La captura del Revenge, 1591

El 9 de septiembre de 1591 una armada española de 55 navíos, al mando de don Alonso de Bazán, sorprendió y ahuyentó a otra de 22 a cargo de Thomas Howard, conde de Suffolk, que intentaba apoderarse de las flotas de Indias a su paso por las Azores. El galeón inglés Revenge, uno de los buques principales de Inglaterra, al mando de Richard Grenville, se quedó sólo y fue rodeado por varios buques españoles que tras una reñida lucha terminaron capturándolo no sin muchos daños. Este es un documento de la época sobre lo acontecido a la escuadra española.

Relación de lo sucedido a la Armada de su Majestad, de que es Capitán General don Alonso de Bazán, con la de la Reyna de Inglaterra sobre las islas del Cuervo, y en recoger la flota de las Indias.

Habiendo don Alonso de Bazán entendido en la isla Terzera, donde llegó a los treynta de agosto, por los avisos que tenía el maestre de campo Juan de Urbina, que en las del Cuervo y Flores avía quantidad de navíos ingleses, que podrían ser más de quarenta, se fue luego la buelta de ellas.

Y por la contrariedad de los tiempos anduvo de una y otra buelta entre San Gorge y la Graciosa hasta los siete de septiembre en la tarde que, teniendo viento en pepa, navegó en seguimiento de su viaje.

Ya en este interin había tenido relación más cierta de fray Cristóbal Ortiz, fraile franciscano, y Gonzalo García, piloto, que viniendo de La Havana los avían robado en un navío de aviso de un Diego Márquez, y avían estado muchos días en la capitana de los enemigos, los quales dixeron no ser los navíos que avía más de veynte y dos, y entre ellos seis galeones de la Reyna grandes y uno pequeño, cuyo general es el conde Tomás Eyber (Thomas Howard), hijo segundo del Duque de Noifolt (Noifolk), hombre mozo, y almirante Richarte de Campoverde (Richard Grenville), gran corsario y de mucha estimación entre ellos.

A los ocho, día de Nuestra Señora, en la tarde, se hallaron los pilotos quince leguas de las Islas en su misma altura. Y aviendo don Alonso de Bazán tratado y conferido con el veedor general don Juan Maldonado, que va en el galeón capitana real, lo que convenía hazer, pues que se tenían avisos tan ciertos del enemigo, se acordó que se cargase de vela y se hiziese diligencia para amanecer sobre ellos, pues el viento era fresco y ayudava para ello, y que entrasen unas escuadras por medio y otras por ambos lados de las Islas, de manera que se pudiese cercar el enemigo por todas partes.

Y aviéndose navegado algunas leguas en esta conformidad, el general Sancho Pardo envío a dezir a don Alonso que llevaba rendido el bauprés de su galeón, que es uno de los de Santander, y no podía hazer fuerza de vela; y así conbino templar todas las de la armada, por hazerle buena compañía y no dexarle solo donde andavan cruzando de una parte y otra navíos de enemigos, que fue causa de no ‘poder amanecer sobre las Islas, sino a cosa de ocho leguas de ellas, con viento este fresco.

Luego envió don Alonso de Bazán una zabra que fuese a reconocer lo que avía en ellas, y orden al general Marcos de Aramburu que con los siete galeones de Castilla de su cargo entrase por medio, y con el capitán Garibay con la capitana de los pataches, y San Francisco de la Presa, y los filibotes León Roxo y Cavallero de la Mar, que por todos eran once navíos, yendo él al mismo tiempo con el resto de la armada por el lado izquierdo de la de Florez, a fin de coger en medio los enemigos que se entendían avían de estar surtes en ella.

Iban al lado del viento del galeón San Pablo, San Martín y San Felipe, y más al viento de don Luis Coytiño con los ocho felibotes de su cargo. A la parte de sotaviento iban los generales Martín de Bertendona, Sancho Pardo y Antonio de Urquiola, y a la retaguardia, don Bartolomé de Villavicencio, que le tocaba hacer oficio de almirante general aquel día y semana. En esta orden iba navegando don Alonso de Bazán quando la zabra que avía ydo a reconocer desde lejos hizo señal de haver visto enemigos, con yzar y amaynar cuatro veces la vela de gavia y tirar dos piezas. Y al mismo tiempo, hizo lo mismo Marcos de Aramburu que, viendo yr saliendo la armada enemiga de la isla de Flores la vuelta de la del Cuervo, tiró dos piezas embiando a decir a don Alonso cómo la había visto y que cargase en vela y le siguiesen, por él yba la vuelta de ellos.

Luego envió don Alonso avisar a don Luis Coytiño de lo que había y or[den que] le siguiese, dexando la primera derrota que se llevaba y él fue la vuelta de los enemigos. Los ingleses estavan surtos aquella mañana en la isla de Flores haciendo aguada quando tuvieron aviso de un patache suyo de la venida de la armada, y según después se entendió, creyeron ser las flotas, porque don Alonso previno a avenir por la parte que hazen su navegación, para que los enemigos, juzgando ser ella, se viniesen a su armada; y así salieron la buelta de ella con solas velas de gavia y trinquete, tomados los mayores.

El número de ellos eran los veynte y dos que antes se havía dicho y, entre ellos, seis galeones de la Reina, la capitana delante, tras ella las demás. Como fueron saliendo de la isla de Flores siguieron la vuelta de la del Cuerbo por el barlobento de ella, dando el lado derecho a nuestra armada, y desta manera fueron navegando procu rando ganar el viento. En este tiempo yva nuestra armada cargando de vela y a orza quanto se podía, procurando alcanzar a barloar las primeras naos de los enemigos.

Serían las cinco de la tarde quando, hallándose el general Marcos de Aramburu tan cerca que le empezaron a tirar con su artillería, arrivó sobre ellos respondiendo con la suya, donde de una parte y otra se peleó gran rato, dándose muchas cargas de artillería, arcabucería y mosquetería sin poderse abordar con ninguna por avene desaparejado su capitana, que era la que estava más cerca de ellos, y reusarlo los enemigos.

Don Alonso de Bazán, que con el resto de la armada le yva siguiendo, hizo fuerza de vela, aunque la capitana general no se podía servir de la de gavia por averse sentido aquel día el calcés del árbol mayor, que le estorbó; con todo, se acercó mucho a la capitana enemiga, y el galeon San Felipe, que es el mayor de los de Bilvao, en que yva el capitán don Claudio de Viamonte, llevando a su cargo, con su compañía, la del maestre de campo don Francisco de Toledo, y el general Bertendona en San Bernavé, que es el menor de los de Bilvao, fueron los que más velejaron.

Y aviendo alcanzado los enemigos, don Claudio procuró abordar la capitana y, no pudiendo, le dio una gran carga de artillería y mosquetería y arcabuzería muy cerca, que le hizo gran daño; y arrivando sobre la almirante, que fiada en ser el mejor navío de vela de la armada se venía gallardeando, la abordó, y a la primera carga le echó dentro nueve o diez soldados, y no se aviendo aferrado con el arpeo sino con un cabo, se rompió y así se apartaron luego. En este tiempo llegó el general Martín de Bertendona, y abordando la misma almiranta se aferró también con ella, que no pudo desacersele por echarle el arpeo. Esto fue ya al anochecer, y la capitana y demás navíos enemigos, viendo lo que se le acercaba nuestra capitana y otras naos, largando las velas mayores y amollando en popa, se pusieron en huyda desordenadamente, haviendo recibido mucho daño.

Y por estar el enemigo a sotavento descubría el sevo de aquel lado, por donde le dieron muchos cañonazos del armada, con la qual fue don Alonso siguiendo el alcance, llevando a su lado el galeón San Martín, en que va el maestre de campo Gaspar de Sosa, y otros navíos, y si la noche no sobreviniera luego y tan oscura que por perderse de vista los huyo de dexar, sin ninguna duda se tomaran algunas más naos, a lo menos la capitana, por ser un navío de vela; la qual, según se entendió quando don Alonso volvió a la Terzera, del capitán Quesada y del aférez don Juan de Buytrón y demás personas que estaban en la villa de la playa, los quales dixeron que [a] aquella isla avía venido un barco de la de San Jorge, la gente del qual les avía dado nueva que viniendo sola la capitana del enemigo, a quien ellos conocían muy bien, a envestir en tierra en la dicha isla de San Jorge por salvar la gente, la vieron yrse afondo sin escapar nadie; y esta misma nueva confirmó un navío francés que viniendo a la dicha isla Terzera de la de San Miguel encontró con diez navíos de los ingleses, los quales le dixeron que dexaban perdidas su capitana y almiranta y ellos iban maltratados. Y aviéndose estos navíos un día cerca de la Terzera siguieron su viaje de vuelta de la del norte y no se avían visto más.

Captura del navío inglés Revenge

  • Grabado realizado en 1804 por James Cundee perteneciente al Museo Marítimo de Greenwich, Londres, que representa al desmantelado Revenge a punto de ser apresado. Foto enviada por José María Castro.

Don Alonso bolvió a recoger su armada y a dar calor al geñeral Bertendona, que todavía estaba abordado con la almiranta costado con costado, por la parte yzquierda de ella. La gente de la qual, a la primera carga que se les dio, se metieron debaxo de los castillos de popa y proa y de las jaretas, de donde tiraban su artillería y mosquetería, echando bombas y artificios de fuego. De los soldados que avía echado dentro don Claudio mataron los siete, y tres lo hizieron tan bien que pelearon hasta que quando llegó Bertendona se metieron en su nao, de donde no se les echava gente dentro por la oscuridad de la noche.

Marcos de Aramburu llegó a ayudarle y abordando con su proa la popa del enemigo echó alguna gente sobre el alcázar, que tomando la bandera y otras cosas y mátando algunos ingleses llegaron hasta el árbol mayor; maltratósele tanto la nao, desahaziéndosele toda la proa hasta el agua, que se huyo de alargar, y encendiendo farol se estuvo junto a ellos haziendo llegar su almi ranta y otras.

El galeón Ascensión, en que yva el capitán don Antoniu Manrique, se abordó por la proa del enemigo y de Bertendona. Despues llegó dón Luys Coytiño y se abordó por junto a don Antonio Manrique, y todos estuvieron tirando toda la noche, desaparejando el navío, sin dexar entrar gente por la confusión que podría haber con la oscuridad; y con todo, el enemigo no cesaba de echar sus fuegos y tirar de quando en quando.

Don Alonso de Bazán se anduvo de una buelta y otra recogiendo todas las naos, y ordenándolas se anduviesen alrededor de las aferradas. Y así se entre tuvo hasta que amaneció, que ya entonces estaba la almiranta deshecha y sin árboles, y se rindió. El galeón Ascensión y la urca capitana de don Luis Coytiño se trataron tan mal uno cón otro y con el galeón del enemigo que ambos se fueron afondo.

La Ascensión allí luego, salvándose don Antonio Manrique y casi toda su gente y marineros en la nao de Bertendona; la de don Luis Coytiño otro día, habién dose sacado toda la gente de ella. Este galeón almiranta es de los mejores que había en Inglaterra; llamábanle La Venganza (Revenge), sirvió de capitana a Draquez cuando vino a La Coruña, y quando fue a Santo Domingo, Cádiz y Lisboa. Trae quarenta y dos piezas de artillería de bronce, sin tres que había dado a otro navío pocos días havía; las veinte de la cubierta vaja de 40 hasta 60 quintales, y los veynte y dos de 20 hasta 30, toda buena.

El almirante, de los mayores marineros y corsario de Inglaterra, gran hereje y perseguidor de católicos, hízole traer don Alonso de Bazán a su capitana, donde por venir herido de un arcabuzazo en la cabeza le hizo curar y regalar, haciéndose buen tratamyento y consolándo se de su pérdida; mas la herida eran tan peligrosa que murió otro día. De 250 hombres que traía el navío quedaron 100, los más de ellos heridos, que se han repartido entre todos los de la armada. No havía entre ellos persona de quenta, sino un cavallero mozo que no es soldado ni marinero y el capitán de la infantería y nao, y otro que mataron que era marinero.

De nuestra parte huyo algunos heridos; muertos fueron menos de 100, con los que se ahogaron en la Ascensión, que fueron los más. Murieron los capitanes Luis de San Juan y don Jorge Proano. Haviendo don Alonso de Bazán roto y desbaratado el enemigo, dado cobro a los heridos, limpiado las Islas y recogido su armada, siguió con ella más de 40 leguas adelante de ellas por la parte que habían de venir las flotas, [llevando por los lados] a ocho leguas de ella navíos ligeros para descubrirlas demás de otros que estavan adelante; aviendo también ordenado que la nao almiranta presa se arbolase lo mejor que se pudiese con posabergas que se traen de respeto, para llevarle en su compañía a España por ser tan buen navío como se ha dicho y traer tan buen artillería, alguna de la qual se sacó para que pudiese andar mejor, por avene arrasado el tiempo de pelear todas las obras muertas.

Don Alonso bolvió de otro bordo a la isla de Flores, la qual vino a reconocer a los dieciocho de septiembre Antonio Navarro, general de la flota de Nueva España, con once navíos, aviéndose apartado con temporal del general Diego de la Rivera, cuyo almirante venía con Navarro. Y así se juntaron luego con la armada, haviéndole don Alonso socorrido la necesidad que traían de vastimentos.

A los 23 de dicho llegó sobre las dichas Islas Aparicio de Artiaga, almirante de Antonio Navarro, que se avía quedado con Diego de la Rivera. Traía a su cargo quarenta y nueve navíos, por haberse ydo a fondo el dicho Diego de la Rivera en su nao, la qual asimismo recogió don Alonso. Las flotas venían divididas y a dar en las manos de los enemigos como lo podían desear, pues por la mala orden en que vienen y la buena que trae el enemigo tomaran la mayor parte si la armada de Su Majestad no le hubiera roto y desbaratado.

  • - Archivo del Museo Naval. MS. 2518, doc. 52 de la Colección «González-Aller»
    - Revista de Historia Naval número 51, 1995.