La operación contra la plaza de Argel de 1784.

Expedición de 1784

Después del ataque del año anterior se procedió a enviar una nueva expedición a atacar la capital argelina para forzar un acuerdo que permitiese el libre comercio en la zona sin el peligro de los ataques de los piratas argelinos. Esta vez, quizás animados por el buen resultado de la anterior campaña, se les unieron elementos portugueses, napolitanos y malteses, cuyas costas y embarcaciones mercantes también habían sufrido a los piratas y corsarios argelinos.

Tras esta última expedición de castigo, para el siguiente verano de 1785 se preparó otro nuevo ataque pero el Dey de Argelia se avino a negociar con España, siendo Mazarredo el encargado de firmar en Argel un nuevo tratado de paz y comercio por el cual los buques españoles quedaban a salvo de los ataque piratas.

Al igual que en el anterior articulo he buscado y transcrito cartas e informes oficiales que aparecieron publicadas en la Gaceta de Madrid.

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Nápoles, 8 de junio de 1784

La escuadra pronta aquí para hacerse a la vela con destino a incorporarse en alguno de los puertos de España con otra de aquella nación, se compone de los navíos San Juan y San Joachin de 64 cañones, de las fragatas Minerva de 40, Santa Dorotea y Santa Teresa de 36, de los jabeques Vigilante y Protector de 24, y los bergantines Vulcano y Lipari de 20 como asimismo de una fragata armada con 22 cañones, fletada por cuenta de la Real Hacienda para que sirva de almacén, y una tartana para hospital. Varios de los oficiales de dichos buques han servido durante la última guerra en las Marinas de España, Francia e Inglaterra. El comandante de estas fuerzas navales sicilianas será el jefe de escuadra don Jerónimo Boloña; quien lleva por capitán de bandera y mayor general al caballero Fortiguerri.

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Malta, 15 de mayo de 1784

La salida para España de las galeras pertenecientes a nuestra escuadra [maltesa] se atrasó a causa de haber sido destacadas dos de ellas bajo el mando de los Sres. Village y Est a represar una embarcación de esta isla, que había sido apresada por una galeota tripolina. Con efecto no solo la recuperaron sino que también tomaron a dicho pirata, que tenía 70 turcos de tripulación.

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Cartagena, 7 de junio de 1784

Antes de ayer llegaron a este puerto, procedentes de los de Malta y Alicante, un navío, 2 fragatas, 4 galeras y un pingüe de la Religión de San Juan bajo el mando del Excmo. Sr. Capitán general el bailío de Frêlon.

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Cartagena, 30 de junio de 1784

Incorporada en este puerto una expedición contra Argel, compuesta de 130 buques al mando del teniente general de la Real Armada don Antonio Barceló, emprendió este general su salida el día 28, conceptuando cederían los vientos, que reinaban contrarios para su navegación; y para evitar que entrando los favorables de poniente le dificultasen la salida del puerto, por lo cual quedaron bordeando delante de este los vasos grandes, y fondeando los menores en Escombreras y la Asudia. Entablado con efecto el día de hoy el viento favorable con horizontes muy claros se vio esta tarde desde la vigía de esta ciudad toda la expedición unida y navegando en derrota para la bahía de Argel.

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El teniente general de la Real Armada don Antonio Barceló en carta fecha en la bahía de Argel a 12 del presente mes [julio], escribe al Sr. Ministro de Marina lo siguiente.

Excmo. Sr.= Muy Señor mío: desde que avisé a V.E. mi salida de Cartagena con los buques mayores el 28 último [junio], me mantuve con ellos sobre aquella costa, experimentando siempre los vientos del 2º cuadrantes bastante frescos (por cuyo motivo dispuse se abrigasen del fondeadero de la subida los jabeques y otras embarcaciones de menos resistencia, habiendo enviado al Departamento la galeota Concepción, que había partido sobre un balance su entena mayor) hasta el 30, que declarado el viento por el SO, y habiendo incorporado estos buques y los menores, que quedaron en Cartagena, excepto 3 brulotes, que no pudieron montar el cabo de la subida, emprendí mi derrota en la misma noche para la travesía de esta costa, la que reconocí en la tarde del día siguiente sin embargo de haberse cambiado el viento al NE bien de bonancible.

Continuaron estos del mismo modo por el 2º cuadrante hasta el 4º que refrescó el E en demasía con mucha mar, de cuyas resultas tuvo avería en su entena mayor la galera capitana de Malta, y no queriendo yo exponer estos buques ni los menores de la escuadra a los incidentes, que pudieran originarse de mantenerme ciñendo el viento, determiné arribar en vuelta del O. En la misma noche, hallándome a distancia de 10 leguas de Arceo, hizo el tiempo una total variación, calmó enteramente aquel viento con apariencias de contraste, y con efecto lo hubo, declarándose por el NO con mayor fuerza, que había reinado el E por el día, y aunque en el resto de la noche quedó casi calma, continuó bonancible todo el inmediato día, en que hice rumbo para esta bahía.

En todos los días siguientes reinaron vientos flojos del 3º y 4º cuadrante, a favor de los cuales logré recalar la mañana del 8 sobre la Punta del Pescado, a distancia como de 4 leguas, en cuya situación calmaron aquellos enteramente, y se declaró nuevamente el E, que continuó el resto del día con varias alteraciones y contrastes en la noche. Amaneció el 9 y se experimentó en todo él el viento al E y ESE, con los cuales durante la mañana y a favor de las corrientes, que eran favorables, me puse con toda la escuadra a barlovento de esta bahía, en donde (sin embargo de que iba refrescando por instantes el SE) determiné fondear para evitar por este medio una forzosa arribada, a que quedaba expuesta como a otras muchas perjudiciales contingencias de mantenerse en la mar con viento duro y contrario y aparatos de contraste en la noche.

Aunque por causa del mal tiempo no fue posible fondear la escuadra en el paraje, que tenía determinado, a fin de colocarla en la debida conveniente disposición de sostener las operaciones premeditadas, lo verificó, no obstante en la mejor formación y orden posible conforme a lo que para este caso estaba prevenido a los comandantes de los buques para la mayor seguridad de estos y resguardo de las embarcaciones menores y de transporte, reservando para más oportuna ocasión el tomar el ancladero más útil y ventajoso a facilitar mis ideas, para sostener los ataques. Di las órdenes convenientes, así para que la escuadra quedase asegurada como para que en la noche se repitiesen las rondas, además de las avanzadas, y se estuviese con la vigilancia, que exigía la inmediación a los enemigos.

Estos ni al tiempo de fondear la escuadra ni en el resto de la noche hicieron movimiento alguno particular más que haber disparado 3 cañonazos con bala al tiempo de largar sus banderas en la plaza y baluartes, después de haber asegurado con uno las insignias de este navío.

Se dieron en la misma noche todas las disposiciones conducentes a que quedasen las lanchas cañoneras, bombarderas y obuseras no solo aseguradas, si también completas de sus municiones, y todo lo demás que necesitasen para operar luego que calmase el mar, y viento del NE, se arreglaron por su orden, y quedaron dadas todas las correspondientes para el ataque en la mañana del 10, si el tiempo lo permitía.

Al amanecer de este día se advirtió que los argelinos habían formado hasta 55 lanchas desde la punta del muelle hasta la batería cubierta del Escollo, muy próximas a tierra. Continuaba la mareta del NE y el viento por el SE, por lo que no puso emprenderse el primer ataque, y quedó dispuesto para el amanecer del siguiente día; lo que tampoco pudo verificarse, porque en la noche ventó el NE con bastante fuerza, por lo cual toda ella se ocupó en ocurrir a la seguridad de las embarcaciones menores, suministrándolas calabrotes y anclotes competentes.

Todo el día 11 permaneció la marejada del NE y afirmó el viento por el NO algo fresco, el cual hizo calmar aquella, aparentando la serenidad de la noche, la que esperaba al día siguiente para dar principio a las operaciones.

A las 4 y media de la mañana de hoy [12 de julio] hice la señal de aprontarse para el ataque, y mandé que se preparasen para operar las cañoneras y los buques que debían sostenerlas, disponiéndose a ocupar los puestos, que les había señalado para ofender a las cañoneras enemigas durante la acción. A las 5 disparó la plaza un cañonazo, y de descubrieron sus lanchas formadas en la disposición expresada. A esta hora mandé formar la línea y previne se avanzase.

A las 6 y media estando ya todo pronto, y las lanchas sobre los remos, me embarqué en mi falúa y pasé con mi Mayor general don Joseph Lorenzo de Goycochea y los ayudantes en diferentes botes para su formación y colocación en sus respectivos puestos, que verificaron a mi satisfacción.

En esta disposición me dirigí hacia la plaza, que tenía formadas sus cañoneras, bombarderas y galeotas hasta en número de 67 embarcaciones desde el fuerte de Babason por la parte del S hasta el muelle de la banda del N, y colocada nuestra línea de lanchas lo más al S que me fue posible, con reflexión a que por esta parte tenían sus fortificaciones menos números de cañones, disparó la Plaza una bomba que propasó nuestra línea más de 100 toesas, lo que me certificó que estábamos en disposición de hacer fuego con utilidad, excusando la prueba, que tenía premeditada para el alcance.

A las 8 y minutos hice la señal de romper el fuego, y lo verificó la línea con todo ardor y con atención a mis señales, que eran repetidas por mi Mayor, y continuó sin alteración hasta las 10 y 20 minutos, que mandé se retirasen en buen orden por haber consumido sus municiones todas las lanchas.

La acción fue tan bien ejecutada por nuestra línea como sostenida por las galeras de la Religión de San Juan, galeota San Antonio, balandras, jabeques, y bergantines españoles y napolitanos, que cubrían las alas derecha e izquierda, habiendo acreditado unos y otros particular serenidad, espíritu y bizarría, concurriendo iguales circunstancias en los oficiales, que mandaban los botes y lanchas de la escuadra y buques auxiliares, que asistieron al ataque, a que también concurrió el caballero de Forteguerni Mayor general de las fuerzas de S.M. Siciliana incorporadas a esta expedición.

Durante el ataque se observó el acierto de nuestros fuegos, que después confirmaron las ruinas que se advirtieron en la población, y el incendio que no pudieron apagar hasta las 4 de la tarde, y de las lanchas enemigas se volaron 4 en la acción.

Los daños experimentados por nuestra parte son los siguientes. En la bombardera nº 23 de resultas de haberse corrido la espoleta y reventado la bomba dentro murieron el condestable y 3 marineros, y resultaron 6 heridos, los 4 gravemente. En la obusera nº 10 fueron heridos levemente de astillazo el teniente de artillería del Ejército don Ignacio Muñoz y un grumete; y en la bombardera nº 19 un artillero herido de consideración sin que haya experimentado en los buques daño alguno particular; y en una de las cañoneras mandadas por oficiales napolitanos murieron 2 marineros por haberse inflamado el cartucho al introducirle en el cañón.

El número de tiros de los enemigos asciende a 202 bombas y 1.164 balas, y por nuestra parte 600 bombas, 1.440 balas y 260 granadas.

Quedaron inmediatamente reemplazadas las municiones las lanchas, y dadas las disposiciones para repetir el ataque en la tarde; pero habiendo refrescado el viento por el E no lo ha permitido, por lo que lo he diferido para el amanecer de mañana si calmase; siendo muy extraordinario que en la actual estación se experimenten unos vientos tan duros como irregulares con continuos contrastes y variaciones.

En esta tarde ha ocurrido la desgracia de haberse volado la cañonera nº 27 mandada por los oficiales napolitanos don Joseph Rodríguez y don Carlos de Arfand, el primero alférez de navío y el segundo de fragata, que al parecer por descuido se prendió fuego al pañol de la pólvora. Murieron los citados oficiales, y se ignora aun por ser ya tarde el número de gente que ha perecido en ella, siendo 6 hombres los que únicamente se han salvado de su tripulación.

A las 6 de esta tarde fondearon en esta bahía los 2 navíos y 2 fragatas de S.M. Fidelísima [portugueses].

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El comandante general de la expedición contra Argel don Antonio Barceló con fecha de 20 del presente [julio] remite el diario expresivo de 6 ataques, que después del ejecutado el día 12 han proporcionado los vientos y marejadas.

Ya en aquel día apuntó el viento por el NE y se fue llamando al E arreciando, y a proporción la mar en el siguiente 13 de suerte que la balandra 1ª Resolución [ex británica capturada en la guerra anterior] tuvo que dar la vela; la galera San Luis y el jabeque napolitano Defensor necesitaron se les auxiliase con amarras, que a prevención tenía prontas el general; y la escuadra arrió sus vergas de juanetes.

En este día arribaron a la bahía de Argel, y quedaron unidas a la expedición las fragatas Santa Clara, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de Loreto y Santa Rosa, que tenían ocupado tiempo hace aquel crucero por la parte del E.

Aunque el día 14 era el viento E bonancible, no permitió la gruesa mar operación alguna, y se notó que estaban reedificando el fuerte Babason por haber padecido en el primer ataque. Los enemigos dispararon algunos tiros en este día, y en el anterior 3 bombas; pero no alcanzaron a la escuadra.

El 15 apuntó desde media noche el viento por el S, y dada la orden para la formación de ataque en los términos practicados el día 12, se embarcó al amanecer el general don Antonio Barceló en su falúa, y se reforzó las extremidades de la línea con 4 obuseras y el centro con 3, con idea de que encontrasen oposición las 69 lanchas enemigas, que avanzaban a medio tiro de cañón de sus fortificaciones ocupaban ya el espacio comprendido entre el fuerte Babason hasta el de Bitél, si cargasen nuestra retirada para incomodar con bombas nuestras embarcaciones, considerándolas escasas de municiones después de un fuego vivísimo sin intermisión; pero escarmentados los argelinos con los daños que sufrieron el día 12, mudaron de sistema, y apenas fue avanzado nuestra línea, sin esperar a que se situase a tiro de plaza, se adelantaron rompiendo a las 6 y 13 minutos su fuego contra nuestra ala derecha, que se había avanzado algo.

Lo estuvieron a medio tiro de la plaza a las 6 y 30 minutos nuestras cañoneras del N, y sufriendo continuo fuego de la plaza, rompieron el suyo con el mayor ardor hasta concluir sus municiones a las 8 y 59 minutos, en que el general hizo señal para la retirada, y la sostuvieron el navío Rayo y el jabeque Catalán, haciendo un acertado vivo ataque a las cañoneras y bombarderas enemigas, que se habían adelantado por el N a tiro corto del navío, obligándolas a refugiarse en sus fortalezas.

En este ataque sufrió la cañonera nº 5 un balazo a la lumbre del agua, que logró remediar allí mismo su comandante don Miguel Irigoyen, continuando el fuego hasta concluir sus municiones; y la obusera nº 2 recibió otro igual balazo. En la plaza se advirtió (luego que a las 10 una ventolina del E disipó el humo, que la cubría) que estaban demolidos los merlones de la batería del Escollo.

Los navíos portugueses aprovechando a toda diligencia la oportunidad del tiempo para pasar al E de la escuadra, lo verificaron colocándose en su puesto en línea con los demás situados de N a S para hacer frente y rechazar las lanchas enemigas siempre que la retirada de las nuestras se acercasen a tiro.

El comandante general emprendió en la tarde nuevo ataque, embarcándose a las 5 en la falúa para abreviar la colocación de la línea a tiempo que ya las lanchas enemigas en número de 42 salían de su dársena y se situaban hacia el N; pero reflexionando el general que si emprendía la acción sin el completo de municiones podría el enemigo a la retirada empeñar a alguna embarcación, incomodando con bombas el todo de la escuadra, desistió de su pensamiento; pero previno a todos los comandantes que la formación para el ataque en la mañana siguiente se haría sin señal, amaneciendo todos sobre los remos para ponerse en formación y distancia de ofender a los enemigos sin que ellos lo hiciesen con sus fuegos.

Con efecto a las 4 de la mañana del 16, en que estaba ya el Mayor de la escuadra disponiendo la línea del ataque, fue el comandante general en su falúa y la puso en orden; y avanzando lo más al N que fue posible, situándola a tiro a las 5 y 25 minutos rompió el fuego con las bombarderas y las cañoneras del N contra la plaza, y las 55 lanchas enemigas, que respondieron, como también la batería del Escollo con muy vivo cañoneo; pero se retiraron con precipitación aquellas hasta abrigarse de sus fortalezas por el desorden, que les causó con particularidad el fuego de granada, que les hizo con notable acierto la obusera nº 1, habiendo ardido a las 6 una lancha del centro y media hora después la citada batería.

Cesó a las 7 nuestro fuego, y a la media hora se retiraron las cañoneras, que el general había mantenido en inacción para ocurrir a donde la necesidad lo exigiese.

Poco después la plaza disparó 46 balas y 9 bombas contra nuestras embarcaciones, que estaban a la vela hacia la punta del Pescado, pero sin efecto por estar fuera del alcance.

Dispuesto a las 3 de la tarde el 4º ataque salieron 55 lanchas enemigas, avanzándose hacia el N y colocándose a medio tiro de sus fortalezas, rompieron estas y aquellas el fuego a las 4 y 41 minutos. Nuestras bombarderas del N se avanzaron hasta poder meter las bombas en la linterna y demás fortificaciones de la Marina, pero no se logró a satisfacción, por lo que mandó el general avanzase también al S las cañoneras de la izquierda, y empezasen el fuego las bombarderas de aquella parte. Consumidas sus municiones a las 5 y 40 minutos se retiraron estas, y ocuparon su claro dichas cañoneras de la izquierda, lográndolo también la galeota San Antonio a vela y remo; y cuando a las 6 y 35 minutos quedaron nuestras bombarderas aseguradas, dispuso el general la retirada de los demás buques.

Solo se contaron 53 lanchas enemigas, que bogaban hacia su dársena; habiéndose a las 5 y 30 minutos visto a pique la falúa generala enemiga, y que la remolcaban a la plaza. La del comandante general don Antonio Barceló tuvo poco antes igual suerte sin más desgracia que de un marinero, que perdió una pierna, de cuyas resultas murió, y otro levemente herido. Seguidamente pasó el general a uno de los botes de auxilio, que acudieron prontamente a socorrerle, y continuó reconociendo la línea, mandando se remolcase la falúa hasta el navío comandante el Rayo.

Amaneció el 17 con densa niebla, que no permitió hasta las 6 y 30 minutos disponer el 5º ataque. Formada la línea, y a su vanguardia el general, avanzó hacia la plaza, adelantándose el Mayor con las bombarderas del centro. Ya estaban 21 cañoneras enemigas presentadas para impedir la colocación de aquellas y divertir nuestras cañoneras de la izquierda, dirigiéndose las demás enemigas hacia el N, y cuando estuvieron todas a medio tiro de sus fortalezas, y a uno de nuestra línea a las 8 y 22 minutos rompieron su fuego.

Nuestras bombarderas siguieron avanzando hasta que estando a las 9 a tiro de la plaza empezaron el suyo, y mandó el general lo sostuviesen las cañoneras del S, adelantándose para que retrocedieran las enemigas, que incomodaban con metralla a aquellas; con cuyo motivo el Mayor, que estaba en el costado derecho, hizo que las cañoneras de esta parte atacasen también, lográndose contener a los enemigos, que seguían avanzando.

Concluidas a las 10 y 30 minutos las municiones de las bombarderas se retiraron, cesando el fuego de ambas partes a los 55 minutos, en que quedaron fondeadas todas nuestras lanchas entre los navíos y demás embarcaciones de la escuadra: siendo de creer que padecieron mucho daño las enemigas, pues de 59, que se habían presentado, se vieron cuando se disipó el humo retirarse solo 37.

El comandante de la escuadra portuguesa se hizo cargo de una cañonera y dos bombarderas para los sucesivos ataques.

No ocurrió en esta tarde más novedad que haber la linterna disparado un cañonazo y vístose una embarcación. Anocheció el viento claro por el E con marejada del SE.

En los mismos términos amaneció el 18, y hecha a las 5 y 30 minutos la señal de preparación para el 6º ataque, con la cual también los enemigos ocuparon sus puestos, se situaron el general don Antonio Barceló y el Mayor en sus respectivos lugares y marchó toda la línea a las 7 y 15 minutos hasta que colocadas por el Mayor las bombarderas a distancia de meter todas las bombas dentro de la plaza, hizo señal el general para romper el fuego, y la repitieron los comandantes de estas y de las cañoneras don Baltasar Cisneros y don Antonio Boneo a las 8 y 24 minutos. Lo empezaron las bombarderas a las 9 sostenidas por las cañoneras del N, que avanzaron para hacer retroceder las enemigas, las cuales quedando a medio tiro de nuestras bombarderas, las incomodaban con vivo fuego de metralla. Y con efecto se logró desordenarlas, empezando a retirarse a los 36 minutos, y a este tiempo mandó el general rompiesen el fuego nuestras cañoneras del S.

La linterna y demás fortalezas de la plaza habían empezado con vivísimo fuego, pero disminuyó considerablemente luego que principió nuestro bombeo.

La función resultó general, haciéndose por nuestra línea el más activo e igual fuego con suma complacencia del comandante general por haberse aprovechado todas las bombas, y singularmente por la confusión, que es de creer reinaría entre los enemigos, viéndose atacados con tanto rigor por nuestras fuerzas muy inferiores a las que nos han presentado. De las 77 lanchas, que habían salido, se vieron retirar únicamente 37.

Empezaron a verificarlo nuestras bombarderas a las 9 y 20 minutos sostenidas por las divisiones de cañoneras y por la galeota San Antonio del mando del teniente de navío don Joseph Barrientos, que a pesar del corto calibre de su artillería se colocaba diariamente en la línea.

El viento, que al medio día se llamó al NNO alterando la mar, impidió que se repitiese en la tarde el ataque. Necesitaban también tres bombarderas recorrer sus fondos, lo que dispuso el comandante general se concluyese antes de la siguiente madrugada, para lo cual se depositaron sus morteros y pertrechos en varios navíos.

En la madrugada del 19 entró con fuerza el viento por el NO; pero cedió a las 3 y 30 minutos llamándose a la tierra flojo, con lo que dispuesta la línea para el 7º ataque, y el general a su vanguardia, se adelantó este para reconocer si en el paraje del ataque había marejada, y encontró al cautivo español Pedro Primo, que cansado de nadar desde media noche, estaba tan desfallecido que no pudo dar declaración alguna, por lo que se lo envió a bordo del navío Rayo para que se le socorriese.

Ya estaban en sus puestos las lanchas enemigas, y a las 7 y 45 minutos antes de llegar nuestra línea al tiro de la plaza empezaron su fuego tan avanzadas que solo usaban metralla.

Pensó el general don Antonio Barceló aprovechar esta ocasión de empeñarlas en su ataque, haciendo que nuestras cañoneras se atrasasen, para que avanzando las enemigas, saliesen fuera del alcance de la plaza, y poniéndolas entre dos fuegos, quedasen cortadas; pero las galeras de la parte del S, que vieron avanzaban los enemigos y no comprendieron la idea oportuna del general, los hicieron fuego, con lo que retrocedieron lentamente sin cesar el suyo, en cuya situación dispuso el general a las 8 y 35 minutos  que nuestras cañoneras del S lo rompiesen, y que las del N avanzasen para batirlos por el flanco.

Lo lograron estas a las 8 y 45 minutos; pero viendo a las 6 y 10 minutos el general que las 62 lanchas enemigas se retiraban, resultando un combate inútil, dispuso que hicieran lo mismo las nuestras, durando el fuego de una y otra parte hasta los 53 minutos, en que quedaron todas entre las embarcaciones de la escuadra.

Al medio día refrescó el viento por el NO, pero fue cediendo en términos que calmó en la noche, bien que quedando la mar gruesa, y así amaneció el 20 con apariencias de volver a cargar el viento.

Municiones disparadas por la expedición sobre la Plaza, sus arrabales y fortificaciones.
  Ataques
Bombas 690 720 681 691 597
Granadas 342 360 407 374 332 330
Balas 2.100 2.300 1.500 1.400 1.680 1.700
Metralla 88 160 153
Municiones disparadas por los argelinos.
Bombas 233 206 266 207 108
Balas rasas y metralla 1.450 2.300 1.700 1.720 2.211 1.800
Muertos y heridos en estos seis ataques
Muertos 1 1 1 3 4
Heridos gravemente 2 1 1 2 5
Heridos levemente 6 4 5 2 6

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Parte del 8º y último ataque.

Continuando el comandante general de la expedición contra Argel don Antonio Barceló los partes de sus operaciones, da cuenta desde los mares de Alicante, con fecha de 25 de julio último, de que en el 20 se entabló con efecto en la rada de Argel el viento por el NO fresco, con mucha mar, y aunque cedió en la noche, amaneció el viento por el S con densa niebla, que impidió su idea de disponer el ataque sin señal ni movimiento, que advirtiesen los enemigos; pero a las 6 y 30 minutos dispuso, que los buques destinados a sostener nuestras lanchas se situasen a tiro lardo de la plaza.

Disipada a las 7 y 30 minutos la niebla se vieron 26 lanchas enemigas muy avanzadas, aumentándose cerca de las 8 hasta 67, formadas con dirección al N, quedando las más en el centro y frente a nuestras bombarderas, y algunas para divertir el fuego de las cañoneras del S.

Formada, y marchando nuestra línea para colocarse las bombarderas a distancia de disparar con utilidad, mandó el comandante general se adelantasen las cañoneras de la izquierda, y cuando a las 8 y 36 minutos estuvieron los enemigos a tiro rompieron el fuego pausadamente para impedir la aproximación de las nuestras, que no obstante siguieron todas avanzando en orden.

A las 9 y 31 minutos mandó se adelantasen nuestras cañoneras del N, y estando poco después probando el alcance con las obuseras de la derecha, empezaron el fuego algunas bombarderas, y siguieron todas sin duda por comprender equivocadamente que se les había hecho señal para ello, lo cual era difícil distinguirse en medio del humo denso, que rodeaba nuestra línea; y aunque procuró el comandante general se suspendiese el bombardero, por no estar a la conveniente distancia de la plaza, como las lanchas estaban a tiro de metralla de las enemigas y ocupadas en hacerlas un vivísimo fuego, no fue posible hacerles entender su determinación.

Los enemigos retrocedieron a las 10 y 20 minutos cargándoles siempre nuestras lanchas, pero como era ocioso este empeño hizo el general la señal de retirarse en buen orden, y cesó el fuego de una y otra parte a las 11 y 3 minutos, quedando nuestras lanchas haciendo toda diligencia para tomar sus amarras.

Los tiros disparados en este 8º ataque has sido 1.400 de bala rasa y metralla, 415 bombas y 275 granadas, y por parte de los argelinos 121 bombas y 1.950 balas; habiendo  muerto el guardiamarina portugués don Prudencio Rebollo, que estaba en calidad de voluntario en la bombardera nº º, y en la nº 7 quedado heridos 2 marineros.

En la misma tarde convocó el comandante general de la expedición a junta a todos los generales y comandantes de los buques españoles y aliados para deliberar si sería conveniente continuar los ataques, y resultó unánime el concepto de que, atendida la superioridad de fuerzas con que se han opuesto los enemigos a las nuestras, que podían obrar, con las que sobradamente se había acreditado el sin igual valor, conducta y amor al Rey del citado comandante general y los demás generales, oficiales, tropa y marinería, de que se componían aquellas fuerzas combinadas, pedía la prudencia y opinaban que no se debía dar nuevo ataque ni menos se expusiese este general, como había pensado, embarcándose en una bombardera, desde la cual pudiese dirigir y hacer las señales por si lograba dar a los enemigos un ataque general y vigoroso.

En consecuencia, resuelta la salida por el comandante general con la brevedad posible, dispuso que se proveyesen víveres competentes los buques, que han quedado en cruceros, y que se levasen los anclotes de las lanchas, y se descargasen de estas los morteros y cañones, para cuyas operaciones detuvo algo el viento y gruesa mar del NO que hubo el día 22 y se llamó el 23 al E, refrescando de suerte que garraron el navío comandante y otros buques, y faltaron los cables el jabeque Catalán, por lo que puesta la señal de que todos picasen sus cables salió la expedición, quedando zafa de puntas a las 5 de la tarde, y siguió para el puerto de Cartagena.

Recomienda mucho el mencionado comandante general el infatigable celo y desempeño de su Mayor y ayudantes como también de los generales y oficiales de esta expedición combinada en los ataques y otras comisiones importantes del servicio, en que han sido empleados.

El capitán general del Departamento de Cartagena en carta de 27 da parte de que el navío comandante estaba a la vista, y en el puerto toda la expedición, excepto los buques destinados en comisión, dos galeras, un bergantín y unas ocho lanchas.

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Cartagena, 31 de julio

Con efecto fondeó en este puerto el día 27 el comandante general de la expedición contra Argel don Antonio Barceló y han entrado en él todos los buques comisionados en la mar,y de la lancha cañonera nº 2 del mando del teniente de navío don Bartolomé de Torres, que, roto su remolque en el temporal ocurrido el día 23 se perdió, salvándose su gente.

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Lisboa, 10 de agosto

En un suplemento extraordinario a la Gaceta de esta ciudad de hoy se lee el extracto de una carta escrita desde Cartagena a 27 del mes último por cierto oficial portugués de los que iban a bordo de las naves de S.M. Fidelísima que fueron a la expedición de Argel. En ella después del derrotero de nuestra escuadra hasta su llegada a la bahía prosigue el autor su relación así:

“Nos colocamos según las órdenes del teniente general don Antonio Barceló, comandante en jefe de la expedición, y tuvimos oportunidad de ser testigos de vista de cuan bien merecida es la reputación de valor y pericia, que goza este gran oficial. En los días siguientes al 12 se sucedieron, según el tiempo lo permitía, los ataques, ejecutándolos principalmente las lanchas cañoneras y bombarderas, a quienes suministraban gente y municiones, y cubrían la retirada de los navíos. No es más que hacer justicia decir es imposible exceder el valor y acierto, con que el comandante dirigió estos ataques, y la prontitud e intrepidez, con que la oficialidad y demás gente por lo general ejecutaban sus órdenes.  Lan lanchas se avanzaban, yendo el general al frente en una falúa por entre un diluvio de balas del calibre 24 disparadas desde las fortalezas y baterías, que eran muchas y formadas con un orden muy superior a cuanto  se podía aguardar por las anteriores noticias. Protegido por el fuego de tierra salió al encuentro de nuestras lanchas gran número de las enemigas, disparando balas y bombas con gran brío.

A todo este fuego se expusieron los acometedores a pecho descubierto, obrando con tanta resolución y actividad que siempre el número de tiros de nuestra parte sobrepasó notablemente al de los enemigos. Cuando se acababan las municiones se retiraban las lanchas en buen orden, acosadas entretanto terriblemente por los argelinos; siendo necesario el fuego de los navíos para hacerlos desistir. Repitiéronse hasta 8 veces los ataques; y el fuego fue siempre tan vigoroso y bien dirigido que a no tener los enemigos tantas lanchas armadas y gobernadas por hombres inteligentes, hubiera sido arrasado todo Argel.

Después del 8º ataque convocó el comandante en jefe a los de los navíos para oír sus pareceres. Todos lo fueron de que atendidas las circunstancias sería acertado dar por concluida la expedición. A consecuencia hizo el general el 23 de julio señal para cortar amarras; lo cual ejecutamos soplando un fuerte viento de travesía, en que nos valió mucho la experiencia de aquellas costas, que tiene dicho jefe. Últimamente nos hicimos a la vela y vinimos en derechura a este puerto, donde anclamos ayer”.