Una jornada corsaria

Por Ignacio Gironés Guillem

(Descripción detallada de una expedición corsaria narrada en el proceso de Amet Beneaum)

“La vida de la galera, déla Dios a quien la quiera”

“Hay tres clases de hombres: los vivos, los muertos y los que van por el mar”

Transcribiendo un proceso inquisitorial sin, teóricamente, ninguna particularidad extraordinaria, me sorprendió la fluidez con la que el procesado, Amet Beneaum, narraba, sin darle la menor importancia, el devenir diario de una expedición corsaria por el Mediterráneo. Fue tal mi sorpresa que dicha información mereció inmediatamente, para mí, dedicarle un pequeño comentario invitando así a mis amigos lectores a participar de tan exquisita información.

Realmente son muchísimos los estudios y trabajos publicados sobre el tema de la piratería corsaria en el mar Mediterráneo durante los siglos XVI y XVII. La información es abundantísima, pero yo no había tenido la oportunidad de contemplar una descripción tan fresca y lozana como la que cuenta el procesado.

Después de publicar los artículos “La flor del Mar” y “Los cautivos mallorquines de la Flor del Mar”, continué buscando más información sobre este momento de la historia moderna de las tierras moriscas, y fue cuando descubrí este documento sobre, en principio, un cristiano nuevo, y lo consideré como un documento transversal donde se trataba de la Inquisición, los moriscos y la piratería.

Una jornada corsaria
Vista de la galera francesa La Réale. Musée national de la Marine, Paris.

El hecho de que la acción se desarrolle en Cerdeña, actualmente isla perteneciente a Italia, no desvía la atención de nuestro objetivo, ya que en aquellos tiempos formaba parte de la corona española y por lo tanto estaba sujeta a la jurisdicción inquisitorial peninsular.

Respecto al protagonista, no todos los moriscos salieron de la península de manera colectiva, voluntaria o forzada. Algunos sufrieron una diáspora particular, como consecuencia de un secuestro. El caso que nos ocupa ahora es también individual, aunque al final no se llega a ninguna conclusión sobre el origen y la biografía del procesado, ya que en las diferentes audiencias que tiene con el santo oficio, va cambiando su declaración y por ello no se sabe si realmente es un moriscos convertido en cristiano, o un cristiano forzado a moro, porque él se encarga de confundir al tribunal con sus declaraciones.

Pero, a pesar de estas indefiniciones, es tan interesante encontrar un texto original, del siglo XVII (1604), que narra con todo detalle las peripecias de un simple mortal, que no me he resistido a reescribirlo aquí para deleite de todos los interesados en la historia de los moriscos.

Es la descripción de una jornada náutica la que encontramos dentro de uno de los miles de procesos inquisitoriales que se efectuaron contra todo tipo de disidencia en los territorios de la corona hispánica. En este caso, se trata de una acusación por apostasía del cristianismo.

Empezaremos, por tanto por la reproducción de las palabras de Amet, cuando relata la ruta que recorrió la galera corsaria y que constituyen una parte de su declaración en el proceso. Luego, después de intentar trazar un pequeño mapa de su itinerario, veremos quién fue este corsario y con quien trabajó, para descubrir, incluso, que esta manera de describir un itinerario corsario también se encuentra en la crónica que refiere la hazaña de su capitán, Morato Arraez, en el asalto a la isla de Lanzarote, por lo que es de suponer que esta manera de narrarlo la podría haber aprendido, nuestro pirata, en el tiempo que sirvió en las galera del Rais argelino.

Debemos tener en consideración la presión que estaba sufriendo el reo y el catalogo de mentiras y contradicciones que el mismo declararía para tener una responsable reserva sobre sus declaraciones. Ahora bien, la espontaneidad y el detalle con que narra el viaje hacen suponer que algo de verdad debe tener.

Galera de la Orden de Malta
Galera de la Orden de Malta

De esta manera, cuenta Amet que, “a la edad de veinte años, con ocasión de la muerte de su padre, tuvo que buscarse la vida estando un par de años hasta que consiguió plaza de soldado en una de las cuatro galeras de Morato Arrais” – en otra ocasión de su discurso dice que fue como chusma al remo, no dejando muy claro su oficio verdadero en el barco.

Dice que:

con tal capitán fue al corso y fueron en este primer viaje a Ibiza, donde no pudieron tomar puerto, lo que les hizo desplazarse hasta Barcelona donde, en un rincón despoblado, estuvieron hasta media noche, de donde partieron y fueron a la playa de Valencia, donde aportaron en un puerto despoblado de la dicha playa, donde solamente comieron y luego partieron y se fueron a la isla de Mallorca, donde estuvieron, en puerto despoblado, dos días y dos noches, de donde luego se fueron, porque los descubrieron, y fueron a Menorca y delante de ella tomaron una saetía cargada de queso que había en ella y a sus tripulantes los pusieron a la cadena y enviaron la saetía con diez turcos a Argel.

Luego rodearon dicha isla y se fueron a Tolón, en Francia, en cuyo puerto estuvieron un día y luego se fueron a Marsella, donde estuvieron dos meses, porque no pudieron salir del puerto a causa de que les estaban aguardando fuera las galeras de Malta.

Y una noche, a la media noche, se determinó Morat Arrais y desarboló sus galeras y salió a boga arrancada del puerto y pasó por entre las galeras de Malta que eran diez o doce, las cuales fueron en su seguimiento y les tiraron algunos cañonazos y no los pudieron alcanzar.

Y así se fueron de vuelta a Sicilia, donde estuvieron, en un puerto despoblado, tres días con sus noches y, aunque echaron turcos a tierra, no pudieron hacer ninguna presa. Solo mataron dos o tres bueyes y los entraron a la galera.

Después se fueron a Cataluña y, en una parte de la costa, cautivaron a siete hombres, pastores.

Y después de esto, al cabo de dos días y una noche, se fueron la vuelta de Argel, pasando por la playa romana y fueron a Túnez, donde estuvieron un día. Y luego se fueron la vuelta de Alger y al cabo de cuatro días llegaron a Alger y se entretuvieron en este viaje cuatro meses, antes más que menos.

Generalmente se solía salir a la mar en la primavera ya que por los peligrosos temporales y tormentas, los navíos mercantes se retiraban a invernar y se reducía tanto el tráfico marítimo que no merecía la pena arriesgarse a zozobrar en espera de algún encuentro. Vista esta costumbre, también las galeras reales que vigilaban el Mediterráneo solían invernar dando así permiso a la tripulación para poder bajar a tierras y ver a sus familias, si el puerto de parada caía cerca de sus pueblos.

En alguna ocasión, en estos viajes sobre una galera, el declarante bogaba, sin especificar la causa sino que cuenta que un compañero que estaba en esta expedición, hacia de soldado, mientras el estaba al remo, suponemos que como buena boya.

Resulta muy interesante esta descripción de un itinerario de corso berberisco y de como las galeras cristianas los acosaban.

Mapa de la actividad corsaria
Argel, Ibiza, Barcelona, playa de Valencia, Mallorca, Menorca, Tolón, Marsella, Sicilia, Cataluña, playa romana, Túnez, Argel.

En su descripción se relata perfectamente como “mareaban” cualquier rincón del mar Mediterráneo, apoyándose en un sistema de “cabotaje” que les permitía reabastecerse de los víveres necesarios que se habían agotado, así como el papel fundamental de las “aguadas”. Para ello debían tener un minucioso conocimiento de las fuentes y manantiales cerca de las playas.

Otro aspecto también fundamental en este aspecto de localizar buenas zonas para su atraque era la captación de campesinos o pescadores que les pudieran suponer “lenguas” , como así se llamaban a las informaciones que recibían de estos cautivos. Estas lenguas proporcionaban información sobre los movimientos de las escuadras reales para poder estar prevenidos contra ellas. También les era muy útil la información sobre puntos costeros protegidos en sus playas para poder descansar lejos de plazas fuertes que les hostigaban en tierra para impedirles las aguadas o la captación de víveres.

Gracias a los estudios particulares sobre la piratería en el Mediterráneo durante la edad moderna, podemos saber cómo las torres de vigilancia alertaban a las milicias del avistamiento de barcos piratas y montaban persecuciones que impedían su abastecimiento. Por eso los corsarios saltaban de unos puntos a otros. Su ideal era poder hacer noche en una playa, donde incluso los oficiales y altos mandos podían bajar a tierra para dormir sin las oscilaciones del navío. Incluso tenían puertos concertados en los que, por un precio convenido, podían guarecerse ante el acoso de sus perseguidores.

Realmente, si nuestro protagonista formó parte, como dice, de la tripulación de Morato Arraez, de este poseemos una bibliografía lo suficientemente abundante como para poder atribuirle a nuestro personaje una gran experiencia corsaria. Morato andaba por las costas de Mallorca y Denia, aunque cuenta que cuando Amet fue apresado, por segunda vez, navegaba por su cuenta y fue presa fácil para las escuadras cristianas que andaban en persecución de todos los piratas berberiscos.

Si ahora pasamos a estudiar la biografía del procesado, advertiremos, tal vez, que las diferentes declaraciones sobre su origen son, únicamente, una estrategia de Amet para intentar desmontar la acusación de apostasía: unas veces reconoce que el siempre fue moro, nacido en Argelia o Túnez, de padres musulmanes y convertido al cristianismo, como una huida hacia adelante, mientras fue esclavo. Otras veces se presenta como cristiano mallorquín cautivado y llevado a Argelia, donde se hizo moro. En todo el proceso no se consigue determinar la verdad de su origen.

Cuenta que la última vez que le prendieron había salido en una barca con otros moros “y saliendo en tierra en dicha isla de Cerdeña le habían prendido”.

Sobre su persona, un testigo, lo describe como un hombre de hasta cuarenta años, a su parecer; flaco, de mediana estatura, blanco de color y tiene un ojo que, no se acuerda bien si es el derecho o el izquierdo, de forma tal que parece tuerto, aunque no lo es. Otro testigo dice que debe de ser un hombre de treinta años, a su parecer, hombre flaco, de mediana estatura y tiene malos ojos que parece tuerto. Es un hombre que hecha el cuerpo adelante y habla muy bien la lengua mallorquina la cual aprendió el tiempo que estuvo allí cautivo. Estos testigos lo tenían por moro sabio y de buen seso.

Y es que realmente como le habían cautivado por dos veces – es uno de los raros casos en que se ve sufrir a una misma persona dos cautiverios-, se utilizaron las declaraciones de sus conocidos en Mallorca, donde estuvo como esclavo la primera vez, para tratar de aclarar su situación real:

haviendole conocido cierta persona en la ciudad de Alguer (Cerdeña), en un día del año passado de mil seys cientos y dos, le confessó que era verdad que el se havia huido de Mallorca.

Cuentan como se había ido a Berbería, huyendo de Mallorca con otros moros que tomaron una barca y se llevaron dos muchachos que en ese momento había dentro de la barca y junto a ellos terminaron en la ciudad de Túnez.

Aquella primera vez lo habían prendido yendo en un corso navegando por la costa de Berbería. El testigo cuenta:

haviendose partido este testigo de Biserta, con una barca en compañía del dicho Hamete, su mosso y de otros moros para yr a Alger con un poco de mercaderias en el arjafe, les salieron dos bergantines armados de cristianos y los cautivaron y los llevaron a la ciudad de Caller, donde los vendieron y desta manera vino el dicho Hamete a este reino y ciudad de Saçer.

Sin embargo, en su declaración, Amet cuenta que después de llegar a Túnez se volvió a Biserta donde se encontró con un moro que ahora era cristiano y esclavo de don Francisco de Castelvy, el qual estaba comprando “mercaderías”. Y después de haber comprado, se fueron de vuelta a Argel en un barco y antes de llegar les salieron dos bergantines o fragatas de cristianos cuyos patrones eran el uno mallorquín y el otro de Caller y los cautivaron y llevaron a la ciudad de Caller y al cabo de dos meses los vendieron y a este lo compró el capitán Monzón, alcaide de Castillo Aragonés, que a la sazón estaba en Caller y le trajo a esta ciudad y con el cual estuvo tres años, hasta que murió. Y después de muerto su amo, le compró el barón Durante – don Juan Givo, barón de las villas de Ossy y Muros – y le llevó a la villa de Ossy y de allí le llevo a Alguer donde [p24] estuvo con el dicho barón más de un año continuo y más. Y en todo este tiempo no salió, este confesante, del Alguer, ni el dicho su amo, por razón que era “jurado en cabo” de la dicha ciudad, de donde al foinal de dicho tiempo, su amo se fue a Caller y mandó a este confesante a la villa de Ossy para servir a su ama, mujer del dicho barón Durante, señor de la dicha villa, donde estuvo un año.

Por su parte, preguntado como se llama, de donde es natural, que edad y oficio tiene y cuanto hace que vino preso, dijo que se llama Hamete Beneahum, moro de nación, natural de Acasanten y criado en Bono, en Berbería, De edad de cuarenta años y que su oficio era de panadero y que hace que vino preso una semana antes de “carnestolendas próxima pasada”.

Por lo que cuenta de sus aventuras corsarias, parece que pretendió emular al mismísimo Morato Arraez, puesto que también este se había aventurado a abandonar las escuadras que estaban asediando el puerto de Malta, para dedicarse al corso por su cuenta, llegando a ser uno de los piratas mas famosos del Mediterráneo en el siglo XVI y Amet cuenta que intentó salir a la aventura con otros moros llevando una “mercadería” por cuenta propia, cuando fueron asaltados por galeras de Mallorca y Cerdeña.

Si tenemos que hacer caso a su palabra, que se encuentra escrita en el proceso, nos encontramos ante un mentiroso que varía su declaración según va viendo el progreso del juicio.

Continua diciendo que desde que vino a este reino, que hace como unos ocho años – estamos en 1605 y el proceso se inicia en 1602-, estuvo, el primer año, en la ciudad de Caller; los tres siguientes en Castillo Aragonés (Castelsardo) y los cuatro últimos en la ciudad de Saçer, donde lo están juzgando, y en todo este tiempo, en lo exterior, había vivido como turco porque no se supiese que había renegado, porque temía que si se sabía le habían de quemar.

Era preferible declararse musulmán y que no le pudieran acusar de apostata, pero sus conocidos de Mallorca, que lo identificaron y denunciaron en Cerdeña, habían declarado que se bautizó en Mallorca y, por lo tanto, si ahora vivía como moro, era apostata.

Según su declaración, parece que todo el proceso tiene sentido y resulta ser un esclavo musulmán nacido en Casantena y que se crió en Bono – Berbería -, donde fueron a vivir sus padres y en casa de ellos se crió.

Luego ya estando en Argel, después de haberle dado su parte de la presa su capitán Morato Rais, se fue en un bergantín a Biserta, donde estuvo quince días y al cabo de ellos se fue a Túnez, por tierra, y en Túnez estuvo más de un año como mozo del virrey de Túnez.

De pronto, en otra audiencia, declara una nueva versión muy original e interesante, solo que parece que carece de sentido.

Dijo que era cristiano bautizado y que se bautizó en la ciudad de Mallorca, de donde era natural y le pusieron por nombre Pedro y se bautizó en la parroquia de Santa Eulalia (Olaria) de la dicha ciudad de Mallorca y su padre era cristiano, pastor que guardaba ganado de cabras y ovejas y que su padre se llamaba Bartolomeo y que del sobrenombre no se acuerda y que su madre se llamaba María y que no sabe el sobrenombre y que era, así mismo, cristiana.

Argumenta que sabe las oraciones de la iglesia y para demostrarlo, dijo en latín el pater noster, el ave María, el credo y el salve regina, bien dicho. Luego se persignó y santiguó. Puso la mano sobre la cruz sin hacer muestra de dificultad alguna.

Declaró que le cautivaron unos turcos, cuando tenía once años, en un lugar [p26] llamado Andrach, de la isla de Mallorca, porque este, en el momento que fue cautivado, estaba con su padre, que era pastor, guardando las ovejas y en aquel mismo lugar donde las guardaba les acometieron a este y a su padre los corsarios. A su padre le tiraron un escopetazo, del cual murió al cabo de dos días y a este le cautivaron y cuando los llevaban cautivos, le dijo su padre que fuese buen cristiano y no renegase de nuestra santa fe católica aunque le matasen. Y este le prometió hacerlo.

Continua declarando que la persona que le cautivó era Morato Arrais, el cual le llevo a Argel, donde vivió cinco años como cristiano y que en este tiempo no se confesó ni oyó misa, pero rezaba las oraciones que había dicho que sabe y que se encomendaba a Dios. Y en este tiempo no trató con ningún cristiano porque Morat Arays decía que no quería que tratase con ellos. Y pasados los dichos cinco años renegó de nuestra santa fe católica y se hizo turco y se retajó.

Añadió, además, que tenía dos hermanas: la una llamada Juana y la otra Barbara. Esta última era mayor que él y estaba casada con un capitán de una nave pero no sabe cómo se llama y que Juana era muy pequeña cuando la cautivaron los turcos.

De estas nuevas aportaciones no relata como fueron cautivadas y como llegó a conocer sus destinos.

Además de esta nueva versión, se declara hijo de un cristiano renegado de Argel que se llamaba, cuando cristiano, Bartolomé y cuando moro Mustafá y de una turca que se llamaba Meriem, la cual era hija de cristianos renegados, calabreses de nación. Sigue utilizando el mismo nombre de aquel pastor, Bartolome, que según su declaración había muerto al segundo día de la captura. Por lo tanto, debía ser otro cristiano renegado.

En este mismo relato añade que acordó irse de Argel a Biserta con las dos hermanas suyas en una barca y en el viaje le salieron dos bergantines de cristianos mallorquines y tomaron la dicha barca y cautivaron a este reo y a sus hermanas, hará nueve o diez años y los llevaron a la ciudad de Mallorca, donde, a pesar de estar como esclavo, nunca manifestó su condición de cristiano viejo cautivado.

En otro momento había dicho que adquirió el trabajo de criado del rey de Túnez, con el cual estuvo un año viviendo como moro. Y que al cabo del año se quiso ir a Bono en una barca en compañía de otros moros, entre los cuales estaba Agustín, esclavo que era ahora de don Francisco de Castelvy y en el viaje le salieron dos bergantines de Caller y los cautivaron.

Como se ve, todo son contradicciones y falta de rigor en su declaración. Dadas estas diferentes declaraciones, el secretario del tribunal del santo oficio no tiene más remedio que identificarle con el nombre cristiano que llevaba, como esclavo, que era el de Jayme Juan, pero escribe también “alias Pedro y Hamet Beneahum”. Incluso en algún momento se hace referencia al reo como “Pere”, en mallorquín.

Parece que al final consiguió confundir de tal grado a los jueces, que no fueron capaces de uniformar un veredicto. Así, en la parte correspondiente al “voto” de los señores inquisidores, dice que [p53] [votto] en el real castillo de Saçer, el día once de julio de mil seiscientos cinco, se propuso que fuera relajado a la justicia y brazo seglar y en caso necesario fuera puesto a cuestión de tormento.

Don Francisco Manca, ordinario del santo oficio, junto con los doctores Cano Cacho, Juan Jacomonio y Juan Elías Pilo, proponían que este reo fuera presentado en una iglesia, donde sería admitido a reconciliación y se le leería su sentencia y que luego fuera recluido en un convento.

El señor inquisidor Argüello dijo que debería salir en auto publico de fe, se le diesen cien azotes y fuera desterrado a las galeras de su majestad [p54] por tiempo de diez años.

El señor inquisidor Oçio propuso que se le dieran doscientos azotes y luego fuera restituido a su dueño, ya que el hecho de haber salido en corso contra los cristianos, no lo consideraba tan gran delito.

En conclusión, que tras tantas opiniones, el documento no especifica cual fue la sentencia definitiva dada en el real castillo de Saçer, a 8 de agosto de 1605. Posiblemente, la falta de contundencia en la sentencia tenga mucho que ver con la nula información que de este “lengua” había obtenido el señor inquisidor. De hecho, si nos remontamos al año 1575, nos encontramos una carta o informe que el inquisidor de aquel momento había enviado a su majestad sobre las informaciones que se habían descubierto en el trato entre marinos franceses y argelinos. Por esta razón, no es de extrañar que un corsario que había vivido en Marsella, Bono y Biserta, les resultase tan sospechoso de informante que quisieran saber lo que podían obtener en su juicio.

El hecho de que se juzgue a este turco tiene un interés especial ya que puede estar ligado a la información que el inquisidor anterior tenia sobre los proyectos del rey de Argel y lo querían utilizar “como lengua” para saber las intenciones de los berberiscos.

Desde este punto de vista se puede relacionar la estancia de casi dos meses del barco de Amet en Marsella, porque los franceses eran aliados del rey de Argel. Fue ya el inquisidor anterior, Alonso de Lorca, el que había iniciado investigaciones sobre las relaciones entre franceses y turcos, que ahora podían estar continuando los nuevos oficiales del santo oficio.

Pero, habiendo sido nula dicha información, no sabían que castigo correspondía. Tan solo se reclamaron setenta y cinco libras que sirvieran para pagar lo que había gastado y se va gastando en alimentar a Amet.

Tespecto a su capitán y supuesto maestro, por los datos que hemos podido encontrar de otras publicaciones, se sabe que Morato Rais estuvo acosando las aguas mediterráneas desde los años 1578 y que murió, afectado por la peste en 1605 y que por lo tanto fue durante este tiempo en el que Amet tuvo que navegar con el.

A los capitanes piratas se les asignó el nombre de Reis, en Argelia, que era la traducción del término capitán. Además, al menos tres de los más afamados piratas habían llevado el nombre de Murat o Morato, como se les llamaba en España. De ahí sale el término Murad Reis o Morato Arraez, siendo este uno de los primeros piratas independientes con fama de gran capitán.

Respecto a los peligros de la mar, como cuenta Philip Gosse en su Historia de la pirateria,

al principio, algunos individuos pertenecientes a las poblaciones ribereñas más pobres, se reúnen en grupos aislados, cada uno poseyendo uno o varios navíos; así organizados, atacan a los más débiles de los buques mercantes. Su condición es la de gente proscrita. Los piratas, la mayor parte de ellos, a excepción de los más grandes, han sido unos pequeños canallas. Los más fuertes piratas fueron absorbiendo a los más débiles o bien obligándolos a renunciar a su oficio.

Para garantizarse un refugio e incluso un mercado, los corsarios solían estar en buenas relaciones con algunos puertos a los que protegían y en los que se sentían protegidos.

Entre el siglo XVI y XVII se produjo un gran auge de la piratería viéndose el Mediterraneo “infestado” de corsarios de cualquier país y religión, no faltando ni holandeses, ingleses, franceses, cristianos, protestantes, hugonotes, musulmanes, turcos, berberiscos, etc.

De todas las maneras, siguiendo a Vergara, hemos de advertir que “las leyes que se hacen en la tierra, no ligan a los que andan en la mar, y las que se usan en la mar, no se guardan en la tierra…” Esa realidad nos ha de hacer reflexionar sobre la ambigua manera de vivir que debieron tener estos moriscos, o lo que fueren, pues alternaban el cautiverio con la esclavitud y esta, con la navegación, siendo finalmente amonestados, no por su turbulenta forma de vida, sino por sus practicas religiosas.

Respecto a la dura vida en el mar, no ya solo por y para los corsarios, sino para todo aquel que no tenía más remedio que utilizarlo, solo con repasar el capitulo X del Arte de Marear del citado Antonio Vergara, nos hallamos ante unas importantes advertencias que no todos ponían en practica hasta que la propia experiencia no les instruía. Vergara dice así:

De las cosas que el mareante se ha de proveer para entrar en la galera (Capitulo X)

…el curioso mareante, ocho, o quince días antes que se embarque, procure de alimpiar, y evacuar el cuerpo, pues la mar, muy más piadosamente se comporta con los estómagos vacíos”…
Procuren alguna ropa de vestir que sea recia, y aforrada, para defenderse del calor, ampararse del agua, y aun para tenerla en la noche por cama. No ose de día traer por la galera los pies descalzos, ni dormir de noche la cabeza descubierta.

Muchas veces acontece que sale tan gran hedor de la sentina de la galera, que a no traer en qué oler, hace desmayar, y provoca a revesar.

Y es que uno de los lugares más sucios era “el jardín”, como se llamaba la sentina de la galera. Para hacer de vientre había una mugrienta letrina a proa, a la vista de todos, llamaba “jardín”. Para orinar se utilizaba sencillamente la borda. Aparte de esto, podemos imaginarnos el ambiente que abría en cubierta ya que generalmente se practicaba la “higiene seca”, sin agua.

Estos han sido los aspectos que me han parecido más sobresalientes en el documento que se confeccionó a raíz del proceso a Amet Beneaum, en la isla de Cerdeña, entre los años de 1602 a 1605.