La corbeta Luisa Fernanda al rescate del USS Somers

Si son lectores habituales de Todo a babor, se acordarán de una entrada sobre el naufragio del navío español Fernando VII. Pues bien, en aquella ocasión los estadounidenses echaron una mano al comandante del buque español para lograr así llegar a buen puerto.

No lo consiguieron, como pueden leer en el artículo, pero fue digno de elogio que los norteamericanos se mezclaran en aquel asunto, cuando a ellos ni les iba ni les venía el traslado de un viejo navío de una armada de guerra foránea.

Hoy les traigo otra muestra más de solidaridad marinera. Pero esta vez con los españoles devolviendo el favor a los estadounidenses, que se encontraban en un verdadero aprieto de vida o muerte en aquel año de 1846.

Los buques implicados

Corbeta Luisa Fernanda

Antes de entrar en materia, vamos a dar unos breves apuntes sobre los buques protagonistas de este incidente.

La Luisa Fernanda era una corbeta de guerra española construida en La Habana. Fue botada en 1845, entrando en servicio en 1846. Tenía 23 cañones de 24 libras y dos cañones bomberos de 48 libras. Su dotación era de 291 hombres.

Corbeta Luisa Fernanda
Corbeta Villa de Bilbao entrando en puerto, 21 de octubre de 1857. Acuarela de Juan Manuel Besnes e Irigoyen. Esta embarcación debía ser parecida a la corbeta Luisa Fernanda.

Su vida operativa no fue muy larga. Fue desguazada en 1856. Al parecer fue construida con maderas sin curar y eso repercutió en su corta longevidad. Tampoco tuvo buenas propiedades marineras, ya que la colocación de sus palos y las dimensiones de su arboladura no estaban calculados del modo conveniente.

Bergantín USS Somers

El Somers fue un bergantín construido para la Marina de Estados Unidos en 1842 en los astilleros Navy Yard de Nueva York, bajo los diseños de Samuel Humphrey, conocido por ser uno de los padres de las fragatas pesadas como la USS Constitution. Tuvo un costo de 37.650 dólares. Su primer capitán fue Alexander Slidell Mackenzie.

En su corta vida operativa el USS Somers se convirtió en noticia en su país debido a un turbio asunto de intento de amotinamiento que no quedó muy claro y causó tres muertos por ahorcamiento.

Al parecer Mackenzie indicó que aquellos hombres estaban conspirando para hacerse cargo de la nave, arrojar a los oficiales y miembros leales de la tripulación a los tiburones, y luego usar al Somers para la piratería.

Bergantín USS Somers
Litografía, publicada cerca de 1843, representando al USS Somers a la vela. Salieron de la costa africana el 1 de diciembre de 1842, luego del ahorcamiento de tres presuntos amotinados. Los hombres ejecutados fueron: el guardiamarina Philip Spencer, el compañero del Boatswain, Samuel Cromwell y el marinero Elisha Small. La impresión muestra dos de ellos colgando del mástil. Cortesía del contraalmirante Elliot Snow, USN, 1925. U.S. Naval History and Heritage Command Photograph.

Uno de los implicados fue un guardiamarina, por lo que tras aquel suceso se estableció una academia nacional en Annapolis para entrenar a sus jóvenes oficiales.

El naufragio

El buque fue asignado al Escuadrón Nacional de la Marina de los Estados Unidos, bajo el mando del Teniente Raphael Semmes.

Fue enviado a bloquear el importante puerto de Veracruz durante la Guerra México-Americana. La intención principal del bloqueo de los EE. UU. Era evitar que buques amigos entraran o salieran del puerto mexicano.

Tras 45 días, el 8 de diciembre de 1846, el USS Somers estaba a sotavento de Isla Verde, a unas cinco millas del puerto, cuando los oficiales vieron un barco no identificado que se dirigía al puerto.

El bergantín se puso en marcha para interceptar a la otra embarcación cuando les sobrevino una tormenta, golpeando duramente al Somers.

El buque no iba convenientemente lastrado y estibadas sus provisiones, con lo cual no tardó en volcar.

En menos de ocho minutos se hundió. Treinta y dos de los ochenta tripulantes se ahogaron, entre ellos el capitán Semmes. Ocho tripulantes lograron llegar a la orilla, pero fueron hechos prisioneros por los mexicanos.

A la vista de aquel desdichado naufragio había varios buques. Entre ellos un buque británico (el HMS Endymion), otro francés y la corbeta española Luisa Fernanda.

Naufragio del USS Somers
Naufragio del USS Somers. The Illustrated London News.

Desde estos buques se mandaron las lanchas para rescatar en unas condiciones dificilísimas a los supervivientes que todavía se encontraban allí. Y lo hicieron, aún a costa de sus propias vidas.

Aquel acto desinteresado no quedó en el olvido y un agradecido Congreso estadounidense se encargó de que aquel acto de valentía tuviera su recompensa.

Agradecimiento del Congreso de los Estados Unidos

El Director de la Armada, Francisco Armero, informaba el 31 de enero de 1852 de la resolución tomada por los Estados Unidos respecto a las recompensas, a través de un mensaje enviado por el Ministro plenipotenciario de aquella nación, que es el que sigue:

Muy Sr. mío: El 3 de marzo de 1847 el Presidente de los Estados Unidos aprobó la adjunta resolución del Congreso nacional que le autoriza a mandar fabricar medallas convenientes de oro y plata, y presentarlas a los oficiales y marineros de las tripulaciones de los buques de guerra españoles, franceses e ingleses, que estaban en el puerto de Veracruz, en Méjico, y que de un modo tan intrépido y con un peligro inminente de sus vidas contribuyeron a evitar la muerte de muchos de los oficiales y marineros que componían la tripulación del bergantín de guerra de los Estados Unidos Somers, que naufragó enfrente del referido puerto el día 10 de diciembre de 1846.

En virtud de órdenes del Presidente, el Ministro de Marina de los Estados Unidos ha hecho preparar el número correspondiente de medallas de oro y plata con inscripciones en conmemoración del acontecimiento interesante a que se refiere la indicada resolución del Congreso.

En cumplimiento de instrucciones que he recibido, tengo el honor de transmitir adjuntas una medalla de oro y 18 de plata preparadas en la forma referida, las cuales desea el Gobierno de los Estados Unidos que se presenten en su nombre a los oficiales y marineros que, perteneciendo en la ocasión indicada a la corbeta de S.M. Católica Luisa Fernanda, fueron los que con tanto arrojo y con tan inminente peligro suyo prestaron un servicio tan humano e importante, salvando las vidas de un gran número de ciudadanos de aquella República.

Tengo la honra igualmente de transmitir a V.E. una lista de las personas quienes están destinadas estas pruebas de aprecio.

La medalla de oro debe ser para el oficial don Fulgencio Briant, y las de plata para cada uno de los marineros. Solicito a V.E. tenga la bondad de adoptar las medidas necesarias para que sean entregadas de parte del Gobierno de los Estados Unidos a los individuos nombrados en la lista adjunta.

No puedo dejar que pase esta ocasión sin expresar a V.E. cuan grande es la satisfacción que experimento al llevar a efecto las instrucciones a que se refiere esta comunicación.

Si en las importantes y arduas tareas de la vida diplomática, tan llenas de responsabilidad, nos vemos con mucha frecuencia obligados, a pesar nuestro, a entender en asuntos que nacen de pasiones criminales y acciones perversas de la extraviada naturaleza humana, cuan plenamente nos vemos compensados y cuan sinceramente debemos experimentar el mayor placer en los casos en que ejercemos más agradables deberes, proporcionados por los nobles atributos del valor y la humanidad, cuya manifestación honra tanto a los hombres que los poseen y los ejercen de una manera tan señalada, salvando a sus semejantes de un inmediato peligro, como a los Gobiernos que conocen la manera de expresar de un modo agradecido su alto aprecio por tales manifestaciones de los más nobles impulsos de nuestro ser.

Estos testimonios de aprecio son honrosos a los que los reciben y los ostentan, y dan dignidad a los que expresan de un modo tan distinguido las pruebas de la gratitud y la admiración nacional.

Con las veras de las más distinguida consideración &c.

El Director general de la Armada dio orden de que dichas medallas fueran impuestas con toda solemnidad, en un día festivo, y tras la misa previa a la lectura de la comunicación del ministro norteamericano.

Los agraciados formaron frente a la dotación y los comandantes de los buques o destinos respectivos de cada miembro les impusieron las medallas.

A los marineros que ya no estaban en servicio en aquel momento, les fue remitida la medalla previa averiguación de su paradero.

Esta era la lista de los héroes que salvaron a los norteamericanos de una muerte segura:

  • Fulgencio Briant. Guardiamarina de primera clase.
  • José Parada. Tercer guardián.
  • Ignacio Colomo Rodríguez. Id.
  • Juan Abraham. Cabo.
  • Cosme Damián Suarez. Id.
  • Gregorio Ogea. Marinero.
  • Juan Perera. Id.
  • Domingo Barreto. Id.
  • Juan San Pedro. Id.
  • Manuel Drago. Id.
  • Juan de Mesa. Id.
  • Manuel San Pedro. Id.
  • Pablo Llopis. Id.
  • Pedro Mari. Grumete.
  • Simón Benitos. Id.
  • Tomás Colón. Id.
  • Antonio Fagundo. Id.
  • Manuel Martín. Id.
  • José María Fernández. Id.

La medalla era de 60 milímetros, presentando el anverso al bergantín en el momento de zozobrar, con la leyenda SOMERS NA VIS AMERICANA, y en el exergo (Parte de una moneda o medalla donde cabe o se pone el nombre de la ceca u otra inscripción, debajo del tipo o figura) la fecha; ANTE VERACRUZ BEC. 10 TH. 1846.

En el reverso está representada la lancha española con otras dos, inglesa y francesa, que acuden en socorro de los náufragos, bogando en una mar tormentosa, y encima dice: PRO VITIS AMERICANORUM CONSERVATIS.

Al parecer, hay una de estas medallas de plata en el Museo Naval de Madrid.

El pecio hoy en día

El naufragio del Somers fue descubierto en 1986 por George Belcher de San Francisco mientras estaba contratado para examinar las aguas de Veracruz, como parte de un proyecto para localizar material para el nuevo museo estatal en Jalapa, México.

Belcher, consciente del papel excepcional del bergantín en la historia de los Estados Unidos, trabajó para organizar la protección y el estudio del sitio por parte de los gobiernos de los Estados Unidos y México.

También contactó al Servicio de Parques Nacionales en 1987 quienes proporcionaron un arqueólogo del NPS para que lo acompañara a Veracruz a ver el sitio y confirmar su identificación.

En 1990, un equipo conjunto de arqueólogos mexicanos y de SRC se reunió en Veracruz para comenzar a trabajar en el sitio del naufragio. El proyecto dio como resultado un plan de sitio que reveló numerosas características intactas, incluyendo municiones, estructura de casco y aparejos que se encuentran en la parte inferior en patrones no perturbados que se ajustan al diseño y construcción original de los bergantines, lo que indica un proceso gradual de formación del sitio. Pilar Luna, James P. Delgado y Larry Nordby del INAH fueron los investigadores principales.

Fuentes

  • Disquisiciones naúticas. Cesáreo Fernández Duro
  • Gaceta de Madrid
  • Buques menores y fuerzas sutiles españolas. Enrique García-Torralba Pérez.
  • National Park Service. US Department of the Interior. Submerged Resources Center.