El mar de Hoces (pintura)

Por Carlos Parrilla

Pintura de el mar de Hoces

La carabela “San Lesmes”, bajo el mando de Don Francisco de Hoces, surcando las aguas del Atlántico comprendidas entre el Cabo de Hornos y la Antártida, empujada por un gran temporal que la separó del resto de las naves que componían la expedición de Don García Jofre de Loaísa.

El 24 de julio de 1525, solo tres años después de que Juan Sebastián Elcano completara la primera vuelta al mundo, zarpa de La Coruña la escuadra de Loaísa compuesta por cuatro naos, dos carabelas y un patache con destino a las islas de la Especiería, las Molucas, con la intención de incorporarlas a las posesiones de la corona española.

Después de hacer escala en La Gomera y reabastecerse la expedición continuó bordeando la costa de África Hasta el golfo de Guinea descubriendo la isla de Annobón, nombrándola San Mateo, donde volvieron a detenerse para reparar, seguidamente pusieron rumbo hacia el oeste avistando las costas del Brasil el 19 de noviembre.

Ya en aguas australes, a la altura del estrecho de Magallanes, la flota fue vapuleada por una serie de temporales durante uno de los cuales, en febrero de 1526, nuestra “San Lesmes” derivó hasta los 55º de latitud Sur, siendo la primera nave en la Historia que navegaría entre el extremo austral del continente americano y la Antártida, recibiendo por ello esa parte del océano el nombre de “Mar de Hoces” en honor de su comandante, aunque en el mundo anglosajón es llamado “Pasaje de Drake”,  habiéndolo surcado el pirata inglés 52 años después, en 1578 y desde el Pacífico, también empujado hasta allí por un temporal.

Hoces consiguió volver con el resto de la expedición llegando al otro océano por el estrecho de Magallanes.

En su camino a las Molucas la “San Lesmes” volvió a ser separada de las demás naves por otro temporal y sobre su destino final se ha especulado mucho siendo la teoría del investigador australiano Robert Landon de la Universidad de Camberra la más aceptada, concluyendo que la carabela recaló en las islas Amanu, Anaa y Raiatea en las Tuamotu, donde encalló, desperdigándose sus tripulantes por el archipiélago.

Al parecer se encontró que los habitantes de estas islas tenían un componente genético europeo evidente, siendo frecuentes la piel y los ojos claros, e incluso cabellos rubios, así como cierta influencia europea en su acervo cultural.  

También se especula con que la “San Lesmes” continuó viaje hasta llegar a Nueva Zelanda donde al parecer se encontraron construcciones parecidas a los hórreos del noroeste de España, dejémoslo ahí.

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