La campaña de corso de 1748-1749 en el Mediterráneo. El intento del Marqués de la Ensenada y Julián de Arriaga de destruir la flota argelina.

El presente trabajo es una ponencia que presentó su autora María Baudot en el III Congreso de Historia marítima de Cataluña, que tuvo lugar en noviembre 2006 en Barcelona, y que saldrá publicado por los organizadores en las actas del Congreso en el año 2008. Además de María agradezco también a Mayte Díez su colaboración. Pueden leer en su blog tanto este trabajo como otros muchos más de otros investigadores.

Combate del jabeque de Barceló contra dos galeotas argelinas

  • Antonio Barceló, con su jabeque correo, rechaza a dos galeotas argelinas (1738). Pintado por Ángel Cortellini Sánchez, Museo Naval de Madrid.

En el verano de 1748 cuando el embajador español en la corte francesa, Jaime Masones de Lima [1], todavía estaba negociando los últimos flecos de la Paz de Aquisgrán, tras la firma de los preliminares en junio, arreciaron los ataques de los corsarios argelinos contra los mercantes españoles, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico. Era un momento en que, con el tratado de paz que finalmente se firmó en octubre de ese mismo año, España iniciaba un periodo de neutralidad declarada con las potencias europeas que le iba a permitir llevar a cabo el objetivo prioritario de recuperación nacional, según el proyecto pacifista del secretario de Estado José de Carvajal [2], que Fernando VI apoyó de forma decidida [3]. Carvajal pretendió mantener la paz con las potencias europeas por encima de todo, basándose en unas ilusorias buenas relaciones familiares entre las casas reinantes y una activa y conciliadora diplomacia. Tras la decepción sufrida por la indefensión de los intereses españoles, que había hecho Francia en las negociaciones del Tratado de Paz, esperaba con optimismo, que mediante la neutralidad declarada, España pudiera distanciarse políticamente de Francia, al tiempo que llevaba a cabo un acercamiento a Inglaterra, Portugal y Austria.

Por su parte, el marqués de la Ensenada, segundo hombre fuerte del gobierno, que ostentaba las carteras de Guerra, Hacienda y Marina e Indias, tenía su propio proyecto de recuperación nacional y económica [4], bastante más realista y pragmático, cuyo objetivo final era fortalecer al Estado, preparando una Armada poderosa de cara a una, para él, inevitable futura confrontación con Inglaterra [5]. Ambos ministros compartían preocupaciones sobre la situación del país y coincidían en que éste, agotado por una continuada actividad bélica desde el inicio del reinado de Felipe V, necesitaba urgentemente un prolongado período de paz para recuperarse económicamente.

Desde este firme convencimiento, y con una Armada en una situación tan lamentable como la que se encontró Patiño en 1715, con apenas treinta y siete bajeles disponibles [6], Ensenada, en 1746, no dudó en presentar al recién entronizado Fernando VI una memoria que recogía su idea de gobierno, instándole a establecer la paz y a recuperar la Marina entre otras medidas [7]. Desde su pragmatismo Ensenada estaba convencido de que la paz sólo se podía mantener desde una posición de fuerza, “…el que quiere conseguir la paz, es común axioma que ha de preparar la guerra”[8].

Los argelinos habían venido organizando recurrentemente campañas de pillaje contra las poblaciones costeras del Mediterráneo con la finalidad de proveerse de esclavos por los que cobrar rescates, así como contra navíos mercantes que abordaban en alta mar. El beneficio que obtenían, sin duda, compensaba el riesgo, por lo que habían hecho del saqueo y del pillaje su modus vivendi. A lo largo de la Edad Moderna todas las potencias cristianas a medida que incrementaron el tráfico marítimo por el Mediterráneo, habían desarrollado mecanismos defensivos contra los ataques de las flotas de las regencias norteafricanas, un importante esfuerzo que compensaron los beneficios de un activo y creciente comercio. Entre las medidas adoptadas, las más significativas fueron la navegación en convoy, la creación de poderosas flotas navales formadas por potentes navíos de línea, fragatas, jabeques, embarcaciones ligeras y rápidas del mismo tipo que las que usaban los corsarios, y por otras de poco calado, el mantenimiento de escuadras patrullando, o el bloqueo de los puertos de las regencias con la finalidad de destruir los navíos anclados e impedir la entrada y salida de suministros y mercancías. Los resultados no pueden calificarse de espectaculares, pero en el siglo XVIII sí se había conseguido debilitar y mermar las flotas berberiscas.[9]

Jabeque de la Real Armada

  • Modelo de jabeque de la Real Armada española (s. XVIII). Núm. de catálogo: 367. Museo Naval de Madrid

Es significativo el hecho de que las potencias navales cristianas, con independencia de su poderío mercantil y naval, no hubieran hecho el esfuerzo de combatir conjuntamente a un enemigo común aprovechando su superioridad, sino que por el contrario, tras haber sufrido numerosas derrotas en los ataques individuales que puntualmente llevaron a cabo contra alguna de las regencias, terminaran por preferir pactar y aliarse con los corsarios para debilitar a sus rivales, con la consecuencia de ayudarlos a sobrevivir. Esta línea de actuación se evidencia durante el siglo XVIII, cuando potencias como Francia e Inglaterra, gracias a sus alianzas con los argelinos, consiguieron en el Mediterráneo una navegación libre de peligros para sus mercantes, focalizándose el problema en las costas y flotas mercantes de España e Italia, además de potenciar su control comercial en el Mediterráneo.[10]

Los marineros mallorquines e ibicencos, a su vez, por pura necesidad de supervivencia, tenían una gran experiencia enfrentándose a los berberiscos, quienes, varias veces todos los años, saqueaban las islas haciendo cautivos y perjudicando seriamente el comercio. Desde la primavera de 1748, los corsarios argelinos habían incrementado sus ataques sobre las poblaciones costeras mediterráneas de forma notoria, aprovechando la debilidad defensiva de una Marina, cuyos efectivos habían mermado espectacularmente durante los últimos años.[11] Además, la intensa actividad bélica de la última década, sin duda, había obligado a centrar la atención allí donde se desarrollaron los conflictos: América e Italia, descuidándose la defensa del resto de las costas, circunstancia que los berberiscos supieron aprovechar, incrementando sus ataques a las poblaciones y costas mediterráneas. Ensenada en su proyecto para el fomento de la Marina, que presentó a Fernando VI en mayo de 1748, incluyó una petición extraordinaria para armar de forma inmediata seis bajeles en corso “…para emplearse contra moros y resguardar las costas de España”.[12]

Estaba convencido de que sólo la presencia de una escuadra patrullando y protegiendo las costas permanentemente, mantendría a los argelinos alejados. Si a esto añadimos que tras la firma de la Paz, al verse liberadas de los enormes gastos de guerra, las arcas del Estado por primera vez en muchos años iban a estar llenas, comprenderemos el entusiasmo con que Ensenada emprendió el proyecto. En realidad había un motivo mayor para su entusiasmo, ya que sus planes iban más allá de lo que, en principio, oficialmente se presentó como una campaña de corso de Estado. El marqués, que pretendía poner en pie un proyecto de recuperación global, cuyo eje debía ser la Marina, estaba decidido a acabar de una vez por todas con la que para él era una de sus debilidades estructurales: la falta de marinería:

  • …la falta de marinería procede de la escasez de gente, del poco comercio marítimo que hace y de la guerra contra moros, la cual amedrenta y obliga a que los españoles pongan 25 hombres en embarcación en que de igual porte no ponen los ingleses más que seis, de que procede que ganando éstos mucho en los fletes, aquellos, con igual paga, no pueden costearse.[13]

Sólo así se explica que organizara de la forma más “…reservada” posible, es decir, a espaldas del monarca, la destrucción de la flota berberisca en su propio puerto de Argel, encomendando personalmente, de palabra y secretamente, el ataque al capitán de navío Julián de Arriaga, experimentado marino que se iba a convertir en su principal apoyo para las operaciones especiales de la Armada.[14]

El monarca aprobó su solicitud de organizar un armamento en corso, aunque recortó a cuatro los jabeques mallorquines, hecho que no mermó el entusiasmo de Ensenada en la operación, Los años como comisario de Marina habían enseñado a Ensenada que para el éxito de una empresa de semejante calado era fundamental contar con el dinero por anticipado. Los patrones de los jabeques arriesgaban cuanto tenían y no querían hacerlo por una promesa, exigían el dinero por adelantado, así que su primer paso en la organización de la campaña fue ordenar al tesorero general, Manuel Antonio de Orcasitas, que transfiriera a Palma de Mallorca, a disposición del comisario de guerra de Marina, Pedro Antonio de Ordeñana, 3.000 doblones.[15]

Tres días después envió las órdenes correspondientes al teniente general Juan de Castro, que ejercía como comandante general del reino de Mallorca, y a Antonio de Ordeñana, comisario de Marina, para que conjuntamente procedieran al fletamento, con cargo a la Real Hacienda, de cuatro jabeques de los de mayor porte que pudieran encontrar, tanto en Mallorca como en Ibiza, para hacer el corso contra los argelinos en el Mediterráneo. Los jabeques estarían al mando de sus patrones y serían tripulados por su marinería, pero en ellos embarcarían destacamentos de tropa de tierra de los regimientos “España” y “Brabante” estacionados en Mallorca, a cargo de sargentos.[16]

Del acoso al que los argelinos tenían sometido al archipiélago en estas fechas, es un claro ejemplo la solicitud que algunos patrones de Mallorca habían hecho durante el verano, al comisario de Marina Ordeñana, para armar en corso doce jabeques que tenían parados y combatir ellos mismos a los corsarios berberiscos. El aumento de presas de embarcaciones mallorquinas por parte de los argelinos, había provocado que el comercio balear no se atreviera a fletar bajeles del país, sustituyéndolos por los de naciones que no estaban en guerra con Argel [17]. La solicitud de los patrones incluía un detallado presupuesto de lo que esperaban recibir a cambio.

En su respuesta a la orden de Ensenada, el teniente general, Juan de Castro [18], sugirió emplear en la campaña el jabeque correo capitaneado por Antonio Barceló, a quien recomendaba se entregara el mando de la pequeña escuadra, por considerarlo el único patrón capaz de mantener la disciplina con la marinería. Teniendo en cuenta las noticias que se habían recibido, tanto de cautivos liberados como de embarcaciones mercantes, sobre un gran armamento de cuatro fragatas y diez jabeques que se estaba preparando en Argel, aconsejaba reforzar la acción de los cuatro jabeques con el apoyo de dos navíos de la Armada. Ordeñana, por su parte, le incluía un estado de todo el armamento y munición que sería necesario. También él tenía dudas sobre la capacidad de mando de los patrones, tanto sobre la marinería, muy indisciplinada, como sobre la tropa que debían embarcar, por lo que recomendaba se entregara el mando del armamento al capitán de fragata Pedro Sáenz y Sagardía [19].

Llegados a este punto, Ensenada, como tenía la certeza de poder contar de inmediato con los jabeques requeridos, con la finalidad de ganar tiempo descartó por el momento la segunda opción alternativa de encargar su fabricación [20], e intentó rebajar el precio solicitado por los patrones, haciéndoles una contraoferta a la que ellos habían presentado al solicitar las patentes de corso. En vez del tercio de las presas que solicitaban los patrones de los jabeques (los otros dos tercios eran habitualmente para la Corona), él les ofrecía el todo de las presas que hicieran a cambio de rebajar los 200 pesos mensuales que pedían por cada jabeque tripulado con 150 hombres, por cada uno de los cuales la Hacienda abonaría además 8 pesos mensuales, pagando por adelantado la cantidad correspondiente a dos mensualidades, tanto del importe del fletamento del bajel como el correspondiente a los sueldos. Ensenada insistió especialmente en que en la contrata constara que sólo se pagarían los días que legítimamente estuviesen en la mar haciendo el corso. Al resto de las condiciones exigidas por los patrones mallorquines [21] no hizo ninguna objeción: lo que en realidad le preocupaba era rebajar el precio de los fletes y que los jabeques se hicieran cuanto antes a la mar.

Es en este momento cuando Ensenada decidió convertir la campaña de corso en toda una operación de guerra contra Argel, ya que, mientras esperaba una respuesta de los patrones, asumiendo la sugerencia de Juan de Castro [22], ordenó que además de los jabeques se armaran en corso dos de los cuatro navíos de la Armada existentes en ese momento en el departamento de Cartagena, el América y el Constante [23], cada uno de 64 cañones de porte, formándose la tripulación no sólo de matriculados, sino también de voluntarios y de la gente de mar de la extinta escuadra de Galeras, anticipando el montante para las tres primeras pagas, mediante la orden de remitir a Cartagena 240.000 reales, enviada al tesorero general, Manuel Orcasitas.

Ensenada intentó incluso establecer una alianza naval con Portugal y con la Orden de San Juan, sin duda con la intención de formar una gran escuadra. Para ello, sin desvelar claramente sus planes, comunicó a la Corte portuguesa y al Gran Maestre de la Orden de San Juan, cuyos navíos solían patrullar las aguas del Mediterráneo occidental en busca de argelinos, que Fernando VI estaba preparando el armamento de una escuadra de corso, invitándoles formalmente a participar [24]. De hecho, los navíos de la Orden de San Juan, habituados a hacer el corso en el Mediterráneo, no dudaron en colaborar desde el principio de la campaña con la escuadra española al mando de Arriaga, enviando dos navíos, el San Juan y el San Vicente a pesar de iniciarse la campaña en invierno. Una escuadra portuguesa empezó bastante más tarde, a principios del verano siguiente, a patrullar sus costas.

En cuanto el jabeque correo, patroneado por Antonio Barceló, finalizó su misión de transporte y regresó a Mallorca desde Barcelona, Ordeñana, sin perder tiempo, negoció con él las condiciones de la contrata, que se concretó por dos meses prorrogables, pagados siempre por adelantado, consiguiendo rebajar el precio del fletamento de cada jabeque en 50 pesos mensuales. El precio por cada marinero, sin embargo, se mantuvo en 8 pesos mensuales, para incentivar y garantizar su alistamiento. Ordeñana justificaba no haber presionado más a los patrones argumentando que había que dejarles algún incentivo para que “…se aficionen a seguir el corso contra infieles que tanto importa…” [25]. Mientras se habilitaban los jabeques, se firmó ante notario la contrata, Ordeñana procedió al señalamiento de plazas para cada uno de ellos [26], preparó los recibos de los pagos que debían hacerse a los patrones y les redactó la instrucción de navegación y corso , dando cuenta a Ensenada [27], quien aprobó todo lo ejecutado con gran satisfacción, al tiempo que le informaba de la nueva orden dada de armar dos navíos de guerra del departamento de Cartagena, el América y el Constante, para que los jabeques navegaran en su conserva a las órdenes del comandante de la escuadra.[28]

En la instrucción de navegación estaba previsto que los jabeques, siempre al mando de Antonio Barceló [29], partieran juntos de Mallorca, recorrieran Ibiza y una vez llegaran al cabo de San Antonio en la costa valenciana, la recorrieran durante unos días, pasando por cabo de San Martín, desde dónde irían hasta Cartagena, reconociendo en su derrota de forma concienzuda la costa hasta el cabo de Palos. Una vez hubieran fondeado en la escombrera de Cartagena, se les suministraría todo el armamento y munición que no se hubiese podido completar de las existencias de los almacenes mallorquines. En Cartagena, al quedar incorporados a los navíos de la Armada que se estaban armando, el resto de la instrucción elaborada por Ordeñana dejó de tener validez, ya que sería el comandante de toda la escuadra conjunta quien decidiría la derrota según sus propias instrucciones.

Sin embargo, el armamento de los navíos de la Armada casi siempre requería más tiempo del previsto, ya que, para invernar, los navíos quedaban desarmados y desaparejados, aprovechándose la estación para darles pendoles y carenarlos. En esta ocasión también iba a haber retrasos, según informaron a Ensenada el intendente de Cartagena, Francisco Barrero y el marqués de la Victoria, comandante del departamento, por lo que el secretario de Marina ordenó que, mientras se terminaba la habilitación del América y Constante, los jabeques al mando de Barceló, una vez les hubieran sido suministrados todos los pertrechos, cañones, armas y munición que les faltara, hicieran el corso por su cuenta en las inmediaciones del puerto de Cartagena [30]. A Ensenada le urgía tener la costa patrullada para disuadir de momento a los argelinos. Las causas que en esta ocasión retrasaron la habilitación de los navíos para hacerse a la mar de inmediato fueron, en primer lugar, el no poder completarse sus equipajes en el tiempo previsto, a pesar de que Barrero había recibido el importe para el pago de los tres primeros meses a los diez días de haberle llegado la orden para el armamento [31]. Por otro lado, la falta de gente en las maestranzas hacía imposible aparejarlos en menos tiempo del habitual [32]. Pero Ensenada no quería oír pretextos, por lo que apremió enérgicamente al intendente Barrero:

  • …si ya no estuvieren del todo habilitados los bajeles Constante y América dé v.s. sus más prontas y efectivas providencias para que sean proveídos de lo que aún les falte, a fin de que por ningún pretexto se retarde su salida a la mar que tanto desea S.M. se ejecute”. [33]

Barrero justificaba el retraso como podía. Aseguraba haber pedido al reino de Valencia y a otros lugares el número de marineros que faltaban para completar los equipajes, adelantando que mucho se temía no le enviaran todos los que se necesitaban, porque al haber sido despedidos por los subdelegados, pensando que ya no iban a hacer falta ese invierno, los de Vera y Mazarrón se habían ido a pescar a las costas de Andalucía, y los valencianos siempre se negaban a hacer el corso, creando dificultades añadidas a los alistamientos. [34]

Para el mando de la escuadra en su conjunto Ensenada nombró el 13 de noviembre al capitán de navío Julián de Arriaga [35], dejando a su elección en cual de los dos navíos debería embarcarse. Como comandante del segundo navío nombró al también capitán de navío Francisco Cumplido. Julián de Arriaga y Rivera, era un experto marino de guerra que llevaba muchos años embarcado en distintas escuadras al servicio de la Armada, tanto en aguas mediterráneas como atlánticas. Mientras había estado destinado en Ferrol, al mando del Europa, desde enero de 1745, había sido ascendido a capitán de navío en junio de ese año y, en septiembre de 1747, Ensenada lo había llamado para fines del real servicio a la Corte [36], donde se encontraba desde entonces, por lo que el nombramiento no se hizo al azar entre los oficiales disponibles, sino que Ensenada eligió a un estrecho colaborador suyo, en quien confiaba plenamente para la misión que le había encomendado; prueba de ello es que dejara a su elección el nombramiento de los segundos capitanes y oficiales subalternos, pidiéndole que tuviera la cortesía de ponerse de acuerdo con el marqués de la Victoria, a quien en realidad correspondía hacer esos nombramientos como comandante general del departamento [37]. El propio marqués confirmó a Ensenada haber hecho los nombramientos según la selección que Arriaga le había presentado:

  • Queda obedecida la orden, y habiéndome pasado la relación de los oficiales que pedía, paso a manos de V.E. la inclusa copia de sus nombres y grados. [38]

También le autorizó a rechazar a los marineros reclutados que no considerara aptos para la misión, a pesar de conocer las dificultades para los alistamientos, y ordenó a Barrero que le adelantase 9.000 reales a cuenta del importe al que ascendería la gratificación de mesa, junto con otros 60.000 para gastos del servicio. [39]

En las instrucciones, Ensenada, dando por hecho que los navíos estarían preparados, ordenaba a Arriaga hacerse a la vela de inmediato a su llegada a Cartagena, llevando a los cuatro jabeques en su conserva en caso de estar en Cartagena; si no, determinar un punto de encuentro para poder incorporarlos. El corso debía cubrir desde la boca del Estrecho hasta el cabo de Creus, pasando por las Baleares, estando siempre pendiente de noticias de argelinos que pudiera adquirir, tanto de otros navíos en la mar, como de los parajes por donde pasasen. De vez en cuando debía acercarse a los puertos de Cartagena, Barcelona o Alicante, entrando uno de los jabeques con un oficial encargado de entregar informes sobre la campaña para la secretaría de Marina, así como acercarse a la casa del intendente o a la del comandante por si hubiere algún pliego de la Corte con órdenes para él. Cuando necesitase reponer víveres debería enviar previamente un aviso a Francisco Barrero para que éste los tuviera preparados, evitando así pérdidas de tiempo en puerto.

Con la finalidad de provocar un encuentro con los argelinos y poder enfrentarse a ellos y destruir sus bajeles, se le recomendaba ponerse de acuerdo con los navíos de San Juan, de los que se tenía noticia iban a hacer su corso por las costas españolas, para repartirse las zonas a cubrir por cada escuadra, acordando previamente ambos comandantes las señales de reconocimiento a utilizar con el fin de evitar desgracias debidas a confusiones con los navíos de argelinos. Finalmente, Ensenada, para animarle en la misión, le manifestó su voto de confianza:

  • …no duda S.M. que v.s. obrará con la buena conducta de que hasta ahora se tienen tantas pruebas y dejará satisfecho su justo deseo de que quede castigada la insolencia con que los moros han insultado nuestras costas y embarcaciones durante la última guerra con ingleses… [40]

Mientras se terminaba la habilitación de los navíos y se esperaba a que llegasen las tripulaciones, los jabeques fueron enviados a convoyar los dos correos a Orán, de modo que cuando Arriaga llegó a Cartagena, el 27 de noviembre [41], aún tuvo que esperar para hacerse a la mar a poder completar los equipajes y a que se embarcase el vino y el bacalao que no se habían recibido. Arriaga aprovechó la espera para solicitar que el teniente de navío, José de Sapiaín, fuese incorporado a la tripulación de el América, el navío en que había decidido embarcarse. Durante la espera, conscientes de la impaciencia de Ensenada porque los navíos se hicieran a la vela, tanto Arriaga como Barrero le mantuvieron informado de los pequeños adelantos en la habilitación de los navíos. La respuesta del ministro no pudo ser más elocuente:

  • …que solo se espera la noticia de su puesta a la vela… [42]

Los jabeques al mando de Barceló, que en su derrota a Orán, pasando el cabo de Gata, se habían encontrado al San Juan, uno de los navíos de la Religión, que les informó no haber visto ni rastro de los argelinos [43], regresaron de Orán a tiempo de incorporarse a la escuadra y hacerse todos juntos a la vela finalmente el 9 de diciembre.

Pocas horas antes, Arriaga había informado a Ensenada que tenía previsto permanecer en la mar por lo menos cincuenta días y que sería inevitable que durante la navegación se le separasen los jabeques para aprovisionarse, ya que sólo habían comprado víveres para un mes que les quedaba de contrata. Como lógicamente quería evitar causas de posibles retrasos en la navegación, les había ofrecido parte de los que él llevaba [44]. Los patrones, sin embargo, declinaron la oferta, pues pretendían ir reemplazando los géneros según los fuesen consumiendo, además de evitar verse obligados a comprar directamente al proveedor de la Marina por ser más caro que otras fuentes de aprovisionamiento. Ensenada ordenó que se prorrogasen las contratas dos meses más, de modo que los patrones se aprovisionasen de todo lo necesario para el tiempo que durase la campaña, evitando innecesarias entradas en puerto. [45]

Las primeras noticias que Arriaga, como comandante de la escuadra, envió a Ensenada, fueron del 31 de diciembre, estando fondeado en la rada de Alicante, y no eran las que a Ensenada le hubiera gustado oír [46]. Al Constante se le había roto el mastelero de velacho a causa de un temporal frente al cabo de Palos, por lo que Arriaga había decidido interrumpir el corso y regresar cuanto antes a Cartagena para reparar el daño, mientras, él proseguiría la campaña sólo con el América y los jabeques, pues tenía noticias de alguna de las embarcaciones provenientes del Estrecho, con las que se había cruzado, de estar preparándose en Argel un armamento con cuatro fragatas de las apresadas últimamente. Por el momento se hallaba detenido en Alicante a la espera de vientos propicios para Cartagena.

Arriaga tardó ocho días en llegar a Cartagena, donde repuso los víveres consumidos, haciéndose de nuevo a la vela con los jabeques. En su derrota un fuerte temporal había separado a los jabeques de los navíos, por lo que Arriaga tuvo que fondear en Alicante, punto de encuentro pactado a esperarlos, volvió a escribir a Ensenada para informarle detalladamente de lo acontecido desde su partida de Cartagena. Salvo los temporales, muy normales en el Mediterráneo en esa época del año, que le habían obligado a detenerse en Palma y ahora en Alicante, y algunas informaciones de cautivos mallorquines rescatados, coincidentes con las que ya tenían, poco más podía contar [47]. Según éstos los argelinos disponían de varias fragatas y por lo menos once jabeques, de los cuales seis eran de mayor porte que los mallorquines, así como de tripulaciones de 300-350 hombres cada uno.

Navegando sobre la costa del cabo de Palos, una vez que los jabeques ya se le habían vuelto incorporar, Arriaga se vuelve a poner en contacto con Ensenada. Le comentaba que pensaba destacar uno de los jabeques a Cartagena con la orden para el Constante de salir a patrullar en cuanto esté listo. Él por su parte pensaba mantenerse cruzando los mares hasta el próximo 15 de marzo, para ir luego a proveerse de víveres, ya que al América sólo le quedaban para cuarenta días y a los jabeques escasamente para veinte. Recordaba a Ensenada que la prórroga de la contrata vencía el próximo día 8 de marzo y que esperaba noticias al respecto. En caso de prórroga, sugería que se entregara el mando de los jabeques, excepto el que mandaba el teniente de fragata graduado Antonio Barceló, a oficiales de la Armada en sustitución de los patrones, exponiendo con meridiana claridad los problemas que surgían cuando no había una cadena de mando bien establecida:

  • …aún cuando estos hombres (los patrones) estén llenos de buen celo, les falta autoridad para mandar con resolución sus tripulaciones, y no permite su rusticidad que se les den aquellas extensivas señales que es menester usar en mil casos… [48]

Los patrones y las tripulaciones de los jabeques tradicionalmente se dedicaban al transporte de mercancías o a la pesca y ocasionalmente a hacer el corso por su cuenta, no estaban acostumbrados a ir armadas en corso incorporadas a una escuadra de la Armada, que implicaba someterse a la disciplina militar. En la Marina las órdenes no se cuestionaban, se cumplían. Prueba de la dureza de la vida a bordo es que, de los cien hombres de tropa de Infantería embarcados en Mallorca como refuerzo de las tripulaciones, habían desertado treinta y cinco, poniendo una vez más de manifiesto otro de los problemas endémicos de la Armada: las deserciones. Arriaga, para evitar ver sus fuerzas cada vez más reducidas, sugería que los piquetes restantes fueran devueltos a sus regimientos en Mallorca y que fueran reemplazados por tropa de Marina del departamento de Cartagena habituada a la navegación. Ensenada no dudó en aprobar esta sugerencia, así como en prorrogar la contrata otros dos meses. Sin embargo denegó la sustitución de los patrones por oficiales de la Armada por estar estos fletados con sus tripulaciones y haberse acordado en la contrata que estarían al mando de sus patrones. Sugirió a Arriaga que intentase cambiar a los patrones por otros con más capacidad de mando [49].

El Constante se pudo incorporar a la escuadra el 27 de febrero [50], y ésta se dedicó a correr la costa hasta Málaga sin ver rastro de argelinos. Arriaga fondeó con toda la escuadra en el puerto de Cartagena el 11 de marzo, recibiendo en seguida la noticia de la prórroga de la contrata a los jabeques, por lo que les ordenó entrar a despalmar y a proveerse de víveres. Después de navegar ininterrumpidamente más de 4 meses, los jabeques, que no tenían sus fondos forrados de cobre, necesitaban limpiarlos y darles sebo antes de volver a hacerse a la vela para una navegación prolongada.

Arriaga avisó a Ensenada que se haría nuevamente a la vela entre el 20 y el 25 de marzo si no recibía contraorden por su parte, pues esperaba que los argelinos emprendiesen a más tardar a finales de ese mes su corso, tras la invernada de tres meses en su puerto [51]. Le confirmó también de la continuada deserción de soldados de tropa: sólo quedaban 56 de los 100 embarcados.

Gracias a que los correos entre Cartagena y Madrid apenas tardaban tres días y a que, dada la importancia de la campaña, Ensenada respondió a vuelta de correo, el 19 de marzo Arriaga pudo acusar recibió de la orden de restituir a Mallorca los soldados que quedaran a bordo de los jabeques y sustituirlos por tropa de Marina al cargo de sargentos. [52]

La escasa y con mucha frecuencia poco solvente y contradictoria información sobre los movimientos de los argelinos obligaba a repentinos cambios de las derrotas, algo que queda patente en las dos siguientes cartas de Arriaga a Ensenada escritas el mismo día 23 de marzo. Mientras seguía fondeado en Cartagena, a la espera de que los vientos cambiaran, para poder hacerse a la vela, Arriaga comunicó haber decidido dirigir su crucero por las islas Baleares, paraje que regularmente visitaban en primer lugar los argelinos cuando salían de su puerto, siempre y cuando los vientos o noticias opuestas no le hicieran cambiar de opinión [53]. Esta no fue una decisión arbitraria, Julián de Arriaga, tras convertirse en caballero de San Juan, había navegado durante seis años en los navíos de la Orden dedicados al corso contra los argelinos, por lo que conocía bien los usos y costumbres de los corsarios, las épocas en que salían, las rutas habituales, los lugares preferidos, sus escondites y el puerto de Argel. Por lo tanto no es extraño que a la hora de tomar decisiones siempre tuviera muy en cuenta su propia experiencia.

Otro elemento decisivo para cualquier operación marítima en la época de la navegación a vela era el viento, única fuerza motriz que completamente imprevisible, se convertía en el factor condicionante por excelencia de cualquier expedición. Las derrotas, la duración de las travesías, los tipos de navegación, las estrategias, el resultado de muchos combates, la vida a bordo de las embarcaciones, en realidad cualquier actividad en la mar quedaba subordinada a sus designios, y en el caso de esta campaña de corso de la Armada también lo fue, y mucho más que las noticias que iban llegando del paradero de los argelinos, que debido a la prudencia de Arriaga, a su propia experiencia de corso, así como a su conocimiento de las costas, siempre contrastaba y sopesaba antes de decidir qué grado de credibilidad había de otorgarles.

Así pues, Arriaga, mientras esperaba en el puerto de Cartagena vientos propicios para salir a corsear, tuvo que cambiar la derrota decidida por otra el mismo día, debido a la información que le aportó una embarcación que entró en el puerto de Cartagena, procedente de Málaga, con la noticia adquirida de un paquebot inglés que había salido de Argel el 28 de febrero. Al parecer el 22 de febrero se habían hecho a la vela 4 fragatas corsarias argelinas con dirección al océano, justamente mientras Arriaga se encontraba navegando entre cabo de Palos y Málaga. En vez de navegar con dirección a Baleares, decidió perseguir a las fragatas rumbo a poniente, y aunque era evidente que no podría darles alcance, sí confiaba encontrarlas a su retorno al Mediterráneo [54], Ensenada no pudo por menos que aprobar la decisión de Arriaga, aunque sin dejar de recordarle al mismo tiempo que se acercaba el momento del cometido principal de toda la campaña:

  • Ha parecido bien a S.M. el que v.s. haga el corso entre cabo de Gata, Málaga y la costa de Berbería, como expresa, por si pudiera encontrar las fragatas de moros que han salido de Argel a su regreso del océano, pero debiendo v.s. tener presente que en fines de junio de este año debe emprenderse la expedición de bombardear aquella plaza, como se ha dicho a v.s. reservadamente, y que nada será más conveniente que el que tantee la situación del muelle y fortaleza, y el fondo en que hayan de servir las bombardas y fondear los bajeles de su cargo. [55]

Ensenada había proyectado un ataque en toda regla a la plaza de Argel, con la intención de destruir la flota de los corsarios, incrementada últimamente gracias a las presas, incluso se le había puesto fecha, y a esta intención responde el haber organizado la escuadra conjunta de navíos de la Armada reforzados, gracias a su mayor maniobrabilidad, por los jabeques del mayor porte que se pudo fletar. El mando de la escuadra lo había entregado a un marino de guerra experimentado, al que había convertido en uno de sus más estrechos colaboradores y en cuya lealtad, discreción y buen hacer confiaba para llevar a cabo la operación, haciendo el menor ruido posible. Estamos ante una acción bélica que contrastaba con las sinceras intenciones pacifistas del monarca y de su secretario de Estado, que ni él ni los encargados de la defensa de nuestras costas, evidentemente, compartieron. Ensenada, apenas firmada la Paz, en la que España se había comprometido a mantener una escrupulosa neutralidad, había proyectado por su cuenta y riesgo la destrucción de la fortaleza de Argel junto con su flota corsaria. Para evitar que sus intenciones finales trascendieran, el proyecto quedó camuflado bajo una operación de corso, que sólo se diferenciaba de otras anteriores en su mayor envergadura, y por supuesto sólo compartió sus planes con sus más íntimos colaboradores, entregando el mando de la expedición a Arriaga, en cuya discreción confió plenamente.

Pero Ensenada no obraba impetuosamente, previamente había solicitado a una Junta asesora, un informe sobre la proyectada expedición que el 4 de abril tenía sobre su mesa [56]. La Junta no sólo aprobó la expedición, sino que recomendó que se aumentara la escuadra con un navío y dos o tres jabeques más y que el bombardeo se efectuara entre junio y julio. Avalado con el informe, Ensenada el mismo día 2 ordenó al marqués de la Victoria armar el San Fernando, el tercer navío disponible en el departamento de Cartagena, para incorporarlo a la escuadra de Arriaga el próximo verano, con la clara intención de reforzarla para atacar el puerto de Argel, aunque sin desvelarle sus intenciones [57]. Igualmente había enviado a Francisco de Liaño, comandante general del departamento de Cádiz, una lista de subalternos, ordenándole destinarlos a Cartagena para embarcar en el San Fernando, y le ordenaba armar las cuatro bombardas atracadas en Cádiz. Por su parte Ordeñana recibió la orden de fletar otros dos jabeques mallorquines bajo las mismas condiciones que los anteriores y embarcar en ellos a 200 marineros. [58]

Mientras se preparaba el gran ataque, Arriaga se había hecho nuevamente a la vela el 24 de marzo, navegando treinta y cuatro días sin tocar puerto, por lo que hasta el 26 de abril no recibió la carta de Ensenada con la orden de tantear el fondeo de la bahía argelina. Durante la navegación, capeando un temporal de poniente con la mayor, el Constante había roto su mastelero de velacho; avisado el América mediante la señal de incomodidad, éste lo siguió toda una noche corriendo a palo seco hasta que, a la mañana siguiente, pudieron acercarse a la costa y empezar a remediar el mastelero. En esas estaban, cuando las cacholas del palo mayor del América se rindieron, obligando a la escuadra a retroceder hasta Cartagena para sustituirlas por otras nuevas. Arriaga aprovechó los cuatro días que llevó la reparación para reponer víveres e informar a Ensenada de todo lo acontecido durante su última navegación [59], que le había llevado a reconocer la costa argelina.

Por separado envió un informe al que adjuntó un plano actualizado de la rada argelina que resultó decisivo para el futuro de la expedición [60]. Éste evidenciaba que los argelinos habían reforzado las defensas de su puerto, fortificado su muelle, aumentado las baterías y morteros de bombas, y disponían de una escuadra superior a la española, con tripulaciones mucho más numerosas que las de los navíos de la Armada. Y por si fuera poco, la orden de armar las bombardas había levantado las sospechas sobre un posible bombardeo contra Argel entre los numerosos mercantes de distintas nacionalidades atracados en ese momento en la bahía gaditana, convirtiendo el proyecto, a pesar de las precauciones tomadas, en un secreto a voces. Basándose en todo ello Arriaga recomendó a Ensenada:

  • Yo, Sr. Excsm. creería conveniente contentarse este verano con el amago y dar el golpe en el otro, pues prontas las bombardas en ese puerto y más proporcionadas en navíos y jabeques las fuerzas del corso, pudiera facilitarse la ejecución tan sin antecedentes que acaso se aprovechase la coyuntura de estar sus corsarios fuera y que casi pareciese resolución del comandante, sin merecer a la Corte poner en esto su consideración. [61]

La reflexión de Arriaga es un fiel reflejo del que será su modus operandi a lo largo de su trayectoria, ya que actuará siempre desde la máxima prudencia y discreción. Pero además revela su sentido político al trascender las implicaciones internacionales que el proyecto implicaba y el modo de evitarlas.

A punto de hacerse nuevamente a la vela con los navíos reparados (sólo esperaba que los jabeques se le incorporaran) llegaron a Cartagena noticias de jabeques argelinos desde las costas de Valencia y Barcelona, que además coincidían con que el viento había rolado hacia poniente. Arriaga no dudó en aprovechar la coyuntura favorable para salir a perseguirlos, a pesar de reconocer que sin los jabeques, que se habían retrasado para convoyar tres barcas procedentes de Nápoles con doce compañías de tropa, sólo podría ahuyentarlos, por lo que dejó ordenado que le siguieran en cuanto llegaran a Cartagena. Inmerso en esta nueva e improvisada persecución, Arriaga tenía muy presente la proximidad del momento elegido para el bombardeo del puerto de Argel y era consciente de que Ensenada necesitaba poder comunicarle sus órdenes lo más rápidamente que las circunstancias lo permitiesen. Por ello le pidió que se las enviara por duplicado a Alicante y Barcelona, donde él mandaría una embarcación a recogerlas, recordándole también que había que prorrogar nuevamente la contrata de los jabeques, insistiendo en que no dejara de hacerlo, ya que era ahora cuando más falta hacían. Finalmente, envió un mensaje tranquilizador al ministro:

  • He completado 90 días de víveres, y así me hallo en estado de ir donde V.E. quiera… [62]

Los jabeques llegaron justo a tiempo de incorporarse a la escuadra. Habían entrado al puerto durante la madrugada entre el uno y el dos de mayo, dieron pendoles, hicieron aguada y se proveyeron de víveres en apenas unas horas, ya que la escuadra al completo pudo hacerse a la vela, para perseguir a los corsarios argelinos, en la tarde del día dos, tal y como había previsto Arriaga. Tenían mucha prisa, pues Barceló también trajo noticias de haberse avistado jabeques argelinos frente a las costas de Cataluña y Mallorca, recabadas de navíos franceses e ingleses con los que se había cruzado durante su derrota de Málaga a Cartagena convoyando las barcas de Nápoles. [63]

La escuadra de Arriaga, sin embargo, no tuvo necesidad de llegar hasta Cataluña, ya que a la altura de cabo de Palos reconoció varias embarcaciones provenientes de Arenys, Salou y Mallorca y todas le confirmaron no haber rastro de argelinos, lo que le persuadió de que éstos habían puesto rumbo a Italia. Algo que le confirmaría el propio Ensenada unas semanas más tarde, al informarle de las últimas noticias desde Marsella, sobre los seis jabeques argelinos que habitualmente hallaban refugio en Tolón e islas Hyères, los cuales se habían hecho a la vela hacia Italia el 17 de abril. Portaban de 16 a 20 cañones cada uno y sus tripulaciones eran de entre 250 y 300 hombres. [64]

Asegurado de que no había moros en la costa catalana, Arriaga decidió cambiar su derrota y enfilar hacia Málaga, enviando antes un jabeque con la noticia del cambio de rumbo al comandante del navío de Malta, para que se mantuviera patrullando esas costas, prueba de la buena predisposición de la Orden de Malta para colaborar en la persecución de berberiscos con la Armada española. Aquél le confirmó que mantendría su corso en la zona indicada hasta finales de mayo, en que tenía órdenes de retirarse [65]. El mismo jabeque-correo, una vez hecha la gestión con el navío maltés, entraría luego en el puerto de Alicante por si hubiera llegado algún pliego de Ensenada con cartas para él. La misma operación se repetiría cuando estuvieran frente a Cartagena y otros puertos por los que fuera pasando en su derrota hacia el sur, para que, como el propio Arriaga manifestó: “…no se me atrasen las órdenes de V.E.”. [66]

Tan consciente era Arriaga de la trascendencia de las próximas órdenes de Ensenada y de que no podía perder tiempo en su derrota hacia el sur, que no dudó en entregar al oficial que envió a tierra una carta para el comisario de Marina de Alicante, Gabriel de Peña, rogándole que, aún en el caso de estar ya cerradas las puertas de la fortaleza por haberse hecho de noche, dejara el gobernador de la plaza salir al capitán del jabeque con el correo para él [67]. Las órdenes que tanto esperaba Arriaga llegaron algunos días después, cuando la escuadra ya estaba lejos, quedando en poder de Peña hasta que se presentara otra ocasión de entregarlas, como él mismo confirmó a Ensenada [68]. En situaciones especiales, la secretaría de Marina enviaba duplicados de una orden original a todos los puertos por los que estaba previsto, pasara la persona a quien iban dirigidas, y así lo hizo Ensenada en esta ocasión [69]. Tanto en Almería como en Málaga había duplicados de las órdenes esperando a Arriaga. Finalmente el 12 de mayo Arriaga envió a Barceló con su jabeque al puerto de Málaga a recogerlas. [70]

Retrato del teniente general don Antonio Barceló

  • Retrato del Teniente General don Antonio Barceló. Óleo anónimo. Museo Naval de Madrid.

Ensenada, antes de enviar la orden definitiva a Arriaga sobre el bombardeo, nada más recibir su informe, lo había enviado a consulta de la Junta de expertos que coincidió plenamente con la recomendación de Arriaga de posponer la expedición, sugiriendo además aumentar el número de jabeques de la escuadra y enviar un ingeniero, camuflado de marinero, en algún navío francés para que levantara un plano exacto del puerto argelino, sus fortificaciones y baterías. Para desvanecer las sospechas levantadas recomendaban que Arriaga prosiguiera el corso con las mismas fuerzas [71]. Las órdenes que recibió Arriaga no debieron sorprenderle, Ensenada le ordenaba suspender la expedición de castigo contra Argel aunque los preparativos debían proseguir, para lo que debía dirigirse a Cádiz a recoger las bombardas que se estaban aprontando y convoyarlas hasta Cartagena [72]. En carta separada le ordenaba proseguir la campaña de corso:

  • El rey ha resuelto que v.s. continúe en hacer el corso contra los mahometanos con los navíos América y Constante y cuatro jabeques en la forma y en los parajes que tuviere por más ventajoso y conducente al resguardo de nuestras costas y hostilidad de los argelinos, y lo prevengo a v.s. de orden de S.M. para su cumplimento. [73]

Para que el cambio de planes que se acababa de producir no afectase a la contratación de los dos nuevos jabeques, ordenada a Ordeñana en Mallorca con objeto de reforzar la escuadra de Arriaga, Ensenada ordenó ahora que éstos sustituyeran a dos de los que navegaban en conserva de los navíos de Arriaga, subrogándose a su misma contrata, y que con los 200 marineros recién enrolados se realizase un relevo de tripulaciones. [74]

Ensenada, en las órdenes enviadas a Arriaga, mencionaba lo mucho que importaba al servicio del rey y ser voluntad expresa de Fernando VI, tanto que se pagase puntualmente a los marineros lo que hubiere devengado su enrolamiento, como el que se cumpliesen puntualmente las reglas establecidas para los recambios de la marinería matriculada con vistas a su descanso y habilitación. Lo cierto es que los jabeques con los marineros mallorquines llevaban navegando desde los últimos días de octubre, aunque la campaña, según lo pactado en la contrata, se había iniciado oficialmente para ellos el 8 de noviembre, que fue el día que los cuatro jabeques se hicieron a la vela desde Cartagena para corsear, mientras se habilitaban los navíos de la Armada. Habían cumplido con creces seis meses de navegación.

Arriaga interrumpió su corso para proceder al reemplazo de jabeques y marinería, aprovechando su estancia en Cartagena, durante los últimos días de mayo, para dar cuenta de su corso y de sus planes a Ensenada:

  • Nada ha ocurrido en mi corso desde que a V.E. escribí. Los argelinos se dejan ver en una parte y luego desaparecen, con que no es recurso buscarlos donde avisan los vieron, y consiste la dicha en adivinar donde vendrán. Han inundado la Italia en su salida de abril, y por esto creo que en la de ahora pasarán muchos el Estrecho. Pienso andarlo todo, según me dieren los vientos, con el poniente hasta Cataluña, y con los levantes hasta Gibraltar. [75]

En su respuesta Ensenada le ordenaba que, una vez convoyadas hasta Cartagena las bombardas, continuara su corso aproximándose a las costas norteafricanas, pasando el Estrecho para corsear sobre cabo San Vicente, llegando hasta cabo Finisterre. Es decir, se extendía su radio de acción de manera considerable, al incluir la ruta atlántica completa, desde Cádiz hasta Finisterre, la más asediada tradicionalmente por el corso, por ser la que seguían los barcos que iban y venían de Indias [76], Pero sobre todo, se le ordenaba aumentar la presión sobre los argelinos. Sin dejar de patrullar constantemente las costas españolas, las derrotas de la escuadra de Arriaga debían incluir las costas del norte de África y alrededores de Argel, como si estableciera un amplio cordón de seguridad en torno a dicho puerto, que les obligara a concentrar sus fuerzas en su defensa, disuadiéndolos de corsear. En la mar, las embarcaciones argelinas, jabeques y galeotas principalmente, eran sin duda más veleras que los navíos de la Armada, el propio Arriaga se quejaba de no poder darles alcance cuando las perseguía sin la ayuda de los jabeques mallorquines. Sin embargo, las cosas cambiaban ante un enfrentamiento directo o el asedio a un puerto, situaciones en las que, frente a la capacidad destructiva de un navío de 64 cañones, que era una auténtica fortaleza flotante, las embarcaciones menores estaban en clara desventaja.

Cuando Arriaga recibió las nuevas instrucciones, ya se encontraba en dirección hacia cabo Tres Forcas, con la intención de seguir hacia las islas Chafarinas y recorrer la costa norteafricana hasta Mostaganem, parajes todos ellos de paso obligado para los argelinos en sus idas y vueltas del Estrecho [77]. En la respuesta para Ensenada, escrita a vuelapluma, y enviada con un jabeque al puerto de Málaga, le confirmaba que proyectaba extender su corso por aguas de Argel, Ibiza y Mallorca, ruta habitual de los argelinos cuando enfilaban hacia Italia, para regresar, a mediados de julio, a Cartagena a recibir la nueva matrícula, completar víveres y reparar pequeñas averías. Como las órdenes de Ensenada coincidían, en parte, con la derrota que había emprendido, decidió culminarla y posponer para finales de julio la recogida de las bombardas y el corso en el Atlántico. Ensenada debió enviarle las últimas noticias que le habían llegado de haberse avistado corsarios en varios puertos, entre ellos algunos de la costa atlántica, a las que Arriaga tampoco en esta ocasión, otorgó mucha credibilidad, justificándose con argumentos contundentes:

  • Las noticias de corsarios que dan de muchos puertos no siempre son las más seguras, como recibidas de marineros y torreros a quienes no acompaña el mayor conocimiento. El comandante del San Juan de Malta, que estuvo sobre Mallorca y la costa de Valencia desde 1º hasta 23 de mayo, que yo le vi, no había descubierto rastro, y a mí por acá sucedía lo mismo. Ha entrado en Cartagena embarcación cuyo patrón aseguraba le habían dado caza tres jabeques moros, y combinando el paraje y fecha eran los de mi mando… [78]

A los tres días de haber emprendido su derrota, estando entre el cabo Tres Forcas y las Chafarinas, un recio temporal de Poniente alejó a la escuadra de la costa norteafricana empujándola hacia la costa almeriense y separando a los navíos de los jabeques. Mientras Arriaga los buscaba, recibió un duplicado de las órdenes de Ensenada del 3 de junio a las que Arriaga ya había respondido. No obstante, aprovechará el obligado acuse de recibo para ser algo más explícito con respecto a sus proyectos y al cumplimiento de las órdenes recibidas. Mantener su corso en el Mediterráneo no había sido una decisión arbitraria sino obligada por los más de diez y seis días de poniente, durante los que le había sido imposible cruzar el Estrecho y pasar a Cádiz a recoger las bombardas, llevarlas a Cartagena y volver a cruzar al Atlántico. Además, uno de los jabeques había perdido una lancha que había que hacer nueva y otro había roto una antena mayor, amén de que sólo tenían víveres hasta principios de julio. Arriaga tuvo que tener en cuenta todos estos factores a la hora de tomar las decisiones conducentes a cumplir sucesivamente las órdenes de Ensenada, partiendo de que, con los medios que contaba, y condicionado por el viento, no podía fácilmente, ni multiplicar la actividad, ni ampliar el radio de acción de su escuadra.

En cualquier caso, durante su navegación no había encontrado rastro de argelinos, como tampoco ninguna de las embarcaciones con las que se había cruzado, ni las que venían de levante, ni las que lo hacían de poniente. En cambio, sí tenía noticias de un mercante holandés, de que, desde el 15 de mayo, del puerto de Argel sólo faltaban cuatro jabeques del completo de la flota, que recelosa de un posible ataque estaba en alerta para defender su plaza, lo que le llevaba a pensar que por el momento no habían iniciado una nueva campaña de corso. [79]

Tal y como tenía previsto, Arriaga continuó su corso “…con tan poco fruto como anteriormente…” [80], hasta el dos de julio, en que fondeó junto a su escuadra en Cartagena, disponiendo que los jabeques despalmaran, se dieran pendoles a los navíos y todos recibieran tres meses de víveres. Desde allí, según comunicó a Ensenada, tenía previsto partir rumbo al Estrecho para pasar, en primer lugar, al Atlántico con el fin de aprovechar los primeros treinta días de la carena de los jabeques para el corso, calculando que hasta mediados de agosto no podría regresar a Cádiz para completar las órdenes y recoger las bombardas. Entretanto a la Corte llegaron noticias de que los portugueses habían organizado una escuadra compuesta por dos navíos y una fragata para hacer el corso contra los argelinos, lo cual dio lugar a un nuevo cambio de órdenes. Ahora bastaba con que Arriaga reconociera los cabos de San Vicente y Santa María sin detenerse, para regresar cuanto antes a Cádiz y convoyar las bombardas, que estaban preparadas, hasta Cartagena. [81]

Una vez concluida la puesta a punto de la escuadra, el 15 de julio, sin más dilación, se hizo a la vela, llegando al Estrecho en torno al 25. Arriaga aprovechó el Levante para pasar al Atlántico esa misma madrugada, y sin detenerse en Cádiz siguió hacia los cabos de San Vicente y Santa María para reconocerlos, dando por hecho que los argelinos, en caso de decidirse a salir de su puerto y querer aprovechar el Levante como había hecho él mismo [82], optarían también por ese derrotero. En efecto, desde que se habían retirado del corso, a mediados de mayo, ante el temor de un supuesto bombardeo de su puerto, no se les había visto por el Mediterráneo.

Arriaga, en su derrota hacia Cádiz, había avistado una galeota mora cerca de la costa de Berbería, entre Málaga y el Peñón, a la que inútilmente había intentado dar caza, como él mismo confirmó:

  • …ya que para este género de embarcaciones ni alcanzan jabeques ni navíos…[83]

Estando todavía frente a la costa gaditana, aprovechando que uno de los jabeques de su escuadra había roto su palo de trinquete y necesitaba uno nuevo, lo envió a Cádiz con una carta para Ensenada y otra para el intendente de aquel puerto, Francisco de Varas y Valdés, en la que le comunicaba sus planes de pasar primero a reconocer los cabos para recoger las bombardas a su regreso, con la finalidad de que éstas estuvieran preparadas y así no perder tiempo. Como no tenía intención de entrar en la bahía, le indicaba que en cuanto se avistara su navío, al que pondría una bandera de Malta como distintivo en el palo mayor, diera las órdenes oportunas para que se le incorporaran las bombardas junto al jabeque. Le pedía además que mediante el patrón del jabeque le enviase las cartas de la Corte que hubieran llegado para él. [84]

El reconocimiento de los cabos apenas le llevó unos días, y tampoco en esta ocasión avistó corsarios argelinos, de modo que ya el 31, sin haber esperado en el punto de encuentro acordado, a que se le incorporara el jabeque que había quedado averiado en Cádiz, estaba con su escuadra frente a la bahía. A pesar de que tenía órdenes de no fondear en ella, no le quedó más remedio que hacerlo para recibir a bordo de los navíos dos mil bombas que no habían cabido en las bombardas. [85]

Terminada la operación de carga de los navíos y el apresto de las bombardas, que aún se demoró cuatro días, pudo hacerse nuevamente a la vela hacía Cartagena [86], donde el marqués de la Victoria le entregaría las últimas órdenes de la Corte. Durante la derrota había reconocido muchas embarcaciones que iban o venían del Estrecho, confirmándole todas ellas lo que él mismo estaba experimentando: que en esas aguas, por el momento, no había ni rastro de los argelinos. La información de un patrón mallorquín, quien a su paso por el puerto de Mahón había oído de unos esclavos que el 23 de julio anterior aún estaba la escuadra argelina defendiendo su puerto, a la espera de ser atacados [87]. Coincidía con lo que venía informando Arriaga a la Corte: los corsarios estaban concentrados en su puerto alertados por un posible ataque.

El 13 de agosto, apenas seis días después de haber salido de Cádiz, ya estaba Arriaga con su escuadra y las bombardas en el puerto de Cartagena, donde se procedió de inmediato a desembarcar las bombas de los navíos [88], con la finalidad de que pudiera hacerse nuevamente a la vela de inmediato, cumpliendo las nuevas órdenes de Ensenada [89]. En efecto, la escuadra de Arriaga salía el 19 de agosto rumbo a Argel llevando a bordo al ingeniero Juan Bautista French, encargado de alzar un plano exacto del puerto argelino, sus defensas y baterías. Previamente se había intentado enviarlo camuflado de marinero en un mercante francés desde Marsella, pero la advertencia de Francisco Mauricio Sala, cónsul en Marsella sobre un posible conflicto diplomático con Francia, aliada de Argel en virtud de un tratado de Paz que le garantizaba un próspero comercio con la regencia, hizo desistir a Ensenada [90]. Con esta medida, sin embargo, el fantasma de la temida crisis diplomática no desapareció del todo. En enero de 1750 el embajador español en Francia, Francisco Pignatelli envió a Ensenada y a José de Carvajal una copia de la carta que el cónsul francés en Argel había dirigido al secretario de Estado Puylcieulx manifestándole sus temores ante un posible ataque de España contra la regencia [91]. A Ensenada no le quedó más remedio que desmentir categóricamente las sospechas del cónsul francés: “…el rey no tiene intención de hacer armamento contra Argel ni tampoco con qué porque carece de navíos y que para fabricar algunos se necesita tiempo por la precisión de curar las maderas…”. [92]

Esta nueva etapa de la campaña, sin embargo, apenas duró una semana más, pues fue interrumpida de forma repentina por el propio Ensenada, quien, ante las alarmantes noticias que empezó a recibir sobre una rebelión en Venezuela contra la Compañía Guipuzcoana de Caracas, decidió enviar allí una escuadra con tropas de refuerzo. El 29 de agosto envió con un correo urgente pliegos extraordinarios con órdenes para Arriaga, el marqués de la Victoria y Barrero que llegaron a Cartagena el día 31. A éstos les ordenaba aprontar los dos jabeques correo que habitualmente hacían la ruta de Orán, para buscar a Arriaga en la mar y entregarle una carta suya. En ella le ordenaba regresar a puerto y mantenerse en él a la espera de nuevas órdenes. También le anticipaba, de forma reservada, la próxima expedición a Caracas de una escuadra formada por los navíos América y Constante y otros fletados para transportar tropa, cuyo mando ostentaría él. Como la situación requería no perder tiempo, se le ordenaba empezar a habilitar los navíos para pasar a las Indias [93]. No hubo necesidad de enviar los jabeques-correo a buscarle en la mar, pues el 30 de agosto Arriaga ya estaba de regreso en Cartagena, desde donde informó a Ensenada que el ingeniero French había ejecutado el plano sin problemas. [94]

Pocos días después, el 6 de septiembre, se ordenaba a Barrero no prorrogar las contratas a los jabeques [95], desde Palma, Ordeñana, confirmaría a Ensenada su llegada a aquel puerto el 20 de septiembre con la intención de desarmar, y haberles liquidado todos los haberes pendientes hasta esa fecha. [96]

La soterrada intención inicial de Ensenada al organizar esta campaña de corso de bombardear el puerto de Argel para destruir la flota corsaria argelina, no se llevó a efecto ni ese año ni los siguientes de su mandato. Sin embargo, el mantener patrulladas constantemente, durante diez meses, las costas mediterráneas con una potente escuadra de la Armada apoyada por los navíos de Malta, dando persecución a los jabeques cuando se tuvo noticias fidedignas de su presencia en algún paraje, así como la estrecha vigilancia a la que fueron sometidas las rutas habituales de los corsarios argelinos, y el temor de un posible bombardeo de su puerto sin duda contribuyeron, mientras duraron, a frenar la actividad corsaria en el Mediterráneo. Cuando, finalmente, Portugal decidió organizar una escuadra para patrullar sus costas atlánticas, también aquí disminuyó la presencia de los argelinos.

Cuando Ensenada, en agosto de 1748, dio las primeras instrucciones para el armamento de una escuadra en corso contra los corsarios argelinos, cuyo mando entregó a Arriaga, y al cabo de dos meses, sobre la marcha, decidido ampliar su objetivo a bombardear el puerto argelino, es evidente que ni él ni sus colaboradores calibraron bien sus posibilidades. Al no disponer de un proyecto bien organizado tuvieron que seguir improvisando los preparativos. Sólo la prudencia de Arriaga y de los miembros de la Junta asesora paró de momento el improvisado bombardeo, que pudo haber tenido serias consecuencias políticas y diplomáticas.

Con respecto a la forma de actuar de Ensenada caben también algunas preguntas: ¿se enteraron demasiadas personas de sus intenciones, obligándole a dar marcha atrás?, ¿se arrepintió a tiempo de estar sobrepasando sus atribuciones sin haber informado al rey? Lo cierto es que en 1754, una actitud semejante, cuando intentó por su cuenta, y sin informar al monarca, desalojar de Campeche a los cortadores de palo ingleses, será el argumento que esgrimieron en su contra ante Fernando VI sus enemigos para conseguir su exoneración[97]. Tampoco se terminaron de acallar de forma inmediata los rumores del posible bombardeo a Argel que desde Cádiz habían propagado los muchos navíos mercantes que allí atracaban. Todavía en marzo de 1752 el embajador en La Haya, marqués del Puerto, transmitió a Ensenada el ofrecimiento del almirante holandés Scriver de comandar la escuadra española destinada a tal fin. Este oficial, había estado en diferentes ocasiones en Argel al mando de varias escuadras holandesas y conocía perfectamente su puerto. Naturalmente Ensenada volvió a desmentir tales intenciones, añadiendo que para el caso, el monarca español disponía de suficientes oficiales. [98]

No tenemos constancia de que la escuadra de Arriaga realizara alguna presa, lo que sin duda se debió, en primer lugar, a la falta de ocasiones de dar alcance a los argelinos, pues como hemos visto, en la mayoría de las veces, se trató de falsos avisos o los argelinos consiguieron huir. No debemos olvidar, que con mucha frecuencia los argelinos utilizaban pequeñas embarcaciones (galeotas, saetías o jabeques de pequeño porte), que eran más rápidas y permitían mayor capacidad para maniobrar y esconderse en cuanto divisaban los impresionantes navíos de la escuadra de la Armada.

La experiencia del efecto disuasorio del constante patrullar las costas con una escuadra no era nueva. En el Caribe, donde la actividad corsaria era mucho mayor y más agresiva y donde constituía el cometido primordial de la escuadra guardacostas de Barlovento, se venía practicando asiduamente. En esta ocasión, aplicada en el Mediterráneo la misma estrategia, se había conseguido frenar el corso de los argelinos, que había ido en aumento precisamente por haberse descuidado la vigilancia de dichas costas durante todo el año anterior. Sí fue novedoso y decisivo para el resultado el iniciar la campaña en otoño, cuando habitualmente los navíos de la Armada se retiraban a invernar, evitando los riesgos de la climatología invernal, dejando la mar libre a los corsarios, y sobre todo la enorme y continuada presión de vigilancia a que éstos fueron sometidos.

La satisfacción por el éxito de la campaña y el reconocimiento al mérito y al esfuerzo del comandante de la escuadra y de los patrones de los jabeques, quedaron manifiestos en los honores que se les concedieron, así como en la generosa gratificación que se entregó a Arriaga. [99]

Durante el mes de agosto, coincidiendo con la llegada de Arriaga a Cartagena convoyando las bombardas, habían empezado a llegar a la Corte noticias de una rebelión contra la Compañía Guipuzcoana en Caracas. El embajador ante el rey de Francia, Francisco Pignatelli, informaba al secretario de Estado, José de Carvajal, de que, por vía de un navío mercante holandés llegado de Curaçao y de otro mercante francés llegado de Martinica, se tenían noticias de haberse producido una revuelta de los criollos contra la Compañía Guipuzcoana, que ostentaba el monopolio del comercio caraqueño [100]. También el cabildo de la provincia de Venezuela y los directivos de la Compañía habían despachado oficios al rey explicando sus razones. Todas estas noticias alarmaron seriamente a Ensenada, quien, como ministro de Hacienda, no estaba dispuesto a prescindir de los jugosos beneficios del comercio del cacao [101]. Para acallar y someter la revuelta se decidió enviar una escuadra con un importante refuerzo de tropas, y Ensenada no dudó en entregar el mando de dicha escuadra a Arriaga, quien le había dado pruebas suficientes de lealtad, prudencia y solvencia durante la campaña de corso.

  • NOTAS
  • [1] Véase D. OZANAM, (ed.), Un español en la corte de Luis XV. Cartas confidenciales del embajador Jaime Masones de Lima, 1753-1754. Alicante, 2002
  • [2] Sobre Carvajal y su ideología política véase D. GÓMEZ MOLLEDA, “El pensamiento de Carvajal y la política internacional española del s. XVIII” en Hispania, t. 15, (1955), pp. 117-137. D. OZANAM, La diplomacia de Fernando VI. Correspondencia reservada entre D. José de Carvajal y el duque de Huéscar, 1746-1749, Madrid, 1975. Mª V. LÓPEZ CORDÓN, “Carvajal y la política exterior de la Monarquía española”, en J. Mª. DELGADO BARRADO Y J. L. GÓMEZ URDÁÑEZ (coords.) Ministros de Fernando VI, Córdoba 2002, pp. 23-44. J. DE CARVAJAL Y LANCÁSTER, “Testamento político” en Almacén de frutos literarios, t, 1, Madrid 1818, pp.1-160. Hay una moderna reedición realizada por J. M. DELGADO BARRADO, José de Carvajal y Lancáster. Testamento político o idea de un gobierno católico. Córdoba, 1999. R. MOLINA CORTÓN, José de Carvajal. Un ministro para el reformismo borbónico, Cáceres, 1999, y del mismo autor Reformismo y neutralidad. José de Carvajal y la diplomacia de la España preilustrada, Badajoz, 2003
  • [3] Sobre el sistema de neutralidad durante el reinado de Fernando VI véase, D. OZANAM, “La política exterior de España en tiempo de Felipe V y de Fernando VI”, Historia de España de R. MENÉNDEZ PIDAL, t. XXIX, vol. 1, pp. 641-699. Sobre la firme actitud de Fernando VI para mantener la neutralidad véase, J. L. GÓMEZ URDÁÑEZ, Fernando VI, Madrid, 2001, pp. 95-124
  • [4] Véase J. L. GÓMEZ URDÁÑEZ, El proyecto reformista de Ensenada, Lérida 2004.
  • [5] Sobre ambos proyectos políticos así como sobre las relaciones entre ambos ministros véase J. L. GÓMEZ URDÁÑEZ, “Carvajal-Ensenada: un binomio político” en J. Mª. DELGADO BARRADO Y J. L. GÓMEZ URDÁÑEZ (coords.) Ministros de Fernando VI, Córdoba, 2002, pp. 65-92.
  • [6] C. FERNÁNDEZ DURO, Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón, Madrid, 1973, t. VI, p. 382.
  • [7] MARQUÉS DE LA ENSENADA, Exposición del marqués de la Ensenada a D. Fernando VI, al empezar su reinado, año 1746, transcrita en C. FERNÁNDEZ DURO, Armada española…pp. 370-374.
  • [8] Ibídem
  • [9] Véase W. SPENCER, Algiers in the age of the corsairs, Oklahoma, 1976. J. MATHIEX, Sur la marine marchande barbaresque au XVIIIe siècle, Annales XIII, 1958. M. FONTENAY y A. TENENTI, “Course et piraterie méditerranéennes de la fin du moyen-âge au debut du XIXème siècle”, en M. MOLLAT (ed.) Course et piraterie, 2 vols. Paris, 1975, vol. I, pp. 78-136.
  • [10] P. EARLE, Piratas en guerra, Barcelona, 2004, pp. 97-114
  • [11] Entre 1739 y 1748 se habían perdido 50 barcos. D. OZANAM, “La política exterior…” p. 464.
  • [12] MARQUÉS DE LA ENSENADA, Exposición del marqués de la Ensenada al rey sobre fomento de la Marina, Aranjuez, 28 de mayo de 1748, Biblioteca Palacio Real (B.P.R.), ms., II/2890, f, 147r-155r. Transcrito en C. FERNÁNDEZ DURO, Armada española…, t, VI, pp. 376-377.
  • [13] MARQUÉS DE LA ENSENADA, Exposición dirigida al rey por el marqués de la Ensenada, Aranjuéz a 18 de junio de 1747, relativamente a Hacienda, Indias, Guerra y Marina, transcrita en C. FERNÁNDEZ DURO Armada española…, t, VI, pp. 374-376.
  • [14] Archivo General de Simancas, (A.G.S.), Secretaría de Marina, (S.M.), Leg. 438, Ensenada a Arriaga, 1.4.1749. “…pero debiendo v.s. tener presente que en fines de junio de este año debe emprenderse la expedición de bombardear aquella plaza como se ha dicho a v.s. reservadamente, y que nada será más conveniente que el que tantee la situación del muelle y fortaleza, y el fondo en que hayan de servir las bombardas y fondear los bajeles a su cargo”.
  • [15] A.G.S., S.M., Leg. 437, carta de Ensenada a Orcasitas, Buen Retiro, 31.8.1748
  • [16] A.G.S., S.M., Leg. 437, cartas de Ensenada a Juan de Castro y Pedro Antonio de Ordeñana, 3.9.1748.
  • [17] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ordeñana a Ensenada, 12.9.48, adjuntando la memoria de los patrones solicitando patentes de corso para 12 jabeques que argumentaban así: “Hallándose estos mares como también las costas españolas infestadas de corsarios argelinos que impiden del todo el comercio a los vasallos de S.M., experimentándose que todos los días van apresando así jabeques mallorquines como también otras embarcaciones españolas […] convendría hacer un armamento de 12 jabeques contra infieles por ver si por este medio limpiarían estos mares”.
  • [18] A.G.S., S.M., Leg. 437, Juan de Castro a Ensenada, 5.10.1748.
  • [19] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ordeñana a Ensenada, 28.9.1748. En una cuestión tan relevante para la operación de corso, como a quién debía entregarse el mando de la misma, Ordeñana y Castro discrepaban.
  • [20] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ensenada-Juan de Castro, 3.9.1748: “Si no hubiere jabeques de la fuerza que es menester para el destino explicado, manda S.M. que v.e. y Ordeñana traten y avisen a qué costo llegará la fábrica de 4 jabeques y su armamento de cuenta de la real Hacienda, pero que si hubiere patrones que se esfuercen a construirlos de la suya, se les facilite todo el auxilio que hubieren menester para que lo ejecuten lo más brevemente posible y salgan a la mar” Ibídem, Juan de Castro-Ensenada, Palma de Mallorca, 5.10.1748: “en cuanto a construir aquí jabeques para este intento, gradúo que sería atrasarle mucho, pues habría de menester cada uno o por lo menos cada dos, con la preparación de maderas, seis meses y más”
  • [21] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ensenada-Ordeñana, 22.10.1748. El resto de las condiciones solicitadas por los patrones eran: libertad de derechos de aduana y almirantazgo para los víveres de la tropa y tripulaciones que corrían a cargo suyo y armas, municiones y pertrechos de guerra de cuenta de la real Hacienda.
  • [22] A.G.S., S.M., Leg. 437, Juan de Castro-Ensenada, Palma 5.10.48: “… yo quisiera haberlos podido aviar para que pudieran hacer algo antes que saliese a la mar el gran armamento que se ejecuta en Argel, lo que se podría fácilmente contrarrestar si nuestros navíos pudieran navegar acalorando uno o dos, como conviniese, a los jabeques...”
  • [23] A.G.S., S.M., Leg. 437, Madrid, 25.10.1748, Ensenada al marqués de la Victoria, comandante general del departamento de Cartagena; y de la misma fecha, Ensenada a Francisco Barrero, intendente del mismo departamento.
  • [24] A.G.S., S.M., Leg. 437, San Lorenzo, 29.10.1748 Ensenada al Gran Maestre de la Religión de San Juan; y Ensenada al embajador de España en Portugal, duque de Sotomayor. Como argumento de peso ante el monarca portugués, informaba del apresamiento por parte de los argelinos, frente a Finisterre, de dos carabelas portuguesas cargadas de sal.
  • [25] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ordeñana a Ensenada, Palma, 12.11.1748.
  • [26] En cada jabeque se embarcaron: su comandante, 1 teniente, 1 escribano, 1 capellán (en la Capitana), 1 cirujano, 1 contramaestre, 1 guardián, 1 piloto, 1 patrón de lancha, 1 carpintero, 1 calafate, 1 cocinero, 1 condestable, 1 armero, 50 artilleros, 50 marineros, 30 grumetes y 9 pajes, además de 25 hombres de tropa, para cuya manutención la Real Hacienda pagó 55 maravedís diarios. A.G.S., S.M., Leg. 437, copia de la contrata firmada ante el escribano Ramón Pascual por Antonio Barceló y Pedro Antonio de Ordeñana en nombre de la Real Armada.
  • [27] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ordeñana a Ensenada, Palma, 30.10.48.
  • [28] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ensenada a Ordeñana, San Lorenzo el Real, 12.11.1748.
  • [29] A.G.S., S.M., Leg. 437, Barceló, en reconocimiento a sus méritos al mando del jabeque-correo de la Armada, ostentaba la graduación honorífica de teniente de fragata, lo que junto a su capacidad de mando fue decisivo para que Juan de Castro lograra imponer que se le entregara el mando de los jabeques: “ Estamos conformes Ordeñana y yo en la elección para comandante en D. Antonio Barceló, capitán del jabeque-correo, que es espiritoso y buen marinero, con deseo de aumentar su mérito y contribuir para el caso su graduación de teniente de fragata.” A.G.S., S.M., Leg. 437.
  • [30] A.G.S., S.M., Leg. Ensenada a Barrero, San Lorenzo el Real, 8.11.1748.
  • [31] A.G.S., S.M., Leg. Barrero a Ensenada, Cartagena, 6.11.1748.
  • [32] Marqués de la Victoria a Ensenada, Cartagena, 6.11.48: “…lo que les falta al presente es gente para con brevedad ponerles los baupreses, la artillería y aparejarlos...”
  • [33] A.G.S., S.M., Leg. 437, Ensenada a Barrero, San Lorenzo, 13.11.1748.
  • [34] Ibídem, Barrero a Ensenada, Cartagena, 13.11.1748.
  • [35] A.G.S., S.M., Leg. 13-2, exp. 150. Además de entregar a Arriaga el mando de los navíos de la Armada América y Constante, se le concedió un socorro de 96 reales a cuenta de su gratificación de mesa. A.G.S., S.M., Leg. 437, San Lorenzo el Real, 13.11.1748, Ensenada a Arriaga.
  • [36] Archivo General de la Marina “Álvaro de Bazán”, (A.G.M.A.B.), Oficiales de Guerra, (OO. Guerra), Leg. 2.886, orden del 15.8.1747 comunicada al intendente de Marina del departamento del Ferrol, Bernardino Freyre. A.G.S., S.M., Leg. 13-1, exp. 6.
  • [37] A.G.S., S.M., Leg. 437, 13.11.1748 Ensenada al marqués de la Victoria: “…los segundos capitanes y los oficiales subalternos que deben destinarse a los dos navíos los nombrará V.E. de acuerdo con D. Julián de Arriaga.”
  • [38] A.G.S., S.M., Leg. 437 Marqués de la Victoria-Ensenada, Cartagena, 4.12.1748.
  • [39] Ibídem, Ensenada-Barrero, San Lorenzo, 13.11.1748.
  • [40] A.G.S., S.M., Leg. 437, instrucciones para el corso enviadas por Ensenada a Arriaga el 13.11.1748.
  • [41] Ibídem, Arriaga a Ensenada, Cartagena, 28.11.1748.
  • [42] Ibídem, Ensenada a Arriaga y Ensenada a Barrero, 8.12.1748.
  • [43] Ibídem, Diario de navegación de los jabeques a Orán, firmado por Antonio Barceló y Domingo de Avesada, contador de los jabeques.
  • [44] A.G.S., S.M., Leg. 437, Arriaga-Ensenada, a bordo del América, 8.12.1748.
  • [45] A.G.S., S.M., Leg. 437, Madrid, 14.12.1748, carta de Ensenada a Arriaga con la orden de prorrogar las contratas por dos meses.
  • [46] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga a Ensenada a bordo del América en la rada de Alicante, 31.12.1748.
  • [47] Ibídem, Arriaga a Ensenada, a bordo del América, Alicante, 21.2.49.
  • [48] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga-Ensenada, a la vela sobre cabo de Palos, 24.2.1749.
  • [49] Ibídem, Ensenada-Arriaga, minuta sin fecha.
  • [50] Ibídem, Barrero-Ensenada, Cartagena, 26.2.1749.
  • [51] Ibídem, Arriaga a Ensenada, Cartagena, 12 de marzo 1749.
  • [52] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga a Ensenada, Cartagena, 19 de marzo 1749.
  • [53] Ibídem, Arriaga-Ensenada, a bordo del América, en Cartagena, 23.3.1749. En toda la correspondencia hemos observado que las noticias sobre corsarios argelinos provenían o de navíos con los que se cruzaban en su navegación y que decían haberlos visto u oído de otros con los que ellos a su vez se habían cruzado y que los habían visto; o de puestos vigías costeros que atemorizados, tomaban casi siempre por corsarios los navíos que avistaban, (hay que tener en cuenta que éstos intentaban algún tipo de camuflaje para pasar inadvertidos); o de cautivos liberados. En cualquier caso, cuando las noticias llegaban a los buques guardacostas de la Armada, éstas suelen ser muy imprecisas y atrasadas.
  • [54] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga-Ensenada, 23.3.1749.
  • [55] A.G.S., S.M., Leg. 438, Ensenada-Arriaga, 1.4.1749.
  • [56] A.G.S., S.M., Leg. 482, “Informe de la Junta”, Madrid, 2.4.1749: ”La ideada expedición de bombardear a Argel en el verano próximo se considera plausible y aún conveniente al decoro de la monarquía, […] pero siendo preciso asegurar la acción y que las armas del rey no sufran sonrojo se propone que a los navíos y jabeques que manda Arriaga se agregue otro navío y 2-3 jabeques.”
  • [57] A.G.S., S.M., Leg. 14-1, exp. 69, Marqués de la Victoria a Ensenada, Cartagena 9.4.1749, confirmándole haber ordenado a Barrero preparar los pertrechos y víveres para tres meses destinados al San Fernando, navío que estaba previsto incorporar a la flota de Arriaga según las órdenes recibidas el 2 de abril anterior.
  • [58] A.G.S., S.M., Leg. 482, cartas de Ensenada al marqués de la Victoria, Francisco Barrero, Francisco Liaño y Antonio de Ordeñana, todas del 2.4.1749 con las órdenes correspondientes.
  • [59] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga-Ensenada, a bordo del América en Cartagena, 30.4.1749.
  • [60] La Secretaría de Marina no disponía de un plano exacto y actualizado de la costa argelina desde la expedición a Orán efectuada en 1732.
  • [61] A.G.S., S.M., Leg. 482, informe de Arriaga a Ensenada, s.f.
  • [62] Ibídem.
  • [63] A.G.S., S.M., Leg. 438, Barrero a Ensenada, Cartagena, 7.5.1749.
  • [64] A.G.S., S.M., Leg. 438, Ensenada-Arriaga, Aranjuez, 10 de mayo de 1749. Los corsarios argelinos venían recibiendo cobijo y apoyo para sus jabeques en este puerto francés.
  • [65] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga-Ensenada, 14.5.1749.
  • [66] Ibídem, Arriaga a Ensenada a bordo del América sobre cabo de Palos, 5 de mayo de 1749.
  • [67] Ibídem, Arriaga a Gabriel Peña, a bordo del América sobre cabo de Palos, 5.5.1749.
  • [68] Ibídem, Gabriel López-Ensenada, Alicante, 14.5.1749.
  • [69] Ibídem, Ensenada-Arriaga, Aranjuez, 12.5.1749.
  • [70] Ibídem, Thomas Oherman y Medina, ministro de Marina de Málaga, confirmó a Ensenada haber entregado los duplicados a Barceló, incluyendo un recibo firmado por éste. Málaga 12 y 20.5.1749.
  • [71] A.G.S., S.M., Leg. 482, José Pizarro y Pedro de la Cerda-Ensenada, Aranjuez, 5.5.1749.
  • [72] Ibídem, Ensenada-Arriaga, Aranjuez, 9.5.1749: “… que habiendo determinado el rey suspender ese verano la ideada expedición de bombardear Argel y que se vaya preparando todo lo necesario para afianzar el acierto de esta operación en el año próximo, se le previene de orden de S.M. para su inteligencia y gobierno y siendo una de las cosas que deben proceder la de que se transfieran a Cartagena las 4 bombardas que se están preparando en Cádiz convoyadas de los navíos y jabeques de su mando en julio, quiere S.M. que a este fin pase a Cádiz oportunamente y que sin detenerse en esa bahía más que el tiempo preciso de incorporar las bombardas, las escolte a Cartagena…”.
  • [73] A.G.S., S.M., Leg. 438, Ensenada-Arriaga, Aranjuez, 9.5.1749. A.G.S., S.M., Leg. 482, Ensenada-Arriaga, 9.5.1749.
  • [74] Ibídem, Ensenada-Ordeñana, 9.5.1749. Ibídem, Ensenada-Arriaga, 9.5.1749: “…debiendo ser despedidos inmediatamente dos de los jabeques que ahora sirven a las órdenes de v.s. y subrogar otros dos que se previno hace días a Ordeñana fletase en Mallorca e hiciese pasar a Cartagena, reglará Ud. su corso de modo que puedan incorporársele y recibir también a bordo de los navíos 200 marineros…”
  • [75] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga-Ensenada, 27.5.1749.
  • [76] A.G.S., S.M., Leg. 482, Ensenada-Arriaga, 2.6.1749.
  • [77] Ibídem, Arriaga-Ensenada, a bordo del América, cerca del cabo de Gata, 12 de junio de 1749: “Y llega en tiempo que, incorporándoseme el Constante que ayer no pudo hacerse a la vela de Almería cuando yo, por un inopinado viento que sobrevino, hacía ya derrota para cabo Tres Forcas e islas Chafarinas, en ánimo de seguir la costa hasta Mostaganem, como paraje que a ida y vuelta del estrecho no desamparan los argelinos. Y como los vientos me ayudaren, discurría continuar al leste cogiendo también la canal entre Ibiza y Argel, como travesía regular para los que pasan a hacer su corso en Italia. Y no oponiéndose este mi proyecto a lo que v.e. me previene lo continuaré...”.
  • [78] A.G.S., S.M., Leg. 438. Arriaga-Ensenada, del América cerca del cabo de Gata, 12.6.1749
  • [79] Ibídem, Arriaga-Ensenada, del América, sobre Cope, 15.6.1749.
  • [80] Ibídem, Arriaga-Ensenada, del América en Cartagena, a 2 de julio de 1749.
  • [81] A.G.S., S.M., Leg. 438, Ensenada-Arriaga, 5.7.1749.
  • [82] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga-Ensenada, del América en el Estrecho, 25.7.1749.
  • [83] Ibídem.
  • [84] Ibídem, Arriaga-Varas, 25.7.1749.
  • [85] Ibídem, Francisco de Liaño, comandante del departamento de Cádiz, a Ensenada, Cádiz, 5.8.1749.
  • [86] Ibídem, Varas-Ensenada, Cádiz, 5.8.1749.
  • [87] A.G.S., S.M., Leg. 438, Arriaga a Ensenada, del América en Cartagena, 13.8.1749.
  • [88] Ibídem, Barrero-Ensenada, 13.8.1749.
  • [89] A.G.S., S.M., Leg. 482, Ensenada-Arriaga y Ensenada-marqués de la Victoria, 26.7.1759
  • [90] A.G.S.; S.M., Leg. 482, Informe de José Pizarro y Pedro de la Cerda-Ensenada, Aranjuez, 5.5.1749. Enviar un ingeniero camuflado para alzar un mapa exacto de la bahía argelina había sido una de las recomendaciones de la Junta de expertos consultada por Ensenada antes de decidir posponer el bombardeo. Ibídem. Francisco Mauricio Sala-Ensenada, Marsella, 14.7.1749: “…y en fuerza del tratado de paz que subsiste, afectarían estas gentes escrúpulos que denotasen sería faltar a la fe de los tratados, si, directa o indirectamente, contribuyesen a la ruina o perjuicio de una nación que deben tratar como amiga, bajo cuyos pretextos y celosos a evitar el perjuicio que suponen padecería a lo menos por algún tiempo su comercio, si el rey tomase o destruyese Argel, bien lejos de facilitar, impedirían todos los medios que pudieran conducir a ese fin.”
  • [91] Ibídem, Pignatelli-Ensenada, París, 21.1.1750.
  • [92] Ibídem, Ensenada-Pignatelli, Madrid, 9.3.1750.
  • [93] A.G.S., S.M., Leg. 401-1, exp. 276 y 278. Así como A.G.S., S.M., Leg. 438, carta de Barrero a Ensenada, Cartagena 3.9.1749, en la que le confirma el recibo de los pliegos extraordinarios para Arriaga y de las órdenes de fletar los jabeques correos de Orán para salir en su búsqueda.
  • [94] A.G.S., S.M., Leg. 482, Arriaga-Ensenada, Cartagena 3.9.1749
  • [95] A.G.S., S.M., Leg. 438, Ensenada-Barrero, 6.9.1749: “… que despida a los jabeques, pues ya estando tan próximo el invierno y no sabiéndose que haya corsarios no son menester.” y Barrero-Ensenada, Cartagena, 17.9.1749.
  • [96] Ibídem, Ordeñana a Ensenada, Palma, 24.10.1749.
  • [97] J. L. GÓMEZ URDÁÑEZ, El proyecto… pp. 126-155. C. GONZÁLEZ CAIZÁN, La red política del marqués de la Ensenada, tesis doctoral inédita, pp. 128-146.
  • [98] S.M., Leg. 482, marqués del Puerto-Ensenada, La Haya, 15.3.1752.
  • [99] A.G.S., S.M., Leg. 15-1, exp. 120. 14.6.1751: “S.M. concede al capitán de navío D. Julián de Arriaga la ayuda de costa o gratificación de 120.000 reales de vellón por una vez en atención a los gastos extraordinarios que ha tenido en la campaña que acaba de hacer en el Mediterráneo.” A.G.S., S.M., Leg. 14-1, exp. 111. “A los patrones Jaime Rivera y Salvador Sora que hicieron el corso durante el 1749 en conserva de los navíos Constante y América a cargo de D. Julián de Arriaga, se concede el distintivo de ceñir espada en atención al mérito de haber mandado sus jabeques armados de cuenta de la Real Hacienda…” A.G.S., S.M., Leg. 15-1, exp. 118. 30.4.1751: “A los patrones de los 4 jabeques mallorquines que en el 1748 hicieron el corso con los bajeles a cargo de D. Julián de Arriaga, de cuenta de la Real Hacienda, se conceden las siguientes distinciones en atención al mérito que contrajeron en el mando de estos jabeques: a Antonio Barceló, comandante de todos, sueldo correspondiente a su graduación de teniente de fragata por los diez meses y medio que estuvo empleado. A Juan Amena, Juan Coll y Juan Ramón el distintivo de poder ceñir la espada”
  • [100] A.G.S., Estado, Leg. 4.505, Pignatelli a Carvajal, París, 18.8.1749.
  • [101] M. GÁRATE OJANGUREN: La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, San Sebastián, 1990, pp.300-307.
-- Sobre la autora: María Baudot Monroy es licenciada en traducción alemán-español por la Universidad de Viena y licenciada en Historia por la UNED. Posee el Diploma de Estudios Avanzados (D.E.A.) y es Especialista Universitaria en la América virreinal por la UNED. Actualmente, ultima su tesis doctoral sobre Julián de Arriaga.