Por Juan García (Todo a Babor)
Índice
Introducción
Ya hemos tratado varias veces en Todo a babor el tema del aprovisionamiento de víveres en los buques de guerra españoles del siglo XVIII. De una manera general, a lo largo de los siglos en la Armada, o en el siglo XVIII.
Esta vez vamos a acercarnos de nuevo a tan importante área, y lo vamos a hacer por medio de las ilustraciones del ya conocido «Diccionario demostrativo, con la configuración o anatomía de toda la arquitectura naval moderna», que utilizamos hace poco para conocer la uniformidad de soldados y marineros de la Real Armada del primer tercio del siglo XVIII.
Un documento muy detallado, aunque la calidad del dibujo varía según la lámina, y contemporánea de aquella época, con lo cual tenemos una fuente más que fiable para conocer de primera mano cualquier aspecto de nuestra marina en los años que van desde 1719 a 1756, que son los años que abarca esta obra.
Y no deja de sorprender la cantidad de objetos y elementos que hacían falta para equipar un navío de la Real Armada. No hay que olvidar que esas fabulosas construcciones llamadas navíos de línea podían llevar en sus entrañas entre cuatrocientas o quinientas personas los más pequeños, a más de mil en los enormes navíos de tres puentes.
Y había que dar de comer tres veces al día a todos ellos1.
Empezamos con todo lo necesario para elaborar las comidas de los hombres de a bordo que componían la dotación, que era la tripulación y guarnición de un buque; es decir: la marinería y la infantería de marina.
De izquierda a derecha: barril de carne salada, barril de tocino y bacalao. Estos eran los principales ingredientes del menú diario. Los barriles iban estibados en la bodega en un numero significativo debido al alto número de bocas que alimentar. La salazón de los mismos era obligada porque era de los pocos medios de conservación que se disponían en la época.
De izquierda a derecha: galletas, pan fresco, jamón y barril de aguardiente. Las bebidas de alta graduación, como el aguardiente, no eran raras a bordo. La galleta se cocía varias veces para su mejor conservación, lo que hacía que fuera incomestible hasta que se la remojase.
De izquierda a derecha: Sacos de miniestras (legumbres), saco de sal, leña y ristra de ajos. Entre las legumbres la que más éxito tenia, por su aguante en los viajes, gusto entre la tripulación y aporte calórico estaban los garbanzos.
Cuando un marinero o soldado caía enfermo, una de las pocas maneras que tenían las personas que los atendían, para mejorar sus condiciones, era cambiar la dieta. Muchas veces eso solo bastaba para que la persona convaleciente se encontrase mejor unos días después, lo cual no era extraño, puesto que la comida que se les daba era más variada, y en ocasiones hasta fresca, que la habitual.
Terneras o vacas y carneros. A bordo de un navío se podía encontrar, sobre todo las primeras semanas de viaje, una cierta cantidad de animales para consumo, tanto de los enfermos como de los oficiales. Las gallinas eran los animales más numerosos, que veremos más adelante.
Arriba: gallineros tanto de los enfermos como del comandante del navío. Se colocan sobre la toldilla. Debajo: a la izquierda un comedero y a la derecha un bebedero para las gallinas.
Además de los víveres que también se almacenaban en pipas y barriles, la mayor parte de la pipería de a bordo estaba destinada al almacenamiento de agua. Elemento vital, sus barriles eran continuamente vigilados para evitar fugas. También era importante el vino, que para la tripulación era casi más importante que el agua.
De hecho, en el poco variado menú de a bordo, el vino era de las pocas alegrías que solían tener, además aportaba un importante poder calórico. Su consumo y distribución, no obstante, estaba muy controlado y era raro que hubiera hombres ebrios estando el buque a la vela.
De izquierda a derecha: corcha (tapón) de barril, tonel de 60 arrobas (690 kilos) para el agua, pipa para vino de 30 arrobas, bota para hacer aguada de 15 arrobas, cuarterola de 7 arrobas y media para la aguada, barril para vino o aguardiente de 5 arrobas y barril para agua en la lancha o bote cuando salen fuera, de una arroba y cuarto.
Un aspecto donde se aprecia con mayor claridad la marcada jerarquía social del siglo XVIII es en el contraste entre el menú de un marinero o soldado y el del comandante del navío en el que servían.
Si bien esa desigualdad ya resultaba evidente en la vestimenta y en la precariedad de los espacios donde la tripulación descansaba, es en la alimentación donde la brecha se volvía verdaderamente abismal. Esta diferencia no era accidental, sino institucional: todos los oficiales de a bordo, además de su sueldo base, percibían un complemento denominado «gratificación de mesa«.
Gracias a este fondo, los oficiales podían proveerse de víveres de alta calidad, diferenciando su mesa de la ruda dieta del resto de la dotación. Como hemos visto anteriormente, los oficiales podían disponer de la carne fresca proveniente de las reses y gallinas a bordo, algo que el resto del pasaje tenía vedado, salvo para la dieta de enfermos.
La dotación (marinería e infantería de marina) tenían un cocinero a proa, donde los fogones, y los oficiales disponían a popa de sus propios reposteros. No hay que olvidar que muchos de estos oficiales viajaban con sus propios criados, que no formaban parte de la tripulación del buque. El comandante de un navío de línea podía tener dos criados a su servicio, pero un teniente general podía llevar hasta una docena.
El cocinero del comandante disponía de una repostería realizada con lona y clavadas con estoperoles (tachuelas) y con candado para evitar robos, que se ponía cerca del mamparo de la cámara baja. Contenía tal repostería todos los utensilios necesarios para cocinar y preparar las comidas del comandante.
A saber, entre otros, botellas para diferentes vinos (de Francia, Málaga,…), botellas de licores, con sus copitas y vasos de cristal, cuchilleras, candeleros, cafetera, tetera, cajones para el chocolate (los oficiales españoles eran muy aficionados a esta bebida), arcas para la mantelería, tinajas para el agua, morteros toallas de mano, mantelerías, servilletas, delantales, estropajos, aceiteras, ollas, cacerolas, peroles, sartenes, parrillas, etc,…
A continuación listamos todos los productos que necesitaba solo el comandante del navío para su satisfacción, añadiéndose una nota final que decía así: «El número y cantidad de este rancho lo regula el viaje según fuere y el gusto espléndido del comandante», con lo que podemos deducir que había comandantes más sobrios que, seguramente, se conformarían con algo menos de lujo y cantidad. Pero lo que enumeramos debía ser lo común, pues así está descrito en la relación.
Para el pan
Harina
Bizcocho blanco
Bizcocho negro o inferior
Vinos
De España
De Cataluña
De Francia
Aguardiente
Frasqueras de licores
Aceite
Vinagre
Legumbres
Coles
Escarolas y lechugas en salmuera
Guisantes verdes
Vinagreras
Arroz
Chirivías (cita 4), lentejas y habas
Pimientos rojos
Cebollas grandes
Calabazas blancas y rojas
Guisantes secos
Garbanzos y tomates
Mostaza y ristras de ajos
Especias y hierbas secas
Pimienta negra
Azafrán
Clavo
Canela
Nueces moscadas
Cilantro
Orégano
Poleo
Rosa seca
Espliego o alhucema
Tomillo, laurel, salvia
Afrecho para lavar los platos
Carnes
Terneras de 2 años, hasta 3
Carneros
Pollos
Gallinas
Pavos
Patos
Pichones
Barriles de huevos en sal o aceite
Manteca de Flandes y de puerco
Carnes saladas
Jamones y petisalé2
Tocino y lardo3
Salchichones de Génova
Chorizos
Lenguas saladas de Inglaterra
Pastas
Macarrones
Fideos, sémola
Salados
Alcaparras, cohombros (variedad de pepino)
Pepinos pequeños
Perejil del mar
Pimientos y frutas encurtidas
Frutos secos
Nueces
Avellanas
Pasas
Almendras
Aceitunas
Ciruelas de Marsella
Quesos de Francia
Quesos de Holanda
Pescados en escabeche
Lenguados
Lenguados en aceite
Dentones y cuñetes de ostriones
Anguilas marinadas
Pescados salados
Bacalao seco y verde
Arenques
Anchoas
Salmón
Sardinas saladas
Atún
Para la sazón de los guisados
Alcauciles (alcachofas)
Alcachofas en sal
Hongos en sal y secos
Criadillas y morrillos
Cebollas pequeñas
Confituras
Guindas
Cidra rallada
Calabaza entera y rallada
Peras
Cidra coyote
Orejones
Anises
Bizcochos en pan y en papeles
Azúcar en barriles
Provisiones particulares
Té
Café
Mate o Paraguay
Azúcar de Pilón
Agua de la Reina y de Melissa
Triaca, elixires y bálsamos para heridas
Papel, lacre y obleas
Velas de cera
El comandante utilizaba habitualmente dos vajillas: una de plata, reservada para ocasiones especiales como reuniones con sus oficiales, comidas con mandos de otros buques o fechas señaladas; y otra de estaño para su uso diario. Ambas contaban con su dotación completa de cubertería, candeleros, teteras, cafeteras, platos, vasos y copas.
Desde luego, la elegante y bien surtida mesa del comandante no guardaba relación alguna con el sobrio y monótono rancho de los marineros y soldados.
En aquella época, la tripulación ni siquiera disponía de tablas que sirvieran como provisionales mesas o bancos, elementos que solo serían comunes a finales de siglo. Durante el primer tercio del siglo XVIII, los hombres comían en el suelo, ocupando el espacio entre los cañones o cualquier rincón disponible en la primera batería.
Notas
- En el siglo XVIII no todas las personas podían permitirse comer tres veces al día. El servicio en los buques de guerra era duro, pero al menos permitía que los hombres embarcados de orígenes más humildes pudieran comer mejor que lo que harían en tierra. Aunque, también es verdad, como vemos en este artículo, la variedad de la alimentación no era un aliciente.
- Petisalé: Especie de tocino de carne de cerdo (o chivo) salada y secada al sol. Galicismo.
- Lardo: Parte gorda del tocino. RAE.
- Chirivías: hortaliza similar a la zanahoria, pero blanca.
Todo a babor Historia naval de España. Desde 2003. 

















