Navío Reina María Luísa

Nombre común: Reina María Luisa Porte del navío
Advocación de: -
Porte: 112 cañones
Botado en: El Ferrol, 1791

» Historial del navío.

Construido en Ferrol en 1791 con planos de José Romero y Fernández de Landa; Los navíos de la clase Santa Ana, al que este pertenecía, fueron desiguales en cuanto al andar y buen gobierno, ya que el proyecto sufría modificaciones de los ingenieros. Así tenemos al San Hermenegildo que nunca pasó de ser un navío regular, a los tres mejores de la Armada, que eran el Reina Luisa, el Santa Ana y el Príncipe de Asturias, por este orden de preferencia.

Una vez puesta la quilla, en 1790, se comprobó que tenía 3 pies y medio más de longitud, por licencia o error del constructor. Para evitar más gastos y pérdida de tiempo que originaría su corrección se dejó así y visto los inmejorables resultados posteriores no fue un mal fallo. El Reina Luisa fue botado el 12 de septiembre de 1791.

En 1793 es insignia de la escuadra española mandada por el Teniente General Lángara, que se une a la británica del Almirante Howe para la toma y posterior evacuación de la ciudad francesa de Tolón. La escuadra de Lángara apresa de los holandeses el bergantín Vigilante, Capitán, J. Wandevei; el paquebote Piter Cornueles, de Simon Drient y la urca Suandar Wervalt. Además del falucho catalán San Antonio de Padua procedente de Génova y con géneros prohibidos.

Izando la insignia del general Lángara fue a Liorna para trasladar a España al príncipe heredero de Parma (1794).

Se estrenó en combate apresando la fragata francesa Ifigenia, lo cual probó su velocidad y buena construcción (1795).

En 1798 contribuyó a rechazar los ataques británicos en Cádiz; siendo insignia del general Nava se trasladó a Brest (1799), donde permaneció hasta la firma de la paz de Amiens.

Vuelto a España (1802), transportó a Liorna a los reyes de Etruria (1803), y quedó basado en Cartagena, integrado en la escuadra del general Salcedo.

El 29 de marzo de 1805 el Teniente General D. José Justo Salcedo es nombrado comandante general del Departamento de Cartagena y enarbola su insignea en el Reina Luisa. A su cargo tiene otros 5 navíos de línea ( la composición de esta escuadra y sus mandos era: "Reina Luisa" - Brigadier D. Isidoro García del Postigo con la insigia del mencionado Tte. Gral. Salcedo, "San Carlos" - Brigadier D. Luis Mesía, "San Francisco de Paula" - Brigadier D. Juan José Martínez, "San Joaquín" - Capitán de Navío D. Félix O´Neille, "San Ramón" - Capitán de Navío D. Pedro Ruiz Mateos, "Asia" - Capitán de Navío D. José Calderón) . El Almirante francés Villeneuve pasa el 7 de abril frente a Cartagena con la escuadra combinada e invita a la escuadra de Salcedo a unirse, pero este rehusa al no tener ninguna orden de sus superiores.

En febrero de 1808 el Jefe de Escuadra Cayetano Valdés es mandado en comisión a Tolón con una escuadra bajo su mando desde Cartagena. Esta escuadra la componen el Reina Luisa de 112 cañones, con la insignia de Valdés y mandado por el capitán de navío Rafael Benard; el Paula de 74 y mandado por el capitán Félix Oneille; el Asia de 74, mandado por el capitán José Calderón; el San Pablo de 74, mandado por el Brigadier Juan José Martínez; el Guerrero de 74, mandado por el capitán José de la Enava y el San Ramón de 64 cañones, mandado por Pedro Ruíz Mateos. Pero el mal estado de los buques y varias tormentas que agravan su estado obligan a la escuadra a fondear en Palma de Mallorca, tras una tentativa de salida vuelven de nuevo, y tras breves reparaciones arriban el 5 de marzo a Mahón. Godoy sospecha que todos estos retrasos son excusas para no unirse a los franceses y manda sustituir a Valdés por Salcedo, pero antes de llevarse a cabo la orden sobreviene el Motín de Arajuez y Godoy es depuesto de su cargo. Tras la invasión francesa de 1808 Napoleón trata de que Valdés le entregue la escuadra, pero este se niega rotundamente.

El 18 de marzo de 1809 el navío cambió el nombre por el de Fernando VII.

El naufragio.
(Extraído del libro Naufragios de la Armada Española. 1867 Escrito por don Cesáreo Fernandez Duro).

Poco antes de los acontecimientos que en 1808 dieron lugar al levantamiento de la nación, y como una de las medidas que entraban en el plan preconcebido de privarla de sus fuerzas y recursos, se dispuso, de apremiante manera, que la escuadra surta á la sazón en Cartagena, al mando del general Valdés, pasase á Tolón, donde encontraría instrucciones. Este general salió en efecto del puerto, pero penetrando los intentos poco nobles de la comisión á que se le destinaba, con riesgo propio, se decidió á tomar el de Mahon, alegando escasez de víveres y pertrechos. Resolución fue esta que produjo su inmediato relevo, reiterándose á su sucesor la órden de proseguir, sin demora alguna, la navegación á Tolón; mas tampoco ésle la cumplió, conservando por ello á su patria los navios que sin escrúpulo pensó agregar á los suyos, el que en arbitro y disponedor de las naciones se había erigido.

El navio Fernando VII de 114 cañones, llamado antes Reina Luisa, fue uno de aquellos buques. Mandado por el brigadier D Manuel de Posadas pasóá Gibrallar en 1810 y de regreso á Mahon, en conserva con el Carlos y otro navio inglés, sufrió un fuerte temporal del E., que dilató hasta 27 dias la travesía, produciéndole en los capeos una vía de agua considerable que no se pudo descubrir, aunque á la llegada al puerlo se desarmó por completo el buque.

En 1815 se pensó en enviarlo á Cartagena para hacerle carena de firme, previos los reparos indispensables para esta corta travesía. Los que se hicieron en la parle más baja, disminuyeron el agua hasta una pulgada por hora, cantidad que se creyó de poca importancia, y que, por otra parte, no podía intentarse abreviar, pues al descubrir los cosederos con un gran pendol, se había rendido el palo mayor por el tercio alto. Esla avería se remedió con una rueca, y armado el navio, se le embarcaron dos oficiales, un piloto, 40 hombres de mar y maestranza y 60 de tropa del regimiento de Napóles, tripulación, cuyo número, prescindiendo de la calidad, era insuficiente para ejecutar una virada, pero que no habia posibilidad de aumentar. La galentería del Comodoro americano que mandaba la escuadrilla del Mediterráneo, facilitó un suplemento impensado, pues debiendo hacer el mismo viaje á Cartagena con la fragata United States, se brindó espontáneamente, no solo á convoyar el navio, sino también á facilitarle un oficial, dos guardias marinas y 60 buenos marineros.

Aceptado el ofrecimiento, salió el Fernando VII al mando del capitán de fragata D. Vicente de Lama y Montes, el 4 de Diciembre, al mismo tiempo que lo hacían la citada fragata americana, la corbeta de la misma nación Ontario y el navio inglés Boyne, de la insignia de lord Exmoulh, con un tiempo apacible que prometía feliz navegación.

El Fernando y la fragata se separaron de los otros para pasar al Sur de la isla Cabrera, conservando el tiempo favorable hasta el 6, que cambió el viento al NO. con mucha fuerza y mar. El navio balanceaba violentamente, padeciendo mucho el aparejo, así por esta causa cerno por el mal estado de las jarcias que faltaban con frecuencia, lo que, visto por el Comodoro, envió un bote de la fragata con cabullería y motones, auxilio de gran oportunidad, pues declarado el temporal en la misma tarde, sirvieron para remediar el desarbolo del mastelero de sobremesana, acaecido ya con tres rizos en las gavias.

La fuerza del viento fue terrible e! día 7; se habían echado en cubierta los masteleros y vergas de juanete, pero aun con este alivio balanceaba el Fernando de tal suerte, que se temía por momentos que el palo mayor viniera abajo. Al anochecer se cerró la capa con velacho y mesana, habiéndose desfondado la gavia. El Comodoro tomó á las ocho la vuelta del N. disparando un cañonazo é izando la señal de imitación al navio, qne contestó con la de imposibilidad, hecha con consulta de lodos los oficiales y en vista del estado del palo mayor, cuya meca se habia aflojado. La fragata no vio sin duda, esta señal, ni oyó probablemente los cañonazos que disparaba el navio, por hallarse á barlovento. Siguió su vuelta, perdiéndose de vista al poco tiempo, con sentimiento de los del Fernando, cuya situación se agravaba por momentos.

El calafate parlicipó á media noche que el agua aumentaba repentinamente, habiendo entrado treinía pulgadas en quince minutos, y en efecto, se descubrió bien pronto que si antes bastaba una bomba para achicar la bodega, lo conseguían entonces con dificultad las seis con que contaba el buque, y esto empleando toda la gente.

El día 8 se reunió junta de oficiales para acordar lo más conveniente, reconocido ya que el agua debía proceder de un tablón aventado en los fondos. Como primeras providencias, se dieron al palo mayor todos los aparejos reales; se echaron al agua 15 cañones de la batería del combés y la cuarta ancla, y se repararon las bombas, con las piezas de respeto. No tardó empero en inutilizarse una por completo y gastado el cuero, rotas las chavetas y herrajes de las otras, sin fragua ni elementos con que componerlas, ganando siempre el agua en la bodega, y en fuerza el temporal sin que las tuviera ya la tripulación, que no habia gozado un instante de reposo, que se decidió por unanimidad arribar sobre la costa de África.

Puesta la proa al Sur, se descubrió una fragata de guerra á larga distancia, y en la inteligencia de que pudiera ser la United States, se le hicieron señales de auxilio, disparando un cañonazo cada cuarto de hora; mas aunque á su vez disparó uno, enseñando una luz, siguió su rumbo la de la fragata, perdiéndose en el horizonte. El navio volvió entonces á tomar el de Berbería, creciendo siempre el agua en la bodega, á medida que las bombas estropeadas dejaban de extraerla. Muchos hombres cayeron extenuados por el trabajo, entra ellos el segundo comándame D. José Garlos de la Fuente, teniente de fragata, que dando ejemplo á sus subordinados, agarrado al cigüeñal, sufrió una fuerte contusión en el pecho.

El día 9 al amanecer se descubrió la costa de África á 18 ó 20 millas de distancia, demorando el cabo Bujia al Süt La influencia de la tierra calmó el viento, cambiándolo al SO., ó sea precisamente á la dirección contraria á la del Fernando; sin embargo, la proximidad de la playa reanimó á los tripulantes á seguir el trabajo de dos solas bombas que quedaban útiles, mientras se bordeaba para salvar la distancia.

El 10, á las cinco de la tarde, había subido el agua en la bodega á la altura de 9 pies 4 pulgadas, pero se habían acercado mientras tanto hasta 6 millas de cabo Bujia, y considerando la junta de oficiales que no dabía perderse momento, se verificó el embarco en los boles, empezando por las mujeres, niños y pasajeros, que en número de 19 habían salido de Mahon; siguió la tripulación, alternados españoles y americanos, sin más equipaje ni ropa que la puesta, quedando, hasta el último momento con el comandante, el piloto y el teniente americano. Cuando estos salían se inclinaba la proa del navio, sumergiéndose lentamente: al pisar la tierra había desaparecido.

El comandante hizo los mayores elogios de la serenidad, orden y actividad con que españoles y americanos trabajaron á porfía en el peligro, y por su lado el teniente G. B. M. Culloh, que mandaba los últimos, participó á su Comodoro el suceso, encomiando la sangre fría del comandante, sus acertadas disposiciones, y la disciplina del buque.

Este parle, que con el diario del mismo oficial, fue remitido al jefe de marina del departamento de Cartagena por el Comodoro Shaw, expresa que la violencia del temporal fue inusilada; y para dar idea de su fuerza, así como para confirmar la opinión del oficial, añadia como postdata, que una de las mejores corbetas de los Estados Unidos y una goleta cañonera, mandadas por oficiales activos, habían desarbolado en el mismo temporal.

La tripulación del Fernando tuvo aun que sufrir nuevos trabajos en la tierra que había alcanzado. Apenas reunida en la playa, se vio rodeada por el populacho de Bujía y los guardias del Dey de Argel, que la condujeron á la población para encerrarla con centinelas de vista en varios aposentos. A las reclamaciones del comandante, apoyadas por el cónsul de España, se contestó que los americanos quedaban en libertad de embarcarse, mas que los españoles continuarían en prisión, habiendo resuelto del Dey conservarlos en rehenes, por el apresamiento de un bergantín suyo, que se hallaba en Cartagena.

En efecto este bergantín, nombrado el Nuevo, habia sido apresado cerca de la torre del Estacio por la escuadrilla americana, que lo condujo á Cartagena. El gobierno dispuso su retención hasta decidir la legitimidad de la presa; y como resultase haber sido hecha después de un combate en aguas territoriales de España, se pidió satisfacción al gobierno de los Estados Unidos.

El Dey no dio libertad á la tripulación del Fernando hasta que, terminadas satisfactoriamente las negociaciones, se le devolvió el bergantín en Mayo de 1816.

El Consejo de guerra, para juzgar la pérdida del navio, se celebró en Cartagena el 21 de Junio, bajó la presidencia del comandante general del departamento D. José Adorno, y dictó sentencia absolutoria.

El navio Fernando VII fue botado al agua en Ferrol en 1791: posteriormente se dio este mismo nombre á otro de 74 cañones, construido en San Petersburgo en 1813, que pertenecía á la escuadra que se compró al gobierno ruso en 1818.

En el Museo naval, sala de arsenales, se conserva con el núm. 163 uno de los faroles de popa del navio Fernando, comprendiendo el dicho número un cuadro que representa al mismo navio en el acto de irse á pique en la ensenada de Bujía. También puede verse el modelo del tajamar del navio en el Museo, sala de Colon, nutrí. 230.

  • (JRFL), (RHN), (TAB)

» Dimensiones.

A su entrega
59,60 metros eslora.
2.108 toneladas
En 1805
En pies de Burgos (y pulgadas):
- Quilla limpia: 185, 10 ''
- Manga: 58
- Eslora: 210
- Puntal: 27, 6''
- Plan: 29
- Toneladas: 2.308
- Cala de popa: 28, 10''
- De proa: 26, 6''
- Diferencia: 2, 4''
- Batería al medio: 5, 10''
- Quintales de lastre en hierro: 3.616
- En zahorra: 12.000
- Quebranto: -, 6
(CDT)

» Artillería.

A su entrega
30 de a 36 libras
32 de a 24
32 de a 12
18 de a 8
En 1805
30 cañones de a 36 libras
32 de a 24
32 de a 12
16 de a 8
10 obúses de a 36
4 obuses de a 24
4 pedreros de a 4
(CDT)

» Dotaciones.

En 1805
- Plana mayor: 7
- Oficiales de guerra: 19
- Guardiamarinas: 2
- Oficiales mayores: 15
- Contramaestres, guardianes y patrones de bote: 12
- Carpinteros: 9
- Calafates: 9
- Armero, buzo, farolero y cocinero: 3
- Tropa de infantería: 244
- Tropa de artillería: 30
- Artilleros de Preferencia: -
- Artilleros ordinarios: 100
- Marineros: 340
- Grumetes: 116
- Pajes: 32
Total: 938
(CDT)
El 15 de mayo de 1800, en Brest
- Oficiales de marina: 15
- Oficiales de ejército: 6
- Guardiasmarinas: 6
- Oficiales mayores: 12
- Tropa de infantería: 393
- Tropa de artillería: 74
- Oficiales de mar: 37
- Artilleros de mar: 151
- Marineros: 145
- Grumetes: 163
- Pajes: 11
- TOTAL: 1.013

» Imágenes del navío.

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Vista de costado del navío Fernando VII, antes de 1809 llamado Reina Luisa, de 112 cañones, a finales de 1815 cuando su estado era muy lamentable. Ilustración de Todo a Babor.

 

Observaciones.