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El navío Hércules en la batalla de Tolón, 1744

Navío Hércules en la batalla de Tolón, o Cabo Sicié, de 1744
Navío Hércules en la batalla de Tolón, o Cabo Sicié, de 1744. Grabado de Diego de Mesa.

Hace tiempo relatamos la actuación del navío Poder en la batalla de Tolón o Cano Sicié, del 22 de febrero de 1744. Hoy vamos a contar lo sucedido en dicha batalla con otro de los navíos españoles de la escuadra de Juan José Navarro: la actuación del navío Hércules.

El navío Hércules

Nuestro navío fue construido en Puntales (Cádiz) por asiento de Pedro de Amestoy, siendo su constructor Juan Bellestrud. La quilla se le puso en 1728, botándose en marzo de 1729; luego pasó a completarse en La Carraca. El navío Hércules entraría en servicio el 14 de abril de 1730.

Tenía un porte de 60 cañones, con 83 codos de eslora, 71 de quilla, 23 de manga y 11 1/2 de puntal.

De la escuadra española del general Navarro, de doce navíos, sólo la mitad eran propiamente buques de guerra del Rey, los otros fueron mercantes de la Carrera de Indias dispuestos por la falta de efectivos para tal fin de combatir en batalla como si fueran navíos de línea.

A estos se les llamó marchantes, con batería principal de 18 libras, claramente insuficiente pero que, como pueden leer durante la batalla de Tolón se portaron con bravura producto de la necesidad.

El navío Hércules, no obstante, sí era un navío de línea de la Real Armada, aunque de los pequeños y que acusaba como todos los navíos españoles de la época de llevar artillería de menos peso que sus homólogos británicos y franceses.

Al menos, el Hércules llevaba batería de 24 libras en su cubierta principal. En esta ocasión estaba bajo el mando del capitán de navío Cosme Álvarez, cuyo diario seguimos para la elaboración de este artículo.

La batalla de Tolón (o Cabo Sicié)

Antes de la batalla

El 19 de febrero de 1744 a las dos de la tarde salieron las dos escuadras, española y francesa, de la gran rada de Tolón. La escuadra española navegaba en vanguardia.

Tras varios días de navegación el día 22 se divisa la flota británica, formada por 43 velas, siendo 29 de línea. Debido al estado de la mar, ambas flotas no logran formar una línea de batalla sólida y quedan formados grupos.

La escuadra española queda en retaguardia. El navío Hércules queda con otros cuatro navíos separados, delante del navío de Álvarez se encuentra el Real Felipe. Por lo tanto queda como matalote de popa del buque insignia. Una gran responsabilidad, puesto que su deber es, entre otras cuestiones, evitar que se cuele algún enemigo por su proa y dispare a la desprotegida popa del tres puentes español.

Los británicos con los mismos problemas para formar una línea, quedan divididos en tres grupos, siendo la escuadra azul del Almirante Mathews, la del medio, la que atacó al grupo del Hércules. Estos se componían de cinco navíos, tres de ellos de tres puentes (entre ellos el Namur, insignia de Mathews) y los otros dos de 70 cañones.

Comienza el combate

Los cinco navíos británicos se echan encima del Real y del Hércules y tras media hora de combate quedan todos desmantelados. Al navío Hércules le batía un tres puentes y los dos de 70 cañones.

A pesar de recibir un fuego pesado por triples fuerzas, el Hércules aún tiene el arrojo de seguir apoyando al insignia haciendo fuego sobre uno de los tres puentes que le acosaba y logra desarbolarle del mayor y mesana.

Contra el HMS Marlborough

Se trataba del HMS Marlborough, un navío de 90 cañones, perteneciente como hemos dicho al cuerpo fuerte con bandera azul, mandado por el almirante Mathews.

El navío británico HMS Marlborough, de 90 cañones, tras la batalla de Tolón en 1744
El navío británico HMS Marlborough (90 guns) después de luchar en Tolón (1744). El navío fue seriamente dañado por el Real Felipe (114 cañones) y el Hércules (60 cañones). El Marlborough estaba mandado por el capitán Cornwell, que murió en la acción junto con 53 hombres más y 90 heridos. Grabado del Maritime Museum, Greenwich, Londres.

El Marlborough logrará ser sacado de aquel infierno antes de irse a pique, cosa que estuvo cerca de suceder.

Este era un navío de tres puentes con una vida larga y que había sido reconstruido varias veces. Se halló en la toma de La Habana de 1762, donde tomó parte en el ataque de la fortaleza del Morro, donde Luis de Velasco, rechazó el ataque, dejando al Marlborough tan maltrecho que tuvo que regresar a Inglaterra, hundiéndose por el camino.

Viendo la intención del navío de Mathews, el Namur, de poner entre dos fuegos al Real, el Hércules se dispone a abordar al navío del almirante británico, pero tras preguntar el capitán a su segundo, don Thomas Nunget, del estado de la tripulación para llevar a cabo tal cometido se da cuenta de que no se puede, al estar muy disminuidos en tripulación y el aparejo muy dañado.

Combate cerrado

El Real manda al Hércules que arribe, y el Real arriba por la popa haciendo que Mathews ciña el viento, al tiempo que encaja una severa andanada del Hércules, mientras el navío británico sólo pudo contestar con los guardatimones.

Mientras, los dos navíos británicos de 70 cañones siguen castigando al navío Hércules por la aleta, al tiempo que este respondía también con los guardatimones.

Un brulote británico se acercó al Real para hacerle fuego, pero el Hércules se percata y con unos acertados cañonazos lo echa a pique, que queda ardiendo por más de una hora, salvando al Real.

Se trataba del Anne Galley, buque que pierde a su tripulación al completo, algo más de medio centenar de hombres, entre ellos su comandante James Mackie.

Aquí no sabemos si fue obra del propio Hércules, tal y como relató su comandante o fue por el Real Felipe, como se dice en muchas otras fuentes. O quizás fueron los disparos de ambos.

Explosión del Anne Galley
Vista de la disposición en que estaba el Navío el Real Felipe, comandante Español mandado por el Gefe de Esquadra Don Juan José Nabarro, quando el Namur conduxo el Brulote para incentivar al Real en la Batalla Naval del día 22 de Febrero de 1744, dada a 4 leguas de Tolón, en la costa de Provenza, en que quedó el mar de batalla por los españoles. Pintura de José Manuel de Moraleda y Montero. Museo Naval de Madrid.

Por fortuna llega la retaguardia española: el BrillanteSan Fernando, Santa IsabelSoberbio y Halcón, que con vigor se enfrentan a siete navíos, dos de tres puentes, que sólo dispararon de lejos ya acobardados.

Mientras, la vanguardia española se batía con la escuadra roja británica, siendo el navío español Poder el más dañado.

El Hércules, todavía batiéndose con dos navíos y muy maltrecho, se separa un poco para recobrar el aliento de la tripulación y arreglar algo los desperfectos, ya que eran las cuatro y media de la tarde (empezaron a las doce) y seguía la «función».

El Hércules se queda solo

La escuadra francesa, por fin vira y gana el barlovento. En todo ese tiempo habían seguido su derrota sin ayudar a los españoles. Los británicos, muy dañados, cesan el combate y se retiran.

El navío Hércules intenta incorporarse a la escuadra francesa pero a las nueve de la noche, incapaz de seguirlos debido a su mal estado, los pierde de vista.

De nuevo al combate

El día 23 a las tres de la mañana avista una escuadra a sotavento, pero al ver que navegaban con los faroles apagados sospechan y se aprestan por si son enemigos.

Efectivamente, eran británicos y un tres puentes intenta cortarlos por sotavento, pero el Hércules le pasa por la proa y empieza un combate de tres cuartos de hora.

El fuego fue tan vivo y acertado que el navío británico ciñe el viento y huye, mientras el resto de la escuadra británica vira y se dirige al Hércules, para acabar con tan valiente y molesta resistencia ante la desesperada mirada de la tripulación del buque español.

Afortunadamente, a dos leguas a sotavento se acerca otra escuadra francesa que pone en fuga a los británicos.

Estos mandan al navío Hércules quedarse a sotavento de la escuadra con el Real y el América, muy dañados.

Al mediodía, en vista de las pretensiones británicas de reanudar el combate, el comandante del Hércules intenta componer el navío para entrar en la línea en las mejores condiciones que se pudiera, mientras se tapan algunas vías de agua.

Pero el viento es favorable y se dirigen al oeste. En el Hércules, a pesar de las bombas, sigue entrando mucha agua. El fuerte viento se lleva el velacho y la mayor y temiendo perder el trinquete y quedar hecho una boya se determina hacer la señal de grave incomodidad y necesidad de un navío para acompañarlo.

A las cuatro de la tarde se improvisan unos palos y masteleros, además de «tapabalazos» que cortan las vías. Pero se vuelve a perder de vista a la escuadra.

Tras consultar con los oficiales y pilotos y para evitar confundirse, como en el día anterior con una escuadra británica, se opta por dirigirse a Cartagena, llegando con viento favorable el 27 de febrero de 1744 a las once de la noche.

Y así acaba una aventura, por momentos trágica, de uno de los navíos españoles que sobrevivieron a una más que probable derrota ante fuerzas múltiples gracias a su resistencia y valentía de los que en él iban embarcados.

Fuente:

  • Basado en el diario del propio comandante del Hércules, Cosme Álvarez. El original de dicho diario pertenece a la colección González-Aller.

Por Todo a babor

Me llamo Juan y soy el creador y administrador de Todo a babor. Llevo desde 2003 dando a conocer la historia naval, de una forma divulgativa, sin pretensiones de ningún tipo y tratando de hacerlo de la manera más amena posible.

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