La toma del Fuerte-Delfin. 29 de enero de 1794

A continuación añado diferentes cartas e informes oficiales, que he hallado en la Gaceta de Madrid, de la toma de la plaza y fuertes franceses por parte de la escuadra española del teniente general de la armada don Gabriel de Aristizabal.

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En la tarde del 27 de marzo llegó al Real Sitio de Aranjuez el teniente de fragata de la Real Armada don José Meneses, despachado por el comandante general de las fuerzas de mar en las Indias Occidentales el teniente general don Gabriel de Aristizabal, con la agradable noticia de haberse posesionado del puerto y ciudad del Delfín en la Isla Española de Santo Domingo con sus respectivos fuertes, situado en la latitud N de 19º 40’, y en longitud de 66º al O del Real Observatorio de Cádiz: todo este suceso lo expresan las siguientes cartas de dicho general al Exmo. Sr. Bailío Fr. D. Antonio de Valdés.

Excmo. Sr.: Tengo el honor de participar a V.E. la rendición de la plaza de Fuerte-Delfín y sus fuertes dependientes a la escuadra y tropas del Rey nuestro Señor: la primera por capitulación el 29 del pasado, y los otros por sorpresa en la madrugada del 28, sin que haya habido la menor desgracia en nuestras tropas, cuya noticia contemplo será grata a S.M. por su importancia; y por tanto despacho a mi primer ayudante el teniente de fragata don José Meneses en el bergantín corsario de Caracas Nuestra Señora del Rosario con este aviso, los detalles de esta conquista, y estados de lo que se ha encontrado en esta plaza, e igualmente cuatro banderas de las tropas enemigas, y el pabellón nacional del fuerte; esperando que sirva ponerlas a los pies de nuestro augusto Soberano en prueba del triunfo de sus armas en esta parte del mundo. Dios guarde a V.E. muchos años. A bordo del navío San Eugenio al ancla en Puerto-Delfín a 5 de febrero de 1794=Exc. Sr.=Gabriel de Aristizabal=Exc. Sr. Bailío Fr. D. Antonio de Valdés.

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Excmo. Sr.: En mis anteriores comuniqué a V.E. las ocurrencias de esta escuadra desde su salida de Puerto Cabello el 10 de diciembre hasta fondear en Manzanillo el 3 de enero de este año.

Destaqué el navío San Ramón y la fragata Santa Agueda y algunas embarcaciones menores, aquellos dos para bloquear el Guarico y las otras el Puerto-Delfín: el 7 varié esta disposición destinando los dos primeros a Cuba a buscar un batallón de tropas y relevándolos con el navío San Gabriel: el 15 salió mi segundo general don Francisco Muñoz con los navíos San Juan Bautista, La Ferme [navío de 74 cañones ex francés apresado] y San Lorenzo, a fin de convoyar los caudales que habían de salir de la Habana para España, y regresar a unírselos con tropas, pertrechos y dinero para los situados y empresas de estas islas: regresaron el 26 los buques destinados a Cuba con 380 hombres del batallón segundo de aquella ciudad, y el 27 dio fondo una goleta corsaria procedente de Santo Domingo, en que venía una compañía del batallón de Caracas.

Se apresaron en este tiempo por el San Gabriel 4 embarcaciones americanas y cinco por otros buques menores de la escuadra, cargadas de víveres para los puertos bloqueados, o con papeles sospechosos; y persuadido por noticias de confidentes de los efectos que iba causando el hambre en Puerto-Delfin, quise pulsar su resistencia con una proclamación: respondieron atentamente, y repetí otra, a la que también contestaron. Valime para esto de don Juan del Monte, regidor de Monte-Christi, y capitán de lanceros por S.M., cuya lealtad, desinterés y bizarría, unidas con el conocimiento y amistad personal que lograba tener con los jefes enemigos, facilitaba el intento sin comprometer el pabellón; y en efecto sirvió de base su conocimiento a mis intentos posteriores.

Hallábame  el 28 con solos tres navíos, una fragata y varias embarcaciones menores en Manzanillo sin haber desembarcado las tropas de Cuba y Caracas por varias dificultades que ocurrieron, y a las 9 de la noche se me presentaron dos oficiales franceses que me ofrecieron rendir aquella noche los fuertes de la entrada de Puerto-Delfin, proponiéndome los modos de sorprenderlos con 400 hombres, y manifestándome el hambre que se padecía en la ciudad, y varios partidos entre sus tropas y habitantes: conoció a estos don Juan del Monte, y animado yo con las seguridades que él me dio, a las 10 de la noche di la orden, y a las 12 (quedando en rehenes uno de ellos) se verificó la salida de este navío de los 400 hombres, que los completaban 130 de los batallones de Marina, 250 del segundo batallón de Cuba y una compañía de Caracas, embarcados en lanchas y botes de la escuadra, y además un destacamento de brigadas de Artillería de Marina, todo al mando del capitán de navío don Juan Salcedo, del Marqués de Casa-Calvo, coronel graduado del segundo batallón de Cuba, y del Sargento Mayor de Caracas don Juan Casas, teniente coronel graduado, protegido de dos lanchas cañoneras y una goleta corsaria de Puerto Rico, mandada por don Jerónimo Clarac, dirigiendo las operaciones de mar y tierra en mi nombre el Mayor de esta escuadra el capitán de fragata don Francisco de Alcedo, acompañado de los ayudantes don Joseph Meneses, don Joseph Acosta, don Rafael de Zequeyra y el guardiamarina don Manuel Ocarol, con la ligera instrucción verbal a que dio lugar el tiempo, disponiendo que al amanecer se llevasen la fragata Agueda y navío San Ramón para proteger cualquier retirada, y desde luego para que la fragata entrase (en caso de rendirse los fuertes) y aun el navío, como se verificó con mi anuencia por las señales que me hacía su comandante de poder ejecutarlo.

Llegaron las tropas a las 4 de la mañana, avanzándose en un esquife el comandante del fuerte con Meneses y Monte, sorprendieron y tomaron el fuerte de la boca y batería del Anse en el espacio de una hora, sin desgracia alguna por nuestra parte: efecto de la bizarría, subordinación y buen orden con que se manejaron y cumplieron todos, y de un conjunto de casualidades venturosas con que empezó el cielo a favorecernos.

Desde las 7 de la mañana hasta las 10 se verificó la entrada del bergantín Rosario, fragata Agueda y navío San Ramón con otras embarcaciones menores, entre ellas una goleta que llegaba en aquel instante con una compañía de Maracaibo por el orden que está dicho; y siguiendo mis instrucciones, se avanzaron 2 lanchas cañoneras, y las 3 de los navíos armados para impedir todo socorro de la plaza por mar, pues por tierra era impracticable en tan corto tiempo: al mismo tiempo que se dispuso esta expedición, avisé con mi ayudante el alférez de fragata don Pascual Enrile al comandante del Cantón de Dajabon, el coronel del Regimiento de Puerto Rico don Joaquín del Saso, para que sin perder momento avanzasen con sus tropas a reforzarnos y guardar las espaldas de los fuertes; lo que ejecutó, venciendo mil dificultades, y llegando a las 3 y media de la tarde con 90 caballos y 300 soldados de infantería a dichos fuertes.

Al tiempo que salió el sol el día 28 vi las banderas españolas izadas en los fuertes, y se saludaron a la voz desde estos navíos que distaban como dos leguas de la boca del puerto, y una hora después recibí aviso de mi Mayor de todo lo ocurrido en tierra, y con presteza se hizo la intimación a la ciudad por el capitán de navío don Juan Salcedo, llevándola el primer ayudante don Joseph Meneses y don Juan del Monte, a tiempo que la fragata se situaba a medio tiro de cañón del Fuerte-Delfin, y poco después el navío. Regresó el expresado ayudante a la una y media de la tarde acompañado de 4 oficiales franceses que en calidad de parlamentarios traían un pliego para mí de la capitulación, bajo la cual ofrecía la plaza y sus fuertes rendirse a las armas de S.M.

Respondí al margen de cada capítulo, dándoles solo el tiempo de 6 horas para la decisión, pero intimándoles que sabía el estado de defensa suya, y que si abusaban de mi condescendencia para dificultar el triunfo, los trataría con el último rigor; salieron de este bordo a las 6 y media de la noche, y conociendo que era temible un refuerzo, y posible la entrada de los navíos con la experiencia del San Ramón, determiné empeñar la acción con todas las fuerzas, y acompañado del coronel don Joaquín del Saso, salí a las 12 de la noche en mi falúa, dejando dispuesto que me siguiesen al amanecer el San Eugenio y el San Isidro, y llegué a las 2 y media de la mañana a la batería del Anse, donde hallé 8 comisarios franceses que la ciudad había destacado sucesivamente, viendo que no habían llegado los primeros portadores de la capitulación, los que sotaventeados en tan larga distancia con la oscuridad de la noche no arribaron hasta las 3 y media a dicho fuerte. Hice regresar uno de ellos para asegurar a la ciudad la casualidad de la retardación de mi respuesta, y darles un nuevo testimonio de mis deseos pacíficos, concediéndoles otras seis horas por última vez, y asegurándoles su destrucción si no se rendían, porque supe que el enemigo había despachado varios dragones al Guarico pidiendo socorros, y yo, computada la distancia, hallaba difícil su venida en todo el día.

Reconocí los fuertes, y me situé en el navío San Ramón arbolando mi insignia, y a las 11 de la mañana del 29 dos oficiales parlamentarios vinieron con la capitulación aceptada.

Estos me convidaron a tomar posesión de la plaza en nombre de mi Soberano; a la una entraron los navíos San Eugenio y San Isidro que se situaron al frente del Fuerte-Delfin, y a las 4 desembarqué al frente de 700 hombres con sus banderas, que se componían de los batallones de Marina con su comandante propietario don Manuel Estrada, a vanguardia un destacamento del Real Cuerpo de Artillería de Marina, del batallón de Cuba y de las compañías de Caracas y Maracaibo; al saltar a tierra me entregaron la bandera nacional y las llaves de la plaza, habiendo antes, según supe, arrancado el árbol de la libertad: hice arbolar la bandera española en el Fuerte-Delfin por un ayudante, y saludó la escuadra engalanada con triple salva de 21 cañonazos y fusilería: entregué las llaves de la plaza, haciéndole Gobernador de ella en nombre de S.M. al coronel don Joaquín de Saso, y marché bajo un palio precedido de la cruz y un estandarte, acompañado del cura párroco, a quien postrado reverentemente besé la mano, de los jefes militares de la Plaza y de la compañía de granaderos de Cuba y la Plana mayor de la escuadra, y así fui conducido a la iglesia, donde con su divina Majestad manifiesto entonaron el Te Deum, cuya función finalizó a las 5.

Volví a ponerme al frente de las tropas que estaban formadas en batalla, y desfilaron las enemigas, rindiendo sus armas y banderas; después de lo cual fueron conducidas a los buques de la escuadra, tomando nuestras tropas posesión de los puestos, y retirándome yo a bordo del San Eugenio.

Esta celeridad impidió la llegada de 1.800 hombres de socorro que con dos cañones venían marchando del Guarico y se retiraron con la noticia de la rendición.

Tantas ocurrencias de accidentes venturosos en tan corto tiempo hicieron con las fuerzas que nos hallábamos posible esta conquista, cuya importancia muestra su plano, estado y fortificaciones.

Pero la justicia me obliga a recomendar a S.M. la conducta, valor y subordinación de cuantos jefes y oficiales del ejército y armada de han empleado y competido en esta ocasión, así como de las tropas y marinería, debiendo confesar que envidiosos de los que se ocupaban en la sorpresa costaba trabajo contener a los que debían quedarse.

Debo decir que los oficios del capitán general de esta isla don Joaquín García han contribuido, y aun anunciado estos sucesos con el concepto que siempre formó del temor que infundieron nuestros navíos, y sus oportunos avisos.

En toda la referida acción tuvieron los enemigos un herido grave y dos levemente: por nuestra parte sólo hubo la desgracia de haber caído del puente levadizo al foso en el fuerte de la boca el teniente de fragata don Antonio Guruceaga, quien a pesar del fuerte golpe que llevó no quiso retirarse a bordo hasta el 29.

Las tropas de Marina permanecen aun guarneciendo los fuertes y la plaza. El 3 llegó el capitán general, que al visitarme fue saludado por la escuadra, según ordenanza, y al volverle la visita me saludó la plaza. El mismo día salió la fragata Agueda y la goleta corsaria de Puerto Rico a cruzar sobre el Guarico. El 4 entró el San Gabriel, y se apronta un convoy de prisioneros para la habana. Dios guarde a V.E. muchos años. Navío San Eugenio al ancla en Puerto Delfín. 5 de febrero de 1794=Exc. Sr. =Gabriel de Aristizabal=Exc. Sr. Baylío Fr. Don Antonio de Valdés.

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En la plaza y fuerte se hallaron de buen servicio 38 cañones de 36, 24 y otros calibres menores: 1.235 tiros de bala y metralla: 412 fusiles y 9.620 cartuchos de fusil con bala: una carronada de 36 y otros varios cañones desmontados, que todo llegan al número de 52.

Igualmente hay dos morteros de 12 pulgadas con sus afustes, y 104 bombas, y uno de 6 pulgadas con su afuste y 63 bombas.

El número de balas existente en los castillos y ciudad asciende a 3.007: 1.289 saquillos de metralla de todos los calibres: 317 granadas de mano: 28.260 cartuchos de fusil con bala, 1.110 de pistolas: 20.600 balas de plomo; y 8.000 piedras de fusil y pistola.

Se encontraron en la plaza 1.359 fusiles útiles, 120 inútiles, 26 pistolas, 98 sables, 793 cartucheras, 233 lanzas, 131 carabinas, 4 banderas, 24 cajas [tambores] de guerra, 36 picos, 17 palas, 11 machetes, 9 hachas y 11 espadas.

En el parque de artillería existen 6 carros de campaña completos: el 1º con 10.000 cartuchos de fusil, y 37 granadas de mano: el 2º con 60 cartuchos de a 8 con metralla: el 3º con 72 cartuchos de a 4 con balas y metralla: los 3 restantes cubiertos para transportar enfermos: 3 carretas para conducir efectos: 2 para artillería: 5 avantrenes; y en los almacenes los útiles para estos trenes de artillería de campaña.

Asimismo se hallaron 37 caballos, 34 sillas y 21 bridas.
Existen en los almacenes 102 quintales de pólvora, y los mixtos siguientes: un cajón de cohetes, 4 carcasas, un barril de espoletas de bombas, 100 granadas reales, 2 cajones de salitre, 2 de azufre, unos de estopines, 4 de lanza fuegos y uno de granadas de mano.

También existen en los mismos todos los pertrechos necesarios para el servicio de la artillería, como son las lanadas, atacadores, saca trapos, escobillones, espeques, guarda cartuchos, etc.

Hay en el hospital del fuerte de esta ciudad 160 camas completas con todos los útiles necesarios.

Los víveres de la plaza consistían en 20 barriles de harina, y 6 de carne salada, con los cuales solo podían suministrarse 2 días de ración a la tropa que la guarnecía.

El 1º de febrero sorprendimos y rendimos con unos corsarios de Monte-Christi, y la cañonera de Caracas el puesto de Fond-Blanc, que tenía 100 habitantes, mulatos y negros, con 2 cañones de a 24 y 18, 2 pedreros, 45 fusiles, 11 bayonetas, 3 pistolas, 8 sables, 12 cartuchos de cañón, 24 de pedrero, 24 sacos de metralla, 138 cartuchos de fusil, 100 balas de ídem, y 60 de cañón.

Además de lo referido se hallaron en depósito en la plaza conquistada, en el almacén del Regimiento del Guarico, los géneros siguientes: 360 pares de medias, 48 ídem de botines útiles, 22 ídem inútiles, 26 camisas nuevas, 400 corbatines, 328 gorros de cuartel, 2.000 cepillos de cerda, 2 barriles grandes con hebillas de ordenanza, 800 escarapelas, 115 mazos de hilo blanco de a 4 libras, 350 chupas y calzones de coleta para tropa, 7 caxas de guerra, 1.260 sombreros ordinarios, 760 bolsas de polvo y borlas, 800 varas de tela de loneta, 76 varas de cotin, 10 lios de divisa de tambores, 3 ídem de cabos, azul, 5 casacas de brin cortadas, 53 ídem de paño viejo, 10 fardos de paño azul con 1.030 varas, 3 pedazos de paño verde con 28 varas, 4.000 hebillas de mochilas, 9 hojas de espadas con vaina, un armazón de madera para almacén, 7 barricas para embases, y una mesa grande.

Últimamente la guarnición de la plaza de Fuerte-Delfin consistía en 1.031 hombres de tropa de línea de varios cuerpos de infantería y dragones franceses, y algunas compañías francas, ascendiendo los habitantes de esta posesión a 1.460 y los esclavos a 2.400.

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Proposición de la guarnición y habitantes de Fuerte-Delfin a don Gabriel de Aristizabal, teniente general de la Armada naval de S.M. Cat. Comendaor de la Orden de Alcántara y Comandante general de la escuadra española surta delante del puerto de Manzanillo.

Art. I. Los jefes militares, oficiales, sargentos y soldados de la guarnición de esta ciudad conservarán sus grados y paga, privilegios y prerrogativas pertenecientes a su estado. Conservarán además sus armas, e igualmente el vecindario.
-Respuesta. Según la voluntad de S.M.Cat.

No saldrán de la ciudad bajo ningún pretexto para ser conducidos a otra cualquier guarnición, a menos que no lleven consigo los honores de la guerra.
–Respuesta: Todos serán prisioneros de guerra, y saldrán con los honores de ella. Rendirán, según costumbre, las armas, y los que quieran quedarse como habitantes y vasallos de S.M.Cat., serán tratados en clase de tales.

Art. II. El derecho político de los negros nuestros hermanos se conservará con toda integridad.
–Respuesta: Según la voluntad de S.M.Cat.

Art. III. La vida y propiedades de todos los ciudadanos serán religiosamente respetadas, y los empleos civiles se conservarán a los que ahora los obtienen: concediendo algunos socorros a los indigentes, a quienes la serie de desgracias que afligen a esta colonia han puesto en estado infeliz.
–Respuesta: Acordado, haciendo los juramentos de fidelidad y vasallaje: y en lo restante los recomendaré al Sr. Capitán general de la Provincia.

Art. IV. Será rigurosamente interdicha a los levantados toda justicia, bajo cualquiera nombre o pretexto que sea, y no podrá formarse con ellos ninguna especie de contrato sin noticia de los franceses.
–Respuesta: Las tropas aliadas de negros no entrarán en la ciudad de guarnición.

Art. V. La guarnición y ciudadanos piden que se despache al general francés en Puerto de Paz un oficial del Regimiento 106, que llegó aquí en comisión dos días ha.
–Respuesta: Acordado.

Art. VI. Se concederá una amnistía a todo desertor español refugiado en este puerto; y los prisioneros que se hubieran hecho volverán a sus batallones respectivos. Considerando que la intención de los jefes militares españoles se dirige solamente a conservar este territorio a la Francia, la guarnición y ciudadanos declaran de buena fe que se entregarán a S.M.Cat., aceptando la protección que les ofrece.
- Respuesta: Aunque es generosa la súplica, sería vergonzosa la concesión.

Art. VII. A nadie inquietará por hecho ni opinión pasada.
- Respuesta: Concedido.

Art. VIII. La guarnición de Fuerte-Delfin permanecerá hasta la paz en su patria con todos los honores de la guerra. Hecho en Consejo de guerra el 28 de febrero de 1794=Leyzan, capitán del Regimiento 106 =Chamellard, capitán del Regimiento 41=&c. &c. Siguen las firmas de otros varios sujetos.
- Respuesta: Según se decida en el tratado definitivo=a bordo del San Eugenio en la bahía de Manzanillo el 28 de enero de 1794=Gabriel de Aristizabal.