Navío San Juan Nepomuceno. Sus campañas.

Este navío, junto al Santísima Trinidad, es quizás el más conocido por el público en general y uno de los más realizados por los modelistas, gracias a la actuación memorable de su comandante, el brigadier Cosme Damián Churruca, en la batalla de Trafalgar. El San Juan Nepomuceno y Churruca son tan inseparables que da la impresión de que no tuvo otro comandante, y que en sus más de cuarenta años de servicio activo no participó en ninguna otra batalla ni realizó otra campaña que no fuera la de Trafalgar. Si buscamos este navío en Internet, las páginas sobre su actuación en la famosa batalla son innumerables, pero muy pocos nos hablan del resto de sus servicios. Con este pequeño artículo pretendo subsanar esa falla, dentro de mis pequeñas posibilidades.

Cuarenta años dieron para muchas navegaciones, máxime en este navío de unas cualidades marineras y veleras extraordinarias. Participó en varios combates y campañas navales, realizó innumerables patrullas y escoltas de convoyes, en definitiva, tuvo una vida activa llena de hechos sobresalientes y situaciones merecedoras de ser contadas y conocidas por todos.

Una construcción azarosa

Cabeza de una serie de seis navíos proyectados por el constructor francés Francisco Gautier Audibert, que introdujo en los astilleros españoles el sistema de construcción llamado francés, siendo precisamente en el Nepomuceno donde se ensayaron las nuevas técnicas de construcción. Desde 1752 se venían realizando navíos bajo el sistema de construcción a la inglesa, o mejor dicho, sistema de construcción de Jorge Juan. El secretario de Marina, D. Julián de Arriaga, aprobó la construcción de seis navíos de 70 cañones en el astillero de Guarnizo el 20 de septiembre de 1763, siendo el asentista D. Manuel de Zubiría el encargado de la construcción según el método de Jorge Juan, incluyendo en el contrato a las fragatas Santa Catalina, Santa Teresa, Santa Gertrudis y Santa Bárbara. Como era lógico, su construcción debía seguir el modelo de los anteriores navíos construidos en el astillero por los asentistas D. Juan Fernández de Isla y D. Juan Bautista Donesteve.

La quilla del primer navío, el San Juan Nepomuceno, se colocó el 19 de junio de 1765. Las maderas habían sido ya cortadas cuando aparece en el astillero el constructor Gautier para supervisar los trabajos del corte de la madera (RHN, año 2002, nº 79, página 29). En los anteriores navíos, las costosas carenas por la mala utilización de las maderas, había llegado a una situación extrema. Hace un informe muy critico a la Secretaría de Marina sobre el estado de las maderas y como mejorar el sistema de construcción. Se le propone a Gautier elaborar un proyecto y planos de su nuevo tipo de navío, mientras los trabajos en el San Juan Nepomuceno quedan paralizados. Se aprueba su nuevo proyecto y se decide construir los seis navíos según sus planos, para lo cual se tuvo que desmontar lo ya realizado, cortar nuevas maderas y empezar de nuevo su construcción, convirtiéndose en referencia para los siguientes navíos que se construyeron bajo este nuevo sistema. El resto de los navíos de la serie fueron los siguientes: San Pascual, San Francisco de Asís, San Lorenzo, San Agustín y Santo Domingo. Estos contratiempos ocasionaron pérdidas económicas a Manuel de Zubiría, que no fueron satisfechas, a pesar de sus quejas y reclamaciones.

Fue botado el 18 de octubre de 1766. Sus dimensiones, en pies, son las siguientes: 173 de quilla (48 metros), 196 y 4 pulgadas de eslora (54, 48 metros), 51 y 4 pulgadas de manga (14, 2 metros), 25 y 4 pulgadas de puntal, 25 y una pulgada de plan, 24 y 6 pulgadas de cala a popa, 22 y 9 pulgadas de cala a proa, desplazando 2.982 toneladas, 1.630 de arqueo. Disponía de una tripulación de 570 hombres, 39 de ellos oficiales y guardiamarinas.

maqueta del navío San Juan Nepomuceno

  • Maqueta del navío San Juan Nepomuceno todavía sin la arboladura montada. Foto y modelo de Borja Cabellos.

En las posteriores pruebas que se realizaron entre el San Juan Nepomuceno y el San Genaro, demostró el primero ser un navío excelente, de buenas cualidades marineras, siendo utilizado en muchas ocasiones como navío de observación de la escuadra, misión reservada casi exclusivamente a las fragatas. Hubo no pocas controversias entre los partidarios de un sistema y otro. Según las pruebas realizadas, los navíos del sistema inglés seguían siendo unidades muy aceptables, aunque la influencia de todo lo francés había llegado también a la construcción naval.

Extraños pasajeros a bordo del navío San Juan Nepomuceno. Los jesuitas

Desde su entrada en servicio quedó asignado al departamento de El Ferrol. Una de sus primeras comisiones fue la de trasladar a Italia a parte de los jesuitas expulsados de España. El 2 de abril de 1767 zarpa de El Ferrol con el navío San Genaro y la fragata Santa Bárbara rumbo a Cádiz, llevando a bordo a 200 jesuitas de la Provincia de Castilla. El 27 de mayo zarpan de Cádiz escoltando a seis mercantes y con 652 religiosos. Los mercantes, fletados por el Gobierno, eran una urca holandesa, una fragata sueca de comercio, una fragata de Bilbao y tres paquebotes.

Lo más curioso del caso es que Julián de Arriaga, conocido pro jesuita, fue prácticamente engañado, haciéndole creer que la movilización de tantos navíos y fragatas de diferentes partes de España y las colonias era parte de unas maniobras navales. Pronto pudo darse cuenta de las manipulaciones de Aranda, pero poco o nada podía hacer.

Lo que iba a ser un simple traslado a tierras papales, se convirtió en una odisea para tantos hombres metidos a la fuerza en unos navíos y embarcaciones cuyo espacio era reducido, añadiendo a sus pesares los rigores del calor de los meses de junio y julio. Pero esto no era lo peor; antes de la partida, la Corte española sabía que el Papa no les iba a recibir en sus tierras, pero los religiosos estaban ya embarcados y no había marcha atrás, iban a la aventura. Los comandantes tenían órdenes expresas de tratar a los religiosos con humanidad y agasajo, que para lo segundo se habían embarcado en El Ferrol todo tipo de carnes, vinos, dulces, bizcochos y licores, pero en la mesa de los jesuitas sólo hubo escasez. El desayuno era un vaso de chocolate servido sin el menor miramiento, y muchos estómagos, no acostumbrados a esa vida de escasez y en medio de las olas, no aguantaban, no pudiendo pedir al repostero otro desayuno, excepto algunos ancianos dispensados, que les daban pan fresco y vino. Para la comida había una sopa de fideos o una olla con vaca fresca y un postre siempre escaso de aceitunas, pasas o queso. Hasta el octavo día de navegación no hubo en la olla gallina o jamón. A la tarde se les daba agua y a la noche la cena era más variada con una chanfaina de chofes, carne salada, un poco de vaca y postres, cambiando en ocasiones la carne por el bacalao, lentejas con tocino o sopas de ajo. Un día se les dejó sin cenar, la noche del 16 de junio, con la excusa de que hacía mala mar y no se podía encender el fuego, pero sí se sirvió la cena a los oficiales. Estos detalles son mencionados por el Padre Isla en un relato donde es curioso que sólo mencione el aspecto culinario de su travesía y las pésimas condiciones que tuvieron que soportar, siempre referidas a ese importante aspecto de la vida, haciendo saber que la tripulación del navío nunca hubiera cambiado su rancho por el de los jesuitas a bordo.

En junio de 1767 llegaron a Civitavechia y, como era previsible, los jesuitas no pudieron desembarcar. La mayoría de las naves mercantes contratadas había cumplido con lo establecido y, ante sus nuevos compromisos comerciales, abandonaron a sus pasajeros en los ya abarrotados buques de guerra. El 14 y 15 de junio llegaron a Orbitelo y los comandantes tenían dudas sobre la determinación a tomar, si regresar a España o ir a Córcega. El día 15, zarparon rumbo a Córcega y tuvieron que regresar por los vientos contrarios. Hacia el día 27 de junio llegaron a San Fiorenzo, isla de Córcega. La situación se presentó por momentos desesperada, por cuanto se mezclaron muchos intereses políticos en este asunto. Volvieron a zarpar, esta vez rumbo a Génova el 14 de julio, donde finalmente consiguieron desembarcar.

En la independencia de los Estados Unidos

En octubre de 1776 el estado del San Juan, tras un largo periódo de inactividad en el Arsenal de Ferrol, es bastante lamentable. Esa falta de mantenimiento hace que tenga que pasar forzosamente a hacerle una carena en firme. El 29 de diciembre de 1777 abandona el dique y pasa a ser rearmado.

Con bastante retraso tras su apresto por fín el 20 de diciembre de 1778 zarpa en conserva del navío Dichoso hacia La Habana, trasladando al Regimiento de Infantería de Navarra y pertrechos para la utilización en los Arsenales de Ultramar. El mando de esta pequeña división recae en el Comandante del Dichoso, don Francisco Millau, mientras que nuestro buque está bajo el mando del capitán de navío D. José de Pereda. Ambos navíos, tras su comisión, fueron asignados a la escuadra del teniente general Juan Bautista Bonet.

Con esta escuadra realiza varias salidas de patrulla desde La Habana para proteger el tráfico mercante español, en unas aguas infestadas por corsarios enemigos procedentes de Jamaica y las islas Bahamas. Su primera salida con la escuadra fue el 7 de marzo de 1780 para llevar tropas a Nueva Orleáns, tropas que debían apoyar a las de D. Bernardo de Gálvez en la ocupación de las plazas de Mobile y Pensacola. Esta escuadra estaba compuesta por tres navíos, cuatro fragatas, un paquebote, cinco bergantines, una balandra y una saetía, que daban escolta a 26 embarcaciones de transporte.

Nombre Art. Comandante
Navíos
San Gabriel 70 Teniente General D. Juan Bautista Bonet
Capitán de navío D. Joaquín Cañaveral
San Juan Nepomuceno 70 Capitán de navío D. José Pereda
San Ramón 64 Capitán de navío D. José Calvo de Irazabal
Fragatas
Nuestra Señora de la O 42 Capitán de navío D. Gabriel de Aristizabal
Santa Matilde 36 Capitán de fragata D. Miguel de Alderete
El Caimán (chambequín) 22 Capitán de fragata D. Miguel de Goicoechea
Santa Marta 36 Capitán de fragata D. Andrés Valderrama
Paquebote
San Pío 18 Teniente de navío D. Pedro de Obregón
Bergantines
Santa Teresa 14 Teniente de navío D. Manuel Bilbao
Caulicán 14 Teniente de navío D. Ramón Berendona
San Juan Nepomuceno (a)
Renombrado
18 Teniente de navío D. José María Chacón
San Francisco Javier 10 Teniente de navío D. Juan Vicente Casecán
San Juan Bautista 10 Teniente de navío D. Pedro Imán
Balandra
Nuestra Señora del Carmen 10 Teniente de fragata D. Miguel Zapiaín
Saetías
San Peregrino (a) Peregrina 14 Teniente de navío D. Juan Herrera

Las tropas habían embarcado el 15 de febrero y vueltas a desembarcar al considerar el general Bonet que las condiciones meteorológicas no eran las adecuadas para la navegación. Para cuando zarparon, Gálvez ya había salido de Nueva Orleáns con su flotilla. La ocupación de Mobile fue el 13 de marzo. Mientras tanto, la escuadra del general Bonet quedó dispersada al sufrir un fuerte temporal. Su tardanza en los preparativos y su partida de La Habana, hizo que no pudiera colaborar en la ocupación de Mobile, pero Gálvez confiaba en el apoyo de esta escuadra para su siguiente y más importante objetivo, la plaza de Pensacola, en la Florida occidental. Sus planes se vieron pronto frustrados por la actitud indecisa y demasiado vacilante del general Bonet y D. Juan José Navarro, gobernador y capitán general de La Habana. Gálvez deseaba atacar lo antes posible, sabiendo que los ingleses planeaban enviar refuerzos a Pensacola, mientras Navarro y Bonet eran de la opinión contraria, considerando que la defensa de La Habana era más importante y que un ataque a esta plaza debía contar con más tropas y más buques de guerra. Finalmente, al no llegar a un acuerdo, Gálvez ordena a sus tropas regresar a Mobile el 4 de mayo y la escuadra de Juan Bautista Bonet entra en La Habana el día 21 de mayo.

Poco después parte con el navío San Ramón rumbo a Veracruz, regresando a La Habana a finales de agosto con caudales. A primeros de agosto de 1780 llegó a La Habana la escuadra de D. José Solano, pero una serie de contratiempos volvió a retrasar la salida de la expedición, pasó el verano y se encontraban en la temporada de huracanes, pero Gálvez no estaba dispuesto a esperar. El 7 de octubre se habían embarcado las tropas en cincuenta y una embarcaciones de transporte, unos 4.000 oficiales y soldados, y la escolta, esta vez al mando del jefe de escuadra D. José Solano Bote, estaba compuesta por seis navíos, cuatro fragatas, un paquebote y un bergantín. El San Juan Nepomuceno era el navío insignia de Solano.

Nombre Art. Comandante
Navíos
San Juan Nepomuceno 74 Jefe de escuadra D. José Solano Bote
Capitán de navío D. José Pereda
Guerrero 74
Velasco 74
San Ramón 64 Capitán de navío D. José Calvo de Irazabal
Astuto 58
Dragón 60
Fragatas
Nuestra Señora de la O 42 Capitán de navío D. Gabriel de Aristizabal
Santa Matilde 36 Capitán de fragata D. Miguel de Alderete
Santa Cecilia 30
Santa Rosalía 30
Caimán (chambequín) 22 Capitán de fragata D. Miguel de Goicoechea
Paquebote
San Pío 18 Capitán de fragata D. Pedro de Obregón
Bergantín
Gálvez Capitán D. Pedro Rousseau

El 16 de octubre de 1780 la escuadra leva anclas en la bahía de la Habana y a los dos días sufren fuertes vientos del sureste que se convierte en un huracán, dispersando la escuadra. Abriendo las órdenes selladas en caso de dispersión, se dirigieron al primer punto de reunión en la sonda de la Tortuga, a setenta leguas al noroeste de La Habana, y si ese punto era sobrepasado, debían dirigirse al segundo punto de reunión, a diez leguas al sur de la bahía de Mobile. Llegaron al primer punto de reunión los navíos Guerrero, Astuto, Velasco y San Juan Nepomuceno, las fragatas Santa Cecilia, Caimán y Nuestra Señora de la O y el paquebote San Pío. Bernardo de Gálvez, que se encontraba a bordo de la última fragata se entera que Solano había transbordado a la fragata Santa Rosalía y ordenado que los que se encontraran en buen estado les siguiera hasta el segundo punto de reunión. Lo cierto es que después de cinco días y cinco noches soportando un tremendo huracán la escuadra estaba dispersada por todo el golfo de México y todas las embarcaciones tenían daños. Los navíos Velasco y San Juan Nepomuceno se encontraban desarbolados y tuvieron que ser remolcados de regreso a La Habana mientras el resto de los navíos les daba escolta.

A trescientos kilómetros de la bahía de Mobile hubo una junta a bordo de la fragata del capitán Aristizabal, la Nuestra Señora de la O, y todos eran de la opinión de regresar a La Habana, ya que sólo disponían de otra fragata, la Santa Cecilia, el paquebote San Pío y dos transportes. Gálvez amenazó con abandonar la fragata en un bote y reunirse con la fragata de Solano. Sus planes eran ahora los de desembarcar en la isla Santa Rosa, frente a Pensacola, con los 700 soldados que le quedaban, establecer una batería y, controlando la entrada a la bahía, esperar los refuerzos de La Habana. Cedió a su pesar, y entraron en La Habana el 17 de noviembre, encontrando a gran parte del convoy en la bahía. Después de esperar dos semanas al sur de Mobile, dos días más tarde llegó Solano en la Santa Rosalía y unos pocos mercantes que sí habían llegado al segundo punto de reunión. Indignado por encontrar en La Habana a la mayor parte de la escuadra y convoy, ordenó que cada comandante le remitiera un informe razonando los motivos de su incomparecencia en el segundo punto de reunión.

Navío San Juan Nepomuceno

  • Maqueta del navío San Juan Nepomuceno, con sus lanchas estibadas en el combés. Foto y modelo de Borja Cabellos.

El 28 de febrero de 1781 zarpa de nuevo una flota más reducida rumbo a Pensacola, mientras se preparaba otra escuadra con refuerzo de tropas y que debía zarpar en cuanto estuviese lista. La tarde del 19 de abril las tropas de Gálvez, que se encontraban luchando en Pensacola, vieron acercarse una escuadra que, en principio, creyeron enemiga. Se trataba de la española y francesa al mando de José Solano y el Barón de Montein, con quince navíos, cuatro de ellos franceses, tres fragatas y buques menores, dando escolta a un convoy. Fondearon esa misma tarde cerca de la isla de Santa Rosa, desembarcando los 1.600 soldados y pertrechos que llevaban. La llegada de esta escuadra permitió y aseguró la ocupación de Pensacola, persuadiendo al enemigo inglés para no enviar una escuadra con tropas de refuerzo. En esta escuadra el navío insignia era el San Luis, estando el San Juan Nepomuceno al mando del capitán de navío D. José Pereda.

Ocupada Pensacola, el siguiente objetivo importante era la invasión de Jamaica. Estos planes quedaron postergados con la partida de la escuadra francesa de De Grasse hacia la costa de Norteamérica, mientras la escuadra de Solano tuvo que proteger las posesiones francesas en el Caribe, además de llevar continuos suministros y tropas de La Habana a Guarico, en Santo Domingo. El 9 de noviembre de 1781 zarpa de La Habana el San Juan Nepomuceno al mando del capitán Pereda e insignia del jefe de escuadra D. Juan Tomaseo, con los navíos San Gabriel y San Ramón y el bergantín Renombrado, con la misión de patrullar por la costa francesa de Santo Domingo. Durante esta patrulla, y con el apoyo del bergantín, captura a la fragata corsaria inglesa Clyde, que disponía de 22 cañones de a 8 y dos obuses de 16 libras, estando tripulada por 150 hombres, represando además a una fragata norteamericana de 20 cañones. El 16 de noviembre entra esta división en Guarico, volviendo a zarpar el día 24 para escoltar a ocho mercantes hasta La Habana.

Gálvez llegó a este puerto francés el 1 de febrero y el 5 de marzo zarpó de La Habana otro convoy de setenta mercantes con más de 5.000 soldados a bordo, con la escolta de los navíos San Luis, San Nicolás, San Juan Nepomuceno, Magnánimo, San Francisco de Paula, San Genaro y San Ramón, al mando de José Solano. Durante este servicio, el San Juan Nepomuceno captura a la fragata inglesa London. Otras escuadra se encontraban en alta mar patrullando, otra fue a Veracruz para hacer llegar a La Habana tropas del Regimiento de La Corona para sustituir a las que se encontraban en Guarico y otra escuadra de cuatro navíos, una fragata y una corbeta llegaba a La Habana desde Cádiz por más tropas y suministros. Bernardo de Gálvez había reunido en Guarico un ejército de 20.000 hombres y una importante escuadra en espera de la francesa. De Grasse, ya de regreso al Caribe, en vez de unirse con Solano, se entretuvo atacando varias islas inglesas y fue derrotado el 12 de abril de 1782 en la batalla de Los Santos por la inglesa de Rodney.

La escuadra de Solano salió de nuevo a la mar el 22 de abril para proteger la recalada de un convoy francés y de la escuadra de 19 navíos del Marqués de Vaudrevil, cuyos buques llegaban con muchas averías y multitud de heridos causados por el citado combate contra la escuadra de Rodney. Ambas escuadras entraron sin incidencias en Guarico el 26 de abril. La Junta de generales acordó no invadir Jamaica, que ya antes de la derrota del almirante de Grasse había dejado de ser un objetivo prioritario para los franceses. Con la pronta llegada del final de la guerra, Jamaica se salvó de la invasión.

Solano partió de Guarico hacia la Habana el 4 de julio de 1782, donde llegaría el día 20. Pero dejó en Guarico varios buques, entre los que estaba el navío San Juan Nepomuceno, las corbetas Santa Catalina y Héroe y el bergantín Cazador. Todos estos buques, excepto la Catalina, salieron a cruzar el Cabo Samaná para proteger la recalada de un convoy norteamericano.

Hasta que acabó la guerra en abril de 1783, nuestro navío siguió con sus patrullas y misiones de escolta. En diciembre de 1782 se encontraba en la bahía de San Juan de Puerto Rico al mando del capitán de navío Pereda. Durante su estancia, el piloto D. Francisco Ramón Méndez levantó un plano de la bahía. El 16 de julio de 1783 zarpó de La Habana para su regreso a España, embarcando en el navío D. Bernardo de Gálvez. El convoy llegó a Cádiz la noche del 8 de septiembre, volviendo el San Juan a navegar por aguas costeras de la península española después de una estancia de cuatro años en el Caribe.

Paz con Argel

El 7 de junio de 1785 zarpa una escuadra de Cartagena al mando del jefe de escuadra D. José de Mazarredo y Salazar, compuesta por los navíos San Ildefonso y San Juan Nepomuceno, las fragatas Santa Brígida y Santa Casilda y el bergantín Nuestra Señora de Atocha. En esta ocasión, el comandante del San Juan Nepomuceno era el capitán de navío D. Pedro Pablo de Landa y Yusae. Mazarredo tenía la difícil misión de tratar la paz con Argel, llevando regalos y mucha paciencia. Llegaron a la rada argelina el 29 de julio y regresaron a Cartagena el 23 de agosto. La fragata Santa Casilda estaba al mando del capitán de fragata D. Antonio de Escaño, el cual comenzó con Mazarredo una estrecha colaboración y, al acabar este viaje, propuso a Escaño como ayudante y colaborador en la recopilación de unas nuevas ordenanzas para la Armada.

Durante la travesía se hicieron comparaciones entre los dos navíos, uno del sistema francés y el San Ildefonso, recién entrado en servicio, del sistema Romero Landa y que estaba al mando del capitán de navío D. Ignacio María de Álava. En todos los aspectos se demostró que el sistema Romero Landa había mejorado con respecto al sistema francés.

Campaña de Tolón

En febrero de 1793, ante la previsible entrada en guerra contra la Francia revolucionaria, el San Juan Nepomuceno es armado en Ferrol y puesto al mando del capitán de navío D. José de Escaño y García de Cáceres. La guerra comienza el 23 de marzo y la escuadra del teniente general D. Juan de Lángara se traslada de Cádiz a Cartagena. Después de algunas salidas para la instrucción de las tripulaciones, zarpa rumbo al golfo de León para apoyar a las tropas del general Ricardos con los navíos Mejicano, Salvador del Mundo, Reina Luisa, San Fernando, Bahama, San Juan Nepomuceno, Santa Isabel, San Felipe Apóstol, San Ildefonso, San Francisco de Paula, Soberano y San Leandro. Allí se une, el 1 de agosto, a los navíos San Julián y San Fulgencio y la división de bloqueo del capitán de navío Baltasar Hidalgo de Cisneros, con dos fragatas, cuatro jabeques, dos bergantines y tres galeras. El 23 de julio zarpa de Cartagena la división del jefe de escuadra D. Federico Gravina, compuesta por los navíos San Hermenegildo, San Pedro Apóstol, San Joaquín y San Fermín. Posteriormente zarpan el 9 de agosto los navíos San Agustín y San Rafael. También pertenecían a la escuadra de Lángara ocho fragatas, seis jabeques, un bergantín, dos galeotas, seis lanchas cañoneras, tres bombarderas, dos obuseras y seis faluchos.

Mientras esto ocurría con la escuadra española, los británicos armaron dos escuadras, la del Canal y la del Mediterráneo. Esta última, al mando del vicealmirante Samuel Hood, entra en el Mediterráneo y llega a Tolón con 23 navíos, 15 fragatas y 12 buques menores, siendo el Victory el buque insignia. En la base naval de Tolón se encontraba una importante escuadra francesa controlada en su mayor parte por los realistas franceses, que estaban siendo acosados por los revolucionarios. Ante la proximidad de su escuadra, los partidarios del rey francés pidieron ayuda a Hood. Pero los ingleses no contaban con navíos ni tropas suficientes para hacerse cargo de la empresa. Los ingleses no entendieron esta petición de los toloneses como una ayuda entre aliados, sino como una rendición, lo cual tendrá repercusiones en el futuro. Enviaron al golfo de León a la fragata Romulus el 22 de agosto con una carta de Hood en la que pedía a Lángara que le enviara navíos y tropas. En un principio se pensó en enviar a sólo parte de la escuadra, pero Gravina le persuadió de que enviara a toda la escuadra, al creer conveniente abrir un segundo frente y así disminuir la presión francesa sobre las tropas del general Ricardos. Dejó en el golfo de León a una división de tres navíos al mando del jefe de escuadra D. Juan Joaquín Moreno donde embarcarían las tropas, además de la flotilla de Cisneros.

El 27 de agosto llegó Lángara a Tolón con 17 navíos y 10 fragatas. Más tarde se unirán otros tres navíos el 1 de septiembre cargados con tropas y el navío Purísima Concepción, que llega el 21 de octubre desde Cartagena. Durante la campaña de Tolón el navío San Juan Nepomuceno tuvo una actuación destacada, sobre todo en los bombardeos a partir del 19 de septiembre, cuando la madrugada de ese día abren fuego contra los aliados varias baterías instaladas cerca de La Seyne. Varios navíos y baterías flotantes abren fuego desde posiciones cercanas, mientras el Nepomuceno y el inglés Saint George lo hacen desde posiciones más alejadas, pero con igual fortuna. La noche del 23 de septiembre comenzaron las baterías francesas a bombardear otra vez a los navíos, a las que contestaron los navíos San Juan Nepomuceno, San Ildefonso, el inglés Saint George, una flotante con cuatro cañones de a 24 libras y la fragata francesa Ifigenia, armada en bombarda con dos morteros. Consiguieron desmontar una batería, a costa de un muerto en el San Ildefonso y siete heridos en el Nepomuceno, entre ellos el teniente de navío D. Matías Bayón, y tres heridos en la flotante. El Nepomuceno había sido el blanco principal de las baterías de tierra, causándole muchos destrozos en casco y arboladura, pero no dejó de disparar desde las seis de la mañana hasta las cinco y media de la tarde, lanzando 1.695 cañonazos y sólo cesó su fuego cundo lo hicieron los republicanos franceses. Al día siguiente, los franceses reparan las baterías y, con más cañones, superan en intensidad el bombardeo del día anterior, aunque en esta ocasión el más castigado fue el San Ildefonso.

Comenzado el mes de diciembre, la situación comenzó a ser desesperada para los aliados. El 17 de diciembre comienza Lángara a dar las órdenes oportunas para la evacuación, saliendo con el grueso de la escuadra a las islas Hyeres, mientras unas pocas unidades se quedan para recoger las últimas tropas. El día 25 zarpa rumbo a Mahón con dieciséis navíos, pero sólo tres llegan a Mahón, es resto, empujados por una tormenta, recalan en Cartagena el 31 de diciembre y los días siguientes.

En abril de 1794, en una escuadra de 4 navíos, 3 fragatas y 3 bergantines, transporta desde Liorna a España al infante don Luis, heredero de la Corona de Parma, regresando el San Juan Nepomuceno a Cartagena el 11 de mayo. Con la escuadra de Lángara y al mando del capitán de navío D. Martín Serón de Aragón, participó en las operaciones en torno a la plaza de Rosas, sitiada por los franceses, sufriendo varios temporales en estas aguas. Con su actuación evitó que se perdieran en los temporales el bergantín San León, una tartana y varias lanchas de fuerza.

En enero de 1796 tuvo varias averías como consecuencia del abordaje con la fragata Nuestra Señora de la Paz, ambas naves pertenecientes a la escuadra del Mediterráneo, en ese momento al mando del teniente general D. José de Mazarredo. Durante el mes de abril de ese mismo año se estuvieron haciendo pruebas de cañón con las lanchas del navío y de la fragata Pomona. El 7 de junio de 1796 zarpa de Cartagena con el navío San Ildefonso, poniendo rumbo a Barcelona. Allí recogieron artillería y municiones que llevaron al puerto de Cádiz, en cuyo puerto se encuentran cuando España entra en una nueva guerra contra Gran Bretaña.

Años de bloqueos

La guerra que España sostenía contra Francia finalizó el 22 de julio de 1795 con el tratado de Basilea. El 18 de agosto de 1796 se firmó con Francia un segundo tratado de San Ildefonso, que nos llevaría a una guerra inevitable contra Gran Bretaña. Esta sería la siguiente campaña en la que participó el San Juan Nepomuceno. Antes de que la guerra comenzara oficialmente, zarpa de Cádiz el 4 de agosto de 1796 la escuadra del teniente general D. Juan de Lángara, compuesta por 26 navíos y 14 fragatas para apoyar a la escuadra francesa de Richery que debía partir hacia Norteamérica, regresando Lángara a Cádiz. La guerra comenzó el 5 de octubre, aunque Lángara volvió a zarpar de Cádiz el 26 de septiembre con 19 navíos y 10 fragatas rumbo al Mediterráneo.

El 1 de octubre encontró cerca del cabo de Gata a la escuadra inglesa de siete navíos del contralmirante Mann escoltando a cuatro mercantes de San Fiorenzo a Inglaterra. Langara ordenó la caza ya en la anochecida y logró capturar la mañana del 3 de octubre a dos mercantes, mientras el resto de embarcaciones se refugiaban en Gibraltar. La escuadra española se dirige a Cartagena, donde se le unen otros siete navíos, y el día 15 pudo hacer pasar un mal rato al almirante ingles John Jervis, pues sólo contaba con 15 navíos, mientras otros tres estaban destacados y uno perdido por incendio. Lángara no atacó, al no tener instrucciones para ello, según declaró más tarde. Seguro que Jervis, en su misma situación, no hubiera necesitado de ninguna orden al respecto para atacar.

La escuadra de Lángara estuvo cruzando por aguas italianas y de Córcega, hasta su unión con la francesa en Tolón el 26 de octubre. Un mes más tarde zarpan de Tolón 38 navíos y 18 fragatas para cubrir el paso hasta Gibraltar de la escuadra de 5 navíos y 3 fragatas que se dirigían a Brest, al mando de Villeneuve. La española llegó a Cartagena el 20 de diciembre, dejando que Villenueve continuara su rumbo. Mientras tanto, la situación de la escuadra de Jervis en el Mediterráneo era muy comprometida. Habían sido desalojados de la isla de Córcega y su escuadra reducida a nueve navíos, por lo que pidió refuerzos urgentes a Londres, mientras se refugiaba en Lisboa.

Lángara dejó el mando y se le entregó al teniente general D. José de Córdoba y Ramos, contando en Cartagena con 27 navíos, 8 fragatas, 4 urcas, un bergantín y 28 lanchas cañoneras de las dos Escuadras del Océano y del Mediterráneo. Recibió órdenes de trasladarse a Cádiz y zarpa el 1 de febrero, donde catorce días más tarde ocurre la desgraciada batalla del cabo San Vicente. El San Juan Nepomuceno se encontraba con la escuadra del teniente general D. Francisco Javier Morales de los Ríos, al mando del capitán de navío D. Antonio Boneo, cuya actuación en la citada batalla es tan desafortunada que es suspendido de empleo por dos años en el posterior consejo de guerra. De hecho, no llegó a participar en el combate.

El 3 de marzo la escuadra de Córdoba entra en Cádiz, sufriendo un bloqueo de dos años por parte de la inglesa de Jervis. Córdoba es sustituido por el teniente general D. José de Mazarredo, que el año anterior había dimitido como jefe de la escuadra del Mediterráneo al no ser aceptadas sus medidas para mejorar el estado de la Armada. Un año más tarde, el 6 de febrero, realizó una salida con la escuadra, compuesta por otros 24 navíos para dar caza a nueve ingleses, ya que el resto de la escuadra enemiga se encontraba aprovisionándose en Lisboa. Se demostró que la falta de preparación de las dotaciones españolas hizo imposible la caza de los navíos ingleses.

Perdida la batalla de Aboukir o del Nilo, a la Armada francesa sólo le quedaba una importante escuadra en Brest, que debía hacerla llegar al Mediterráneo, donde sus fuerzas navales estaban muy mermadas. El 19 de abril de 1799 llega a Cádiz el contralmirante francés Lacrosse para determinar cual sería la ayuda de la Armada española. Para asegurarse ésta, Napoleón Bonaparte hizo creer a los españoles que la escuadra combinada recuperaría Menorca. Nada más lejos de las intenciones de Napoleón, cuya único objete era disponer a su antojo de las escuadra españolas y asegurase la alianza es su lucha contra el inglés. El 26 de abril de 1799 el almirante francés Bruix burla el bloque de la escuadra de Bridport y zarpa de Brest con 25 navíos, 5 fragatas y 5 corbetas, para unirse a Mazarredo en Cádiz. D. José de Mazarredo preparó la escuadra, teniendo que desarmar varios navíos y fragatas para completar el alistamiento del resto. La escuadra inglesa de bloqueo de Cádiz estaba compuesta por las siguientes quince navíos:

Navío Porte Mando
Ville de París 112 Capitán Walter Barthurst
Barfleur 98 Vicealmirante Lord Keith
Capitán George Barrer
Prince George 98 Vicealmirante William Parker
Capitán William Bawen
London 98 Capitán John Chile Purvis
Princess Royal 98 Capitán John William Taylor Dixon
Namur 90 Capitán William Luke
Foudroyant 80 Capitán William Broen
Gibraltar 80 Capitán William Kelly
Montagu 74 Capitán John Knight
Northumberland 74 Capitán George Martin
Marlborought 74 Capitán Thomas Sotheby
Warrior 74 Capitán Charles Tyler
Hector 74 Capitán John Elphinstone
Defence 74 Capitán Lord Henry Paulet
Majestic 74 Capitán Robert Cuthbert

Cerca del cabo San Vicente, la escuadra francesa sufre un fuerte temporal de SO y el 5 de mayo cruzan el estrecho de Gibraltar. No habían cumplido con lo pactado y, según Escaño, podía haberse refugiado en San Vicente o cabo Espartel y entrar en Cádiz, pasada la tormenta. El que sí de acercó a la costa fue el navío Censeur, que fondeó el 9 de mayo en la costa de Chipiona bastante maltratado, mientras los vigías de Algeciras vieron pasar al la escuadra francesa. Los planes eran zarpar de Cádiz las dos escuadras, derrotar a los quince navíos ingleses de bloqueo al mando de Lord Keith, cubrir el desembarco de 15.000 soldados españoles en Menorca, socorrer a la bloqueada Malta, Egipto y apoyar al ejército francés en tierras de Nápoles.

Conocido el paso de la escuadra francesa por los avistamientos de varias embarcaciones menores, la escuadra inglesa de Keith, que había sustituido al almirante John Jervis por enfermedad, regresó a las costas españolas de las que se había separado por la tormenta, creyendo en un principio que Bruix se había refugiado en Cádiz hasta que pasase la tormenta. Envió despachos a Nelson, que se encontraba en Palermo, a Duckworth en Malta y a los capitanes Ball y Smith, que se encontraban en Malta y Alejandría. El 11 de mayo Jervis vuelve a izar su insignia en el Ville de París y zarpa de Gibraltar rumbo al Mediterráneo a las once de la mañana del día siguiente con 16 navíos, el Edgar desde Tetuán. El día 20 se une a la división de Duckworth en Menorca con los navíos Leviathan, Centaur, Bellerophon y Powerfull. Ese mismo día zarpan de Mahón rumbo norte, en busca de la escuadra francesa. El día 30 llegan desde el Canal la división del contralmirante James H. Withshead con los navíos Queen Charlotte, Captain, Defence, Bellona y Repulse, mientras envía a los navíos Leviathan, Foudroyant, Northumberland y Majestic, al mando de Duckworth, para apoyar a Nelson en Palermo.

La escuadra de Mazarredo, con la partida de la escuadra inglesa, se encuentra libre par zarpar de Cádiz, aunque desconocía dónde se encontraba la escuadra francesa y sus intenciones. Salió el 14 de mayo con diecisiete navíos y cuatro fragatas con la intención de recalar en Cartagena, Alicante, Barcelona y Mallorca, recoger las tropas que le estaban esperando y dirigirse a la recuperación de Menorca. Como consecuencia de un temporal la noche del 16 al 17 de mayo, once de los buques quedan dañados; desarbolados los navíos San Telmo, Conquistador y Mejicano, que tuvo cuatro muertos, y la fragata Santa Matilde. Habían perdido el palo trinquete, el San Joaquín, el San Francisco de Asís y el Concepción y el Soberano el palo mayor. El navío Santa Ana hacía mucha agua y los navíos San Francisco de Paula y San Pablo tenían dañado el timón. Consiguieron llegar a Cartagena el 20 de mayo. El 27 de mayo zarpa de Tolón la escuadra de Bruix con 22 navíos y 11 fragatas y se dirigen a Italia para entregar pertrechos y soldados. Eludiendo a la escuadra inglesa, entran en Cartagena el 22 de junio. Según estimaba Mazarredo esta unión se había realizado demasiado tarde, coincidiendo con Bruix en la ocupación de Menorca era casi imposible ante la llegado de más navíos ingleses al Mediterráneo.

Pero tampoco se ponían de acuerdo sobre sus objetivos. Mazarredo se negó a dirigirse a Malta y a Italia, como deseaban los franceses. Para no quedarse encerrados en el Mediterráneo, deciden dirigirse a Cádiz. En la escuadra española se desarmó al navío Oriente para alistar al Guerrero. También se armó al navío Reina Luisa con las dotaciones de varias fragatas e izó su insignia el jefe de escuadra D. Domingo de Nava, pasando a ser mandado por José Gardoqui, tomando el mando del Mejicano el brigadier D. José Donoso Salazar. Se desarmó la fragata Matilde y se alistó la fragata Soledad, que se pone al mando del capitán de fragata D. Antonio Quesada. El San Juan Nepomuceno queda en la misma situación, al mando del capitán de navío D. Francisco Vázquez de Mondragón. Zarpan el 29 de junio y llegan a Cádiz el 10 de julio, sin más incidente que la captura en el estrecho de la balandra inglesa Penélope, de 18 cañones y al mando del teniente Frederick Lewis Maitland , por la fragata Carmen y el bergantín Vivo.

Durante la travesía a Cádiz, los dos comandantes siguieron discutiendo sobre cuales debían ser los objetivos siguientes. Bruix quería entrar en el Atlántico, dar un largo rodeo para volver a entrar en el Mediterráneo. Mazarredo no era de esa opinión, pues estaba seguro que su paso sería advertido por los vigías de la costa portuguesa y a su regreso les estarían esperando en la entrada de Cádiz o en el estrecho. Sugería quedarse en Cádiz con los cuarenta navíos, obligando al enemigo a desplazar una potente escuadra con los problemas que les daría su abastecimiento, además de quedar libre el Mediterráneo para que las fuerzas navales que quedaban en Tolón y Cartagena ejecutaran las operaciones de Menorca y Malta.

El 12 de julio cesaron las discusiones, cuando Mazarredo recibe la orden de Juan de Lángara de dirigirse a Brest, levantar los bloqueos de Rochefort y Texel y realizar una expedición a Irlanda. Sin ningún entusiasmo por parte española, zarpó la combinada el 21 de julio. Según el estado de fuerza, firmado por su comandante Vázquez de Mondragón en Cádiz el 10 de julio, el Nepomuceno contaba con 17 oficiales de guerra, 10 oficiales mayores, 31 oficiales de mar, 229 soldados de infantería de Marina, 47 de artillería, 7 artilleros preferentes, 77 artilleros ordinarios, 70 marineros, 121 grumetes, 14 pajes, con un total de 629 hombres; 28 cañones de a 24, 30 de a 18, 16 de a 8 y 4 pedreros de a 4. En la maniobra de salida de Cádiz, el navío Santa Ana quedó encallado, regresando posteriormente a Cádiz con el Conde de Regla, donde ambos pasaron al arsenal. El navío francés Censeur, que estaba podrido, es entregado a la Armada española a cambio del navío San Sebastián, un 74 cañones en buenas condiciones. A su paso por Finisterre, la escuadra sufre un temporal y los daños en el Soberano le obligan a regresar a Cádiz.

Bruix pretendía pasar por Rochefort para levantar el bloqueo, donde se hallaba una división española al mando de Melgarejo, para después bombardear Plymouth. Ambas propuestas son rechazadas por Mazarredo. Entraron en Brest el 8 de agosto de 1799. Mientras tanto, la escuadra inglesa del Mediterráneo no había estado inactiva. Buscó a la escuadra francesa sin éxito desde Italia a las costas españolas y francesas. John Jervis fue sustituido el 2 de junio por Keith y desembarcado en Mahón para su posterior traslado a Inglaterra. Sólo consiguieron capturar cerca del cabo Sicie a las fragatas francesas Junon, Alceste y Courageuse y a los bergantines Salamine y Alerte. El 7 de julio llegó del Canal otra escuadra a Mahón al mando del almirante Alan Gardner, compuesta por los navíos Prince, Formidable, Saint George, Neptune, Glory, Triumph, Dragon, Impétueux, Terrible, Superb, Pompée y Canada. Otros cuatro navíos de esta escuadra se habían quedado en Lisboa para escoltar un convoy hasta Inglaterra. Enterado Keith de la salida de Cartagena de la combinada ordena a Nelson que proteja Menorca con parte de su escuadra, mientras se dirige a toda vela hacia el estrecho, llegando el 29 de julio a Gibraltar. Sin tiempo que perder zarpa hacia el Atlántico y el 8 de agosto es informado por un bergantín danés a la altura de Finisterre que dos días antes había pasado la flota combinada.

La escuadra española y francesa queda bloqueada en puerto francés por la escuadra inglesa del Canal, puesta al mando del almirante John Jervis, de no menos de 40 navíos. Lo Corte española y sus políticos, títeres de Napoleón, son incapaces de llevarle la contraria, sólo unos pocos, entre los que se encuentra Mazarredo se enfrentan a los antojos y absurdos planes de Napoleón. Pretendía el francés que zarpara la combinada de Brest con 15 navíos españoles y 17 franceses para entrar de nuevo en el Mediterráneo, abastecer Malta y junto a otras escuadras de Cartagena y Tolón sacar a su ejército de Egipto, por supuesto con la misma excusa de la recuperación de Menorca. Pero el enérgico Mazarredo no se deja engañar y se enfrenta a estos planes. Por presiones francesas es sustituido en el mando por Federico Gravina el 14 de febrero de 1801. Esta escuadra estuvo inactiva mientras Ferrol y Cádiz corren grave peligro en agosto y octubre de 1800. A finales de 1801 se llega a un acuerdo de paz con los ingleses, pero Napoleón exige que una parte de la escuadra zarpe hacia Santo Domingo al mando de Federico Gravina, mientras el resto de los buques españoles pueden regresar por fin a puerto español, aunque no lo hacen hasta abril de 1802 por las malas condiciones de mantenimiento en que se encontraban.

La campaña final

Una nueva guerra con Gran Bretaña comienza en diciembre de 1804. La principal causa es la influencia francesa en la Corte y en los políticos españoles que nos arrastran a ella por el Tratado de Subsidios de 1803, iniciando una serie de agresiones la escuadra inglesa que culmina con la captura de las cuatro fragatas españolas cargadas de pasajeros y caudales. A pesar del mal gobierno, la potencia de la Armada española era extraordinaria, con navíos que podían pasar como los mejores del mundo, siendo lógicamente ambicionada por Gran Bretaña y por Francia, aunque por motivos diferentes.

En cada departamento se ordenó armar al mayor número de unidades. En el departamento de El Ferrol se encontraba el San Juan Nepomuceno, estando listo y pertrechado para el mes de marzo de 1805 y puesto a las órdenes del brigadier D. Cosme Damián Churruca y Elorza desde el mes de febrero. A mediados de febrero toma el mando de esta escuadra de El Ferrol el teniente general D. Domingo Pérez de Grandallana, con su segundo en el mando, el jefe de escuadra D. Baltasar Hidalgo de Cisneros. El navío Nepomuceno acababa de salir del arsenal, carenado en firme y con forro de cobre, pidiendo el comandante Churruca armarlo y pertrecharlo sin sujeción a reglamento, pero las envidias y dejadez de los mandos del arsenal hicieron imposible las mejoras proyectadas por Churruca (1).

Maqueta del navío san Juan Nepomuceno

  • Maqueta del navío San Juan Nepomuceno visto por su costado de estribor donde se puede apreciar perfectamente sus colores reglamentarios. Foto y modelo de Borja Cabellos.

El principal objetivo de Napoleón era la invasión de su odiada Inglaterra y para ello elaboró un plan complejo y con muy poca mentalidad marítima. Se trabaja de alejar a la escuadra de Nelson lejos de las aguas del Canal para, unidas las diferentes escuadras, asediar las costas inglesas y desembarcar el Ejército francés que esperaba en las costas de Boulogne. Napoleón no entendía de tormentas, de tripulaciones mejor o peor preparadas, ni de táctica naval. El ambicioso plan estaba abocado al fracaso antes incluso de su comienzo. Para el desarrollo de la primera parte del plan, burlar a las escuadras inglesas, Villenueve zarpó de Tolón el 30 de marzo de 1805, con once navíos, siete fragatas y tres bergantines, y a su paso por Cádiz el 9 de abril, se unió la escuadra de D. Federico Gravina con seis navíos y una fragata. Pusieron rumbo a la isla de Marinita, a la cual avistaron el 14 de mayo, siendo perseguidos por la escuadra inglesa de Nelson, que había caído en la trampa y estuvo buscando a Villeneuve por todo el Mediterráneo. En la isla Guadalupe se unieron a la escuadra Combinada los navíos franceses Algésiras y Achille, que estaban al mando del contralmirante Magon. Gravina pretendió aprovechar la superioridad aliada para asestar un duro golpe, cuando una fragata francesa llega con pliegos en los que se ordenaba regresar a Europa para el mes de julio y unirse a las escuadras de El Ferrol y de Brest.

El 22 de julio, después de una penosa travesía de regreso, sobre cabo Finisterre se encuentran con la escuadra inglesa de Robert Calder, compuesta por quince navíos de línea, dos fragatas y dos buques menores, y que se encontraba patrullando en las costas del norte de Portugal y Galicia en espera de la escuadra aliada, al haber recibido días antes la notificación de su llegada. A las dos de la tarde se avistaron dieciséis velas enemigas y la combinada, que navegaba en tres columnas, formó la línea de combate con las unidades de Gravina en cabeza. Fue la primera complicación grave en el plan de Napoleón. En la siguiente batalla, que se desarrolla entre una espesa niebla, son capturados los navíos españoles Firme y San Rafael, al encontrarse los navíos de Gravina en la vanguardia de la formación aliada, y los que soportaron el peso del combate. Terminada la batalla de Finisterre, Villeneuve toma una de las decisiones claves de la campaña, dirigirse hacia Cádiz, en vez de a Brest para unirse a la potente escuadra de 22 navíos del almirante francés Ganteaume.

Primero quiso entrar en El Ferrol, pero las muchas averías y heridos por la larga travesía y el combate, hizo que entrara en Vigo en 27 de julio. La combinada zarpó de Vigo el 31 de julio, dejando en puerto a los navíos América, España y el francés Atlas, aunque Gravina se adelantó por unas horas y entró en El Ferrol, mientras Villeneuve le siguió horas más tarde, por lo que el general español no conoció las órdenes que llegaron de París para no entrar en El Ferrol, quedando la escuadra de Villeneuve anclado en La Coruña y después el la ría de Ares. En Ferrol se unieron a la escuadra los navíos españoles de Grandallana, Príncipe de Asturias, Neptuno, San Juan Nepomuceno, Monarca, San Francisco de Asís y San Fulgencio, y los franceses del contralmirante Gourdon, Redoutable, Fougueux, Argonaute, Héros, Duguay-Trouin y el bergantín Observateur. Gravina entró en El Ferrol sin conocer las órdenes de París, comenzando una serie de órdenes y contraórdenes, otras que nunca llegaron a su destino dentro de este complicadísimo entramado creado por Napoleón que sólo trajo confusión a la Combinada, poniendo además en evidencia el problema real para los aliados sus conexiones entre flotas.

Finalmente, Villeneuve decide poner rumbo al sur, a Cádiz, el 13 de agosto, a cuyo puerto entra el 20 de agosto. Al día siguiente se cruza con la escuadra francesa de Allemand, de 5 navíos, 2 fragatas y 2 corbetas, y los dos comandantes creen que el otro es inglés, pudiendo enmarcar este hecho en el desconcierto general y la desorganización existente en el bando francés y español.

Un día antes de la llegada a Cádiz, se encontrada el San Juan Nepomuceno destacado con dos navíos franceses en descubierta dando caza a una fragata inglesa de la escuadra inglesa de Collingwood (2). En este contexto, ocurrió un hecho casi insólito en la Armada española, un motín a bordo del navío. Cuando todo estaba preparado para el combate varios infantes de marina vacían las ollas de los ranchos de los oficiales mayores. Durante esa noche y el día siguiente estuvo Churruca haciendo diligencias infructuosas, tomando la decisión de privar de la ración de vino a cuarenta y dos infantes de marina hasta que aparecieran los verdaderos culpables. El 24 de agosto llegó del Mayor General de la escuadra un escrito que informaba que tres infantes habían hecho un recurso sin autorización y contrario a las Ordenanzas. La mañana del 27 de agosto el soldado de marina Simón Pérez solicitó al alférez de fragata D. Benito Bermúdez de Castro su ración de vino, negándosela al ser uno de los castigados, protestando en voz alta y en el alcázar, siendo echado del alcázar a empujones. Otros dos soldados llegaron con la misma pretensión y son amenazados con el cepo. Varias voces de protesta se oyeron en contra del castigo contra los tres soldados y varios hombres corrieron a la primera batería a hacerse con sus armas.

El segundo comandante, el capitán de fragata D. Francisco Moyúa, cogió una pistola descargada y se dirigió rápidamente a la primera batería, mientras Churruca salió de su cámara y se encontró a la guardia custodiando las escalas y escotillas para que no pudieran subir los sublevados. El capitán Moyúa encontró a varios infantes armados y con su arma descargada se metió entre los amotinados y les ordenó bajar las armas, a lo cual accedieron y subieron al alcázar por las escalas de popa. Churruca escuchó sus quejas y les habló, mientras en el navío reinaba el silencio más absoluto. Los amotinados prefirieron que les castigase Churruca antes de ser juzgados en un Consejo de Guerra y le rogaron que no les abandonase. Del navío Príncipe de Asturias llegó un oficial para ofrecer auxilio después de ser avisado por el oficial José de Apodaca, pero no hizo falta; las tropas del Regimiento de la Corona habían tomado sus armas y ocupados los puestos claves en un movimiento espontáneo. Esa noche se dobló la guardia y se tomaron las medidas necesarias para reprimir otro motín. Al arsenal de La Carraca son llevados tres cabos y treinta soldados de las compañías 5ª del 2º y 6ª del 12º batallón de Marina. Al no haber derramamiento de sangre, Churruca intercedió por ellos ante Gravina para que no fuesen ejecutados, siendo conmutada esa pena por la de ocho años de carcel.

Ya en Cádiz, se incorporaron los navíos del teniente general Ignacio María de Álava, Santa Ana, Bahama, San Leandro, Castilla, San Justo y el navío más grande que surcaba los mares, el Santísima Trinidad. A pesar de los refuerzos, la escuadra combinada no se encontraba en condiciones de combatir de inmediato, necesitando muchos reajustes en navíos y dotaciones. Churruca decía de su navío:

  • "La campaña no ha sido lo bastante larga para juzgar si el navío mejoraría en propiedades con otro calado distinto al que salió de el Ferrol, pero se ha notado que es uno de los más veleros de la escuadra en todas posiciones, no siendo el viento muy flojo, que rinde mucho y con extrema facilidad y gran propensión a orzar. Parece pues que mejoraría notablemente con un pequeño embono que aumentase la estabilidad".

Lo más importante era que la escuadra Combinada había dejado de ser importante para Napoleón, si es que alguna vez lo había sido. Después de echar en cara a Villeneuve muchos errores del fracaso de su plan, algunos infundados, movió su Ejército desde el Canal hacia el interior de Europa. Para Napoleón, la escuadra estaba subordinada al Ejército y la habría sacrificado en aguas del Canal si Villeneuve allí se hubiese dirigido, según las órdenes de París. Por su parte, los ingleses trataron de aprovecharse de la descoordinación del plan y falta de entendimiento entre los comandantes aliados para destruir a la retaguardia de Napoleón, que era la escuadra.

Los acontecimientos que se desarrollaron en Cádiz entre el 20 de agosto y el 20 de octubre dieron lugar a la batalla de Trafalgar. En primer lugar, el calvario personal sufrido por Villeneuve los primeros días tras su arribo a Cádiz por la cólera de Napoleón, le marcó de tal manera que tuvo amplias repercusiones en su comportamiento posterior. Pero no sólo le llovieron críticas por parte de Napoleón, sino también de sus compatriotas, como Ganteaume, que esperó en Brest la llegada de la escuadra y criticó duramente a Villenueve. Otra cuestión nada halagüeña era el estado de buena parte de los navíos franceses y españoles. Si exceptuamos unos pocos, entre los que se encontraba el Nepomuceno, el Príncipe de Asturias o el Neptuno, muchos hacían agua por su larga travesía y la batalla del 22 de julio, otros necesitaban reparaciones urgentes en las cuadernas.

Debido a las buenas comunicaciones y coordinación en el bando inglés, se presentaron ante Cádiz casi de inmediato, a finales de agosto. Al principio con los navíos del vicealmirante Collingwood y los del contralmirante Bickerton, que se encontraba en el Mediterráneo. La futura llegada de Nelson, que se pretendía mantener en secreto, fue descubierta en Londres por agentes españoles. Zarpó de Portsmouth con el Victory y la fragata Euryalus el 15 de septiembre y llegó a aguas gaditanas el día 28. Su designación como comandante en jefe de la escuadra inglesa del Mediterráneo daba a entender que los ingleses buscaban un ataque directo y frontal contra la Combinada., mientras Villeneuve, al enterarse por Gravina de que Nelson era el comandante en jefe enemigo, comenzó a tomar decisiones que no son propias de un ganador, sabedor de la superioridad técnica y táctica del inglés.

Ya en el mes de septiembre hubo un giro en los planes de Napoleón, al pretender que los buques surtos en Cádiz sirvieran como apoyo naval a su Ejército en su avance al interior de Europa, para lo cual daba instrucciones a Villeneuve para su traslado al Mediterráneo, sin importarle la escuadra de bloqueo inglesa y que esta maniobra significaba meterse en una ratonera, teniendo en cuenta la supremacía naval inglesa. A partir de aquí, comenzó un profundo desencuentro entre los mandos navales españoles y franceses. Para Gravina era una locura introducirse en el Mediterráneo, prefiriendo quedarse en Cádiz donde sus posibilidades eran mayores a largo plazo, pudiendo elegir el momento de zarpar más adecuado. Incluso Godoy estaba de acuerdo con Gravina, pero Napoleón estaba más enojado con el paso de los días, viendo que ninguna de su órdenes se cumplían y volvió a presionar a Villeneuve y a Godoy, apelando al primero al valor para hacerlas cumplir sin importarle la estrategia o lo inviable de sus planes, mientras el voluble Godoy cambió sus ideas iniciales a cambio de su prestigio político. A Gravina, ya sin apoyos, sólo le quedaba una cosa que hacer, obedecer, aun a sabiendas de que iba directo al desastre. Por último, las noticias que le llegaron a Pierre Charles Villeneuve, que su sustituto, el almirante Rosilly, estaba ya de camino a Cádiz, que fue la puntilla que desembocó en la siguiente orden.

En definitiva, todos estos acontecimientos desembocaron en la angustiosa salida de la escuadra Combinada de Cádiz en la mañana del 20 de octubre de 1805. Los ingleses poseían una escuadra de 27 navíos y 4 buques menores frente a 33 navíos franceses y españoles, 4 fragatas, una corbeta y dos bergantines. A las tres de la tarde del 20 de octubre la escuadra combinada puso rumbo al estrecho, estando el Nepomuceno destacado en vanguardia con el Algésiras y el Achille en misión de reconocimiento. El San Juan Nepomuceno contaba en esta ocasión con una dotación de 693 hombres (12 oficiales de marina, 10 oficiales mayores, 37 oficiales de mar, 212 infantes de marina, 70 artilleros de mar, 50 artilleros agregados, 178 marineros, 126 grumetes y 18 pajes) y 86 piezas de artillería, 28 de a 36 libras, 30 de a 18, 8 de a 12, 10 obuses de a 36, 6 obuses de a 24 y 4 obuses de a 4 libras de bronce. Los víveres y agua embarcados poco antes de su salida fue para una travesía de tres meses. A las nueve de la noche, las dos escuadras tenían conocimiento de su presencia, separadas unas dos millas.

Al día siguiente, 21 de octubre de 1805, amanecieron las dos escuadras a poca distancia de cabo Trafalgar. La escuadra combinada formando una línea desordenada. A barlovento, se acercaba la escuadra de Nelson en dos columnas. En ese momento Villeneuve cometió uno de sus mayores errores, ordenando a la escuadra girar para regresar a Cádiz, y lo que antes era la vanguardia, sería ahora la retaguardia de la escuadra, convirtiendo lo que antes era una mala formación en línea en un caos. El San Juan Nepomuceno quedó el último de la retaguardia tras el viraje, en el grupo de Gravina. El combate a bordo del navío de Churruca ha pasado a la historia como uno de los más épicos de la guerra naval, rindiéndose a los ingleses cuando tenía 100 muertos y 150 heridos y el brigadier Churruca ya había caído muerto sobre su cubierta, haciendo efectiva su famosa frase: “Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”. Varios navíos enemigos, hasta cinco, se empeñaron en su rendición y a las tres y media de la tarde se hallaba desarbolado y sin gobierno, inutilizados diecinueve cañones, con varios balazos a ras de agua. A la muerte de Churruca, su segundo Francisco Moyúa se empeñó en la resistencia hasta que también cayó muerto. Les sustituyó el teniente de navío D. Joaquín Núñez, que acabó por rendir el navío tras media hora al mando al inglés Dreadnought, ante el asombro general por la heroica e infructuosa defensa.

Muerte del brigadier Churruca a bordo del San Juan

  • Muerte del brigadier D. Cosme Damián Churruca a bordo del San Juan. Pintura de Eugenio Álvarez Dumont. Museo del Prado. Madrid.

Impresionó al enemigo la actitud de Churruca al ser derribado por una bala de cañón que le destrozó la pierna, tras lo cual se levantó diciendo “Esto no es nada, siga el fuego”, pero murió desangrado. El navío capturado fue conducido a remolque a Gibraltar, y sería utilizado con el nombre de San Juan para la recepción de autoridades a partir de 1808 (3). La devoción y respeto de los ingleses por Churruca quedó patente en los años de cautiverio del navío, cuando los oficiales debían descubrirse al entrar en la misma cámara que había ocupado el brigadier, con su nombre puesto en una placa a la entrada. Acabó el navío siendo vendido y desguazado en 1818.

  • Notas:
  • (1).- El propio Churruca se lamentaba de esto a un amigo: "... va a quedar no solamente muy lejos de tal estado [de bien preparado], sino peor que algunos otros de la escuadra, pues la real orden ha hecho que sea yo la 'bete noire' para los que mandan el arsenal y la baliza". Estos cambios se referían principalmente a una mejor distribución del lastre o artillar sólo con obúses el alcázar y toldilla (quitando los cañones de a 8 libras de poco poder artillero y sustituyéndolos por obúses de a 36 libras, ampliando así su número a los ya instalados). Pero al final el lastre fue el que creyeron conveniente en el Arsenal y no se sustituyeron los cañones por obúses. Al menos consiguió el embono del casco.
  • (2).- A la llegada de la escuadra combinada a Cádiz espantan a la pequeña escuadra de bloqueo británica de cuatro navíos y varias fragatas. Debido a que el navío de Churruca pertenecía a la escuadra ligera de caza, junto con otros dos navíos franceses, se hallaba en constante movimiento, de un lado a otro de la escuadra, siendo posteriormente felicitado por sus esfuerzos por sus superiores. El "San Juan" de Churruca, divisa una fragata de guerra y la persigue con la seguridad de haberla podido apresar antes del atardecer, pero Villeneuve, que no había visto la persecución no quería alejarse de Cádiz y dio la señal de unión de la flota. Churruca se desentendió de la orden al ser esta general y tener la seguridad de apresar la fragata. Pero Gravina desde su navío izó la señal particular del "San Juan", con lo que tuvo que abandonar la caza. Al día siguiente pudo apresar otra fragata de guerra inglesa, pero la fragata francesa que lo acompañaba no hizo caso de las señales del navío español. Al anochecer, al descubrir dos navíos enemigos que maniobraban hacia el "San Juan" este se tuvo que retirar con el consiguiente disgusto de Churruca hacia la fragata francesa.
  • (3).- Cuando el San Juan se rindió, y antes de que los ingleses subieran a bordo, y estando Churruca en la enfermería moribundo algunos tripulantes del navío fueron a su camarote a saquear sus pertenencias: "Después que (Churruca) mismo murió en mis brazos, subí a la cámara a tener cuidado del equipaje, y encontré la cómoda y baúles descerrajados pero aún con mucha ropa dentro, e inmediatamente trinqué lo mejor que pude y no me separé de ellos hasta tanto que llegamos a Gibraltar... Los mismos del navío fueron quienes robaron antes que los ingleses vinieran al bordo". Carta de Manuel, paje criado de Churruca, a su hermano Julián. Del Corpus Documental de la campaña de Trafalgar. Afortunadamente algunas cartas y documentos personales pudieron ser devueltos por los británicos a la familia del brigadier español mediante una fragata parlamentaria británica que los devolvió el 25 de octubre de 1806.
  • Fuentes
  • - Archivo General de Indias, Contratación, 2489.
    - Archivo General de Simancas. Floridas y Luisiana.
    - Revista General de Marina, febrero de 1949.
    - Revista General de Marina, agosto 1980.
    - Revista General de Marina, junio de 1983. “José Solano Bote, marqués de Socorro, y la Armada en la batalla de Pensacola en 1781”, Eric Beerman.
    - Revista General de Marina, abril de 1994, páginas 460 y 461.
    - Revista General de Marina, julio de 1998, página 95.
    - Revista de Historia Naval, año 2002, nº 79, página 29.
    - Revista de Historia Moderna, 1995, nº 13-14, páginas 211 a 252.
    - El navío “San Juan Nepomuceno y la ciudad de Santander”
    - Colección Antonio de Mazarredo, Ana María Vigón Sánchez.
    - La Armada española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, Tomos VI, VII y VIII, Cesáreo Fernández Duro.
    - Disquisiciones náuticas. A la mar madera, Volumen V, Cesáreo Fernández Duro.
    - La diversión de Tolón, Tomo I, Indalecio Núñez Iglesias y José María Blanco Núñez.
    - Trafalgar. Hombres y naves entre dos épocas. José Cayuela Fernández y Ángel Pozuelo Reina.
    - Los navíos españoles de la batalla de Trafalgar. Del astillero a la mar. Juan Carlos Mejías Tavero.
    - Corpus Documental sobre la Campaña de Trafalgar, José Ignacio González Aller, 2004. Ministerio de Defensa.