza, teniente de fragata D. Juan José de Iturriaga, y las saetías San Francisco de Asís, teniente de navío D. Felipe López Carrizosa, y la Misericordia, al mando de D. Francisco Idiaquez de Borja.

La escuadra portuguesa, a pesar del duro castigo que recibían, intentaron tomar al abordaje a las naves españolas. Contra la saetía del teniente Carrizosa se pusieron a su costado la balandra y un paquebote portugués, siendo rechazados, pero pierde al alférez de navío D. Francisco Butrón, segundo en el mando, y heridos un cabo y cuatro marineros.

También contribuyeron los cañones de la corbeta Dolores, que tuvo un cabo y dos marineros heridos. La saetía Misericordia fue atacada a la vez por cuatro naves enemigas, entre ellas una fragata, y maniobró de modo que no se viera rodeada, consiguiendo rechazar a los cuatro.

Entonces, las dos fragatas portuguesas intentan abordar al Santiago, recibiendo apoyo de otras naves ante el vivo fuego del bergantín español, que es auxiliado por el bergantín Pastoriza, cuya tripulación protagonizó momentos de gran valor. Durante el combate, muere su comandante Iturriaga, otros ocho hombres y caen heridos dieciséis marineros.

En el momento en que los portugueses tratan de abordarla, el Santiago se atraviesa entre ellos. Aumentó tanto la moral de la tripulación que intentan tomar la fragata portuguesa, matando a su comandante y al segundo. Viendo la situación tan apurada de la fragata, un oficial de otro barco portugués pasó a la fragata y tomó el mando, consiguiendo retirarse del combate, aunque con muchos daños.

Durante las tres horas que duró el combate, las tripulaciones españolas tuvieron dieciséis muertos, entre ellos los dos oficiales, y veinticuatro heridos (2).

Las bajas portuguesas debieron ser muchas más. Mientras ocurría este combate se vieron varias lanchas portuguesas llenas de tropas que intentar tomar el islote de Landino, en la desembocadura del río. Una embarcación española, armada con dos cañones de a 16, dos de 3 y algunos pedreros se acerca al islote para detener a los portugueses, que dan media vuelta al haberse visto sorprendidos.

Retrato de Pedro de Cevallos
Retrato de Pedro de Cevallos. “Historia Argentina”. Autor: Diego Abad de Santillán.

Las provocaciones portuguesas continuaron hasta que las tropas al mando de D. Juan José Vertiz se rindieron ante los portugueses, recuperando éstos toda la zona de Río Grande y el resto de las plazas.

Esta agresión portuguesa era mucho más de lo que Carlos III podía soportar y decide enviar una expedición de castigo y represalia contra la Colonia de Sacramento.

Era el momento oportuno, los británicos estaban ocupados en la guerra con los colonos norteamericanos y no podrían auxiliar a Portugal. Carlos III crea el virreinato del Río de la Plata en 1776, y elige al capitán general D. Pedro Antonio de Cevallos Cortés y Calderón como su primer virrey, poniéndolo al frente de la expedición (3).

Mucho antes de zarpar esta expedición, el 3 de agosto de 1774 zarpa de Cádiz una escuadra al mando del capitán de navío D. Martín Lastarría, que izaba su insignia en el navío de 70 cañones Santo Domingo.

Iba acompañado de las fragatas Nuestra Señora de la AsunciónSanta María Magdalena y Santa Rosalía, capitán de fragata D. Diego de Cañas, urcas Santa Florentina y Anónima.

Su destino era Veracruz, pero al abrir las órdenes reservadas, el nuevo destino era Montevideo, donde debían trasladar a los dos batallones del Regimiento de Infantería “Galicia”, tropas que eran muy necesarias para frenar a los portugueses. Llegan a Montevideo el 10 de noviembre (4).

Esta escuadra se mantuvo entretenida en el bloqueo de la Colonia de Sacramento.

Preparativos de la expedición

El 9 de agosto de 1776 salió de Madrid el general D. Pedro Cevallos y llegó a Cádiz una semana después para hacerse cargo de todos los preparativos de la expedición, donde le ocupó hasta el final de septiembre. Quedó todo listo por parte del Ejército, a la espera de que los oficiales de la Armada terminaran el alistamiento de los buques de guerra y las embarcaciones del convoy.

Era primordial no perder la estación del verano, que en los mares del sur es entre diciembre y marzo, ya que por el otoño austral, que comienza en el mes de mayo, llegarían los vientos del sudoeste, muy violentos. No se puede perder de vista este aspecto de la campaña, pues dará lugar a varios enfrentamientos entre el Ejército y la Armada.

Las tropas seleccionadas por Cevallos correspondían a once Regimientos, con un total de casi 9.000 hombres (5). Estos eran, de infantería, el “Saboya” (2º batallón, al mando del teniente coronel D. Antonio de Olaguer Feliz), “Zamora” (2 batallones, brigadier D. José de Avellaneda y teniente coronel D. Bernardo Salgado), “Córdoba” (2 batallones, coronel D. José de Sotomayor y teniente coronel D. Diego de la Peña), “Guadalajara” (1 batallón, teniente coronel D. Nicolás de Morales), “Sevilla” (2º batallón, teniente coronel conde de Argelejos), “Toledo” (1 batallón teniente coronel D. Sebastián de Palomar), “Hibernia” (1 batallón, brigadier D. Guillermo Waugham), “Princesa” (2º batallón, teniente coronel D. Juan Roca), “Voluntarios de Cataluña” (1 batallón, coronel D. Benito Panigo), “Murcia”, (1 batallón, teniente coronel D. Gaspar Bracho y Bustamente), un Regimiento de Dragones al mando del coronel D. Plácido Graell y varias compañías y destacamentos de granaderos, sanidad, intendencia, etc.

La mayoría de las tropas llegaron a Cádiz por tierra, otras llegaron a bordo de buques de la Armada, los navíos San José y Poderoso entraron en Cádiz el 31 de julio procedentes de Cartagena con tropas y material de artillería, al igual que las fragatas Santa Clara, llegada de El Ferrol, y Santa Margarita.

A primeros de agosto entró el Septentrión, también procedente de Cartagena con más pertrechos y el navío Princesa, procedente de Orán, el 5 de agosto, con tropas del regimiento de infantería ligera de Cataluña, y otras lo hicieron a bordo de buques mercantes requisados.

Composición de la escuadra

Estaba compuesta por seis navíos, seis fragatas, un chambequín, tres paquebotes, un bergantín, una urca, dos bombardas, una saetía armada y dos brulotes (6), al mando del teniente general D. Francisco Javier Everardo Tilly y García de Paredes, marqués de Casa Tilly. El convoy eran de casi cien embarcaciones mercantes (7), algunas armadas en guerra.

  • Navío Poderoso. 70 cañones. Buque insignia de la escuadra, llevaba la Plana Mayor del Ejército y  de la Armada. Al mando del brigadier D. Juan de Lángara y Huarte, era su segundo el capitán de fragata D. Antonio Chacón. Llevaba de transporte un oficial y 37 soldados del Regimiento de Infantería “Saboya”, además de numerosos pertrechos.
  • Navío América (a) Santiago la América. 64 cañones. Comandante el brigadier D. Antonio Osorno y Herrera y su segundo el capitán de fragata D. Felipe López. Un oficial y 62 soldados del Regimiento de Infantería “Sevilla”.
  • Navío San José. 70 cañones. Era su comandante el brigadier D. Francisco Bances y su segundo en el mando el capitán de fragata D. Francisco Torres. Llevaba a bordo a 3 oficiales y 72 soldados del regimiento de Infantería “Córdoba”.
  • Navío San Dámaso. 70 cañones. Comandante el capitán de navío D. Francisco de Borja y su segundo el capitán de fragata D. Antonio Pascual. Llevaba de transporte a 3 oficiales y 63 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”, además de pertrechos.
  • Navío Septentrión. 70 cañones. Comandante, el capitán de navío D. Antonio Osorno y Funes, y el capitán de fragata D. Francisco Velázquez era su segundo. Transportaba a 3 oficiales y 72 soldados del Regimiento de Infantería “Hibernia”.
  • Navío Monarca. 70 cañones. Insignia del jefe de escuadra D. Adrián Caudrón de Cantein, siendo su comandante el capitán de navío D. Pedro Trujillo y su segundo en el mando el capitán de fragata D. Domingo de Navas. Embarcó a 3 oficiales y 72 soldados del Regimiento de Infantería “Toledo”.
  • Fragata Santa Rosa. 22 cañones. Comandante, el capitán de fragata D. José Cautelar (Castejón), siendo su segundo el teniente de fragata D. Domingo Grandallana. Embarcó a un cabo y ocho soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.
  • Fragata Santa Margarita. Comandante el capitán de fragata D. Edmundo Linch y su segundo el teniente de navío D. Marcos Fonguión. Llevaba un oficial y 37 soldados del Regimiento de Infantería “Córdoba”.
  • Fragata Santa Teresa. 30 cañones. Comandante el capitán de fragata D. Basco Morales. Se segundo el teniente de navío D. José Aramburu. Embarcados dos oficiales y 31 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.
  • Fragata Venus. Comandante el capitán de fragata D. Gabriel Guerra, su segundo el teniente de navío D. Francisco Collantes. Lleva dos oficiales y 32 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.
  • Fragata Liebre. Comandante el capitán de fragata D. Miguel Maestre, su segundo el teniente de navío D. Pablo de la Cosa. Embarcados un oficial y 35 soldados del Regimiento de Infantería “Córdoba”.
  • Fragata Santa Clara. Comandante el capitán de fragata D. Pedro de Cárdenas y su segundo el teniente de fragata D. Manuel Posadas. Lleva dos oficiales y 35 soldados del Regimiento de Infantería “Saboya”.
  • Chambequín Andaluz. Al mando del teniente de navío D. Benito de Lira. Su segundo el teniente de navío D. Isidoro Postigo. Lleva un oficial y 22 soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.
  • Paquebote Guarnizo. 14 cañones. Al mando del teniente de navío D. Sebastián de Apodaca. Llevaba de transporte a un cabo y siete soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.
  • Paquebote Marte. 18 cañones. Al mando del teniente de navío D. Antonio de Córdoba y su segundo el teniente de fragata D. Alfonso Alburquerque. Lleva a bordo un cabo y siete soldados del Regimiento de Infantería “Zamora”.
  • Paquebote Júpiter. 20 cañones. Comandante el teniente de navío D. Nicolás Estrada, su segundo el teniente de fragata D. Vicente Emparán.
  • Urca Santa Florentina. Capitán de fragata D. Francisco Javier García.
  • Bergantín Hoop, comandante el alférez de navío D. Andrés de Ramos. Saetía armada en guerra Santa Ana, comandante el alférez de navío D. José Justo Salcedo. Bombardas Santa Eulalia, armada con 8 cañones y al mando del teniente de fragata D. Julián de Retamosa, y Santa Casilda, armada de 8 cañones y al mando del teniente de fragata D. José Angeler y su segundo el alférez de navío D. José Zamora.

La tropa embarcó los dos primeros días de noviembre, pero no zarpó de Cádiz hasta el día 13 de noviembre. Siete días después de zarpar se encontraban al sur de las islas Canarias y una semana después a la altura de Cabo Verde, con la escuadra y convoy unidos y navegando sin novedad.

A partir de entonces comenzaron a dispersarse, treinta y seis naves faltaban en la escuadra el 11 de diciembre, entre ellas los navíos SeptentriónSan Dámaso y San José, la fragata Venus y el bergantín Hoop, por lo que se comenzó a navegar muy lentamente en espera de reunir a todas las embarcaciones. El último punto de reunión era la isla Ascensión, a la que se llegó el 17 de enero.

El día 30 prosiguió la navegación por el gran retraso que se acumulaba, aunque no habían aparecido la mayoría de los buques dispersos, quedándose en aquella isla la saetía Santa Ana para recoger el resto de embarcaciones. El 6 de febrero se destaca a la fragata Santa Margarita y al chambequín Andaluz en persecución de dos velas avistadas, que se apresaron al día siguiente, apareciendo el 9 de febrero la fragata llevando a remolque un paquebote y el Andaluz una saetía portuguesa, ambos mercantes y con correspondencia para Lisboa.

El 7 de febrero se avistó otra embarcación, siendo apresada por la fragata Santa Teresa, tratándose en este caso de una fragata armada con ocho cañones que había zarpado de Río de Janeiro con correspondencia para Lisboa, llamada Lucía Fortunata.

Con estos correos capturados se supo todo lo necesario sobre la isla Santa Catalina, número de tropas, su distribución, armas, víveres y sobre todo, la fuerza y destino de la escuadra portuguesa, la cual no había variado con respecto al año anterior (8) y se encontraba en la ensenada de Garupas, a 7 leguas al norte de Santa Catalina, con la intención de caer sobre la escuadra española en cuanto se acercaran para realizar el desembarco, estando al mando de un británico, Robert McDouall.

Con estas noticias, Cevallos ordena dirigirse a la ensenada de Garupas para destruirla. La mañana del 18 de febrero la escuadra española descubre a las naves portugueses, eran doce buques de guerra. El jefe de la escuadra portuguesa, viendo que las fuerzas enemigas eran superiores, se hace a la vela y, con viento favorable huye, aunque se mantuvieron a la vista y con el barlovento a su favor.

Contaba MacDouall con los cuatro navíos, 4 fragatas y otros 3 navíos mercantes armados con 25 cañones. Al día siguiente, calmó el viento y la escuadra española ganó el barlovento, preparándose para el combate, pero el viento era tan flojo que nos les permitía maniobrar. Por la tarde, con algo más de viento la escuadra portuguesa viró y puso proa al norte, perdiéndose de vista al anochecer.

Plano de Santa Catalina
Plano de Santa Catalina

Pocos días después de iniciada la navegación comenzaron serias disputas entre el Ejército y la Armada. Su colaboración para el éxito de la expedición era fundamental y en varias ocasiones estuvo a punto de fracasar por varias disputas.

La primera fue por el retraso en la navegación, se echó la culpa de la dispersión por varias órdenes desafortunadas del teniente general marqués de Casa Tilly. El comandante de la escuadra era de la opinión de arribar a Río de la Plata y no intentar un arriesgado desembarco en la isla Santa Catalina. No se puede olvidar que el objetivo de la expedición era la Colonia de Sacramento y fue durante la navegación cuando el general D. Pedro Martín Cermeño convenció a Cevallos de cambiar el objetivo, a lo cual se oponía la Armada, empeorando así las ya deterioradas relaciones.

Justo un mes después de iniciada la navegación la escuadra del marqués de Casa Tilly, zarpa de Cádiz otra escuadra con pertrechos rumbo a Montevideo, compuesta por los navío San Agustín, capitán de navío D. José Teachaín, y Serio, capitán de navío D. Francisco Javier Morales de los Ríos, y la fragata Santa Gertrudis, al mando del capitán de la misma clase D. Luis Ramírez.

Sin ser molestados por la escuadra portuguesa, la escuadra española se encontraba el 20 de febrero en el puerto de Santa Catalina, a la vista de las fortalezas de Punta-Grosa, Ratónes y Santa Cruz y a las dos de la tarde fondeó la escuadra fuera del alcance de los cañones portugueses. En ese momento, el general Cevallos y su Estado Mayor embarcaron en la fragata Santa Margarita, y con ella reconocieron la costa y el castillo de Punta-Grosa, valorando el mejor punto para el desembarco.

Nuevos sondeos y reconocimientos se realizaron al día siguiente, durante el cual el chambequín Andaluz fue cañoneado desde el castillo de Santa Cruz. La noche del 22 al 23 de febrero, desembarcaron las tropas en la playa de San Francisco de Paula, sin oposición enemiga, acampando fuera del alcance de los cañones de Punta-Grosa.

Viendo los preparativos del Ejército y que el navío Septentrión se acercaba con las bombardas para batir la fortaleza, los portugueses abandonaron precipitadamente sus defensas. Consternados por el abandono de Punta-Grosa, los defensores de las fortalezas de Santa Cruz y Ratónes, viendo al Ejército de Cevallos formado ante ellos, abandonaron también sus posiciones, sin detenerse a deteriorar los cañones y otro armamento, que pasaron a manos españolas sin daño alguno (9)

Por si la respuesta no era favorable se habían acercado para bombardear el castillo de Ratónes el navío Septentrión, la fragata Liebre y las dos bombardas. Ese mismo día 23 son enviadas las fragatas Santa Margarita y Santa Clara, el chambequín Andaluz y los paquebotes Marte y Guarnizo para tomar el castillo de Concepción, que se encuentra al otro lado de la isla, siendo capturados, además del castillo, tres zumacas.

Sin hacer un disparo, las tropas españolas eran dueñas de la isla el mismo día 23 de febrero (10), mientras la mayor parte de los cuatro mil soldados portugueses que guarnecían la isla cruzaron en pequeñas naves al continente (11). Como comandante general de la isla quedó el brigadier D. Guillermo Waugham, y como gobernador de la plaza el teniente coronel D. Juan Roca.

Para dar noticias de la conquista zarpa de Santa Catalina el 29 de marzo el paquebote Nuestra Señora de los Dolores y llega a Cádiz el 6 de julio. A la vez zarpa el bergantín San Joaquín y Santa Ana con las mismas noticias y la salida de la escuadra para su próximo objetivo, Río Grande.

El 20 de marzo embarcó el general Cevallos en el navío Poderoso y el ejército en 83 embarcaciones de la escuadra para su siguiente objetivo, San Pedro de Río Grande. Por los vientos contrarios, la escuadra no zarpó hasta el 30 de marzo, con la orden de dirigirse a Montevideo en caso de separación. Al día siguiente se encontraron con un temporal que dispersó la escuadra.

El navío Poderoso hacía tanta agua que se pensó en que debía regresar a Santa Catalina, aunque finalmente llegó a Maldonado el 18 de abril. Transbordó Cevallos a la fragata Venus, con la que llegó a Montevideo dos días después. Deseaba Cevallos emprender cuanto antes la marcha hacia Río Grande, pero le faltaba muchas tropas que se encontraban en los buques desperdigados, por lo que hubo de cambiar los planes.

Despachó un oficial para informar al mariscal de campo D. Juan José Vertiz que debía parar la marcha de su ejército hacia Río Grande hasta nueva orden  (12). Sin perder tiempo, decide marchar hacia Colonia de Sacramento, mientras se reunía el resto del convoy. Para ello quedaron a su mando cuatro fragatas y otras unidades menores más propias de las aguas del Río de la Plata, enviando el resto de la escuadra a las costas del Brasil para buscar y destruir a la escuadra portuguesa.

Antes de eso, y para que las tropas de Vertiz estuvieran aseguradas, mandó que se retiraran a Santa Teresa y se reunieran con ellas varias compañías de infantería y 350 dragones al mando del coronel D. Plácido Graell.

Un primer convoy de 18 velas con rumbo a Colonia zarpó el 19 de mayo de Montevideo con ocho compañías de granaderos y cuatro de cazadores, con toda la artillería. El día 20 se embarcaron los batallones de infantería en la fragata Santa Rosalía, el chambequín Andaluz, los paquebotes JúpiterGuarnizo y Marte y otras 14 naves mercantes.

Los días 22 y 23 desembarcaron a la vista de la Colonia. A finales de mes se abrieron trincheras y se apostaron las baterías listas para el asalto (13). El gobernador portugués ofreció a Cevallos una capitulación el 1º de junio, siendo rechazada por el general español, que sólo deseaba una rendición incondicional, como así se hizo el 3 de junio, entrando las tropas españolas en la Colonia el día 5.

Como había sucedido en la isla Santa Catalina, todas las armas que cayeron en poder de las tropas españolas estaban intactas, 137 cañones, 3 morteros, 779 barriles de pólvora, 2.306 fusiles e innumerable material militar de todo tipo.

Navío Septentrión
Navío Septentrión. Modelo del Museo Naval de Cartagena

Mientras tanto, la escuadra portuguesa al mando de McDouall, zarpa de Río de Janeiro el 1 de abril de 1777 para patrullar y romper, si era posible, las líneas de suministros españolas entre la isla Santa Catalina y Río de la Plata. El 9 de abril avistan al navío San Agustín, que se encontraba navegando en solitario.

Este navío había zarpado de Montevideo el 26 de marzo, con el navío Serio, para escoltar a siete mercantes que llevaban víveres y pertrechos a la escuadra española en Santa Catalina, sufriendo un temporal que dispersó las naves. Cerca ya de la isla Santa Catalina, el San Agustín, creyendo que las embarcaciones eran españolas navega sin precauciones hasta que es demasiado tarde, siendo perseguido durante toda la noche, y al amanecer aperece rodeado por los nueve buques de la escuadra enemiga.

Atacado por el navío Prazeres y la fragata Pilar, al mando de los capitanes José de Melo y Arthur Phillip, el navío español se rinde después de una corta lucha y es llevado a Río de Janeiro (14). Incorporado a la escuadra portuguesa como Santo Augustinho es puesto al mando del capitán Phillip. Para colmo de males, la noche del 26 de julio naufragó la fragata Santa Clara (15) en el Río de la Plata, en la zona conocida como Banco Inglés, donde murieron noventa y dos hombres de la tripulación.

En el marco de las operaciones contra Portugal, se pusieron al mando del jefe de escuadra D. Miguel Gastón los navíos VelascoSan Francisco de PaulaSan Eugenio y Oriente, con las fragatas Santa Catalina y Santa Gertrudis (16). La escuadra de Gastón zarpa de Cádiz, se dirige a la costa portuguesa y aparece ante el puerto de Lisboa, donde muestra su pabellón.

El marqués de Pombal, disimulando su inquietud, agasajó a la oficialidad española (17). Parten hacia las islas Canarias, donde debían realizar misiones de vigilancia y detener a toda embarcación portuguesa.

 Tomada la Colonia de Sacramento, inicia D. Pedro de Cevallos su marcha por tierra y mar hacia la zona de Río Grande de San Pedro para apoyar al ejército de Vertiz que luchaba contra el ejército portugués de unos seis mil hombres (18) desde el inicio de la campaña.

El 23 de febrero de 1777 muere el rey portugués José I, al que sucede su hija María I, sobrina de Carlos III. La nueva reina reanuda las relaciones diplomáticas con España, nombrando un nuevo embajador. El 1 de octubre de 1777 se firma el Tratado de San Ildefonso, donde por fin Portugal reconoce los derechos de España sobre toda la región.

Al mes siguiente zarpa de Cádiz la fragata Santa Catalina, al mando de D. José Varela y Ulloa, y de El Ferrol la fragata Nuestra Señora de la Soledad, al mando de D. Ramón Topete, con nuevas instrucción para Cevallos y el marqués de Casa Tilly, llegando a Montevideo el 2 y el 15 de febrero de 1778.

Por este tratado, España cede a Portugal la isla de Santa Catalina y otros territorios en Río Grande de San Pedro, pero recobra la Colonia de Sacramento, las misiones del Paraguay y los territorios portugueses del golfo de Guinea.

Al contrario de los que había ocurrido en la anterior guerra en la que España participó en 1762 y 1763, se consiguió la neutralidad portuguesa en la nueva guerra que se avecinaba contra los británicos.

Acabadas las operaciones, comenzó el regreso de las tropas. El 16 de julio de 1778 entró en Cádiz una escuadra procedente de la isla Santa Catalina al mando del jefe de escuadra D. Adrián Caudrón de Cantein, compuesta por los navíos MonarcaSanto DomingoSan Dámaso y América, cargados de tropas y pertrechos.

El general Cevallos regresó a Cádiz el 10 de septiembre a bordo del navío Serio, que había zarpado de Montevideo el 30 de junio con la fragata Santa Margarita, una fragata y una goleta mercantes. La mayoría de las tropas llegaron en pequeños convoyes escoltados por algún buque de guerra, como el caso del chambequín Andaluz, que zarpó de Montevideo el 30 de mayo escoltando un convoy de tropas, o la fragata Asunción, al mando del capitán de navío D. Juan Antonio del Camino, que zarpó del mismo puerto el 16 de mayo con la fragata mercante La Galga.

El 6 de agosto entraron en Cádiz las fragatas Santa Perpetua y Santa Catalina, el paquebote Guarnizo y las fragatas mercantes La Perla e Infanta Carlota, un paquebote y un bergantín. Para el otoño de 1778 se encontraban todas las tropas de regreso en la península.

Notas

  1. Francisco Adolfo de Varnhagen, “Historia General do Brasil”, Tomo II, páginas 222-225.
  2. Carlos Calvo, ob.cit, página 265.
  3. El gobernador Cevallos dejó su mando en la Colonia y ocupó cargos en Italia y España hasta 1775. En 1776, al crear Carlos III, el virreinato de Río de la Plata, es nombrado Cevallos primer virrey el 1 de agosto de ese año. Archivo General de Simancas (AGS), Secretaría del Despacho de Guerra, Buenos Aires, legajo 6833,1. Instrucción reservada que ha de llevar a la expedición D. Pedro de Cevallos, 4 de agosto de 1776.
  4. Carlos Correa Luna, ob.cit., página 317.
  5. Alfonso de Ceballos, “La guerra hispano-portuguesa de 1776-1777 y la conquista de la isla de Santa Catalina, según un manuscrito anónimo coetáneo”, Revista de Historia Naval, año 1995, nº 49.
  6. Baltasar da Silva Lisboa, ob.cit., páginas 91-92. (AGS), legajo 6831,2.
  7. Las embarcaciones mercantes requisadas para la expedición consistían en 34 fragatas, 2 urcas, 12 paquebotes, 10 bergantines, 1 polacra, 1 goleta y 40 saetías. Se encontraban armados los llamados San CristóbalTemor de DiosJasónHérculesPrincesa de AsturiasAstutoToscanoInfanta Carlota y La Limeña.
  8. La escuadra portuguesa destinada entre Río de Janeiro y Colonia de Sacramento en 1775 era de cuatro navíos, 6 fragatas y numerosos buques menores. Al comenzar la guerra, el virrey marqués de Lavradio, ordena a MacDonall concentran su escuadra en la isla de Santa Catalina:
    Navío Santo Antonio e Sao José, 74 cañones.
    Navío Nossa Senhora da Ajuda e Sao Pedro Alcántara, 74 cañones.
    Navío Nossa Senhora da Belém, 74 cañones.
    Navío Nossa Senhora das Prazeres, 64 cañones. Capitán José de Melo y Breyner
    Fragata Nossa Senhora da Nazareth, 44 cañones. Zarpó de Lisboa el 24 de julio de 1774 para Pernambuco.
    Fragata Nossa Senhora da Graça, 44 cañones.
    Fragata Príncipe do Brasil, 36 cañones.
    Fragata Nossa Sehnora da Assunçäo, 34 cañones
    Fragata Nossa Senhora da Gloria, 32 cañones.
    Fragata Nossa Senhora del Pilar, 26 cañones. Capitán Arthur Phillip. Destinada en Colonia.
  9. Se capturó en la isla 195 cañones de bronce y hierro de varios calibres, 809 barriles de pólvora y 4.000 fusiles. Baltasar da Silva Lisboa, ob.cit., página 250. La guarnición portuguesa de la isla contaba con 3.819 hombres, acabando todos prisioneros.
  10. Archivo General de Indias, Estado, 84,N.8
  11. Antonio Ferrer del Río, “Historia del reinado de Carlos III en España”, Tomo II, página 253.
  12. Según las órdenes recibidas había emprendido la marcha desde Montevideo y a sus tropas se incorporarían las de Cevallos.
  13. Las fuerzas españolas en el sitio de Colonia consistían en 3.853 soldados de infantería y artilleros, 38 dragones, 335 milicias de caballería y 337 peones. Se formaron cuatro baterías con un total de 26 cañones y 6 morteros.
  14. Al acabar la guerra y por el tratado de paz de San Ildefonso el San Agustín es devuelto a la Armada española, llegando a Cádiz en 1779.
  15. J. Álvarez Cubos, “Capellanes y testamentos en la Armada del siglo XVIII”, Revista General de Marina, septiembre 1985, página 219.
  16. Alfonso de Ceballos, ob.cit., página 125. Según los tratados vigentes podían entrar en el río Tajo cuatro navíos de guerra españoles y hacerles creer que estaban de arribada y su verdadero destino era una nueva expedición a las costas africadas. Dentro ya de Lisboa, podrían ser reforzados por más buques de guerra.
  17. Antonio Ballesteros y Beretta, “Historia de España y su influencia en la historia universal”, Salvat, 1929, Tomo IV, página 197.
  18. Antonio Ferrer del Río, ob.cit., página 254.