La venganza de Luis de Velasco

Por Juan García (Todo a Babor)

Ataque de navíos británicos al castillo del Morro, en 1762
Defensa del Castillo del Morro, por Rafael Monleón. Museo Naval de Madrid.

Es conocida una pintura del Museo naval de Madrid en la que se ve el ataque que llevó a cabo varias unidades británicas al baluarte Santiago el 1 de julio de 1762, y que defendió hasta el final su responsable, don Luis de Velasco.

En este cuadro se observan cuatro navíos británicos, pero en las fuentes británicas sólo nombran tres buques.

Fue un combate muy duro por ambas partes y que tuvo por resultado la retirada apresurada de los británicos que recibieron un serio correctivo, haciendo recordar a estos que atacar con buques a una fortaleza no siempre es una buena idea.

Y menos si al mando de las baterías españolas estaba un tal Velasco. Vamos, que fue una derrota sin paliativos, pero como esta acción estaba encuadrada en el ataque general de la Habana, que lograron conquistar, pues entonces no consta como tal.

Fernández Duro relata así el combate, en sus Disquisiciones naúticas:

El día 30, restablecidas las trincheras, creyeron los ingleses llegado el momento de posesionarse del Morro, combinando el ataque por mar y tierra. Cuatro navíos con 288 cañones se aproximaron al romper el alba, disparando sus andanadas, al mismo tiempo que las nuevas baterías del ejército sitiador. El Morro atendía y contestaba a unas y a otros, asemejándose, dice un historiador, a un volcán que arroja destrucción, rayos y muerte de su cráter. Uno de los navíos, que se acercó a veinte varas de distancia, se vio a los pocos momentos sin comandante, sin timón y sin arboladura; inundada de agua la bodega y de sangre la cubierta, hubieron de remolcarle para que fuera a pique. Otro que le sustituyó sufrió la misma suerte, retirándose al fin todos con baja considerable, desmontada la artillería y con el convencimiento de no ser fácil el asalto por aquel lado. Entonces dedicó Velasco toda su atención a las baterías de tierra, que también acalló, causando profundo asombro á los asaltantes.

Patrick Mackeltar, jefe de los ingenieros, consignó aquel día en su diario: «Que desde el principio de la guerra jamas había encontrado su valor más digno enemigo que D. Luis de Velasco, cuya conducta inspiraba veneración a sus mismos adversarios.»

Prueba de la dureza de la acción a la que fueron sometidos los navíos de la escuadra británica fue que dos de los buques implicados no volvieron más a Inglaterra.

En concreto, el 14 de septiembre de 1762, dos meses después de la acción, el navío de 70 cañones Stirling Castle, y por orden del almirante Pocock, al comprobar el lamentable estado en que se encontraba el buque, mandó vaciarlo de vituallas y armamento y fue hundido en la misma bahía de La Habana.

navios Marlborough y Stirling Castle
Detalle de un grabado de la escuadra del almirante George Pocock, escoltando un convoy en 1760. Entre otros buques se ven a los navíos Marlborough y Stirling Castle. Library of Congress.

Otro de los participantes en el fracasado ataque de El Morro, el navío de 80 cañones Marlborough no tuvo mejor suerte, ya que debido también a los graves daños sufridos fue mandado a Inglaterra pero en el transcurso del viaje empezó a hacer demasiada agua teniendo que ser abandonado el 29 de noviembre, con la suerte de salvarse la tripulación al navegar en conserva del Antelope de 50 cañones.

Este navío, por cierto, estuvo en numerosos combates contra los españoles, entre los que destaca la batalla del Cabo Sicié en 1744, en las que fue duramente castigado y donde a punto estuvo de irse a pique.

Otro navío de la escuadra de Pocock, el Temple de 70 cañones, su capitán Thomas Collingwood, salió por el mismo motivo en octubre y el 18 de diciembre tuvo que ser abandonado a 300 millas de Cabo Clear, al sur de Irlanda, donde se hundió.

Así que ahí quedaron tres de los principales navíos británicos de la escuadra de Pocock.

En la mayoría de los listados de navíos ingleses se suele poner como final de muchos de sus buques de guerra las palabras “naufragado”, “abandonado” o “hundido” sin más explicación, como si la Madre Naturaleza o el paso del tiempo hubieran sido los únicos responsables del final de esos buques.

Pero algunas veces, tras esas palabras, se esconden hechos como el relatado hoy que si bien no fueron los que definitivamente acabaron con ellos si que les dieron la puntilla.

Y es justo recordar que dos de ellos fueron machacados en el combate contra los españoles del Castillo del Morro y que a consecuencia de eso acabaron más tarde perdidos.