martes , 18 diciembre 2018
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La fragata de la película Master and Commander: la Rose-Surprise

La fragata de la película Master and Commander: la Rose-Surprise
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Fragata HMS Surprise navegando
Fragata HMS Surprise navegando

A finales de 2003 se estrenó la película Master and Commander: Al otro lado del mundo. Una soberbia película ambientada a principios del siglo XIX y que se basaba en la saga de libros del autor Patrick O’Brian. No voy a contarles nada sobre la obra literaria (también recomendable) sino de la fragata que aparece en dicha película. Pero la real, no la histórica HMS Surprise. Creo que es una historia curiosa y entretenida de leer.

La fragata Rose

El barco que sale en la película no fue así desde el inicio. No fue construida para la película, sino que fue comprada y posteriormente se le hicieron unas adaptaciones para dejarla con el aspecto de una embarcación de guerra de 28 cañones de la Royal Navy de principios del XIX.

El buque original se llamaba Rose y se trataba de una réplica de una fragata homónima británica de 24 cañones. Al parecer, la Rose original estuvo en 1774 patrullando la zona costera de Rhode Island, al noreste de los Estados Unidos. Su capitán James Wallace es recordado como un ser detestable que durante la guerra parece ser que se propasó un poco con los lugareños y sus propiedades.

En fin, que la Rose de la marina británica terminó la guerra medio podrida y hundida en el río Savannah para evitar una incursión francesa.

La construcción de la fragata

El caso es que con el motivo del bicentenario de la independencia de los EE.UU. surgieron muchas iniciativas para celebrar tan magno acontecimiento. En Todo a babor ya hemos visto alguna de ellas, como la vuelta al mar de la fragata USS Constitution.

Fragata Rose
Fragata Rose con su esquema de color original.

Se pensó en hacer una réplica de la Rose para tener un buque del enemigo para el disfrute de la población, que exhibirían junto a otros menores. En realidad querían hacer cinco buques, pero cuando el banquero se le rió en la cara al promotor de la idea, John Fitzhugh Millar, optaron por hacer sólo el más grande.

No hablaremos de los problemas de financiación a los que se enfrentaron porque fueron bastantes. Los planos los consiguieron del Museo Marítimo de Greenwich. Pero dichos planos tenían que ser modificados para adecuarse a las leyes marítimas modernas. El U.S. Coast Guard debía certificarlos antes de aprobarlos y para eso necesitaron un arquitecto naval. Eligieron a Philip Bolger de Gloucester, Massachusetts, que se puso a trabajar en un proyecto un tanto extraño, ya que, con vistas a una posible venta futura, le pidieron que cambiara la altura de las cubiertas para poder adecuar, hipotéticamente en el futuro, un restaurante. Eso sí que es visión de negocio.

Se fueron al astillero Smith & Rhuland, Limited en Lunenburg, Nueva Escocia, en Canadá, y allí les dijeron que les harían la fragata por 250.000 dólares, velas, cabos y cañones aparte. Estos pertrechos los consiguieron o bien gracias a donaciones o comprándolos.

En junio de 1969 se puso la quilla. La construcción se realizó con maderas de abeto Douglas, roble blanco, rojo, haya y abedul. Los palos principales fueron realizados en acero. Como curiosidad cabe destacar la gran afición al ron que tuvieron los trabajadores que participaron en la obra, ya que, años más tarde, encontraron numerosas botellas de aquel licor en lugares remotos de la estructura de la fragata. ¡Que no se pierdan las tradiciones marineras!

Su vida operativa como Rose

En marzo e 1970 fue botada la fragata Rose. Pero no fue hasta el verano de 1972 que la embarcación pudo abrir al público, tras incontables problemas burocráticos y de otra índole. En aquella temporada ya sirvió como escenario para dos películas, una de ellas para la televisión.

Sacaron la nave a navegar casi todos los años, pero era muy caro hacerlo, ya que tenían que contratar un remolcador de asistencia, además de obtener una prima de seguro adicional. Por otra parte, se pusieron a construir otro buque de época, tal y como habían planeado hacía tiempo. En esta ocasión se trató del primer buque autorizado por la entonces incipiente marina continental norteamericana: la balandra Providence, de 12 cañones.

La fragata Rose navegando, en el año 2000
La fragata Rose navegando, en el año 2000.

Pero dos buques era demasiado caro de mantener, así que la Rose se vendió en 1984 por una miseria a un grupo de Bridgeport, Connecticut, que sólo querían que la fragata decorase su flamante puerto deportivo.

Aprovechando una nueva ley que permitía acondicionar buques para hacerlos buques-escuela, los de Bridgeport quisieron sacarle partido a su adquisición y arreglaron la fragata para este nuevo cometido, que era mucho mejor que ser un simple florero.

Durante el primer centenario de la Estatua de la Libertad, la Rose tuvo su puesta de largo en aquella ocasión en su nuevo cometido.

Y así, en los siguientes dieciséis años, la Rose hizo cruceros de una semana a lo largo de la costa este con 31 aprendices que pagaban por tener una fascinante experiencia en un buque de vela como los de antes. También cruzó el charco en alguna ocasión para asistir a eventos especiales. Uno de esos viajes, a Roquefort inspiró a los de allí para construir su propia fragata: la Hermione.

La inspiración que acabó convirtiéndola en la Surprise

¿Y cómo llegó a convertirse la fragata Rose en la conocida HMS Surprise? Pues fruto de la casualidad y de aprovechar el momento.

Resulta que a finales de los noventa, un editor alquiló la Rose en el muelle de Nueva York para dar una fiesta con motivo de la publicación de un nuevo libro de la serie de Jack Aubrey del escritor Patrick O’Brian. Este estaba presente y, hablando con el veterano capitán de la fragata Richard Bailey, le comentó que la Rose, pintada con el esquema de colores reglamentarios de 1805, sería muy parecida a la Surprise de sus libros.

Bailey se animó y ordenó a sus marineros que sacaran la pintura y se pusieran manos a la obra. Debió ser algo rápido, pero el escritor quedó tan impresionado que cambió de opinión respecto a llevar a la gran pantalla sus libros, algo que siempre había aborrecido por pensar que no había medios adecuados para hacer algo digno.

Su editorial, viendo el posible beneficio, se puso manos a la obra en busca de la productora de Hollywood que se atreviera a hacer realidad aquel proyecto.

Los propietarios de la Rose decidieron a finales del 2000 deshacerse de la fragata. Y tenían intención de venderla a una asociación sin ánimo de lucro de Rhode Island.

Pero justo cuando iban a formalizar la transación, en marzo del año siguiente, apareció un representante de la Twentieth-Century Fox insistiendo en que quería comprar el barco. Le explicaron que ya se había decidido vender la Rose a los de Rhode Island, pero cuando el abogado de Hollywood le puso un cheque que triplicaba lo que le iban a dar los otros, cedió sin pensárselo, aunque hizo que los de la Fox firmaran un acuerdo para donar al grupo de Rhode Island la fragata tras la filmación de la película.

Pero aquellos no verían jamás la fragata en sus manos, puesto que al finalizar la grabación de la película, la productora pasó de aquella cláusula y les avisaron de que tenían más abogados que ellos. No hizo falta más.

La fragata HMS Surprise

La fragata fue trasladada a San Diego, donde se procedió a su remodelación para convertirla en la embarcación de las novelas de O’Brian.

Para ello se cambió toda la cubierta principal, la popa, mascarón de proa, rueda del timón, velas nuevas, nueva pintura y muchísimos detalles tanto exteriores como interiores.

En la producción de la película la Rose/Surprise se utilizó para las tomas exteriores de navegación. Para todas las demás se construyó una Surprise medio de pega para ponerla en una enorme piscina que el estudio tenía habilitada (la misma donde se rodó Titanic) y donde se rodarían las escenas de batallas y sobre cubierta.

Las escenas de la batalla naval en la que aparecen las dos naves antagonistas, justo después de utilizar una clásica táctica de engaño, se realizó con dos barcos en miniatura rodados en tierra firme en Nueva Zelanda, y luego añadidas al océano por la ILM (la empresa que hace los efectos especiales de Star Wars, entre otros). También allí realizaron un modelo más grande para las tomas de daños de los cañonazos de la fragata francesa Acheron, que por cierto fue hecha bajo los planos de la USS Constitution. Así pues, a nuestra RoseSurprise no le hicieron ningún daño durante el rodaje de la película. Hubiera sido un disparate.

Modelo de la fragata Surprise hecha para el tanque de agua
Modelo de la fragata Surprise hecha para el tanque de agua

Tras el estreno se vio que no se había recaudado lo que esperaban y que no harían más películas de la saga (una pena, la verdad), por lo que el estudio alquiló primero la fragata y después la terminó vendiendo al Museo Marítimo de San Diego, los mismos que han hecho recientemente una réplica del galeón San Diego.

La fragata HMS Surprise en los astilleros de Chula Vista, en San Diego
La fragata HMS Surprise en los astilleros de Chula Vista, en San Diego. Como pueden ver, después de un tiempo en la mar toca limpiar los bajos. Y eso que cuenta con forro de cobre.

Estos restauraron la fragata para acondicionarla para la navegación (en 2007) y la registraron oficialmente como HMS Surprise, a pesar de que al no ser un buque de la Royal Navy no tenían derecho a usar ese acrónimo.

Navega varias veces al año y se presta para alquiler para eventos diversos. Incluso apareció en una de las películas de Piratas del Caribe como un buque llamado Providence.

Y ahí sigue, en San Diego, donde se puede visitar y admirar una réplica de un buque de sexta categoría británico de las Guerras Napoleónicas. Si pueden permitírselo, o pasan por allí, no dejen de ir y presentar sus respetos a una vieja dama con mucha historia en sus cuadernas.

Algunos datos de la HMS Surprise: Desplaza 508 toneladas; tiene 54 metros de eslora y 9,8 de manga. Su superficie vélica es de unos 1,200 metros cuadrados y posee un armamento (no funcional) de 28 cañones de 9 libras.

Fragata HMS Surprise en su muelle del Museo Marítimo de San Diego
Fragata HMS Surprise en su muelle del Museo Marítimo de San Diego. Un buque precioso, ¿no creen?

Por Todo a babor

Me llamo Juan y soy el creador y administrador de Todo a babor. Llevo desde 2003 dando a conocer la historia naval, de una forma divulgativa, sin pretensiones de ningún tipo y tratando de hacerlo de la manera más amena posible.