Por Carlos Parrilla
Autor de «La Real Armada del siglo XVIII» y «Barcos de madera, hombres de acero«
Un año después de la batalla de Lepanto las operaciones navales en aguas del Mediterráneo central volvieron a intensificarse, escuadras de galeras otomanas y cristianas pululaban y se perseguían buscando el enfrentamiento, aunque más las cristianas que las otomanas ya que, exceptuando las venecianas más sutiles, por lo general las cristianas eran las llamadas galeras bastardas, de mayor tamaño, dotación y mejor armadas.
En este contexto el 7 de octubre de 1572, a la altura de la isla griega de Sapientza, desde las galeras de Marco Antonio Colonna y Don Álvaro de Bazán, se observó como una nao veneciana era perseguida por unas veinte turcas.
Los dos comandantes cristianos salieron a la caza de las galeras enemigas pero éstas al ser más ligeras se les escapaban, entonces Don Álvaro dio orden al cómitre de intensificar el ritmo de boga consiguiendo alcanzar a la capitana otomana.
La galera de Don Álvaro, “La Loba”, abordó a la enemiga por el través saltando las tropas españolas con su comandante a la cabeza sobre los otomanos.
Durante el combate doscientos veinte galeotes cristianos de entre la chusma de boga consiguieron liberarse y unirse a las tropas asaltantes, asesinando al odiado comandante de la galera Mehmed Bey.
El combate se saldó con la captura de la galera otomana, doscientos prisioneros y doscientos veinte esclavos liberados, al coste de seis muertos y treinta heridos.
La galera fue regalada por Don Juan de Austria a Don Álvaro de Bazán, que pasó a engrosar su escuadra con el nombre de “La Presa”.
El propio Miguel de Cervantes hace mención de este episodio en el Quijote:
Tomóla la capitana de Nápoles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jamás vencido capitán don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.
En la imagen “La Loba” embistiendo a “La Presa” por su costado de babor.
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