Galeras españolas en misión de búsqueda y destrucción

Por Juan García (Todo a Babor)

Introducción

Quien no conozca a Octavio de Aragón debe saber que fue uno de los mejores hombres con los que contó el Gran Duque de Osuna.

Capaz de irse a buscar al enemigo a su propia casa o embestir a unas galeras turcas para pararles los pies, fue también de carácter temperamental y pagó cara su osadía de menospreciar a quien le había dado las mejores oportunidades de su carrera, cayendo preso por orden del Rey.

De este incidente, aunque ya hicimos mención de él en el primer enlace que les he puesto en el párrafo anterior, lo detallaremos más en una próxima entrada. No tiene desperdicio.

Paisaje del Mediterráneo con galeras, presumiblemente españolas
Paisaje del Mediterráneo con galeras, presumiblemente españolas. Pintura de Kasper van Eyck. Tabley House.

Pero dejando a un lado aquello, Octavio de Aragón, a pesar de sus defectos, era un extraordinario hombre de mar y soldado, con todas las cualidades que hacían falta en aquella época para luchar en un escenario tan cambiante y cruel como el Mediterráneo: aguerrido, agresivo e inteligente.

En el nuevo episodio que pasamos a relatar sabemos los días y mes, pero no el año porque en el documento original no viene detallado. Sólo sabemos que seguía a las órdenes del duque de Osuna cuando este era virrey de Nápoles. Y eso ocurrió entre junio de 1616 y 1620, por lo que la acción se situó entre aquellos años, decantándome por los primeros años.

Jornadas por Calabria y Cerdeña

El 13 de noviembre Octavio de Aragón fue requerido por el duque de Osuna para que saliera del puerto de Nápoles con seis galeras de su mando. Estas se encontraban muy bien reforzadas y en orden. Además, llevaba como suplemento a la guarnición cien mosqueteros españoles, que eran especialmente valiosos por su gran experiencia, ya que habían estado en unas cuantas embarcaciones antes, ya fueran galeras o buques redondos.

La orden del duque era ir con la escuadra al Levante para molestar un poco a los turcos:

Ya fuera en mar o en tierra, conforme el tiempo que diese lugar y la ocasión se representase.

Una misión típica más militar que corsaria, pero que solía compensar primero por el temor que infundían las naves españolas tras estas misiones de «búsqueda y destrucción» que hacían que los bajeles enemigos se lo pensaran a la hora de hacer sus correrías por el occidente mediterráneo, así como la obtención de botines con los que alegrar a las tripulaciones y seguir financiando aquel costoso operativo medio privado del duque de Osuna.

Octavio de Aragón navegó hasta Mesina con mal tiempo, quedándose en el lugar durante tres días. El día 20, aunque el tiempo seguía siendo desapacible, optó por ir a Ríjoles (1).

El día 21 tuvo noticia que cerca de allí se enseñoreaba de la zona una tartana berberisca que iba por toda la costa calabresa desvalijando bajeles, apresando dos de estos cargados de trigo y castañas.

Como uno de los cometidos de la misión de Octavio de Aragón era que hiciera el daño donde fuese, le pareció bien empezar con aquel asunto.

Grabado de una galera
Grabado de una galera por Jurien de la Gravière. «The story of the barbary corsairs», por Stanley Lane-Poole (1890).

A pesar del constante mal tiempo, la escuadra se anduvo por la costa hasta el día 27 de noviembre cuando por la mañana descubrió a la tartana berberisca cerca del cabo de Espartivento (2).

Al mediodía ya era suya. Supieron así los españoles que la tartana había sido armada en Trípoli, con 38 esclavos (dos de los cuales eran franceses).

Hacia las Islas Jónicas

Tras dejar la presa a buen recaudo, la escuadra española se dirigió al levante griego, amaneciendo el día 29 sobre el cabo Ducato, en las islas Jónicas.

Tuvieron una noche muy ajetreada debido a las condiciones meteorológicas hasta que llegaron a las isla de Corfú.

Todos aquellos avatares le costaron a la escuadra tres de las cuatro falucas que traían a remolque, aunque no perdieron a su gente porque fueron evacuados a las galeras, de las que no se perdió ninguna. Estas embarcaciones eran pequeños buques de vela utilizados como buques de aprovisionamiento y descubierta.

En la costa griega hicieron la aguada cómodamente, aprovechando la tripulación para lavar sus ropas.

Gente embarcando en una galera
Gente embarcando en una galera. Grabado de Stefano della Bella.

Al día siguiente partieron hacia la isla de Cefalonia, también en las Islas Jónicas, llegando a la noche a una cala, zarpando antes del amanecer hacia Castelternes (Chlemoutsi, al noroeste de la región griega de Élide), donde llegaron el 2 de diciembre.

Y navegando hacia el Prodano, a dos horas de noche, entre Castelternes y el castillo Viejo, cosa de 15 millas de mar, me vi por la proa de la capitana una galera, que en descubriéndola yo, y ella a mí, volvió la proa y se puso en caza, y yo dándosela.

La galera turca era bastante buena, pero la capitana de Octavio de Aragón que la iba dando caza era muy rápida, acercándose cada vez más.

Combate contra la galera turca

El oficial español mandó encender el fanal de popa, para que las otras cinco galeras lo siguieran.

A las dos horas de cacería, y ya muy cerca del enemigo, Octavio de Aragón dio orden de abrir fuego con la artillería de proa de su galera. Y, como veremos a continuación, mostró de nuevo su talante más agresivo.

Tras la descarga artillera, y sin esperar a las demás galeras, la galera del general español procedió a embestir a la turca, entrando su gente a la galera enemiga por la escala de la mano izquierda. Cuatro disparos de cañón hicieron que los turcos se atemorizasen, facilitando así la entrada de los soldados españoles.

Galeras enfrentadas
Galeras enfrentadas. Grabado de Stefano della Bella.

Octavio de Aragón habló así de la embarcación del enemigo:

Más como esta galera era la capitana de Santa Maura (3), la mejor galera que el turco tenía, por ser el Bey gran corsario, y la traía muy bien armada de soldados, pues tenía 140 bocas de fuego (4) y gente brava, volvieron a hacer rostro (5).

Ambas embarcaciones estuvieron en combate durante tres cuartos de hora, con las demás galeras llegando poco a poco a la batalla.

Fue la galera Santa Catalina la que con su embestida en la proa de la galera turca, terminó por rendirla. Y así quedó la llamada capitana de Santa Maura.

El Bey, que se encontraba a bordo, se echó al agua dentro de un jaique, aunque estaba a tres millas de la costa.

Grabado del interior de una galera
Grabado del interior de una galera por Jurien de la Gravière. «The story of the barbary corsairs», por Stanley Lane-Poole (1890). Arriba tenemos dos de las embarcaciones menores con que contaban las galeras: la canoa y el jaique. En este último bote fue donde el bey de esta historia intentó huir.

Sin embargo, la pequeña embarcación se fue a pique debido al gran peso de la gente que llevaba, intentando salvarse. Se pensó que el bey había perecido ahogado, aunque los turcos prisioneros apuntaron la posibilidad de que aquel se hubiera salvado de alguna forma, puesto que su antiguo jefe era un gran nadador.

De las bajas, Octavio de Aragón apuntó que en la galera turca hubo muchos muertos y ahogados, mientras que entre las tripulaciones de su mando:

No han sido más que cuatro y tres hombres particulares heridos mortalmente, y siete u ocho heridos entre soldados y marineros.

El general español expresa del siguiente modo su satisfacción por un combate complicado, a pesar de la ventaja numérica con que contaban:

Nuestra gente peleó con tanto valor que se podía desear más verla de día que en una noche tan tenebrosa, que casi mezclados, con la oscuridad, pensando de dar a unos se daban a otros, hasta que yo mandé encender hachas (6). Con eso se excusaron algunas desgracias que podían suceder, y acabando todo esto di cabo a esta galera capitana, y con bonísimo tiempo amanecí la mañana en la Cala de Cefalonia pequeña.

Allí examinaron la galera apresada y componiéndola para que pudiera navegar con garantías, de la misma forma que las otras galeras españolas.

En la galera turca encontraron al remo a 180 cristianos esclavos y vivos 60 turcos. Todos los demás habían muerto en combate o ahogados en su vano intento de huida. Y es que muchos turcos preferían morir a ser tomados presos.

Al parecer, dicha galera turca había formado parte de una escuadra que había entrado en Constantinopla (Estambul), dejando mandado su bajá que quince de sus galeras estuvieran en guardia del archipiélago y Morea.

La galera capitana que habían apresado los españoles era tenida como de las más importantes, ya que era la que más daño hacía en la costa de Nápoles, siendo su bey considerado como gran marinero y soldado, y que en la Armada del Turco de ninguno se hacía más caso que se su persona y galera.

Y aquí termina otra relación más de la enésima aventura de la marina del Duque de Osuna y, en concreto, de unos de sus mejores hombres: Octavio de Aragón.

Notas

  1. Ríjoles es, en castellano antiguo, la ciudad calabresa de Reggio Calabria o simplemente Reggio.
  2. Cabo de Spartivento, en el extremo meridional de la isla de Cerdeña.
  3. Al parecer, Santa Maura fue una mártir de la época de Bizancio.
  4. Las 140 bocas de fuego se refieren a los mosquetes o arcabuces de la guarnición, que era realmente numerosa.
  5. O lo que es lo mismo, dar la proa al enemigo, en este caso a la galera española de Octavio de Aragón.
  6. Según la RAE, «hachas » es: Mecha que se hace de esparto y alquitrán para que resista al viento sin apagarse. También «Haz de paja liada o atada como faja, usada alguna vez para cubiertas de chozas y otras construcciones de campo».

Fuente

  • El gran duque de Osuna y su marina. Cesáreo Fernández Duro.
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