Tornaviaje. Pintura de Carlos Parrilla

Por Carlos Parrilla

Tornaviaje. Pintura de Carlos Parrilla

Inmerso en la vastedad del Pacífico norte un galeón español navega rumbo a Nueva España procedente de Manila cargado hasta los topes de ricas mercancías de China y las islas de las especias.

El 1 de octubre de 1565 la expedición del cosmógrafo español Andrés de Urdaneta consiguió tocar puerto en Acapulco con la nave San Pedro después de haber partido de Filipinas el primero de junio en un viaje de retorno a Nueva España que les llevó cuatro meses.

Urdaneta es el descubridor del llamado “Tornaviaje”, marino y científico de gran experiencia que dedujo que la ruta de regreso desde Filipinas debía seguir el mismo patrón que la ruta de regreso por el Atlántico, navegando hacia el norte y describiendo un arco hasta las costas de destino.

No se equivocaba, de esa manera se evitaban los vientos alisios que soplaban hacia el Oeste que habían hecho imposible el regreso a varios intentos anteriores (el primero de la nao Trinidad en 1522, compañera de la Victoria de El Cano que daría la vuelta al mundo por primera vez, al separarse y adentrarse en el Índico), y luego aprovechando la corriente de Kuro Shivo que les empujaría hacia el Este.

Aunque hay que decir que Urdaneta no fue el primero en realidad ya que uno de los barcos de la expedición de Legazpi, el pequeño patache San Lucas de solo 40 toneladas comandado por Alonso de Arellano (y probablemente conocedor de los estudios de Urdaneta), había desertado de la expedición principal y realizó la travesía por su cuenta tocando puerto en Acapulco tres meses antes.

Con todo, el Tornaviaje era una ruta en extremo peligrosa ya que su duración oscilaba entre cuatro y seis meses de navegación atravesando mares embravecidos y tormentas descomunales que en ocasiones provocaron la pérdida de barcos, vidas y bienes.

Teniendo en cuenta que el viaje de ida suponía entre seis y ocho semanas, la vuelta por el Pacífico norte de entre cuatro y seis meses convertía la travesía en extraordinariamente peligrosa y penosa, haciendo de los marinos que la realizaban dignos merecedores de nuestro recuerdo y admiración.

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