Las operaciones contra la plaza de Argel de 1783 y 1784, por parte de la fuerza expedicionaria al mando del teniente general don Antonio Barceló.

A principios de agosto de 1783 la escuadra bajo el mando del teniente general don Antonio Barceló atacó la plaza de Argel. El motivo de esta fuerza expedicionaria no era otro que castigar y destruir todas las embarcaciones corsarias de la Regencia que en aquel momento asolaban el comercio y las costas españolas y de otros países ribereños del Mediterráneo.

Lo que pueden leer son algunos artículos basados en las cartas e informes oficiales de las operaciones de 1783 y 1784 que he logrado encontrar y transcribir de la Gaceta de Madrid.

A continuación comenzamos con el ataque a Argel de 1783.

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Madrid, 12 de agosto. Parte de operaciones.

El comandante General de la expedición destinada contra la Plaza de Argel don Antonio Barceló, en carta escrita desde aquella bahía, ha noticiado que la constancia de los vientos contrarios del E precisaron a que dicha expedición, que había salido de Cartagena el 1º de julio último; y tocando en varios parajes de nuestra costa, recalase a 15 leguas hacia el E de Orán el día 26, en el que tuvo calma, y remediadas varias averías, se puso en derrota para la bahía de Argel el 27 con vientos que se entablaron por el 3º y 4º cuadrante aunque con gruesa mar del N y NE, logrando fondear en la bahía el 29 con 4 navíos, 6 fragatas, de ellas dos de la Religión de S. Juan , 10 jabeques, 3 bergantines, una balandra, 15 lanchas bombarderas, 10 cañoneras, 9 de abordaje, 4 brulotes, 4 embarcaciones con pólvora y para correos un jabeque  y un falucho, inclusos en estos buques el navío, fragata y balandra que anticipadamente había apostado en la boca de la bahía para asegurar la recalada de las demás embarcaciones.

La gruesa mar del E, que duró hasta el día 2 de agosto, y los continuos aguaceros impidieron emprender desde luego los ataques  a la Plaza por tener que atender el general a la seguridad de las embarcaciones, y se le reunieron un jabeque, 2 balandras, 3 cañoneras y 3 bombarderas que durante la navegación de habían separado.

El día 1º de este mes de agosto, abonanzado el tiempo, aunque no la mar del E, y dispuesta la formación de la línea de fuegos, situadas las 18 bombarderas en línea de  frente avanzadas y a su cabeza el comandante general en la  falúa, y en las alas para sostenerlas las 13 cañoneras, 10 lanchas de abordaje, los jabeques San Blas y San Lino, 2 balandras y otros buques de guerra acoderados a proporcionada distancia (todos para en caso de salida de los enemigos) rompió el fuego la línea a las 2 y media de la tarde, y duró hasta cerca de ponerse el sol, que se retiraron por haber consumido sus municiones.

Dispararon nuestras lanchas 380 bombas; y aunque no todas se pudieron aprovechar, así por la marejada como por alguna humedad que pareció haber percibido la pólvora de repuesto de estas lanchas, lo que hizo notar alguna falta en su alcance, no obstante que el vivísimo fuego de las baterías enemigas y de 2 cañoneras que avanzaron a la inmediación de su muelle, sobrepasaban al de nuestra línea, se advirtió sin embargo el efecto de nuestras bombas en la Plaza, la cual disparó 1.075 balas y 30 bombas, sin causar más desgracias que 2 hombres muertos y 2 heridos de una cañonera.

El día 2 a las 2 y media de la tarde emprendió el general don Antonio Barceló nuevo ataque, cuyo fuego duró hasta las 4 y media consumido el regular repuesto de municiones: durante el fuego salieron del muelle de Argel 22 embarcaciones de remo, entre ellas 9 galeotas y las 2 citadas cañoneras, con el objeto de hacer alguna tentativa contra nuestra línea de bombarderas, pero fueron obligadas a retirarse por el fuego de nuestras cañoneras destacadas por el general al intento, en cuyo ataque dispararon estas 390 tiros.

Nuestras bombarderas arrojaron 375 bombas, de las que muy pocas se malograron; y el excesivo fuego de los argelino, que disminuyó en lo más vivo del nuestro, dio bastante a conocer el estrago que experimentaban, habiéndoseles prendido fuego en la Plaza por dos partes, la una al E de ella en la inmediación del muelle que duró una hora, y la otra más al centro de la ciudad al S de la linterna, que se extendió toda la tarde con exceso, y continuó después de anochecido con bastante fomento, sin embargo de que destruyeron otros edificios contiguos.

Los enemigos dispararon 1.436 balas y 80 bombas de las que resultó contuso el teniente de navío don Antonio Mondragón y herido levemente un marinero, sin otro daño de consideración.

Elogia el comandante general el espíritu, valor y contento que han manifestado en ambos ataques no sólo toda la oficialidad sino también las guarniciones y tripulaciones de todos los buques; y concluye diciendo, que si mejoraban los tiempos hasta entonces malos, logrando algunos días de viento del SO ú O, esperaba completar sus deseos en gloria de la Nación y escarmiento de los argelinos.

El comandante del bergantín Fintcastle [ex británico capturado en la última guerra] don Joaquín Moscoso, que ha conducido el pliego del mencionado general, añade desde Alicante, que aunque fue destacado en la noche del 2 no pudo montar la Punta del Pescado hasta cerca de las 8 del día 3, con cuyo motivo observó el tercer ataque hecho en aquella mañana, situada la línea frente de la linterna, habiendo durado el bombardeo desde las 6 y media hasta las 7 y media que se retiró a tiempo que ya refrescaba el viento; y vio que de tres tiros que disparó la primera bombardera reventaron dos bombas en medio de la ciudad, y continuaron las demás manteniendo siempre en el aire 8 ó 9 bombas, de suerte que conceptúa que fue de los mejores ataques; pero no pudo observar los efectos por el denso humo que produjo el fuego de los enemigos mucho más vivo que en los días anteriores.

Composición de la escuadra de Barceló en 1783

  • Composición de la escuadra bajo el mando del Teniente general don Antonio Barceló.
    Fuente: (Cesáreo Fernández Duro, "Armada española", Tomo VI)

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Madrid, 19 de agosto. Parte de operaciones.

Continuando el teniente general don Antonio Barceló los avisos de los ataques a la Plaza de Argel con la expedición de su mando (todos los cuales ha dirigido por sí mismo desde su falúa a la cabeza de la línea) dice que en la madrugada del 4 formada dicha línea como en los días anteriores, y situada debidamente, rompió el fuego a las 5 y media y cesó a las 7 y media; pues aunque se había propuesto continuarle reemplazando las municiones, vio que no lo permitía el tiempo, como se comprobó, pues apenas fondearon nuestras embarcaciones refrescó el viento por el ENE.

Disparó nuestra línea 558 bombas y 490 balas, cayendo todas las primeras en la ciudad con fruto, y una en la dársena que levantó humo por algún rato; viéndose que de la ciudad, de donde también salía muy denso por cuatro partes, corrían al campo sus habitantes, y con más confusión hacia el castillo de Carlos V, y que  sufrió bastante daño la muralla del muelle.

Observando el general antes del ataque que 11 galeotas y escampavías, y 2 lanchones cañoneros, se dirigían con crecido número de embarcaciones se remo para remolque y sostén desde su dársena, a situarse sobre el frente que debía formar nuestra línea, destinó al Mayor de la expedición don Joseph de Goicoechea para que con las cañoneras de nuestra derecha, que en todos los ataques ha tenido a su cargo, batiese a los lanchones; y con efecto los hizo varar continuando el fuego contra las baterías del muelle; y también dispuso que las de  nuestra izquierda batiesen cinco galeotas enemigas que se adelantaban hacia el S, y vararon igualmente obligadas sin duda de estos fuegos.

Los enemigos correspondieron con todas sus baterías disparando 1.318 balas y 97 bombas, de que resultaron 6 heridos y algunas averías en nuestras lanchas.

El día 5 no permitió el viento y mar del E operar, y se observó trabajar los enemigos con cinco cabrias en dos baterías.

El 6 al amanecer con viento ONO dispuso el general otro ataque: y cuando se dirigía al puesto, se avanzaron hasta 25 embarcaciones enemigas hacia el N observándose en las baterías de tierra indicios de disponer balas rojas, que sólo llegaron a disparar muy caldeadas.

Se rompió nuestro fuego a las 6 y media durando bien vivo y con bastante acierto hasta consumir las bombas que fueron 447 y las balas 647. Observándose salía de la ciudad multitud de gente al campo, incendiadas algunas casas y otras arruinadas, que se pegó fuego a los salchichones de la batería Babaluet (donde habían aumentado 3 cañones, y otro grueso en la del Renegado) y que cambiaban cañones en la segunda batería de la linterna y en la citada de Babaluet sin duda por estropeados.

Los enemigos respondieron con viveza, continuando el fuego (después de cesado el de nuestras bombarderas) y fue sostenido por nuestras cañoneras hasta las 8 y media, y después por las balandras Tártaro y 1ª Resolución [ex británica capturada en la anterior guerra] siendo los tiros disparados por los argelinos 1.842 balas y 68 bombas, de que resultaron un muerto y 3 heridos. También reventó el cañón de una lancha sin causar daño alguno.

Por la tarde, manteniéndose el viento apropósito por el NNO con mar llana, se repitió el ataque durando con viveza y cuanto podía permitir el empeño, desde las 5 y media hasta las 6 y media: se dispararon 446 bombas y 506 balas con visible destrucción de edificios, notándose tres incendios, dos de ellos muy considerables, y haberse volado algunos repuestos de pólvora.

Los enemigos, apenas vieron en marcha nuestra línea, rompieron sus fuegos por elevación con tanto alcance que, después de situada, sobrepasaban mucho. Dispararon 1.366 balas y algunas bombas, causando en 6 bombarderas y 3 cañoneras algunas cortas averías, un hombre muerto y otro herido de casco de bomba: y el bote de la fragata maltesa Santa Isabel, que al cargo del oficial Mr. St. Tropé estaba destinada a auxiliar a una bombardera, fue echado a pique por una bala que le entró, pero salvaron su gente los botes y lanchas inmediatos.

En el día 7 con el mismo viento NNO se rompió nuestro fuego a las 6 y media de la mañana, disparando hasta las 8 y media 430 bombas y 526 balas, observándose haber volado un repuesto de las baterías de la linterna según el humo denso; y que habían recibido daño, así en estas como en las de Babaluet y puerta del muelle, pues al medio día trabajaban con 4 cabrias en ellas.

Los argelinos correspondieron con igual viveza disparando 1.348 balas y 36 bombas, resultando maltratada la lancha de la fragata Carmen y herido su patrón.

En la tarde se repitió nuestro fuego desde las 4 y media hasta quedar consumidas las municiones a las 6 y media, que fueron 444 bombas y 422 balas. Y disipado el denso humo de la ciudad se vieron dos incendios, durando el uno al anochecer.

Los enemigos dispararon 1.493 balas y 23 bombas, reventando una en la cañonera nº 1, la cual voló con muerte del alférez de navío don Joseph Villavicencio y 19 hombres, logrando salvarse el comandante de ella don Joseph de Irisarri algo maltratado y 10 hombres.

Los lanchones enemigos intentaron avanzarse, pero fueron rechazados por las cañoneras de nuestra derecha aproximándose a estas hasta alcanzarle con metralla.

Las de la izquierda hicieron también retirar a las galeotas y a otro buque cañonero que remolcaron por 3 embarcaciones, sin duda por maltratado.

Uno de estos que era bombardero, incomodó bastante a nuestra línea, pues reventaban sus bombas sobre ella, pero no resultó más que dos heridos y algunos palos maltratados.

El día 8 amaneció el viento por el E sin permitir ataques. Los lanchones enemigos se avanzaron al remolque escoltados por sus galeotas; pero destacando el general nuestras cañoneras y algunas bombarderas que procurasen reventar las bombas sobre ellos, lo lograron ayudadas de los fuegos de las fragatas Santa Rosa, Carmen, las dos maltesas, y los jabeques Murciano y San Antonio, con lo que se les cortó la idea.

Puestas ya en movimiento nuestras embarcaciones, y aflojado el viento, dispuso el general otro ataque que duró hasta las 12 menos cuarto, disparando en él 229 bombas y 83 balas, viéndose retirar un lanchón lastimado.

Los enemigos tiraron únicamente 453 balas y 18 bombas, porque las corrientes arrastraron nuestra línea más al S, y no tuvimos desgracia.

Entablado a medio día el viento bonancible del NNE se rompió otra vez el fuego a las 5 de la tarde, disparando 443 bombas y 440 balas hasta las 7 menos cuarto, de que resultó volar un lanchón cañonero enemigo.

Estos tiraron 984 balas y 26 bombas, sin causar desgracia ni avería.

En este estado, considerando el comandante general la actual estación avanzada, la situación de aquel fondeadero, circunstancias de la escuadra, y de un convoy de bastante cuidado, con otras muchas reflexiones propias de su conocimiento práctico, y procediendo con unánime acuerdo de los pilotos, resolvió retirarse: y pasados los morteros y cañones de las lanchas a los buques mayores, se puso a la vela con toda la expedición al medio día del 9 con viento del E ya fresco, dejando el navío San Pascual, fragata Santa Rosa y jabeque San Sebastián para que cruzasen delante de aquella bahía.

Elogia este general muy particularmente el valor, constancia y buen desempeño de todos los oficiales y demás individuos empleados en las citadas operaciones, y también a los comandantes de las dos fragatas de Malta el comendador St. Tropé y el caballero Subirats, y a todos sus oficiales, por su valor, acierto y bizarría en los ataques y demás ocasiones de riesgo.

Resumen de las municiones consumidas en los ataques contra Argel, y de los muertos y heridos en ellos:

Disparados por la expedición: 3.752 bombas y 3.833 balas.
Disparados por los argelinos: 399 bombas y 11.284 balas.

Bajas de oficiales: 1 muerto, 1 herido y 2 contusos.
Bajas de gente de mar: 23 muertos y 13 heridos.

 

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Cartagena, 26 de enero de 1784

El 22 llegó aquí un paquebot toscano nombrado la Victoria, procedente de Argel, de donde había salido el 27 de noviembre último con carga de cebada para Gibraltar. Su capitán Estevan Costa declara que el bombardeo ejecutado por la división de los jabeques de la Real Armada contra aquella plaza había producido notables daños en ella, contándose entre estos el de 200 a 300 casas muy maltratadas, incluso en este número el palacio del Dey, y su mezquita enteramente arruinada. La torre de la linterna y demás fortalezas quedaron muy deterioradas. Añade se trabaja allí en la recomposición de estas por recelo de otra semejante visita en el verano próximo. Ignora dicho capitán el número de argelinos muertos de resultas de las expresadas hostilidades, porque la gente del país lo disminuye de propósito en sus relaciones.

…/…últimamente principiaban a construir varias lanchas cañoneras, que según se decía llegarían hasta 50.

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Liorna, 18 de febrero de 1784

Aquí se ha divulgado una relación en forma de diario escrita por un cautivo toscano de lo ocurrido en Argel durante el último bombardeo ejecutado por los españoles. Sus principales particularidades, además de las sabidas anteriormente por otros conductos, son las siguientes:

“La primera ocupación de aquellos berberiscos, apenas descubrieron la escuadra enemiga, fue asegurar con cadenas casi todos los esclavos y enviarlos a Media. El fuego de las naves españolas, que principiaron sus operaciones el 29 de julio, fue tan vivo y acertado que en 4 días hizo infinito daño a la plaza, especialmente a las casas de los cónsules de Inglaterra, Suecia, Dinamarca y Francia; la segunda de las cuales quedó reducida a cenizas. El 4 de agosto observando el Bey la muchedumbre de bombas que arrasaban la ciudad, y el peligro que corría amaneciendo en el Palacio de su residencia, sobre el cual habían caído ya 3, se trasladó a otro sitio situado al extremo del pueblo (donde en lo antiguo habitaba el Rey Moro) llevando sólo 6 esclavos, y enviando a los demás al baño o mazmorra. El día 6 se acercó tanto la escuadra que alcanzaron las bombas hasta la parte superior de la ciudad, y derribaron muchas casas y tiendas, e incendiaron un almacén de pertrechos navales, habiendo empleado los argelinos en apagar las llamas los cautivos que habían quedado en la población. El 7 fue aún mayor el fuego, no quedando exento de las bombas ni el Palacio a donde se había mudado el Bey. Una que reventó en la estancia contigua a la suya, mató a uno de sus guardias. Casi todos los demás corrieron a ponerse a salvo en los jardines, y hasta las moras, quebrando su encierro, huían despavoridas sin velo y medio desnudas.

El 9 viendo los españoles la imposibilidad de permanecer por el temporal en aquellas aguas, finalizaron el bombardeo y se hicieron a la vela hacia poniente. Por las relaciones presentadas a la Regencia consta que 6 de las fortalezas de marina se hallaban tan maltratadas que los turcos no podían permanecer allí por el continuo fuego enemigo, que desmontó la mayor parte de sus cañones, de los cuales 36 reventaron a fuerza de corresponder al fuego; de suerte que sumamente consternados los comandantes de dichos castillos se vieron en precisión de avisar al Bey no podían ya absolutamente disparar contra los enemigos. Dioseles por respuesta que resistiesen hasta donde alcanzaran sus fuerzas y posibilidad, y que en verificándose la última necesidad de abandonarlas tremolasen banderas parlamentaria o de paz en señal de rendirse y pedir ajuste; pero como los abrasadores de Argel tuvieron en lo más ardiente de la empresa que abandonarla a causa del tiempo, los turcos, recobrados los bríos, se aplicaron en reparar los puestos.

El número de ellos y de moros muertos pasó de 600, siendo aun mayor el de heridos, muchos de los cuales fallecieron de resultas por la mala cura. En los expresados números no se incluyen las mujeres ni criaturas sepultadas bajo las ruinas de más de 350 casas, que según las noticias comunicadas al general de la marina vinieron a tierra, sin contar infinitas maltratadas.

Lo admirable es que en medio de tantos y tan fieros ataques ninguna de las iglesias cristianas padeció daño, ni tampoco el hospital; ni murió esclavo alguno de los retenidos en Argel, sin embargo de que a más de 300 de ellos los tuvieron continuamente ocupados, exponiéndolos a los mayores peligros; y de los conducidos a Media solo 8 perecieron a fuerza de los golpes, que les daban con las cadenas para hacerlos caminar con extraordinaria celeridad a pesar del excesivo calor.

 El 17 despachó prontamente la Regencia al corso 5 galeotas de grueso porte armadas para que comenzaran a vengarse con sus piraterías de las hostilidades de los españoles. Tres días después el Bey sumamente irritado contra aquella nación, dio orden de restituir todos los esclavos de ella (incusos los que estaban bajo la protección de cónsules y comerciantes) al baño con destino a las más penosas faenas, sin exceptuar edad, condición, sexo ni grado”.