Planes de guerra de España y Francia contra Inglaterra en 1766 (2ª parte)

Por David Teatino

Este artículo consta de dos partes: 1ª parte – 2ª parte

Como contestación a la oferta de alianza dirigida por España a Francia en noviembre de 1766 para el caso de una nueva guerra con Inglaterra, a principios de 1767 se recibe la respuesta del Gobierno francés, en la que, tras analizar pormenorizadamente los argumentos españoles a la luz de las fuerzas de ambos países, se muestra absolutamente contrario a dejarse arrastrar por su aliado a ninguna guerra antes de 1769, en el mejor de los casos.

Su respuesta se compone de tres documentos complementarios: una “Memoria del Ministerio de Marina de Francia relativo a la guerra con Inglaterra, año 1766”; un “Estado de la Marina de Francia al fin del año 1766”; y una “Memoria sobre el estado de fuerzas de mar y tierra de Francia, y sobre el uso que se podría hacer de estas fuerzas en caso de que empezase la guerra en 1769”, con la firma al margen del duque de Choiseul.

En el primero de los documentos citados, frente a las halagüeñas expectativas de España sobre las fuerzas navales francesas, de las que se espera que en el curso del primer año de guerra sean capaces de aportar ochenta navíos y cuarenta fragatas, Francia argumenta que, aunque efectivamente sus planes son de alcanzar dicha fuerza, a comienzos de 1767 su Marina tan sólo dispone de sesenta y tres navíos y veintinueve fragatas.

Navío francés Ville de Paris, botado en 1764
Navío francés Ville de Paris, puesto en servicio en 1764.

La mayor parte de estos buques se encuentran en buen estado, aunque una parte de ellos se encuentra necesitado de obras de reforma antes de estar disponibles para el servicio, y algunos otros deben ser reconstruidos por completo, trabajos cuya realización puede extenderse durante la totalidad del año 1767 y buena parte de 1768. Por otra parte la construcción de los restantes diecisiete navíos y once fragatas precisos para alcanzar las cifras previstas no podrá dar comienzo antes de finales de 1768, debido a la necesidad de acopiar materiales para ello.

Por tales motivos Francia asegura que no podrá tener en estado plenamente operativo sus actuales sesenta y tres navíos antes de 1769 y no será capaz de tener en servicio la cifra prevista de ochenta navíos y cuarenta fragatas hasta 1770, por lo que rechaza cualquier posibilidad de implicarse en ningún esfuerzo bélico antes del año 1769. Los navíos cuya construcción no haya sido terminada en esa fecha podrán entrar en servicio gradualmente en sustitución de aquellos que deban ser desarmados o sometidos a reparación durante la campaña, permitiendo mantener numéricamente la fuerza operativa.

Continuando con sus razonamientos, el Ministerio de Marina francés considera correctos los objetivos planteados por España, pero entiende que ninguno de los dos países tiene capacidad para meter en liza fuerzas tan numerosas como las propuestas por España, y mucho menos para mantener el mismo nivel de esfuerzo en una guerra prolongada. En este sentido hace notar que aunque su Marina dispusiera de forma inmediata de los planeados ochenta navíos le resultaría imposible mantener en servicio simultáneamente los sesenta y ocho requeridos en los planes españoles, y ni siquiera sería posible armar en Brest la cifra propuesta, por incapacidad física de ese puerto para armar y acoger en su seno una escuadra tan numerosa.

Es más, Francia considera ilusoria la pretensión española de que mantenga en activo una fuerza de sesenta y ocho navíos de un total de ochenta en una guerra prolongada. Según su criterio mantener el esfuerzo de guerra durante varios años con la misma intensidad requiere preservar en reserva al menos la tercera parte de las fuerzas navales. Lo contrario implicaría, si la guerra se extiende más de dos años, la imposibilidad de defender cualquier ventaja obtenida durante sus fases iniciales.

Bajo esta premisa Francia considera que en 1768 no podría mantener en activo más de cuarenta o cuarenta y dos navíos, y a partir de 1770, entre cincuenta y cincuenta y cinco, y recomienda a España hacer sus cálculos siguiendo el mismo criterio. A estos cálculos se añade la necesidad de detraer al menos seis navíos para atender a la defensa de las posesiones francesas en el océano Índico (islas de Francia y Borbón), ante su estado de absoluta indefensión y la imposibilidad de recurrir para ello a los buques de la Compañía francesa de las Indias, cuya construcción, pese a las presiones del Ministerio de Marina, responde únicamente a criterios comerciales y no se consideran susceptibles de ser adaptados para uso militar.

Apoyándose en estos argumentos, los responsables navales franceses aconsejan a España considerar la actual paz con Inglaterra como una mera tregua y centrarse en el fortalecimiento de sus respectivas marinas, que no estarán en disposición de alcanzar la superioridad naval hasta 1770, antes de intentar resarcirse de las pérdidas sufridas por ambas Coronas en la Guerra de los Siete Años.

La conclusión de todo lo anterior se reduce a que Francia no solo elude cualquier implicación en los planes de campaña ofrecidos por España sino que se niega a discutir su contenido, alegando que, puesto que cualquier futura guerra queda diferida hasta una fecha incierta, y que las fuerzas navales de los dos aliados no dejarán de crecer en ese tiempo, resulta absurdo entrar a debatir unos planes que, llegado el caso, deberán adecuarse al estado de fuerzas existente en ese momento.

Tras este análisis, la respuesta del Gobierno francés adjunta el documento titulado “Estado de la Marina de Francia al fin del año 1766”, que incorpora la siguiente relación de navíos y fragatas en servicio en la Marina francesa, con sus respectivos portes, en cuya transcripción he conservado la ortografía del documento de origen:

Lista de los navíos y fragatas existentes en los puertos de Francia:

Lista de los navíos y fragatas existentes en los puertos de Francia

Finalmente, en el último de los documentos que integran la respuesta del Gobierno francés, titulado “Memoria sobre el estado de fuerzas de mar y tierra de Francia, y sobre el uso que se podría hacer de estas fuerzas en caso de que empezase la guerra en 1769”, tras alabar calurosamente la iniciativa mostrada por la Corte española, se rechaza de plano la posibilidad de considerar el proyecto español como un verdadero plan de guerra.

En su opinión el plan diseñado por España parte de la presunción de que la iniciativa de la declaración de guerra, que se pretende eminentemente naval, debe a nacer de ambos aliados, sin tomar en consideración una serie de variables que pueden condicionar su comienzo y desarrollo, tales como la posibilidad de que Inglaterra tome la iniciativa de una hipotética declaración de guerra atacando las posesiones de cualquiera de ambas Coronas, o que el conflicto adquiera carácter terrestre con la participación de Holanda u otras potencias continentales en apoyo de Inglaterra. Por ello, Francia entiende imprescindible analizar los siguientes tres aspectos:

  1. Constatar el estado actual de fuerzas de ambas Coronas.
  2. Conocer su progresión prevista hasta 1770.
  3. Determinar los recursos militares necesarios para la defensa de las posesiones ultramarinas de los dos aliados, a fin de conocer las fuerzas que podrían quedar a disposición del esfuerzo bélico.

En relación con los dos primeros puntos, y tras remitir al contenido del documento titulado “Estado de la Marina de Francia al fin del año 1766”, se informa de que a finales de 1768 Francia dispondrá de sesenta y seis navíos y cuarenta fragatas, sin perjuicio de continuar la construcción de los restantes navíos previstos hasta alcanzar la cifra de ochenta en 1770.

Todo ello pese a los elevados gastos derivados de la habilitación de algunos puertos y del incremento en la compra de material para el mantenimiento y reparación de las posibles pérdidas de guerra. Para estos fines, el presupuesto anual de la Marina asciende a dieciséis millones. También se hace referencia a dos estados de fuerza, relativos a tropas de tierra y artillería, que según consta en una anotación manuscrita no llegaron a ser entregados a España.

En lo que respecta al tercer punto, el informe detalla las fuerzas de mar y tierra que Francia estima precisas para atender a la defensa de sus posesiones y territorio metropolitano:

Fuerzas navales
Fuerzas terrestres

Como consecuencia de estos cálculos el Gobierno francés considera que sólo le quedará disponible para operaciones conjuntas con la escuadra española una fuerza de dieciséis navíos y cuatro fragatas, si bien admite la posibilidad de incrementar esas fuerzas recurriendo al empleo de buques menores en lugar de algunas de las fragatas previstas en la tabla, así como a la utilización, en algún caso, de una parte de los buques que, de acuerdo con la misma, deben quedar en reserva con la misión de relevar anualmente a los que se encuentran desplegados en las distintas áreas.

Respecto a las fuerzas de tierra, a las cifras indicadas hay que sumar sesenta batallones de milicias, necesarios para la defensa del interior del país. Todo ello deja para su empleo en campaña una fuerza superior a los cien mil hombres, organizados en ciento veintiséis batallones de infantería y ciento setenta y tres escuadrones de caballería, además de seis “legiones” de tropas ligeras.

El Gobierno francés califica como conservadoras sus propias valoraciones, pero estima que éste es el esfuerzo máximo que se encuentra en disposición de hacer en una guerra ofensiva, en caso de que el conflicto comience en 1769, y concluye su respuesta pidiendo a España que realice un análisis semejante de sus capacidades antes de trazar cualquier plan conjunto de campaña. Sólo de esta forma se pueden definir, con posibilidades de éxito, objetivos realistas y proporcionados a la verdadera fuerza militar de ambas Coronas.

Como es evidente, y sin perjuicio de las conversaciones llevadas a cabo, este acuerdo nunca llegó a formalizarse, y ninguno de los dos países entró en guerra con Inglaterra hasta finales de la década siguiente, en el contexto de la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica. De todos modos, la documentación intercambiada entre España y Francia resulta bastante ilustrativa acerca de sus respectivas capacidades militares en aquellos años y, especialmente partiendo de los documentos franceses, sobre las circunstancias que condicionaban el empleo de las fuerzas navales de aquella época y los cálculos que sobre su operatividad se manejaban en los círculos navales y políticos de entonces.

Sin quitar la razón a los argumentos con los que Francia sustenta su rechazo a los planes españoles, lo cierto es que existe otro motivo de peso para la postura francesa, que no se explicita en ningún momento pero que, sin duda, estaba detrás de actitud de ambos países. La Guerra de los Siete Años, concluida pocos años antes, había supuesto para Francia la pérdida del Canadá y trajo consigo la cesión de la Luisiana a España, por lo que los intereses estratégicos de ese país en América pasaron a ser muy escasos.

Este hecho implicó como peligrosa consecuencia que, desde ese momento, España se veía obligada a afrontar en solitario la amenaza inglesa, ya que la posibilidad de involucrar a su aliado en aquel escenario era ahora muy reducida, lo que hacía muy difícil equilibrar el poderío naval británico y, por tanto, garantizar a largo plazo la seguridad de las posesiones españolas. Estos peligros se veían ahora agravados por el control que el dominio de Florida permitía ejercer a Inglaterra sobre el Golfo de Méjico, vital para los intereses españoles, y por la vulnerabilidad de la inmensa frontera terrestre de Luisiana con las colonias de aquel país.

Como se desprende de la propuesta de noviembre de 1766, España quería que el objetivo principal de la guerra fuese de naturaleza naval y se centrara fundamentalmente en el escenario americano, especialmente en el área del Caribe y Golfo de Méjico, donde se pretendía alcanzar una importante concentración de fuerzas desde los compases iniciales de la guerra. El primer objetivo que se fijaba para la compaña era la conquista de Jamaica, objetivo que volvería a formar parte de los planes españoles al entrar en guerra contra Inglaterra en 1779. A partir de ahí, aunque todo quedaba supeditado a la reacción del enemigo, parece evidente que los intereses españoles pasaban por mantener la superioridad en ese área y atacar Florida y Mobila, recuperando de este modo los territorios perdidos en la región a manos de Inglaterra en la Guerra de los Siete Años, objetivo a cuya consecución se pretendían subordinar los medios navales de Francia. Por otro lado, la presencia de las escuadras de Ferrol y Brest, y la concentración de tropas en el norte de Francia, en lugar de con idea de propiciar las condiciones para un ataque directo contra suelo británico, parecía más bien concebida con la intención de inmovilizar una parte de las fuerzas británicas e impedirles reforzar su presencia en el Caribe.

Desde esta perspectiva la opción de atacar Inglaterra se antoja más una concesión a los intereses franceses que una posibilidad real, como también lo es el vago ofrecimiento de valorar la posibilidad de recuperar Canadá. No obstante, en estas circunstancias parece lógico que España hiciera todo tipo de ofrecimientos para despertar el interés de su aliado e intentar implicarlo en unas operaciones de las que iba a ser la principal beneficiaria, como no lo es menos que Francia, que, no lo olvidemos, era quien debía aportar la mayor parte de los recursos, se mostrase reacia a dejarse arrastrar a un conflicto en un escenario geográfico en el que no tenía nada que ganar y del que previsiblemente iba a obtener escasa rentabilidad.

Aunque el proyecto trazado en 1766 no llegó a fructificar, los datos intercambiados entre España y Francia son bastantes ilustrativos sobre la verdadera capacidad operativa de las marinas de la época y sobre el estado de las fuerzas navales de ambos países en los años posteriores a la Guerra de los Siete Años. Cabe señalar, por último, que España no desistió de sus objetivos, que volvieron a cobrar vida cuando, a partir de 1779, se encontró nuevamente en guerra con Inglaterra en el contexto de la independencia de Estados Unidos. Como es bien conocido, en el curso de la misma Bernardo de Gálvez logró finalmente la recuperación de Florida para España, y se pusieron en marcha grandes preparativos para la invasión de Jamaica, que sólo se vieron frustrados por la apertura de negociaciones de paz a instancia de Inglaterra.

Fuente

  • Documentos contenidos en el Anejo V “Planes de guerra de España y Francia contra Inglaterra en 1766”, de la obra “El Motín de Esquilache, América y Europa”, de José Andrés-Gallego (ISBN: 84-473-4560-2)