La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Extracto del Diario de la Mayoría General.

Día 18 de octubre de 1805. — A las cuatro y media de la tarde, vino a bordo de este navío el Almirante francés Villeneuve, y después de haber hablado con nuestro General, se restituyó al de su insignia, haciendo la señal de suspender un ancla y la de meter dentro las embarcaciones menores, las que repetimos y llamamos a la orden para dar la de que se retirasen las embarcaciones de la escuadra que estaban destinadas en los Apostaderos para la defensa del puerto. Seguidamente hicimos la de que se quitasen los cañones a las lanchas y la de que se metiesen dentro, y por la noche nos quedamos a pique del ancla del NO., precedida la señal del Almirante francés, la que repetimos. El viento estuvo muy calmoso del OSO. que voló del O.

Día 19. — Amaneció claro, el viento NE. calmoso. El Almirante francés hizo a las seis y media la señal de dar la vela sin aguardar otra señal; el navío Aquiles la dió inmediatamente, y después todos los avanzados. A las ocho y media hicimos la señal al Montañés, Asís y Neptuno que dieran la vela, lo que verificaron inmediatamente, aunque tuvieron que dar fondo a poco rato, por haberse llamado el viento al OSO. flojo, y sólo quedaron ya varados de los bajos seis navíos y una fragata, a quienes con otros tres y las fragatas que luego la dieron se les mandó por señal (que repetimos) que fondeasen. Se mantuvo el viento bonancible del NO. y a la noche voló al O.

Día 20. — Amaneció claro por E. y cargado por el tercero y cuarto cuadrante, viento SSE. calmoso, y la escuadra fondeada del modo que queda expresado. A las seis y media repetimos la señal del General francés de dar la vela toda la escuadra. A las siete la dimos con las tres gavias con las que nos franqueamos. A las siete y media repetimos la señal de zafarrancho de combate, y a esta hora señaló un navío de la vanguardia dieciocho buques enemigos. A las ocho y media observamos que una fragata que se hallaba por nuestra proa estuvo cubierta de humo, sin saber de qué procedía, pues todo estaba cerrado; a poco rato nos pusimos en facha para meter dentro los botes y verificado esto, marcamos ciñendo el viento SSO., mura babor, que por haber refrescado mandó el General francés tomar un rizo a las gavias, y para el efecto amuramos las mayores y arriamos las insignias. A las diez y tres cuartos señaló el Santa Ana una vela al SSE. que hacía señales, y a la misma hora repetimos las del General francés de dar caza toda la escuadra, sin observar orden, de manera que las escuadras no se mezclen y que los navíos pueden unirse a sus respectivos Jefes, manteniéndose a distancia de ver las señales del General para repetirlas. A las once y cuarto, habiendo refrescado más y más el viento y con mal cariz, el Almirante francés hizo la señal de tomar todos los rizos a las gavias.

Día 20 al 21. — Continuamos al mediodía con el trinquete y las gavias, tomándoles el rizo, en cuya faena se rifó gavia y velacho; éste se desembarcó, poniendo otro en su lugar, y aquélla se compuso. A las doce y media repetimos la señal de unión, poco después la de formar en tres columnas, y amuramos la mayor. A la una se volvió a repetir la señal de unión, llamando la atención con un cañonazo. A esta hora se mandó gobernar al NO. un cuarto N., y seguidamente hicimos la señal de que la Escuadra de observación se colocase a la izquierda del Cuerpo fuerte formando dos líneas, la primera división a la derecha y la segunda a la izquierda.

A la una y media hizo el General francés la de que formasen la vela los navíos de sotavento, y a la una y tres cuartos la de que tomaba el centro de su columna, haciendo nosotros la de tomar la cabeza de nuestra división. A las dos y cuarto hizo la de navegar con un rizo tomado a las gavias, y a poco rato la que las fragatas diesen caja a la izquierda y nosotros la hicimos, el Algeciras, San Juan y Aquiles. A esta misma hora repetimos la señal de virar por redondo a un tiempo toda la escuadra, lo que ejecutamos en vuelta del S. un cuarto SO., viento O. un cuarto SO.; seguidamente hicimos la de arribar toda la Escuadra de observación sobre el Cuerpo fuerte, con el fin de estrechar la distancia de columnas. A las cuatro hicimos la de que esta escuadra rectificase el orden en que se había mandado navegar. A las cuatro y media señaló el navío Neptuno cuatro velas al SSO. A las cinco y media hicimos a los cazadores señal de retirarse antes de la noche, y seguidamente repetimos la de zafarrancho, prepararse a combate.

Anocheció cielo y horizontes calmosos, mar picada del NO. A las siete y media llegó a la voz un navío francés diciendo que el Aquiles había descubierto hasta dieciocho navíos en línea de batalla. A las siete y tres cuartos vimos varios tarros de luz y fogonazos por la proa y barlovento, por lo que a las ocho se tocó generala y ocupó cada uno su lugar.

A las ocho y media hicimos la señal de formar una pronta línea de combate, y para indicar de que éramos la cabeza de la línea izamos un farol al tope de mesana, arriando al SE. un cuarto S., para formarla sobre el navío de más a sotavento. Cerca de las nueve repetimos al cañón la señal que hizo el General francés de formar una pronta línea de batalla, y a las nueve y cuarto llegó a nuestra voz un bergantín francés diciéndonos de parte de aquél la línea se había de formar sobre el navío más a sotavento; a éste dimos la orden avisase a los demás buques siguiesen nuestras aguas. A las diez se vieron las señales de los enemigos desde el SO. hasta el OSO. A las cuatro y media largamos el rizo a las gavias.

Amaneció el cielo claro y aturbonado con el primero y segundo cuadante; la escuadra combinada mura a estribor ciñendo el viento ONO., bonancible, en una línea mal formada, nosotros a la cabeza, y los enemigos con las muras a babor a distancia de cuatro o cinco millas, que en número de veintiocho navíos, ocho de ellos de tres puentes, nos demoraban del O. al NNO. A las seis y media repetimos la señal de formar la línea de combate, a cuyo tiempo mandó el General francés a sus fragatas que reconociesen al enemigo y la de que se tomasen distancias de un cable. A las siete y media observamos que los enemigos venían arribados en cinco columnas a cortar el centro y retaguardia, por lo que creemos dice el Almirante francés a las ocho la señal de virar en redondo a un tiempo, arribando sucesivamente para quedar alineados en la muna de babor, cuya vuelta tomamos a las ocho y cuarto según se expresa, quedando de resultas de este movimiento en orden inverso.

NAVÍOS: Neptuno (E.), Scipión, Rayo, Formidable, Duga y Fronn, Asís, Mont-blan, Agustín, Heros, Trinidad, Bucentaure, Neptune (F.), Leandro, Redoutable, Intrepide, San Justo, Indoptable, Santa Ana, Fouguenaux, Monarca, Pluton, Bahama, Aguila, Montañés, Algeciras, Argonauta (E.), Switf-Sure, Argonaute.

FRAGATAS: Cornelio, Hortense, Rhin, Hermione.

BERGANTINES: Furet.

NAVÍOS: Ildefonso, Aquiles, Príncipe, Bernie, San Juan.

FRAGATAS: Themis.

A las ocho y media, viendo que el Santa Ana volvía a abrir el viento por estribor para dejar claro a la vanguardia que se hallaba apelotonada, ejecutamos nosotros también este movimiento, para proporcionar lugar a algunos navíos de nuestra escuadra, y lo mismo practicaron los nombrados Berwik y San Juan, que estaban a nuestra popa. A las diez y cuarto, estando en facha para que se alineasen algunos navíos, el Aquiles, virando por redondo, nos abordó por el costado de babor, pero inmediatamente nos separamos sin haber tenido averías de consideración. A poco rato hizo una fragata la señal de que la línea se prolongaba demasiado en el centro y retaguardia, y seguidamente el General francés hizo la de que el navío de la cabeza ciñese el viento y sucesivamente los demás. Nosotros hicimos la de que la escuadra de observación orzase a un tiempo y rectificase el orden mandando navegar, que eran en diez cuartas por babor hasta tomar las aguas de la línea, porque se observaba que iban muy arribados a tomar las aguas del navío de la cabeza. A las once y tres cuartos repetimos la señal de romper el fuego en el momento de estar a tiro. A las doce horas y ocho minutos lo rompió el centro de la línea, largando las banderas e insignias, y a las doce horas y veinte minutos un navío de tres puentes enemigo con insignia azul a proa, la cortó al parecer por el navío Santa Ana, y sucesivamente otros tres que venían con él para sostenerlo. Los enemigos en dichas columnas arribados y con fuerza de bala cargaron sobre la escuadra de observación, y a la doce y cuarto, luego que estuvimos a tiro, rompimos el fuego contra una que intentaba cortarla, habiéndolo no obstante verificado uno de los navíos que la componían por la proa del Aquiles, pero no fué tan dichoso otro que quiso hacerlo por la nuestra, pues se lo impedimos forzando de vela; éste orzó, y quedando de nuestra vuelta nos batió por la amura de babor con otros tres que le seguían que se pusieron por este costado y aleta batiendo también a los de nuestra popa; a poco rato, desvanecido el humo, vimos a uno de éstos desarbolado de los palos mayor y de trinquete, y otro de la verga de velacho y mastelero de gavia, el que separándose lo posible dejó claro a otro que ocupó su lugar. Viéndonos batidos por la proa por el navío que cortó la del Aquiles, arribamos al N. un cuarto NE., con viento O. calmoso, a fin de presentarle el costado, cuya maniobra y acierto de nuestros fuegos lo precisó a ceñir por babor a muy corta distancia y a separarse sin contestarnos. Zafos ya a las tres, un buque de tres puentes pasó por un grupo de navíos de nuestra aleta de babor y descargó sobre nuestra popa a tiro de metralla todos sus fuegos con tanto tino que tuvimos la desgracia de que nos hiriese en un brazo al General y que nos cortase los estais y jarcias, resultando de este accidente quedar los palos destruidos y sin sujeción alguna, aunque se hallaban remediadas las anteriores averías por esta causa arribamos al NE. con lo que lo descubrimos por estribor, y aunque a larga distancia le hicimos fuego por esta parte. A las tres y media dadas notamos que el navío Argonauta estaba sin bandera y que no hacían fuego a otro que lo batía, por lo cual dispuso el Sr. Mayor que el Ayudante de esta Mayoría, D. Teodomiro López, pasase a examinar su situación y que en caso necesario tomase el mando, con prevención de que lo sostendríamos, como lo verificamos hasta que cayendo otro enemigo sobre nosotros nos dejó en disposición de que solicitásemos la protección de dos navíos franceses de la vanguardia que venían con este intento cruzando para ello el NNE., en cuyo instante vimos con el mayor disgusto nuestro herido al Sr. Mayor en una pierna, quien curado de primera intención se hizo conducir a su puesto, en el que no pudo subsistir a causa de la pérdida de sangre que lo debutó; poco después vimos un navío que estaba ardiendo y que no conocimos. Estuvimos defendiéndonos con la esperanza de que nos protegiesen los navíos dichos, lo que realizó el Neptuno francés y otro español, hasta las cinco, que libres del fuego llamamos a la fragata Themis para que nos remolcase, y en este instante se nos fueron incorporando los navíos Rayo, Montañés, Asís y San Leandro con otro francés, a quien mandamos que sostuviesen a los que estaban con desventaja en la acción, pues aún observamos algún fuego, y habiendo cesado a las cinco y cuarto, volvieron a unirse, poniendo seguidamente la señal de unión continuamos nuestra derrota en demanda de Cádiz con viento calmoso del OSO., el que se fué llenando al S. con muy malas apariencias, logrando no obstante fondear en el Placer, y lo mismo ejecutamos los demás buques.

Día 22. —Se llamó a los Comandantes del Rayo, Montañés, Neptuno y Pluton para que en Junta determinasen las providencias que se podían tomar acerca de la recolección de buques desmantelados, pero habiendo refrescado mucho el viento por el S. y SSE., no se pudo verificar la salida. A las cuatro de la tarde desarboló de los palos mayor y de mesana el navío San Leandro, y a las cinco del mastelero de velacho; poco después de la oración y sobre una fuerte cabezada se nos cayeron dentro los palos de mayor y de mesana, a pesar de haber calado los masteleros y arriado la verga mayor.

Día 23. —Amanecieron fondeados los navíos franceses Bucentauro y Algeciras, aquél varado en el arrecife de la Torre de San Sebastián y éste a nuestros costados, y como el viento estaba calmoso en el O., salieron los navíos españoles Asís, Montañés y Rayo, y los franceses Pluton y Héroe con las fragatas, aprovechándonos nosotros de esta ocasión para dirigirnos al fondeadero, pero poco tardó en llamarse como los demás días al S. chubascoso, subsistiendo frescachón todo este día y logrando remolcar las fragatas a los navíos Neptuno y Santa Ana, que fondearon fuera, destinándose para prestarles auxilio a los Ayudantes que con gente de mar y Oficiales fueron a tierra con este objeto.

Día 24. — El Rayo, que no pudo entrar el día anterior, se vio al amanecer de este día fondeado a distancia de seis leguas desarbolado de los palos mayor y mesana y a su costado dos navíos enemigos. A poca distancia se vió también el navío San Ildefonso con otro enemigo que lo escoltaba. Con el fuerte temporal que reinó la noche anterior se perdieron en la costa del norte, junto al Castillo de Santa Catalina, los navíos Neptuno y Asís, destinándose inmediatamente al Capitán de Navío D. Tomás de Ayalde para que con la gente y Oficiales del navío San Leandro dotase los barcos y faluchos de la Puerta de Sevilla y con éstos quitarles la gente poner en tierra los heridos, salvando después sus cascos si fuese posible.

Día 25. — El navío francés El Aguila, que se hallaba fondeado en la costa del S. sobre Torre Gorda, dió la vela y se vino al fondeadero. El viento continuó con igual violencia por SSE. que los días anteriores y siguieron dándose los auxilios que facilitaban desde el muelle los Ayudantes comisionados al efecto.

Día 26. — El Santa Ana subsiste aún fondeado a la boca del puerto, por no haberle permitido el tiempo que aún sigue enmendarse. Al San Justo le faltaron los cables, y estando sólo sobre un calabrote que lo aguantaba, picó el palo mayor y el de mesana para sostenerse más tiempo, pero ya está en seguridad. El primer Ayudante D. Tomás Ayalde regresó y dió cuenta de que la gente de los navíos varados se había salvado, así como era imposible salvar los cascos por estar ya desfondados, y subsiste el segundo Ayudante General D. Rosendo Forlier con los Ayudantes ordinarios prestando auxilio desde el muelle, ya para la seguridad de los navíos y ya para quitarles los heridos. El navío Aguila por haberle faltado los cables dió la vela, pero varó. El Montañés también la dió para enmendarse, pero volvió a dar fondo.

Día 27. — El navío Montañés pidió socorro, y aunque se le mandaron anclas y calabrotes, no sirvieron a causa del viento muy duro del SSE. que sopla con igual violencia que los demás días. A las doce y tres cuartos se observó que estaba sin palo de mesana. Se remitieron al navío Héroe y Argonauta franceses cables y anclas. Al amanecer de este día se echó de menos el Indomtable, que se perdió en la costa del norte.

Día 28. — Aunque con dificultad de la mar gruesa que quedó del viento que reinó los días anteriores, se mandaron anclas, cables y anclotes y calabrotes al San Justo y Montañés. También se extrajeron de estos navíos y del Santa Ana los heridos, y al último se le mandaron falúas y embarcaciones de remos para remolcarlo; subsistiendo el viento al SSE. no lo pudo verificar. Se vio un bote inglés parlamentario y sus oficiales trajeron pliegos para el Gobernador.

Día 29. — Se enviaron falúas con el intento de remolcar el Santa Ana si se movía. También se enviaron un ancla de fragata y tres calabrotes para espiarse en caso que lo necesite. Se van a embarcar los ingleses prisioneros para conducirlos a las fragatas francesas, y deben salir a recoger los heridos de nuestra Escuadra.

Cádiz, 29 de octubre de 1805.

Antonio de Escaño (rubricado).