La cureña inglesa en los buques españoles: lo que revelan los planos de 1762

Por Juan García (Todo a Babor)

Este especial se compone de los siguientes artículos:
Armamento en buques | Cañón naval | Calibres¿Cómo se dispara? | Organización | Baterías | Disposición | La cureña

Introducción

A mediados del siglo XVIII, la artillería naval europea vivía un proceso de transformación silenciosa. Mientras británicos y franceses competían por la supremacía en los mares, la Real Armada introducía algunas mejoras técnicas para intentar ponerse a la par de aquellos.

Unos planos fechados en 1762, firmados por el bombardero Francisco Miguel Loren1, nos permiten observar con detalle ese momento de transición: el paso de la cureña tradicional española a la moderna cureña inglesa.

Documento original del "Costado de un navío solo vista por el entrepuente con su pieza de artillería trincado como salir a la mar... Por D. Francisco Miguel Loren".
Documento original del «Costado de un navío solo vista por el entrepuente con su pieza de artillería trincado como salir a la mar… Por D. Francisco Miguel Loren». Archivo General de Simancas.

A través de estas ilustraciones —imperfectas en lo artístico, pero valiosas en lo técnico— podemos comprobar cómo se configuraban los cañones, cómo se controlaba su retroceso y hasta qué punto la Armada había adoptado ya soluciones más avanzadas de lo que suele suponerse.

Estos documentos no solo muestran piezas de artillería; revelan una etapa clave en la modernización técnica de los buques españoles del siglo XVIII.

Unos planos poco conocidos de 1762

Planos de cañones españoles del siglo XVIII hay muchos; pero con el cañón, su cureña y su jarcia completa, no tantos. Muy pocos, la verdad.

Están los del ingeniero Rovira, que ya traeremos en su momento y que son una delicia por su perfección. Pero ilustraciones didácticas, como las de hoy, con la mera finalidad de mostrar y no de construir, como ocurre con las del mencionado Rovira, yo diría que hay muchas menos.

Uno de esos planos, o más bien técnico-descriptivo, puesto que no sirve como referencia para su construcción por muchos motivos obvios, como comprobaréis nada más ver el dibujo que realiza su autor.

Y traemos varios del mismo autor, que nos van a servir para comprobar cómo ya en aquellas fechas, a mediados del siglo XVIII, en la Real Armada estaban en uso las modernas cureñas inglesas, en las que entraremos con más detalle a continuación.

El cañón abatiportado y la realidad técnica a bordo

El primero de los documentos de Francisco Miguel Loren, es un cañón abatiportado, que era como se colocaban las piezas de artillería cuando no estaban en uso en combate. Era una forma de llevar el cañón seguro y sin peligro de desplazamientos por cubierta al navegar.

El texto explicativo dice así:

Primeramente se representa un costado de un navío solo vista por el entrepuente con su pieza de artillería trincado como para salir a la mar. Con su braguero, palanquines, trinca principal, trinca de joya, porta izada con su amante y la portezuela para levantar y arriarla, lo que se mencionará los nombres propios de cada pieza de por si de madero como de la jarcia.

"Costado de un navío solo vista por el entrepuente con su pieza de artillería trincado como salir a la mar... Por D. Francisco Miguel Loren". Archivo General de Simancas.
Imagen editada del «Costado de un navío solo vista por el entrepuente con su pieza de artillería trincado como salir a la mar… Por D. Francisco Miguel Loren». Archivo General de Simancas. Hemos editado la imagen original para añadir los números identificativos para que sean más legibles, además de eliminar el texto explicativo, que hemos añadido antes de la imagen.

Nomenclatura:

  • 1.- Costado de navío
  • 2.- Porta
  • 3.- Bao maestro
  • 4.- Otro [bao] que mantiene la cubierta
  • 5.- Puntales
  • 6.- Pernos de ojo de artillería
  • 7.- Pieza de artillería
  • 8.- Cureña
  • 9.- Braguero
  • 10.- Palanquines
  • 11.- Trinca principal
  • 12.- Trinca de joya
  • 13.- Argolla del braguero
  • 14.- Sobremuñonera
  • 15.- Amantes de la porta
  • 16.- Castañola
  • 17.- Banqueta
  • 18.- Cuña de puntería
  • 19.- Cazonetas
  • 20.- Apertura de porta

Tiene una perspectiva muy extraña, fruto de una persona que no estaba acostumbrada a la elaboración de esta clase de planos demostrativos y cuyas dotes artísticas también eran escasas. Aun así, es importante por ser contemporáneo de la época y nos permite conocer de primera mano cómo eran, en la Real Armada, las piezas de artillería y sus cureñas.

Se trata de un cañón de 1762, en el que comprobamos que ya en esa época se había adoptado la cureña inglesa que en el Diccionario demostrativo se mostraba como una de las propuestas en 1755 (la otra era una mezcla de cureña española e inglesa que no prosperó). La cureña inglesa del Diccionario demostrativo es igual a la ilustrada por Francisco Miguel Loren.

Gualdera española de estilo inglés, sobre 1755.
Gualdera española de estilo inglés, sobre 1755. Extracto de Lámina nº. 90. Diccionario demostrativo del Marqués de la Victoria. Vemos los adelantos respecto a la española, como la falta de solera, adición de la argolla para el braguero y rebaje en la parte inferior.

La principal ventaja de este tipo de cureñas inglesas es que se prescindía de la solera continua, propia de las cureñas antiguas, que aportaba mayor robustez, pero, por el contrario, era más pesada y, por su forma, hacía que se acumulase humedad en su interior, con el perjuicio que eso ocasionaba a las maderas.

El sistema de retroceso: braguero, argollas y mejoras en combate

La inglesa era una cureña abierta, sin solera, salvo una pequeña banqueta, que mejoraba la ventilación interior; era menos pesada, tenía un rebaje en la madera entre los ejes que la hacía más ligera y permitía distribuir mejor el peso entre ellos; además, facilitaba el arreglo interior sin desmontar la pieza y el uso de los pies de cabra para frenar el cañón.

Además, lo más importante, añadía una argolla en cada lateral de las gualderas (laterales de las cureñas), por donde pasaba el braguero, que iba al cascabel del cañón y se enrollaba en una lazada, y que sustituía a la groera (el agujero practicado a ambos lados de las gualderas, por donde pasaba el braguero hasta entonces): un complemento simple pero efectivo que mejoraba sustancialmente el retroceso de la pieza y su ajuste tras el disparo.

Diferencia entre los bragueros en cureñas españolas y de estilo inglés
Para comprobar la diferencia entre disparar con una cureña española (imagen de la izquierda), de principios del siglo XVIII hasta mediados del mismo, y hacerlo con la cureña española de estilo inglés (imagen de la derecha), introducida en la Real Armada a partir de mediados del siglo XVIII, hay una gran diferencia. Se trata de la colocación del braguero (letra B). Este fuerte cabo era el que detenía al cañón en su retroceso tras el disparo. En el primer caso, el de la cureña de la izquierda, el braguero pasa por unos orificios practicados en la gualdera de la cureña, llamados groeras, mientras que, en la imagen de la derecha, el braguero pasa primero por unas argollas y luego va hacia el cascabel del cañón, donde se enrosca por medio de una lazada. La diferencia es grande porque, en el primer caso, la fuerza del retroceso es tal que la tensión del braguero sobre la cureña hace que la boca del cañón se desplace hacia abajo por la inercia y el salto que daba la pieza con el perjuicio que ocasionaba en cubierta y en la propia cureña; mientras que, en el segundo caso, el braguero retiene mejor la potencia del retroceso al actuar directamente sobre el causante del mismo, esto es, el cañón, sin que este se desplace como en el caso anterior, sufriendo también la cureña mucho menos. También vemos los palanquines de amurada que ayudan a meter el cañón en batería (en la primera imagen, siendo igual en la segunda), así como el palanquín de retenida que va unido a una argolla en la crujía del buque y en medio de la cureña (en la española directamente en la solera y en la de estilo inglés en un perno en medio del eje trasero). Ilustración de Todo a babor basada en un dibujo del libro: «La artillería española en el siglo XVIII». 2010. Enrique García-Torralba Pérez.

Nótese que ya en 1783 el ingeniero jefe de artillería de la Armada, Rovira, había proyectado sus obuses marinos con el aro integrado en el cascabel del cañón, por donde pasaba el braguero, lo que ayudaba aún más en el retroceso de la pieza; un complemento que los británicos habían adoptado en 1787 con su modelo Blomefield pattern2.

Cañón Blomefield de la patente de 1787.
Cañón Blomefield de la patente de 1787. Observese el parecido de la cureña con la española de estilo inglés. Esta última también tenía la banqueta que llegaba aproximádamente hasta la mitad de la cureña, tal y como se puede ver en el detalle de otro plano con un cañón español de 1762 en el que se marca el interior de la cureña y que podéis ver más adelante.

Hay que decir también que las carronadas llevaban este aro desde su invención (1774), por lo que no puede hablarse de un adelanto por parte de Rovira, que ya debía de conocerlas en aquellas fechas.

El mismo Rovira plantearía un nuevo tipo de cañón, el recamarado, que aunaría todos aquellos adelantos, pero que, por las razones que expone el investigador naval Enrique García-Torralba, no pudo implementarse en masa, salvo algunas decenas de cañones:

Faltó, en definitiva, una autocrítica adecuada, como faltó también una gestión correcta de las innovaciones y sobró una precipitada adopción de conclusiones, tanto frente a los resultados positivos como frente a los negativos de las pruebas.

Ahí hubo, sin embargo, un buen cañón que se podía comparar con los más modernos británicos y que habría supuesto una verdadera ventaja frente a estos.

Todos los cambios que mencionábamos sobre las cureñas inglesas de nueva adopción por la Real Armada se pueden ver en la ilustración que traemos en este artículo (salvo el aro en la culata, que todavía no se había introducido en ninguna marina) y certifican que la Armada ya había adoptado esta clase ventajosa de cureñas, aunque solo en las nuevas construcciones, sustituyendo paulatinamente —y no de forma uniforme— a las antiguas españolas, que seguirían todavía muchos años en algunos buques hasta su reemplazo por las nuevas.

Los franceses, sorprendentemente menos adelantados a este respecto que los españoles3, adoptaron una cureña que contaba con algunos de estos adelantos; pero, por el contrario, siguieron utilizando debajo un sustituto de la solera tradicional: una banqueta que recorría longitudinalmente la cureña por su parte central.

Siguieron, hasta inicios del siglo XIX, sin utilizar la argolla en los costados de las gualderas, pasando el braguero por las groeras y sin llevarlo después al cascabel del cañón, algo claramente desfasado.

Además, las piezas españolas solo tenían un palanquín de retenida trasero, al igual que los británicos, y no doble, como los cañones franceses de la época4.

Comparación de una cureña francesa (izquierda) con una cureña inglesa (derecha).
Comparación de una cureña francesa (izquierda) con una cureña inglesa (derecha). Nótese cómo el braguero de la francesa pasa por una gruera en la gualdera, mientras que el braguero de la inglesa pasa por una argolla y pasa por el ojal en la culata del cañón. Además, la banqueta de la cureña francesa se encuentra en una posición más baja, al ser más larga que la inglesa, que no se nota por la parte de abajo de la cureña, porque es más corta y su colocación es más superior. La cureña española de mediados de siglo XVIII es más parecida a la inglesa de la derecha.

Una batería de cañones de marina

El segundo documento que traemos, también del mismo autor y fecha, no es explicativo ni representa un lugar concreto. Se trata de una batería de cañones de a 24 libras que muestra sus cureñas de marina y sus troneras abiertas.

Son cuatro cañones navales y por eso lo mencionamos, ya que son virtualmente idénticos al anterior abatiportado. En esta ilustración vemos una batería de costa con cañones navales, algo bastante corriente por entonces. Las cureñas que aparecen son, como las del documento precedente, de estilo inglés, con su argolla, rebaje inferior y sin solera.

Batería de a 24, montado en sus Cureñas de Marina y sus troneras abiertas (1762)
Batería de a 24, montado en sus Cureñas de Marina y sus troneras abiertas (1762) por Francisco Miguel Loren. Archivo General de Simancas.

Faltarían todos los aparejos de cada cañón, que suponemos que el autor no incluyó porque no lo consideró importante. Si estos cañones tenían argollas en las gualderas, el braguero iría a través de ellas hasta formar lazada en los cascabeles de las culatas, tal y como ya hemos visto que era la forma más óptima de retener un cañón, frente al anterior método de las groeras.

Lo único extraño en la ilustración, aparte de ciertas proporciones y de la perspectiva, son las bocas de los cañones. No hay ningún texto indicativo o aclaratorio, por lo que es imposible saber el motivo de esta rareza.

Un último documento

Hay otro documento de Francisco Miguel Loren, también de 1762, titulado «Mapa de Artillería, Contramina y Arquitectura Militar que representa sus partes por los números y cuerpos», del que solo tomaremos la pieza de artillería.

En este caso, el autor hizo la cureña muy pequeña en proporción al cañón, seguramente por limitaciones de espacio en el propio documento. Como no es un dibujo técnico, se comprende.

Esta pieza es interesante porque el autor ha indicado, a través de líneas punteadas, los diferentes pernos interiores que atraviesan la gualdera hacia los ejes, además del recorrido de la banqueta que sustituye a la solera y que, a diferencia de la francesa —que atraviesa toda la longitud y va situada más abajo—, la española, al igual que la británica, termina en otro perno, esta vez horizontal, que atravesaba ambas gualderas.

Cañón de marina. 1762
Cañón de marina. Detalle de Mapa de Artillería, Contramina y Architectura Militar que representa sus partes por los números, y Cuerpos (1762) por Francisco Miguel Loren. Archivo General de Simancas.

También consta la argolla del braguero en la gualdera, aunque el autor la ha dibujado desproporcionadamente pequeña, quizá para que no se superponga con las líneas punteadas mencionadas.

Estos planos de 1762 nos muestran que la Armada española supo combinar tradición e innovación, adoptando mejoras como la cureña inglesa y los sistemas de braguero por medio de argollas, que hicieron los cañones más seguros y manejables.

Aunque no todos los buques las incorporaron de inmediato, estos detalles técnicos revelan un avance silencioso pero decisivo en la artillería naval española, recordándonos que incluso pequeños ajustes podían marcar la diferencia en un combate.

Notas

  1. Poco o casi nada sabemos de Francisco Miguel Loren, salvo que era de origen francés, pero estaba al servicio de la Armada española como bombardero de las Brigadas de Artillería de Marina. Los tres documentos a los que nos referimos en este artículo fueron unos oficios (18 de septiembre de 1762) del conde de Vega Florida a D. Julián de Arriaga, en los que se adjuntaban los documentos citados.
  2. Los británicos sí habían introducido, entre 1743 y 1747, un doble aro de hierro en la culata por donde pasaba el braguero, pero no eran fijos, sino que iban unidos al cascabel por medio de correas. La forma redondeada de la culata del cañón inglés favorecía el uso del braguero en combate en aquella zona, ya que rozaba mucho menos que en los cañones del enemigo. No fue hasta 1787 cuando se adoptó el aro de hierro integrado de fábrica con el modelo Blomefield pattern. Años antes que Blomefield, el director de La Cavada y capitán de fragata Francisco Medina propuso, en 1783, un cañón con culata redondeada (aunque menos que la posterior británica), adelantándose a estos en aquel detalle posteriormente tan alabado en las piezas británicas. Estas piezas, con otros cambios respecto a las anteriores, fueron aprobadas en octubre de 1784.
  3. Digo «sorprendentemente» porque los franceses no innovaron demasiado en artillería naval hasta bien entrado el siglo XIX, algo extraño en una nación que no dejaba de innovar en otros aspectos navales, como la construcción, en la que eran referentes mundiales. Sin embargo, en lo relativo a la artillería naval, solo pasaban el braguero con una lazada en el cascabel cuando trincaban el cañón, no en combate (como ya hacían los españoles con los cañones dotados de cureñas inglesas desde, al menos, 1754). No obstante, como hemos comentado, no todos los buques las llevarían en fechas tan tempranas y su adopción fue progresiva en el tiempo, por la imposibilidad económica de sustituir todas las cureñas a la vez; pero, al menos, reconocieron que aquel método era mucho mejor que el que habían empleado hasta entonces. Los españoles, además de adoptar antes la cureña inglesa que los franceses, desarrollaron el obús naval de Rovira, el cañón recamarado y las cureñas de corredera para ambos sistemas; intentaron así innovar en un campo en el que los británicos parecían destacar.
  4. He visto en algunas ilustraciones explicativas modernas que se colocan dos palanquines de retenida en los cañones españoles, cuando en realidad solo tenían uno. En la monumental y exquisita obra sobre el navío francés de 74 cañones de Jean Boudriot (publicada entre 1973 y 1977) se pueden comprobar todos los datos expuestos en este artículo sobre los cañones franceses.

Fuentes

  • Planos técnico-descriptivos militares de mediados del siglo XVIII, del Archivo General de Simancas.
  • La artillería española en el siglo XVIII. 2010. Enrique García-Torralba Pérez.
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