Por Juan García (Todo a Babor)
Introducción
La construcción en España de navíos de línea sufrió un definitivo parón en los últimos años del siglo XVIII. Se pasó de construir regularmente este tipo de embarcaciones en varios astilleros peninsulares y americanos a finiquitar su fabricación en España cuando apenas quedaban unos pocos años para la entrada del siglo XIX1.
El último navío de línea español de 74 cañones fue el Montañés, botado en 1794. Siendo los dos últimos navíos de línea del siglo XVIII, esta vez de 80 cañones, el Neptuno y el Argonauta, botados en 1795 y 1796, respectivamente.
Con la flota existente hasta ese momento, la Real Armada tuvo que afrontar los diferentes conflictos futuros: primero contra los británicos, luego contra los franceses y, finalmente, en las guerras de independencia americanas, sin recibir un solo refuerzo de este tipo de buques tan necesarios para dar poder a una flota.
Aquí no se incluyen los navíos de procedencia rusa, pues aquella operación fue considerada una estafa en toda regla y esos buques resultaron prácticamente inservibles.
Sin embargo, a principios del siglo XIX, a pesar de la paupérrima situación económica, se intentó construir varios navíos más, entre ellos uno tan desconocido como el llamado Príncipe de la Paz, un nombre que, como veremos, no era más que un señuelo para obtener con mayor facilidad la aprobación de quien tenía la última palabra: Manuel Godoy2, nombrado Generalísimo de los ejércitos y Secretario de Estado de Carlos IV.

Antes de nada, ¿por qué se llamó a Godoy el Príncipe de la Paz? Este recibió este nombramiento en 1795, tras negociar y firmar la Paz de Basilea con Francia, tratado que puso fin a la Guerra del Rosellón (1793-1795) entre España y la Francia revolucionaria.
Este acuerdo permitió a España recuperar territorios ocupados por los franceses a cambio de ceder la parte española de la isla de Santo Domingo. Carlos IV, agradecido por su labor diplomática, le otorgó este y otros títulos honoríficos, lo que consolidó aún más su poder en la corte.
Los últimos navíos de línea construidos en España fueron obra del ingeniero Julián Martín de Retamosa, sucesor de José Romero Fernández de Landa, quien se basó en los diseños del anterior para perfeccionar los gálibos de los navíos y fragatas que construyó Retamosa bajo su supervisión.
De este navío proyectado sólo se conserva un plano. Para realizar el del navío Príncipe de la Paz de nuestra entrada, Retamosa se basó en el Montañés. De hecho, fue prácticamente un gemelo de este, salvo algunas pequeñas diferencias.
El autor Enrique García-Torralba enumera algunas de ellas:
- Una disminución en la clara entre las cuadernas del Príncipe de la Paz respecto a la del Montañés.
- Una distinta colocación de la artillería del alcázar y una distinta ubicación de la mesa de guarnición del palo de mesana, que pasa de estar en la cubierta de la toldilla del Montañés a la del alcázar en el Príncipe.
- Una menor longitud de las mesas y disminución en el número de cadenas en las mismas, lo cual confería una ventaja para el uso de la artillería, que quedaba más despejada, quedando afectados las obencaduras de la mesana a solo dos piezas del alcázar (frente a tres del Montañés), y la del palo mayor, solo a tres frente a cuatro anteriores.
- Y, para finalizar, el lanzamiento de proa del Príncipe era distinto.
En definitiva, se perfeccionó el modelo del Montañés, que ya era un refinamiento de los modelos anteriores de Romero Landa.

El Príncipe de la Paz fue solo un proyecto. Se le envió el plano al ministro Godoy, quizás con el fin de que adulándolo con el nombre recibiría el visto bueno más fácilmente.

Y sí que se autorizó su construcción, en octubre de 1803, aunque no con ese nombre, sino con el más acertado de Tridente.
También se autorizó en esa misma orden la construcción de otro navío más, esta vez de 80 cañones, que presuponemos seguiría los planos de los Neptuno y Argonauta construidos pocos años antes. A este navío proyectado se le dio el nombre de Emprendedor.

Estos dos navíos se empezaron a construir. El 15 de marzo de 1804 el Emprendedor estaba ya enramado. Dos días después se informó de que al Tridente ya se le había arbolado la roda.
Tras eso, las obras se paralizaron, aunque no se deshizo lo ya construido porque en 1808 el francés Murat quiso reanudar su construcción, aunque no se hizo nada hasta que el 1814 se dispuso a cambiar sus nombres por dos héroes de la Batalla de Trafalgar: Galiano y Churruca3.
Tras muchos años con los restos de estos incipientes navíos en la grada, el deterioro sería más que evidente y así quedarían hasta su desmantelamiento en una fecha desconocida, pues estos buques jamás fueron terminados.
Notas
- No contamos a los dos navíos de línea «Reina doña Isabel II» (1852) y «Rey don Francisco de Asís» (1853), construidos cuando ya el vapor se empezaba a imponer a la vela y que, por tanto, nacieron desfasados. Su vida operativa fue breve en ambos casos, al no merecer la pena las obras para añadirles maquinaria de vapor.
- Manuel Godoy (1767-1851) fue un político y militar español, favorito de Carlos IV y primer ministro de España. Ascendió rápidamente gracias a su relación con la familia real, alcanzando el título de Príncipe de la Paz. Su gobierno estuvo marcado por la alianza con Francia, la victoria en la Guerra de las Naranjas (1801) y la invasión napoleónica. Fue derrocado en 1808 tras el Motín de Aranjuez y vivió exiliado hasta su muerte.
- La Real Orden del 29 de abril y el 15 de junio de 1814 fue la que autorizó el nuevo nombre para esos navíos, proponiendo a su vez «que siempre haya en la Armada naval dos navíos que tengan estos claros nombres«.
Fuente
- «Los Navíos de la Real Armada, 1700-1860», Enrique García-Torralba Pérez.
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