Biografía de don José Solano y Bote.

Noveno Capitán General de la Real Armada Española

Nació en Zurita (Extremadura) en el año de 1726. Sentó plaza de guardiamarina en la compañía de Cádiz en el año de 1742.

Al terminar sus primeros estudios, embarcó en el navío  “Soberano” de la escuadra de don Juan José Navarro, tomando parte con él en el célebre combate de cabo Sicié el veintidós de febrero de 1744. Por su comportamiento en este combate o acción, fue ascendido a alférez de fragata.

Fue Solano uno de los designados para acompañar a Jorge Juan, en su viaje de estudios por el Reino Unido, Francia, Holanda y Rusia.

En 1754 fue ascendido a capitán de fragata, siendo nombrado además comisario en la demarcación de los límites de las colonias españolas y portuguesas, al norte del río Marañón, en la América meridional. Esta comisión duró siete años y en ella hubo que vencer grandes dificultades; por su actuación fue ascendido a capitán de navío.

En el año de 1762 se declaró la guerra con el Reino Unido, y al regresar Solano a España se le dio el mando del navío  “Rayo” ; lo corto de las hostilidades no le permitió tener la ocasión de batirse.

Al firmarse la paz, en enero de 1763, se le nombró gobernador y capitán general de las provincias de Venezuela, que atravesaban circunstancias difíciles ya que, el intenso contrabando extranjero en sus costas disminuía cada vez más las rentas.

Su actuación enérgica pronto dio benéficos frutos: en pocos meses los guardacostas españoles apresaron ciento tres embarcaciones contrabandistas y se desalojó a los británicos de la costa de Caracas donde se habían asentado.

Cuando  en 1770 terminó Solano su gobierno se habían duplicado los ingresos de la Hacienda pública.

El trece de septiembre del mismo año, Solano fue nombrado para el gobierno de Santo Domingo, gobierno que llevaba consigo la capitanía general de la isla y la presidencia de la Real Audiencia.

Intensificó, igual que en Venezuela, el servicio de los guardacostas, obteniendo grandes frutos para la Hacienda. También se ocupó de la designación de los límites con la parte francesa.

En 1773 fue ascendido a brigadier de la Armada.

Solicitó y obtuvo continuar sus servicios en ella y fue de nuevo ascendido a jefe de escuadra en el año de 1779, poco antes de estallar de nuevo la guerra con el Reino Unido, siendo destinado de general subordinado a la escuadra del general Antonio de Arce, que se alistaba en El Ferrol y que se agregó a la combinada del general don Luis de Córdova y del conde de Orvilliers. Penetraron por el canal de la Mancha, apresando al navío británico  “Arden”,  de 64 cañones.

En veintidós de febrero de 1780 tomó Solano el mando de una escuadra destinada a llevar y proteger un convoy de tropas de 12.146 hombres destinados a socorrer a las colonias de la América septentrional y las Antillas.

Componían la escuadra: once navíos,  dos fragatas,  una balandra,  un chambequín,  un paquebote y como buques de transporte:  un navío, un pingüe,  diecinueve fragatas,  seis polacras,  trece bergantines,  catorce paquebotes y  ocho saetías, treinta y ocho  embarcaciones de registro y siete  armadas en corso. Trataban de interceptar a tales fuerzas numerosos efectivos navales británicos mandados por el almirante Rodney. Solano supo burlarlos y llevar las tropas a salvo hasta La Habana.

El ocho de julio Solano se unió a De Guichen cerca de la Dominica, constituyéndose así una poderosa escuadra fuerte de treinta y cinco navíos, contra la que ya nada igual podían oponer los británicos.

El general Gálvez, gobernador de la Luisiana, no hubiese podido llevar a cabo sus operaciones en La Florida y tomar Pensacola a los británicos, sin el concurso de Solano y de sus navíos. Para esta expedición salieron las fuerzas de La Habana, el dieciséis de octubre, las navales a las órdenes de Solano, compuestas de siete navíos y cinco fragatas, escoltando a un convoy de cuarenta y nueve velas con 3.000 hombres de desembarco, mandados por el general Bernardo Gálvez. Un huracán dispersó a los buques, pero la expedición se rehizo nuevamente en La Habana y con menos tropa y buques salió nuevamente el veintiocho de febrero de 1781.

Desembarcó Gálvez en la isla de Santa Rosa con 1.315 infantes, después de ahuyentar a dos fragatas británicas que defendían el paso.

Hubo que aligerar a los buques españoles para que pudieran pasarlo, pero así y todo varó el  “San Ramón”, que taponó momentáneamente la entrada.

Al fin Gálvez recibió refuerzos de Nueva Orleáns y de Mobile, y llegó el general Solano con once navíos, tan oportunamente que ya se habían avistado ocho británicos, desde cabo San Antonio, con la intención de socorrer a la plaza. El once de mayo la ocupó Gálvez, tomándose 143 cañones y haciendo 1.113 hombres prisioneros y otros tantos negros, además del general Campbell y del almirante Chester, capitán general británico en aquel territorio.

En 1782 Solano transportó a las tropas de Gálvez al Garico, parte francesa de la isla de Santo Domingo.

 Existía el proyecto de unirse Solano a la escuadra francesa del conde de De Grasse, para caer sobre Jamaica en gran fuerza; contaba con unos 40.000 hombres, pero un descuido de De Grasse permitió a Rodney batirlo y hacerlo su prisionero, haciendo fracasar el proyecto.

En este mismo año fue ascendido Solano a teniente general y pasó a mandar la escuadra y a la vez el apostadero de La Habana.

El veinticinco de julio de 1784, le fue conferido el título de marqués del Socorro y nombrado consejero de estado.

En el año de 1790 se le dio a Solano el mando de una escuadra fuerte de cuarenta navíos, armados en El Ferrol y en Cádiz.  Estas fuerzas influyeron grandemente en los acontecimientos de la política internacional y en paz, que se ajustó poco después con el Reino Unido.

Cuando desarmó la escuadra, Solano regresó a Madrid, continuando en sus funciones de consejero de estado. Se le concedió la Gran Cruz de Carlos III y poco después la llave de gentilhombre.

En 1796 tomó el mando de una escuadra compuesta de  siete navíos y cuatro fragatas y a la que habían de agregarse las divisiones de Aristizábal y de Apodaca.

En el mes de agosto salió y destruyó los abastecimientos británicos en las ensenadas de Bull y Chateaux, arrasó las islas de San Pedro Miquelón, echando a pique más de cien mercantes británicos. Regresó a España con sólo cuatro navíos, fondeando en la ría de Vigo, después de burlar a las fuerzas británicas.

En la promoción que tuvo lugar en 1802 fue ascendido a capitán general de la Real Armada.

Al desarmarse la escuadra siguió como consejero de estado.

Rodeado de consideraciones a su veteranía y prendas personales, vivía en Madrid cuando falleció a los ochenta años de edad y sesenta y cuatro de servicio. Esto sucedía en el año de 1806.

Retrato de jose solano y bote