Todo a Babor. Revista divulgativa de Historia Naval
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La guerra de 1726-1727. La campaña de las Indias.

Por Santiago Gómez.
Antecedentes

         La recuperación de Gibraltar fue una constante en la política de Felipe V.  Lo intentó hasta con una alianza anacrónica con Austria, su anterior enemigo en Italia, unión propiciada por su esposa Isabel de Farnesio. Para conseguir la restitución de Gibraltar y Mahón se firmó el 5 de noviembre de 1725 el Tratado de Viena por el que Felipe V renunciaba a la corona francesa y concedía a la Compañía de Ostende iguales privilegios que a los ingleses y holandeses en América. En contrapartida, los austriacos debían apoyar la restitución de Gibraltar y Menorca. Esta alianza fue conseguida por el embajador español en Austria, el holandés Juan Guillermo de Ripperdá, que es nombrado primer ministro el 27 de diciembre de 1725, un “trepa” que provocó no pocos males a la política exterior española con su poco tacto. Esta fue una mala alianza, pues Austria nos dejaría solos a la primera ocasión.

         En 1721, en una carta del rey inglés a Felipe V, se prometía la restitución de Gibraltar y Menorca. Así se lo recordó el príncipe de Santo Buono, embajador en Londres antes de abandonar la capital inglesa. Ante la negativa inglesa a cualquier pacto para su devolución, que incluían la compra y beneficios comerciales, comenzó esta corta guerra.

         Los intereses de las demás potencias se vieron amenazados por la nueva alianza española y constituyeron la alianza de Hannover el 3 de septiembre de 1725 con Francia a Inglaterra, uniéndose más tarde Prusia, Holanda, Suecia y Dinamarca. Los intereses ingleses se centraron, como no podía ser de otra forma, en el comercio con América. Los abusos del “navío de permiso” eran cada vez mayores y comenzaron a hostilizarse las dos potencias capturándose los mercantes a la menor oportunidad. Inglaterra veía con malos ojos y preocupación el rearme naval español propiciado por José Patiño y su renovado interés por las colonias.

         La guerra comenzó en 1726, siendo llamada, la guerra de Gibraltar, pues era el principal objetivo de la corona española. Comenzó el asedio en febrero de 1727 con el ejército al mando del marqués de Torres compuesto por 30 batallones de infantería, seis compañías de carabineros, 900 caballos y 100 cañones. Estaba condenado al fracaso sin el concurso de una potente escuadra española. Ya desde el 19 de enero había zarpado la escuadra de Charles Wager para llevar tropas a Gibraltar, y recibió continuos refuerzos hasta su retirada en enero de 1728. La única acción de la Armada para evitar que llegasen refuerzos a Gibraltar fue la campaña del jefe de escuadra Rodrigo de Torres por el canal de la Mancha en 1727, que sólo pudo disponer de cuatro navíos y tres fragatas, capturando cinco mercantes ingleses.

Sitio de Gibraltar de 1727

  • > Sitio de Gibraltar de 1727. Grabado alemán de la época.

        Un aspecto todavía poco claro de esta guerra es el papel que se pensó que iba a desempeñar Rusia. Contaba con una respetable marina de 56 navíos y 26 fragatas que pensó el rey inglés Jorge I iba a ser utilizada para destronarle. Las intrigas y falta de discreción de Ripperdá, que actuó en ocasiones por iniciativa propia, hizo creer a los ingleses que así sucedería y que por eso se encontraba una escuadra rusa en el Cantábrico y la española de Gaztañeta preparada en Cádiz. Fuese cierto o no, el caso es que mandó zarpar en 1726 una escuadra al Báltico de 20 navíos, una fragata, dos brulotes y un buque hospital al mando del vicealmirante Charles Wager que, unida a la escuadra danesa, encerró en los puertos de Revel y Cronstad a la escuadra rusa. Otra escuadra de 11 navíos fue mandada a las Indias, la de Francis Hosier, y a las costas españolas la de John Jennings de 20 navíos. Lo cierto es que los buques rusos zarparon de Santander, en vez de a Escocia cargados de armas, fueron rumbo a San Petesburgo, con aceite y otras mercancías y la escuadra de Cádiz puso rumbo al Caribe.

La Armada Real y la protección del comercio

         Era el momento de Inglaterra de asestar un duro golpe a la corona española en América, ahora que no contaban con la ayuda francesa. Los ingleses comenzaron a preocuparse por la recuperación naval española después del descalabro de cabo Passaro en 1718, pero ni por asomo podía amedrentar las escasas unidades navales de la Armada Real. Los ingleses contaban en 1726 con unos 120 navíos, aunque 54 de ellos estaban artillados con 50 cañones o menos, disponían de 5 navíos de 100 cañones, 9 de 90, 13 de 80, 23 de 70 y 16 de 60 a 64 cañones. ¿Qué podía oponer la Armada Real a esta impresionante fuerza?, solamente unos exiguos 25 navíos, a los que había que descontar los dos, casi inútiles, de la Armada del Mar del Sur y otros diez artillados con menos de sesenta cañones, algunos de sólo 50 que eran clasificados como fragatas. Quedaban 13 navíos para cumplir todas las misiones, contando además que algunos estaban en puerto en periodo de alistamiento, reparando o carenando. Con estos pocos navíos se hizo frente a la amenaza inglesa en el Caribe, se protegió las flotas del comercio y las pocas bajas ocurridas durante esta corta guerra se produjeron por naufragio y no ante el enemigo. Mucho se ha hablado sobre la falta de victorias navales españolas, la inoperancia y falta de profesionalidad de sus mandos. Mantener las vías de comunicación abiertas con América ya era una victoria, teniendo en cuenta que cualquiera de las escuadras inglesas puestas en movimiento en esta guerra contaba con una fuerza equivalente o más de toda la Armada Real española, a pesar de la lógica pérdida económica habida cuenta del estado de guerra entre dos potencias por la captura de mercantes y retrasos en la llegada de mercancías y caudales a España.  Ya es hora de preguntarse si la falta de profesionalidad o visión política y militar no estuvo en el otro lado. Para hacerse una idea con lo que contaba la Armada Real expongo un pequeño listado de sus unidades en 1726:

Navíos
Nombre Cañones En servicio Otros datos
Concepción 50 1694 Armada Mar del Sur
Santísimo Sacramento 50 1694 Armada Mar del Sur
Hermione 52 1716  
Cambi 66 1718  
Catalán 66 1719  
Conquistador 64 1719  
Rubí 54 1719  
Lanfranco 62 1720  
Estrella de Mar 80 1720  
San Luis 66 1722  
Gallo Indiano 66 1722  
Potencia 58 1723  
San Juan Bautista 60 1724 Armada Barlovento
San Fernando 62 1725  
Incendio 58 1725  
San Carlos 66 1725  
El Retiro 54 1726 Armada Barlovento
Paloma Indiana 52 1726  
Infante 70 1726  
San Antonio 60 1726  
San Esteban 50 1726  
San Felipe 80 1726  
San Francisco de Asís 52 1726 Holandés capturado
San Francisco Javier 52 1726  
Santa Rosa 56 1726 Armada Barlovento
Fragatas
Nombre Cañones En servicio Otros datos
Águila Volante 32 1718 Armada Mar del Sur
Brillante 32 1718 Armada Mar del Sur
Peregrina 48 1718 Armada Mar del Sur
San Jorge 30 1718  
Fidela 30 1719  
San José / Pingüe Volante 30 1719  
Ntra. Sra. de Begoña   1720 Armada Barlovento
Ntra. Sra. de Atocha 30 1723  
La Griega 30 1724  
Jardín de Tritón 20 1725  
Ntra. Sra. del Rosario 40 1725  
Ntra. Sra. de Aranzazu 30 1726  

        Pocos años después, la Armada Real española, con el impulso de José Patiño, había aumentado a 41 navíos en 1731, muchos eran navíos pequeños o fragatas de dos puentes, crecimiento considerable en tan pocos años, pero todavía era un tercio de la Marina inglesa.

        Por aquellas fechas se encontraba en el Caribe la Flota de Nueva España mandada por el jefe de escuadra Antonio Serrano. Estaba compuesta por quince mercantes y tres buques de guerra, que habían zarpado de Cádiz el 15 de julio de 1725. El 21 de septiembre de ese año habían llegado a Veracruz para celebrar la feria correspondiente.

Teniente General Antonio Serrano

  • > Teniente General Antonio Serrano (1649-1733) Museo Naval Madrid.

        Como ya se ha dicho, el interés español por las colonias y la protección de su comercio comenzó a despertar con José Patiño, desde mayo de 1726 ministro de Marina e Indias por la caída de Riperdá. Los graves perjuicios que hacía a la corona el tráfico ilegal de mercancías, sobre todo por parte de ingleses y holandeses, obligó a enviar unidades navales desde la península para apoyar a la Armada de Barlovento en el desarrollo de sus misiones, siendo una de ellas la protección del comercio. A raíz de los informes presentados por el teniente general Baltasar de Guevara a su regreso a España, escritos por el virrey José de Armendáriz, se acuerda el envío de los primeros navíos guardacostas. Con esta comisión zarpa de Cádiz a primeros de 1725 la escuadra de Miguel de Sada y Antillón, conde de Clavijo, compuesta por los navíos Potencia, también llamado Blandón y San Lorenzo, alias Incendio y la fragata San José, alias Pingüe Volante. Se unieron a dos balandras y patrullaron la costa entre Cartagena de Indias y Portobelo.

         Había una flota más en el Caribe. Había llegado a Cartagena de Indias el 17 de febrero de 1724 y se trataba de la Flota de Galeones de Tierra Firme, que estaba al mando del jefe de escuadra Francisco Cornejo, que había tomado el mando al morir el marqués de Grillo. Contaba esta flota con 14 mercantes, escoltados a su llegada por los navíos Catalán y Estrella de Mar/Sanguineto, además de la fragata San José, alias Pingüe Volante (era la misma fragata que al año siguiente se encontraba en la división de guardacostas de Clavijo).

Envío de escuadras al Caribe

         El 9 de abril de 1726 zarpa de Plymouth la escuadra del vicealmirante Francis Hosier con destino a Jamaica para unirse a las unidades navales allí destinadas. Las órdenes del Almirantazgo era bloquear a los galeones españoles y si salen a la mar, capturarlos y traerlos a Inglaterra. Izaba su insignia en el navío de 70 cañones Breda y contaba con una decena de navíos y varios menores. Al llegar a Jamaica, Hosier se convierte en el comandante de la estación naval de Jamaica, y bloquea en Portobelo a los mercantes de la Flota. Las peticiones de Hosier eran que se le entregase el navío de permiso, el Royal George, que se hallaba con los galeones de Francisco Cornejo, además de cuatro millones de pesos del producto de la feria. El comandante de la Flota y demás autoridades estaban sobre aviso de la llegada de la escuadra inglesa y tenían órdenes de no provocar hostilidad, teniendo en cuenta que todavía no había comenzado la guerra entre las dos naciones. El navío de permiso es entregado con la absurda idea de que el inglés sería contentado y se marcharía, pero la escuadra inglesa queda en la boca del puerto bloqueando la salida de los galeones.

Navios ingleses fondeados

         En represalia de estas hostilidades y la de los “pacíficos” comerciantes ingleses, es capturado en el puerto de Veracruz el navío de permiso inglés Prince Frederick con dos millones de pesos a bordo, además de otras muchas capturas de corsarios españoles.

         Para contrarrestar el envío de las escuadras inglesas y reforzar la presencia naval española en el Caribe zarpa una española de Cádiz en 1726, puesta al mando del teniente general Antonio Gaztañeta con los navíos Rubí (insignia), Lanfranco, San Fernando y San Luis. La travesía hasta La Habana fue bastante penosa, sufriendo muchos daños en la arboladura y aparejos. Esta escuadra debía regresar a España con la Flota de Nueva España y los caudales. Esta vez la escuadra española de Gaztañeta no obró igual que hace nueve años en las costas sicilianas, en esta ocasión se tomaron toda clase de precauciones.

Evoluciones de las escuadras

         La travesía de las naves de Gaztañeta tuvo algunos contratiempos. Después de dejar atrás Puerto Rico, pasó por el lado norte de Santo Domingo, cuando comenzaron los temporales con fuertes vientos, llegando a Veracruz con los buques muy dañados. Se decide concentrar la escuadra en La Habana, que por su situación era el puerto desde el que se podía llegar con más facilidad a cualquier punto donde hubiese un ataque inglés. Dejando en Veracruz al Rubí para realizarle las reparaciones necesarias, sale con los tres navíos hacia La Habana además del San Juan Bautista, capitana de la Armada de Barlovento. El navío Lanfranco era ahora el navío insignia de Gaztañeta. A la llegada a La Habana se entera de la presencia en las costas de Tierra Firme de la escuadra del vicealmirante Francis Hosier, con una fuerza muy superior a la suya. Gaztañeta sólo contaba en ese mes de octubre de 1726 con cuatro navíos. Aunque posteriormente llegó de Veracruz Rodrigo de Torres con el navío Rubí y varias unidades de la armada de Barlovento, no solucionaba su problema. Sus navíos estaban todavía dañados para poder enfrentarse a un combate naval con garantías. También se encontraban en La Habana dos navíos botados, el Fuerte y El Retiro, pero se encontraban en periodo de alistamiento tras su botadura. Decide quedarse en La Habana hasta pertrechar y equipar correctamente a la escuadra, mientras el Rubí y la fragata San Francisco salen para repartir el situado al mando del capitán Rocher de la Peña. La escuadra inglesa se encargaría de bloquearles en puerto. Veamos hasta este momento las unidades concentradas en La Habana:

Navío      Rubí 60 cañones En misiones con la
Armada de Barlovento
     “         Lanfranco 62      “  
     “         San Luis 60      “  
     “         San Fernando 62      “  
     “         San Juan Bautista 60      “ Armada de Barlovento
     “         Ntra. Sra. De Guadalupe (a) Fuerte 60      “ Alistándose
     “         San Jerónimo (a) El Retiro 54      “          “
Fragata   San Francisco (holandesa capturada) 26      “ Armada de Barlovento
      “        Volante (inglesa Herbert capturada) 20      “        “                  “
Balandra Águila          “                  “
       “       Aránzazu          “                  “
        

El navío Rubí y la fragata San Francisco, cumplida su comisión de repartir el situado, además de capturar dos navíos holandeses y un paquebote inglés, ponen rumbo a Veracruz, pero un error del piloto hace embarrancar a las dos naves al este de la isla de los Pinos a primeros de 1727.

Dos fragatas inglesas preparandose

  • > Pintura de Geoff Hunt.

         La escuadra de Antonio Gaztañeta esperó el momento oportuno y, sorteando la vigilancia de los navíos ingleses, fue a Cartagena de Indias, saliendo de nuevo con una valiosa carga de 18 millones de pesos rumbo a La Habana. Volvió a burlar a los ingleses, esta vez para dirigirse a Veracruz. Zarpó rumbo a La Habana con 31 millones de pesos, escoltando a la Flota de Antonio Serrano hasta La Habana. La flota del jefe de escuadra Serrano había quedado mermada con el incendio en la sonda de Campeche de su Capitana, el navío Cambi, el 9 de junio de 1726. A Gaztañeta sólo le quedaba esperar el momento de zarpar de La Habana rumbo a España con los caudales y la flota sana y salva, pues esa, y no otra, era su principal misión. El momento llegó el 24 de enero de 1727 cuando salen de La Habana rumbo a Cádiz, sorteando a las escuadras inglesas del Caribe pero no a los temporales, a causa de los cuales naufraga el 27 de febrero al suroeste de la isla Flores, en las Azores, el mercante Nuestra Señora de las Angustias y San José, al mando del capitán Juan Hernández Arnal. Para prevenir un encuentro con la escuadra inglesa al acecho de Charles Wager o la de Hopson se dividieron en tres grupos, dirigidos por Rodrigo de Torres, Antonio Serrano y el propio Gaztañeta. Antonio Gaztañeta entra en Cádiz el 5 de marzo, mientras el resto de la flota llega a La Coruña tres días más tarde. Durante la citada tormenta se extraviaron tres mercantes que se creyeron capturados por los ingleses, pero dos de ellos consiguieron llegar a las costas gallegas y otro al puerto de Lagos perseguido por navíos ingleses. Como premio por traer la flota, Gaztañeta vio aumentado su sueldo en mil ducados y una pensión para su hijo de mil quinientos ducados, mientras que Antonio Serrano es promovido al empleo de teniente general.

         Vayamos ahora con lo ocurrido a las flotas enfrentadas en aguas de Tierra Firme. Habíamos dejado al inglés Hosier bloqueando a la Flota de galeones de Francisco Cornejo en Portobelo. Mientras esto ocurría una feria paralela se montó con las mercancías que llevaban buques ingleses y holandeses, siempre protegidos por los buques de guerra ingleses. El jefe de escuadra Francisco Cornejo tuvo que hacer grandes esfuerzos para mantener a sus naves en óptimas condiciones mientras vigilaba los movimientos de la escuadra inglesa. Con ocasión de un fuerte temporal partió de Portobelo sin ser visto y llegó a Cartagena de Indias. Al darse cuenta de lo ocurrido la escuadra inglesa zarpó inmediatamente para volver a bloquear a los españoles en Cartagena. Durante 1727 el insalubre clima diezmó a las tripulaciones inglesas. Francis Hosier ya había perdido uno de sus navíos por naufragio y las enfermedades se llevaron a 4.000 de sus hombres entre los que se encontraba el propio Hosier, 10 capitanes y 50 tenientes, un auténtico desastre. El mando lo tomó el contralmirante Hopson que retiró la escuadra a Jamaica a primeros de 1728, por órdenes del Almirantazgo. A este desastre se añadió el que varios de sus navíos tuvieron que ser desguazados por el mal estado en que se encontraban.

         Mientras tanto, los navíos guardacostas del conde de Clavijo comenzaron su misión con éxito, desmantelando una red de contrabandistas holandeses hasta la llegada de la escuadra de Hosier y el comienzo del bloqueo de Portobelo a mediados de 1726. Habían conseguido capturar varias embarcaciones inglesas y holandesas, entre ellas el pequeño navío holandés San Francisco, de 50 cañones, el mismo que había llegado a los mares del sur a principios de 1726 con una flotilla de otras tres fragatas. Una de ellas, el San Luis, de 40 cañones, capturada por el corsario Santiago de Salaverría en Coquimbo. Poco pudieron hacer contra la escuadra inglesa salvo proteger a la Flota de Cornejo si los ingleses se decidían a atacar. A primeros de mayo de 1728 llega a Cádiz el navío Incendio, al mando del capitán de navío Jacinto Ferrero Serrano, conde de Bena Maserano, con la fragata San José, para informar de la situación de la Flota de Cornejo.

La escuadra de Manuel López Pintado

         Estando ya la guerra a punto de acabar, por las conversaciones de paz del Prado de 6 de marzo de 1728, se decide mandar una escuadra a Cartagena de Indias para recoger y dar escolta a España a los Galeones del jefe de escuadra Francisco Cornejo, decisión tomada por los informes enviados con el navío Incendio. Estaría al mando del también jefe de escuadra Manuel López Pintado y compuesta por cuatro navíos. La llegada de esta escuadra era conocida por las autoridades inglesas, lo que no sabían era que estaba preparada otra escuadra al mando de Domingo Justiniano con la aparente intención de ser enviada a Levante, pero su verdadero destino era unirse a la de López Pintado a la altura de Canarias y llegar juntos a Cartagena. Tal era la desconfianza en la palabra dada por los ingleses. Se sabía además que la escuadra del contralmirante Hopson, compuesta por seis navíos, había sido enviada para sustituir al difunto Hosier y capturar a la Flota de galeones que no supo o pudo capturar su antecesor. Ya se les había escurrido la Flota de Antonio Serrano y pretendían enmendar su error.

         El 8 de mayo de 1728 zarpa de Cádiz la escuadra de Manuel López Pintado y se componía de tres navíos y una fragata. Al mismo tiempo sale también de Cádiz la del mando del capitán de navío Domingo Justiniano. Estas dos escuadras, después de llevar rutas diferentes, se unen a la altura de la isla de La Palma y hacen juntas la travesía hacia Cartagena de Indias. Contaban con las siguientes unidades:

Escuadra de López Pintado
            Nombre Cañones
Navío     San Luis     66
     “        San Fernando     62
     “        Paloma Indiana     52
Fragata  San José     30
Escuadra de Domingo Justiniano
Navío     Infante     70
     “        San Antonio     60
     “        San Carlos     66
     “        Incendio     58

        Llegan a Cartagena de Indias el 9 de julio y ya no queda rastro de ninguna escuadra inglesa, uniéndose a la Flota de Galeones de Francisco Cornejo. Al poco de zarpar las unidades de López Pintado, salen de Cádiz el 15 de mayo de 1728 la Flota de azogues a cargo del jefe de escuadra Rodrigo de Torres con cuatro mercantes y dos navíos de guerra, El Retiro y el Santa Rosa, llegando a Veracruz el 30 de julio. La Armada disponía ahora de 15 buques de guerra en el Caribe, muy superior a la escuadra enemiga, pero la guerra ya había acabado: fue una suerte para la escuadra inglesa surta en Jamaica que los españoles no tuvieran por costumbre atacar sin previa declaración de guerra.

         La Flota de Galeones de Francisco Cornejo llegó a Cádiz en febrero de 1729, con la escolta de la escuadra de López Pintado, que al regreso estaba compuesta por los navíos San Luis, San Fernando, Infante, San Antonio, San Carlos y Potencia, además de la capitana y almiranta de la Flota de Cornejo.

Consecuencias de la campaña en las Indias

         El Almirantazgo inglés debió de quedarse muy sorprendido ante el renacer de la Armada y de unos marinos que pocos años antes habían derrotado, aunque la batalla de cabo Passaro no fuese una lucha “limpia”. Ahí estaban otra vez, luchando los españoles por sus intereses en el mar. Actuaron en el Caribe, en la península, en el canal de la Mancha, y tan sólo con un puñado de navíos y fragatas. Como se puede comprobar en estas pocas líneas algunos navíos y marinos estuvieron en todas partes en un corto espacio de tiempo, pareciendo que la Armada disponía del doble de unidades de las que realmente tenía.

         Aunque política y territorialmente esta guerra dejó las cosas como estaban, en el aspecto naval fue la confirmación de un resurgir de la Armada Real que había comenzado en 1714. Sólo había sido capturado un buque de guerra de entidad, la fragata Nuestra Señora del Rosario, cuando pretendía llegar a Cádiz el 11 de marzo de 1726, por los navíos ingleses Canterbury y Royal Oak. El resto de unidades españolas perdidas en esta campaña fueron por naufragio en aguas americanas, los navíos Gran Princesa de los Cielos, Cambi y Rubí. En el ámbito político las cosas fueron bien distintas, siendo humillados hasta el punto de devolver el navío Prince Frederick y una indemnización por daños. La paz quedó asegurada por el tratado de Sevilla de 1729. El único beneficio político español fue el apoyo inglés y francés a la política expansionista en Italia, que se desarrolló en la siguiente década.

         Los ingleses habían conseguido retener Gibraltar, gracias al apoyo naval abrumador de la escuadra de Charles Wager pero no habían impedido que llegaran de América los caudales que tanto ansiaban poseer. El descontento del pueblo inglés por el desarrollo de los acontecimientos en las Indias hizo que se buscaran culpables, que no fue otro que el desgraciado Hosier, al que tacharon de falta de combatividad y resolución en capturar a los galeones del tesoro españoles. Quizás fue esta una de las razones de que en las posteriores guerras en el Caribe se enviaran escuadras muy superiores en número de unidades.

         Aun así, algunos autores ingleses trataron de justificar el fracaso de su Marina en las Indias haciendo creer que había órdenes expresas de no atacar a los buques de Antonio Gaztañeta, y que por esta razón y no otra, pudo llegar a la Península. Teoría falsa, desacreditada en el libro “Patiño y Campillo” de Rodríguez Villa, según se explica en las páginas 192 y 193 del Tomo VI de la obra de Fernández Duro. Horacio Walpoole, embajador en Francia, trató con el cardenal de Fleury, a petición de éste, sobre no atacar a la flota del tesoro y que, con este propósito, se dieron las órdenes pertinentes a los jefes de las escuadras. Walpoole salió de París el 12 de diciembre de 1726 y el 21 se acordó en Londres que pasase a Holanda en un navío de guerra y no volvió a Londres hasta enero de 1727. Después de su llegada sería preciso dar órdenes desde el Almirantazgo a los almirantes, que se encontraban a grandes distancias, y requería mucho tiempo. Teniendo en cuenta que la Flota llegó a primeros de marzo no parece esta teoría sino una falacia. Otro escritor como Campbell dice todo lo contrario, que las instrucciones dadas a los almirantes para apresar a los galeones eran justas y necesarias.

  • Fuentes
  • - Archivo General de Indias, México, 1.333.
    - Archivo General de Indias, Indiferente, 2.737.
    - Archivo General de Indias, Contratación, 3244.
    - Archivo General de Indias, Arribadas, 12.
    - “Cádiz y el Atlántico. 1717-1778”, Antonio García-Baquero González.
    - “Comentarios de la guerra de España e historia de su rey Felipe V, El Animoso”, Vicente Bacallar Sanna.
    - “Descripción de los tiempos de España”, Dionisio de Alsedo y Herrera.
    - “Piraterías y agresiones de los ingleses en la América española”, Justo Zaragoza.
    - “Armada española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón”, Volumen VI, Cesáreo Fernández Duro.
    - “La Armada de Barlovento”, Bibiano Torres Ramírez.
    - “Historia de la piratería en América española”, Carlos Saiz Cidoncha.
    - Página web “Todoababor”, artículo “Las violaciones del tratado de Utrech”.

 

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