Las Galeras de España en 1628: combates y capturas en el Mediterráneo

Por Eduardo Casas Herrer
Policía CNP, escritor y divulgador.

Rebelión a bordo

Tabac Arráez (o Alí Tabac, o Tabaço Arráez) era genovés de nacimiento. Un trinitario, Bernardo de Monroy, lo definió como de poca altura y manco de un brazo. Gozaba de gran prestigio y era uno de los más importantes piratas argelinos, del que el mismo monje decía que había capturado a más de mil ochocientos cristianos y dos millones de hacienda.

En 1618 había conducido una flota que arrasó Lanzarote, aunque la retirada no le fue tan bien: perdió muchos barcos y cautivos que fueron liberados por una escuadra española y otra holandesa. Operaba a menudo desde la isla de Djerba, en Túnez, cuando desde la propia Argel. 

El nombre «arráez» se usa para designar a la persona que manda un buque de guerra norteafricano, así que es posible que en la transliteración al español convirtieran el empleo en apellido, error favorecido por el apellido en «ez» típico en nuestro país. De una manera o de otra, ha pasado a la historiografía con esos tres nombres, de los cuales Alí Tabac me parece el que tiene más posibilidades de ser cierto. 

Galera del Siglo XVI. MONLEÓN Y TORRES, Rafael, [entre 1863 y 1900]. Dibujo. Biblioteca Nacional de España, BNE Digital, id. c347052b-9d96-45a9-9822-4a6195ce2ef9.
Galera del Siglo XVI. MONLEÓN Y TORRES, Rafael, [entre 1863 y 1900]. Dibujo. Biblioteca Nacional de España, BNE Digital, id. c347052b-9d96-45a9-9822-4a6195ce2ef9.

Tanto prestigio no le sirvió demasiado en algún momento previo al 5 de agosto de 1627, ya que los cautivos cristianos que llevaba a bordo se aliaron con los renegados y, juntos, tomaron el barco. A idea, según algunas fuentes, o por un temporal, según la Relación… que vamos a seguir, acabaron en las Baleares, posiblemente en Menorca. 

La captura trajo cola en Argel. Sus familiares exigieron su liberación inmediata ―al parecer no era justo que le pasase a él lo mismo que él hacía a tantos otros―, hasta el punto de no dejar salir a los monjes mercedarios que estaban negociando aquel año la liberación de los últimos cautivos de Lanzarote. Lograron por fin volver a Europa pagando un notable soborno. 

En 1628, tan importante prisionero estaba en Mallorca, esperando su destino, que se cruzaría con el de García de Toledo Osorio, duque de Fernandina y general de las Galeras de España. 

Las Galeras de España camino a Génova

Las acciones de la escuadra de galeras a la que vamos a hacer referencia aparecen en la anónima Relación cierta y verdadera de la presa que ha hecho el señor don García de Toledo, duque de Fernandina y general de las galeras de España, este año 1628, publicada ese mismo año en Málaga.

Son tan solo tres páginas, adornada con cuatro pequeños grabados. Aunque sea más bonita, es menos precisa y tan insistentemente adulatoria que resulta bochornosa. El autor no conoce tanto el mundo marinero. Que se haya publicado en Málaga en vez de en El Puerto de Santa María, fondeadero habitual de las galeras, quizá sea indiciario. Tal vez ni siquiera el propio Fernandina estaba presente y lo encargó a alguien de la dotación de presa. 

Pero no adelantemos acontecimientos. En el estado italiano de Monferrato, en marzo de 1628 había estallado una guerra que comprometía los intereses de España en el fronterizo Milanesado. Felipe IV ordenó al duque que transportase infantería a Génova para participar en aquel conflicto. 

Portada de la relación de 1628. ANÓNIMO: Relación cierta y verdadera de la presa que ha hecho el señor don García de Toledo, duque de Fernandina y general de las galeras de España, este año 1628. Málaga, Antonio René, 1628. Biblioteca Nacional de España, ejemplar digitalizado, registro XX4906360. Portada.
Portada de la relación de 1628. ANÓNIMO: Relación cierta y verdadera de la presa que ha hecho el señor don García de Toledo, duque de Fernandina y general de las galeras de España, este año 1628. Málaga, Antonio René, 1628. Biblioteca Nacional de España, ejemplar digitalizado, registro XX4906360. Portada.

Las galeras, con las tropas a bordo, dejaron El Puerto de Santa María el tres de agosto y llegaron a Málaga cinco días después. Al llegar, unos mercaderes les hablaron de un buque sarraceno de alto bordo, muy bien pertrechado, que estaba causando muchos daños en Torremolinos, a tres leguas de allí. Fernandina se alegró, porque se le presentaba la oportunidad de capturar una buena presa. 

Partieron a primera hora de la noche, en silencio, para que los enemigos no los oyeran ―y, posiblemente, para que los espías no supieran que dejaban el puerto―. Lo encontraron a las cuatro de la mañana y empezó una persecución en la que la chusma ―los remeros― se esforzó extraordinariamente, tanto que el duque ordenó darles una ración extraordinaria ―solía ser vino, pero no consta en esta ocasión―.

Lograron ganarle el barlovento y, a partir de ahí, empezaron casi cuatro horas de cañoneo entre ambos. Recordemos que las galeras llevaban una sola pieza de gran calibre a proa, el cañón de crujía, acompañada en la misma posición por otras de dos a seis menores.

Los navíos utilizaban las bandas para disponer mucha más artillería. Las primeras, a cambio, pueden usar los remos para buscar posiciones en las que el enemigo no puede apenas responderles ―desde proa o desde popa― y, además, son tan bajas que los tiros a menudo pasan por encima. 

El sarraceno acabó por rendirse. Tras la alegría y alabanzas a Dios correspondientes, tres galeras lo tomaron a remolque, indicación de lo mal parado que había quedado y, así, volvieron a Málaga donde la ciudad entera se alborozó al librarse de un enemigo tan dañino. 

Siguiente parada: Ibiza

El 25 de agosto, las galeras dejaron ese puerto y fueron a parar a Ibiza. El redactor no tiene una opinión muy elevada de sus habitantes, a los que califica de «no muy prácticos ni curiosos» a la hora de examinar si los barcos con los que comercian son o no enemigos. Así, nos queda la duda de si los llama tontos o, al contrario, demasiado listos. 

El motivo de esta opinión es que las galeras encuentran al llegar seis navíos enemigos de «la Corona de Aragón», a la que pertenece esa isla. Tres de ellos eran holandeses pichilingues, de trescientas toneladas y, los otros tres, ingleses, que superaban las cuatrocientas.

Navíos holandés e inglés. VERWER, Abraham de: A Dutch and an English Ship off a Harbour, ca. 1625. Óleo sobre cobre, 12,7 × 25,4 cm. National Maritime Museum, Greenwich, inventario BHC0732.
Navíos holandés e inglés. VERWER, Abraham de: A Dutch and an English Ship off a Harbour, ca. 1625. Óleo sobre cobre, 12,7 × 25,4 cm. National Maritime Museum, Greenwich, inventario BHC0732.

Su propósito era cargar sal a cambio de trigo y otros productos. Aunque tenían intención de pelear, los españoles consiguieron tomarlos sin derramamiento de sangre. Luego, con una importante dotación de presa, los mandó al Puerto de Santa María, donde llegaron el cuatro de septiembre, con júbilo local al ver una victoria tan grande sin bajas propias.

Los barcos ingleses los entregaron a Roque Centeno, general de la Armada Real y los otros, que no eran tan fuertes, quedaron en el apostadero de las galeras. 

Entrega de Alí Tabac

Mientras esto ocurría, Fernandina llegó a Mallorca. Allí le entregaron al arráez con el que hemos empezado esta historia, donde estaba cautivo. Aquí desaparece entre las brumas del tiempo. No he encontrado referencias posteriores.

No sabemos si lo ejecutaron, si se cobró rescate ―algo a lo que sus familiares estarían dispuestos, vista la insistencia en su liberación―, si acabó sus días prisionero en España o remando en alguna galera. 

También acaba aquí la Relación… Se publicó antes de que se supiese el resto de la expedición del duque hasta Italia que, hasta entonces, había sido bastante movida. Como hemos dicho antes, que se publicara en Málaga no deja de ser extraño.

Quien lo hizo, posiblemente por encargo del propio Fernandina, sabía tanto de la llegada de las galeras a Mallorca como de las presas a Cádiz. También su identidad es un misterio.

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