Antes de iniciar un relato de los acontecimientos, vamos a relacionar las fuerzas navales y terrestres que se enfrentaron, así como la fuerza naval hispano-francesa que operaría en el Mediterráneo, en consonancia con el acuerdo de Aranjuez.
Por parte francesa se contaba con tres navíos, "Indomptable” al mando del capitán de navío, Moncoure, y "Formidable", al mando del capitán Aimable-Gilles Troude (48), ambos de 80 cañones (49); "Desaix", al mando del capitán Palliere, de 74 y la fragata "Muiron", al mando del capitán de fragata, de Martineng, de 44. Esta pequeña flota se encontraba al mando del contralmirante, conde de Linois (50). En realidad era una división naval de la escuadra del almirante Ganteaume (51). Como hecho a reseñar, en la fragata "Muiron" se trasladó Napoleón de Egipto a Francia, ordenando construir un modelo de ella que exhibió en su palacio (52). La división naval transportaba una fuerza de desembarco, al mando del general de brigada, Devaux (53) compuesta por unos 2.000 hombres, con parte de los cuales reforzó las baterías de costa españolas. (54)
En el Campo de Gibraltar se encontraba de Comandante General, el conde Saint-Hilaire (55), teniente general de los ejércitos españoles y de jefe del cantón de Algeciras, el mariscal de campo, don Adrián Jácome. Se pusieron a disposición del combinado hispano-francés, no sólo todos los fuertes y baterías de la bahía, sino a tropas de infantería y caballería. De hecho, el general Jácome ordenó a los regimientos Provinciales de Ronda y Xérez que completaran las dotaciones de artilleros de los fuertes, y el Comandante General, ordenó al batallón de Jaén, que a marchas forzadas se incorporara desde San Roque a Algeciras, para apoyar la defensa (56) El Comandante de Artillería del cantón, era el coronel de Artillería, don Juan Río Soto.
Todas las baterías existentes en la bahía se encontraban en buen estado, aunque sus fortificaciones dejaban mucho que desear, al no ser en la mayoría de los casos de sillería, sino de mampostería. Su artillería podía considerarse de excelente calidad y los artilleros muy preparados, siendo con los ingenieros, los únicos oficiales que procedían de academias militares. Las baterías cruzaban fuegos entre ellas, de tal manera que todo objetivo era batido por al menos dos baterías.
Las baterías, tal como posteriormente se verá, estaban artilladas por cañones de a 24 libras, cuyo alcance podía exceder de los 3.000 metros, superior al de la artillería naval, no porque los buques no pudieran llevar este mismo calibre, sino por la incapacidad de esta última de "jugar" con los alcances y los ángulos de elevación.
Este breve estudio e investigación sobre la batalla de Algeciras ha de tener en cuenta la organización de la Artillería en el Campo de Gibraltar, única forma de entroncar el historial del Regimiento de Artillería de Costa n° 5 con los hechos que acaecieron durante los siglos XVIII y XIX. No ha sido un tema de investigación la organización de la Artillería a lo largo de los tiempos, a pesar de que se hayan escritos diversas historias sobre la Artillería Española, y por supuesto está por vislumbrarse cuál fue la organización de la Artillería durante los más de doscientos años que duró el sitio de Gibraltar.
Intentando entrever la organización verdadera, se ha podido comprobar que se denomina comandante general de Artillería a un brigadier o mariscal de campo de dicha Arma y que tenía a su cargo la dirección de las baterías, los trenes de municionamiento y bagajes y la coordinación de los fuegos, siendo asesor en todos estos aspectos del general en jefe. De hecho en la organización de los ejércitos españoles del siglo XVIII existe la figura del cuartelmaestre general, que junto a una serie de ayudantes generales de Infantería y Caballería y un número indeterminado d ayudantes y de ayudantes de órdenes, configuraban lo que con lenguaje moderno se podría denominar un estado mayor. Paralelamente existía un cuartelmaestre de Artillería y otro de Ingenieros, con sus correspondientes ayudantes; estos cuartelmaestres se encontraban subordinados, en cierta manera, del cuartelmaestre de ejército. En determinados momentos los cuartelmestre de Artillería e Ingenieros se denominan inspectores o subinspectores.
En el Campo de San Roque o de Gibraltar existía un ejército, bajo el mando de un comandante general, con categoría de teniente. general, que tal como se ha indicado anteriormente era, don Domingo Izquierdo, conde de Saint-Hilaire, subordinados a él se encontraban los correspondientes inspectores o similares de Ingenieros y Artillería. Además la Comandancia General, se encontraba dividida en "cantones", estando cada uno al mando de Comandante de Armas, de categoría mariscal de campo o brigadier. Sin haberse investigado el tema, seguramente el Campo de Gibraltar se dividía en varios cantones, siendo los conocidos: San Roque; Algeciras; Tarifa; Estepona y Ronda, aunque no hay que descartar que existieran algunos más.
Cada cantón del Campo, tenía una guarnición de tropas de infantería, caballería y artillería, ésta última era de plaza y posición (actual Artillería de Costa), que artillaba los fuertes y baterías en la costa, o las murallas de Ronda, Jimena o Castellar. El Cuerpo de Artillería disponía de fábricas de pólvoras en Jimena, y los correspondientes parques y trenes Artillería en las distintas guarniciones, concretamente en Algeciras existía parque, con miles de fusiles, armas blancas y un número considerable de bocas de fuego(57).
Para que nos demos cuenta de la importancia de la Artillería en el Campo de Gibraltar, hagamos mención al recuento que hace de ella, el general Gómez Arteche (58), estado que aunque es referido a 1808, es probable que fuera más numeroso en 1801. El estado hace referencia a todo el material a cargo del Cuerpo de Artillería:
| Comandancia de Artillería |
Elemento | Número |
| Algeciras | Cañones de broce | 130 |
|
Morteros de bronce | 20 |
|
Obuses | 9 |
|
Balas de artillería | 29.937 |
|
Metralla en botes o racimos | 5.042 |
|
Bombas | 2.213 |
|
Granadas | 8.205 |
|
Quintales de pólvora | 952 |
|
Munición engarzada de artillería | 1.305 |
|
Cañones de bronce | 21 |
|
Cañones de hierro | 4 |
|
Cureñas de plaza | 3 |
|
Armones | 1 |
| Tarifa | Balas de artillería | 2.287 |
|
Metralla en botes o racimos | 268 |
|
Quintales de pólvora | 35 |
Toda la Artillería de cada cantón se agrupaba en una Comandancia de Artillería, que reunía en sí misma, no sólo las baterías, sino también las fábricas, parques y almacenes. Estas Comandancias, según la entidad de elementos artilleros de que disponía, eran mandadas por un oficial de artillería de graduación adecuada. La de Algeciras, que era la más importante, era plaza de coronel, siendo en 1801, y tal como se ha expuesto antes, don Juan Río Soto. Don Juan Riosoto, puede considerarse uno de los coroneles que mandaron la unidad precursora del Regimiento de Artillería de Costa n°. 5.
La guarnición de soldados de artillería era relativamente escasa, parece que solamente existía una compañía fija de artillería, capaz de atender exclusivamente la puntería de las piezas, debiendo las baterías ser reforzadas con personal de otros cuerpos. Este sistema, que hoy parecería extraño, no lo era en aquella época. Por eso se reforzaron la baterías con personal de los Regimientos Provinciales de Ronda y Xérez. Asimismo se tiene constancia de que el almirante Linois, reforzó las baterías; con personal francés, precisamente del contingente de desembarco, del general Devaux. (59)
La Artillería de la época era y es en la actualidad el Arma del Mando, siendo bueno clarificar la cuestión para dignificar y poner en su justo lugar la contribución militar española a la batalla de Algeciras, minimizada por cuestiones interesadas de los escritores ingleses y franceses principalmente los últimos.
La relación de baterías, que podían tener alguna acción sobre la batalla, era la siguiente:
| Batería | Fortificación | Artillería | Observaciones |
| Tolmo | Fuerte en la ensenada del mismo nombre. |
2 Cañones de 24 y 3 de 18 |
Impedía la navegación próxima a la costa española. |
| San Diego | Fuerte en Punta del Fraile |
Idem anterior. | |
| Punta Carnero |
Fuerte | 4 Cañones de 24 y 1 de 18. |
Idem anterior. |
| San García | Fuerte en Punta San García. |
5 Cañones de 24, 1 de 18 y 2 morteros. | Idem anterior. |
| Isla Verde | Fuerte | 12 Cañones de 24, 2 de 18 y 4 morteros de 12 pulgadas (60) |
Protegía el puerto y fondeadero de Algeciras. |
| Santiago | F u e r t e d e Santiago. |
12 Cañones de 24, 2 de 18 y 4 morteros de 14 pulgadas. | Idem anterior. |
| Almiranta | Torre | 3 Cañones de 18 (61) | Protegía por el este la batería de Santiago. |
| Mirador (62) | Fuerte del Mirador |
4 Cañones de 24. |
El número de piezas coincidía con el que los estados de 1789 daba a la Comandancia de Algeciras: 60 cañones. (63)
De los capitanes de todas las baterías, el único que nos ha llegado su nombre, es el de la de Santiago, don Manuel Velasco y Coello, de vida tan heroica como desgraciada (64).
De todas las baterías anteriores, de forma inexplicable no actuaron al pasar bajo sus cañones la flota inglesa, las del Tolmo, San Diego y Punta Carnero, aunque parece que dieron la voz de alarma de que se aproximaba la escuadra, doblando Punta Carnero. La de San García fue la que inició la batalla de Algeciras, al romper el fuego contra los buques ingleses (65)
Se dispone, por tanto para la batalla, de 28 piezas de a 24 libras y 7 de a 18 libras, ya que los morteros, no tenían ninguna aplicación en una acción naval, sirviendo para proteger la fortificación ante desembarcos y en ocasiones, para cubrir con sus fuegos el espacio próximo a la costa y que sobre él no tenían capacidad de disparar los cañones aunque en este caso su efectividad era precaria. Posteriormente se vera que el almirante inglés intentó efectuar un desembarco en Isla Verde, para acallar sus cañones (66)
Asimismo se proporcionaron, siete lanchas cañoneras, de las inventadas en su momento por el almirante Barceló, armadas de un solo cañón situado a proa. Estas lanchas tenían bastante movilidad gracias al empleo de remos y vela, aptas para navegar en medio de la bahía, pero con dificultades y desde luego muy vulnerable en espacios más constreñidos, ya que una andanada de babor o estribor de cualquier buque podía dar al traste con más de una de ellas, como desgraciadamente así ocurrió (67).
Las lanchas se pusieron bajo el mando del capitán de navío, don Juan Lodares, siendo los comandantes de ellas, con los numerales, 2, 3, 4, 7, 8, 12 y 14, don Adrián Varcárcel, don Francisco Birmighan, don Rafael Domínguez, don José de la Puente, don Bernardo Rojas, don Nicolás Abreu y don Jerónimo Lobatón (68), siendo este último alférez de navío.
Fuente inglesas mencionan 14 lanchas cañoneras, ya que indican que tres se situaron al suroeste de isla Verde, cuatro delante de la batería de Santiago y otras siete en la Almiranta (69). En realidad lo más probable es que fueran más de siete la cañoneras que participaron, aunque solo siete de ellas pertenecían a la Armada española, siendo el resto las que se dedicaban al corso en aguas de la Bahía.

Linois al conocer la superioridad numérica inglesa, manda aviso al almirante don Joaquín Moreno (70), con cuya fuerza tiene que unirse en Cádiz para operar en el Mediterráneo. Moreno se hace a la vela con 10 buques, los españoles "Real Carlos" y "San Hermenegildo", de 112 cañones, al mando de los capitanes Ezquerra (71) y Emparán (72); el navío de 94 cañones, "San Fernando", al mando de J. Molina (73); los "Argonauta" y "San Agustín", ambos de 74 cañones, al mando respectivamente de los capitanes Herrera (74) y Topete (75), y la fragata "Sabina" de 34 cañones. Por parte francesa, se hace a la mar el navío "Saint Antoine", de 74 cañones, al mando del capitán de navío Le Roy; las fragatas "Liberté" e "Indienne", de 44 cañones, al mando de los capitanes Proteau y Bourdet y el bergatín "Vautour", de 14 cañones, al mando de Reniel, encontrándose la división al mando del contralmirante Dumanoir (76).
A finales del siglo XVIII, la mayoría de las naciones habían adoptado como navío tipo el de 74 cañones, denominado "navío real" en la Armada española. Cuando un navío superaba los 90 cañones se le denominaba "navío de tres puentes", encontrándose dos de ellos en la flota del almirante Moreno. Excepcionalmente, cuando superaban los 130 cañones, se denominaban de "cuatro puentes", existiendo uno sólo de estas características, el "Santísima Trinidad", navío de más de 3.000 toneladas, totalmente de madera y con una tripulación cercana a los 1.100 hombres. Generalmente, contra menor número de cañones, mejor maniobrabilidad y mayor velocidad. De hecho no se consideraban muy marineros al "Real Carlos" y "San Hermenegildo", y mucho menos al "Santísima Trinidad", que acusaba sensibles fallos, salvándose en la batalla del Cabo San Vicente, por las acertadas disposiciones del almirante Moreno, pero que terminó por sucumbir en Trafalgar.
Por su parte los ingleses contaban con seis navíos de línea, el "Caesar", de 80 cañones, al mando del capitán Jahleel Brenton, y "Pompée", (Capitán Charles Stirling); "Venerable" (capitán Samuel Hood); "Hannibal" (capitán Solomon Ferris); "Spencer" (capitán Henry D'Esterre Darby) y "Audacious" (capitán Shuldham Perd), de 74, y la fragata "Thames" (capitán Aiskew Paffard), de 40 (77). Se encontraban destacados dos buques vigilando la desembocadura del Guadalquivir, el navío "Suberb" (capitán Richard Goodwin Keats), de 74 cañones y el bergantín "Pasley", al mando del teniente Willian Wooldrigge. La flota se encontraba al mando del almirante, sir James Saumarez (78), izando su insignia en el "Caesar". De guarnición en Gibraltar se encontraban una serie de buques de guerra, que normalmente se dedicaban al corso o al "contracorso", es decir luchar contra las actividades de corso españoles, que tenían repercusión en la navegación por las aguas del Estrecho. De esta forma, se unió a la flota, dos lugres (79) de 16 y 10 cañones; una polacra (80) de 10 cañones; dos lanchas cañoneras y catorce botes (81). Se tiene constancia de que los lugres, uno tenía por nombre "Calpe", encontrándose al mando del capitán George Heneage Lawrence Dundas, y el otro "Plymouth", de 10 cañones.
Tras la batalla de Algeciras, se les unió el navío "Superb", también de 74 cañones y el bergantín "Pasley".
Los perfiles bélicos de los almirantes Saumarez y Linois eran bien distintos. El primero arrojado, intrépido, y muy buen navegante, el segundo con el complejo que aquejaba a los marinos franceses de la época, de su inferioridad frente a los ingleses. Saumarez considerándose señor de los mares, y Linois, pusilánime, contentándose con los apresamientos del "Hannibal", "Speedy" y otro buque del que no nos ha llegado el nombre, que pretenderá llevar a Cádiz como botín de guerra y mostrar de esta forma su maestría ante el Primer Cónsul.
Estos serán los protagonistas de la jornada del 7 de julio y del desastre posterior del 12 del mismo mes. Trescientos dieciséis cañones, por parte francoespañola por cuatrocientos noventa de los ingleses, una superioridad abrumadora, no solo en buques y cañones, sino en lo que era más importante en capacidad bélica naval. La situación no podía ser más desventajosa.