Todo a Babor. Revista divulgativa de Historia Naval
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La captura de la flota francesa en Cádiz y la evacuación de las tropas españolas en Zelanda en 1808.

(Fuentes:
- "Apresamiento de la escuadra francesa del Almirante Rosilly en la bahía de Cádiz, el 14 de junio de 1808", por el Almirante Enrique Barbudo Duarte, Colección Fragata, Cádiz, 1987.
- Revista de Historia Naval, Ministerio de Defensa).
- Agradecimiento especial a Antonio Luis José Martínez Guanter y a Miguel Angel García de la web Batalla de Trafalgar.

Además de los acontecimientos ya conocidos de los levantamientos de Madrid y otras ciudades españolas en mayo de 1808, contra las fuerzas francesas que habían ocupado el país de forma alevosa ocurrieron dos hechos poco conocidos. Uno fue el apresamiento de 5 navíos de línea, una fragata y un bergantín franceses en el puerto de Cádiz por parte de la Armada española. El otro fue la evacuación de tropas españolas en agosto de ese mismo año y que habían luchado codo con codo junto a las tropas francesas de Napoleón por los campos de Europa y que intentaron regresar a España a luchar por la independencia de su país y que sin la inestimable ayuda de la flota británica no lo podrían haber conseguido.

Ilustración de la rendición de la escuadra francesa de Rosilly

  • "Rendición de la escuadra francesa del almirante Rosilly". Dibujo realizado por Todo a Babor.

El apresamiento de la escuadra francesa, 14 de junio de 1808.

Cuatro días después de la batalla de Trafalgar del 21 de octubre de 1805, llegaba a Cádiz el Almirante francés Rosilly, que había sido mandado por Napoleón a España para sustituir a Villeneuve al mando de la escuadra combinada. Lamentablemente no pudo llegar a tiempo, ya que Villeneuve supo de su próxima sustitución y salió de Cádiz para enfrentarse con Nelson.

De la batalla ya sabemos lo que pasó, así que no nos entretendremos en ella. Al llegar Rosilly se halló al frente de los restos de los 33 navíos que habían combatido. De la escuadra francesa tan sólo quedaron el Heros, de 80 cañones; los Algesiras, Pluton, Argonaute y Neptune, de 74 cañones; más las fragatas y bergantines, estos últimos  posteriormente romperían el bloqueo británico a la ciudad y partirían a Francia, salvo la fragata de 40 cañones Cornelie, que permaneció con los navíos. El Algeciras, aunque tenía nombre de una ciudad española era totalmente francés, ya que conmemoraba una victoria franco española frente a los británicos en 1801 bajo las baterías de dicha ciudad andaluza.

navio fondeado

El resto de la escuadra permaneció en Cádiz, mientras se preparaba con los escasos medios de que disponía el Arsenal de La Carraca. Así todos los navíos franceses fueron pertrechados y quedaron listos para salir a la mar cuando fuera posible. Sin embargo la escuadra española, aunque reparada tras el combate estaba falta de equipamiento, pero la inactividad y falta de presupuesto fue quedando su estado bastante deficiente. Estaba al mando de ella el Jefe de Escuadra Don Juan Ruiz de Apodaca. Además el estado de las tripulaciones era lamentable. Faltando todo lo necesario y sin haber recibido paga alguna durante meses. Estado parecido se encontraba también la oficialidad. Sólo el San Justo estaba bien preparado de equipamiento y tripulación y que se había incorporado a los franceses con la intención de partir cuando estos lo hicieran.

La escuadra de Apodaca se componía de las siguientes unidades:

  • - Príncipe de Asturias (112 cañones), insignia del J.E. Juan Ruiz de Apodaca.
    - Terrible (74)
    - Montanés (74)
    - San Justo (74)
    - San Fulgencio (64)
    - San Leandro (64)
    - Flora (fragata de 34 cañones)

El navío Santa Ana de 112 cañones se hallaba en el Arsenal en ese momento, pero no en servicio activo debido a que se concluía su carena.

Rosilly, desde el mes de febrero de 1808 estaba al tanto de que algo malo iba a ocurrir en las relaciones con los españoles y previniendo a su escuadra se dispuso esta fuera del alcance de las baterías, haciendo que el San Justo quedara en medio de los buques franceses, y por tanto bajo el fuego de estos en caso de lucha. Un paso que hizo bien el Almirante francés en dar, puesto que los posteriores sucesos de Bayona con la Familia Real española y la renuncia al trono de Fernando VII había  puesto a las tropas francesas en pie de guerra contra sus antiguos aliados invadiendo con su ejército la mayor parte del país.

Tamaña traición hizo que el 2 de mayo se empezase a sublevar la población española y mirar a los franceses residentes como enemigos. En Cádiz, donde había una importante colonia francesa, hubo asesinatos que enrarecieron el ambiente. Rosilly, enterado de la muerte de algunos tripulantes de su escuadra prohibió que desembarcara ningún hombre de su escuadra para evitar más muertes. El Gobernador de Cádiz, el Marqués de Solano puso a algunas pequeñas embarcaciones a vigilar a los buques franceses.

Es extraño que viendo como estaba la situación los mandos españoles accedieran a la petición de Rosilly, que era una persona muy inteligente y capaz, a situar los navíos de la escuadra española intercalados con los franceses, con lo peligroso que era tal maniobra en caso de combate. Tal petición obedecía a una hipotética mejor defensa en caso de ataque de la escuadra de bloqueo del Almirante Purvis, quien estaba al mando de una escuadra de 12 navíos. Los navíos quedaron en el siguiente orden: Neptune, Príncipe de Asturias, Heros, San Justo, Algesiras, Montañés, Argonaute, Terrible, Pluton, San Fulgencio y San Leandro.

Apodaca y el teniente general Moreno (Comandante del Departamento marítimo) posteriormente trataron de aislar los buques franceses, así se separaron las cañoneras francesas que tenían la misión de defender la boca de Sancti Petri.

La población gaditana no comprendía cómo se seguía sin combatir contra los franceses tras las noticias del levantamiento en casi todo el país contra un ejército invasor y las atrocidades cometidas por sus tropas. Por eso no extrañó que hubiera un motín y se acabara asesinando a Solano, por considerarlo injustamente como afrancesado.
La junta de Sevilla, sublevada al fin, nombró al Capitán General don Tomás de Morla como sustituto de Solano, y le mandó disponer los medios necesarios para que llegado el momento apresara o destruyera la escuadra francesa.

Tras una reunión de generales el día 30 de mayo, se acordó separar los buques españoles de los franceses, quedando ambas separadas al día siguiente y preparadas para el combate, aunque oficialmente todavía no había ninguna hostilidad por ambas partes.

Poco después se hizo la siguiente proclamación del General Morlá al pueblo de Cádiz:

  • "Amados españoles,
    Habiendo efectuado su comisión el encargado del Pueblo, y a quien conferí facultades para tratar personalmente con el General Rosilly sobre las circunstancias del día, paso a advertiros de su resultado.
    Este individuo me ha enterado muy por menor de sus conferencias con dicho General, y lo más esencial es, que puesto que aun no hay rompimiento formal, no debe hacerse alteracion sobre el tratamiento que hasta aquí se ha observado con los individuos de la Nación Francesa, hasta tanto que delibere Napoleón sobre la petición que se le hace de entregarnos a nuestro muy augusto soberano Fernando Séptimo, generalmente lo pide la Nación ofreciendo su sangre por la defensa de esta causa, exponiéndole que a efectuar la entrega de dicho Soberano, se le dará libre salida a las embarcaciones de su Imperio que están surtas en esta Bahía.
    Nada debemos temer de esta escuadra, muy al contrario, con la variación de posición que ha hecho la nuestra, los tenemos encerrados de modo, que será nuestra siempre que se nieguen a la proposición razonable que se ha hecho.
    En este entender, queridos compatriotas mios, no os encarga más que la subordinación hacia el Gefe que elijais, pues desde ahora hago dimisión de mi empleo sino me considerais apto para mandaros, pero si renovais la elección, y me dexais en el puesto que ocupo, yo sólo he de mandar, nadie me ha de imponer condiciones, y ninguno ha de solicitar acciones arriesgadas que sólo contribuirían al desmembramiento de la Nación, y a frustrar en parte el plan basto, de que ya os he anunciado; pero si aun sois capaces de recelar la menor intriga a favor de esa corta porción de navíos franceses que tanto os preocupa, reflexionar que ya hemos levantado el grito de no obedecer a más Soberano que Fernando Séptimo, y que ningun contraste podrá separanos de esta obligación; y por otro lado sabed que por saciar vuestra ira contra los individuos que componen la tripulación de dichos navíos, vais a perder irremisiblemente los veinte y cinco mil hombres vuestros compatriotas que están en el Norte, y lo más de todo a exponer la vida de nuestro Soberano Fernando Séptimo que está en peor situación que dichos cortos navíos, y cuya vida nos es tan preciosa, puesto que por él vamos a pelear.
    Por tanto no deis lugar a cabilaciones, y estar ciertos que si sois de España, yo de España no me separo. Morir o vencer es mi mote, ¡que en vuestros pechos no resuene otro!
    Cádiz 30 de Mayo de 1808.
    Morla".

Morla pidió a la Junta de Sevilla el permiso para atacar, ya que no quería tener esa responsabilidad. Purvis, el almirante británico encargado del bloqueo y que estaba bajo el mando de Collingwood, se ofreció a entrar con sus buques en la bahía de Cádiz para ayudar a los españoles a capturar a los buques franceses, a lo que se negó en rotundo Morla, quien no le hacía gracia que los tradicionales enemigos de siempre se metieran en las entrañas de la bahía gaditana, con el riesgo de que no se marcharan luego y quedara otro Gibraltar, así que de manera educada le contestó que esto era algo que debían hacer los españoles. Purvis debió comprender que los españoles, tras la sucia traición de sus hasta hace nada aliados, tenían ganas de desquitarse. Algo que por otra parte era cierto.

Moreno y Apodaca, dado los exiguos medios del Arsenal y la preocupante falta de dinero, hicieron todo lo posible por organizar las fuerza atacantes. Se alistaron dos navíos más para acoderarlos en el Arsenal, por si Rosilly atacaba esa zona, además de instalar nuevas baterías y reforzar otras en La Cantera, Trocadero y Puntales.

Todo esto no pasó desapercibido a Rosilly, quien sólo confiaba en la llegada por tierra de refuerzos por parte del ejército napoleónico (y que fue finalmente vencido en Bailén, el 19 de julio de ese mismo año, por las tropas españolas). Es por ello que desde ese momento intentó por medio de comunicados a las Autoridades españolas ir retrasando el inevitable enfrentamiento.

Aprovechando un viento favorable alejó su escuadra de las baterías de Puntales y Matagorda, internándose más adentro en el canal de La Carraca, quedando en disposición de batir el Arsenal. Los españoles se inquietaron por esta nueva estrategia y cambiaron las baterías instaladas hacia la zona del Arsenal. La falta de espacio para poder maniobrar por parte de los navíos españoles para poder seguir a los franceses, hizo que se decantase Moreno por un ataque con fuerzas sutiles. Esto contó en un principio con la oposición de varios mandos, que querían entablar combate con los navíos.

Apodaca fue el encargado de organizar dicha fuerza, armando 12 bombarderas y  25 cañoneras provenientes de la escuadra. En el Arsenal también se prepararon algunas, quedando en total  tres divisiones de 15 cañoneras cada una, mandadas por los brigadieres José Quevedo, Miguel Gastón y el Capitán de navío Rodríguez Rivera. El plan de Moreno era que las cañoneras fueran en primera línea; detrás las bombarderas, fuera del alcance de los franceses, y más atrás los botes auxiliares con tropas y pertrechos listos para abordar o sacar a remolque cualquier buque de la zona que se pudiera. También se organizó una serie de banderas de señales para estar coordinados con los navíos, baterías y fuerzas sutiles. Como curiosidad, no se sabe si fue por falta de material o simplemente por utilizar cualquier bandera, el caso es que Moreno indicó entre esas 20 órdenes prefijadas la orden nº 15 "Se necesitan balas", que debía indicarse con la bandera de la Unión Jack británica, y la nº 19 "Hay navíos que se han rendido" con la holandesa. Moreno dirigiría el ataque desde su falúa. El Príncipe de Asturias de 112 cañones y el Terrible de 74 darían apoyo al conjunto.

Los franceses debían de temer a estas fuerzas sutiles armadas, ya que se había demostrado en multitud de ocasiones la letal efectividad de este tipo de ataque. Tanto que los propios franceses como los británicos habían tenido que adoptar este sistema de lucha. Las cañoneras eran lanchas de navío, arboladas con uno o dos palos, y que se servían de los remos para avanzar con vientos contrarios o situarse en inmejorable posición para atacar. Iban armadas con un solo cañón de 24 libras (en alguna ocasión también de 36 libras, aunque era muy raro) que aprovechaba el retroceso de toda la embarcación en el disparo, y por tanto no necesitaba muchos artilleros. También solían llevar un obús o pedrero para su defensa en caso de ser abordadas, así como infantes de marina que daban apoyo con sus fusiles. La agilidad de tales embarcaciones les hacían ser un blanco poco preciso para dispararlas desde un buque y sobre todo eran muy letales con mar encalmada, donde maniobraban con los remos para situarse en las aletas o amuras de su objetivo, mientras este no podía evitarlo.

Una vez preparado el ataque Morla envió una advertencia el 9 de junio a Rosilly, instándole a una rendición incondicional en el plazo de dos horas o de lo contrario: "...soltaré mis fuegos de bombas y balas rasas (que serán rojas si V.E. se obstina): atacará la escuadra española y las fuerzas sutiles...". Siendo rechazado por el almirante francés. Así pues se inició el ataque desde las baterías y por las fuerzas sutiles. Los franceses estaban bien situados y lograron rechazar el ataque, que durante cinco horas intentaron infructuosamente rendirlos. Aun así tuvieron daños en cascos y arboladuras, con unas bajas de 13 muertos y 51 heridos. El Jefe de Escuadra Apodaca en su falúa, recorría la bahía dirigiendo a las fuerzas sutiles y animándolas con su ejemplo. Los españoles también vieron como se inutilizaban 7 bombarderas (4 de ellas hundidas, aunque las otras se podían reparar), con un balance de 4 muertos y 5 heridos. La batería de la Cantera fue desmantelada por el navío francés Algesiras, que había sido destacado ya que dicha batería les estaba haciendo mucho daño. El balance de bajas en las baterías fue de otros 4 muertos y 21 heridos. Las embarcaciones de la escuadra las mandaba el brigadier don Miguel Mª Sastón, comandante del Príncipe de Asturias; uno de los botes cuya tripulación se distinguió notablemente lo mandaba el Alférez de Fragata don José Fermín Pavia. También se distinguió la cañonera nº 33 al mando del Teniente de Navío don Joaquín Ibañez de Corbera.

batalla naval

Rosilly intentó ganar tiempo, a la espera de refuerzos, escribiendo varias cartas a Morla, en las que pedía que dejasen salir a su escuadra bajo promesa de no ser atacados ni por los españoles ni los británicos de la escuadra de bloqueo. Morla se negó. Rosilly al día siguiente propuso desembarcar el armamento y arriar sus banderas, pero permitiendo permanecer a bordo. Morla volvió a rechazarlo, indicándole que sólo aceptaría la rendición sin condiciones. De todas maneras se dio una pequeña tregua a los franceses para que desde la Junta de Sevilla llegaran nuevas órdenes.

Entre tanto las condiciones de las fuerzas españolas no eran buenas, ya que faltaba mucha pólvora por lo que no era posible otro ataque como el del día 9. Así que se optó por instalar nuevas baterías simuladas. Trayendo otras 10 cañoneras de Málaga mandadas por  Francisco Mourelle. Y se alistó el navío Argonauta en La Carraca. Mucha “fachada”, pero sin casi poder debido a esa falta de pólvora. Para evitar que los franceses intentasen entrar en el arsenal se bloqueó este con el hundimiento del navío Miño y la urca Librada.

El día 14 de junio se volvió a intimar a la rendición de la escuadra francesa sin condiciones. Rosilly era sabedor de que no podría resistir mucho tiempo ante los medios acumulados por los españoles para abrumarle con sus fuegos y poco después se rindió a discreción, así durante el curso de la mañana los pabellones franceses fueron sustituidos por los españoles. En total se entregaron 3.676 prisioneros, tripulantes de 5 buenos navíos y una fragata de construcción reciente, armados con no menos de 456 cañones, numerosas armas individuales, gran cantidad de pólvora y municiones y cinco meses de provisiones. En el Museo Naval de Cádiz se conserva la bandera insignia que arbolaba el almirante Rosilly en el navío Hero. Apodaca se hizo cargo de los buques rendidos y puso como comandantes de los mismos a los segundos de los buques españoles. Los buques franceses pasaron a la Armada con sus nombres originales, lógicamente castellanizados.

Morla realizó entonces otra proclama a los vecinos de la ciudad.

Prevenciones del Gobierno al Vecindario de Cádiz:

  • "La Escuadra Francesa acaba de rendirse a discreción, confiada en la humanidad y generosidad de los Gaditanos, como ya he publicado. Las medidas que se han tomado han libertado a nuestra Escuadra del menor deterioro, y la han dexado ilesa: aun en las fuerzas que se han empleado no ha habido averías considerables; y la efusión de sangre ha sido menor que la de un combate de dos buques pequeños: no han pasado de quatro los muertos. Además los Navíos Franceses, sus municiones y armas, quedan a nuestro beneficio: sus prisioneros nos servirán de cange y rehenes. Nada de esto se habría conseguido con los proyectos poco meditados y combinados de brulotes, balas roxas, y otros. Si no se hubiesen tomado precauciones que exigen tiempo, nuestra mortandad habría sido considerable. Me linsojeo, pues, de haber correspondido a la confianza de este Vecindario, que tantas y tan repetidas pruebas me ha dado de su estimación, a que jamás mi corazón sensible pordrá corresponder dignamente.
    Mas ahora pido, exijo, y mando que cesen los rumores, que todo entre en el órden: que se someta cada uno, segun su clase a las Autoridades constituidas, que todas dependen de la Suprema Junta, atenta siempre al bien general, y a procurar con la mayor actividad alianzas parciales y medios para el feliz éxito de nuestra empresa: que se dexen reynar las leyes, y se odie la arbitrariedad. Escandaliza que el Pueblo más culto y urbano de la tierra vocee, y quiera la muerte de un particular. Sólo el campo de Marte donde se repele la fuerza con la fuerza, autoriza la ilegal efusión de sangre. Fuera de él, aun los mismos Soberanos no son dueños de la vida mas facineroso, la segur solo tiene el muelle que la hace obrar en las Leyes.
    Estas prohiben en todas Naciones, aun en las mas bárbaras, las sediciones, griterias y alborotos: debemos obedecerlas y respetarlas: único medio de esperar felices éxitos, y de no ofender en esta parte ni al Dios de los Exércitos, ni al Soberano, cuyos derechos sagrados hemos jurado defender.
    Para no multiplicar escritos me dirijo ahora a los Franceses avecindados, o residentes en esta Ciudad. La Junta Suprema ha tenido una consideración sin exemplar con vosotros, pues prestando juramento de fidelidad a la Nación Española, os admite en su seno, y salva vuestros bienes y propiedades: gratos a este gran beneficio no debeis ser vivoras que destruyen y muerden el seno que las abriga: por el contrario estais obligados a mostrar la mayor lealtad y estimación a un Gobierno tan generoso: de este modo no solo apartareis de vosotros la odiosidad de este urbano vecindario, sino que os atraereis su amor. De lo contrario, temed su justicia. Castigaré con rigor y sin la menor indulgencia aun las asambleas entre vosotros, las expresiones y voces díscolas y contrarias a nuestra causa. Si algun insensato no la respeta por su razon y justicia, sera la victima de su orgullo, o necedad.
    Cádiz 14 de Junio de 1808.
    Morla".

Estas palabras iban destindas a avisar que no se toleraría los ajustes de cuentas y alborotos de una parte del pueblo gaditano, que buscaba venganza por la brutal y sorpresiva invasión napoleónica del país, y que exaltó los ánimos de muchos ciudadanos, queriendo tomarse la justicia por su mano contra los franceses avecindados en la ciudad. También se avisaba a la numerosa colonia francesa de no reunirse, ni tramar nada en contra de la Autoridad española.

Además de esta escuadra también fue apresado en Vigo el navío francés l’Atlas de 74 cañones, que había entrado en el puerto creyendo ser puerto amigo y allí fue capturado. Por lo tanto se recuperó una escuadra entera de navíos que en parte paliaba las pérdidas de Trafalgar.

Después de este acontecimiento los comisionados españoles, de quien el General Morla era la cabeza visible, embarcaron para Inglaterra para tratar con el gobierno británico. Su recepción igualó totalmente sus expectativas; y el 4 de julio el gobierno británico emitió una orden, declarando que todas las hostilidades entre Inglaterra y España deberían cesar inmediatamente y entrando ambas como aliadas frente a la Francia de Napoleón. Y fue una paz entre ambas naciones duradera, ya que el periódo de 1804-1808 fue la última vez que Gran Bretaña y España estuvieron en guerra, no volviéndose a enfrentar desde entonces.

Los prisioneros franceses fueron recluidos en La Carraca y a bordo del Terrible y San Leandro. Aunque posteriormente fueron transbordados a los navíos desarmados Castilla y Argonauta, habilitados como pontones. Incluso 35 soldados prisioneros pidieron pasarse a los batallones de Marina de la Real Armada, ya que no eran naturales de Francia y viendo la lúgubre perspectiva de quedarse en un sórdido pontón decidieron desertar, lo cual consiguieron. Otros prisioneros lograron escaparse, en concreto del navío Pluton fueron 5 tripulantes, de los que uno era italiano y otro portugués. Esto hizo que se redoblara la vigilancia. En cuanto al trasvase de los víveres de los navíos franceses al Arsenal se produjeron bastantes saqueos por parte de los transportistas, que en alguna ocasión no llegó ni una cuarta parte de lo transportado. Así que se decidió mandar una treintena de soldados de batallones para su cuidado.

Como era habitual en la época se ofrecieron recompensas a diestro y siniestro. Ascendiendo incluso a alguno que no había tomado parte de la captura. Y en general se ascendió un grado a todos los oficiales. Rosilly y algunos de sus oficiales fueron puestos en libertad, bajo juramento de no combatir contra los españoles hasta no ser canjeado, para que llevara personalmente las noticias de su rendición ante Napoleón.

Anexos:

> Estado que manifiesta la fuerza en que se hallan los buques de la escuadra del mando del Jefe de esta clase Don Juan Ruiz de Apodaca el 6 de Mayo de 1808. (Se abrirá una ventana aparte).

Fuerza sutiles del apostadero de Cádiz que tomaron parte del primer ataque a la escuadra francesa el 9 de junio:
Buque
Comandante
Barco
Marinería
Tropa de infantería
Id. de artillería
Total
Príncipe Alférez de fragata D.José Díaz Pimienta Falucho 114
24
5
2
31
Alférez de fragata D. Jerónimo Balquarnera Cañonero 27
24
12
2
38
Su patrón Falucho Colombo
18
-
1
19
El Cmte. del Apostadero Bote nº 2
20
5
1
26
Su patrón Falucho Regla
19
-
2
21
Alférez de navío D. José Salcedo Falucho 106
24
5
2
31
Tte. de Brulet D. Domingo Gallego Balandra nº 2
30
12
2
44
Terrible Tte. de navío D. Manuel Pequera Lancha nº 1
30
12
2
44
Tte. de navío D. José Achabal Cañonero 28
30
12
2
44
Tte. de navío del "Príncipe" D. Francisco Ulloa Bote nº 3
20
5
1
26
Tte. de fragata D. Lorenzo Ortiz Canela Cañonero 9
24
12
2
38
Montañés Alférez de navío D. Sebastián Rodríguez de Arias. Lancha nº 3
30
12
2
44
Tte. de navío D. Lorenzo Urrusaustegui Lancha Luisa
30
12
2
44
Tte. de fragata del "Leandro" D. Manuel de Palacio Bote nº 1
20
5
1
26
Tte. de fragata del "Príncipe" D. José Bilbao Lancha nº 5
30
12
2
44
Fulgencio Tte. de navío del "Leandro" Norbete de Mella Cañonero 10
30
12
2
44
Alferez de fragata D. Matías Irigoyen Gabarra nº 5
30
12
2
44
Un sargento Bote nº 4
20
5
1
26
Leandro Alferez de navío D. José Ley Falucho 110
24
5
2
31
Alferez de fragata D. Ignacio Medina Falucho 108
24
5
2
31
Flora Tte. de fragata del "Fulgencio" D. Andrés Santiso Falucho 112
24
5
2
31
Alferez de navío D. Manuel de Clemente Falucho 107
24
5
2
31
Alferez de navío del "Leandro" D. José García Campero Falucho 113
24
5
2
31
Alferez de fragata D. José Facundo del Calbo Falucho 111
24
5
2
31
Sumas....
627
182
45
854
Notas
1ª. Los faluchos asignados al navío "San Leandro" y la fragata "Flora" son los que se hallan destinados a escoltar los comboys de la costa de Poniente. 2ª. El detalle del Apostadero está a cargo del Teniente de navío D. Francisco Ulloa. El comandante del Bote nº 1 y los Faluchos 113 y 110 se hallan en depósito en el "San Leandro".
Navío Príncipe de Asturias en Cádiz 6 de Mayo de 1808.


La evacuación de las tropas españolas de Zelanda.
Deseoso de asistir a España del modo que sería más beneficioso a la causa de los patriotas, Inglaterra giró su atención a las tropas españolas, que Napoleón, bajo el falso pretexto de asegurar Hanovre, había alejado de su país, a partes del norte de Alemania, y después a las islas danesas en el Báltico. Los franceses sabían que las tropas españolas estaban deseosas de unirse a sus compatriotas, y asistir al derrocamiento del tirano que ocupaba ahora el trono español. Los españoles en Zelanda apenas sabían la agresión horrorosa la que su tierra natal sufría, pero ellos al instante formaron un círculo alrededor de sus banderas, y juraron sobre sus rodillas ser fieles a su país. Los hombres poseídos de tales sentimientos, e inspirados con tal determinación de actuación, eran bien vistos en Gran Bretaña que intentó ayudar en lo posible gracias sobre todo a su inmenso poder naval. Esto por suerte pasó, donde había tanto celo y fervor en la causa, que el oficial al mando británico más cercano de las tropas españolas que era el Contralmirante Keats se puso manos a la obra para evacuarlos de la forma más inmediata posible. Así el 8 de agosto de 1808 además de su propio barco, el Superb de 74 cañones (el mismo navío que 7 años atrás provocó el desastre de dos navíos de 112 cañones españoles en aguas de Algeciras), el contralmirante tenía bajo sus ordenes el Brunswick y el Edgar del mismo porte, al mando de los cuales estaban los Capitanes Thomas Graves y James Macnamara, y cinco o seis pequeños buques más.

Según un plan concertado entre el contralmirante y el Marqués de la Romana, el comandante en jefe de las fuerzas españolas en Dinamarca, éstos, el 9 de agosto, con casi 6.000 hombres, tomó posesión de la fortaleza y la ciudad de Nyborg, en la isla de Funen. Inmediatamente después el Contralmirante Keats dirigió una carta al gobernador danés, prometiendo abstenerse de cualquier acto hostil u ofensivo, mientras estos hicieran lo mismo. También se advertía que deberían dejar embarcar a las tropas españolas, o de lo contrario serían tomadas medidas, que eventualmente podría conducir a la destrucción de la ciudad de Nyborg.

La guarnición danesa prudentemente cedió a estas circunstancias; pero un bergantín danés, el Fame, de 18 cañones, y un cutter de 12, el Salorman, entraron en la ciudad rechazando todas las protestas y ofertas de seguridad. La reducción de estos navíos fue absolutamente necesario, y el general español que estaba dispuesto a interpretar como un acto hostil por parte de Dinamarca, así los barcos puestos bajo mando del Capitán Macnamara atacaron y capturaron tanto al bergantín como el cutter, con la pérdida a los Británicos de un teniente (Robert Harvey, del Superb) muerto y dos marineros heridos, y a los daneses de siete muertos y 13 heridos. Hay que mencionar, que las tropas españolas, irritadas por la oposición que los daneses hicieron a sus aliados británicos que iban en su ayuda, dispararon desde la fortaleza varios tiros a los navíos daneses antes de que estos se rindieran.

Teniendo ya seguridad en el puerto la evacuación se puso en marcha, y ya que por circustancias de tiempo los navíos de línea no podían acercarse a este, el contralmirante cambió su bandera al buque bomba Sabueso, del Capitán Nicholas Lockyer, en el puerto. Cincuenta y siete balandros y otras embarcaciones menores, que se encontraban en el puerto, fueron tripulados por los marineros de la escuadrilla, bajo la dirección de Capitán Macnamara; y en el curso de la misma noche y del día siguiente, el 10, una gran parte de la artillería, el equipaje, y tiendas que pertenecían a los españoles fueron embarcados, y llevados al punto de Slypsharn, a cuatro millas de Nyborg donde el ejército debía embarcar.

Los capitanes Jackson y Moore emprendieron la ejecución de este servicio; y las tropas, que habían embarcado sin ningún problema la mañana del 11, se encontraron prontamente bajo la protección de la escuadrilla británica, que estaba anclada en la isla de Sproe. Mencionar por ejemplo que el navío Brunswick tenía a bordo a 1.500 soldados españoles. En el curso del mismo día más de 1.000 españoles se unieron a los barcos británicos desde Jutland; y otros 1.000 fueron llevados a Langeland, para reforzar la fortaleza sostenida por las fuerzas españolas en aquella isla. Uno de los regimientos españoles en Jutland fue situado demasiado lejos y fue imposible evacuarlos; y dos regimientos en la isla de Zelanda lamentablemente fueron desarmados, después de haber combatido contra el general francés y matado a uno de sus mariscales de campo y que cubrían la retirada de la mayoría de las tropas (1). Los españoles embarcaron en Nyborg, y aquellos que se escaparon de la escuadrilla de Jutland, fueron llevados a Langeland; de dónde en total, hacían un número de 10.000 hombres, que fueron llevados a Inglaterra, y posteriormente a España. Por el celo y la capacidad y feliz terminación de la misión, el Contralmirante Keats, inmediatamente fue nombrado caballero.

Las tropas que a bordo de los navíos británicos regresaron a España, estaban compuestas por: (Datos de la web: www.1808-1814.org ).

  • Plana Mayor:
    El marqués de La Romana.

    Ayudantes Generales: Caballero, Montes, Rengel y Vallejo.
    Ayudantes Segundos: José O’Donell y Vera.
    Secretario: Estanislao Sánchez Salvador.
    Edecanes: Juan Caro, Agustín Llano y Julio O’Neill.

    Agregados: Coronel conde de Prado Castellano. Intendente, Lázaro de las Heras. Comisario de Guerra, Laborda. Auditor, Páez. Secretario del General en Jefe, Chapero.

    Infantería de Línea:
    Regtº Zamora. Coronel: Antonio Darcourt; Teniente Coronel: Pedro Ailmer; Comandante: José Imaz. Sargtº Mayor: Antonio Hermosilla. En total eran: 58 Oficiales y 1.652 hombres de tropa.

    Regtº Princesa: Coronel: Marqués de San Román; Sargtº Mayor: Santiago Moredas, mandando 68 Oficiales y 1.947 hombres.

    Infantería Ligera:
    Regtº 1º de Cataluña: Comandante: Juan Francisco Vives; Sargtº Mayor: Ambrosio de la Cuadra. 48 Oficiales y 1.060 soldados.

    Regtº 1º de Barcelona: Comandante: José Borrellas; Sargtº Mayor: Félix Prats. 42 Oficiales y 1.212 hombres.

    Caballería de Línea:
    Regtº del Rey: Coronel: José María Lastres; Teniente Coronel: Antonio Retana; Sargtº Mayor: Rafael Valparda. 42 Oficiales y 573 soldados.

    Regtº del Infante: Teniente Coronel: Joaquín Astrandi; Sargtº Mayor: José Rivera. 41 Oficiales y 565 hombres.

    Dragones:
    Regtº de Almansa. Coronel: Antonio Caballero; Teniente Coronel: Miguel Becar; Sargtº Mayor: Francisco Combay. 39 Oficiales y 557 hombres.

    Regtº de Villaviciosa. Coronel: Barón de Armendariz. Teniente Coronel: José María de Rivas; Sargtº Mayor: Jerónimo Aranda. 32 Oficiales y 562 hombres.

    Artillería:
    Comandante: Mariano Breson. Con 18 Oficiales, 363 hombres y 25 piezas.

    Zapadores:
    Capitanes: Aspiroz y Fernando Miarez, al mando de 7 Oficiales y 95 hombres.

    En total eran: 8.981 hombres:
    395 oficiales
    8.586 de tropa
    25 piezas de artillería.


    Además de estos militares había un pequeño grupo civil formado por:

    116 mujeres, 67 niños y 49 criados.

  • Notas

    (1) Este episodio fue el que el escritor Arturo Pérez Reverte se basó para escribir el relato "La sombra del águila", que narra las aventuras y desventuras de los 400 españoles que fueron capturados en Zelanda y obligados a luchar en la desastrosa campaña rusa de 1812 y que en un intento de desertar al enemigo los franceses tomaron el movimiento de los españoles como una carga de unos Heroes y que les valió el reconocimiento del propio Napoleón que dirigía la batalla. De los 400 quedaron menos de una decena tras la retirada francesa que se cobró casi 300.000 vidas a causa de el brutal invierno ruso, el hambre, los lobos y la caballeria cosaca.

 

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