La conquista de la Isla Tercera, 1583. Desembarco y conquista.

Movimiento hacia el objetivo; armada y fuerza de desembarco

El 18 de junio, D. Alvaro de Bazán comunica a Felipe II que la armada está lista para dirigirse a las Azores y el 23 parte del estuario del Tajo. Constituyen el grueso de la armada: 2 galeazas, 5 galeones —3 del Rey, 2 de D. Alvaro— y 30 naos gruesas, cuya misión es la de transportar a la gente de guerra a la zona objetivo y dar protección a las fuerzas del convoy de transporte y cobertura ante posibles ataques de armadas de Inglaterra y Francia (10); el convoy está formado por 12 pataches, 15 zabras, 1 navío y 7 grandes barcas de desembarco. Catorce carabelas constituyen las fuerzas ligeras de descubierta. Por último, 12 galeras serán las encargadas de batir con una artillería las defensas costeras del sector de desembarco y remolcar a las barcas de asalto —las 7 que parten con la armada más otras 22 que se encuentren en San Miguel— hasta la playa. En la ayuda de las galeras consiste tan principal parte, como sabéis, del buen suceso, dice Felipe II a Bazán en la instrucción que le remite antes de que éste se haga a la mar, el 6 de junio, desde El Escorial.

En total salen de Lisboa 91 embarcaciones, llevando a remolque las 7 barcazas de desembarco, con un desplazamiento de 20.217 toneladas, tripuladas por 3.823 hombres de mar y 2.708 de remo. La nave insignia es el galeón San Martín, de 1.200 toneladas, al mando del capitán Marolín de Juan (11). De acuerdo con la relación de Bernardino de Escalante, incluida en sus Diálogos del arte militar, publicados en letra impresa en el año 1583 (12). los bajeles montan 684 cañones. A saber: 110 de bronce en los galeones del Rey: 452 de bronce y 122 de hierro colado en las naves. Nada dice de las galeazas ni de las galeras. Sin embargo, se puede efectuar una apreciacion muy aproximada a este respecto a fin de obtener una idea aceptable de la masa de fuego que es capaz de hacer la armada salida de Lisboa para recuperar las islas rebeldes.

Las dos galeazas, a tenor de la gente embarcada y del armamento general de la época, pueden montar entre 30 y 50 cada una, y las galeras a rázón de 5 piezas por unidad. Aceptando el armamento mínimo entre todos estos buques se suman 120 piezas artilleras del tipo culebrina, cañón y cañón pedrero en sus diversas variantes, de bronce y hierro colado, que agregadas a las 684 dichas anteriormente rebasan la cifra de 700 piezas. Representa ésta una capacidad de fuego nada desdeñable, que ofrece muchas posibilidades de empleo en una operación de desembarco como la emprendida.

La gente de guerra embarcada está constituida en total por 8.841 hombres (13). Sumando a éstos los 2.600 hombres del tercio de Agustín Iñiguez de Zárate —según orden de Felipe II contenida en las instrucciones al Marqués de Santa Cruz—, estacionados en San Miguel desde el año anterior y los 436 caballeros, capitanes y soldados entretenidos, la cifra se eleva a 11.441, u 11.141 si se acepta la cantidad de 2.300 hombres recogidos en San Miguel, de dicho tercio, según refieren otras informaciones (14). En cual quier caso, la tropa embarcada es cuantitativamente poderosa; cualitativamente la mejor de Europa.

La logística para proveer al mantenimiento de esta fuerza operativa, que rebasa los 15.000 hombres, con casi 1.000 piezas de artillería, además de la arcabucería y mosquetería, durante cuatro meses, provisiones de pólvora, municiones, alimentos y atención sanitaria, se ha tenido en cuenta con toda meticulosidad, incluido un hospital de campaña con personal, medicamentos, instrumentos de cirugía y camas (15).

En la maniobra de salida, una varada de la nao Santa María del Socorro en la barra del Tajo la obliga a regresar a puerto, y cuatro días después, el 27, se le desprende el timón a la Santa María de la Costa, volviéndose también atrás. Los hombres de guerra de ambas son distribuidos entre las demás naos para continuar viaje hasta las Azores.

Visto que el tiempo lo permite —se navega con vientos escasos por bolina (16) — , y siguiendo las instrucciones de Felipe II, el día 26 ordena Bazán que se destaquen por delante las galeras al mando del capitán Diego Medrano, llegando a San Miguel el 3 de julio; y el 13 el resto de la armada fondea en Villafranca y Punta Delgada para hacer aguada y embarcar en las galeras y pinazas a los hombres de Agustín de Iñiguez.

Hasta el 19 se dedican las actividades a distribuir la artillería de batir municiones, los carros, mulos, e impedimenta en las barcas en disposición para ser puestas en tierra. La marcha hacia la zona de desembarco se retrasa a causa de los vientos contrarios, lo cual da ocasión de apresar una embarcación procedente de la Tercera, cuyos tripulantes, salidos en busca de infoimación de la armada de D. Alvaro de Bazán, se convierten en informadores de éste, facilitándole datos importantes sobre las medidas de defensa del Comendador Chaste: localización de fuertes, lugares favorables para el desembarco, distribución de las tropas, baterías, y calibre de los cañones, altura de las trincheras, etc. El viento de poniente obliga a los buques a mantenerse bordeando la bolina hasta que salta un viento del lesnordeste, que permite gobernar a la vuelta de la Tercera el día 2, y fondear frente a la villa de San Sebastián —tres millas al sur de la ciudad de Plaia— en 60 brazas de fondo, entre el 23 y el 24, toda la armada.

El día anterior, cuando los vigías de la isla Tercera señalan la presencia de la imponente armada de Bazán, vencedor de Strozzi el año anterior, cunde el pánico en la isla y desertan tres naos de la armada de Chaste: La Joveuse Marguerite, buque insignia, Le Rov y Le Passaant; sin que los ruegos del almirante francés, que los sigue durante un trecho a bordo de un patache, puedan disuadir a los capitanes (17).

Apenas fondeada la armada, D. Alvaro de Bazán destaca un emisario a requerir la paz de parte del Rey, prometiendo la salida libre a los extranjeros con armas, banderas y equipajes. Pero el enviado —el portugués Manuel González Rabelo— es recibido con nutrido fuego de artillería, mosquete y arcabuz, salvando la vida de verdadera casualidad.

Ante el fracaso de la embajada de paz decide el Marqués de Santa Cruz enviar en una pequeña embarcación a los dos portugueses apresados días antes, con una carta dirigida al gobernador rebelde Manuel de Silva. Y para reforzar con su propia presencia la nueva gestión pacificadora, embarcan él y su plana mayor en una galera que, escoltada por otras dos y dos pinazas, acompaña al barquichuelo de los mensajeros hasta la bahía de Angra. Pero tanto aquélla como ésta son rechazados con nutrido fuego de la artillería emplazada en los castillos que defienden la ciudad, teniendo los emisarios que ganar la costa a nado.

Reconocimiento de la costa y elección de la playa de desembarco

En las varias relaciones de los acaecimientos de la Tercera se echa de ver que la isla es reconocida en casi todo su litoral para determinar el lugar más propicio del desembarco.

En todas destaca la minuciosidad y precaución con que se afronta el estudio del aspecto operativo que mayormente puede influir en el éxito de la operación: la elección de la playa donde han de varar las embarcaciones de desembarco, de cuya idoneidad o inadecuación dependerá que la fuerza de asalto llegue lo antes posible a tierra y recupere su capacidad ofensiva, prácticamente perdida mientras atraviesa el espacio de mar que le separa de tierra.

Según Bernardino de Escalante, en su inmediato relato de la acción militar en la isla Tercera, el sábado a los veintitrés (18) —el día 23 — el galeón San Martín fondea frente a la villa de San Sebastián y D. Alvaro de Bazán embarca en una galera para reconocer la isla, acompañado de los componentes de su consejo: Oquendo, Marolín de Juan y dos ingenieros, recorriendo el litoral entre la punta de San Jorge —al sur de Plaia— y Angra. En una primera impresión parece a todos que frente a los Isleos —que se están fortificando— existe un paraje de costa, a la que llegan unos viñedos, por donde se puede efectuar el desembarco.

Al día siguiente reconocen el paraje nuevamente Bazán y sus consejeros, a la vez que los capitanes Lázaro de Isla, Miguel de Menesa (o Beresa) y el alférez Pedro de Menesa se desplazan a lo largo de la costa, inspeccionando todo el litoral de la isla. Reunidos los informes acopiados, se decide desembarcar en la caleta vista el día anterior junto a los Isleos. Pero los maestres de campo Francisco de Bobadilla y Agustín de Iñiguez piden a D. Alvaro autorización para reconocer ellos la salida a tierra por ser negocio tan grande y de tanta importancia (19). Sobre este reconocimiento, realizado el 25. Queipo de Sotomayor dice (20):

  • Lunes por la mañana 25 de julio día del señor Santiago fueron los maestres de campo don Francisco de Bobadilla y Agustín de Iñiguez, el capitán Juan de Texeda del tercio de don Francisco, el capitán Lázaro de Isla, del de don Lope de Figueroa y el capitán Geróni mo Francés, de las banderas que traían a su cargo don Juan de Sandoval, y el capitán Oquendo, Rodrigo de Bargas, y Cordero Rodríguez, y piloto general de las galeras, y un ingeniero a bolber a reconocer el lugar por donde se avía de arremeter; y ‘vendo costa a costa bieron que una caleta que llaman el Puerto de las Molas, era el lugar por donde con mayor facilidad se podía la isla asaltar (...).

Durante la inspección de la costa, los observadores descubren la cala de las Molas (o Muelas), pero no se detienen a reconocerla para no despertar sospechas y se dirigen a los Isleos, dándose cuenta entonces de las dificultades que entrañaría la realización de un desembarco en este lugar. Expuestos ante el consejo los argumentos contrarios al paraje elegido por parte de los maestres de campo y apuntadas las ventajas observadas de pasada en las Molas, se acuerda su reconocimiento, que realizan acto seguido D. Pedro de Padilla y D. Cristóbal de Eraso, por un lado, y D. Lope de Figueroa y D. Francisco de Bobadilla, por otro.

A la vuelta del reconocimiento, ponderada la nueva información, el consejo decide arremeter por la ensenada de las Molas. Las razones que aconsejan la elección las define muy claramente Queipo de Sotomayor (21):

  • lo uno por la comodidad del desembarcadero y ser capaz de todas las barcas en que esta van los cuatro mil soldados que avían de arremeter; lo otro porque estaba esta caleta en medio de los dos lugares de donde podía venir socorro a los que la defendían; de cualquier destas partes llegara tarde; lo otro porque no avía mas de un fuerte a la mano izquierda de la trinchera, y una plataforma donde no avía mas de una pieza (...) y aprobado este parecer por el consejo se tomó la determinación zierta en que fuere este el lugar; y que asímismo les pareció estar el armada mas zerca para la commodidad de desembarco de la demás gente y municiones.

Las fortificaciones defensivas en la playa seleccionada consisten en una trinchera de piedra de 80 metros de longitud. 2,5 metros de anchura y 3 metros de altura (22), un fuerte con dos cañones a la izquierda de la trinchera y una plataforma con otra pieza de artillería a la derecha. Otra trinchera en forma de arco situada unos 16 metros a retaguardia de la anterior, de 1,8 metros de anchura y 2 metros de altura (23), construida con tierra, refuerza la defensa de la playa en profundidad.

Preparativos para el desembarco

Mientras se reconoce la costa, se procede a preparar las embarcaciones que han de tomar parte en la operación de desembarco. En algunos pataches se colocan falcas en las bordas para que no penetre el agua, y se proveen de remos. En las proas de las barcas chatas se instalan, verticalmente, las planchas de madera que se han de abatir sobre la costa para desembarcar la gente, de modo que durante la fase de aproximación a la playa proporcionen protección contra los fuegos de la arcabucería enemiga; entre los tablones se colocan esmeriles para hostigar al adversario durante la aproximación a la playa.

En 10 galeras se levantan pavesadas a proa con objeto de proteger a los artilleros. Y a la gente de guerra se les suministra munición, botas de agua y víveres para tres días; a cada arcabucero y mosquetero se le da un cañuto de caña de un palmo de largo con algunos agujeros, para que si se ofreciese ayer de arremeter de noche por algún lugar secreto, llevales tales cuerdas cubiertas y para que en las barcas y saltando en tierra no se embarazasen y quemasen con ellas.

El 25 —día de la festividad de Santiago— lo dedican también D Alvaro y sus capitanes poniendo en orden las cosas del desembarco; el maestre de campo D. Lope de Figueroa recorre los buques de la armada en un patache, disponiendo el embarque de su gente en las barcazas, pataches y chalupas que han de dirigirse a tierra. Las relaciones compulsadas enumeran las compañías dispuestas para la primera barcada, pero no especifican el número de hombrés de cada una de ellas, de modo que existen cómputos que oscilan entre 3.000 y 6.000, este último de Chaste, por supuesto; inverosímil a todas luces por falta de capacidad de transporte en una sola oleada. Las narraciones españolas dan cifras globales de 4.000 a 4.500 hombres, pero no aportan detalles para obtener un cálculo siquiera aproximado. Conforme a la Relación de la jornada y conquista de la isla Tercera, cuyo origen se atribuye al Marqués de Santa Cruz, la fuerza de desembarco de la primera barcada estaría constituida por:

  • 12 compañías de las 20 del tercio de D. Lope de Figueroa.
    8 compañías de las 12 del tercio de D. Francisco de Bobadilla.
    11 compañías de las 17 del tercio de D. Agustín Iñiguez de Zárate.
    7 compañías de las 7 compañías de Lisboa.
    3 compañías de las 4 compañías de Andalucía.
    4 compañías de las 4 compañías de Oporto.
    4 compañías de las 4 compañías de la coronelía de alemanes.
    3 compañías de las 3 compañías de italianos.
    1 compañía de 1 compañía de portugueses de D. Félix de Aragón.
    TOTAL: 53 compañías de las 72

Por su parte, Queipo de Sotomayor, en su Relación de la jornada, expugnación y conquista de la isla Tercera, enumera las siguientes compañías:

  • 7 compañías de las 20 del tercio de D. Lope de Figueroa.
    7 compañías de las 12 del tercio de D. Francisco de Bobadilla.
    6 compañías de las 17 del tercio de D. Agustín Iñiguez de Zárate.
    14 compañías de las 15 compañías de Lisboa, Andalucía y Oporto.
    1 compañía de 1 compañía de portugueses de D. Félix de Aragón.
    4 compañías de las 4 compañías de la coronelía de alemanes.
    3 compañías de las 3 compañías de italianos.
    TOTAL: 42 compañías de las 72

La diferencia de 11 compañías que arroja la comparación de ambas relaciones es notable, pero más señalado es el hecho de que, en el caso de aceptar las 42 compañías que cita Queipo de Sotomayor, el número de hombres embarcados para la arremetida rebasa la cifra de los 6.000. La imposibilidad física de ubicación en las galeras, barcazas y chalupas, hace suponer que el número de hombres de cada compañía es ahora menor que el señalado en la relación redactada durante el embarco en Lisboa, hecho lógico a causa de bajas por enfermedad, a que parte del personal de las compañías queda en la armada en calidad de guarnición.

También es posible que las cantidades consideradas por los cronistas totalicen la tropa desembarcada en las dos barcadas —de vanguardia y apoyo— que se llevan a cabo para el asalto a la isla. Bernardino de Escalante (24) es más preciso en su narración. Dice:

  • De terminado en consejo que se acometiese por el puerto de las Muelas, se ordenó que se desembarcasen arremetiesen de vanguardia quatro mil soldados escogidos de todos los tercios con los maestres de campo y capitanes (...) y se señalaron los baxeles en que auian de yr, y la vitualla que auia de lleuar cada soldado, y que este dia lunes a los veinte y cinco, se metiesen todos los oficiales y soldados en los barcos (...).

Sea como fuere, al filo de la media noche la gente está ya embarcada y las galeras listas para emprender la aproximación a la playa elegida, que queda justo enfrente de donde ha fondeado la armada: diez de ellas, carga das de gente, llevando a jorro cada una 4 ó 5 barcas y chalupas, están dispuestas a ponerse en movimiento cuando se les indique. Las otras dos marcharán sobre la ciudad de Plaia para cañonear los fuertes en acción diversiva.

El desembarco

En la madrugada del 26, justo un año después de que lograra su triunfo sobre la armada francesa de Strozzi, embarca Bazán en la galera capitana acompañado por el maestre de campo general D. Lope de Figueroa. el veedor general D. Jorge Manrique, D. Cristóbal de Eraso, Juan Martínez de Recalde, D. Pedro de Toledo y otros capitanes de su plana mayor, emprendiendo las 10 galeras la boga silenciosa hacia la cala de las Molas.

Las otras dos galeras se dirigen a bombardear Plaia para fijar las tropas de Chaste allí estacionadas (25). Al llegar a un tiro de arcabuz de la costa —justo en la amanecida—, la galera capitana se adelanta para dar la señal de largar los remolques, comenzando la boga de las embarcaciones que se han de dirigir a tierra. Seguidamente todas las galeras comienzan por encima de los barcones a batir la tierra con tanta violencia, con tan espesos cañonazos que aquellas cruxías disparaban que parescía hundiase el mundo, yendo el horrendo ruido resonando y extendiéndose por aquellas cañadas y collados a las bueltas de las balas, que donde davan lebantaban una espesa nube de polbo que atemorizava a los que heían (26).

Ante el inesperado ataque, los defensores del sector apenas tienen tiempo de hacer uso de su artillería, por tener que acudir a las trincheras para contener con fuego de arcabuz y mosquete a los que desembarcan. Sólo un cañón del fuerte, que flanquea la trinchera por la izquierda, hace fuego continuo sobre los atacantes.

Desembarco en la isla Tercera

  • Expedición a las Islas Terceras (1583). Real Monasterio de El Escorial. Obra de Granello, Tavarón, Castello y Cambiasso. [Todo a Babor]

La resaca dificulta el desembarco, pero no lo impide:

  • unos acaban dar en tierra con sus barcos, otros sobre unas agudas peñas (...) los otros que por ser el puerto pequeño e incapaz de todos los barcos se les anteponía, otros se arrojaban a la mar, unos el agua a la zintura, otros a los pechos, y muchos de quien se podría hacer particular cuenta armados de armas fuertes se arrojaban adonde parecese misterio no averse ahogado (27).

Los primeros en llegar a tierra son el alférez Francisco de la Rúa, el capitán Luis de Guevara y el soldado Rodrigo de Cervantes, hermano de Miguel, el manco de Lepanto. Defiende la playa el capitán Bourguignon con una compañía inicial de 50 franceses y 200 portugueses, que se baten bien contra los atacantes. Pero éstos, cargados con armamento completo y municiones y aprovisionamientos para tres días en sus morrales, son veteranos, conocen su oficio y saben cómo han de trepar por las piedras y calzadas; y aunque es muy difícil, asaltan las trincheras pese a tener cuerpo y medio de altura. Ante el empuje de los asaltantes, los portugueses escapan, dejando solos a los franceses, que sufren 35 muertos, entre ellos Bourguignon.

Dice Queipo de Sotomayor que el asalto duró poco, y en menos de media ora hicieron al enemigo perder el fuerte y trincheras, ganando los nuestros terreno donde pudieron formar un escuadrón. Desde la ciudad de Plaia y posiciones enemigas próximas acuden refuerzos, solicitados mediante señales de humo y repique de campanas. Pero el maestre de campo D. Francisco de Bobadilla ordena formar con rapidez las compañías, a medida que los hombres llegan a tierra y organiza las mangas de arcabucería en los flancos del escuadrón.

El maestre de campo Agustín Iñiguez guarnece con arcabuceros dos colinas que flanquean el lugar del desembarco, y el capitán Agustín de Herrera marcha con una manga de arcabuceros a ocupar una posición fuerte por el sur para interceptar los refuerzos que el enemigo intente enviar desde Angra. Llegados a tierra el Marqués de Santa Cruz y D. Lope de Figueroa, se toman medidas para el combate, que la llegada de refuerzos enemigos hace inminente, para conquistar la villa de San Sebastián.

Ocupación de la isla

Las compañías de los capitanes La Grave y du Mayet acuden desde Puerto Pescart cuando ya las tropas españolas desembarcadas se encuadran por cuerpos y naciones, adoptando los defensores una disposición defensiva a la vista de su inferioridad, hasta que llega Chaste con sus tropas de Plaia: 400 franceses y las cuatro compañías de portugueses. Reúne así unos 1 .000 hombres.

Mientras éstos se hacen fuertes en una colina próxima a San Sebastián, dominada por un fuerte, se prepara ya por parte española el lanzamiento a tierra de la segunda barcada, que trae consigo la artillería de campaña; mientras, se han desembarcado cinco cañones de las galeras para disponer de apoyo artillero en la progresión hacia el interior, pero con poco éxito, según relata Erich Lassota en su Diario (28).

Galeones españoles en el desembarco de la isla Terceira

  • Detalle del cuadro Expedición a las Islas Terceras (1583). Real Monasterio de El Escorial. Obra de Granello, Tavarón, Castello y Cambiasso. [Todo a Babor]

Para desalojar a los franceses atrincherados en la colina se despliegan las mangas de arcabuceros y mosqueteros (29), que se apoderan de la primera trinchera, pero son rechazados al intentar conquitar la segunda, con numerosas bajas. El enemigo ha dispuesto ocho piezas de artillería, y aunque el terreno es abrupto, su posición dominante le facilita el fuego defensivo, aun que las dificultades del terreno no permiten emplazarlas adecuadamente.

Los ataques y contraataques en torno a la colina se suceden durante todo el día con suerte alternativa, hasta que al cabo de dieciséis horas de lucha, la infantería de D. Lope de Figueroa, saltando cercas, trepando por las rocas y cruzando cañadas, envuelve al enemigo, obligándole a abandonar sus posiciones. Momentos hubo, a decir de algún comentarista, que la victoria parecía escapársele de las manos a los hombres del maestre de campo español; opinión quizá exagerada, pero indicativa de que la resolución mediante las armas hubo de ser trabajada, no ganada por avatares de la suerte: 70 muertos y 300 heridos ha sido el precio pagado por los atacantes.

Finalizado el combate, aparece el Conde de Torres Vedras con sus 1.000 portugueses del cuerpo defensivo móvil y un rebaño de 300 ó 400 vacas para lanzarlas sobre los españoles, en la esperanza de repetir el ardid que hizo fracasar dos años antes el desafortunado e inoportuno desembarco de D. Pedro Valdés. Pero no llega a emplearse la vacada, porque la noche se echa encima y Chaste ha desistido de atacar.

Durante la noche, los españoles permanecen en formación de combate, en disposición de rechazar un ataque. Al alba se ordena el avance hacia la villa de San Sebastián, que los franceses abandonan en retirada ordenada hacia Angra, mientras los portugueses se dispersan al contemplar aquella máquina militar en ordenado despliegue, que parece ahora incontenible: el ala derecha, al mando de D. Lope de Figueroa; la izquierda, al de D. Juan de Sandoval; en el centro, los alemanes y los tercios de Bobadilla e Iñiguez.

Para explotar el éxito, Bazán no pierde el tiempo y fuerza la marcha por tierra hacia Angra, con D. Lope de Figueroa y 500 arcabuceros como avanzada, y da orden a las galeras de que ataquen a los buques fondeados en la bahía por temor a que los franceses se le anticipen y se hagan fuertes en la ciudad. Pero ésta y las naves se ocupan sin resistencia, porque dotaciones y habitantes han escapado con sus pertenencias más valiosas hacia el interior de la isla. El saco de tres días concedido por el Marqués de Santa Cruz a su gente proporciona un botín bien escaso a los vencedores.

Organizada e iniciada la penetración de las tropas de D. Alvaro, Chaste decide refugiarse en las fortalezas de Angra para organizar la resistencia, apoyado en la logística de los buques fondeados en la bahía. Pero a ello se opone Manuel de Silva, aduciendo que en los fuertes de la ciudad apenas pueden acogerse 200 hombres. Ante esta negativa, Chaste piensa ahora en la seguridad de su gente y marcha a internarse en la isla, para refugiarse en la montaña de Nuestra Señora de Guadalupe, áspera y propicia para ordenar una tenaz resistencia. También el gobernador Silva se retira hacia el interior con el propósito de organizar la resistencia contra los atacantes y esperar la llegada de refuerzos desde Francia. Trata de resistir Silva, mientras tenga seguidores, porque sabe que su conducta no le va a hacer acreedor de ninguna clase de clemencia si cae en manos de los vencedores.

La conquista de la isla de Fayal

Mientras Chaste y Silva, desavenidos, tratan de organizar sus respectivas defensas, el Marqués de Santa Cruz decide liquidar cuanto antes las resistencias de las otras islas rebeldes. Delega la misión en D. Pedro de Toledo, a cuya disposición pone las 12 galeras, 16 pinazas, cuatro pataches y varias embarcaciones menores y barcazas de desembarco, con 2.500 hombres de guerra al mando del maestre de campo Agustín Iñiguez de Zárate. Como asesores navales acompañan a D. Pedro de Toledo, Miguel de Oquendo, Rodrigo de Vargas, Marolín de Juan y D. Antonio de Mendoza.

El 30 de julio parte la expedición y reduce fácilmente las islas de San Jorge y Pico, tomando ésta como base para ir sobre la de Fayal, defendida por seis compañías de soldados franceses e ingleses: entre 500 y 700 hombres, según distintas versiones. Conforme a las instrucciones recibidas, e igual que se hizo en la isla Tercera, envía D. Pedro de Toledo a un emisario —el portugués Gonzalo Pereira— para requerir la sumisión al Rey sin llegar al empleo de las armas. Pero es asesinado personalmente por Antonio Guedez Sosa, quien actúa de gobernador de la isla en nombre del Prior de Crato.

Fracasado el intento conciliatorio, el 1 de agosto se procede al reconocimiento de la costa para encontrar un lugar apto para el desembarco, realizándose éste al día siguiente sin oposición. Organizado el despliegue de tropas, se contiene un arriscado ataque del enemigo, que obliga a Iñiguez a reforzar el escuadrón de vanguardia con 200 mosqueteros y 100 piqueros. Después ordena el ataque general contra el atrincheramiento del adversario, rompiendo su resistencia y obligándole a la rendición.

Cuatro navíos, 6 banderas, 54 cañones —17 gruesos— y munición en abundancia constituyen el botín de guerra cogido al enemigo. Las islas Graciosa y Cuervo se someten sin oposición.

Epílogo

De acuerdo con el propósito de destacar el significado anfibio de la conquista de la Tercera, bastaría decir, para concluir la información histórica del lector, que el convencimiento de Chaste de la inutilidad de sus intenciones de resistencia —a las que se oponen no pocos de sus capitanes—, frente a un enemigo superior cuantitativa y cualitativa mente, por una parte, y los buenos oficios del maestre de campo Iñiguez de Zárate y de D. Pedro de Padilla, amigos de Chaste como antiguos militantes en Malta, por otra, concurren en el arreglo de la capitulación del ejército francés, al que el Marqués de Santa Cruz exige la rendición con armas y banderas, concediendo la conservación de sus armas a los mandos y oficiales.

Manuel de Silva, progresivamente abandonado por sus hombres, acaba por esconderse en los montes de la isla hasta que cae en manos de los españoles, siendo de inmediato juzgado y condenado a muerte por tirano, matador, alterador de las islas y recogedor de herejes. Otros catorce portugueses son ajusticiados por traidores o haber cometido desmanes, saqueos, muertes y violencias. También mueren en la horca unos cuantos franceses por los mismos motivos y otros cien son condenados a galeras. Aquí, repito, podría acabar el relato, pero como las figuras de Chaste y Silva son controvertidas en la interpretación histórica de sus actuaciones en la isla Tercera, ofrezco al lector dos versiones dispares y dignas de tener en cuenta por cuanto provienen de historiadores de nombre reconocido.

Según Charles de La Ronciére. —en su Histoire de la marine française—, cuando las tropas de Bazán desbaratan la resistencia francesa en San Sebastián:

  • Nos troupes, déjá si inférieures en nombre, n ‘avaient reçu aucun renfort; le lache gouverneur Manuel de Silva et les siens avaient fui. Battre en retraíte sur Angra n'était plus possible: la ville venait d’étre prise sans combat par la division des galéres espagnoles; les Portugais en avaient livré les clefs, sacrifiant da méme coup les escadres á demi désarmées de Chaste et de Serrada, treinte et un navires et quatre-vingt-onze botiches á feu. A la proposition de prende le large. lui et ses officiers, que lui avaient falte le matin meme les capitaines de maritie Rosset, Chauvin et Girard, le corninandeur avair répondu avec indignation: «Plutót me donner un coup de dague dans le coeur!». Aprés une derniere résistance dans la montagne. il dur capituler, le 2 aoùt. Et si le brave de Chaste obtint le repatriement des siens, épées et dagues sauves, it eut le chagrin de rendre les dix-huit vieilles banniéres de ses compagnies, ses tambours et ses fifres.

Por su parte, E. M. Tenison, en Elizabethan England, dice:

  • What makes the end of Torres Vedras doubly tragic is rhat rlie French man who deserted him gave so false a version of the facts to King Antonio’s Explanation it is not Torres Vedras but «Mounsir de Chartres» who is the hero: «a noble gentleman of great valour, of whom the queen mother had made special cloyse»: and it is Torres Vedras who tries to «save him self by flight» and is only prevend bv some women, who (for what motive not explained) «brake in peeces» the bars in which he and orhers might have escaped. No regret is expressed for what he suffered, and the last scene is dismissed in a few cold curt words: "Neither could therle of Torres Vedras escape his fortune ... he was found among the rockes by means of a maid slave bewraying him, and thereupon was Beheaded. » In the same year as « The Explanation» was printed in England and the Netherlands, there was issued in Genoa. The defence of the union «del Regno di Portugallo alla Corona di Castiglia»: and only when or if this work reached Dom Antonio ‘s hands, would he have learnt from the enemy how gallantly Torres Vedras had held out to the last.

Por nuestra parte cabe añadir que el éxito de la campaña de las Terceras —de 1583— se debe tanto a la organización de la fuerza como a la conducción y realización de la operación de desembarco. La elección del lugar para lanzar las barcadas a tierra, la diversión sobre Plaía, la sorpresa, la prontitud en la consolidación de la cabeza de playa y la explotación del éxito merecen una consideración táctica parangonable con el modelo que hoy se sigue para el asalto anfibio en costa hostil dirigido por un mando naval en acción unificada.

No ha llegado a nosotros relación, estudio o comentario respecto a las enseñanzas adquiridas en las islas Terceras, pero algunas —y no sin importancia— debieron adquirir Bazán y sus generales cuando D. Alvaro propone a Felipe II, desde la ciudad de Angra, el 9 de agosto de 1583, la expedición contra Inglaterra para el año siguiente, seguro del éxito que puede obtener un ejército tan armado y tan victorioso, es decir, experimentado.

Desafortunadamente, el retraso en la expedición de Inglaterra y la muerte de D. Alvaro de Bazán privaron a la historia de una experiencia irrepetible.

 

  • NOTAS
  • (10) Instrucciónn Real al Marques de Santa Cruz de 10 de fehrero de 1583; punto 18 C. Fernandez Duro. La Conquista de las Azores.
    (11) Relación del estado en que va la Armada. Colección Sans de Barutell. Ver anexo 1
    (12) Ver anexo II.
    (13) Ibídem.
    (14) Otras relaciones, como las de Navarrete y Salazar, presentan cifras de hombres y tonelajes algo distintas, pero muy aproximadas, a las aquí citadas. Las diferencias que se obtendrían compulsando relaciones fidedignas de las casi recientes operaciones de la 2ª GM. por ejemplo, quizó mucho mayores.
    (15) Ver anexo II.
    (16) Mosquera Figueroa: Relación de la jornada (... ).
    (17) La Ronciere: Op cit
    (18) Diálogos del arte militar.
    (19) Ibídem.
    (20) Descripción de las cosas sucedidas en los reinos de Portugal.
    (21) Op. cit.
    (22) Ibídem.
    (23) Ibídem.
    (24) Op. cit.
    (25) En el Viaje a la Tercera hecho por el comendador Chaste se dice que eran tres las galeras que cañonearon la ciudad, lo cual induce a pensar que quiza participase alguna galeaza.
    (26) Queipo de Sotomayor. op. cit.
    (27) Ibídem.
    (28) Soldado alemán del tercio —coronelía —de Jerónimo de Lodrón
    (29) En el orden inicial de combate, los piqueros ocupan el centro y los arcabuceros y mosqueteros las alas o mangas.

ANEXO I

Composición de la fuerza española

Nombre del buque y su capitán Toneladas Gente
de remo
Gente
de mar
Gente
de guerra
TOTAL
GALEAZAS
Capitana, Juan Ruíz de Velasco
-
250
96
101
447
Patrona, Perucho Morán.
-
246
92
214
552
GALERAS DE ESPAÑA
Capitana, Diego de Medrano
-
218
91
-
369
Ventura, Diego López de Llanos
-
180
58
-
238
Serena, Cristóbal de Monguía
-
190
74
-
264
Victoria, Galcerán de Monsurrui
-
180
55
-
235
Soberana, Antonio de Torres
-
180
62
-
242
Pelegrina, Sancho de Olea
-
180
54
-
234
Florida, Juan Fernández de Lillo
-
183
53
-
236
Leona, Cristóbal de Pantoja
-
180
62
-
242
Fortuna, Francisco Jorguera
-
180
54
-
234
Fama, Jaine Mora
-
180
49
-
229
San Francisco, Jerónimo de Vivar
-
181
48
-
229
Forteza, Horacio Claverin
-
180
46
-
226
GALEONES DE S.M.
San Martín, Marolín de Juan
1.200
-
120
120
240
San Felipe, San Juan de Agustin
900
-
100
204
304
San Francisco, Melchor de Ojeda
500
-
70
200
270
GALEONES DEL MARQUÉS
Concepción, Bartolomé Carlo
918
-
100
253
353
Concepción, Ambrosio de la Torre
628
-
80
233
313
NAVES ARRAGUCESAS
Santa María de Gracia, Estéfano de Nazache
971
-
90
421
511
San Nicolás, Marino Prodancli
739
-
74
400
474
San Francisco de Paula, Juan Bautista Sagre
740
-
60
158
218
San Nicolás y Santa Maria del Socorro, Rusio de Marco
354
-
45
172
217
La Nunciada, Juan de Simón
492
-
50
353
403
San Juan Bautista, Jorge de Paulo Grande
1.080
-
90
450
540
Santa María Encoronada
716
-
65
400
465
NAVES CATALANAS
Nuestra Señora del Rosario, Juan Umbert
814
-
77
364
441
Juliana, José Ferrer
867
-
76
218
294
Santa María de Gracia, Juan Arlons
518
-
50
229
279
NAVES VENECIANAS
La Poza, Antonio Agustino
518
-
51
250
301
Santa Maria de Gracia, Juan de Bartulo
764
-
69
385
454
Trinidad, Marco Valochio
329
-
47
186
232
Lipomana, Jerónimo Lombardino
735
-
62
337
399
NAVES GENOVESAS
Santa Maria de la Costa, Antonio Ronco
527
-
43
199
242
Nuestra Señora de Constantinopla, Julio Lazaño
371
-
44
175
219
NAVES NAPOLITANAS
Santa Maria Pasitano, Francisco Castellano
498
-
47
274
321
NAVES DE GUIPÚZCOA Y VIZCAYA
Jesús María, Baltasar de Baraona
704
-
68
350
418
Concepción, Juan Martínez de Barbo
528
-
57
214
272
Juliana, Pedro de Garagarza
353
-
41
150
191
La Peña de Francia, Cristóbal de Segura
326
-
46
151
197
Maria, Juan de Segura
290
-
32
115
147
San Buenaventura, Joanes de Arteaga
399
-
40
194
234
Maria de San Vicente, Juan Pérez de Mutio
314
-
36
113
149
San Andrés, García del Encinar.
726
-
89
290
379
San Salvador, Antonio de Urquiola
426
-
60
212
272
Concepción
438
-
58
220
278
San Juan Bautista, Martin de Irigoyen
250
-
46
190
236
Santa Marta, Sebastián de Uresti
324
-
47
140
187
Trinidad, Jacobo de Irure
372
-
51
210
261
Navío Santa Maria y San Cristóbal, Vizencio de Tomás
-
-
18
-
18
PATACHES DE CASTRO
San Juan, maestre Juan Gordón
-
-
26
-
26
Concepción, Hernando Gordón.
-
-
24
-
24
Trinidad, Pedro de Rada
-
-
30
-
30
San Juan, Mateo de Llano.
-
-
25
-
25
San Pedro, Simón de la Sierra.
-
-
29
-
29
Concepción, Sancho de Sornorriba
-
-
28
-
28
San Juan, Domingo de Yáñez.
-
-
31
-
31
Nuestra Señora del Videyo, Juan de la Puebla
-
-
26
-
26
PATACHES DE GUIPUZCOA
Santa María del Juncal, maestre Lorenzo de Artaleto
-
-
28
-
28
Maria, Juanes de Aramburu
-
-
25
-
25
Isabel, Juanes de Velasco
-
-
30
-
30
María de la Cruz, Juan de la Corostola
-
-
27
-
27
ZABRAS DE CASTRO
San Antón, maestre Domingo Castro Colnia
-
-
23
-
23
San Cristóbal, R. Morro
-
-
19
-
19
Concepción, Martín Pérez de Lastierra
-
-
21
-
21
Nuestra Señora de Castro, Pedro de Carranza
-
-
18
-
18
Santa Ana, Domingo de Somorribas
-
-
19
-
19
San Pedro, Bartolomé de San Juan
-
-
20
-
20
Trinidad, Juan de Mazón
-
-
21
-
21
Santiago, Santiago de Avellaneda
-
-
19
-
19
San Juan, Juanot Trápaga
-
-
22
-
22
Concepción, Domingo de Laredo
-
-
20
-
20
San Pedro, Pedro Jimeno
-
-
23
-
23
San Martin, Juan de Santa Cruz
-
-
21
-
21
San Juan, Ochoa de Acosta
-
-
19
-
19
Santa Ana, Bartolomé de Palacios
-
-
24
-
24
San Miguel, Juan de Troeño
-
-
22
-
22
CARABELAS PORTUGUESAS
San Antonio, maestre Luis Alvarez
-
-
10
-
10
Rosa, Antonio Fernández
-
-
11
-
11
San Pedro, Antonio González
-
-
19
-
19
Santiago, Antonio González, el menor
-
-
10
-
10
San Juan, Juan González
-
-
12
-
12
Spiritu Santo, Mateo de la Roca
-
-
10
-
10
Concepción, Francisco Gonzalez
-
-
10
-
10
Nuestra Señora del Rosario, Gregorio Alonso
-
-
9
-
9
San Antonio, Estéban Martin
-
-
12
-
12
San Pedro, Francisco Hernández
-
-
12
-
12
San Antonio, Blas Díaz
-
-
11
-
11
San Pedro, Juan Vicente
-
-
10
-
10
Spiritu Santo, Gaspar Díaz
-
-
12
-
12
Santa Gruz, Antonio Rodriguez
-
-
10
-
10
BARCAS CHATAS GRANDES
Siete barcas grandes chatas hechas á propósito para desembarcar infantería, con ciertos artificios y son demás de otras veintidos que estan en la isla de San Miguel para este mismo efecto
-
-
42
-
42
           
SUMARIO
2 Galeazas
-
496
188
315
999
12 Galeras
-
2.212
600
-
2.818
3 Galeones de S. M.
2.200
-
290
524
814
2 Galeones del Marqués
1.546
-
180
486
666
7 Naves arragucesas
5.092
-
474
2.354
2.828
3 Naves catalanas
2.191
-
203
811
1.014
4 Naves venecianas
2.342
-
229
1.158
1.387
2 Naves genovesas
898
-
87
461
461
1 Nave napolitana
498
-
47
274
321
13 Naves de Guipúzcoa y Vizcaya.
5.450
-
671
2.545
3.216
1 Navío
-
-
18
-
18
8 Pataches de Castro
-
-
219
-
219
4 Pataches de Guipúzcoa
-
-
110
-
110
15 Zabras de Castro
-
-
311
-
311
14 Carabelas de Portugal
-
-
148
-
148
7 Barcas grandes chatas
-
-
42
-
42
98 20.217 2.708 3.823 8.841 15.372
La gente que se ha de tomar en San Miguel.       2.600  
TODA LA GENTE       11.441 15.372
En toda la dicha gente de guerra hay cincuenta y cuatro banderas en esta manera:
Del tercio de D. Lope
20
Del tercio de D. Francisco
12
Del tercio de Portugal
15
Del regimiento del Conde Jerónimo
4
De italianos
3
 
Demás de toda la gente va en las dichas galeazas, galeras y naves la siguiente:
Fidalgos y caballeros portugueses
120
Caballeros y personas particulares con sus criados
180
Capitanes de infanteria con entretenimientos
24
Caballeros con entretenimientos
26
Alféreces con entretenimientos
56
Sargentos con entretenimientos
10
Soldados particulares con entretenimientos
20
SON TODOS 436 15.808

ANEXO II

  • RELACION
    Partio la Armada del Rey Don Phelippe nuestro señor a conquistar la Isla tercera, y las demas de los Açores del rio de Lisboa a/os veinte y tres de junio de 1583 años, y en ella los personages de guerra, señores, capitanes, cavalleros, y soldados, y gente de mar, y navios siguientes.
    El Marques de Sancta Cruz generalisimo de esta real armada, y felicisimo exercito.
    Don Lope de Figueroa Maestre de Campo, general, y á su cargo el tercio de la Liga, en qay veinte vanderas, y en ellas tres mil, y siete cientos, y veinte y dos soldados, de que son capitanes, Agustin de Herrera, Diego Coloma, Don Miguel de Cardona, don Bernardino de çuñiga, Sancho de Solis, dó Juan de Gamboa, don Gonzalo de Carvajal, don Juan de Vivero, Pedro de Sanrestevan, Hernando Barragan, Miguel de Menesa, Miguel Ferrer, don Fernando de Andrada. Lazaro de Isla, don Juan Chacon, Melchor Nuñez de Prado, Pedro Rosado, Juan de Salazar, don Juan de Cordova.
    El Maestre de campo don Francisco Arias de Bovadilla, hermano del conde de Puño en rostro, con doze vanderas de su tercio, y en ellas quatro de las viejas de Flandes, con dos mil, y dozientos soldados, de que son capitanes, Diego de Oviedo, Bustamante de Herrera, Sotomayor, Juan Fernandez de Luna, Juan de Texeda. Alonso de Barrionuevo, Vicente Castellani, Alvaro Sarmiento de Valladareç. don Antonio de Pagos, Luys de Guevara. don Juan de Luna.
    Don Juan de Sandoval, hermano del Marques de Denia con quinze vanderas de las de Napo les, y Lombardia que se sacaron de los presidios de Portugal, y en ellas mil y quinientos, y quarenta y quatro soldados, de que son capitanes, Francisco de la Rocha, Martin de Herrera, don Este van del Aguila, Jeronimo Frances Serrano, Diego Valiente, dó Sancho de Escobar, Manuel de Vega, Sancho de Bullon, don Juan de la Nuça, don Juan de Mendoça, Juan de la Rea, Miguel Benitez, y don Juan de Medrano.
    El conde Jeronino de Lodron coronel de quatro compañias de Alemanes, con mil, y quinientos soldados, de que son capitanes, Carlos de Arras, el Sargento mayor Curcio, Antonio de Lodron.
    Don Pedro de Toledo, Marques de Villa Franca, y Duque de Fernandina.
    Don Jorge Manrique, Veedor general de esta Real Armada.
    Don Pedro de Padilla, que fue maestre de campo del tercio de Napoles, y tuvo a su cargo el govierno de Oran.
    Juan Martinez de Recalde, que tuvo a su cargo la Armada de su Magestad en Flandes.
    Don Christoval de Erasso, que ha sido general de la carrera de Indias.
    El capitán Juan de Urbina, que fue por mandado de su Magestad en esta jornada.
    Todos los señores, y cavalleros, q hasta aqui he referido eran de consejo de guerra có el Marques.
    El Coronel Lucio Pinatelo, y el capitán Frey Vicécio con dos compañias de Italianos, en que avia donzientos y quarenta soldados.
    Don Felix de Aragon con una compañia de Portugueses, y en ella ciento, y veinte cavalleros y soldados particulares.


  • CAVALLEROS AVENTUREROS

    Don Juan Manrrique de Lara, hijo del Duque de Najara.
    Don Luis de Borja, hijo del Duque de Gandia.
    Don Antonio Enriquez, hijo de don Fadrique Enriquez mayordomo de su Magestad.
    Don Luys de Sandoval, hijo de don Fernando de Rojas, hernano del Marques de Denia, y de Doña Maria Chacon, Aya, y camarera mayor, que fue de los Principes, y Infantas.
    Don Alonso de Torres, y Portugal, hijo del conde del Villar.
    Don Hugo de Moncada, hijo del conde de Aytona, Virrey de Valencia.
    Don Phelippe de Cordova, hijo de don Diego de Cordova cavallero del Rey.
    Don Alonso dé Ydiaguez, hijo de don Juan de Ydiaguez.
    Don Pero Ponce de Leon, sobrino del Marques de Santa Cruz.
    Don Pero Enriquez hermano de don Antonio Ledesma el de çamora.
    Don Alonso de Rojas, el de Mostoles.
    Don Francisco Guzman, hijo de don Pedro de Guzman, veedor general de la gente de guerra en Portugal.
    Don Luys Vanegas, hijo de don Luys Vanegas, cavallerizo mayor que fue de la Reyna.
    Dón Alvaro de Benavides sobrino del Marques.
    Marcelo Carracholo, cavallero Napolitano.
    Don Diego de Baçan, hijo del Marques, de la orden de San Juan.
    Don Jeronimo çapata sobrino del Conde de Barajas.
    Don Bernardino de Mendoça.
    Don Gonzalo de Guevara.
    Don Rodrigo de Mendoça.
    Don Juan de Granada.
    Don Fernando de Toledo.
    Don Diego de çuniga.
    Durango Delgadillo.
    Don Gonçalo Ronquillo.
    Don Gramel de Lupian.
    Don Francisco Velasquez.
    Don Pedro del Aguila.
    Don Juan de Castelui.
    Don Pedro Manrique el de Almagro, y otros muchos cavalleros, que por la proxilidad no los nombro, sin veinte, y quatro capitanes, cinquenta y seis Alfereces, diez Sargéntos, y veinte y quatro soldados particulares entretenidos por su Magestad.


  • LAS GALEAÇAS. GALERAS,
    Naves, y otros Baxeles y gente de mar que fueron en esta jornada.

    Dos Galeaças que vinieron de Napoles armadas con quatro ciéntos y noventa y seis forçados y Ciento y ochenta marineros, de que son capitanes, Juá Ruiz de Velasco de la capitana, y Perucho Moran de la Patrona.
    Doze galeras de España. armadas có dos mil, y doze forçados del remo, y seteciéntos, y seis marineros, y soldados ordinarios dellas, dq son capitanes.
    Medrano de la Capitana.
    Diego Lopez de Llanos de la galera Venturera.
    Christoval de Minigia de la Serena.
    Galceran de Monsoru de la Victoria.
    Antonio de Torres de la Soberana.
    Sancho de Olea de la Peregrina.
    Juan Fernandez de Lillo de la Florida.
    Christoval Panioxa de la Leona
    Francisco Xorquera le la Fortuna.
    Jayme Mora de la Fama.
    Jeronimo Vivas de la galera San Francisco.
    Horacio Laberino de la Fortaleza.

  • Estas doze galeras fueron sin infanteria, por aver se de embarcar enellas el tercio del maestre de cómpo Agustin Iñiguez, estava en la isla d Sá Miguel.
    Tres galeones de su Magestad con dozientos, y noventa marineros.
    Dos galeones del Marques de Sancta Cruz, cón ciento y ochenta marineros.
    Treze naves de la Provincia de Guipuscoa, de que era Cabo el capitan Oquendo, con seisciéntos, y sesenta y un marineros.
    Siete naves Arragocesas con quarrocientos, y sesenta y quatro marineros.
    Quatro naves Venecianas, con doziéntos, y veinte y nueve marineros.
    Una nave Napolitana con quarenta y cinco marineros.
    Dos naves Ginovesas con ochenta y siete marineros.
    Tres naves Catalanas con doszientos, y tres marineros.
    En estas naves, y en las dos galeaças se embarco toda la infanteria de los tercios, y Coronelias, las quales van pertrechadas con mucha Artilleria gruessa, y menuda de bronze, y de hierro colado, y municiones, sin lo que se embarco en ellas para esta jornada por orden de su Magestad que se referira adelante.
    Un navio, y ocho Patages, y quinze Pinacas de las villas de Laredo y Castro de Ordiales, con quinientos y trenta y ocho marineros de que era Cabo, y capitan de ellas, y de esta gente, don Antonio Hurtado de Mendoça.
    Quatro patages de la provincia de Guipuzcoa con ciento y diez marineros.
    Catorze caravelas de Portugal cón ciento, y quarenta y ocho marineros.
    Siete barcas chatas para echar gente en tierra con quarenta y dos marineros.


  • ARTILLERIA Y MUNICIONES
    que traxeron los galeones y naves que vienen en esta real Armada.

    En los tres Galeones, San Martin, San Phelippe y San Francisco, que son de su Magestad, ciento y diez pieças de artilleria de bronze.
    En las naves que sirvieron la jornada passada, y siven en esta, avia ciento y treinta y dos pieças de artilieria de brónze de su Magestad, y mas se embarcó en ellas, y en las demas, otras ciento y quarénta y tres pieças de Bronze, y treinta y nueve de hierro colado, de las que tiene a su cargo Gonçalo Rivero mayordomo de la artilleria de esta Real Armada.
    Todas las naves q sirvé en esta jornada tiené suyas propias, sin las de su Magestad, ciento y setéta y siete pieças de brónze y ochénta y tres de hierro colado.
    Suma toda la artilleria que se á referido, que traxeron los galeones y naves, quinientas y sesenta y dos pieças de bronze, y ciéto y veinte y dos de hierro colado, sin la que tienen las dos galeaças que vinieron de Napoles, y las doze galeras de España, 4 no se quentan.
    Para toda esta artilleria se traxeron una gran suma de barriles de polvora, y balas en cantidad para diferentes calibios, y otras municiones, y pertrechos necessarios para el govierno della.


  • BASTIMENTOS QUE
    se traxeron en esta armada.

    Treynta y cinco mil, y quinientos quintales de vizcocho.
    Dozien tos y cincuenta quintales de harina.
    Quatro mil, y novecientas pipas de vino.
    Quatrocientas, y cinquenta pipas de sidra.
    Quatro mil, y sesenta toneles, y siete mil barriles de agua.
    Ochenta y cinco mil, y quinientas libras de carne de vaca salada.
    Tres mil y quiniéntos, y veinte quintales de tocino.
    Dos mil, y seis cientos barriles de atun.
    Quinientas y ochenta mil sardinas arenques.
    Tres mil, y tresziéntas, y cinquénta arrobas de azeite.
    Doszientas, ochenta pipas de vinagre.
    Dos mil y quiniéntas y treinta quintales de queso.
    Mil mil y quiniétos, y cinquénta quintales de arroz.
    Mil y cinquenta fanegas de garvanços.
    Mil, y quinientas fanegas de havas.

  • En estos bastimentos avia para dar de comer a toda esta gente que se ha referido, de mar, y tierra, quatro meses, los quales se proveyeron por orden del proveedor Andres de Alva, aventajandose en diligencia, y cuvdado, a otros nuchos ministros de su Magesiad c le han servido en esta ocupació. Traxose un hospital formado, de que es administrador general don Juan de Benavides, y Baçan, Chantre y canónigo de Salamanca, con los Clerigos, mayordomos, Administradores, Boticarios, Cirujanos, y los demas oficiales necesarios, y las camas, dietas, medicinas, y demas cosas, que han sido y fueren menester, asi en la mar como en la tierra. Asi mismo se traxo una audiencia para la administración de la Justicia y por Auditor de toda la gente de guerra y mar, al Licenciado Mosquera de Figueroa con su fiscal, escribano, capitan de campaña, Alguaziles, y demas ministros necesarios.