La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Navío San Agustín. Parte de su Comandante don Felipe Jado Cajigal.

Excmo. Sr.: Las diferentes contusiones y particularmente las heridas de la cabeza, no me permiten sino con mucho trabajo ordenar los varios acontecimientos del combate sostenido en la tarde del 21 del mes pasado sobre el navío San Agustín, que he tenido el honor de mandar. Formada la escuadra en línea de batalla orden inverso, mura a babor, ocupaba en ella este navío la cabeza del centro de la Armada, por la proa del Trinidad. Una de las columnas en que se desplegaron los enemigos se dirigió al medio de la vanguardia, recorriendo desde allí por barlovento hasta las free poco más o menos, hora en que habiendo desfilado, toda la línea enemiga y atacado el navío Trinidad, cortando el centro por aquella parte y abrumándole sobre manera, mandé pasar la gente a estribor, y, por señal del Trinidad de arribar y sostenerle de su desventaja, así lo ejecuté, dirigiéndome derechamente sobre un navío de tres puentes que le batía por estribor, a quien a las primeras descargas, hechas con todo ardor y acierto, le rompimos parte de sus bergas; pero al fin rendido el Trinidad, se emplearon contra el San Agustín los dos navíos de tres puentes que por babor y estribor le batían, tomando nuestras aletas y enfilando unas baterías, en las que quitaron una porción de carcabeles a los cañones, a quienes se les contestaba con las miras de popa y algunos cañones de esta parte, pues era preciso además continuar el fuego por el costado contra otros dos navíos de 80 que por estribor y mura de la misma banda nos acribillaban a metralla. Rompido el centro y rendidos algunos buques de él, se replegó el enemigo en número de cinco navíos sobre éste, que sostuvo su fuego hasta más de las cinco de la tarde, que fué preciso ceder a tanta superioridad y a dos repetidos y continuados abordajes, pues aunque al primero fueron rechazados con pérdida de un Oficial, varios muertos y algunos prisioneros, al segundo ya no pudo oponérsele suficiente gente, por hallarse ocupada en las baterías la poca que restaba continuando el fuego contra los otros buques que me estrechaban más y más.

En conclusión, Excmo. Sr.: desarbolado del palo de mesana, faltos de los obenques y maniobra, pasados con multitud de balazos los de mayor y trinquete; desmontados muchos cañones del alcázar y baridos sus sirvientes disminuidos notablemente; haciendo agua por algunos cañonazos recibidos a su flor; después de haber apagado el fuego que se insinuó en la santabárbara y en otros aparejos; restablecido el orden que se había turbado por un poco con estos terribles accidentes; herido yo, mi Segundo, el Oficial de alcázar, el Comandante de la segunda batería, el de la toldilla, y casi todos contusos; al fin sin recurso alguno, rodeado de fuerzas tan superiores y en tan mal estado, se rindió el navío San Agustín (pero con la satisfacción de no haber arriado la bandera del Rey, que con el palo de mesana fué al agua), después de cinco horas de combate, para que al último pereciese de un modo que permitiese salvar el corto residuo de su benemérita tripulación: Así fué que en aquella misma noche cayeron todos los palos y bauprés, haciendo tal cantidad de agua que era forzoso emplear todas las bombas para su conservación a flote. Efectivamente, salvada la gente con precipitación en los buques enemigos, fué quemado el navío (según he visto con placer, ya que mi constancia no bastó a salvarle o sumergirle en la acción, de que no estuvo muy distante) el día 29 del pasado, por no haberse podido ejecutar antes el trasbordo de su equipaje a causa del temporal que sobrevino y aguantó milagrosamente sobre la costa sólo con aquel estrecho y delicado fin. Acompaño adjunta la noticia de los Oficiales muertos y heridos en la acción y sus resultas, que aunque no puedo fijar los incidentes sobrevenidos, el número de la tripulación y guarnición aproximadamente aseguro fueron ciento y ochenta muertos, doscientos heridos y gran parte contusos. Esto fué lo que se hizo en este navío, y pago que no puedo elogiar mejor como debo a todos mis Oficiales, que diciendo sencillamente que todo ellos concurrieron a esta acción respectivamente con todos sus esfuerzos y empeño recíproco, sin que me hayan dejado nada que desear.

A los dos días me trasbordaron con mi Segundo y algunos Oficiales al navío de tres puentes Brednó, tratándonos con miramiento, y por Gibraltar llegué a esta ciudad antes de ayer, aun no bien restablecido.

Es cuanto puedo participar a V. E. acerca de este combate en que acabó para todos el navío San Agustín que mandé.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Cádiz y noviembre 3 de 1805.

Felipe Jado Cajigal (rubricado).